Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 12

― …. Así que pasen todos, buenas noches… ―saludé en general― fue un gusto estar con ustedes esta noche especial ―levanté mi copa con champán hacia mis colegas― para mí fue un honor ser promovido como director de pediatría, el más distinguido honor ―susurré entre dientes.

Todos los presentes rompieron en aplausos. Mis ojos vagaron hacia mi familia; Elise, mis padres y mis dos mejores amigos se veían orgullosos de mí.

La noche estaba resumida en todos los años de estudio y aportaciones a mi amada carrera. Era otro sueño cumplido con un sabor agridulce.

Elise fue la primera en abrazarme cuando bajé del pequeño estrado.

― Papá, felicidades.

― Te quiero ―susurré, besando su cabeza.

El auditorio estaba completamente abarrotado por la mayoría de compañeros que habían decidido asistir para brindarme sus buenos deseos.

A cada uno les empecé a agradecer. Sin embargo, cuando tocó el turno de mis padres me desplome.

― Oh, mi Edward ―mamá me abrazó tan fuertemente que sentí el calor apoderarse de mí, sus brazos siempre eran un buen refugio. Ella levantó su rostro, limpió mis lágrimas y asintió con ese temple maternal―. Cuando uno no es feliz en un lugar, por mucho que haya soñado e idealizado el momento, no puede quedarse.

Asentí. El nudo en la garganta me había dejado sin palabras.

Fue el turno de papá. Él me envolvió con más fuerza y palmeando mi espalda.

― Estoy convencido que lograrás muchas cosas más ―expresó con su voz rota―. Todo lo que te propongas, hijo.

― Lo sé, papá.

― ¡Ven acá, hermano! ―Jacob exclamó muy a su estilo. También me abrazó cómo si deseara resetear mi sistema entero―. Has hecho lo correcto ―exhaló en mi oído.

Escuché los chillidos de Tanya y sonreí. Ella estaba esperando impaciente su turno para abrazarme.

Cuando lo hizo empezó a dar pequeños saltos como si se tratase de una cría. Sostuvo mis manos y me observó con esos grandes ojos azules que resaltaba en su piel blanquecina.

― Has elegido la mejor opción ―comentó― y estoy muy orgullosa de ti por ello. Esta vez no te equivocaste, Edward.

― Sé que no lo hice ―concorde.

― Entonces, corre hacia tu felicidad. Es una orden.

Incliné un poco la cabeza y negué manteniendo la sonrisa en mis labios.

― Los echaré de menos ―confesé.

Jacob estampó su palma varias veces en mi espalda.

― Nosotros no ―bromeó―, así qué vete a ser feliz.

Elise sujetó mi mano. Su mirada cómplice lo decía todo.

― ¿Estás listo, papá? ―Preguntó.

Puse atención a sus alegres ojos verdes. Empezaríamos una nueva aventura juntos y su mirada parecía gritarme «nos estamos tardando».

― Estoy ansioso por vivir todo lo que viene ―susurré. Levanté nuevamente mi vista y miré a mis padres y amigos, sus rostros felices me mantenían ilusionado―. Los quiero ―les dije.

Apreté los dedos de Elise y ambos salimos del auditorio. Muchos colegas seguían palmeando mis hombros y espalda conforme caminaba entre la multitud.

Aflojé el nudo en mi corbata y llevé el celular a mi oreja.

Oye, fue muy emotivo tu discurso, me sacaste algunas lágrimas. Estoy desesperada por abrazarte, ¿a qué horas llegan?

Su voz impaciente me hizo sonreír ampliamente.

― Nos vemos en diez horas, Bella. Vamos rumbo al aeropuerto, ¿llegaron nuestras maletas?

Sí, mis amigos fueron por ellas al aeropuerto y ya están en casa.

― Nos vemos ahí, nena.

Edward, los espero con los brazos abiertos. Ahora mi corazón está con ustedes.

Suspiré sintiéndome nervioso y a la vez lleno de paz.

― Gracias por darme una oportunidad, prometo ser una mejor persona para ti y el bebé… nuestro bebé.

Cerré brevemente los ojos, recordando el momento que le pedí dejarme entrar a su vida.

― Bella ―sujeté su mano al momento de que ella subía las escaleras. Nos habíamos quedado los dos solos junto al calor de la chimenea― hoy me avisaron que me encendieron a director de pediatría en el hospital donde trabajo.

Pude apreciar la desilusión en sus ojos marrones que supo disimular con una pequeña sonrisa.

― ¡Qué bien! Felicitaciones, Edward ―me envolvió en sus brazos― desde que llegaste has hablado de una oportunidad en el hospital, me alegro que te hayan tomado en cuenta.

― No aceptaré ―dije determinante.

― ¿Qué dices? ―Preguntó confundida― ¿por qué? Es tu sueño más grande, Edward, lo has repetido hasta el cansancio.

― Mi sueño más grande es tener una familia. Creí que nunca llegaría ese momento y me refugié en mi trabajo. Pero hoy no puedo simplemente dejar pasar mi oportunidad.

Bella abrió la boca dispuesta a refutar, sin embargo fui más rápido y mi índice silenció sus labios.

»Vamos a intentarlo, Bella ―supliqué― por favor, dame una oportunidad.

Sus ojos bailaban llena de confusión.

― Edward, no somos unos niños. Si quisimos pasar unos días juntos fue porque ambos decidimos, no tienes porqué sentirte…

Acalle sus labios con los míos. Un beso ligero y cargado de promesas.

― Una vez nos despedimos para perseguir mis sueños. Me sentí muchas veces un cobarde en ser padre y querer imponer una responsabilidad que sabía no era tuya. Te dejé ser libre y que también hicieras tu vida, pero hoy estamos aquí, no sabemos si fue una maldita casualidad o porque así lo quiso la vida, solo sé que no te dejaré. Quiero quedarme a tu lado.

Con mis pulgares limpié suavemente sus lágrimas.

― Edward, ¿y si esto no funciona? ¿Qué pasará si un día te arrepientes?

― Me he arrepentido por muchos años, así que estoy convencido estoy eligiendo lo mejor.

Bella sollozó y cubrió su boca.

― ¿Quieres quedarte esta navidad?

― Quiero quedarme la vida entera, Bella.

― Dirán que estamos locos ―susurró.

― No me importa que me tachen de loco o estúpido, yo soy feliz por estar donde tú estés.

― ¿Qué pasará en el hospital? Tendrás que hablar con los directivos y…

― No te preocupes, tengo los boletos de vuelo y todo listo para asistir a la ceremonia.

Bella me miró confundida. En sus ojos había más dudas que respuestas certeras.

― Le diré a mi madre que transmita en vivo, así podrás verme. ¿De acuerdo?

― Bien, estaré feliz de apreciarte por una pantalla.

Reí. La tomé en brazos al estilo novia y subí con ella cada escalón mientras su risa musical llenaba mis oídos y calentaba mi alma.

¿Cuántas veces puedes reencontrarte con el amor de tu vida y ser feliz?


*La parte que menciona Bella vendrá en el epílogo.

Les agradezco por haber llegado hasta aquí, por darle una oportunidad a esta pequeña historia navideña, algo muy distinto a todo lo que generalmente hago para Navidad. Nos leemos muy pronto en el epílogo.

Gracias totales por leer ❄