Secuelas de Shibuya


Capítulo 13: Introspección


Parte II


—Ten.

Shoko deja sobre la palma de su mano un pequeño envase que luego Gojo inspecciona. Son gotas para los ojos. La sugerencia de su amiga lo obliga a mirarse en el espejo más cercano. Pequeñas enredaderas carmesí recorren su mirada y no es como si se hubiese pasado los últimos dos días llorando. Sin embargo, no dormir también tiene sus consecuencias. Trae pequeñas bolsas bajo los ojos que sólo se había visto en una ocasión, aquella vez cuando se le encomendó el cuidado de Riko Amanai.

Sin queja de por medio Satoru abre el envase y pone una gota en cada uno de sus ojos. Luego se lo devuelve y ella se sienta junto a él.

Están en uno de los corredores de la escuela, a pocos metros de la habitación en la que Kasumi está inconsciente. Había perdido tanta sangre al llegar a la escuela que se vieron en la obligación de hacerle una transfusión. Afortunadamente Miwa es AB+ lo que la convierte en receptora universal de sangre. Lo único positivo desde el punto de vista de Satoru, siendo factor O. No sólo es el ser más poderoso de la actualidad, sino que su grupo sanguíneo es uno de los más raros.

Y así fue como tanto Satoru como el resto del personal y alumnos de la escuela hicieron una larga fila para donar sangre a su compañera. Incluyendo a Ren.

—Creo que nos debemos una conversación —le dice Shoko—. Han pasado tantas cosas en los últimos días que no he tenido mucho tiempo libre.

Satoru asiente, pero no dice nada.

—¿Vas a explicarme por qué si necesitabas desahogarte fuiste a buscar a un grupo de extraños en un bar en lugar de venir a mí? Además, tú no bebes, ¿qué fue todo eso?

—Solo fui con la corriente, supongo… No lo planeé si eso es lo que insinúas.

—Entonces, ¿vas a hablar conmigo?

—Creí que eso estábamos haciendo.

—Me refiero a hablar hablar, no sólo charlar. Tienes problemas, ¿verdad?

Él vuelve a asentir.

—Bien, suéltalo.

Satoru se encoje de hombros.

—¿Realmente crees que importa ahora? Kasumi aún no ha despertado.

—Relájate, es solo cuestión de tiempo. Ella está estable y fuera de peligro. ¿Es por el matrimonio arreglado? ¿Tan nervioso te tiene la situación?

—¿Crees que simplemente deba matarlos a todos? —le responde Satoru con la vista perdida—. Matar a mis padres como hizo Geto, barrer con todos mis tíos y primos y no dejar ni uno en pie… Así como sucedió con los peces gordos… ¿qué piensas? ¿Te parece excesivo?

—No quisiera que sientas que estás caminando los mismos pasos de Geto, pero si tu clan se vuelve una amenaza para tu vida… tú eres el único que puede hacer algo al respecto. La pregunta real aquí es otra, ¿podrías vivir contigo mismo si lo hicieras?

Satoru delibera por unos segundos mientras en su mente se proyecta una película de la cual es protagonista. Se ve a sí mismo recorriendo el enorme templo de su familia, levantando una mano para crear una esfera de energía sobre la punta de sus dedos. Sería tan sencillo como eso y sin darse cuenta levanta su mano derecha y une su dedo anular con el pulgar. Shoko levanta la mano y con su palma cubre la mano de Satoru, obligándolo a volver a su regazo.

—¿Te parecería aterrador que dijera que sí? —responde con sinceridad—. Aunque no todos son tan malos…

—Maki lo hizo… cuando le arrebataron a Mai.

—Entonces hay alguien más a quien debo exterminar primero, por casi quitarme a Kasumi. ¿Tienes alguna novedad sobre eso?

—La red que trajiste parece haber sido creada de la misma manera que la que Miguel usó contigo antes. Sobre el cuerpo no pude reunir mucha información, murió de un infarto hace unos meses y el hechizo que lo mantenía en movimiento se comportaba como una especie de parásito, además de ralentizar su descomposición. Después de eso… no tenemos nada, sólo podemos estar seguros de que se trata de un equipo. Aunque no sé por qué habrán dejado al cadáver solo con ella. Puede que te hayan visto y huyeran, o puede que la advertencia de Ren haya sido suficiente para espantarlos, se suponía que un equipo de rescate se dirigía a su posición. Tal vez ella pueda decirnos algo más cuando despierte.

