NOTAS: Sé que he estado desaparecido por un tiempo, lo siento, solo que como he mencionado en algunas ocasiones mi estado de salud es algo frágil. Actualmente por mis problemas de columna y mis problemas con la rigidez de mis manos que me complica el uso prolongado del teclado, tengo en contra eso de que es como tener un temporizador que me lleva el tiempo de cuanto tiempo al día puedo escribir sin sentir las consecuencias físicas. Llevo mis tratamientos con mis medicamentos pero es una situación un poco condicional, y estos últimos meses el tiempo que puedo usar al día para escribir lo he estado empleando para el proyecto de un libro de fantasía oscura que estoy elaborando y estaré subiendo en una cuenta en wattpad.

Por fanfiction no suelo contestar mensajes, pero en mi instagram sí, pueden encontrarme como: eli_black333

Ahora sí, acá el capítulo.

Ojalá disfruten la lectura.


ORGAVERSE

CAPÍTULO 12

"¡Fondo!, ¡Fondo!, ¡Fondo!"

Natsuki se removió sobre su cama.

"¡KU-GAAAAA!"

Abrió los ojos. No recordaba mucho de lo que estaba soñando unos momentos antes. Sintió la boca seca. Frunció el ceño. No era normal despertar así de sedienta.

—Mierda… —Cerró los ojos un segundo—. Resaca.

Estaba desnuda, no le sorprendía. El alcohol la hacía susceptible a calentarse, sobre todo en compañía de su alfa.

Giró la cabeza. Shizuru dormía profundamente a su lado, de cara a la pared. Ambas estaban cubiertas con la misma sabana, las cubría de cintura para abajo. Miró la espalda de Shizuru, al parecer se le había ido un poco la mano con los arañazos.

—¿Qué bebimos…? —Intentó recordar la noche anterior. Solo le llegaban recuerdos vagos, más ambiguos que nada, pero eso le bastó para saber que lo que soñó en realidad era un recuerdo—. Ay mierda.

La borrachera se quitaba y podía recuperar la dignidad, en caso de haberla perdido, pero lo que le preocupó fue que no creía haberse embriagado a solas.

Como un rayo, la bombardeó un nítido recuerdo de Shizuru pegándole un gran trago a una botella y luego dándole un beso, sus lenguas se entrelazaron mientras bebía de su boca…

Tuvo una sensación extraña entre las piernas. Primero pensó que estaba caliente, por lo que acababa de pensar o por la costumbre de los mañaneros, sin embargo, pronto comprendió que era algo diferente.

Metió la mano bajo la sabana, palpó su coño. —¿Qué…?— De golpe se destapó, bajó la mirada, lo veía y no se lo creía.

¿Cómo había terminado con un piercing ahí abajo?

Peor todavía, ¿quién se lo había hecho?

Tuvo otro recuerdo, Shizuru jugaba con el piercing entre sus dedos mientras se la metía… Agitó la cabeza. Necesitaba concentrarse.

—Shiz… —Tocó su hombro de manera suave, porque tenía una mordida ahí—. Oye, Shizuru.

La castaña despertó, con una mueca en su rostro y los labios algo secos.

—Shizuru, tenemos un problemita —dijo preocupada.

—Ara… Diría que tres. —Se dio la vuelta.

Natsuki casi se atragantó con su propia saliva al ver que Shizuru tenía los pezones perforados, dos pequeñas piezas plateadas. Se sonrojó hasta las orejas. Y es que… Shizuru se veía tan bien… Pero la situación no era… Pero se veía… Y…

—Nat, cariño. —Movió la mano frente a sus ojos—. Me halaga que verme los pechos te excite, pero…

—Sí, lo siento. —Agitó la cabeza—. Ehmmm… Aquí… También… —Con sus dedos abrió un poco los labios de su coño para mostrarle.

—Ara… —Un tenue sonrojo en sus mejillas—. Digo, yo…

La omega sabía que no era por vergüenza.

—Nat, ¿Eso no… Te duele?, ¿Deberíamos ir quitándolo?

