ORGAVERSE

CAPÍTULO 6

El reloj biológico de Natsuki la hacía despertar muy temprano, sin necesidad de alarmas. Abrió los ojos. Se encontró con que dormía de cucharita con Shizuru. Después de lo de la noche anterior se habían quedado dormidas a medio vestir.

No tenía su celular a la mano pero intuyó la hora. Bostezó. Estar en los brazos de la castaña hacía de levantarse una idea poco atractiva.

Al despejarse un poco más, cayó en cuenta del bulto contra ella. Era cierto, antes de dormirse Shizuru ya no había necesitado los supresores.

Empezó a calentarse. Por su cabeza cruzó la idea repentina de meter la mano en el shorts de Shizuru pero, ella seguía durmiendo y no le parecía bien hacerle eso, sobre todo cuando ella la había respetado desde el inicio.

—Eh, Shizuru —habló bajito—, Shizuru —repitió.

—Mmm… ¿Sí? —respondió con voz somnolienta.

—Se despertó antes que tú —le costó no reírse.

—¿Me ayudas?

—Estaba esperando que lo pidieras.

Shizuru estrechó más el abrazo en su cintura. Besó su cuello. El aroma de Natsuki le era tan agradable, quería más.

—Haces cosquillas. —Kuga le sintió olfateando detrás de sus orejas, por reflejo se transformó.

—Ara, ¿sabes que así tu aroma es más intenso? —Lamió su cuello—. Me gusta…

Se restregó un par de veces contra la omega antes de que ella le bajará la ropa, sintió como la rodeó con su mano.

—¿Todo bien? —No quería lastimarla.

—Sí, tranquila. —Sintió como Natsuki subía y bajaba su mano, a un ritmo lento, gimió—. Creo que… Estoy más sensible…

—¿Quieres que pare?

—Quiero que sigas. —Su voz ya no tenía nada de adormecida—. Más rápido, por favor. —Presionó sus senos contra la espalda de Natsuki.

—¿Por qué… me olfateas tanto? —Seguía haciéndole cosquillas en el cuello.

—Me gusta que el olor de tu piel está mezclado con el mío.

—Con lo de anoche como no iba a estarlo.

No mucho después la castaña se corrió en la mano de Natsuki, pero seguía dura.

—Permiteme. —Natsuki volteó sus cuerpos, dejó a la alfa debajo de ella, apoyó una mano en su vientre.

—¿Segura? —A Shizuru le preocupaba que casi no había hecho nada de previos—. Ara… —Hasta que sintió lo mojada que estaba su chica.

Dejaron que Natsuki tomara el ritmo, bajó su cadera, sintió entrar la punta, las dos gimieron, Shizuru se mordió los labios.

—Dios… —Se llevó una mano a la cabeza—. Yo… —No vio venir ese nivel de sensibilidad—. Natsuki…

—Ya me quito —dijo preocupada de haberle lastimado. La detuvieron las manos de la castaña en su cintura.

—Está bien, se siente bien, Natsuki. —Sintió las puntas de sus orejas rojas—. Continua.

Retomó la tarea, bajó hasta la mitad, jadeó, podría haber jurado que era un poco más grande, terminó de meterla, se escuchó un sonido húmedo.

Shizuru no movió la cadera pero sí sus manos, se agarró del trasero de Natsuki, lo acarició. Sintió la cola de Natsuki rozándola al moverse de un lado a otro. Sonrió.

—¿Mi cachorrita está feliz? —gimió en la última palabra.

—Bastante. —Se inclinó sobre ella, quería recostarse en los pechos de Shizuru, eran tan suaves, le gustaba sentir sus pezones duros contra los suyos—. ¿Y tú? —Pasó la lengua por sus labios, pidiendo permiso.

—Más que tú. —Abrió la boca, entró la lengua de su omega, sintió sus labios más calientes.

Alguien tocó a la puerta.

—¿Sí? —habló Shizuru, mientras Natsuki le comía a besos el cuello.

—El desayuno estará en unos minutos —dijo Mikoto. Con sus orejas de gato, interpretó la situación—. Sino se apuran, no alcanzaran a ducharse —dijo quitada de la pena antes de marcharse.

Eso a Shizuru le dio gracia pero a Natsuki no, la omega sintió verguenza y…

—Ara, te mojaste más.


Para cuando se sentaron en la mesa, por el bien de su horario académico, Shizuru se sentó en las piernas de Natsuki y no al revés.

Les urgía comprar otra silla.

—Tienen que estar de joda —dijo Nao, sentada a la izquierda de ellas, de nuevo, tenía los ojos ojerosos—. Búsquense otro horario, diablos.