—¿Cuánto se demoraron? —pregunta Satoru repentinamente.

—Unos treinta minutos, más o menos.

El silencio vuelve a llenar cada espacio a su alrededor. Shoko sabe que Satoru no estará satisfecho hasta que Kasumi vuelva a abrir los ojos y por primera vez termina por aceptar completamente sus sentimientos por ella. Le da una palmada en la espalda y esboza una sonrisa en su dirección.

—Todo saldrá bien —le dice, aunque considera un poco extraño tener que darle consuelo al hombre más poderoso de la tierra—. ¿Por qué no te quedas con ella? Hay un sofá muy cómodo en el que puedes dormir un poco. Ella seguirá estando ahí cuando despiertes.

Satoru parece estar pensando más de la cuenta y esto la pone inquieta. Casi no la mira a los ojos y mantiene al mismo tiempo la misma expresión gélida que pocas veces le ha visto.

—Shoko… ¿si pudieras tener una vida normal… la tendrías?

Su pregunta la toma por sorpresa y delibera unos segundos antes de darle una respuesta.

—No lo sé, nunca me he planteado esa posibilidad. Además, no creo que sea útil para mí hacerme ese tipo de preguntas. Esta es la realidad en la que vivimos y no podemos cambiarla.

Él permanece sentado, prácticamente inexpresivo. Shoko se pregunta qué más estará pasando por su cabeza en este momento, pero está segura de que no podrá sacarle más, Satoru simplemente no sabe hablar de sus sentimientos.

—La próxima vez… aunque me parece incluso estúpido que tenga que recordártelo… sólo llámame. Probablemente no tenga todas las respuestas a tus preguntas, pero… no olvides que soy tu amiga. No podría soportar que cargues con algo tan pesado que creas que no puedes hablar conmigo. Ya perdimos a Suguru… No quiero volver a perderte a ti también.

Satoru se voltea a ver a Shoko. Sus ojos permanentemente cansados. Su sonrisa suave. Su rostro pálido y delgado. Él le sonríe y asiente.

—No lo he olvidado… que eres mi amiga.

Ella asiente y luego se levanta. Estira sus manos entrelazándolas y se dirige a él una última vez antes de marcharse por el corredor.

—Voy a darme una ducha. Después de tantas extracciones de sangre me duelen hasta los dedos.

Ya solo, aun sentado en esa incómoda silla triple, Satoru reúne un poco de coraje para levantarse e ir al dormitorio en el que se encuentra Kasumi. Lo que Shoko no sabe y él sí, es que ahí adentro se encuentra Ren. Ha estado allí sentado durante todo el día y no está seguro de qué tan buena idea sea encontrarse cara a cara.

Al abrir la puerta lo primero con lo que se encuentra es con ella recostada en una cama completamente acondicionada como un hospital. Tiene una intravenosa en su brazo derecho por la que le suministran medicamento y una máscara de oxígeno. A su derecha, contra la pared, una maquina que monitorea sus signos vitales y emite un sonido cada tres segundos que le pone ligeramente nervioso. Lo único que le trae un poco de calma es la forma en la que su pecho sube y baja con suavidad.

Del otro lado de la habitación está él, cruzado de brazos, mirando directamente a Kasumi.

Satoru se mantiene agarrado de la perilla de la puerta y lo mira con la misma expresión ausente que tenía para Shoko. Ren levanta una ceja y lo ve a los ojos.

La última vez que cruzaron una palabra fue para interrogarlo sobre lo que había pasado esa tarde.


Trasportar el cuerpo del captor de Kasumi no fue muy difícil. Obviamente no pensaba cargarlo, ni, aunque gracias al infinito no existiera manera físicamente posible para entrar en contacto. Satoru optó por trazar un círculo sobre la tierra y teletransportar el cuerpo a las afueras de la escuela de hechicería de Tokio. De ahí en más sólo le quedan dos opciones, seguir buscando a los culpables o volver a la escuela.

Dado el estado de Kasumi no le queda más remedio que regresar. Y al hacerlo se encuentra con una conmoción entre estudiantes y auxiliares. Shoko y Utahime dan órdenes a diestra y siniestra. Megumi por otro lado intenta organizar a sus alumnos para no entorpecer la situación, pero todos quieren ver lo que está pasando.

