II. Levi
1
Ocho meses
Interminables minutos de caminata dentro del edificio le llevaban con la ilusión de que los pasillos parecían no tener fin en cuanto más avanzaba, cada paso dentro del seminario era una punzada más directo en el pecho, acompañado de la intermitente sensación de que el aire le abandonaba.
El ambiente antojándose enajenado de aquel familiar y viejo aroma que atraía los recuerdos de los últimos tres años y medio devuelta a sí.
Un súbito escalofrío recorre su espina dorsal e intenta pasar saliva, pero no lo consigue. Su garganta está seca, sus labios partidos, y cargaba además con los parpados pesados de las noches sin sueño.
Habría recogido ya sus llaves, credenciales y etiquetas, entre algunos otros papeles que consideraba él, de poca importancia. Tuvo en planes reunirse con el director para quedar en acuerdos con éste, pero la ausencia del mismo en su oficina al momento de acercarse no se lo habría hecho posible.
Así que sin mucho más que hacer y con resignación, se dirigió hacia el Aula Magna.
La gente a su alrededor mantuvo la mirada fija con recelo sobre su persona al menos la mayor parte del tiempo y de su trayecto, hasta que camuflado entre la gente y la poca luminosidad de las butacas más altas del recinto, consiguió asegurarse un lugar no muy llamativo.
Dejó su mochila de lado sobre el suelo, tomó asiento y bufó, cansado.
Los siguientes cinco minutos se basaron en permanecer sentado, desviando su vista hacia los pies de la sala, observando a las personas pasar e instalarse en los lugares disponibles en las zonas bajas del recinto dos plantas por debajo de sí, mientras que otros se dedicaban a saludar a algunos de los docentes presentes conforme se colocaban y preparaban para dar comienzo a la conferencia.
Dado todo por listo, el silencio prevaleció en el lugar, llevando la atención hacia la tribuna y ésta misma, presentando e iluminando el largo, delgado y pálido cuerpo anciano del director Fritz, quien abría la sesión y daba la bienvenida.
Luego de un largo rato sin absoluta información relevante, más allá de entre la exposición de datos de ingreso del semestre, y de algo de alboroto entre los murmullos de los asistentes, Levi Ackerman advertía el cómo un segmento de la audiencia estaba ahora enterado de su presencia.
Entre las avasalladoras y acusantes miradas de los mismos, habría coincidido nada más y nada menos que con Auruo Brossard. Estaba rojo hasta las orejas, frunciendo su entrecejo y mordiendo su lengua mientras ardía de rabia, arrinconando al azabache con la mirada mientras compañeros a sus costados le mantenían sobre su lugar en el intento por levantarse a ir a enfrentarle.
El alarde no se pasó por desapercibido y pronto se exigió vuelta al orden y la atención, saltándose finalmente a tratar cuestiones de polémicas en las que se vio envuelta la universidad, así como de noticias durante el último año.
Entre las mismas habrían destacado tales como la venta y uso de drogas dentro del campus, además de la implementación de controles anti dopaje más estrictos para los equipos deportivos antes de juegos estatales y nacionales; escándalos sexuales tanto por parte de docentes como por parte del alumnado, controversias en cuanto a conflictos, decesos y otras cuestiones de asunto legal que rodearon la universidad, cuyos casos ya se habrían llevado como correspondía.
La información a base de notas periodísticas, fotografías, documentos y estadísticas figuraban sobre la pantalla de proyección.
No obstante, la atención se vio centrada de nuevo sobre la tribuna, justo cuando se hizo mención de los presidentes de las fraternidades y sororities, y se invitó a estos a pasar al escenario, algo que consiguió levantar cierta curiosidad debido a los últimos eventos.
Fue así como se habló de las demandas, acusaciones de fraude e incidentes ocurridos a nivel nacional bajo el sistema de hermandades — los cuales habrían llevado a la cancelación temporal de actividades de las mismas — en cuanto a recaudaciones, empresas fantasmas y el aún existente problema de las, en realidad humillantes, en palabras de Fritz, rush week, misma que figuraba como uno de los primeros indicadores responsables de las muertes que englobaban las hermandades de otras universidades, siendo un problema que también se habría llegado a presentar en el campus en años pasados.
