IX. Anticuado

1

Habiéndose reincorporado, se encontró sola y sentada en la misma silla en medio de la oscuridad.

Los instrumentos eran arrastrados con mucho cuidado por los muchachos que se movían de sus asientos al frente de la sala, no dejando de hacer ruido en el acto, para finalmente dirigirse tras los bastidores.

Habría sido como cualquier otro día, dando la vuelta a quedarse un rato a disfrutar de la música instrumental en el Concert Hall, entre aquellos pequeños espacios libres que se daba cuando le era posible entre clases. No obstante, en esta ocasión, habría tenido la oportunidad de quedarse la presentación completa dada la suspensión de varios de sus módulos y, además, el hombre que siempre le acompañaba, a lo lejos y en silencio, no habría llegado ese día.

Tragó en seco, desistiendo al haber admirado la hora en la pantalla de su celular, para darse cuenta de que seguía siendo temprano. El ambiente era pesado, y las piezas que habrían tocado los muchachos le habrían dejado un sabor amargo.

Quizá agridulce, un tanto melancólico.

No dudó ni tardó en tomar sus cosas ni un segundo más, y pronto se dirigió hasta la cafetería central del Student Union Building, para finalmente darse la oportunidad de conseguir algún aperitivo, y darle el seguimiento a algunos de sus proyectos.

Sin embargo, tanta era ya la curiosidad que habría contenido respecto al tema desde la última vez que lo habría intentado, que finalmente sus trabajos pasaron a segundo plano.

«Ackerman» era al menos la palabra clave de la investigación en marcha. Un par de intentos fallidos a través de las redes sociales, artículos de interés, y filtros en las redes de la universidad, incluso la preparatoria, y un par de titulares de noticias con posible información relevante que le llevaban a páginas con errores y ya no disponibles en la web.

— ¿Aún no desistes?

Le hace saltar y cerrar su portátil, girándose sobre su espalda y permitiéndose encararle casi al instante, lo suficientemente agitada como para mencionar algo en su momento. Sería la segunda ocasión en que le atraparía.

Agh, Hanji... — masculló Mikasa, un tanto avergonzada.

— No te preocupes... — se burla Zoe, tomando asiento a un lado suyo mientras la joven vuelve a abrir su computador —. Es un viejo anticuado, no lo vas a encontrar en ningún lado. También lo intenté en su tiempo, creí que me mentía y no quería que lo encontrara, pero realmente no le sabe ni le interesan esas cosas.

Se encogió de hombros.

— ¿Viejo?, ¿cuántos años tiene? — cuestionó la Ackerman, finalmente dejando un poco de lado el penoso momento por el cual acababa de pasar. Una vez más.

Veinti... — se detuvo Zoe, haciendo las cuentas —, cinco... Él es del noventaiuno, veintiséis en diciembre.

La expresión en el rostro de la joven confundió un poco a la mayor.

— Sé que no hubo oportunidad de que conocieras un poco más de todos la semana pasada o la última vez, pero la mayoría ya son mayores. Levi es solo el segundo de ellos — señaló entonces Hanji con un ligero tono de ironía —. Siempre tenemos salidas, puedes unírtenos cuando gustes.

— ¿No vino hoy?

— Salió de la ciudad por un par de días, ¿por qué? — cuestionó entonces Zoe, curiosa.

La joven entonces lo notó, irguió su espalda y en su laptop regresó a las ventanas donde tenía el proceso de sus trabajos.

— Estoy haciendo algunos proyectos para negocios y tengo algunos exámenes pronto, estaba considerando la posibilidad de pedirle algo de apoyo... — apretó sus labios y reacomodó algunos de sus cabellos, evitándole un poco la mirada a la mayor mientras de desplazaba entre las hojas del archivo.

— Oh, ya... — pausó la castaña, buscando entonces su teléfono entre sus bolsillos —. No sé exactamente cuándo regrese, pero no creo que le moleste demasiado si te doy su número, y así puedan verlo con tiempo.

— Oh, ¿enserio?

— ¡Claro! Aunque no parezca, Levi no tiene problema en enseñar o ayudar si puede hacerlo — le revelaba, nada de malicia se asomaba entre sus palabras —. Si no me equivoco, el sábado ya debe estar aquí por el inicio de temporada...

Pronto le estiró el brazo, compartiéndole el contacto de su mejor amigo, y la joven no titubeó en registrarlo y guardarlo en el suyo.

— Gracias...

— Por nada — le sonrió Hanji, guardando sus pertenencias para entonces despedirse cuanto antes —. Tengo clase, ¡nos vemos!

Tan pronto como la mujer de anteojos se apartó de la mesa, Mikasa Ackerman no dudó ni un segundo en contactar a aquel hombre de baja estatura.

Aún tenía bastantes inquietudes al respecto, y no fue hasta que empezó a cuestionarse sola y que se arrepintió de no haberle preguntado, que cayó en cuenta de que Hanji Zoe tampoco habría hecho comentario alguno del tema.

