Hola hermosas! Tanto tiempo sin saber de ustedes! Mil perdones por el abandono hermosas, espero con este capítulo me puedan dar un poco de perdón. Sólo quiero agregar que, si me voy a estar demorando un poco con la entrega de capítulos tanto de este como de "falsas impresiones" que por cierto mi querida amiga Anna de manera muy atenta lo esta corrigiendo al igual que hizo con este, la razón por la que me demoré y en adelante me tardaré es porque despues de tomarme estas laaaargusimas vacaciones, he decidio continuar con mis estudios, asi que lindas espero contar con su apoyo y comprensión por mi demora, que de aqui en adelante espero no sea tan larga. Por último, las metidotas de pata que cometí y que muy amablemente Pchahuatzin me hizo notar, al nombrar el diario de Patty de la misma manera que lo hacía Anna Frank jejeje, y también a Liz Barron al recordarme que esto de que los chicos formaban un grupo de los más poderosos lo había leido en otro fic, aunque debo confesar que dicha idea la tomé del dorama coreano "boys over flowers" bueno aclarados ambos puntos, infinitas gracias a todas las hermosas que han dado follow y favorito, también a aquellas que me leen en el anonimato. Rebeca, skerllet northman, sra. grandchester, flor unica, Lleri, Jeceli, brujamaldita666, analiz, gina rovinzon, Pchahuatzin, analia, AmparoDeGrandchester, Lupita1797, Daniela Bascan, mikol78, Annet white, lizz barron... mil gracias por tomar un poco de su tiempo para hacerme saber que les ha gustado lo que mi loca cabeza me dicta.
Ahora si, no las entretengo más, disfruten la lectura! Bendiciones! Xoxo
Capítulo 6
El gran salón estaba listo para el baile de otoño. La hermana Grey supervisó personalmente que todo quedara tal y como ella lo había ordenado, pues éste sería el primer año en que el duque de Grandchester haría acto de presencia en una fiesta ofrecida por el instituto e iría acompañado de toda su familia.
Esparcidos por el jardín, se habían colocado diversos espantapájaros, al igual que calabazas y nabos vacíos y grabados con terroríficas expresiones iluminadas con una vela colocada dentro. Un enorme montón de ramas secas se apiló en un área abierta del jardín, pues la quema de la hoguera sería con lo que se cerraría dicho festival.
Entre los alumnos existía un sentimiento lleno de excitación, pues para la gran mayoría sería el primer festival de Halloween que pasarían en el colegio. Por lo que Patty y Terry les contaron a los chicos, era la primera vez que veían a las hermanas poner tanto esmero en que el festival quedara perfecto, pues al propagarse la noticia de que el duque de Grandchester estaría ahí, todos y cada uno de los padres de familia confirmó su asistencia. Ese día para alivio de muchos, la hermana Grey, así como el padre Gregory, tomaron la decisión de suspender las clases para que todos los alumnos tuvieran el tiempo suficiente para arreglarse.
—¡Me estoy muriendo de los nervios! Creo que esta noche Archie aprovechará que mis padres vendrán y pedirá permiso para cortejarme—decía llena de emoción Annie mientras terminaba de peinar la peluca que se pondría.
—Me alegro mucho por ti, Annie—respondió dulcemente Patty, a quien sus queridas amigas desde hacía varios días la veían bastante extraña.
—¿Te sucede algo, Patty?—preguntó Annie, dejando de lado su peluca y prestándole toda su atención a la muchacha de cabellos castaños.
—Mis padres no traerán a la abuela Martha—fueron las palabras de Patty, mientras extendía en dirección de las chicas una carta bastante maltratada, debido casi seguro a las muchas veces que fue leída. La primera en tomar aquel trozo de papel fue Candy, su tranquilo rostro poco a poco se fue tornando de un intenso color rojo. Annie, al ver eso, rápidamente se acercó a leer que era lo que había puesto de esa manera a su amiga.
—Perdón por lo que diré Patty, pero tus padres son unos malvados—dijo Candy aún bastante molesta.
—¡Candy!—manifestó escandalizada Annie—no deberías de expresarte así de los señores O´Brien.
—Es que no entiendo cómo pueden hacerle eso a la abuela Martha, ella estaba tan ilusionada en venir al festival—decía Patty restándole importancia a lo dicho por Candy—incluso había comprado su disfraz.
—Debe de haber una explicación para ello—intervino Annie, al ver tan desconsolada a su querida amiga.