«Respecto a la cancelación temporal, dadas las declaraciones e investigaciones llevadas a cabo, las casas de las hermandades de Ymir Fritz no deberían tardar en reanudar actividades, con los debidos protocolos de seguridad para la admisión de nuevos miembros y el manejo de dinero por parte de las mismas, bajo la nueva normalidad aplicada por el sistema nacional.»
Por supuesto no les convenía seguir deteniendo el movimiento de las organizaciones, siendo de sus principales fuentes de ingreso y financiación. Ya muchos problemas habrían obtenido con la pérdida de benefactores a lo largo de los últimos meses, y tendrían que prepararse para una segunda recaída.
Y por cómo se encaminaba su discurso luego de haber despedido del anfiteatro a los presidentes, sus próximas palabras y el tema a tratar no serían del absoluto agrado del Ackerman.
Sin vacilar se colocó de pie, tomó sus pertenencias y abandonó el Aula Magna.
2
«Muchas gracias»
Se despidió el director Fritz habiendo concluido con su último aviso, saboreándose a amenaza.
El Aula Magna pronto sería sede del ajetreo en cuanto los cientos de estudiantes que se encontraban dentro de la misma empezaron a levantarse de sus asientos y a bajar escaleras mientras alardeaban e intentaban salir todos a la vez a través de las únicas dos puertas de salida.
«No lo creo, ¿lo dejaron volver?»
«¡Lo vio!»
Los murmullos y los rumores no tardaron en conseguir expandirse a lo largo y ancho del anfiteatro.
«Dicen que habrá una pelea»
Hanji no hacía más que voltear de una esquina a la otra, tratando de enfocar su vista y forzando la misma lo más que le fuese posible, alarmada y atenta ante las decenas de voces que le rodeaban.
Ni rastro de él.
«Auruo está furioso, se fue detrás de él»
— Mike — instó Zoe en cuanto reconoció al rubio pasar por su frente, pero no habría alcanzado conseguir su atención.
Desesperada ante la multitud y el bloqueo que le daban las personas a su costado sobre el pasillo, no encontró de otra más que saltar sobre los asientos para avanzar hacia la parte de atrás del aula, impactando contra algunas otras personas en el acto.
— ¡Mike! — reiteró, metiéndose finalmente entre la gente de la fila en el pasillo para empujar a la misma y abrirse paso hacia donde el más alto.
— Ten más cuidado, imbécil.
— Idiota.
— ¡Mike! — se estiró cuanto pudo y consiguió por fin alcanzar el gordo y tonificado brazo del hombre de casi dos metros, jalando del mismo.
— ¿Qué sucede? — le cuestionó Zacharius, agobiado ante el ambiente. Llevó su brazo hacia los hombros de la castaña y protegió a la misma contra su cuerpo para que dejaran de empujarles, de manera en que ambos podían avanzar ahora juntos.
— ¡Levi! A Auruo, ¿lo viste?
Maldita sea, se debía a eso.
— Debemos esperar para poder salir — oteó hacia sus costados.
— ¡No podemos esperar! — espetó Hanji, aferrándose a sus ropas.
3
Tan pronto consiguieron abandonar el recinto, aceleraron sus pasos y corrieron siguiendo en voz de la gente y el alboroto, siguiéndole la pista hacia la amplia y larga calle entre la biblioteca principal y el Student Union Building.
Los nervios habrían llevado a Zoe a acelerarse y adelantársele a Mike.
A simple vista no habría tardado en localizar a Brossard, pues la gente a los alrededores guardaba su distancia con fallida discreción, pero el mismo ya tenía en la mira al Ackerman desde hacía rato atrás.
No habría fallado en asestar un golpe directo a la sien del mismo, aturdiéndole y azotándole pronto contra el suelo, tomando ventaja de su tamaño y aprovechando su posición para tirarle de patadas e hincar golpes más violentos contra el arrinconado cuerpo del hombre de metro sesenta.
— ¡Levi! — vociferó Zoe, apretando su paso hasta colarse entre los espectadores y alcanzar a meterse entre Brossard y Ackerman.
No previniéndose del arrebato con el que Auruo actuaba, habiendo recibido también una patada al costado del abdomen y el impacto de la rodilla contra su mejilla y sien, con ello la ruptura del cristal y el soporte izquierdo de sus anteojos, así como un doblez del puente.
— Tch.