¿Se le habría ido por las prisas o simplemente lo dejó pasar por alto?

El logo del reloj marcando pendiente tenía ya un buen rato a la orilla del mensaje, y habría conseguido hacerle perder un poco la paciencia.

«Es un viejo anticuado» se le vino a la cabeza una vez más, en cuanto pudo recordar haberle visto andar con un viejo teléfono plegable en la mano.

Volvió a levantar su celular de la mesa, y entonces se dirigió hasta la aplicación por defecto de mensajería, dándose el tiempo para encontrar su contacto entre las opciones y volver a redactar los mensajes.

2

Sábado 9 de septiembre

Los quejidos de frustración no dejaban de ser parte de la conversación entre ambas de las jóvenes, dada la incesante discusión.

— No lo sé...

— ¡Mikasa! Están juntos casi todo el día, todos los días, han estado saliendo, ¡incluso ya hasta se besan! — recalcaba Blouse, no terminando de contener su emoción. Así como no dejaba de desconcertarle las tantas vueltas que su compañera de habitación le daba a la situación —. ¿Beso de suerte para el juego?, ¡¿qué fue eso?!

En parte tenía la razón, y en parte no la tenía. Al igual que había sido vergonzoso, porque en realidad fueron palabras que salieron de Jean Kirschtein.

— Sigue siendo muy pronto...

— ¿No ha sido suficiente haberlo querido intentar ya varias veces? ¡Es el momento! ¿Están o no en algo?

— No hemos formalizado nada — reitera la Ackerman, queriendo dar fin al tema. Echando un vistazo a los mensajes que recién caían en su bandeja de entrada, dándole aquella tan esperada respuesta —. Es lo que sé, seguimos... viendo.

— No lo entiendo.

— ¿Lo tuyo con Nicolo? — le cuestiona Mikasa, buscando probar su punto.

— Nosotros apenas nos conocemos, es distinto. Ustedes ya han salido antes — replica Sasha Blouse, admirando igual sus mensajes de reojo —. No es por Levi, ¿o sí? ¿Qué has estado haciendo? ¡Mikasa!

Mikasa no le responde, escondiendo su rostro burlón en un resoplido hasta que discuten entre risas y la mayor intenta quitarle el teléfono. Al menos hasta que advierten que la puerta es azotada de manera brusca e inesperada, dando paso a Historia Reiss en la habitación, quien termina por caer sentada y rendida en su cama.

— ¿Qué tal el juego? — le pregunta Blouse.

— Abrieron bien, pero terminó en empate. Aunque va a nuestro favor — revelaba Historia las buenas noticias, sin embargo, empleando un tono de voz un tanto monótono. Revelándole a la azabache a su vez, igualmente un poco respecto a la posición de Eren en el juego —. ¿Por qué no fuiste a verlo ahora?

Era de esperar, pero la pregunta le cayó un poco de sorpresa.

Mas que el pasmo por lo raro que resultaba para ambas jóvenes el que su roomie les hiciera compañía en la habitación en plena noche de juego y a esas horas, Mikasa Ackerman podía advertirle un tanto ansiosa al celular. Reiss mordisqueaba un poco su labio inferior, así como divagaba entre los mensajes de texto con prisas, jugueteando un poco tanto con sus manos como su cabello mientras mantenía gacha la mirada.

— Estuvimos ahí, pero solo fue un rato — reveló la azabache, haciendo pausas mientras fijaba su atención en la muchacha —. Se vuelve aburrido luego de un rato...

3

— Sal con cualquier otra persona, ¿por qué Jean? Es un imbécil — espetó el castaño.

Aún podía recordar a Eren decir aquello en alguna ocasión.

Hablando con más precisión respecto a aquel tiempo en que el muchacho salía con Historia Reiss, aproximadamente unos tres años atrás. Tiempos en que los choques entre ambos muchachos eran todavía más fuertes que la actualidad.

La azabache nunca llegó a tener problemas con ello, y podría incluso presumir que, desde antes de que se diera la relación de estos dos, ya había comunicación y una potencial amistad entre ellas. Sin embargo, el problema real era que la joven Reiss no terminaba de ser del agrado de los padres de los muchachos.

Problemas políticos entre Grisha y la familia de esta.

— Eren, es un buen muchacho, ¿cuál es el problema? — le regañaba Carla, luego de traer a la joven a casa y de la tímida presentación de Kirschtein un rato atrás esa misma tarde, en un intento por acercarse más a la familia de los Jaeger, abriéndose de a poco el paso para pedir formalmente permiso de salir con ella—. Quien debería de-

— ¡No lo es! No te dejes engañar — replicaba Eren, lleno de aquel ímpetu que en su adolescencia cargaba —. No permitas que vuelva a acercarse de nuevo aquí o yo me encargaré de eso. ¿Quién mierda se cree que es?

