III. Lazos

1

No tardaban en retirarse del establecimiento.

— ¿Entonces tienes cerca más familia aparte de Kenny? — indaga Zoe, llevando un último bocadillo de su postre hacia sí sin haberle apartado la vista de encima al hombre mayor.

— ¿De qué hablas? — cuestionó Ackerman, no habiéndose dado el tiempo suficiente para analizar la pregunta.

— ¿No la conocías? Pensé que podría ser familiar tuyo —menciona la castaña, encogiéndose de hombros y apartando su platillo hacia un costado.

Hubo un momento de silencio, la situación en cuestión habría dejado el suspenso en la mesa de igual manera para la pareja de amigos que les acompañaban. Finalmente, el aludido pudo relacionarlo con la joven azabache a la que habrían estado persiguiendo por el campus durante la tarde anterior.

— ¿Puedo recoger su mesa? — ofreció el mesero, habiéndose acercado.

— Por supuesto, adelante — reaccionó Nanaba, facilitándole sus vasijas y cubiertos—. ¿Podría traernos la cuenta? Por favor.

Zacharius le disponía ya la tarjeta de crédito.

— Un momento — se retiró el joven con las bandejas.

— En cuanto a Auruo… — retoma Mike, conforme dejaba algunos billetes de propina sobre la mesa —, trata de mantenértelo lo más alejado posible para evitar más problemas, no actúes por tu cuenta o volverán a sancionarte. En todo caso, lo mantendremos vigilado y estaremos pendientes de lo que sea que piense hacer — le dice.

— No-

— Levi, antes de que te niegues — le interrumpió Nanaba, extendiéndole la palma de la mano y tomando aire—, Brossard se ha vuelto un desquiciado, y contigo de vuelta no sabemos qué tan dispuesto puede estar o hasta de lo que es capaz de tratar de hacerte. Ya se hizo un reporte al respecto para que se le pueda dar seguimiento en caso de que sea necesario, deja que sea así.

Zoe les secundó a ambos mayores, asintiendo sutil con su cabeza, y el Ackerman se limitó a cruzarse de brazos y suspirar, chasqueando su lengua, resignado e inconforme al respecto.

— Erd también está de nuestro lado, también tuvo inconvenientes con Auruo el semestre pasado — agrega Nanaba.

— Tch… a la mierda Gin — espetó Levi, obteniendo las impasibles e impacientes reacciones del resto en la mesa.

— Aquí tiene — regresó el muchacho, tendiéndole a Zacharius el recibo y la tarjeta de vuelta—. Vuelvan pronto.

Agradecieron el servicio y se retiraron.

2

Jean Kirschtein regresaba a su habitación sin compañía, Springer aún se encontraba en sus clases cuando recibió su mensaje, y Marco habría quedado de verle durante el entrenamiento de esa misma noche, puesto que se juntaría a conversar con amigos que acababa de hacer de otra carrera.

Periodismo, creía recordar haber escuchado Kirschtein en uno de los tantos vídeos cortos que subió Bodt a sus historias en su cuenta de Instagram, junto a otros tantos chicos en una de las cabinas instaladas junto al estadio universitario.

Si algo podía afirmar sin duda alguna respecto a su mejor amigo desde que la conciencia le daba, era el que podía considerarle toda una mariposa social.

No tardó en encenderse la luz verde de la cerradura de la puerta de su habitación habiendo retirado su tarjeta, anunciándole con el timbre el que se habría desbloqueado y le daba el acceso a la misma.

— ¿Alguien ahí? — consultó el muchacho conforme se daba paso al interior y colgaba sus cosas en los percheros a un costado de la entrada, para como consecuente empezarse a desvestir por el torso.

— Jean — vaciló Arlert, llamando la atención del aludido y propiciando al mismo a voltear y a volver a bajar su camiseta en cuanto se encontró con la mirada de su roomie en compañía de la Ackerman—. Siento por no avisar…

— Oh, no hay problema — rió Jean, nervioso, en un intento de disimular la impresión sin haber apartado la vista y sin saber hacia dónde moverse para terminar cruzándose de brazos y apoyándose contra la pared.