El mayor echó de lado a Zoe con un empujón contra el concreto, irguiéndose e incorporándose sobre ambas de sus piernas, estirándose y propiciando un guantazo de vuelta hacia el rostro de Auruo Brossard.
Tomó al más alto por el cuello de sus ropas y metió una patada contra su estómago, de manera en que el mismo chilló, débil, y cayó de golpe arrodillando, agarrándose del abdomen con fuerza y con su otra mano cubriendo su ahora sangrante nariz, pero el Ackerman no pudo hacer nada de ahí en más, pues Zacharius le inmovilizó por los brazos y le apartó en cuanto pudo del otro.
— Chillas como un cerdo — espetó el Ackerman, admirándole con estoicismo y desprecio.
Entre un arrebato se soltó del agarre del fornido hombre, no pensaba en seguir perdiendo su tiempo en pelear más con Brossard, quien ahora lloraba inconsolable y encogido tendido en el suelo.
— No… No entiendo cómo puede vivir tan tranquilo con algo así, sabiendo cuánto hemos sufrido… — berreó Auruo.
La lamentable apariencia del muchacho luego de los golpes, entre la sangre de su nariz, las lágrimas y los mocos, consiguió levantar compasión entre la gente a su alrededor, de manera en que algunos cuantos se acercaban ya a asistirle mientras contemplaban con menosprecio a Levi Ackerman.
El mayor volteó sus ojos y giró sobre sus talones, dándose a la marcha hacia el edificio, unos pasos atrás, hacia sus espaldas.
— Levi — le siguieron Zacharius y Zoe.
— ¡¿Cómo?! ¡¿Cómo?! — siguió vociferando, azotando el concreto con sus puños cerrados estando envuelto entre ira y desconsuelo.
4
— Credencial.
No había respuesta.
— ¿Ocurre algo? — cuestionó Armin, preocupado.
Mikasa escudriñaba entre los espacios y los bolsillos de su cartera y mochila, metiendo su mano hasta el fondo de los bolsos sin mucho éxito y sin rastro alguno de su identificación de la universidad.
— Puedo jurar que la tenía por aquí — musitó, volviendo a revisar en su cartera esperando su credencial apareciera o estuviese metida entre alguna otra de sus tarjetas.
— Está bien, yo lo saco — dijo Armin, habiendo advertido a la Ackerman empezar a ponerse de nervios. Estiró su brazo y entregó a la bibliotecaria su carnet para que el mismo fuese escaneado, y pronto rellenó el registro en la tabla del mostrador.
— Ya está hecho, no te preocupes, Mikasa — instó Arlert, pero la mirada de la Ackerman era distinta.
Le tomó por la muñeca.
— Acompáñame a buscarla.
5
Kenny Ackerman toma la iniciativa
A palabras de Levi Ackerman, el fósil de su tío ya no encontraba ni qué más hacer con él en casa.
Para el hermano mayor de su madre, se habría vuelto inútil mantenerle ahí: de los siete semestres que habría llevado en los últimos tres años y medio de cuatro que eran de la carrera, tomó octavo, su último semestre, como sabático. No se habría esforzado siquiera en al menos buscar un trabajo, y lo único a lo que, a criterio del hombre mayor, habría hecho de provecho su sobrino durante esa mitad del año, era limpiarle la casa como el obsesionado que era.
Todos los días desde finales del año pasado, a excepción de cuando cada dos semanas se llegaban las fechas en que tocaba tomar las jornadas de guardia — donde pasaba al menos todo el fin de semana trabajando las veinticuatro horas de los tres días que le correspondía cubrir—, cuando aseguraba la despensa de la próxima mitad del mes desde un día antes — o si acaso, se encargaba de mandarle comida a domicilio desde el trabajo—, era cosa de llegar a casa con bolsas de comida para llevar tanto para él como para su sobrino, siendo recibido entonces por el enajenado ambiente encerrado del aroma de los fuertes productos de limpieza: limpia-pisos agradable y fresco, aceite para muebles, detergente para trastes, desengrasantes en la cocina y los baños, además de desinfectante, ambientador, y ácido muriático y cloro en los lavabos, retretes y regaderas, entre muchos otros que podría no reconocer.