Le invadió otro recuerdo en el que Shizuru le hacía un oral que…

—Ejem… Se siente un poco raro pero no diría que doloroso. —Mostró una mueca de preocupación—. Pero tú… Tienes dos, ¿estás bien?

—Sí, son dos, pero el tuyo…

Ambas abrieron más los ojos.

—Sí son dos, ¿verdad? —dijo la omega.

Aventaron la sabana al piso, vieron la entrepierna de Shizuru, suspiraron aliviadas, no había un cuarto piercing.

—¿Qué tanto bebimos ayer? —Shizuru tuvo un recuerdo en el que restregaban sus pechos mientras Natsuki le mordía la oreja y…

—¿Qué fue lo que bebimos? —Frunció el ceño—. Vamos a…

Un grito desde su sala las hizo casi saltar de la cama. Kuga, apresurada, se puso una playera y unas bragas que en realidad eran de Shizuru. Abrió la puerta de golpe.

En la cabeza de la chica, el peor escenario era que en ese momento de vulnerabilidad en su hogar, llegasen los hombres de los Kuga.

Pero solo había sido Mikoto gritando por tropezar con una Nao que dormía a pierna tendida en el suelo, al menos alguna de ellas había tenido la atención de dejarla boca abajo, eso evitó que le diera muerte de cuna a los veintitantos por vomitarse mientras dormía.

La puerta del baño estaba abierta, Mai se asomó por el marco, se sostenía la cabeza con una mano, todo le daba vueltas, pero cuando vio despiertas a sus amigas sintió que… También ellas daban vueltas.

—Chicas… ¿Quién rompió el lavabo? —dijo Mai.

La castaña salió del cuarto con una blusa desabrochada y las que estaba segura eran las bragas de su novia. Mai se preguntó como con la misma cruda encima, Kuga parecía necesitar ser anexada mientras que Shizuru se veía mejor que todas las demás juntas.

—¿Alguna sabe que rayos pasó? —La alfa sospechaba de cierta pelirroja, pero no quería señalar por señalar.

—Apuesto a que todo es culpa de la araña. —Pero Kuga sí dijo lo que todas pensaban.

Nao debía de estar en un profundo como etílico, como para no reaccionar con eso y levantarse al oír la riña de su amiga.

—Sí está respirando, ¿verdad? —Mai no quería moverse muy rápido, ni mucho, para no vomitarse también.

—Cariño… Al menos el lavabo… —Shizuru tuvo otro recuerdo relámpago—. Creo que sí fuimos nosotras… Creo… —Ese recuerdo sí estaba muy borroso.

—No, no… —Mikoto se apretaba el estómago con un brazo—. Creo que fui yo. —Alzó la mano izquierda.

—¿Tú? —Shizuru y Natsuki voltearon a ver a la única beta.

—Ay no… —Mai tocó su hombro izquierdo, hizo una mueca de dolor, movió su playera para ver—. ¡Mikoto!

La aludida se vomitó encima de Nao, eso sí que la despertó.

—¿¡Qué carajos!? —Vio su ropa toda sucia—. ¡Mikoto!

—Esto está tan mal en tantas maneras. —Shizuru no entendía como habían caído en una situación así de surrealista.

—Creo que es la segunda peor peda del año —dijo Kuga.

—Ara, ¿segunda? —Alzó ambas cejas.

Alguien llamó a la puerta principal.

Kuga pensó que era alguien que estaba ahí para reclamar por montar un escándalo a las 4 am. Estaba dispuesta a defender lo indefendible. Entreabrió la puerta, asomó la parte superior.

Se encontró con una de sus vecinas del quinto piso. Sino mal recordaba, se llamaba Chie, una omega. La pobre diabla tenía las gafas rotas y un ojo morado. Llevaba a rastras a un chico, otro omega.

—Eh, Kuga… Lamento molestar en plena resaca, pero…

—¿Qué?, ¿Tú también? —dijo confundida por ese detalle de que era de otro piso.

