ORGAVERSE
CAPÍTULO 9
DÍAS DESPUÉS
—¿Shizuru? —Haruka notó que no le estaban prestando atención—. ¿Estás bien?
—Haru, yo…
Esa mañana al despertar y salir del departamento se sentía bien, las primeras clases marcharon con normalidad, pero en ese momento, mientras caminaban por el estacionamiento, fue como si se hubiese desconectado de su entorno, oía a su amiga pero en realidad no la estaba escuchando.
—Yo…
Le estaba siendo difícil respirar, aunque soplaba un viento fresco tenía mucho calor, en cuestión de nada sintió una extraña calidez en su abdomen, el calor parecía irradiar al resto de su cuerpo.
—Mierda. —Haruka vio sus mejillas enrojecidas—. No me digas que… —Tuvo que ofrecerle su hombro para apoyarse—. Demonios, demonios, demonios. —Sintió el calor que desprendía la castaña, y, con el cambió en su aroma no le quedaron dudas—. Mi auto está aquí cerca.
Shizuru sentía que la cabeza le daba vueltas. La imagen de Natsuki apareció en su mente, el calor empeoró. Únicamente porque la rubia era su mejor amiga no sentía vergüenza por estar en ese estado frente a ella.
—Ok, a ver. —Metió a la castaña en el asiento trasero del auto—. Llama a la delincuente.
Con esfuerzo, Shizuru sacó su celular del bolsillo.
—Tiene que ser joda, Shizuru.
Pero el celular estaba muerto. Había olvidado cargarlo la noche anterior. Todo por distraerse follando.
Jadeó. Estaba molesta, ella misma se había apuñalado por la espalda con eso. Intentó pensar en una alternativa.
—A la mierda, apuesto a que sabes su horario, ¿en qué salón está la delincuente?
¿Horario?
Hilar pensamientos era complicado en esas condiciones.
No recordaba así el celo, nunca le había pegado con tanta agresividad antes.
¿Se debía a que había marcado a alguien?
—Shizuru, reacciona. —Chasqueó los dedos frente a ella—. Tú puedes, anda, dime en dónde debo secuestrar a tu delincuente.
Las clases de Natsuki… Sí, sí… Recordaba vagamente… Se esforzó en concentrarse.
—Edificio B, tercer piso. —No recordaba el salón, de hecho, rogaba que si fuese el horario de ese día.
—Está bien, suficiente con eso, voy por ella. —Miró preocupada a su amiga—. Cerraré el auto, no abras hasta que regresemos. —Conocía a la castaña, con su asco por las feromonas no iba a brincarle encima a nadie, no obstante, temía que las feromonas de Fujino calentaran a algún omega cerca de ahí.
Shizuru se quedó encerrada en el auto, sintiendo que estaba en un horno.
Haruka entró al edificio B. Ella no tenía ninguna clase ahí, esperó no perderse en un momento tan importante. Buscó las escaleras, subió apurada hasta el tercer nivel, lo difícil comenzaba ahí, el piso era grande.
—¡Oye, tú! —Le habló al primer chico que vio, este se espantó por el grito—. ¿Sabes dónde están los chicos de Mecánica Automotriz? —Él negó rápidamente con la cabeza.
—Wow, le sacaste el alma del susto al pobre —dijo una pelirroja que iba saliendo del baño.
—Tsk, mentes débiles.
—O tú estás loca.
—¿¡Qué dijiste!?
—Oye, oye, cálmate, o no te diré dónde está mi salón. —Sonrió socarrona—. No necesitamos un huracán ahí.
—Agh tú… —Pensó en que Shizuru estaba esperando en el estacionamiento—. Lo siento. —Por como lo dijo parecía más una amenaza que una disculpa.
De un salón a espaldas de Haruka, salió Kuga.
—¡Araña! —Caminó hacia la pelirroja—. ¿Qué estás haciendo? Tu parte del proyecto no se hará sola.