Era sin duda algo positivo y una carga menos por la cual preocuparse en cuanto al mantenimiento de la casa, pero a veces le resultaba inquietante la cuestión de cuán tóxico ambiente a base de químicos se estaba formando, y el de si el mocoso bastardo planeaba matarle o si despertaría con vida entre tanta sustancia algún día de esos.
Aquel día no era muy diferente.
Respingó y rascó con el dorso de su dedo índice bajo su nariz, deteniendo su paso a los pies de la isla en la cocina, colocando la correspondencia, la bolsa de charolas de unicel con comida y habiendo dejado golpear y resonar las llaves sobre la superficie de granito.
Facturas a pagar del hospital privado, estados de cuenta y varias cartas procedentes de Fritz dirigidas al «Sr. Ackerman, Levi» acumuladas de meses.
Chasqueó su lengua y soltó un pesado suspiro.
Como de costumbre, avanzaría y se encaminaría por el pasillo de la única planta de la casa para postrarse a los pies de la habitación de su sobrino en silencio, y le contemplaría descansar y observar a través del muro de cristal sobre la silla negra de oficina que mantenía con él, donde por lo regular podía encontrarle dormido, aunque fuese tan solo un par de horas durante el día o la madrugada.
Su cama se habría tornado en casi mera decoración, y de alguna manera u otra, el hijo de su hermana se habría convertido en alguna especie de vampiro como los que había llegado a ver en las ridículas películas, expresaba Kenny, que solían repetirse constantemente durante los fines de semana en la misma cadena de televisión donde veía sus programas, eso mientras cenaba y pasaba los canales con el control a la espera de poder disfrutar de algo bueno luego del trabajo, sin mucho éxito.
Habría llegado a hacer el intento por ver completa alguna de ellas para entenderlas, sí, pero daba por sentirse asqueado, aburrido o hasta avergonzado y como cualquier otra noche, terminaría viendo algún canal de deportes para finalmente quedarse dormido con la estática de la televisión encendida toda la madrugada, roncando cuanto más le era posible.
— ¿Vas a tirar toda la carrera a la mierda? — le espetó finalmente, cruzado de brazos apoyado contra el marco de madera. El otro siguió dándole la espalda —. Ya te habrías graduado y tendrías al menos un puto trabajo, bastardo mal agradecido… ¿Cuándo piensas decírselo a tu madre?
La silla giratoria chirrió agudamente en cuanto rotó hacia un costado, dando a entrever al muchacho cual le admiraba de soslayo con indiferencia.
Kenny carraspeó, sacando un gargajo hacia la habitación y recuperando sus palabras.
— Van a recibirte de vuelta en Fritz, pero tendrás que repetir el último año completo para revalidar materias y te mantendrás con la beca deportiva del equipo de football como condición — comentó Kenny—. No volveré a dar ni un solo bledo por ti a esos bastardos.
— ¿Luego qué?
— Vas y te linchan ellos o lo hago yo — sentenció.
6
— Tch…
Mike Zacharius paseaba por la habitación de extremo a extremo y de arriba para abajo mientras con ayuda de su pareja conseguía transportar algunos juegos de muebles e instalaba y probaba algunos que otros electrodomésticos, encargándose principalmente del lado de la residencia de Levi Ackerman.
— ¿Cuánto tiempo más piensas seguir así? — se quejó el azabache, rozando apenas su rostro con la compresa de hielo.
— Realmente te extrañé demasiado — soltó Zoe con la voz ronca y débil, manteniendo su mejilla contra la espalda de mayor y no soltando sus brazos de alrededor del firme torso del mismo.
— No te metas en lo que no te importa una mierda — espeta el Ackerman.
— ¿Y dejar que Auruo te moliera a patadas mientras nadie hacía más que verte, tomarte fotos o videos siendo apaleado? — refunfuñó Hanji, alterada.
Las palabras de la castaña habrían sido pasadas por alto a los oídos del mayor, quien con ademán de desdén le cedía la compresa fría y se colocaba de pie para dirigirse entonces hacia el armario y pasar luego al baño.
Podía sentirse segura de que habría hecho lo correcto, aunque significase el que ahora tenía un gasto extra por reponer sus gafas a la misma graduación y armazón, y el que tendría moretones visibles por al menos una semana.
Hizo de lado sus ahora magulladas gafas y la compresa fría sobre la cobija, instalándose a la orilla de la cama con algo de impotencia y no consiguiendo ocultar del todo la molestia en su rostro.