Mikasa mantenía la mirada baja estando sentada al borde de la cama de su mejor amigo, pasando un peine y sacudiendo el dorado cabello del mismo entre sus dedos conforme restos caían sobre sus hombros y barría como podía los mismos con sus manos.

— Ya terminé — anuncia Mikasa, de manera en que Kirschtein pudo apenas percibir el ligero tono de nerviosismo.

Armin se irguió de enseguida para encaminarse hacia el baño, y ambos jóvenes se otearon por un momento antes de que la azabache empezara a limpiar y guardar sus cosas.

Woah, Mikasa, te quedó increíble — alegó Arlert, entre el eco del baño —. Muchas gracias — retribuyó, asomándose contento. No tardó en reparar en que su cabello se encontraba regado alrededor de su cama—. Iré a pedir la escoba y el recogedor con el encargado de piso, vuelvo enseguida.

Un instante a otro bastó para que el menor de los muchachos ya no se encontrara ni a los pies de la puerta, no habiéndole dado ni tiempo de reaccionar a la Ackerman, y resignada, tendría que esperarle.

— Así que… — empezó Kirschtein, queriendo deshacer el silencio y la incomodidad en el ambiente—, ¿qué tal te ha ido…? En… estos primeros días…

No se apartaba del muro.

— Podría decir que bien, ha estado todo muy… tranquilo — vaciló Mikasa, arrugando instintivamente la manga de su blusa entre sus dedos.

Su lenguaje corporal lo hacía evidente.

— Supongo que no has arreglado nada con Eren aún — suspiró Jean, propiciándole a Ackerman un sobresalto.

Sentía que habría cometido alguna imprudencia al mencionar al respecto, siendo que no era algo de su incumbencia o de lo que siquiera debería estar enterado; quería iniciar una conversación con ella y preguntarle un sinfín de cosas, pero no encontraba por dónde empezar o siquiera qué decir.

Por supuesto, le resultaba complicado luego del error que acababa de cometer, su voz simplemente se negaba a volver a salir y la sensación de inconformidad no le dejaba.

— Lo siento, sé que fue algo imprudente — soltó finalmente, dando un corto y pesado resoplido, para entonces apartarse de la pared y caminar a tomar asiento hacia la cama a un costado de la joven azabache.

— No, está bien… Solo fue una pequeña discusión, todo está bien.

— ¿Entonces ya te pidió alguna disculpa? — curioseó Kirschtein, y Ackerman volvió a evadirle.

Eren Jaeger nunca habría sido del tipo de persona que ofrece una disculpa, y por supuesto, como era ya costumbre, lo dejaría pasar.

— Uff, vaya coincidencia que nos haya tocado juntos — agregó el muchacho, intentando romper el hielo —, y que nos toque volver a compartir clases.

La azabache asintió con la cabeza.

— Creí que estudiarías en Sina por todo el asunto de tu padre — comenta Mikasa, ya algo más tranquila.

— Sí, eso… — comenzó Jean, ladeando su rostro algo apenado y riendo al respecto—, haré el college aquí y regresaré a Sina para la universidad. Tan solo serán cuatro años los que estaré aquí en Fritz… Imagino que terminarás la carrera aquí mismo, ¿no es así?

— Es lo más probable — afirmó Ackerman, dando la pauta para el que ambos pudiesen empezar a comentar algunas cosas entre ellos ya con algo más de confianza, al menos hasta que Arlert y Springer se dieron paso dentro de la habitación en medio de la breve plática.

— Jean, vámonos. Se hace tarde para el entrenamiento — farfulló Connie, saludando y andando con prisas, tirando sus cosas sobre su cama y vagando por la habitación en busca de su maleta deportiva con su uniforme.

— ¿Tan pronto? — cuestionó el más alto, tornándose hacia sus espaldas a verle y echando un vistazo sobre su reloj en la muñeca, advirtiendo el que faltaban nueve minutos para la hora y el que tendrían que caminar aproximadamente quince hasta el gimnasio—. Mierda.

Se levantó de golpe, y entonces se volvió hacia la Ackerman.

— Tengo que irme, podríamos platicar mejor y ponernos al corriente… ¿Te parece si salimos más tarde a dar una vuelta? Paso a buscarte…

— Ah… — titubeó Mikasa, girándose a ver a su mejor amigo casi instantáneamente, quien le admiraba sonriendo y encogido de hombros tomando asiento en la cama de enfrente mientras esperaba a que terminasen para poder limpiar —. Veré si estoy libre.

