ORGAVERSE
CAPÍTULO 10
El chico que las atendió en el auto lavado había visto muchas cosas pero, de todos modos, le sorprendió el estado del auto. El aroma de las feromonas restantes en el interior era muy intenso, rozaba en lo abrumador. No pudo evitar mirar asombrado a la pareja, en especial a la alfa, quién tenía una expresión demasiado tranquila como para pensar que fuese la autora de aquel desastre sexual.
Para suerte del chico, tenía compañeros beta, ellos podrían encargarse del trabajo sin perder la cabeza en el proceso.
Les dijeron que tomaría poco más de una hora.
Shizuru vio que cruzando la calle había una cafetería.
—Vamos, comamos algo.
—Pero…
—Ara, ahora que somos novias, es normal invitarte a comer ¿no lo crees?
Natsuki no argumentó en contra, porque con la revolcada que le habían dado, sentía que se moría de hambre. Necesitaba recobrar fuerza, más todavía con aquel presentimiento encima, tenía la fuerza corazonada de que Shizuru todavía no salía completamente de su periodo de celo.
Pasaron a la cafetería.
La alfa hizo cola para pedir por las dos y ella se fue al sanitario.
Agradeció que estuviese vacío. No demoró más que un par de minutos pero cuando estaba lavándose las manos, la puerta del baño se abrió.
—Vaya, parece que la perra se entretuvo.
—¿Eh? —Alzó la mirada en el espejo. Le desagradó bastante sentir que con perra no se referían a ella.
La chica que había entrado era una alfa, su aroma le disgustó, arrugó la nariz. No la conocía de nada, eso sí, le cayó mal enseguida, debido a esa expresión arrogante que se cargaba.
Cerró la llave del lavabo.
—Apestas a que te cogieron.
—Coger es natural, no es mi culpa si tú no lo haces —escupió disgustada, el aroma de esa chica en verdad era molesto.
—Uhhh… Tienes carácter.
—No sé quién mierda eres. —Frunció el ceño—. Pero estás estorbando. —Señaló la puerta—. Muévete.
—Yo creo que no. —Dio un paso enfrente—. Mmm… —Su mirada se afiló, inclinó la cabeza—. Vaya, pese a tu pinta de pobre diablo, tienes una buena cara. —Levantó el brazo con una intención clara.
Natsuki le pegó un manotazo antes de que llegaran a su rostro. —¿Se supone que es halago, imbécil?—. Le costó horrores no pasar directo a los puñetazos.
—¿A quién llamas imbécil, ah? —Quiso empujarla.
—No hay nadie más aquí, rubia. —Se transformó, mostró sus colmillos—. Quítate del camino.
La rubia se reveló como una metamorfo jaguar. Kuga apretó los puños, eso de estarse metiendo en líos con felinos grandes era un dolor en el culo, pero fuese lo que fuese su oponente, no se echaría atrás en una pelea.
La puerta del baño se abrió de nuevo, dándole un portazo a la rubia, a kilómetros se vio que fue intencional.
—Ara. —Sin darle oportunidad de reaccionar, la empujo contra la pared—. Ya decía que ese aroma tan irritante era familiar.
—Tú…
—¿No te enseñaron a no tocar a los omegas de otros alfas, Searrs? —moduló su voz a duras penas.
—Desapareces unos días y reapareces con una omega, vaya chiste —dijo con cizaña, sus ojos azules estaban expectantes—, mientras que tus padres dicen que estás indispuesta. —Miró de reojo a Kuga—. ¿Qué les pasó a tus gustos, Fujino?
Cualquier pizca del olor a sexo, fue encubierto por completo con el aroma del enojo de Shizuru. Esto sorprendió a Natsuki, hizo memoria, Searrs, Searrs… Era una de las familias que trabajaba con la de su alfa, pero a diferencia de Reito, la heredera Searrs no estudiaba en la misma universidad.
—Tú no lo entenderías, Searrs. —Le hizo una seña a su omega, para que se pusiera detrás de ella—. La pones en cualquier sitio, después de todo.
Searrs apretó los dientes, su cola se erizó.
—Habló quién no la metía en ningún lado… —masculló.
—Habla alto. —La castaña claro que la había escuchado, pero quería echarle en cara su falta de agallas.
—No es ningún secreto que evitabas meterte con los omegas, aunque tienes una larga cola de pretendientes detrás de ti, se dice por ahí que eres ya sabes, impotente —dijo maliciosa.
—Ya veo, ¿desde cuándo tan pendiente de mi vida sexual? —Hizo una mueca—. Tú y Reito son un dolor de cabeza.
—Mejor vámonos, Shizuru. —La tomó de la mano—. Tengo hambre.
—Claro. —Había una diferencia abismal en su expresión para con Natsuki—. Vamos.
—Para rematar, dejas que una omega de clase baja te mangoneé.
—No es "una omega", es MI Natsuki —su tono detonó posesividad.
Salieron del sanitario.
