Amigas hermosas! mil perdones por el abandono, pero es que, la vida detrás del monitor de repente le da por torturarme! pero bueno nenas, espero este capitulo pueda compensar el abandono, mil gracias a Pcahiatzin, ingrid quintulen, lizz barron, CONNY DE G, tannia. , Anastasia, analiz, DANYMAR45, Kius, Candy667, Nahomi de Grandchester, Jenyfer, Nelly, Lady Lyuva Sol, anaalondra28, LizCarter, gadamigrandchester... de todo corazon, les agradezco sus reviews que son el motor para poner a trabajar a esta cabecita loca. Como siempre, espero saber su opinion, ya saben cualquier duda, comentario o jitomatazo, es bien recibido. Que toda la buena vibra llene sus vidas! nos estamos leyendo! xoxo

Annita! mil gracias por tu ayuda en la corrección y por los cambios que hiciste!xoxo


Fragmento tomado del diario de Terrence Grandchester

Londres, Inglaterra 8 de Octubre de 1913

Y confirmo lo dicho: ¡le vendí mi alma al diablo! Sigo sin creer cómo es posible que mi padre me haga y le haga daño a Eleanor. Empiezo a pensar que nunca la amó. Ahora mismo le he escrito una carta a mi madre relatándole lo sucedido, diciéndole que yo la buscaré en cuanto considere prudente.

Ahora, por irónico que parezca, los Cornwell son mis amigos; los tres tenemos algo importante en común: Candy. Nuestra misión sin lugar a dudas es hacer pagar a los Legan el daño que le han hecho a Candy. Ellos me han contado todas y cada una de las maldades de las que ha sido objeto mi ahora prometida; que raras suenan esas palabras: "mi prometida", ni en mis más locos sueños pensé que mi vida se vería atada de esa manera a la de tarzán pecosa.

El plan original era hacer que el cobarde de Neil confesara, de ser necesario a golpes, que él y su odiosa hermana habían provocado aquel malentendido; pero como sabiamente dijo Stear: "creo que lo único que podríamos obtener de tu plan, sería que se te devolviera tu palabra de desposar a Candy". Por alguna extraña razón, estuve de acuerdo con él, así que decidimos hacer algo que realmente haría temblar a los Legan.

Decidí tomar el poder que sabía que tenía, pero con la guía y consejos de los Cornwell, tomó verdadera forma, pues si los conocimientos de jerarquía de Stear eran correctos, los tres, al igual que Jonathan, hijo del barón de Bosworth y Nicholas, sobrino del conde de Ross, estamos por encima del resto del alumnado. Nos fue un poco complicado hacer que tanto Jonathan como Nicholas se quisieran unir a nosotros, ya que ellos también estaban en su último año, y ya se habían metido en suficientes problemas en su estadía en el San Pablo.

Al final, Stear terminó convenciéndolos, asegurándoles que se encargaría de hacerles un buen proyecto para que fueran aceptados en la universidad de su elección, y ante tan tentadora oferta, no se pudieron negar. Sólo de recordar los rostros de todos los chicos al vernos a los cinco juntos, me provoca reírme; muchos nos miraban sorprendidos, unos pocos con indiferencia, pero los que se veían realmente asustados eran Neil y su séquito de cobardes.

"Escuchen todos, y espero que les quede claro" Nicholas alzó la voz, llamando la atención de los presentes. "Me parece que últimamente las cosas por aquí se han salido de control", dije mirando directamente a Neil. "Así que, sólo queremos anunciar que nosotros cinco, al ser los herederos de las familias más importantes e influyentes no solo de Inglaterra sino también de Norteamérica, hemos decidido tomar el poder que por obvias razones nos pertenece, y que otros astutamente han querido usurpar". El resto de los chicos miraban a Neil y a sus amigos. "Pueden estar seguros de que los abusos cometidos por esos cretinos se han acabado, así que es el momento de decidir de lado de quien están: de ellos—dijo Stear señalando a Neil—o del nuestro" no hubo necesidad de más, pues se podían escuchar las burlas de las que eran objeto aquel grupo.

"Pero yo también soy un Andrey" gritó Neil, con el rostro enrojecido por la furia. "Sólo de palabra, Neil, bien sabes que por tus venas no corre ni una gota de la sangre Andrey" respondió Archie, retándolo con la mirada, mientras los amigos de Neil lo miraban con confusión "¿Por qué nunca nos lo dijiste?" le preguntaban, ahora era claro que Neil se había quedado solo. "Pero esto no se quedará así, Grandchester", amenazó Neil, antes de salir huyendo como el cobarde que era.