—A esa hora tú debías estar dormida o haciendo tarea, maldita araña —arremetió Kuga.

—¿Ah, en serio? —Golpeó la mesa, la jarra de jugo se tambaleó, Mikoto evitó que se derramara—. ¿Cómo iba a hacer eso con el "Ahh… Shizuru… más…" al lado?

Shizuru casi se atragantó con el desayuno.

Natsuki se puso roja pero el coraje.

—Últimadamente, si follo o no a las 3 am es mi asunto, araña de mierda.

—Es problema colectivo si chillas como gata en celo —recriminó Nao.

—¡Oye! —Mikoto salió ofendida.

—¡Chicas! —Regañó Mai—. Dejemos de lado la muy activa vida sexual de Nat, justo ahora tenemos otro asunto. Tenemos que ajustar el presupuesto o decidir que servicio sacrificar.

—¿Cuál es el problema? —indagó Shizuru.

—Nos descompensamos en gastos porque la tonta de Nao rompió la regadera —dijo Mikoto.

—¡Oye! No es como que haya querido caerme.

—Pues no, Nao. —Negó Mai—. Pero ahora vota, sin agua caliente o sin internet.

—No podemos sacrificar el internet, el wi-fi del vecino ya no llega hasta acá —notificó Mikoto.

—¿Qué hay de los ahorros de emergencia? —dijo Kuga.

—Los usamos en la última factura de electricidad, esa vez abusamos del minisplit de la sala… —Mai lamentaba que el calor las hubiese orillado a eso.

—Baños de glaciar, entonces —suspiró Mikoto—, a la otra mejor cáete, Nao, total más imbécil no puedes quedar.

—Joder… ¿Es por lo de "gata en celo"? —Hizo una mueca—. Era solo una expresión.

—¡Expresión mi culo!

Mientras Nao y Mikoto rodaban por el piso peleando, Shizuru le preguntó a Mai cuanto dinero faltaba para que no tuviesen que cortar ningún servicio. La oji lila y Kuga intercambiaron una mirada, Kuga asintió.

—Bien, pondré ese dinero —afirmó Shizuru.

—¿Ah?, ¿Segura? No es necesario… —Mai no quería que la castaña se sintiera presionada.

—Sí, está bien. —Le quitó relevancia y dio un trago a su jugo.

—Cachorra, bien hecho por conseguirte una suggar alfa.

—¡NAO! —Gritaron Natsuki, Mai y Mikoto.

—Perdónala, Shizuru. A su madre se le caía seguido de cachorra —La abrazó por la cintura—. Yo no…

—Sé que el dinero fue lo último en lo que pensamos cuando nos conocimos, tranquila.


Haruka y Shizuru entraron a su primera clase del día.

—Maldición nunca había odiado tanto los parlantes de esta escuela. —Se quejó la rubia—. Es la primer hora y ya sonó tres veces ese anuncio.

—El rector se escucha desesperado —dijo Shizuru, riendo.

—Dime que no son ustedes las que se han estado echando polvos en los baños.

—Ara, ¿de verdad me crees capaz de eso?

En el fondo del salón se puso de pie Kanzaki, se acercó a ellas con una cara airada, como si no se la hubieran partido antes.

—Oye tú… —Iba a ponerle la mano en el hombro a la castaña, ella se movió y se pegó a Haruka.

—No me toques, Reito —dijo frívola. Tenía bien fresco en su cabeza el momento en el que él y Natsuki se vieron la cara.

—No te vi anoche —reprochó Reito.

—¿Ah? En mi vida he hecho planes contigo —contestó un tanto confundida por ese repentino reclamo.

—No te hagas la tonta…

—Reito… —Haruka sin problema se unía al grupo de personas que ya lo habían golpeado—. Ya déjala en paz.

—No sé de que hablas, Reito. —Shizuru solo quería pasar de él.

—La reunión entre las familias, fueron los Searrs, tu familia y la mía. Tus padres dijeron que estabas indispuesta pero te veo en perfectas condiciones.

La castaña no demoró en atar cabos.

—¿Y que se inventaron mis padres?, ¿rabia? —ironizó—, escúchame bien, Reito: Estoy muy feliz de que ya no tendré que soportarte en esas reuniones.

Ella y Haruka tomaron asientos, el profesor acababa de llegar.

—Vaya tremendo idiota —refunfuñó la rubia—,¿estás bien?

—Perfecta. —Por ella mejor no ver ni a los Kanzaki, ni a los Searrs, cuya heredera era igual de insoportable que Reito—. Son mis padres quienes tienen problemas. —Sonrió divertida.

—No podrán ocultar algo así por mucho tiempo.

—Les caerá la prensa amarilla —gozó con la idea—, se los comerán vivos.