—¿Estás de coña?, Tú, yo y medio edificio. —Rio pero el dolor de cabeza cortó su risa—. Ah sí, verás a este imbécil. —Alzó su brazo levantando al chico—. Le pegaron una mordida y no sabemos quién fue…

Shizuru se asomó por sobre Natsuki, cruzó un brazo por su pecho. —La única alfa aquí soy yo, y, ya tengo omega—. Por como la abrazaba, era claro de quién estaba hablando.

—Claro, lo siento… —Las orejas de Chie se erizaron tras sentirse en peligro—. Gracias, seguiré con los demás vecinos.

Shizuru jaló a Natsuki y cerraron la puerta.

—Mierda, ¿marcado en plena peda? —masculló para sí.

—Cariño…

—Bueno sí, me marcaste en un baño público, pero al menos si supe que fuiste tú.

—Chicas, iré preparando café negro —anunció Mai—, y por favor, por amor al prójimo, dejen que Nao se bañe primero.


Confundidas, con sueño y con los rastros de la resaca, pero no faltaron a la universidad.

Mientras que Shizuru y Natsuki se despedían con un beso, Nao parada a su lado alcanzó a ver una figura familiar.

—Neh, cachorra, ¿no es la que te dijo saco de semen?

Con eso, sin querer, Kuga mordió el labio inferior de su alfa, le hizo una pequeña herida.

—Lo siento… —Lamió el hilo de sangre—. ¡Araña! —Volteó a verla enojada.

—¿Quién? —Shizuru ignoró la punzada en su labio. Su mirada acababa de convertirse en la de un depredador en plena caza.

—Shizuru, está bien, no importa.

—A mí sí me importa, nadie tiene porque meterse contigo de esa manera.

—Esa. —Nao señaló la dirección justa—. La que está mirando acá con pánico. —Sonrió burlona—. Parece que se orinará encima… —De reojo vio la expresión de la alfa—. Ah… Por eso…

Kuga abrazó por la cintura a su novia.

—No te metas en líos, la estúpida esa no creo que vuelva a decir algo así.

—Pero… —Shizuru quería ir a darle un par de lecciones sobre no meterse en asuntos que no le incumbían.

—Sabes… —Natsuki se acercó a su oído—. Te ves sexy enojada.

—Natsuki Kuga, ¿estás intentando distraerme con sexo? —Su expresión cambió por completo.

—Solo decía la verdad. —Sonrió ladina—. Vamos hermosa, dejemos pasar eso y vayamos a clases.


Mientras Natsuki estaba en su salón, sintió vibrar su celular, lo ignoró, ya llevaba tres llamadas de sus padres.

—¿Cómo es que supieron de lo tuyo con tu leona? —dijo Nao.

—Quiero saberlo, pero solo podemos suponer, ella piensa que sus padres le dijeron a los míos.

—Ah, ¿acaso tienen cinco años?

El celular vibró por quinta vez.

—Cachorra, ¿no temes que ellos hagan una tontería?

—¿Otra? —No olvidaba a las escoltas de los Kuga en su puerta, queriendo llevarla a rastras a la mansión que odiaba—. Les sobra en dinero lo que les falta en moral, así que sí, me preocupa.

—Menudos idiotas. —Nao, por mucho que discutiera con la chica, le tenía mucho cariño, solo que no lo diría en voz alta—. Oh sí, ya averigüé lo que me pediste.

—¿Y bien?

—En el edificio, el único que hace piercings, es el imbécil de Takeda.

Natsuki casi escupió su bebida energética, tragó de golpe, comenzó a toser, su amiga le dio palmadas en la espalda.

—Cachorra, respira, maldición respira. —Golpeó más fuerte.

—¿Estás segura? —Se limpió los labios—. ¿Completamente segura?

—Sí, ¿por qué?

Nao se estuvo carcajeando durante cinco minutos que a Kuga le parecieron horas.

—Bueno, ¿ya, no? —Estaba muy tentada a usar la fuerza bruta para cerrarle la boca.

—Es que, de entre todo lo que podías hacer ebria, vas y haces eso… —Respiró profundo para dejar de reír—. Pensar que Takeda estaría tan cerca pero tan lejos de tu coño. —Dejó de reír del todo—. Espera, ¿cómo es que sigue vivo?