Aunque todas tenían ganas de agarrarse a golpes, se estaban conteniendo, Searrs por no montar un escándalo público, Shizuru para no involucrar a Natsuki en problemas legales contra aquella idiota que sí tenía el respaldo completo de su familia, y, Natsuki porque creía que si la propia Shizuru no había saltado cuando estaba así de enojada, alguna razón de peso tendría.
—Veamos cuanto tiempo pueden guardarse esto tus padres.
—¿Es un intento de amenaza? —Fujino le miró por encima del hombro—. Te falta algo de práctica.
—¿Arrogante en tu posición, en serio?
—Las tres familias pueden irse al demonio, me da igual.
Searrs salió de la cafetería.
—Ara… —Suspiró, por fin podía tomar algo de aire limpio—. ¿Cuáles eran las posibilidades de cruzarnos con esa perra? —Miró a Natsuki—. Perdón.
—No, sí que es una perra mal parida. —Frunció el ceño—. Sus feromonas son un asco…
—Concuerdo contigo.
Fueron a recoger su comida y la llevaron a una mesa en el exterior, se sentaron lado a lado, de espaldas a la calle.
—Es asombroso que aguantaras a esa engreída y al estúpido de Reito, durante años.
El celular de Natsuki volvió a sonar, con aquel número maldito en la pantalla, Shizuru observó su gesto de disgusto.
—¿Por qué llamar justo ahora? —dijo Shizuru con cierta preocupación. Le parecía demasiada coincidencia que la familia Kuga comenzara a dar lata, después de tanto tiempo.
—Tal vez se rindieron con intentar tener otro heredero. —Esperó que la comida no le cayera mal por eso—. Créeme, ese teléfono está sonando por negocios, no por "cariño" paternal.
—Rayos, como podemos tener padres tan cínicos.
—Tiene sentido en tu caso, digo apenas van unas semanas, es reciente, pero de mi lado es absurdo, era una mocosa cuando me largué.
Por tercera vez, se iluminó la pantalla, Kuga iba a colgar.
—Ara, ¿me permites contestar?
Natsuki no titubeó en pasarle el celular, tenía curiosidad de que podría decirle Shizuru a sus padres.
"—Natsuki Kuga."
Shizuru quedó impactada por la frialdad de aquella voz, no esperaba un saludo afectuoso pero eso se iba al otro extremo.
—¿Quién la busca? —usó un tono similar. Si iban a jugar a las familias egocéntricas y estiradas, bueno… Se sabía las reglas al revés y al derecho. Era momento de ver quién soportaba más.
"—¿Quién eres y por qué tienes este número?"
—Por lo regular quién llama es quién se presenta.
"—Muchacha insolente… ¿QUIÉN ERES? —Pasó de ser frío a mostrarse irritado—. Exijo hablar con Natsuki"
—Desestimado suegro, no está en posición de exigir algo así.
"Se escuchó un resoplido. —Tú… —Un gruñido bajo—. Eres la heredera de los Fujino, ¿no es así?"
Tanto Shizuru como Natsuki se sorprendieron, pero lo disimularon al teléfono.
—Lo era. —Expresó como si nada—. Usted entenderá lo que es desligarse de un familiar, ¿o no? —Colgó.
—¿Qué carajos acabamos de escuchar? —Tomó de regreso su celular—. Hasta donde sé, los Kuga son muchas cosas pero no adivinos.
—O tus padres te están espiando o los míos en un ataque de nervios y locura fueron con el cuento.
Antes de que otra cosa pasara, fueron a la casa de Haruka para regresarle su auto.
—Gracias Haru, me salvaste. —Entregó las llaves.
—No agradezcas. Honestamente me sorprende verte aquí y no en urgencias. —Le echó un ojo a Kuga, estaba a unos metros, de espaldas, hablando por celular—. ¿Es idea mía o la delincuente no puede pararse derecha?
—De nuevo, gracias. —Se dio la vuelta—. Nos vemos mañana. —Agitó su mano—. Adiós.
—Shizuru…
—¿Sí?
—Solo no me hagas testificar ante Derechos Omega.
—Mierda, perdí la apuesta. —Nao hizo una mueca al ver a Kuga entrando al departamento.
—¿Apuesta? —Shizuru iba detrás, alzó una ceja.
—Ella y Mikoto apostaron sobre si Natsuki volvería caminando —dijo Mai desde la cocina.
—¿Y tú de dónde sacaste dinero para apostar, araña de mierda?
—De ningún lado, apostó tareas domésticas —respondió Mikoto, sin despegar la mirada de su celular.
—Serás… —Kuga suspiró, no tenía energía suficiente para pelear—. Tú sola te buscas los problemas.
—Oye, es que cuando Nina me pasó el chisme, ya te hacía en silla de ruedas, perrito.
—Te juró que te mandaré al hospital si no cierras la boca —gruñó.
—¿Nina y Nao siempre son así de… Comunicadoras? —Shizuru abrió la nevera para sacar una botella de agua.