Por un lado está Kasumi, siendo transportada en una camilla con Shoko a un lado y un grupo siguiendo sus pasos escuchando atentamente todos los instrumentos que precisa. Del otro lado está él, con una herida abierta bajo el hombro, la ropa manchada de sangre, preguntando incansablemente si ella está bien.

—¿Van a salvarla? ¿Está bien? ¿¡Qué está pasando!?

Utahime parece haber percibido la funesta manera en la que Satoru lo observa y se pone en su camino al verlo dar sus primeros pasos en esa dirección. Pone una mano sobre su pecho y lo detiene. Satoru la ve a los ojos, sus ojos castaños enmarcados en una mirada seria y acusatoria.

—No causes alboroto, no ahora —le dice entre dientes, evitando subir demasiado la voz para no causar un escándalo—. No es el lugar ni el momento.

—¿No te das cuenta que no estoy de humor para recibir tus órdenes?

—Lo que piensas hacer no le hará ningún bien a Kasumi, así que guárdate tus celos infantiles y compórtate como un adulto. Creo que alguien tiene que recordarte tu edad por aquí.

—Utahime… hazte a un lado.

—¿Serías capaz de empujarme?

—Soy capaz de demasiadas cosas en este preciso momento.

Utahime se queda sin palabras, los ojos de Satoru se fijan sobre ella por un instante produciéndole un escalofrío. Pero antes de poder imaginar en algo qué contestarle para disuadirlo, un tercero interviene.

—¿Eres tú no? Eres ese idiota del que todos hablan, ¿cierto? ¿Eres Gojo Satoru? —pregunta Ren poniéndose de pie con una mano cubriendo la herida sobre su pecho.

Para su sorpresa, a Satoru le toma no más que un segundo en llegar a él sin tocar un pelo de la cabeza azabache de Utahime. Los auxiliares le advierten a Ren que no debe moverse demasiado, si bien la técnica maldita de Shoko ya está en acción, no podrá prevenirle si causase más daño. Pero él hace caso omiso de sus palabras y no parece temer ante la presencia de Gojo.

—¿Qué estabas haciendo cuando se la llevaron? —pregunta Satoru.

—¿Y tú qué estabas haciendo cuando decidió ir a una misión suicida completamente sola? Creí que estabas forrado, lo suficiente como paraAHH—.

Ren grita de dolor cuando Satoru pone una mano encima de él, con el pulgar presionado exactamente en el sitio en el que fue herido. Lo obliga a sentarse en el mismo sitio en el que estaba.

—¡Satoru! —grita Utahime.

El resto del personal parece incapaz de interponerse en el encuentro. Una muchacha chilla de terror y se hace a un lado de golpe. Otro se queda paralizado observando la escena.

—Tú no viniste aquí para hacer preguntas, más bien para contestarlas. Y ahora lo que harás es darme una descripción de los sujetos que hicieron esto… y por tu bien espero que seas muy preciso.

Ren escupe saliva y sangre sobre el rostro de Satoru, en vano, su escupitajo cae al suelo entre los dos.

—Te lo diré una vez más —dice Satoru presionando otra vez. Ren aprieta los dientes. Utahime lo toma del brazo, pero sus intentos por detenerlo no rinden fruto. Satoru está completamente obsesionado con sacarle las palabras que considere necesarias, incluso si eso signifique torturarlo levemente—. Dime cómo eran y por dónde se fueron. Ahora.


Los recuerdos de Satoru en este momento están un poco desordenados, sobre su primer y último encuentro lo único que recuerda es la intervención de Megumi y una lista de características. Sabe su altura aproximada, tiene una vaga idea de sus técnicas maldita y sólo sabe que eran dos. Uno de ellos con una cerbatana, escuálido, vestido de negro y de piel clara. El otro de contextura más musculosa, estatura promedio y un tatuaje en la frente. Ese último le pareció un poco más fácil de reconocer a primera vista.

—Puedes marcharte, está fuera de peligro.

—Gracias, pero no gracias. Cuando se despierte me despediré de ella y la tendrás completa para ti solo. No te preocupes por mí.

Satoru cierra la puerta.

—No lo estaba, perdona si te cause esa impresión.

Ren se sonríe ante su cinismo.

—Ya veo por qué estaba tan enamorada, eres un príncipe azul.

—Veo que te habló de mí —dice Satoru antes de reclinarse contra los pies de la cama de Kasumi, impidiéndole a Ren poder posar sus ojos en ella—. Yo no he tenido la fortuna de escuchar nada sobre ti.