Lo habían visto, tirado en las escaleras del tercer piso, pero todavía respirando.

Los recuerdos de Nao también estaban difusos. De lo poco que tenía claro era que esas dos no se habían separado en medio del desastre.

—Es un completo misterio. —Para resguardar la dignidad de Shizuru, se guardó para sí que no era la única con perforaciones.

—En fin… Ya que la quitaste, debería cerrar en unos días. —Vio la expresión de la otra—. Cachorra…

—Araña…

—¿Ya la quitaste, no?

— Ultimadamente si lo hice o no, es mi asunto.

—O sea que al estilo de perrito y a la empanada rellena le agregamos…

Natsuki no aguantó más y tomando la cabeza de Nao la golpeó contra la mesa.


A LA HORA DEL ALMUERZO

Nao tuvo que entrar sola a la cafetería de la escuela porque la cachorra se le había esfumado del panorama en un parpadeo después de recibir un mensaje de texto.

En la cola para la comida vio a la rubia histérica que era amiga de Shizuru.

—Bueno… A alguien tendré que molestar… —Sonrió cínica.

MIENTRAS TANTO

Natsuki recargó sus manos en la puerta del baño. Jadeó por lo bajo y se mordió los labios. La mano de Shizuru acarició su abdomen, las yemas de sus dedos eran muy suaves y cálidas, le gustaba que de vez en vez sentía el roce de sus uñas.

Shizuru le besó el lado izquierdo del cuello, empezando por debajo de su oreja y descendiendo lentamente.

—Tenemos que ser silenciosas, Nat-su-ki —Mordió despacio su hombro, succionó y dejó una marca antes de dar otra mordida.

La otra mano de la alfa estaba más arriba, masajeaba sus senos, había colado los dedos por debajo de su brasier. No necesitaban que ninguna de las dos estuviese en celo para que su aroma, de manera mutua, fuese embriagante.

Un gemido ahogado de parte de la omega las excitó a ambas.

Sabían que no debían de estar, de nuevo, haciendo eso en los baños de la universidad, pero lo de tener repetidos recuerdos de la noche anterior les había subido la libido. Estaba fuera de sus manos deshacerse de esa clase de instintos. Lo único que podían hacer era intentar no ser tan descaradas.

—Shizuru —gimió.

La mano con que le acariciaba el abdomen bajó más, le desabrochó el pantalón, se deslizó lento por sobre sus bragas, sintió como se estremeció su chica y sonrió encantada, frotó lento con dos dedos, a través de la tela sintió lo mojada que estaba.

Su Natsuki giró el rostro, con los labios entreabiertos. Entendió el mensaje, la besó, deseaba lo caliente de su boca. Se apretujo contra su espalda y fue ella misma la que gimió, sus pechos estaban muy sensibles.

—¿Están bien? —Natsuki, con sus mejillas enrojecidas y ese tono de voz…

—Podrían estar mejor si tú…

La omega las hizo girar invirtiendo sus lugares. Shizuru sintió la puerta del cubículo contra su espalda. Natsuki le levantó la playera y con una mano desabrochó su brasier, disfrutó ver que la chica disfrutaba de la vista. Sintió como la alzó del piso, entonces rodeó la cintura de Natsuki con sus piernas y ella afirmó el agarré colocando las manos en su culo.

Natsuki acercó el rostro, lamió en medio de esos dos pedazos de cielo, a continuación, con cuidado, pasó su lengua alrededor de uno de sus pezones, la sintió estremecerse.

—¿Cómo se siente? —Tenía el pendiente, por esos piercings al alcance de sus labios, no quería lastimarla.

—Bien, cicatrizamos rápido. —Abrazó el cuello de su omega—. Anda, cachorrita, sigue…

Ya sin preocupación de lastimarla, Natsuki lamió una, dos, tres veces, la piel de Shizuru tenía un saber que la hacía desear más con cada probada. Metió un pezón entre sus labios, le envolvió con su lengua, despacio jugó con el piercing que de a poco se calentaba en su boca.

Shizuru se mordió la lengua para no gemir tan alto. Acarició la parte trasera del cuello de su chica. Cerró los ojos. Sintió como se pasaban a su otro pecho.