— ¡Eren!

— ¡Mamá! Solo se hace el buen tipo porque quiere con Mikasa, ¡pero me hace todos los días un infierno!

Carla entonces frunce el entrecejo, dedicándole una mirada de inquietud a Mikasa, y ambas se burlan en un resoplido.

— Tu papá tampoco está muy contento con la novia que tienes — soltó entonces Carla, y las mejillas del muchacho ardieron entre una carga de vergüenza y coraje —. Quizá si...

— Ese no es mi problema, que lo arregle él.

— Entonces lo mismo aplica con Mikasa, si nadie te impone a ti lo que puedes o no hacer, mucho menos lo haremos con ella. Haz las paces con el muchacho este... Kirschtein, y se acabó.

— ¡Mamá!

4

Lunes 11 de septiembre

Los cuidadosos y ligeros golpes en el cristal de la puerta llamaron la atención en la aislada sala de estudio, recibiendo la curiosa mirada de los asistentes y propiciando entonces al muchacho a finalmente entreabrir la puerta y asomar su rostro para cuestionar al respecto.

— ¿No está con ustedes? — preguntó Hoover, aun siendo testigo y siendo la respuesta algo más que obvia desde antes de atreverse a hacer la pregunta.

— No, se fue desde hace rato... — le revela Arlert, un tanto desconcertado.

— Oh, no me avisó...

Bertholdt Hoover respiró profundo y giró la cabeza hacia sus lados por un momento antes de decidirse a hacer algo más.

Ciertamente le habría desanimado un poco, siendo de las pocas cosas que realmente tiene oportunidad de disfrutar en su día, como lo es recoger a Leonhart de sus clases para regresar juntos a casa, y ella ni siquiera se habría tomado la molestia de avisarle con algo de tiempo.

— Muchas gracias de todas maneras… — se despidió cabizbajo, finalmente acomodando la puerta y retirándose.

Armin entonces suspiró con algo de nervios y volvió su atención hacia ambos azabaches.

— Entonces... Su historial académico es amplio al parecer, ¿en qué escuelas estudió antes de Fritz? — retomó Armin, oteando de reojo a la muchacha al otro extremo de la mesa.

El hombre no hablaba realmente mucho de no ser de su interés, pero por fin habrían conseguido que revelara un poco más de información personal.

— Me gradué en Mitras — reveló Levi Ackerman, recapitulando un poco antes de hablar —. Karanese, Ermich, Orvud... Trost, Yarckel... fueron algunas de ellas. Por lo general cerca de la capital.

La joven contuvo entonces un poco la respiración, así como la emoción de que posible y finalmente habrían conseguido confirmarlo.

— Oh, ¿en verdad estuvo en Trost? Pero está a casi dos horas de aquí... — cuestionó entonces Armin Arlert, llamando la atención de ambos —. Nosotros nos graduamos en Trost. ¿En qué año estuvo ahí?

— No lo recuerdo... pero si no me equivoco, alrededor de dos mi nueve o dos mil diez. Solo estuve un semestre ahí — reveló el hombre, intentando recordar un poco más a detalle —, de ahí fui transferido a Mitras para los últimos dos años de preparatoria.

— ¿Talento deportivo?

— Precisamente — confirma el Ackerman, suspirando en cuanto cae en cuenta que se acerca la hora de entrenamiento, dada la hora en su reloj. Hace entonces espacio entre la silla y la mesa, irguiéndose y tomando finalmente sus cosas —. Es momento de retirarme.

Armin cuestiona rápidamente a la azabache con un gesto, pero Mikasa le refuta agitando sutilmente la cabeza, señalando que prefiere quedarse ahí con él.

— ¿Podemos buscarlo si tenemos cualquier otra duda?

Le intervino el joven justo antes de que pudiese marcharse.

— Resulta que no son un par de mocosos fastidiosos y entienden rápido… No tendría problema en seguir asesorándolos. Un mensaje con anticipación es suficiente — accedió Levi Ackerman, finalmente haciéndose camino hacia la salida —. Los veo otro día.

— ¡Gracias! Hasta luego — expresó Arlert, esperando ambos al momento en que el mayor estuviese apartado.

— Te lo dije.

— Las fechas siguen sin coincidir del todo — objetó Armin.

— No, no va a la par. Está desfasado por algunos años, es posible — respondió entonces Mikasa.

— Entonces quiere decir que para ese entonces estaba casi entrando en sus veintes — señala el muchacho, aún desconcertado —. ¿A qué quieres llegar con eso? ¿Pasó algo que no me hayas contado? Insistes en el tema desde que saliste con el grupo de Hanji.

— No quería llegar a nada, solo... Ya tenemos lo que necesitábamos, solo quería saber — farfulla Mikasa, no muy convencida ni de sus propias palabras.

Armin Arlert le observa entonces, frunciendo el entrecejo. Simplemente tampoco lo termina de entender.