—Se divierten irritando a Nat, parecen niños. —Mai se llevaría a la tumba que, aunque no había apostado, ella también pensó que Natsuki regresaría al departamento en brazos de Shizuru.
Tal como ambas habían visto venir, cuando cayó la noche, el celo de la alfa volvió a activarse. Siendo honesta consigo misma, a la omega no le importaba no dormir ese día. Ver aquel lado de su novia le encendía de sobremanera.
Pero como consideración con Mai, pusieron una toalla mojada debajo de su puerta para que sus feromonas no salieran del cuarto, y así, no alborotaran a Mikoto y Nao.
—Ara… Que linda te ves…
Natsuki estaba recostada en su cama, boca arriba. —Uhmmm… —. Una mordaza roja en forma de hueso impedía que sus gemidos traspasaran las paredes. —Mmm…—. Estrujaba las sábanas con sus manos. —Ahm… —Su saliva goteaba por su barbilla.
Shizuru movía su lengua, acariciando la entrada de Natsuki, mientras le sostenía por los muslos, no le permitía cerrar ni un poco las piernas.
—Deberíamos haberla usado antes. —Lamió de abajo a arriba—. Estás más mojada. —La penetró, el interior de su chica palpitaba, estrujaba su lengua, intentó llegar un poco más profundo. Sintió una mano en su cabeza. De poder, habría sonreído.
Podría jurar que cada vez que probaba a Natsuki, sabía mejor. Salió de ella, con los dedos de su mano derecha abrió sus labios, los besó, usó la punta de su lengua para acariciar su clítoris, estaba muy hinchado, lo atrapó con sus labios. Metió un dedo, lo movió en círculos.
Natsuki usó ambas manos para pegarla más a ella y alzó su cadera. La castaña chupó. Natsuki sentía un cosquilleo en su vientre, sabía que le faltaba poco, sintió que palpitaba contra la mano y lengua de Shizuru.
La mordaza ahogó su grito.
Shizuru disfrutó de la sensación húmeda en su rostro. No planeaba detenerse ahí. Agregó dos dedos, los flexionó dentro de su Natsuki. Alzó la cabeza, quería verle su expresión, vio sus ojos cerrados, sus mejillas enrojecidas, como jadeaba a través de la mordaza.
Entonces el ringtone de Shizuru interrumpió su momento.
Natsuki abrió los ojos. Había manifestado su forma canina. Apretó sus colmillos con disgusto al grado de romper la mordaza. Se medio levantó, apoyándose en sus codos.
—A la mierda… Dame tu celular —demandó.
Esa expresión de enojo excitó a Shizuru, por eso no dudó en levantarse para coger su teléfono, regresó a la cama, se lo tendió a Natsuki y luego se sentó en su abdomen, tomó sus dos pechos, masajeó, amasándolos con sus palmas en tanto pasaba sus pezones entre sus dedos.
El ringtone de nuevo.
Kuga tomó la llamada.
—Oiga, cualquiera con dos neuronas, supondría que no quieren contestarle después de 30 llamadas.
"—¿Cómo te atreves… Pásame a Shizuru, ahora."
Shizuru le lamió el pecho derecho antes de empezar a chupar su pezón.
—Justo ahora… —gimió y no se molestó en ocultarlo—, está ocupada.
"—Ustedes… No me digas que…"
Shizuru levantó la cabeza, le sonrió, sus labios húmedos la hacían lucir todavía más traviesa, se acercó a su rostro.
—¿No decirle, qué? —Shizuru besó su comisura, le delineó los labios con la lengua—. ¿Qué su hija me está cogiendo? —Dejó caer el celular en la cama cuando Shizuru se recostó encima suyo y metió su miembro hasta el fondo.
—Que realista… Shizuru… —Sonrió satisfecha—. Follame duro.
"—¡SHIZURU FUJINO!"
La alfa tomó el celular y colgó.
Jadeó, Natsuki estaba mucho más mojada que instantes antes, necesitó quedarse quieta un momento. La abrazaron por los hombros, sintió la respiración de Natsuki en su cuello.
—¿Te excitó eso? —dijo juguetona.
—¿Estás en condiciones de decirlo? —devolvió en el mismo tono.
Giró a Natsuki para ponerla de costado, levantó su pierna derecha y la recargó entre sus pechos, la abrazó.
—Dios… —Kuga se tapó la boca. Deseó no haber rotó la mordaza. Se mordió los labios.
—Ara… —Se detuvo—. ¿Quieres que pare? —La vio negar con la cabeza—. ¿Así? —Cambió el ritmo de sus embestidas.
—Uhmm…
—Esta vez… —Su cabeza estaba menos nublada que antes, pero de todos modos, con las feromonas en el aire, todos sus pensamientos terminaban siendo sexo—. Podrías acompañarme a la sex shop. —Pensaba en su Natsuki con más cosas además de la mordaza.