—Prefiero que no tengan nada para decir de mí, antes que tener que llevar conmigo un pasado como el tuyo.

—¿Un pasado como el mío?

Ren se encoge de hombros.

—Jamás he tenido que recurrir a aprovecharme de la inocencia de una mujer para meterla en mi cama, por empezar.

—Vaya, esto no es justo. Tu debes tener material de sobra para burlarte de mí, mientras que Kasumi no mencionó ni una palabra de ti, salvo que no terminaron en buenos términos, ¿hay algo que estes escondiendo? Tal vez te molestó que ella no pudiera dejar de hablar de mí a pesar de los años. Debe ser complicado, ¿no? Estar con una mujer que no puede dejar de hablar de su ex.

—Sí, admito que es bastante molesto que no sólo ella sino cada maldito hechicero en este país tenga algo que decir del grandioso Gojo Satoru. Aunque teniéndote delante de mí ya no pareces tan increíble como todos decían. Gojo Satoru puede hacer esto, Gojo Satoru puede hace lo otro, y sin embargo la persona más poderosa de todo el puto planeta es incapaz de encontrar a dos alfeñiques en una ciudad desierta. Al menos yo tengo una buena excusa, me dieron una paliza, ¿qué hay de ti? ¿El aliento a alcohol que traías encima te bloqueó los sentidos? ¿De qué te sirve tener cincuenta ojos si no pudiste mantener uno solo abierto? Imbécil.

—¿Ya nos estamos diciendo nombres cariñosos? Yo tengo un par de esos para ti también. Estúpido bueno para nada.

—Arrogante pedazo de mierda.

—Sabes, hay algo que nunca terminé de entender. ¿Acaso es uno arrogante por jactarse de cosas que realmente puede hacer? Si yo dijera… no lo sé… que puedo hacerte trizas sin ponerte un solo dedo encima, ¿eso me hace arrogante? ¿o me hace sincero?

Ren se sonríe y una risa débil le revuelve el pecho de dolor.

—Me cuesta mucho trabajo creer que Kasumi, de entre todas las mujeres, pudiera enamorarse de alguien como tú.

—Qué agradable encontrar algo en común.

—Bueno, dejémonos de halagos. ¿Viniste a correrme de aquí? Pues, te tengo novedades. No importa cuánto insistas. Cuando ella abra los ojos será el momento en el que me vaya.

—¿Para qué te molestas? Aquí está más que segura.

—Le hice una promesa, quizás no sepas cómo funcionan, pero se supone que uno debe cumplirlas.

—Ah, una promesa ¿he? ¿Se puede saber qué se prometieron?

—Le prometí que volvería con vida a casa.

Satoru se sonríe.

—Si ese es el caso recuérdame no poner la vida de nadie más en tus manos.

—Tranquilo. No tengo otras intenciones. Kasumi no me interesa, no como a ti, no de esa forma… Al menos yo sí se lo que es la dignidad. Y no, no me asustas ni tú ni tus poderes, ni tu dinero, ni tu posición en esta estupidez de jerarquías jujutsu. Sé muy bien que hay algo entre ustedes dos y no planeo estar aquí por mucho tiempo como para verlo, no tengo ni el tiempo ni la paciencia para soportarlo. ¿Acaso sabes qué se siente?

—¿Verla con alguien más? Sí, tengo una pequeña impresión al respecto. No lo recomiendo.

—Vaya, Kasumi sí que sabe cómo jugar con los hombres. ¿Quién lo diría? Los ojos grandes y la sonrisa amable lo disfrazan demasiado bien.

—Entonces, ¿yo fui la razón?

—¿De qué?

—De que terminaran. No lo sé, llámame loco, pero siento un poco de animosidad entre nosotros dos. No me digas que aún me guardas resentimiento por lo que pasó hace un par de días…

—¿Quieres saber la historia? —dice Ren con una sonrisa en los labios—. ¿Por dónde empiezo? ¿Por aquella vez en la que me encontró malherido y paso días bajándome la fiebre, curando mis heridas, dándome de comer en la boca? ¿O cuando volvimos a encontrarnos en la ciudad y fuimos a comer, luego un postre, luego una película? ¿Quieres que te platique sobre la primera vez que la llevé a mi departamento? ¿O cuando ella me ayudó a elegir los muebles de mi casa? Tal vez podría comentarte sobre nuestro primer beso, esa historia es muy linda. Aún recuerdo cómo se sonrojó cuando la tomé de la mano y—.