—¡Lo que sucede es que temen que la abuela los avergüence en presencia del duque!—explotó repentinamente Patty para asombro de sus amigas—suficiente tienen con tener que tolerar mi presencia….claro, porque Patty nunca se podrá comparar con lo perfecta que era Kitty, tan parecida a mamá. Patty demasiado torpe para tocar el piano, demasiado gordita para lucir los hermosos vestidos que Kitty solía vestir, demasiado bajita, el cabello demasiado obscuro, demasiado tímida…
Annie y Candy no entendían quién era Kitty, sólo sabían que esas comparaciones de las que hablaba Patty no eran hechos recientes.
—Sabes que puedes confiar en nosotras, Patty—la mirada dulce y la sincera preocupación en la voz de Candy fueron la gota que derramó el vaso. Patty comenzó a llorar desconsolada para sorpresa de sus amigas. Ambas chicas la dejaron desahogarse; una vez Patty se hubo tranquilizado, se animó a contar a sus amigas aquello que le afligía.
—Kitty… Catherine era mi hermana pequeña. Sólo nos llevábamos un año y tres meses de diferencia, ella era todo lo yo no soy—suspiró Patty.
—Cuando dices ella era… te refieres a que…—Annie simplemente no pudo terminar la frase, temiendo herir a su querida amiga.
—Ella murió hace cinco años. A pesar de las diferencias que propios y extraños consciente o inconscientemente nos recalcaban, yo la amaba, pero eran en esas comparaciones en las que deseé que desapareciera para siempre. Finalmente mi deseo se cumplió aquel trece de Octubre, en el que mientras caminábamos a orillas del río que se encuentra cerca de nuestra casa de campo, sucedió el accidente. Caminábamos demasiado cerca de la orilla cuando uno de sus zapatos se atoró, provocando que perdiera el equilibrio y cayera al agua, mientras yo observaba como se la llevaba la corriente.
—No puedes culparte por su muerte, Patty—susurró Candy en un intento de consolar a su amiga.
—¡Como puedes decir eso, Candy! Si en lugar de correr en busca de ayuda, sólo corrí y corrí sin dirección, pues yo había tenido la culpa, yo la obligué a acompañarme, pues ella no quería salir de casa—lloró amargamente Patty—incluso me alegré de que por fin ya no estuviera a mi alrededor. Pues, ¿saben cuál era el nombre que mis padres gritaban? ¡Gritaban llamándola a ella! No a mí. Quien me encontró fue la abuela Martha y la institutriz; esa noche mis padres ni siquiera pasaron por mi habitación. Creo que ellos siempre han conocido la verdad, pues desde entonces me han mantenido alejada de ellos.
Ambas chicas miraban a su querida amiga llorar desconsoladamente, impotententes por no hallar consuelo que ofrecerle ante tal revelación. La más consternada con la historia fue Annie, pues a su modo de ver, ella vivió de manera muy similar el verse opacada por Candy, pero gracias a la nueva oportunidad que Candy le brindó al igual que la amistad de Patty, fue que alejó de ella toda esa envidia.
—Patty, no tienes por qué sentirte así. Fue lamentable la manera en que murió tu hermana, pero si tomamos en cuenta que tú tenías aproximadamente nueve años, no hubieras podido hacer demasiada cosa, pues aunque hubieras corrido en busca de ayuda, no creo que hubieran llegado a tiempo—expresó Annie con una sonrisa en un intento de animar a su amiga.
—Siempre recuerda que cada persona es especial a su manera, y no por ello son menos importantes, Patty. Eres la mejor amiga que alguien podría tener, y si tus padres no aprecian lo inteligente, bella y talentosa que eres, nosotras lo hacemos y lo haremos siempre—dijo Candy con una gran sonrisa.
—¡Oh chicas, les agradezco tanto su cariño!
—No tienes nada que agradecer, Patty. Anda, mejor apurémonos. ¿No querrás que Stear vea que has llorado, verdad? Sabes lo mucho que él te quiere y se preocupa por ti—Candy le limpió las lágrimas para despues darle un caluroso abrazo.
Las tres chicas al igual que el resto del colegio, se esmeraron en su arreglo y más rápido de lo que pensaron, el reloj de la torre dio las siete campanadas, anunciando que el baile estaba a punto de empezar.
Al entrar en el gran salón, todos los alumnos quedaron abrumados ante lo bien que lucía. Como bien sabían, los padres fueron citados con una hora de anticipación, así que no era extraño que la gran mayoría de los jóvenes se reunieran con sus padres.
Cuatro chicos se quedaron en un rincón, dos de ellos siendo ignorados por completo por la pareja que iba disfrada de duendecillos.