Desde que se había pactado nuestro compromiso, todas las tardes a la hora del té, nos encontrábamos Candy y yo. Ardía en deseos de tomarla de la mano y correr en dirección a nuestro árbol, recostarnos en la hierba y contemplar cómo los rayos del sol arrancaban ligeros destellos de su rubia cabellera; deseos de acariciar su dulce rostro y probar otra vez sus dulces y suaves labios, sentir la necesidad de apoyar mi cabeza en su regazo y cerrar los ojos, oyendo el trinar de los pajarillos en las ramas del árbol y aspirar su dulce aroma en su cuello... Como era de esperar, estos encuentros se llevaban a cabo bajo la supervisión de una de las hermanas que simplemente, no nos quitaba la mirada de encima.

Extraño aquellos días en la segunda colina de Ponny, todo era tan diferente, era tan sencillo burlarme de sus pecas sólo para verla enfurecer, elevando su pequeña nariz en un gesto de indiferencia pero a la vez, mirándome de reojo, cuando creía que no la veía. Ella insiste en saber qué fue lo que me pidió mi padre a cambio de ayudarla, pero me es imposible decirle lo que el duque me ha pedido, pues seguramente se sentirá culpable.

Este domingo por fin saldremos de esta prisión. Lamentablemente, mi padre me ha pedido, corrijo, me ha exigido, me presente al almuerzo del mediodía acompañado de Candy, pero para mi buena fortuna, los hermanos Cornwell, así como Annie y Patricia, han aceptado la invitación para almorzar en casa del duque. Muero de ansias por ver el rostro del duque cuando me vea llegar en compañía de todos ellos.

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Fragmento tomado del diario de Candice W. Andrey

Londres, Inglaterra 12 de octubre de 1913

Hoy ha sido un día lleno de incontables sorpresas. Para empezar, te contaré que hoy fuimos invitados al almuerzo en casa del padre de Terry, el Duque de Grandchester; ya podrás imaginarte los rostros de Annie y Patty, cuando Archie y Stear extendieron ante ellas la invitación que les había hecho Terry. Desde el atardecer del día de ayer, las tres estuvimos eligiendo los atuendos que llevaríamos. Sinceramente, yo no veía la necesidad de ser tan cuidadosas en nuestro vestir, pero como bien dijo Annie: "la primera impresión siempre es la que cuenta, Candy". "He escuchado decir que la duquesa es muy meticulosa" comentó Patty, "mi madre la conoció la primavera pasada en un juego de canasta para la caridad, y dijo que era una persona difícil de complacer"

Después de conocer la delicada belleza de Eleanor, la madre de Terry, esperaba encontrarme con algo que la igualara pero, ¡vaya sorpresa me llevé! La madrastra de Terry es muy fea… sí Señor Dios, juro que mañana a primera hora me confesaré, por expresarme así de la duquesa. Juro que podía escuchar los latidos de mi corazón cuando Terry me presentó, "vaya, pero... ¿Por qué no me sorprende lo que veo? Una rubia americana, la prometida de Terrence. Menos mal que es de buena familia", fueron las palabras que salieron de su boca; como era de esperarse, los únicos que entendíamos a que se refería éramos Terry, su padre, la duquesa y por supuesto, yo. Patty, Annie y los chicos, fruncieron los ceños ante esas palabras, y Terry, restándole importancia continuó con las presentaciones. "Conozco a tu madre, aunque debo decir que no te pareces en nada a ella, querida", le dijo aquella horrible mujer a la pobre de Patty, que sólo agachó la mirada ante su comentario. Pude ver el rostro crispado de Stear, seguramente quería defender a Patty. "Lo mismo podrían decir de ti y de mi… madre". La sala se llenó de un incómodo silencio, rápidamente dirigí mi mirada en dirección a Terry, quien sin despegar la mirada de su madrastra, elevó una de sus cejas y le sonrió de esa manera tan cínica que hacía que mi corazón extrañamente palpitara alocado.

"Creo poder distinguir el olor de pastelillos recién sacados del horno" dijo rápidamente el duque. Podría jurar haber escuchado como mis amigos volvían a respirar, nos dejamos guiar a la mesa y, mientras el duque y los chicos platicaban acerca de sus planes futuros, la duquesa permaneció en total silencio, y una vez terminó su almuerzo, se retiró argumentando una jaqueca.

"Fue una grata sorpresa el que hayan venido, chicos. Me alegra que tengas tan buenos amigos, Terrence. Espero volver a verlos, muchachos" fueron las palabras de despedida por parte del duque. "Vaya, esto fue… extraño", expresó Stear una vez salimos de la mansión Grandchester. "Y ahora, ¿qué hacemos? Gracias a Grandchester, podemos regresar después de la merienda al colegio" secundó Archie "que acaso… ¿no tenemos unos disfraces que comprar?" preguntó Annie quien, desde días atrás, su idea era que en este domingo adquiriéramos nuestros disfraces.