Para su cita, Shizuru llevó a Natsuki a un campo de paintball a las afuera de la ciudad. Este era conocido por tener tres terrenos distintos: Una estructura urbana, una zona de barricadas y una que simulaba un pequeño bosque.

A Natsuki le fascinó la idea, pero también le intrigó esa elección por parte de la castaña.

—Bueno, tú dijiste que tenías ganas de visitar este lugar desde hace un tiempo —dijo Shizuru mientras hacían la cola de entrada—, y creo que nos haría bien desestresarnos… De una manera no sexual —rio.

—¿Te han dicho que eres muy atenta?

—¿Te lo parezco?

—Sí. —Sonrió ladina—. Diría que quieres impresionarme para quedar bien pero con esto… —Señaló a su cuello—. Confirmó que no es por esa razón.

—Espera ahí… ¿Han tratado de impresionarte para acostarse contigo?

—La duda más bien es, ¿que no lo han hecho contigo? —dijo Kuga, en verdad sorprendida—, digo, mírate, eres hermosa, tienes encanto y que decir de tus ojos que… ¿Por qué me miras así?

Shizuru la observaba con una enorme sonrisa, justo con una mirada picara, esa de la que hablaba.

—Porque sí, otros me han llenado de halagos y demás, pero contigo se siente muy diferente.

—Diferente bien, quiero creer. —Frunció el ceño.

—Suenas mucho más sincera, es… Placentero que lo digas.

—Entonces lo diré más veces. —Le cogió la mano—. Eres preciosa, Shizuru.

La castaña tuvo una sensación cálida en el pecho al ver el leve rubor de sus mejillas.

Jugaron ahí alrededor de tres horas, el tiempo se les había ido entre risas y gritos de euforia. Shizuru no había tenido mucha puntería mientras disparaba las balas de puntura, pero la experiencia de ver a su chica divirtiéndose fuera de la cama, no tenía precio.

Al final, en los vestidores, mientras se quitaban el equipo de protección todo manchado…

—Oye, Shizuru.

—¿Sí?

—Entre todo esto, no me había detenido a preguntarte, ¿somos… novias? Digo sé que me marcaste pero… Es decir somos pareja sí pero nuestra relación… Agh, no sé si me estoy explicando.

—Entendí que la pregunta es que si estamos saliendo, ¿es correcto? —Vio que Kuga asentía algo nerviosa—. No te culpo por la confusión, si las relaciones fuesen un avión creo que estaríamos volando de cabeza y en reversa.

—Creo que sí. —Asintió—. Y en llamas.

—Ara, ¿en llamas?

—Por calientes. —Desvió la mirada—. Volviendo a lo otro…

—Déjame hacerte la pregunta, ¿me haces tu novia, Natsuki?


Después de su cita, al llegar al departamento, no se lo pensaron dos veces antes de meterse al cuarto.

En un parpadeo, ya estaban sobre la cama.

—Oye, Natsuki, ¿segura? —Le bajaron el pantalón.

—¿Parece como que no quiero? —dijo confundida, después de todo, habían subido las escaleras mientras se comían a besos.

—Se ve que quieres, sí. —Contempló como Kuga se quitaba la playera, le gustó ver dos puntos remarcados en su brasier—. Pero la idea, ¿es segura para ti?

—Sino quieres, dímelo. —Sonrió socarrona—. La decisión final en es tuya. —Se quitó la ropa interior.

—Ara…

Shizuru cambió de lugares, ella arriba, una vez la desnudó del todo le dio la vuelta a su cuerpo, Natsuki se apoyó en sus manos y rodillas. Puso las manos en su cintura, pegó la entrepierna a sus glúteos.

Ambas cambiaron de forma, Shizuru procuró mantener sus garras retraídas.

—¿También se mueve cuando estás excitada?

—Por la mañana fue la primera vez que me pasó —confesó.

—Me siento especial. —Rio, aquello le generaba una mezcla de ternura con un cosquilleo—. Ahora hermosa, abre otro poco tus piernas.

Sentía el aroma de Natsuki mucho más concentrado, entre que en esa forma soltaban más feromonas y que sus olfatos eran más sensibles, prácticamente podía saborear el aroma de la chica.

Le acarició con sus pulgares, en círculos. Se restregó en su vagina, sin entrar, solo frotando, mojándose. Sin dejar ese vaivén se recostó sobre su espalda, tomó sus senos, uno en cada mano.

—Ah… Tus manos, están más calientes.

—Apostaría a que tu piel también. —Comenzó a jugar con sus pezones—. ¿Así?

