V. Parte II
5
No tendría un por qué.
Sin embargo, de haber sido acompañada desde que salió de su clase y de no estar harta de la ya hostigosa rutina de visitar el área de estudio en el subterráneo del SUB, reconsiderando la conversación con su viejo compañero de preparatoria durante el trayecto, se habría evitado el inesperado encuentro con aquel tipo tan extraño que ahora le irritaba por algún motivo.
¿Las incómodas miradas en las cuales no se dignaban a resignarse o someterse?, ¿la violencia extremista hacia Eren durante los entrenamientos? ¿El incomodo semblante inexpresivo de aquel señor bajito?
Ese perfil apenas iluminado y tan ahora sereno no parece querer darle ni una pista de lo que pasa por su mente, tanto que el parecido le desespera. No obstante, aquel ya le ha descubierto.
Su brazo se pasa por encima del asiento a su lado, y su rostro le ladea ligeramente en su dirección ante el sutil chirrido de la butaca a unas cuantas filas tras su espalda. Sutil chirrido que lleva un par de intentos fallidos por parte de la joven desquiciando al mayor, dado el nulo mantenimiento del aposento en los últimos meses debido a las vacaciones de verano.
Ambos se quedan quietos, la pieza continua, y entonces el corazón de la azabache salta, cuando finalmente ha caído en cuenta de que ahora le observa en medio de su silencio.
Es así como lo siente aun estando en el pico de la penumbra de la sala de conciertos, al menos antes de preferir huir del lugar.
6
— Ya por fin se pudo vender el viejo apartamento de Mike...
Introduce Nanaba el tema, cautelosa.
Mike Zacharius habría estado rentándole su viejo apartamento a alguien más durante aquellos últimos cuatro años para poder terminar su carrera, dada la promesa laboral de aumento y ascenso que habría recibido en el trabajo. Sin embargo, el espacio ya resultaba demasiado pequeño teniendo en cuenta que ahora estaba comprometido.
— Conseguimos un apartamento bien ubicado aquí cerca, tiene mucho más espacio y es bastante lindo... — comenta Nanaba, respondiendo a las reacciones de sus amigos y admirando la emoción de Zoe tras tan importante noticia.
Hubo una pequeña pausa, soltó un poco de aire y volvió a hablar.
— Mike y yo lo estuvimos hablando, y nos encantaría que te mudaras con nosotros, Hanji — suelta finalmente, ahora apreciando una visible disconformidad y desánimo por parte de la castaña —. Creemos que podrías sentirte más segura así...
— No, no podría... — irrumpe Zoe casi al instante, algo desconcertada ante la petición de su mejor amiga —, es su hogar... Será — corrige.
El ameno ambiente que habrían conseguido construir tras la fuerte situación de conflicto, regresaba a tornarse a ser algo denso.
Ni la pareja buscaba presionarle o hacerle ver obligada a hacer el cambio, así como Zoe no se sentía cómoda con la idea de meterse en el que sería, a partir de unos meses, el espacio familiar e íntimo de sus amigos.
— También queremos invitar a Levi.
— No lo sé.
No obstante, contrario al actuar que tomaría castaño a un costado suyo respecto a su sentir, el mismo le alienta a atreverse a hacerlo. Berner, más que nadie, sentía tener su deber en ayudarles a convencerle.
— Hanji, conocemos tu posición ahora mismo, no tienes por qué preocuparte al respecto — interviene Mike, tomando de la mano de su prometida entre ambas de sus manos. Entonces un nudo se forma en la garganta de Zoe —. Nosotros nos ocuparemos de eso, lo importante es que puedas seguir y enfocarte. Estás a casi nada de terminar la universidad y has hecho de todo para llegar hasta aquí. No es momento para echarte hacía atrás.
— Podría ser lo mejor para ustedes — agrega Nanaba.
Un mal dúo de mal tercio con los prometidos, ¿qué confianzas se hacían?
— Lo pensaré...
Decidió sería su respuesta, no terminando de rechazarles, pero tampoco haciéndoles falsas promesas.
—Haremos el cambio aproximadamente a finales de octubre, apenas para alcanzar fechas de Thanksgiving — detalla Nanaba, algo más tranquila —. No hay prisa aún, si es lo que te preocupa. Nos dará el tiempo suficiente para convencer a Levi.
Sus manos se enlazaban con cariño y sumo cuidado sobre la mesa al centro de aquel pequeño espacio de biblioteca del que se habrían adueñado, y los ojos de Moblit Berner apreciaban el íntimo momento entre amigas que, de alguna manera, le hacía sentir mayor seguridad respecto a la actual situación.
7
Concert Hall
— Ya no hay más lugares disponibles para la orquesta, pero... estos son nuestros días y horarios de práctica, en caso de que gustes acercarte al director de orquesta a conversarlo en cuanto regrese o en caso de que se abra una vacante... — comenta el muchacho, entregándole un llamativo tríptico —. Igual el espacio está siempre abierto para quien guste practicar en solo.