— Hey… — instó la rubia más alta, habiéndose acercado con un par de pufs hacia donde la trigueña, soltando los mismos sobre el suelo y tirándose sobre uno de ellos frente a Zoe—. Está bien… Debiste tener un poco más de cuidado, pero hiciste bien — quiso confortarle, tomando de sus manos y sonriéndole con dulzura—. Pronto se le pasará.
— No me preocupo por ello, Nanaba — sacudió Hanji su cabeza, asomándose sobre su hombro en espera de que regresara el azabache —. Igual estaría bien salir un rato para despejarnos, tenía algunas cosas por hacer y… — saltó de repente, escudriñando entre sus bolsillos con algo de inquietud.
— No creo que sea buen momento para salir luego de todo ese escándalo… Además, es su primer día, debería terminar de instalarse y descansar. Quizá podamos planear una salida para mañana — sugiere Nanaba, propiciando a Zoe bajar la guardia —. Mike y yo saldremos del campus a hacer unas compras, ¿necesitas algo?
— Nanaba — instó Zacharius.
La más joven volvió a agitar su cabeza en señal de negación y agradeció, algo ensimismada.
— Está bien, nos vemos entonces más tarde en la habitación — procedió la rubia, despidiéndose y colocándose de pie para dirigirse hacia la salida de la residencia junto al más alto.
Zoe suspiró pesadamente y se dejó ir hacia atrás sobre el colchón con el afán de relajarse un poco, pronto la puerta se escuchó cerrar en un cuidadoso y hueco azote, dejándole ante el silencio de la grande y aparentemente solitaria habitación.
Aunque pronto las alertas de su celular volverían a insistir entre los distintos y estrepitosos tonos, obligándole a asir del aparato en el bolsillo de su pantalón y vagar entre el centro de notificaciones.
Mientras tanto a sus espaldas en una esquina de la estancia, estaría saliendo del baño luego de una ducha corta el hombre que consideraba su mejor amigo.
— Al parecer aún tienes admiradoras — insinuó Hanji, divertida entre los comentarios de los videos publicados donde se apreciaba la pelea entre el Ackerman y Brossard, además de la paliza que recibió por entrometerse.
— Tch… Regresa a tu habitación a darte un baño.
— Así estoy bien — dijo Zoe, aun deslizándose hacia abajo entre las aplicaciones y escudriñando entre las noticias y chismes que disponían en redes sociales, además de foros y blogs de la universidad.
— Bájate de ahí, cerda.
«Todo parece indicar que Erwin Smith y Frieda Reiss comenzaron una relación recientemente» habría leído.
El corazón de Zoe pronto dio un fuerte vuelco y se le cortó la respiración de manera súbita, sus dedos temblaron un poco y se decidió a tomar asiento tan pronto como pudo.
— Eres un grosero de primera con tus invitados, enano — gruñó la menor, girando sobre sí para dedicarle una mirada de desconformidad y acto secundo reír consigo misma, esperando no dar a relucir sus nervios.
El Ackerman ignoró el comentario y tomó lugar junto a la mesa de noche, disponiéndose de un par de zapatos negros y un par de calcetas de uno de los cajones que habría organizado recién llegó a la habitación.
— Ya que te bañaste… Tengo cosas que hacer, acompáñame — instó Hanji, saltando sobre la cama para quedar boca abajo y estirarse a hostigar del azabache.
— No.
— Juro que no tardaremos mucho, alcanzarás a llegar a tiempo al entrenamiento. Por favooor— suplicó, jaloneándole.
7
— ¿Cuál es el puto punto de andar por todos lados?
— Ten algo de paciencia, no es como que sepa cómo encontrarlo — alegó Zoe, casi farfullando.
— ¿Encontrar qué? Cuatro ojos, me voy.
— ¡No! — se estiró la castaña, zarandeándole por el brazo —. Una vuelta más, te lo prometo.
8
— Estuviste increíble como siempre, la clase de hoy no es una excepción — comentó Kirschtein, en un intento de persuadir a la joven azabache a su lado.
Mikasa se limitó a verle de reojo con la cabeza baja, manteniendo uno de sus brazos cruzado por debajo de su pecho mientras tomaba del otro y su mano izquierda se movía inquieta sobre la mesa de cristal.