—¡Tú! —La rubia se dio la vuelta.
—¿Ah? —Kuga la reconoció, la amiga enojona de su novia.
—Necesito que vengas conmigo —dijo apresurada.
—Vaya cachorra, levantas bajas pasiones.
—Ahora no, Nao… —gruñó—, ¿por qué tengo que ir contigo? —Frunció el ceño.
Haruka se acercó más y bajó el volumen de su voz.
—Porque Shizuru acaba de entrar en celo.
Por reflejo sacó su celular, frunció más el ceño, no tenía llamadas perdidas, pero también vio el porcentaje de su batería, tenía menos del 30%, todo porque por estar cogiendo se le olvidó ponerlo a cargar. Pensó en que, si el suyo estaba así, probablemente el de Shizuru estaba muerto.
—Araña, te quedas a cargo de los chicos.
—Les dejaré las llaves, que Shizuru se lleve el coche. —Le dio las llaves a Kuga—. Solo, por favor, no quiero ser cómplice de homicidio.
—¿Pues qué clase de sexo te crees que tenemos? —Frunció el ceño—. No es como que me meta un cuchillo…
—Soy su amiga más íntima, malamente me sé sus pecados.
—Pero…
—Concéntrate, se veía de verdad mal —dijo preocupada—, es tu momento, buena suerte. —Se despidió con la mano.
Natsuki no entendía porque la rubia casi le había encomendado a Dios, pero sí entendió que estaba preocupada por su amiga.
El auto tenía vidrios completamente polarizados. Se acercó a la puerta trasera. Ya desde ahí sentía el ligero aroma de las feromonas de su novia, pasó saliva. Con sus nudillos tocó a la ventana.
—Shizuru, soy yo.
Avisó antes de abrir la puerta, no quería llevarse un golpe.
Ocurrieron dos cosas a la vez, el olor del celo le golpeó de frente, con violencia, acelerando su corazón, y, la mano de Shizuru la jaló al interior del auto, apenas pudo cerrar la puerta.
—Natsuki.
La alfa transpiraba y le costaba respirar, sus mejillas enrojecidas parecían producto de una intensa fiebre.
—Tranquila preciosa, en un momento te ayudo. —Había caído encima suyo. Se las apañó para acomodarse a horcajadas sobre sus piernas, de cara a ella, con una mano en el respaldo del asiento. Sintió las dos manos de la castaña en su culo.
Hasta ese momento Natsuki no había visto esa expresión de necesidad en el rostro de su novia, y, por como sentía su entrepierna bajo ella, imaginó que debía dolerle.
Los dedos de Shizuru se metieron bajo su pantalón, le acarició por sobre las bragas, apretó con ambas manos. Sentía que era en parte por tocarla pero también que estaba sosteniéndola, como si sintiera que iba a salir huyendo.
—Shizuru, no iré… —Le desabrochó el pantalón, su erección salió por su cuenta de su ropa interior—. A ningún lado. —No creyó volver a quedar impactada por ver a su alfa excitada—. Dame un segundo. —Escupió en su mano antes de bajarla.
Shizuru gimió fuerte, la suavidad de la mano de su omega fue una bomba para su cuerpo, sintió que su piel ardía, pero también sintió un alivio enorme, incomparable.
—Aquí estoy, Shizuru. —Se inclinó sobre ella, besó la base de su cuello, fue subiendo—. Soy toda tuya. —Susurró en su oído, mordió suavemente su oreja.
Esas palabras fueron otro detonante. Shizuru buscó besarla, desde el inicio el contacto fue agresivo, su omega ya tenía la boca abierta para que deslizara su lengua en ella.
Mientras Natsuki continuaba masturbándola, mantuvo la mano izquierda en su trasero y movió la otra hacia su ingle, hizo a un lado la ropa interior, fue directa a estimularla.
—Lo… lo siento… —dijo a Natsuki.