—Estás jugando muy sucio, Ren.

—Lo sé, creí que las reglas del juego estaban claras.

—Yo tengo muchas historias sobre Kasumi si así quieres jugar. Pero déjame decirte que no hay nada mejor que la primera vez, de esas nunca puedes olvidarte.

—Supongo que la primera vez que sedujiste una alumna debió ser memorable.

La puerta se abre detrás de Satoru. Ahí está Maki, silenciosa e invisible incluso para el gran Gojo Satoru. Se dedica a observarlos a los dos, uno a la vez. Aún con un ojo vendado se puede sentir su frustración y desagrado.

—¿Ya terminaron? ¿O también tienen fotos íntimas para compartir? ¿No les da vergüenza hablar así frente a ella? Tengan un poco de respeto y cierren la puta boca, si quieren competir sobre quién es el peor entre los dos pueden hacerlo afuera o donde nadie pueda escuchar esta asquerosa conversación. Salgan, ¡fuera! Van a revisar el medicamento de Miwa-san.

Satoru, con los labios apretados, no tiene nada qué decir y sale tras la orden de Maki con Ren detrás de él. Ambos callados, ligeramente avergonzados. Se paran en el pasillo mientras un auxiliar ingresa a la habitación en la que Maki decide permanecer como el seguro de la puerta.

En el corredor ambos se inclinan sobre la pared, uno junto al otro.

—Tiene razón, somos unos bastardos —comenta Satoru apenas inclinando la comisura de sus labios.

—Puede que me haya dejado llevar… un poco.

—Le pediré disculpas cuando despierte.

—Dile lo siento de mi parte.

—¿No vas a decírselo personalmente?

Ren niega.

—¿Y quedarme a ver cómo llama tu nombre? No gracias, prefiero llamar un taxi e irme a casa. Ya he tenido suficiente.

—No es necesario, la escuela se hará cargo de ti. No te preocupes por eso.

—Ah, bueno… excelente servicio, supongo.

—Lamento haberte atacado así, sé que hiciste lo que pudiste. Lo importante es que está viva.

—Yo no estoy seguro si lamento lo que te dije —dice y se sonríe—. Lo tenías bastante merecido.

Satoru asiente.

—Tal vez en otras circunstancias podríamos habernos llevado bien. Supongo que tenemos más cosas en común de las que creemos si caímos por la misma mujer, ¿no?

De una forma extraña, Satoru parece haber recuperado ligeramente el ánimo. Ren lo mira de reojo, pero es más orgulloso que Gojo como para admitir que tiene razón.

—¿Nunca te has preguntado por qué le gustas tanto?

—¿Cómo?

—¿Nunca se te ha pasado por la mente? No es una casualidad que tengas todo lo que ella nunca tuvo. El dinero, el talento, el poder. Al menos yo sé perfectamente que le gusté por quien yo soy. ¿Acaso tú tienes esa seguridad? ¿Sabes si Kasumi se enamoró de ti porque eres Gojo Satoru? O si solamente se enamoró de Gojo Satoru, el hombre.

Satoru no sabe cómo responder a esa pregunta y repentinamente se le viene la imagen de Geto a la cabeza.

¿Eres el más fuerte porque eres Gojo Satoru? O, ¿eres Gojo Satoru porque eres el más fuerte?

En un principio esa pregunta no fue más que un sin sentido salido de la boca de alguien que lenta y silenciosamente había perdido la razón. Pero con el pasar de los años la pregunta devela algo intrínseco que Geto se había preguntado una y otra vez sin hallar la respuesta.

Cae sobre sus hombros en ese momento un nuevo peso que no sabía que cargaba encima. Una epifanía terrible que le abre ojos aletargados. Una fantasía que se destruye, explotando como un globo siendo tocado por un alfiler.

¿Acaso Kasumi tiene motivos reales para enamorarse de él?

—Ya despertó —anuncia Maki en un tono suave abriendo la puerta.

Satoru se voltea a Ren y él asiente.

—Te lo encargo —le dice y lo mira a los ojos, pero Satoru no está seguro si le encarga sus disculpas o lo que realmente quiere decir es que le deja la tarea de responder su última pregunta.

Ren asiente en dirección a Maki y se da media vuelta para marcharse. Por la puerta sale la auxiliar con una pequeña sonrisa y Maki permanece parada junto al marco, con la puerta abierta. Satoru se acerca y ambos se ven a los ojos por última vez.