En algún momento, Natsuki había deslizado una mano dentro del pantalón de Shizuru, no tardó en meterse también bajo su ropa interior. Le gustaba que la castaña tenía un trasero firme pero al tacto suave.

—Nat…

Entre el cuerpo de ambas, se sentía la erección de la alfa.

—Claro, preciosa —Levantó el rostro y sonrió de lado a lado—. Lo que desees. —Las hizo girar otra vez y la regresó al piso—. Shi… —Fue interrumpida por un beso un tanto más rudo, ella le mordió el labio a su alfa—. Recuerda donde estamos —Sonrió con aires socarrones.

Shizuru le bajó la ropa hasta los muslos, fue el turno de Natsuki de aferrarse a su cuello.


Al final del día de clases, Kuga se dirigió rumbo al edificio del que saldría su novia, sin embargo, se percató de que alguien la estaba siguiendo.

Suspiró.

Con que así iban a ser las cosas.

Siguió caminando. Ni siquiera tenía que mirar para saber que Sergey iba detrás de sus pasos, olía esa colonia que jamás le había agradado. Pensó que esa táctica por parte de sus padres era pasarse de la raya, ya no era una adolescente, vaya ni siquiera a su versión adolescente pudieron controlarla, por eso estaban como estaban.

Por otro lado, en la entrada de su edificio, Haruka y Shizuru habían estado hablando sobre detalles del trabajo.

—Ya te digo que mis madres están más que satisfechas contigo... —Haruka frunció el ceño—. Ahí viene tu delincuente. —Le vio la cara de pocos amigos que se cargaba, y la posición agresiva de sus orejas y cola—. Uy, ¿ahora que se lastimaron o qué?

La castaña había procurado no hablarle del incidente con el que despertaron, tan solo mencionó la resaca del infierno.

—Haru… —Se dio la vuelta. En efecto, la expresión de su omega delataba que algo andaba mal, hasta podía oler su molestia—. ¿Nat?, ¿Qué pa…

La omega la abrazó fuerte y recargo el mentón en su hombro.

—Mira atrás, a la derecha, a unos seis metros —masculló Kuga. Entonces sí, le dio un beso en la mejilla a su alfa.

Shizuru con delicadeza la tomó del mentón y besó sus labios, mientras la besaba hizo lo que le dijo. Se dio cuenta de que ese tal Sergey estaba parado junto a un árbol, con toda su atención en lo que ellas hacían. Una fuerte sensación de irritación la hizo transformarse. Abrazó la cintura de su Natsuki posesivamente.

—Ujum…. —Carraspeó Haruka—. Están en área publica chicas, cuidado.

—Ara, me emocioné. —Guiñó—. Es que mi Natsuki es tan linda. —Acarició su mejilla.

—Es difícil ver linda a la chica que ha mandado a enfermería como a veinte alfas y tres omegas.

—Creo que han sido como cuarenta en realidad, y súmale algunos betas.

—Delincuente…

—Haru…

—Tu delincuente…

—¿Cómo se supone que eso es mejor? —Kuga hizo una mueca.

Haruka también se había percatado de lo que detonó el mal humor de ese par.

—¿Ese es el estúpido gánster de los Kuga? —gruñó. No toleraría que alguien llegase a acosar a su mejor amiga, por extensión, tampoco a la delincuente de su mejor amiga.

—Desgraciadamente —Kuga también gruñó.

A lo lejos, Sergey tras ver que la rubia parada junto a la señorita Kuga había manifestado su forma animal, se preguntó que diablos estaba haciendo rodeada de felinos de ese tipo.

—¿Gustas que te llevemos a tu trabajo? —ofreció Haruka.

—No será necesario, pero gracias.

—¿Estás segura, Nat? —Shizuru, sabiendo como eran ese tipo de familias, viniendo de una cuyos escrúpulos eran cuestionables, temía que las cosas se les fueran de las manos.

—Perro que ladra no muerde. —Señaló con su pulgar a Sergey—. Terminará yéndose con la cola entre las patas.