—No te… —gimió, su clítoris ya estaba duro, palpitó entre los dedos de Shizuru—, No te preocupes. —Sabía que ella quería acelerar un poco el antes porque le dolía por culpa del celo—. Shizuru. —Bajó la mano que tenía en el respaldo, la apoyó en el hombro de su alfa—. Shiz… —Ella le rozó su entrada con la punta de los dedos.
Shizuru la besó una vez más, ahora sí más suave, saboreó sus labios. El aroma de Natsuki que, de por sí le gustaba, en ese momento estaba haciéndola perder la cabeza, encima su propio olor estaba estimulando el de ella, era un círculo vicioso. La punta de la lengua de su omega le rozó los labios.
—Shizuru… —Tenía la cara enrojecida—. Ya puedes… —Sentía que ya estaba lo suficientemente mojada para que pudieran metérsela de una.
—Natsuki. —Sacó sus dedos, su mano, húmeda, se deslizó por el abdomen de Natsuki, subió hasta sus pechos—. Uhmm… —Sintió como la mano de su novia la guiaba—. Ahh… Nat… —Le desabrochó el brasier, necesitaba el contacto con su piel.
Natsuki se abrazó del cuello de Shizuru. Se mordió los labios cuando movió la cadera y se sintió llena. —Dios—. La castaña la pegó más a ella, la sostuvo con una mano en su espalda baja, mientras que con la otra masajeaba su pecho.
—Natsuki. —Le levantó la playera, quería ver sus senos, sus pezones endurecidos—. Natsuki. —Besó y lamió en medio de ellos—. Me encantas. —Dejó la primera de muchas marcas de besos—. Natsuki. —Repetía el nombre que resonaba una y otra vez en su cabeza, su mente estaba llena con las imágenes de Natsuki, con la sensación de su cuerpo caliente.
—Tu… tu camisa, Shiz…
Aflojó el agarre en la cintura de su omega, para que esta pudiera moverse, colocó ambas manos en su cadera, siguió penetrándola mientras ella le desabotonaba su camisa, también aprovechó para quitarse la playera.
—Ah… Mejor. —Natsuki sonrió lasciva, con sus ojos fijos en los pechos de Shizuru—. Hermosos… —Le quitó el brasier.
—Quiero tus labios en ellos.
—Justo eso pensaba. —Bajó un poco la cabeza para la tarea. Tomó su pecho izquierdo, su respiración dio contra la piel de Shizuru, sonrió al verla estremecerse, metió el pezón en su boca.
—Ah… Nat… —Movió su cadera más fuerte. El sonido de piel contra piel llenó el auto. Sintió como Natsuki gemía contra sus pechos mientras los chupaba—. Te sientes tan bien. —Con lo mojada que estaba resbalar en su interior era la mejor sensación de su vida.
—¿En serio? —Mordió su pezón derecho y pellizcó el otro, el gemido que ganó le dijo que lo repitiera—. Mmm… —Reconoció la sensación en su entrepierna.
Subió la cabeza, besó a Shizuru, unos segundos después la sintió venirse dentro de ella, se aferró a sus hombros, seguía embistiéndola mientras la llenaba.
—Shizuru… —Mordió sus labios—. Más… por favor…
Ese primer clímax ayudó a quitar el dolor que quejaba a la alfa por su celo, pero continuaba muy caliente, sentía que su piel ardía al contacto con la de Natsuki. La acomodó sobre el asiento, apoyada en sus rodillas y antebrazos. Gimieron al mismo tiempo cuando regresó a su interior. Tomó un vaivén más lento. Se recostó sobre la espalda de su omega.
—Abre la boca. —Le acarició la lengua con su pulgar, hizo presión, la saliva goteó de sus labios—. Natsuki… cambia —pidió en un jadeo, atendieron su deseo, entonces también ella cambió de forma.