—Compórtate como un adulto —le dice con los dientes apretados.

Él asiente y camina por el marco de la puerta y Maki la cierra detrás de él. Una vez dentro puede verla, sentada contra la almohada, la cama ligeramente reclinada para ella. Bebe un vaso con agua y lo ve de reojo entrar. Él camina lentamente en su dirección, observando todo con extrema atención. Observa desde la corona de su cabeza su cabello brillar bajo la luz fría, mechones suaves del color del lago más puro, los ojos grandes viendo en su dirección. A veces azules, a veces con un destello celeste, en otras, oscuros con tintes violetas, los colores del océano pintados detrás de sus pupilas fijas en él. Las pestañas largas, los labios finos.

Kasumi deja su vaso de agua junto a la mesa.

—Tengo los labios secos —le dice y se sonríe, evadiendo la intrusiva mirada de Satoru. Pero no puede evitarla por mucho tiempo ya que él se sienta sobre la cama junto a ella y lo ve a los ojos una vez más mientras él acomoda su cabello detrás de su oreja y se inclina sobre ella para darle el beso más cálido en la frente.

Se queda muda, perdida en sus centellantes ojos de cielo. El universo entero está ahí adentro y todo lo que le devuelve su mirada es su propio reflejo. Ojos tristes la observan con añoro, acaricia su mejilla con la palma de su mano y no le dice una palabra. El corazón repentinamente se siente lleno, tan lleno que parece desbordarse de calor desde adentro. Su pecho entero está lleno de algo que reboza y crece mientras la mira.

¿Cómo no enamorarse de ella a pesar de no tener absolutamente nada?

Ren tiene razón, no hay amor más sincero que aquel que él siente ahora por ella. No hay nada que ella pudiera darle en el mundo que él no tuviera ya, no es una diosa sobre la tierra, ni han de contar grandes hazañas de Miwa Kasumi. Pero nadie ha logrado cautivarlo de esta manera, total y completamente.

¿Cómo no podría caer él a sus pies?

La piel suave de Kasumi se funde bajo la mano de Satoru. Sentir su cuerpo tibio nuevamente se siente como una bocana de aire limpio, le llena los pulmones. Y, aun así, por alguna razón, se siente profundamente triste. Desdichado incluso.

—Perdóname —le dice suavemente.

Ella, sonrojada, no puede despegar sus ojos de él. Su magnetismo la mantiene constantemente persiguiéndolo con cada uno de sus pensamientos. Y no puede negar que al abrir los ojos una vez más lo único en lo que podía pensar era en verlo una vez más.

Él se acerca, toca su frente con la suya sin dejar de acariciar su cuello. Con la otra mano toma la de ella y acaricia sus níveos nudillos desnudos. Pasea con su pulgar entre los dedos de Kasumi sin decir mucho más que lo que ya ha dicho.

—Perdóname Kasumi.

—¿Por… —pregunta ella casi sin aliento, incapaz de terminar la oración.

Es fuego, emana desde su abdomen y pasea por todo su cuerpo. Las manos le queman, los cabellos bajo su nuca se erizan. Las mejillas le arden y el corazón le golpea el pecho con fuerza, como una puerta con alguien del otro lado que exige poder salir.

—Por todo, supongo… —dice y sonríe—. Por no haberte cuidado como debería, por dejarte, por no ser completamente sincero, por tener miedo de mis sentimientos, por no saber qué es hacer las cosas bien. Perdóname… por favor.

Él ya no la observa a los ojos, tiene la mirada perdida en sus delgados dedos mientras continúa acariciándolos. Si levantara la vista vería los ojos de Kasumi llenos de lágrimas, atrapados, haciendo fuerza para no caer sobre su mejilla.

—Soy de esas personas que tienen que perderlo todo para abrir los ojos y aprender una o dos cosas… Pero puedes estar segura —Toma la mano de Kasumi y la lleva hasta su pecho. Ella puede sentir su corazón galopando dentro de su pecho cálido y sus ojos se vuelven a encontrar. Él esboza una sonrisa suave. Él la ve con ternura, sus ojos cansados no pueden esconder su devoción. Suelta su cuello y limpia la primera lágrima que cae sobre su mejilla—. Aún sigo haciéndote llorar…

—No… —suspira Kasumi.

—Está bien… Ya no voy a causarte ningún daño.