Nuevamente, tan solo confirmaba que sus horarios se cruzaban con sus intereses.
No hace demasiado ruido, pero agradece al mismo y observa por última vez a la orquesta conforme toman su lugar en el escenario, girando con cuidado sobre sí entre las bajas luces para luego dar cara y subir devuelta hacia las puertas del aposento. No contando con que volvería a encontrarse de frente con aquel hombre de cabellos negros.
Esta vez no hace nada por quedarse callada.
— ¿Está bien... Hanji?
— Está mejor — le responde, algo desconcertado.
Se viene el silencio entre ellos, acompañado de los rechinidos y golpes de los asientos e instrumentos sobre el escenario. No hay más palabras, y el mayor le adelanta el paso, dándole la espalda conforme avanza los escalones. Sin embargo, no le ha sido suficiente.
— ¿Te conozco de algún lado?
Ambas piernas se plantan sobre su posición, y entonces su torso se gira ligeramente hacia su persona. Ha encontrado el sentido a las miradas entre ambos.
— No tengo idea — se limita Levi, afilando sus ojos a la joven frente suyo. Indagar en la vida de otros no es de su interés, pero no sabe en qué momento fue que la menor lo ameritó, y la cuestión en sí escapó de sus labios—. ¿Qué hay de Eren?
— Es mi hermano — le revela Mikasa, limitándose de igual manera para evitar quejarse de la constante situación a la que este se ve sometido por el capitán.
No obstante, sin darse cuenta, la expresión de molestia ahí está.
— Entonces deberían dejar de discutir. Se está esforzando, Jaeger — espeta el capitán, no apartándole la vista —. Es un buen jugador, déjalo crecer y tomar su propio camino.
Es ahí cuando da al clavo.
— Ya está lista la cena — anuncia Blouse con alegría, paseándose hacia el área de la habitación con un par de platillos en mano hasta tomar su lugar junto a la Ackerman frente al televisor.
La joven recibe el plato sin siquiera reparar en su alrededor, aún inmiscuida en la discusión de no muchas horas atrás.
— ¿Qué te tiene tan de malas? — cuestiona Sasha, terminando de instalarse —. ¿Hoy no irás al entrenamiento?
La cabeza azabache refuta agitándose sutilmente de un lado a otro, silenciosa.
— Quería que las dos probaran mis recetas, son para la Feria de Gastronomía — dice Sasha, buscando sus apuntes tras de ella —, pero Historia casi ni está aquí...
Ciertamente no solían ver demasiado a Historia Reiss por la residencia. Por lo general comía fuera, y llegaba siempre con algún aperitivo o bebida de sus salidas, pues llegaba más que nada para tomarse un baño y dormir, si es que le apetecía quedarse ahí dada la noche. Malo que no desocupara la cama individual para alguna de sus compañeras.
— Por fin conseguí trabajo — le cuenta Blouse, entusiasmada —. Quería estar en la cocina, pero ya no había vacantes. Pero la próxima semana empiezo de mesera en un restaurante aquí cerca. Están contratando más gente, por si quieres... ¡Podríamos irnos juntas!
Empezaba a considerar que no debería haber faltado al entrenamiento de esa noche tan solo por los comentarios de ese hombre. No por su compañera o porque no quisiera estar ahí, sino por lo que implicaba haber tomado aquella decisión.
— No creo poder… tengo horarios quebrados. No tendría tiempo para ello.
Sería además como una "traición" a Carla.
8
— Frieda no se ve muy contenta de que ande por aquí — alega Langnar con burla, cuidando de sus alrededores de reojo.
— Te lo dije — le contesta Reiss, pronto rodeada por el brazo de la más alta.
El constante roce entre ambas mayores durante la noche de ensayo habría dejado más que en claro la posición de ambas al respecto.
— Vamos a cenar algo.
— He estado sudando... prefiero ir a mi cuarto a bañarme y arreglarme primero.
— ¡Así estás perfecta! Vamos — insiste Ymir, jalándole consigo mientras la molesta —. Me seguirías gustando, aunque fueras una apestosa.
El comentario habría sacado, desde la perspectiva de Langnar, una divertida expresión en el rostro de Historia Reiss.
— No tengo mucha hambre… ¿Está bien si solo vamos por alguna bebida? — sugiere Historia, ya resignada —. A dos cuadras de aquí está mi lugar favorito.
— No tienes ni por qué preguntar, por mí lo que quieras.
— Oh, no, yo pago esta vez.
Esta vez se detuvo, enfrentándole.
— No volveremos a discutir de esto... — replica Ymir.
— ¿Cuántas veces tengo que decirte que no es necesario? Déjame hacerlo de vez en cuando. No lo siento justo, Ymir — se queja Reiss, finalmente dándole la seriedad que busca transmitir a la mayor, consiguiendo que esta cayera en cuenta de la situación.