— Hey… — instó Jean, acercando cuidadosamente su mano hacia la de la Ackerman para tomar de la misma entre la suya con delicadeza en un intento de confortarle —. Confía en mí — le sonrió.
Arlert les admiraba con un gesto lleno de parsimonia y mantenía ambas de sus manos alrededor del acogedor calor que su vaso térmico emanaba, y Marco se limitaba a admirar la pantalla de su celular con atención mientras vagaba entre las líneas de texto.
Las enormes nubes que llegaban atraídas por el viento se habrían amontonado entre sí a lo largo de toda la tarde, formando grises y oscuros cúmulos, tornando el día en algo tranquilo, lúgubre y fresco, amenazando de ratos y no asegurando el que pronto se soltase un diluvio entre las pequeñas y ligeras lloviznas, mismas que habrían hecho terminar al grupo de compañeros bajo la roja y brillante carpa de una de las bancas cerca de la escuela de negocios.
— Solo sugiero que a la próxima nos preparemos mejor… — comenta Bodt, dejando finalmente de lado el aparato —. Como pasó hoy, nunca sabremos qué puede suceder… Por lo que estuve leyendo, fueron apenas pequeños detalles que nos fallaron.
— Detalles que nos costaron la mitad de la evaluación — soltó la Ackerman, arisca.
— Está bien… Es la universidad, apenas vamos comenzando — interfiere Armin, riendo bajo y algo nervioso—, nos estamos adaptando.
— Sí… Armin tiene razón, nos iremos adaptando a las cosas aquí. Hay que tomarlo con calma — secundó Marco Bodt.
— Extraño la preparatoria… En especial cuando iba a Trost — dijo ahora Kirschtein, atrayendo de manera breve la atención e interés de la Ackerman.
Le habría resultado grato recibir aquella reacción por su parte, no obstante, el impaciente y notorio observar de Arlert en dirección al más alto habría sido advertido y habría conseguido inquietar al mismo, para como consecuente admirarle y caer en cuenta de que en realidad se asomaba por detrás de sus hombros.
Kirschtein giró su cuello y su torso hacia sus espaldas sobre su asiento, y a unas mesas de ellos, descubriría entonces a una compañera con la cual los cuatro muchachos en la mesa compartían alguna que otra de sus clases del día.
— ¿No hablabas con ella hace un rato? — cuestionó Jean, provocando un sobresalto en Armin y propiciando al mismo a balbucear.
— Hey, ¡pero si están aquí! — interrumpió repentina y vivaracha la elocuente voz de una joven desconocida en la mesa, siendo recibida entre el desconcierto y la inquietud del pequeño grupo de viejos compañeros conforme la misma se colaba entre ellos acercando una silla de la mesa de al lado, posándose entre Bodt y Arlert.
La castaña habría llegado además acompañada por un hombre de considerable baja estatura y de aspecto mayor, pero el mismo caminaría hacia la pared más cercana, cruzando de brazos, y se mantendría apartado mientras era observado y seguido con sutil recelo por la azabache desde la mesa.
— Me presento… Mi nombre es Hanji Zoe, estudiante de medicina y graduada del área de ciencias de Fritz con honores. Me conocen por logros y aportaciones importantes a la universidad, así que me presto para lo que lleguen a necesitar y si requieren de mi ayuda — manifestó Zoe sin demora —. Si no me equivoco, apuesto a que tú eres… ¿Mikasa Ackerman? — enfatizó, admirando a la misma a los ojos con suma emoción hasta el otro extremo de la mesa.
— Ah, sí… — confirmó Mikasa, desconcertada. Alzó la vista devuelta hacia donde se encontraba el hombre que sentía ya haber visto antes.
El mayor era quien mostraba ahora sutil interés por lo que sucedía alrededor de su alocada amiga de cabellos desaliñados y rotas y chuecas gafas.
— ¡Increíble! — exclamó Zoe, saltando sobre su asiento y metiendo su mano a los bolsos de su chaqueta —. Estuve todo el día buscándote por todos lados, la olvidaste ayer en la librería — le dice, entregándole el plástico que tenía ya rato buscando entre su desesperación —. Perdona los problemas que pude haberte dado — dice, formando una amarga mueca en forma de sonrisa incomoda.