"Tienes razón, Annie, lo mejor será que nos pongamos manos a la obra y busquemos nuestros disfraces" añadí rápidamente. "¿Eso es lo que quieres hacer, pecosa?" preguntó Terry. La dulzura con la cual me miraba, impidió que pudiera articular palabra alguna, así que sólo asentí en silencio, mientras Terry tomaba mi mano para ponerla en su brazo. "Sus deseos son órdenes, madame". Había soñado toda la tarde con volver a sentir el suave tacto de su piel sobre la mía, sus manos son tan firmes y a la vez fuertes; me gusta la fragancia que despide su cabello cada vez que me acerco a él, esa larga y brillante cabellera que enmarca sus hombros, y de un precioso color castaño; contemplar su hermoso y varonil rostro, perderme en el azul oscuro y profundo de sus ojos... Sentí enrojecer mi rostro, mientras Annie, Patty, Stear y Archie nos miraban divertidos. "Entonces, ¡a comprar disfraces!" dijo Archie, mientras nos dejábamos guiar por Terry entre las concurridas calles.

Llegamos a una gran tienda de disfraces: habían de duendes, hadas, brujas y de espeluznantes monstruos. He de admitir que me encontraba realmente emocionada, pues por primera vez podría disfrutar de un baile ofrecido por el colegio sin andar corriendo de un lado a otro. Al parecer, los chicos habían acordado disfrazarse en parejas; Annie y Archie irían disfrazados de María Antonieta y Luis XVI, todos nos divertimos al ver a ambos con aquellas ridículas y empolvadas pelucas, aunque debo admitir que Annie lucía perfecta en aquel enorme vestido. "Creo que deberían de llevar una cintilla roja alrededor del cuello, después de todo, a ambos les cortaron la cabeza, ¿no?" sugirió Terry y, después de la rabieta de Archie por no haber sido él a quien se le ocurriera eso, decidió que ese sería el toque de miedo que le hacía falta a sus disfraces.

Stear y Patty habían acordado disfrazarse de duendecillos, así que mientras los dependientes les mostraban los mejores disfraces, Terry repentinamente fijó su mirada en un disfraz de pirata. "No creo que ese disfraz te quede", expresé al ver la atención con la que lo miraba. "No es para mí… es para ti". Sin poder decir nada, Terry tomó el sombrero pirata de aquel disfraz y lo puso sobre mi cabeza. "Luces como un auténtico corsario, pecosa. Ahora, creo que podríamos conseguir el disfraz unas cuantas tallas más grande". Y como si del dueño se tratara, los trabajadores se encargaron de buscar lo que solicitaba Terry; y siendo empujada al vestidor, me puse rápidamente aquel disfraz, mientras en mi interior reía ante lo ridícula que seguramente me vería.

"Vaya Candy, luces muy bien… aunque… creo que ir al baile con pantalones… no es una buena idea" dijo Annie una vez salí del vestidor. "Yo sugiero… que sustituyamos el pantalón por una falda" expresó Patty, a lo cual, yo estuve totalmente de acuerdo pues, a pesar de que el disfraz me agradaba tal y como estaba, no quería tentar a mi suerte llevando pantalones. "Sí, esa es una buena idea, pero creo que a pesar de ello, no evitará ser el centro de atención al disfrazarse como un pirata" fueron las palabras de Stear. "Y a todo esto…¿realmente te gustaría ir disfrazada de pirata?" preguntó Archie.

"¡Claro que sí!" respondí bastante segura, sabía que Terry estaría a mi lado para protegerme de cualquier comentario malicioso. Sin perder más tiempo, Terry ordenó que nos tomaran medidas para que los disfraces quedaran perfectos.

Y como todo lo bueno llega a su fin, había llegado el momento de regresar al colegio. Con un suspiro de tristeza emitido por los seis, nos dirigimos de regreso. Al parecer, éramos los últimos en llegar. Terry y yo nos rezagamos del resto; las estrellas apenas empezaban a brillar en el cielo. Sin darme cuenta, habíamos llegado a la entrada de los dormitorios de las chicas. Sin saber porqué, tomé su mano, acariciando suavemente sus largos dedos. Mientras lo miraba fijamente, pude ver un extraño brillo en su mirada; nos miramos por largo rato mientras mi corazón latía apresurado, tal y como aquella tarde en Escocia. Sin pensarlo, cerré los ojos, me daba miedo admitir que deseaba ser besada de nuevo... Percibí su suave aliento a unos centímetros de mi boca, cuando de pronto sentí sus labios sobre mi mejilla y susurró a mi oído: "dulces sueños, pecosa" .

Sentí mi rostro enrojecer. Seguramente, Terry sospechaba lo que yo esperaba, y debido a la gran vergüenza no abrí los ojos hasta que el llamado de la hermana Margaret me hizo regresar a la realidad. No sé por qué, ese beso en la mejilla me dejó con un extraño sentimiento de infelicidad.