A veces deseaba no haberse abierto tanto hacia Historia respecto a sus asuntos personales, pero también entendía su deber en escucharle y atender a sus quejas. No solo por su relación, sino también por su persona.
— Está bien — cede Ymir, disipando la culpa en su sentir —. Ya que insistes... — remata, intentando ocultar el ligero tono de burla hacia sí misma —. ¿Es mi impresión o últimamente te irrito demás?
— A veces me haces querer odiarte — refunfuña Historia, también riendo entre dientes.
— ¿Tanto así? No creo estar haciendo algo mal — se encoge de hombros, no tomando la culpa.
— Qué arrogante — replica Reiss, ya soltando la risa.
Ambas se balancean entonces entre sus brazos, y finalmente ceden a unir sus labios entre las risas, terminando con pequeños y dulces besos conforme ambas se admiran de cerca, sonriendo entre total placidez.
Un tanto escondidas de las posibles miradas curiosas.
— Nunca me cansaré de decirte lo hermosa que eres — le agarra a besos el rostro, así como acaricia sus risueñas mejillas en el acto —. Ten por seguro que haría todo por ti, no importa cuánto ni cómo — le susurra al oído, plantándole un último beso en la sien —. Apestosa.
Rieron abrazadas.
— Vamos — le jaló Historia de la mano, visiblemente contenta.
No perdería nunca de vista aquellos hermosos y brillantes ojos azules, mucho menos a la persona que ahora le hacía feliz.
— ¿Por qué?
— Creí verla el otro día en la audición — mintió Ymir, divagante, jugueteando con el sorbete—, estuvimos en la misma preparatoria hace como un par de años... Se me hizo raro verla acá.
Finalmente disfrutaban ambas de un par de bebidas en la pequeña mesa tras el ventanal del local favorito de Historia Reiss, apenas a un par de cuadras de la universidad a las afueras de Erdia.
— Me iba a mudar con Frieda a inicios del semestre, pero hubo cambio de planes por asuntos con Rod... — dice Historia, denotando cierto desánimo y disconformidad —. Además, creo que está empezando a considerar irse a vivir con su pareja...
Sus ideas conectaron tan solo en un parpadear tan pronto pudo encontrar las excusas perfectas.
— Puedes venirte a vivir conmigo — sugiere Ymir.
— ¿Enserio? — reaccionó Historia, así como sus ojos brillaron con emoción.
— ¡Por supuesto! Además, estarías más cerca de Holstwood, no tienes por qué estar batallando con moverte kilómetros desde la residencia solo para tus clases.
— En ese caso, eres tú quien debería mudarse más cerca — suelta Reiss, riendo sutil ante la situación compartida con la pecosa —. Pensaré al respecto... Quería tener la experiencia de las residencias al menos el primer año para estar en los edificios de Fritz y Holstwood con más gente, pero siento que disfrutaría más un espacio propio.
Langnar sonríe para sus adentros, casi triunfante.
— Otra era esperar a quedar en la casa de la Sigma Beta Xi para no resentir tanto el cambio-
Pronto la disconformidad abatió la expresión en el rostro de Ymir Langnar ante la mención de la casa, dándole un amargo toque al trago que acababa de pasar. Cosa que Historia no pudo dejar pasar por alto, de manera en que pronto cayó en cuenta de lo que había dicho.
La incomodidad se hizo parte del ambiente, ya no había más alegría por parte de la mayor.
— La sorority, ¿huh?
¿Qué tal, Meine Leser? Sinceramente, estas dos partes del capítulo cinco han sido pequeñas y muy breves, no les mentiré, me costó muchísimo sacarlo adelante con los borradores y la nueva estructura. Mi idea era actualizar con no más de tres semanas de diferencia con el capítulo cuatro, pero entre tantas cosas ya no me fue posible.
Siento que a diferencia de cuando inicié Red Rover, mis tiempos y formas de trabajo saltaron de un extremo a otro. Imagino que aún puede haber a quien le haya tocado algo de esos cambios en estos cinco años, porque sí, ya el próximo mes van a ser cinco años de su publicación, y seis y medio-siete desde que lo empecé a escribir.
Aquí sigo, ya en esta etapa de la vida adulta en la que empecé a trabajar, y a punto de saltar a la próxima etapa más importante de mi vida en los próximos seis meses, tratando de concluir este compromiso personal que me tengo respecto a escribir y concluir algunos proyectos de fanfiction, y todo se siente muy raro, jaja. Ya tengo un poco más de tiempo libre, y pude continuar luego de unas malas rachas con mi laptop.
Siento que he repetido esto ya muchas veces, entre tantos cambios, y aún si ya no hay gente por ahí, ojalá lo disfruten. Carpe Diem, ¡nos leemos en la próxima actualización!