—Joder… —Por un momento Natsuki se quedó sin aire—. Sí… sí cambia… —Sintió que besaban la parte trasera de su cuello—. Yo… —Shizuru la hizo girar el rostro, besó su mejilla y luego sus labios, no pudo contenerlo, se corrió.
Las dos jadearon, casi siempre bastaba que una de ellas se viniera para que la otra le siguiera.
Unos segundos después Shizuru cogió los pechos de Natsuki, los acarició en círculos.
—¿Mi cachorrita todavía quiere? —Salió de ella, se frotó contra su vagina, pasaba por la entrada sin entrar.
Natsuki la vio de reojo, recuperando el aliento. —¿Por qué sigues afuera? —dijo retadora.
Shizuru sonrió de lado a lado. Instó a Natsuki a cambiar de posición, la recostó boca arriba, la omega le abrazó la cintura con las piernas y con eso pudo llegar más profundo. En una de sus embestidas, Natsuki le clavó las garras en la espalda, escurrió algo de sangre pero gimió, estaba bien mientras fuera suya y no de su novia.
—Ves como… sí te gusta hacerlo duro… —fue capaz de reír.
—Ara… —Acarició su mejilla, le tomó por el mentón con dos dedos—. ¿Quieres provocarme, mi Natsuki?
DOS HORAS MÁS TARDE
Tanto Shizuru como Natsuki tenían la mente medio nublada, y, el auto seguía lleno de gemidos junto con chasquidos húmedos.
Kuga recargaba una mano en la ventana, su respiración agitada empañaba el vidrio. Miró hacia abajo, en esa postura podía ver como Shizuru entraba lentamente en ella, gimió, tenía el interior de sus muslos bañados con los fluidos de las dos. Cerró los ojos cuando sintió que tomaban sus dos brazos y se los colocaban detrás de su espalda, Shizuru la sostuvo con una sola mano.
Tuvieron un golpe de realidad con el ringtone de la omega.
Shizuru presionó sobre el cuerpo de Natsuki, le pegó al asiento, detuvo un momento sus movimientos, su omega le miró de reojo con reproche, buscó a tientas con la mano libre en el suelo, dio con el celular.
Retomó el movimiento de cadera, sin despegarse de su espalda, sabía cuánto le gustaban sus pechos a su omega, que los frotara contra ella.
El celular volvió a sonar, lo tenía a la mano.
—Es Nina… —Iba a detenerse.
—Tú sigue… —dijo Natsuki en tono demandante—, solo… acerca el celular.
Shizuru contestó la llamada y le acercó el celular a la oreja, mientras lo hacía, le lamió el hombro, mordisqueó.
—Nina, ¿qué sucede?
A la alfa le impresionó que hablará tan claro.
"—Eh Kuga, ¿estás bien? Tú no sueles llegar tarde"
—Surgió una emergencia. —Se mordió muy fuerte el labio inferior, la castaña había cambiado el ángulo, dándole a un punto muy sensible en su interior.
"—¿Volviste a lastimarte?"
Pensó que era mejor ser sincera. Tenía que cumplir su trabajo como mecánica, sí lo sabía, pero también tenía la responsabilidad de cuidar de su alfa en esa situación.
—Yo… —Se le escapó un gemido, uno bajito, pero que se escuchó al otro lado de la línea—. Es el celo de mi alfa.
"—Oh… —Nina se había sonrojado—. Ok, le diré al viejo que tienes una situación familiar."
¿Familia? Bueno… Sí, su realidad era que cuando Shizuru la marcó, su lazo se estableció así, tal vez legalmente no, pero a los ojos de la gente una marca valía lo mismo que un matrimonio.
—Gracias. —Miró a Shizuru, ella entendió que era momento de colgar—. Shizuru —dejó salir el gemido que casi la había asfixiado—, cielos…
CASI OTRA HORA DESPUÉS
Natsuki se subió sus bragas, aunque estaba segura de que se empaparían con el desastre que tenía entre las piernas. Subió su pantalón. Shizuru le pasó su brasier.