— Iremos a ver el entrenamiento más tarde — comentó Armin casi al mismo tiempo, no considerando pensar su respuesta.

— ¡Jean! — instó Springer, estando a la salida hacia el pasillo.

— Nos vemos ahí mismo luego del entrenamiento entonces, te mando mensaje — aseguró el castaño.

Pronto salió tras los pasos de su amigo.

— Armin — espetó Mikasa.

— ¿Hice mal? — cuestionó Arlert, arrodillándose a juntar el cabello sobre el recogedor con el cepillo —. Lo siento, no pensé antes el que estarías incomoda con Jean

— No es tanto por eso…

— ¿Qué no terminaron bien? — le admiró el garzo, advirtiendo en ella cierto rubor.

Por supuesto, Armin no tenía la suficiente experiencia como para comprender el porqué de la situación entre ambos de sus amigos y los nervios de la Ackerman hacia ello.

3

Desde que subió del campo y abandonó los vestidores del gimnasio para salir del complejo, Braun no habría apartado su atención sobre el par de muchachos a unos metros de él durante los últimos minutos, admirándoles conversar agradable y fluidamente mientras permanecían sentados en la banca junto a algunos otros compañeros, a quienes les daban la espalda.

La interacción entre Historia Reiss y Eren Jaeger habría conseguido intrigar a Braun de alguna manera u otra, y pronto se habría decidido a acercarse a relacionarse para ver qué era lo que sucedía.

Hey… — llegó saludando Reiner, dando una palmada sobre el hombro de Jaeger y propiciando al mismo a saltar sobre sí —. Siento interrumpir, Reiner Braun — se disculpó y presentó hacia la rubia.

— Historia Reiss — le correspondió con una sutil sonrisa, cautivando al mayor.

— Ya el viernes por la noche es la fiesta de bienvenida, ¿asistirán? — consultó Reiner, zarandeando los hombros del trigueño para darse espacio a su lado sobre el asiento, no apartando su vista de la más bajita.

— Eso creo, el sábado tenemos juego, no puedo tomar demasiado o irme tan tarde — comentó Jaeger, resoplando exhausto y advirtiendo el evidente interés de Braun por su compañía.

— No estaba enterada, ¿cómo estará todo? — curioseó Reiss, asomándose tras el castaño.

— Oh-

Jaeger resopló, irguiéndose y marchándose sin trabas, así como llevándose la furtiva atención de ambos jóvenes.

— Sí, adiós — musitó Reiss, entre cierto aire de ironía y molestia.

Detalle que habría desconcertado al más alto.

— ¿Se conocen?

— Estuvimos juntos en la preparatoria un tiempo, es un odioso — aseguró Historia, casi divertida —. ¿Qué hay de ti? No te había visto antes… — le cuestionó, volviendo su interés hacia él.

— Vengo desde Marley, Liberio para ser específico — alegó, algo altanero—, pero estoy viviendo en María por ahora.

— Vaya, aún está algo apartado… ¿No consideraste un apartamento cerca de la universidad o alguna residencia?

— El padre de una amiga tenía comprada una casa en Quinta, así que estamos viviendo ahí entre amigos por ahora… Quizá lo considere luego — revela Braun, admirando las pequeñas y delicadas delgadas manos de la rubia de reojo—. ¿Hacías algo? Creí que las porristas habrían terminado temprano.

— Oh, sí, repartía algunos volantes y me encontré con Eren — alza los últimos dos de la mesa devuelta entre su mano—. Estamos buscando integrantes nuevos.

— Ya… — asintió Reiner de manera afirmativa, suspirando pesadamente—. ¿Te parece si intercambiamos números? Podría pasar a buscarte para la fiesta — le dice, tendiéndole su celular.

Sin mucho problema Reiss accedió, y no tardó en agregar su contacto en el teléfono del muchacho para poder devolvérselo.