—¿Acaso la tía abuela no vendrá?—preguntó en modo altanero la peliroja, con la mitad superior de su rostro cubierta por un antifaz lleno de plumas verdes y azules, simulando el plumaje de un pavo real.
—Hermanita, ¿qué no recuerdas que la tía dijo que ella entraría de la mano de Candy, en compañía del duque y su familia?—respondió toscamente Neil, quien para su fastidio, haría nuevamente pareja con su hermana.
Elisa guardó silencio, arrepintiéndose una vez más de aquella trampa, mientras esperaba pacientemente a que sus padres llegaran.
Mientras tanto, al otro lado del salón, Archie se encontraba bastante nervioso ante el escrutinio del señor Brighton.
—Y dígame, señor Cornwell, ¿en dónde cursará sus estudios universitarios, aquí o en norteamérica?—preguntó el señor Brighton.
—Creo que es un poco prematuro hablar de ello, señor, pues a diferencia de mi hermano, yo aún tengo que cursar un año más en este colegio—respondió amablemente Archie.
—Que idea tan original la de disfrazarse de María Antonieta y Luis XVI, y esa cinta escarlata les da un toque distintivo—dijo la madre de Annie, cambiando claramente de tema—y por l o que veo, tu hermano al igual que la señorita O'Brien, también se disfrazaron en pareja.
—A propósito, no veo a Candy por ningún lado—añadió el señor Brighton.
—Seguramente debe de estar esperando a la tía abuela—respondió Archie.
—La señora Elroy debe de encontrarse extasiada ante el futuro matrimonio de Candy con el heredero del ducado de Grandchester—todos asintieron en silencio ante lo dicho por la señora Brighton—¡oh, miren! Los señores Legan han llegado.
De manera disimulada, ambos chicos emprendieron la retirada atravesando el gran salón a grandes pasos para finalmente reunirse con Stear y Patty, ignorando deliberadamente a Elisa y Neil. A Annie no le pasó desapercibida la sonrisa socarrona que Archie les dirigió.
—¿Sucede algo, Archie?—preguntó Annie, viendo la mirada reprobatoria que Patty dirigía a Archie y Stear.
—Candy se va a molestar demasiado si llevan a cabo su plan—dijo Patty con el ceño fruncido.
—¡No puedo creerlo, Stear! ¡¿Por qué le contaste?!—exigió Archie, a lo cual Stear sólo levantó los hombros en señal de arrepentimiento—dirás lo que quieras, mi querida Patty, pero no puedes negar que se lo merece.
—¿Alguien me puede decir de que están hablando?—preguntó Annie. Entre rápidos susurros, Patty le relató lo que ocurriría en el transcurso de la noche. Annie abrió enormemente los ojos, mientras se cubría la boca con ambas manos y tras unos minutos de conmoción, finalmente habló:—Candy verdaderamente se enfurecerá.
Ambos chicos intercambiaron unas miradas, pensando en que después de todo ese no era un buen plan.
Fragmento tomado del diario de Elisa Legan
Londres, Inglaterra 31 de Octubre de 1913
¡Esta ha sido la peor noche de mi vida! Yo estaba preparada para ver a la huérfana entrar del brazo de Terry, pero para lo que no estaba lista era para el espectáculo del que fui víctima.
Y es que minutos después de que se prendiera la hoguera, una bruja pasó volando por encima de las cabezas de todos los presentes, yendo a caer de lleno a las llamas de la hoguera. Para todos fue un espectáculo admirable, pero no para mí, pues aquella muñeca que en esos momentos ardía en las grandes llamas, llevaba una peluca peinada de manera idéntica a como yo suelo llevar mi cabello.
Los padres de familia no le dieron la menor importancia, pude haber sobrevivido con la burla que vi en cada uno de los rostros de los alumnos que claramente sabían a quien hacía alusión aquella "bruja", pero lo que hizo que una rabia ardiente corriera por mis venas, fue aquella mirada de conmiseración que Candy me dirigió.
Ahora mismo me gustaría regresar al jardín y gritarle a todo el mundo el poco valor que tiene Candy, lo indigna que es para en un futuro ser una duquesa; ella no es más que una maldita bastarda que ha arruinado mi vida...
Stear, Archie y Terry podían sentir la furia de Candy. Ni siquiera Annie, que había crecido con ella, la había visto tan enojada. Discretamente, al terminar el espectáculo que había divertido a los invitados, el grupo de amigos se alejó a un lugar donde no los pudieran escuchar.
—Estoy realmente decepcionada con ustedes, ¿se molestaron en pensar lo mucho que lastimarían a Elisa con su broma? Y dime, Stear, ¿acaso debo felicitarte porque tu invento tuvo éxito?