— No, está bien…
— ¡Muchas gracias! — expresó Arlert.
Mikasa volvió su mirada devuelta hacia el hombre de cabellos oscuros, descubriendo la fulminante y afilada mirada del mismo sobre su persona mientras Armin comenzaba a entablar una animada e interesante conversación con la mayor respecto a las actividades dentro del campus.
9
Había sido una pesada y dura noche, tratándose apenas del primer entrenamiento del equipo de football de los freshman.
Arlert y Ackerman habrían ido más temprano a dar la vuelta por el campo y acompañaban a Jean Kirschtein y a Marco Bodt hasta la entrada del área de los jugadores, tomando el momento y la excusa perfecta para esperar y encontrarse con Eren para conversar con él, dejándole agua y aperitivos y avisando que se quedarían a verle entrenar un rato luego de dar por sentado que no le harían cambiar de opinión tan fácil.
La convivencia no terminó de ser del todo agradable para el trío de amigos, siendo que el castaño seguía sin ofrecer disculpas por su comportamiento y su reacción ante lo ocurrido hacia dos días atrás, presentándose poco tratable y algo distante hacia la Ackerman.
Mas no era lo que le tenía preocupado, pues no se habría tomado la molestia siquiera de pensar al respecto o considerarlo.
Se dio por finalizada la sesión del día, los jugadores terminaron por pasar a las duchas y los vestidores, tomaron un baño y dejaron sus uniformes y equipos en sus correspondientes casilleros, finalmente marchándose para prepararse y descansar lo suficiente para volver a lo mismo al día siguiente.
Estarían adaptándose a su nueva rutina.
«Solo algunos de ustedes podrán jugar contra los Titanes la próxima semana, y pocos de los que han entrado he visto que valen la pena», se quedarían las palabras de Shadis en su cabeza.
Todos los años, durante el otoño, los equipos de football se preparan y entrenan a diario para competir con otras universidades durante los juegos semanales de temporada.
Por supuesto, constantemente los entrenadores encuentran manera de alentar y empujar a sus integrantes a darlo todo, a raíz de lo competitivo que puede llegar a resultar tener lugar en el campo durante los shows y lo pesado que los mismos pueden llegar a ser.
Difícil, sí.
Dejando de lado lo escolar, laboral y social: el hecho de tener tiempo para el equipo, mantenerse activo para destacar, mantenerse sano y en forma para no flanquear en la yarda y caer ante la primera embestida…
Por su puesto, sería más complicado para los nuevos hacerse y ganarse un lugar, pero las becas deportivas y el reconocimiento en el campus valían totalmente el esfuerzo.
Muchos sólo entran para terminar quedando de reemplazo de último momento por accidentes y falta de jugadores o terminan quedando en banca durante meses o inclusive hasta más del año, si es que deciden seguir permaneciendo en el equipo para entonces.
Nadie quiere estar en la banca, nadie quiere ocupar ese humillante espacio durante las violentas, divertidas e intensas noches de juego por no ser lo suficientemente bueno entre sus muchos otros compañeros.
Era la única preocupación para Eren Jaeger en el momento, habiéndose dado un respiro fuera, descansando sobre el mismo banco frente al campo mientras mantenía su cabeza gacha y ocupada llena de aquellos pensamientos, secando su húmedo cabello y rostro, visualizándose estando en banca durante algún partido importante de temporada.
Podía sentir la impotencia del momento, no dejaría que eso sucediera.
— Jaeger, ¿a dónde vas esta noche? — cuestionó Braun, acercándose tranquilamente.
— Voy a casa, ya es tarde… — dijo el trigueño, irguiéndose sobre ambas piernas y finalmente enderezando su espalda.
— ¿Necesitas un aventón?
— ¿Podrías dejarme en la estación del metro? Aún creo alcanzar el último — farfulló Eren, recogiendo sus cosas de la yarda.
— ¿Hasta dónde vas? — inquirió Reiner, desconcertado.
— Shinghanshina, María.
— ¡Hey! No hay problema, te llevo hasta allá… Me queda cerca — respondió Braun, entusiasta—. Andando — le alentó, metiendo una palmada contra su espalda y propiciándole a avanzar con él.
El castaño frunció el entrecejo, desconcertado, y sonrió.