— Aún tengo que ver si podré ir… El sábado tenemos presentación, sabes cómo es esto — le replicó Historia, volteando a ver hacia la pantalla de su celular sobre la mesa—, pero si se me da la oportunidad, nos veremos ahí — le sonrió, dándole una sutil caricia sobre el dorso de la mano que mantenía sobre la mesa para luego poder deslizarse a tomar la llamada.

Braun quedó boquiabierto ante su roce.

— Tengo que irme — le avisó, tomando sus cosas y colocándose de pie.

— Puedo acompañarte.

— Vino una amiga por mí, no hay necesidad — le dijo, inclinándose a besar su mejilla —. Hasta luego, Reiner — se apartó, finalmente despidiéndose agitando su mano en el aire conforme se alejaba y se perdía de su vista tras las hojas de los árboles.

La estupefacción le mantuvo distraído al menos durante unos momentos más, le resultaba irreal.

Reiss habría jugado de alguna u otra manera con él, pero aun así habría resultado ganando.

— Mierda — masculló, traqueteando la mesa bajo su mano y advirtiendo el temblar de la misma sin su voluntad, finalmente rió y liberó sus nervios, celebrando internamente mientras apreciaba el contacto de la joven en su pantalla.

4

Zoe seguiría teniendo sus mañanas libres como le era ya familiar según los horarios de su primer semestre, así que habría terminado por optar el ir sin compañía de la mayor al gimnasio, pues la costumbre de hacer ejercicio temprano que tenían ambas jóvenes desde que empezaron a compartir habitación, apenas tres años atrás, se habría visto interrumpida desde que Nanaba tendría que empezar a salir a sus clases desde primeras horas durante su penúltimo semestre.

Resultaba poco motivador el hecho de quedarse sin su compañera ahora también desde temprano.

No obstante, la hora que habría dedicado en el gimnasio a solas le habría dado el suficiente tiempo y concentración para analizar la situación y la propuesta respecto a la actividad que le planteó Arlert hacía apenas unos días.

Los nervios estaban presentes.

No le quedaba demasiado antes de marcharse a la cita que tenía para el desayuno, así que no tardó en regresar a su residencia a tomar un baño y a arreglase para llevarse sus cosas hacia el café en caso de que le diese la hora de clase mientras estaba ahí.

Caminó alrededor de veinte minutos por el complejo hasta poder encontrarse con el lugar, abriéndose paso en el establecimiento e instintivamente dirigiéndose hacia una de las orillas a buscar la mesa, y como siempre, él estaría ahí.

— Buenos días, Erwin… — saludó Zoe, tomando asiento frente a él junto al ventanal del local —. Disculpa la tardanza.

— Buenos días — alzó Smith la mirada, no consiguiendo coincidir con la de Zoe como se habría hecho ya costumbre para él —. No te preocupes… Me adelanté un poco y te pedí un café, espero no haya problema.

— Oh, no, está perfecto — aseguró Hanji, observando y tomando el mismo entre sus manos. Cayendo en cuenta de que su pedido era precisamente lo que siempre ordenaba en el lugar—. Vengo con una propuesta que requiere algo de ayuda para la autorización… Esperaba poder contar contigo para ello.

— Por supuesto, cuéntame — le correspondió, finalmente encontrándose con aquellos trémulos ojos color avellana bajo sus lentes.

5

— ¿Entonces sí te viste con Jean ayer por la noche? — curioseaba Blouse, acercando algo de aperitivos y haciéndose lugar junto a Arlert y Ackerman sobre la alfombra, zarandeando con emoción a la misma a su costado por el hombro contra su brazo mientras el otro se limitaba a reír por lo bajo.

La plática entre el grupo de amigos se habría mantenido en asuntos triviales, de manera en que Blouse esperaba el que la conversación escalase estando ya en aquel punto de la noche si es que esperaban seguir distrayéndole de su serie.

Netflix no resultaba barato para que le estuviesen quitando su valioso tiempo de prueba.

Mikasa apenas apartó la vista de su celular mientras daba otro sorbo a su lata.

— Sólo fue un rato, ya era tarde cuando acabaron — resumió Ackerman, evasiva—. No es la gran cosa…

Por favooor… ¿Entonces qué es lo que sucede con ustedes? No tendrías entonces por qué ponerte nerviosa — señala Sasha, y el menor le secundó en la afirmación.

