XII. Culpa

1

Una breve parada después de exámenes

Solamente habrían llegado a pasar por algunas de las pertenencias del muchacho a casa de los Kirschtein, no tardarían demasiado.

Sin embargo, habrían ignorado la mayoría de las alertas.

Habría hecho lo necesario por detener aquel momento cuanto le fuera posible, perdido en aquellos lindos y grandes ojos grises que penetraban su mirada, robándole un irremediable suspiro.

— Jean, por favor... — suplica Mikasa Ackerman, controlando su agitada respiración. Sintiendo sus mejillas y cuerpo arder conforme cuidadosamente le toma y presiona entre sus piernas.

El muchacho le admira, algo ido.

— ¿Lo hago otra vez? — le consulta Jean Kirschtein, asintiendo la joven con sutileza entre el incesante roce. Sin desistir a la fricción, no tarda en volver a posicionarse para empujar sus caderas devuelta entre sus piernas.

Sus brazos se aferraron alrededor de los hombros del más alto, ambos frunciendo sus entrecejos y abriendo sus labios, vacilando en unir los mismos en un beso entre los bufidos e inevitables gemidos.

Mikasa Ackerman deja entonces su cabeza caer hacia atrás y se aferra a los brazos del muchacho, permitiéndose el más alto entonces erguir un poco su espalda conforme le alza un poco más por los muslos, meneando y empujando sus caderas hacia el enfrente una y otra vez más con ahínco tras cada estocada.

No tardó en volver a inclinarse hacia el rostro de la joven, quien volvió a rodearle por el cuello, tomando ambos un poco más de impulso al mover sus caderas contra las del otro. Ambos refunfuñando con fervor, escondiendo sus rostros en el cuello del otro.

— Ugh, ahí...

Sus manos entonces resbalan un poco, y se aferran por las uñas a su nuca y hombro en cuanto vuelve a apretar sus caderas contra las suyas, pero sus dedos titubean al querer clavarse contra su piel canela.

— Hazlo...

Le permitió el muchacho, igualmente desesperado.

— Jean... — imploraba a su oído con voz dulce y agitada, arrastrando sus uñas contra su piel entre gemidos —. ¡Jean!

2

Una excusa

Controló su agitada respiración y relajó su cuerpo cuanto le fue posible, y entonces se plantó frente a la puerta de la sala de estudio, desconcertada.

Jean Kirschtein habría alcanzado a llegar a tiempo a clase para su fortuna, pero la joven azabache no habría corrido con la misma suerte. Por tanto, perdió la oportunidad de acceder, y tan pronto como pudo recordar, tenía ya un compromiso previo a la misma. Cuestión misma por la cual hizo cuanto pudo por llegar a las salas de estudio cuanto antes.

Contrario de lo que habría pensado, el hombre aún se encontraba ahí.

Estaba en la misma silla de siempre a la izquierda de la habitación, cruzado tanto de brazos como de piernas y, aparentemente, tomaba una siesta.

Ciertamente podría encontrarse culpable al respecto.

Hizo el intento por inmiscuirse a la sala con la mayor cautela posible, pero las bisagras de la pesada puerta de cristal le habrían jugado la contra al momento de abrirse paso hacia el interior, y el mayor no habría tardado ni un segundo en reaccionar.

— Ah, mocosa... Creí que ya no vendrías — soltó el hombre, dirigiendo su vista hacia la susodicha, quien se acercaba hacia donde él, excepcionalmente tímida, tirando sutilmente de las mangas de un suéter que nunca antes le habría visto usar.

— Sólo fue...

Sabía que se había excedido demasiado en los tiempos como para justificarlo decentemente.

— Me quedé dormida — mintió Mikasa Ackerman, acomodando sutilmente los húmedos cabellos que caían por su rostro tras su oreja, conforme se movía al otro extremo de la sala a tomar su asiento al lado del hombre, respingando por lo bajo con algo de fastidio.

No tendría ni por qué haberse excusado.

— Debiste avisar antes. Tienes clase, ¿no?

— Empezó hace rato, la voy a saltar por hoy — respondió la joven en un suspiro, y alzó su rostro en dirección al mayor, un tanto vacilante. Podría quizá hasta decir que nerviosa, y un tanto preocupada desde que entró en el perímetro del hombre.