—Sí… —Se mordió el labio—. Shizuru… —La castaña le besó la parte trasera del cuelo, luego al costado, donde tenía la marca, jadeó—. Tu lengua…

—¿Qué con ella? — Le masajeó el costado de sus pechos.

—Es diferente… —El contacto le era más rasposo pero agradable—. ¿Cosa de… gatos? —gimió.

Shizuru rio. —Había olvidado que eso también cambia—. No sentía desagrado por parte de la omega. —Déjame ver si es tu caso—. Le tomó del mentón con una mano. —Abre tu boca, cachorrita.

Las mejillas de Natsuki se pusieron rojas, ahogó un fuerte gemido en medio del beso. Cuando la alfa sacó la lengua de su boca, había un hilo de saliva entre ellas, gimió.

—Ara, interesante. —Sonrió lasciva—. Así que se vuelve más sensible —Le lamió la comisura de los labios—. ¿Ya te arrepentiste, Natsuki? —susurró.

—Cógeme —respondió demandante.

Shizuru enderezó su torso. Deslizó sus manos hasta el trasero de la omega. Dejó de frotarse. Colocó la punta en su culo. Estaba por demás excitada pero…

—Si duele, dímelo de inmediato. —Empujo despacio—. ¿Bien?

—Bi… Bien. —Estrujó las sabanas, de sus labios goteaba saliva—. Sigue. —Sintió como su cuerpo abrazaba al de Shizuru, jadeó. La castaña era caliente, le gustaba mucho ese calor—. Shizuru… tú…

—¿Y…Yo? —Le costó decir esa única palabra. No se esperaba que su omega la estrechara tanto. Sus mejillas se calentaron. Se mojó.

—¿También… cambia? — Ahora sí, sintió que estaba toda dentro, sentía la ingle de la chica pegada a su trasero. Gimió. Estaba completamente segura de sentir que era más grande que esa mañana.

Shizuru, en la medida que podía mientras movía la cadera, pensó en eso. —No lo sé—. Contestó sincera. No había tenido sexo en su forma felina. —¿Salgo?

—Ni se… —gimió más fuerte— te ocurra… —Se tapó la boca con el brazo.

La medida para callar sus gemidos no le duró mucho. La alfa la tomó por los brazos, hizo que levantara el pecho de la cama, apoyándose solo en sus rodillas.

Shizuru vio como se agitaba la cola de Natsuki, sí o sí era por excitación, sonrió. Soltó el brazo izquierdo de su chica, atrapó su cola, era muy suave, esponjosa, demasiado contrastante con su apariencia ruda.

Natsuki necesitó su mano para mantener la postura. Sentía su propia humedad bajándole por los muslos. —Shizuru—. La vio por sobre su hombro. —Más duro.

—B… Bien… —Volvió a cogerla por la cintura, afirmó su agarre y siguió penetrándola—. Natsuki. —En algún punto sacó sus garras—. Natsuki. —Pero no parecían ser un problema, por el contrario.

Esa vez, la castaña fue la primera en correrse, pero no salió, apenas le dio un respiro a la otra. Se recostó encima de ella, con una sola mano le sostuvo las dos suyas por sobre su cabeza.

—Shiz…

Shizuru deslizó la mano libre entre sus piernas.

—Shizuru. —Con la excitación del momento, su clítoris, duro, estaba demasiado sensible—. Ahh… —La besó.

Con el juego entre sus lenguas, la omega no pudo evitar correrse. —Dios… —Pero la alfa siguió, metió dos dedos que resbalaron enseguida—. Santa mierda…

Al diablo que pudiera escucharlas todo el edificio.

—Natsuki. —Mordió su hombro—. Gime para mí.

Y entonces la litera se vino abajo.

Las dos gritaron.

Shizuru cayó sobre Natsuki.

Seguían en el suelo cuando la puerta se abrió de golpe. —¿¡Chicas!?, ¿¡Están bien!? —Mikoto la había pateado por escuchar aquel estruendo.

—¡Puta mierda…! —Nao desvió la mirada, no quería que Kuga la matara por mirar a su alfa desnuda—. ¿¡Cachorra, estás viva!? —Temió que su amiga hubiese sido empalada.

—¿Deberíamos llamar a urgencias? —dijo Mikoto.

—Ara… Estamos… Bien… —Shizuru respondió por las dos sabiendo que sí Natsuki abría la boca sería para gemir—. Necesitamos un momento… —Y ella estaba cerca de eso también, porque seguía dentro de su chica.

Mai se asomó con un botiquín en la mano.

—Ay cielos… —Ella también temió que Kuga se fuese directo a la sala de urgencias.

—Todo porque la cachorra quería de perrito —dijo Nao.

Natsuki gruñó.

—Creo que quiere decir "Araña de mierda" —dijo Mikoto.