—Demonios, Haru me matará si le regreso el auto así.
El lugar olía a sexo.
Había algunas manchas en el asiento, pese a que casi todo se había quedado entre ellas.
El vidrio de las ventanas tenía un montón de huellas.
—Mirarla a los ojos será un tormento.
—Conozco un sitio de lavado de autos no muy lejos de aquí. —Kuga frunció el ceño—. Creo que esa amiga tuya previó este resultado, me dijo que te dijera que te llevaras el auto.
—Ara, olvida lo de mirarla a los ojos, ahora le deberé una enorme. —Suspiró—. Pero… Natsuki, gracias. —Besó su mejilla—. Sé que fui algo… intensa.
—No agradezcas, fue todo un placer. —Se tocó el cuello—. ¿Se ve demasiado?
—Pues… —La parte visible del cuello y pecho de su Natsuki estaban repletos de marcas de besos y mordidas—. Digamos que al vernos los demás pueden o llamar a Derechos Omega o bien pedirme mi número —bromeó.
—Que llamen a Derechos Omega entonces.
—Ara, ¿celosa?
—No nos arriesgamos juntas a una multa por exhibicionismo como para no ser celosa contigo, Shizuru Fujino.
Ya vestidas, se pasaron a los asientos delanteros, la castaña tomó el volante.
—Oye, no… no tendrás problemas en el trabajo, ¿o sí? —Encendió el motor—. ¿Debería hablar con tu jefe?
Natsuki se recargó en el asiento, estaba agotada, pero de muy buen humor.
—Tú tranquila, el viejo da las prestaciones, contará como licencia por celo. —Peinó su cabello—. Técnicamente tengo derecho a dos de esas por mes, ya sabes, la mía y la de mi pareja.
—En ese caso, es un alivio. —Recordó algo—. Oye Nat, hazme el favor de poner a cargar mi celular.
Natsuki deslizó su mano en el bolsillo del jeans de su novia, tomó el celular. —Bueno eso explica porque la rubia histérica fue a buscarme—. Lo conectó con el cable que esa rubia histérica tenía en la guantera.
—Las acciones de Haru de hoy absuelven todos sus pecados —rio.
—Hablando de pecados… —Natsuki apoyó su rostro en su palma, miró fijamente a Shizuru—. ¿Cómo está eso de que se sabe "nuestros" pecados?
—Ara…
Al cargar el 1% de pila, la pantalla del celular se iluminó. Apareció una lista con diez llamadas perdidas, todas del mismo número. Kuga hizo una mueca.
—Creo que tu madre tiene una pequeña obsesión con contactarte. —Como si sus palabras fuesen un ritual de invocación, entró una nueva llamada—. Lo siento, manifesté a Satanás.
Shizuru suspiró con cansancio.
—Solo déjalo sonar.
—¿Segura? —Frunció el ceño—. Digo no parece estar funcionando lo de la ley del hielo.
—Acepto ideas, te juro que no se para en el departamento solo porque no sabe dónde está.
—Podríamos intentar, no sé, decirle algo que la espanté lo suficiente para dejar de estar jodiendo, al menos por unos días.
—Después de decirles que te marqué, es difícil sacar una carta más escandalosa que esa.
Sonó otra llamada entrante, pero esta vez del celular de Natsuki, era un número no registrado, sin embargo, la omega lo reconocía. Tuvo una profunda sensación de incomodidad, seguida de una molestia que hacia mucho no sentía. Rechazó la llamada de inmediato, ni siquiera pensaba dejarla sonar.
—Ara, ¿qué pasa? —Le desconcertó ese cambio tan brusco en el humor de Natsuki.
—Por abrir la boca abrí la puerta del infierno —masculló.
Shizuru ató cabos.
—Tus padres.