Ella abre aún más los ojos, las palabras se sienten como una funesta despedida, como un último adiós. Otra lágrima cae cuando comienza a sentir que él está a punto de levantarse y con las pocas fuerzas que tiene toma su rostro entre ambas manos. Kasumi lo besa suave y débilmente, apenas acariciando sus labios, como si se le estuviera escurriendo entre las manos.

Satoru estira sus largas pestañas, asombrado por su repentino arrebato.

—No te vayas… —susurra con la voz entrecortada.

Él la observa extrañado, se queda quieto sobre la cama con las manos de Kasumi acariciándolo. Atento a las siguientes palabras. Los dedos inquietos de ella se pasean por su cuello, su mandíbula, su oreja, le acarician el cabello corto sobre su nuca. Los labios de Kasumi se tuercen como los de una niña que hace hasta lo imposible para no llorar, pero no tiene éxito, sus ojos se humedecen y otra lágrima cae por su rostro.

—No me dejes… —ruega ya despojada de su vergüenza—. Cásate conmigo, quédate conmigo, no te vayas.

El la mira con incredulidad y asombro. Su súplica le atrapa desprevenido, pero termina por sonreírle suavemente. Toma las manos de Kasumi, enredándose en su cabello, y las sostiene entre las de él. Kasumi aún tuerce los labios y su rostro pálido y sonrojado se llena de lágrimas.

—No iba a irme —le dice con una sonrisa—. Iba a levantarme para volver a llenar tu vaso de agua, dijiste que tenías la boca seca…

Ella abre los ojos y su rostro comienza a arder hasta las orejas.

—Pero…

Kasumi no puede soltar una palabra más. Satoru la besa con la delicadeza de alguien que toca los pétalos de una delicada flor. Luego la mira y acaricia su cabello, enreda sus dedos entre las hebras que caen sobre su hombro y vuelve a sonreír.

—¿Debería tomar en serio tus palabras o estás delirando? —le dice apoyando su frente con la de ella una vez más—. Parece que tienes un poco de fiebre —comenta, aunque está casi seguro que no es más que el pudor renaciendo dentro de su cuerpo a medida que gana fuerza—. ¿Qué opinas tú?

—Yo —dice tartamudeando. Aprieta los labios y lo mira furtivamente a los ojos antes de continuar—. Yo… l-lo que dije…

—¿Quieres ser mi esposa?

Ella asiente tímidamente.

—Necesito una respuesta verdadera.

—S-sí.

—Ahora sin tartamudear.

—Sí.

—Dilo completo, para estar seguro.

Kasumi frunce el entrecejo.

—Sí… quiero.

Satoru ensancha su sonrisa, dejando de lado las mezquinas palabras de Ren.

—Bien —dice él antes de levantarse frente a los atentos ojos de quien ahora es su prometida. Toma el vaso de Kasumi de la mesa y camina hacia el otro lado de la habitación para llenarlo. Mientras le da la espalda, usando el purificador, se siente repentinamente abrumado. Como si hasta este momento toda la palabrería de matrimonio no fuera más que un chiste que se tornó real con el chasquido de los dedos de Kasumi—. Antes de seguir hablando del tema debes tomarte un tiempo para descansar. Tus heridas eran profundas, la técnica de Shoko aún está trabajando en tus órganos. Pero de todas formas tómate las cosas con calma…

—¿Qué hay de mi…

—Tu familia está bien. Hablé con Kano esta mañana y lo disuadí de venir… No quería que Sochi y los demás te vieran en ese estado. Lo convencí de quedarse con ellos, espero que no te moleste que haya tomado esa decisión —dice extendiéndole el vaso lleno. Ella niega.

—Está bien.

Satoru se sienta en una silla que arrastra junto a la cama. Kasumi parece profundamente avergonzada.

—¿Cómo te sientes?

—Me siento bien… Un poco cansada. Pero bien, ¿qué pasó con Ren? ¿Él está bien?

—Él está bien, mejor que bien. Tenía energía suficiente para insultarme —dice mientras le sonríe, pero Kasumi no parece complacida al escucharlo—. Se quedó aquí hasta hace unos minutos, cuando supo que habías despertado se marchó y me pidió que me disculpara por él, por no quedarse. Te acompañó todo este tiempo, es un buen tipo. Sabes elegirlos, Kasumi-chan.

Kasumi vuelve a sonrojarse.

—No hablaron de mí, ¿cierto?

—Sí hablamos de ti.

—Oh…

—Lo siento por eso también.

—¿Hay algo más que debas decirme?