—Por favor, Candy, no te enojes con ellos—dijo con voz temblorosa Patty—entiendo que su comportamiento no fue para nada caballeroso, pero ve esta broma como una pequeña vendetta a todos los malos tratos que Elisa te ha dado.
—Además, pocas personas se percataron a quien hacía alusión aquella muñeca—secundó Annie.
—Me niego a aceptar su comportamiento—Candy se cruzó de brazos, evitando mirar a los chicos.
—Pues lo hecho, hecho está, Candy. Por mi parte no esperes una disculpa, que Elisa se lo tiene bien merecido, y agradecida debería de estar de que en el último minuto decidimos no ponerle un vestido suyo—dijo Terry bastante irritado ante el comportamiento que estaba teniendo Candy.
—¡No puedo creer que hubieran sido capaces de hacer eso!—Candy elevó la voz, no queriendo ni imaginar lo desastrosa que hubiera sido esa noche—entiendo que Elisa no es una persona agradable, pero de ahí a haberle hecho esa broma...
—Eso no es nada comparado con lo que su mente retorcida es capaz de hacer—respondió Terry rechinando los dientes en un intento por no gritar.
—¡Pero eso no nos da derecho a tratarla así!
—Tienes razón, deberíamos de tratarla mucho peor.
—¡Pero que malvado eres, Terry!
—No más que ella, y te repito: se merece eso y más.
—Creo que lo menos que se merece es una disculpa.
—Yo no me disculparé...
Para Annie, Patty, Stear y Archie, estaba claro que sin saber cómo, habían quedado excluidos de aquella plática, así que decidieron alejarse de ahí. Al día siguiente hablarían con Candy.
—¡A ustedes los estaba buscando!—la voz de Neil hizo que los cuatro chicos se detuvieran.—Estarán muy contentos de la burla de la que fue víctima mi hermana.
—No podrás negar que fue divertido—dijo Archie con una ancha sonrisa en el rostro—además, me parece que sólo unos cuántos entendimos el espectáculo.
—Pero cuando se entere la tía abuela de lo que nos han hecho a Elisa y a mí, estoy seguro que los castigará por el resto de su estancia en el colegio.
—Pensé que ya eras un hombre para librar tú solo tus batallas—respondió Stear—ahora si nos disculpas, tenemos que seguir disfrutando de la velada.
Fragmento tomado del diario de Terry Grandchester
Londes, Inglaterra 3 de Noviembre de 1913
La que tenía que haber sido una noche memorable, terminó siendo un desastre y todo gracias a la gran bondad que posee Candy.
Desde el instante en que pisamos el salón, todas las miradas estaban puestas en nosotros. Debo admitir que Candy lucía realmente hermosa en ese disfraz de corsario. Propios y extraños admiraron su audacia al usar tan singular disfraz. Debo admitir que sentí un poco de celos al ver la mirada de deseo que provocaba en los jóvenes y no tan jóvenes que ahi se encontraban, pero logré mantenerlos a raya al ver las dulces miradas que Candy me dirigía.
Los chicos y yo habíamos dejado la polea de la que colgaría aquella muñeca de trapo vestida como Elisa, volando montada en una escoba. Claro estaba que antes de colocar cada cosa en su lugar, hicimos las pruebas necesarias para que todo saliera perfecto, pues bien sabíamos lo mucho que fallaban los experimentos de Stear.
Cuando llegó el momento, todo salió tal y como lo habíamos planeado, sólo que me causó gran consternación el ver que dicha muñeca iba vestida de manera diferente. A todos los asistentes les causó sorpresa y diversión el ver volar sobre sus cabezas a una bruja, incluso Candy reía mientras veía volar a dicha bruja directo a la hoguera, pero su sonrisa se borró de su rostro al ver la peluca de dicha muñeca; mientras miraba a su alrededor, las risas se escuchaban y los alumnos que sabían a quien representaba dicha muñeca, no dejaban de mirar y reírse de Elisa.
Candy nos retó fuertemente, como siempre no importándole el cruel conportamiento que Elisa siempre ha tenido con ella. Poco a poco, la discusión se salió de control y sin poder evitarlo, le dije lo que realmente el duque me había pedido.
La tristeza y arrepentimiento con la que me miró no he podido sacarla de mi mente, y el dolor con el que me pidió perdón me persigue en sueños; precisamente ese era el motivo por el que no le dije la exigencia del duque. Si tan sólo la pudiera ver, le diría que ella vale todos los sacrificios que la vida me imponga.