En un principio, Eren no comprendió a Braun, puesto que, a diferencia de muchos otros muchachos de Los Demonios, Reiner fue el primero en acercarse a tratarle, inclusive el primero en agradarle y ofrecerle una amistad como tal. Todo se habría dado pronto y de primera instancia aquella primera tarde de entrenamiento en los vestidores mientras quitaban el fango de su calzado, y lo agradecía.
No tardó en darse cuenta, Reiner Braun resultaba ser entonces esa persona extrovertida, amigable y sociable, aquella figura popular que impone respeto y en la que, de tan solo ver, puedes sentir que puedes confiar y seguir como líder sin problema o siquiera cuestionar.
Compartiendo ideas, la iniciativa y sus objetivos, así como hasta la misma carrera y algunas clases dentro de los edificios de su facultad, le resultaba increíble.
«Digno de admirar» habría reconocido Jaeger.
— Ponte cómodo, Jaeger — alegó Reiner, encendiendo el motor y acomodando el tablero del auto para partir.
— Woah — expresó y rio Eren con emoción habiendo sentido el motor, colocándose el cinturón y admirando a detalle la cabina y sus acabados—, tienes un auto increíble.
— ¿Deberíamos probar su capacidad? — sonsacó el mayor, girándose a verle.
— La pregunta es… ¿Por qué no hacerlo? — secundó el trigueño.
Ambos jóvenes se emocionaron, y el muchacho al volante aceleró.
10
— ¡Gracias! Nos vemos mañana — se despidió Eren, ya subiendo la pendiente hacia el pórtico de la casa.
No podía negar que pasó un buen rato de diversión luego del largo viaje, reducido a algo como dos horas en aquella tremenda bestia de coraza rojo brillante. Ahora podía tener sus ideas más claras respecto a lo que buscaría.
Después de todo, consiguió llegar hasta la entrada y se dio paso al recibidor. Se desprendió de su calzado y el par de calcetas, arrastrando los pies, relajándose y disfrutando ante el suave alfombrado del suelo en color carne.
Tan solo era cuestión de caminar algunos metros y subir unos cuantos escalones más, pronto podría llegar a tomar un baño y luego a tirarse a morir en su cama para reposar luego de todo lo ocurrido durante la tarde y los golpes recibidos durante la práctica.
Soltó la mochila sobre el sillón y avanzó hacia la esquina de la sala, encontrándose entonces con el piano de Mikasa posado en el rincón de la misma, paseando sus dedos por la lucida superficie del bastidor y tratando de enfocarse en recordar la última vez que lo habría tocado la azabache, algo difuso.
Sus últimas memorias de ello rozaban quizá los meses.
A pesar del tamaño del mismo, no lograba ocupar demasiado espacio en el salón y conseguía dar una elegante vista a la estadía, además de propiciar cierta tranquilidad.
Tranquilidad que se vería interrumpida por el portazo de la entrada de la cochera a la cocina.
— Eren, ¿quieres hablar? — irrumpió Grisha, recibiendo la alarmada reacción del menor e invitando al mismo a sentarse con él en la isla de la cocina.
¡Qué tal, Meine Leser! Esta vez no saludé porque no tenía nada qué poner, y pues para notas finales, realmente de este capítulo no tengo mucho qué declarar — como si esto fuera el SAT, JA —, más que conceptos básicos, puesto que algunas cosas se darán a entender sobre la marcha.
1: Aula magna. Aula de mayor tamaño e importancia, destinada generalmente a actos o ceremonias oficiales.
2: Rush week. Es la semana en la cual todas las fraternidades y sororidades buscan nuevos integrantes. Es una oportunidad explorar los grupos, conocer a los miembros, y si quieres, inscribirte para integrar. Por lo general, las hermandades admiten a través de actividades o retos que debes cumplir, a partir de ahí, ellos deciden si te quedas o no. Esto se explorará más a fondo luego.
Las respuestas de los reviews de la edición anterior aún estoy decidiendo si agregarlos también, por los cambios, pero quiero que sepan que los aprecio y los quiero muchísimo, aún guardo todo eso con mucho cariño y siempre los consideraré por el tiempo que se dieron para leer y dejarme todo aquello :(.
Ojalá y les haya gustado, creo que eso es todo por hoy... ¡Hasta el próximo capítulo! Carpe diem.