Satoru piensa que sí, más bien algo que debería preguntarle. Pero esa pregunta no encuentra manera de salir de sus labios. ¿Por qué Kasumi se ha enamorado de él? Sin embargo, agita suavemente la cabeza.

—No… Kasumi. ¿Hay… algo que recuerdes de los sujetos que te atacaron? No quiero abrumarte con preguntas, pero realmente necesito saber todo lo que recuerdas de ellos, a dónde fueron, cómo se veían, ¿dijeron algo en especial?

Los dedos de Kasumi se aprietan contra el cristal del vaso que sostiene. Se detiene un instante a pensar, llevando su mente a los últimos sucesos que recuerda.

—Recuerdo la sensación en mis piernas cuando uno de ellos me atacó. Fue el mismo que inmovilizó a Ren… Fue como un calambre al principio y pude mantenerme en pie por un momento antes de que otro me atacara. Luego vino el otro… el que me metió dentro de la red… —Repentinamente abre los ojos en su dirección—. ¿Lo mataste?

Satoru niega.

—Estaba muerto cuando llegué. No servía de nada. ¿Alguna otra cosa?

Ella revuelve entre sus recuerdos, la mayor parte de ellos aún borrosos.

—Uno de ellos dijo… espero que esta funcione. Algo así… No sé que quiso decir con eso.

Reclinado sobre la silla, se cruza de brazos.

—Lo siento, no debería estar preguntando estas cosas justo ahora. ¿Tienes hambre? Iré por algo de comer. Toma —le dice, entregándole su celular—. Llama a tu familia, dile que estás bien y que pronto volverás a casa.

—Debería… ¿decirles lo demás? —pregunta volviendo a sonrojarse—. E-es decir, ¿cómo s-seguimos desde ahora?

—Creo que deberíamos decírselo ambos, ¿no te parece? Pero antes de eso, ya sé cuál fue tu respuesta… ¿realmente lo pensaste bien? No quiero presionarte, esto implicará más que a nosotros dos.

Ella asiente.

—Ya no… ya no quiero escuchar lo que nadie tenga para decir. Mi… mi corazón me dice que es la decisión correcta y si al final… no lo fuera… seguiré estando satisfecha por haber elegido algo que me hiciera feliz.

—¿Qué hay de los niños?

—Estarán a salvo y eso es lo más importante. No voy a permitir que nadie les haga daño, no voy a dejar que ningún clan les haga creer que son menos importantes por no ser chamanes. Mai y Maki no tenían a nadie… ellos nos tendrán a nosotros. ¿Cierto?

—Cierto. Está decidido entonces, te unirás al clan Gojo.

Puesto de esa manera se siente increíblemente ominoso. Gojo sale por la puerta con una sensación pesada sobre el pecho que súbitamente se disipa al recordar su súplica. Ella quiere ser su esposa, desea permanecer a su lado y esa certeza le trae al pecho una sensación agradable y cálida. La idea de formar una familia junto a alguien jamás había sido una prioridad en su cabeza. Pero tras experimentar en carne propia la sensación de perderla, una sensación nació dentro de él y creció hasta convertirse en un bello ¿qué tal si…

¿Qué tal si se permitiera vivir una vida tranquila dentro del clan Gojo y transformarlo desde adentro con ella a su lado?

¿Qué tal si decidiera tener uno o dos hijos, o cuatro o cinco? ¿Qué tan malo podía ser para ellos vivir en un clan con una madre como Kasumi? Una Kasumi que no deba preocuparse por la comida que pone sobre la mesa, una que pudiera dedicar su tiempo y fuerzas en cuidar de su familia como siempre ha soñado.

Si tan sólo Kasumi no sintiera la imperiosa necesidad de estar en el campo de batalla, aún cuando es poco el aporte que pueda hacer, quizás así sí se conformaría con una vida tranquila en un templo. Quizás ella sería capaz de crear calidez en el sitio más frío y cruel que conoce.

Quizás…


N/A: Hola lectores! Muchas gracias por los comentarios que han dejado en todas las plataformas en las que subí esta historia. Me gustaría contestarlos personalmente a todos pero la verdad es que ando escasa de tiempo y trato de usar mi poco tiempo libre en escribir esta historia y leer las que tengo pendientes. No crean que no los leo, los leo a cada uno y me ponen muy feliz. Este capítulo es un poco más corto que el anterior pero igualmente espero que les guste el camino que está tomando. ¡Que tengan una linda semana!