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Fragmento tomado del diario de Patricia O´Brien

Londres, Inglaterra a 12 de Octubre de 1913

Querida Kitty:

No imaginas la felicidad que siento al comprobar por primera vez que, ¡Stear realmente me ama! ¿Qué cómo lo descubrí? De una manera que jamás creí que sucedería. Como recordarás, te hablé de que fuimos invitados al almuerzo de media mañana en casa del duque de Grandchester; tal y como lo lees, por fin conocí el castillo que mamá siempre ha querido conocer.

Y tal y como mamá lo había expresado alguna vez, la duquesa es una persona bastante extraña. Primero, hizo alusión a que Candy era rubia y americana. Al ver el rostro de Terry y del duque, supe que esas palabras tenían más significado del que querían hacer parecer, incluso parecía que Candy compartía ese secreto.

Fue entonces que llegó el tiempo de las presentaciones. Mi ánimo, que hasta ese momento estaba en los cielos, (ya que esta mañana cuando Stear me vio, dijo que me veía hermosa, que resplandecía como el sol), se vino abajo cuando la duquesa expresó lo mucho que difería de mamá. Y tu mejor que nadie, sabe la razón que tiene la duquesa, pues a diferencia de mamá, que toda ella despide un aire delicado, desde su bien definido rostro, hasta su espigada figura, ni un gramo más, ni un gramo menos, sólo lo necesario para lucir perfecta; a su lado yo parezco un patito torpe y desgarbado...

Sentí mis ojos escocer ante las palabras que dijo la duquesa. Stear, al verme al borde del llanto, para mi sorpresa vi como pretendía caminar para posicionarse frente a la duquesa; vi su bello rostro con una expresión que nunca antes había visto en él: furia, verdadera e hirviente furia, que luchaba por salir. Por mucho que me halagaba el que mi amado Stear quisiera defenderme, lamentablemente estaría muy mal visto el desairar a la duquesa en su propia casa, así que lo tomé del brazo, rogándole con la mirada, se detuviera. Y para sorpresa de todos, Terry utilizó el mismo comparativo que había hecho su madre para ellos. Todos miramos el rostro sorprendido de la duquesa ante lo dicho por su propio hijo.

Para alivio de todos, el almuerzo terminó rápidamente. Una vez fuera del castillo Grandchester, nos dirigimos a comprar nuestros disfraces. Caminábamos en parejas, dándonos el suficiente espacio para no incomodarnos. "No debiste haberme detenido Patty, no sabes las ganas que tenía de poner en su lugar a la madre de Terry" dijo Stear. Yo intenté restarle importancia al asunto, haciendo alusión a que, ya me había acostumbrado a oír ese tipo de comentarios. "Escúchame bien Patricia O´Brien, nunca, nunca dudes que eres una hermosa mujer, tanto externa como internamente y, aunque es un poco precipitado, me gustaría cortejarte de manera oficial". Mi corazón latía apresurado ante estas palabras, ¡quería cortejarme! Eso quería decir que, ya no usaría más a Annie como excusa para salir de casa. Después de que se hiciera oficial mi cortejo, saldría y regresaría a casa del brazo de Stear, incluso nos podríamos ver a solas más a menudo; pero todo esto tendría que esperar hasta el siguiente quinto domingo.

Finalmente, llegamos a la tienda de disfraces. Como era de esperar, los encargados al enterarse de que el hijo del duque de Grandchester nos acompañaba, se desvivieron en complacernos, mostrándonos los mejores disfraces. Stear y yo, iríamos disfrazados de duendecillos, mientras que Annie y Archie, se disfrazarían de María Antonieta y Luis XVI; pero los que realmente nos sorprendieron fueron Candy y Terry. Ambos irían disfrazados de piratas, ¡incluso Candy se veía decidida a llevar pantalones! Y Terry estaba de acuerdo con ello, así que, haciendo uso de mi sensatez, sugerí que llevara una falda. Una vez tomaron su decisión, Terry encargó que los disfraces se hicieran a la medida, y mientras las tomaban, no pude evitar oír el cuchicheo de un par de costureras: "el heredero del duque es realmente apuesto, no tiene nada que ver con sus hermanos" "es cierto, son realmente feos, incluso se podría decir que el heredero no es hijo de la duquesa".

En toda la alta sociedad se rumorea lo mismo, pues los hermanos de Terry, contrario a él, no son nada agraciados; y seguramente te preguntarás ¿quién soy yo para juzgar la belleza de los demás? Yo solo te responderé que tienes razón querida, no soy la mejor persona para juzgar la belleza de los que me rodean, ese trabajo fácilmente lo podrían tomar Annie o Candy, e incluso Elisa, pero no yo.