— Yo… No es por eso — insiste Mikasa, enfrascándose ante la pantalla y suspirando pesadamente ante la espera de una respuesta a sus mensajes.

Ambos se limitaron a mofarse ante la insatisfactoria contestación de la azabache, pero pronto la mirada de Arlert se habría dirigido con desanimo hacia el celular en las piernas de su mejor amiga, estirando su mano con la intención de tomar su celular y apagar la pantalla, atrapando la atención de la misma.

— Mikasa…. Eren no va a responder, ya no lo esperes — le dijo, relajando su mano y finalmente volviendo a apartarse.

— Ahora mismo debe estar en alguna de las fiestas de bienvenida, dudo que esté al pendiente de su celular — agregó Sasha, apoyando a Arlert—. Si no se ha disculpado contigo es por algo, y si piensa hacerlo va a buscarte, después de todo son familia.

«Familia», rebotó en la cabeza de la Ackerman.

Armin simplemente frunció su labio, Eren no le pediría disculpas. Iba a dejarlo así.

El celular de la más alta finalmente sonó, propiciando a la misma dar un salto sobre su lugar para entonces descubrir en la pantalla que precisamente se trataba de un mensaje de Jaeger.

«sabes algo de Eren? No ha llegado a casa»

Carla Jaeger, preguntando por Eren en punto de las dos y cuarto de la madrugada.

Seguido de un «no me contesta»

— Ha… — resopló, rendida.

«Ya vio mis mensajes, le dije que regresara la llamada», compensó a Carla un par de minutos luego para mantenerle tranquila, pero los mensajes no le llegaban y durante los siguientes minutos ni las llamadas entraban al número del muchacho.

— Tampoco conmigo — le dijo Armin, mostrándole su pantalla—. Mañana hay juego, probablemente se quede a dormir en alguna residencia con los del equipo. No hay que preocuparnos demasiado… es Eren.

— Ha de seguir de fiesta, Historia avisó que andaría en alguna y tampoco ha llegado — señaló Sasha, quizá tenía razón.

6

Pasado el rato dejaron todo el asunto de lado y se dispusieron a seguir con la plática y el programa que habían elegido, al menos hasta que en dado momento cayeron rendidos sin darse cuenta.

«¿Sigues ahí? Continuar viendo Regresar» mostraba la pantalla en negro.

Sasha se levantó de costado sobre su brazo, presionando fuerte sus parpados y alzándose de la superficie del suelo para encontrarse con el desastre que habrían hecho durante la madrugada, así como con Arlert dormido al otro extremo de sí.

Tomó asiento y asomó su cabeza por sobre el colchón, descubriendo también ahora a Historia descansar sobre su cama y el reloj digital de su mesa noche marcar las cuatro cincuenta y dos de la mañana.

Giró sobre su cuerpo y buscó a la Ackerman con la mirada entre la oscuridad, el baño y el pasillo de la cocina, pero no se encontraba en la habitación y la puerta se encontraba abierta, instintivamente salió hacia el pasillo a buscar a la joven entre los pisos de la residencia.

Tomaba asiento en el banco a la salida del edificio bajo la fresca brisa, sola.

Se habría dado cuenta de su presencia tan pronto se acercó a donde ella para hacerse espacio a su lado.

— Salí a tomar aire — mencionó Mikasa.

— ¿Quieres hablar? — le consultó Sasha.

Mikasa Ackerman se habría estado guardando demasiadas cosas para sí misma, y la intimidad del momento resultaba haberle dado esa confianza de conversar.

Poco fue lo que Blouse pudo comentar al respecto, pero alzó sus brazos y le rodeó como pudo con los mismos, aún sin obtener correspondencia de primera y dejándole descansar contra su pecho, finalmente sintiendo sus brazos rodearle de a poco y cediendo a su muestra de afecto, terminando por atraparle con fuerza y dejando escapar ligeros sollozos.


¡Qué tal, Meine Leser! Este capítulo resultó relativamente más corto que los otros, aunque no deja de ser igual de importante. Ahora no tengo mucho que comentar realmente, en realidad creo que me da más curiorsidad lo que puedan comentar al respecto el día de hoy... Ojalá les haya gustado, esto es todo por hoy... ¡Hasta el próximo capítulo! Carpe dieeem.

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