Mas no sabe identificar a qué se debe en el momento.

— ¿Aún tienes algo pendiente?

— Voy al corriente con el temario, pero... abríamos nuevo tema hoy. Quizá deba repasarlo estos días.

Oh, seguirían viéndose.

Levi entonces echa su cabeza hacia atrás y respira profundo, cruzándose nuevamente de brazos.

— ¿Algo en especial? — le cuestiona.

— Es algo más extenso, va a requerir más investigación que nada — señala Mikasa, revisando el programa —. Debo empezar por pedir algunos libros para acompañar el tema tras las clases y traerlos...

— ¿Estarás dando vueltas hasta allá para pedir libros? — cuestionó Levi.

La joven no le veía lo malo, y le admiraba con desconcierto.

— Solo cambiemos las asesorías a la biblioteca, no lo compliques. Lo que necesites lo tendrás a la mano.

Lo piensa por un momento, y entonces asiente sutilmente.

El silencio que les acompañó tras aquella breve conversación se asentó pesado en el ambiente. Podía advertirse a ambos un tanto aburridos y fastidiados.

Ya le habría tomado suficiente esfuerzo recorrer medio campus, entre que caminó por la facultad acompañando al muchacho y corrió al sótano del Student Union Building a buscar al hombre que injustificadamente habría dejado plantado, como para dejar todo hasta ahí.

Cinco minutos no le eran suficientes, pero aun así podía advertir que el mayor parecía tener en mente marcharse en cuanto detectó que su mirada se asomaba al pasillo tras la puerta.

— Creo que te interrumpí el sueño... ¿piensas irte a dormir? — cuestionó Mikasa.

— No lo creo. ¿Ya te vas?

La menor lo pensó un par de veces antes de responder, pero sintió que no le quedaba nada más que hacer.

— Ya no tengo clases por hoy, ¿quieres hacer algo? — salió decir de sí de un momento a otro, y entonces sintió pánico cuando el silencio volvió a hacerse pesado.

Sin embargo, Levi Ackerman ya le admiraba con algo de interés.

— ¿O tienes algún compromiso? — quiso recuperar Mikasa.

El azabache frunce el entrecejo y lo piensa por un momento, un tanto desconcertado.

— ¿Tienes pensado algo?

3

Facultad de Ingeniería, Ciencias y Arquitectura

«en el estacionamiento en una hora y media» recibió Ymir Langnar, maldiciendo entre dientes. Habría tenido un día un tanto solitario, pesado y aburrido. Tanto que parecía no querer ponerse interesante.

Al menos hasta que se encontró de frente con Bertholdt Hoover, quien andaba cabizbajo por el pasillo.

Su mirada entonces se encontró accidentalmente con la de la mayor, quien ya le seguía con la propia, y lo primero que pudo hacer fue girar rápidamente sobre sus talones y empezar a andar en dirección contraria, desconcertando a la trigueña.

— Hey... ¡ey!

Sus pasos eran largos, pero lentos dado su altura. No le tomó demasiado poder alcanzarlo, y en cuanto pudo, le rodeó por los hombros con el brazo derecho y le jaló hacia ella entre un poco de ajetreo dada la resistencia del más alto.

— ¡Ah!

— ¿Por qué huyes?

El menor caminaba a su par, aún agachado y en silencio, por lo menos hasta donde finalizó el pasillo, cuando la mayor finalmente le obligó a detenerse con ella y se giró a verle, advirtiendo entonces el abatimiento en su rostro.

— ¿Qué pasó? — cuestionó Ymir, ciertamente inquietada.


Hallo, Meine Leser. Sé que estos capítulos están algo cortos a lo que debería ser normalmente, no me justifico, terminé sacando, metiendo y cambiando detalles de último momento porque al final no me terminaron de gustar. Sin embargo, siento que este tipo de capítulos se van más por la cuestión temática y complementaria que por longitud. No dejan de ser importantes. Eso sí, es la calma antes de la tormenta, queda un capítulo del segundo arco, Aussehen, y se vienen los capítulos pesados de Wer wir sind. Espero los disfruten ;).

Por cierto, ¡feliz año nuevoo! Ya saltamos año otra vez, pero las correcciones han agarrado forma en estos meses. No nos dejamos de leer, carpe diem!