Castillo de Hyrule
-Aun no llega...- suspiró la Princesa , marcando con una cruz el día número 50. Pero mañana será otro día.
Inútilmente le esperaba sentada en su balcón todas las noches. Era parte de su rutina. Antes de ir a dormir, ella estaría vigilando un tiempo el horizonte por si se aparecía.
No
Para los jóvenes el tiempo no pasa tan rápido. los 50 días se convirtieron en 60, 70, 80, 90, 100, etc;
Sin embargo, para ella se sentía como si ya un año hubiese pasado.
Trato de entretenerse con sus deberes y devorando todos los libros posibles de la biblioteca real, incluso le pidió a su padre que se le permitiese aprender el dominio de un arma.
Ella escogió el arco.
No importaba cuanto intentase distraer su mente, simplemente volvía a entristecerse por su partida.
(Algun día volverá.. tiene que) se decía a si misma como último recurso. No fue una despedida para siempre, habrá un reencuentro y ella debe estar radiante para recibirlo... Si, lucir como toda una Princesa y mostrar la mejor sonrisa. Y quizá, solo quizá, podrían salir juntos de paseo, o tal vez pasar un rato charlando, puede que algo romántico... SI lograba atrapar su corazón. Claro.
-El tiempo pasará más rápido si no se concentra en su ausencia- con cariño maternal, Impa buscaba la forma de hacer la espera menos dolorosa.
-¿crees que puedan pasar años hasta que lo vuelva a ver?-
- No hay forma de saberlo...-
-Impa- Zelda recordó fugazmente como Link se vio triste y solitario las últimas veces que estuvo con él -Tu... ¿que piensas sobre Link? -
-¿Alteza...?-
-Me refiero a que... ¿No veías algo más profundo dentro de él? Como, Como, lo que reflejaba...-
Impa inquisitiva levantó una ceja -¿Qué quiere saber su Alteza preguntándome esto?-
- Sucede que, hay algo en mi corazón que me molesta, una duda, una especie de misterio que necesito resolver pronto. Pero, al mismo tiempo, no quiero involucrarme en algo tan íntimo-
- Si es así... entonces considero prudente dejar las cosas como están-
-¡Oh no Impa! Link oculta algo que lo está lastimando y quiero ayudarlo de cualquier manera posible-
-Su deber real no es con los conflictos internos de su pueblo. Los asuntos del corazón deben ser resueltos por los propios dueños. Ademas- Impa endureció su mirada - Que un niño halla sabido todo lo que planeaba el jefe de las Gerudo... pareciera que estuvo relacionado con ellas-
-¡Imposible! No voy a creer eso ¿Qué bien le haría trabajar para alguien tan ambicioso?-
-Tesoros, tal vez-
- Lo dudo... hace ya casi tres años, cuando se le invitó al castillo, llevé a su cuarto un alhajero como muestra de mi gratitud y al contrario de verlo con admiración o codicia siquiera. Solo reflejo que le causaba náuseas el solo verlo-
-Estuve ahí, Alteza. y es precisamente ese extraño comportamiento lo que levanta mis sospechas. De algo no me queda duda. Ese niño... No le tiene ningún aprecio o respeto a la familia Real-
-Si asi fuera... No se habría comportado tan bien durante todo este tiempo ¡El Rey habría muerto de no ser por El!
- Incluso el que engaña, puede hacer cosas buenas-
-¡No puedes acusarlo! -
-Y no lo estoy haciendo. Usted misma queria indagar en este asunto. Bien... ya sabe lo que pienso-
-y ¿Entonces por que no le dejabas escapar? Si pensabas todo eso de él... habría sido mejor alejarlo de nosotros. De mí...-
-... Si ya terminamos. Entonces vaya a la cama. Es tarde y no hace bien que trasnoche-
De mala gana, Zelda obedeció.
Nada convencida y nada feliz de la conversación que tuvo con su nana. A pesar de la dudosa procedencia y comportamiento de Link. Simplemente no podía encontrarlo sospechoso de algo malo.
Puede que fuera por la naturaleza gentil de la Princesa.
Puede que fuera por ese "revoloteo" en su estómago el que le impedía concentrarse.
Puede que fuera por los latidos inquietos de su corazón los que nublaban su razonamiento para tapar la verdad.
O puede que fuese por una voz exterior que le susurraba al oído. Que le tuviese fe a aquel muchacho.
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Cumpleaños número trece de la Princesa Zelda.
Todo el castillo se regozijaba por que la edad casadera de su Princesa estaba acercándose. El Rey mandó a preparar un gran banquete, las mejores reses, los mejores vinos y la más alta repostería.
Todos los panaderos del pueblo participaron en la preparación del enorme pastel de cumpleaños.
Los sastres y costureras también fueron llamados a Palacio con el propósito de elaborar el más elegante y vistoso vestido para su pequeña gobernante.
Nadie en todo Hyrule quedó fuera de la organización de tal evento.
Como elemento sorpresa. Se llevaría a cabo un baile, con invitación a cada miembro de la sociedad. Noble o plebeyo.
Desgraciadamente la persona que se supone debía ser la más entusiasta, no se encontraba ni un poco conmovida por la celebración.
Para empezar... le parecía demasiado sospechoso todo el decoro y empeño para un simple cumpleaños. Ella habría preferido una discreta celebración, con un pastel más pequeño y un vestido sencillo. En fin, Zelda, la pequeña Princesa de Hyrule, celebraba su cumpleaños número 13 y jamas le había importado menos.
Por supuesto, agradece todo el esfuerzo que los demás están poniendo en cada pequeño detalle. Al menos iría con su mejor sonrisa para presentarse en el baile.
Se dirigió a su jardín preferido para tener un poco de silencio y poder escuchar sus propios pensamientos. Unos minutos que aprovecharía para perderse en ilusiones propias de su edad.
¿Cómo luciría Link con el pasar de los años?
Zelda se sonrojaba a cada intento de construir esa imagen. Un joven muy apuesto, con apariencia cortés, una mirada sería y rebelde... alto y un rostro más varonil...
- Ya basta Zelda-
Se gritó a si misma. Avergonzada.
Link desde luego no podría estar pensando en ella Aunque desearía que si lo hiciese con frecuencia, tanto como ella pensaba en él.
¿Qué estará haciendo? ¿Estará herido? ¿Seguirá sintiéndose triste? ¿De verdad va a volver?
Esta última incógnita, se presentaba en su mente como una mosca en su comida. Causaba desagrado y molestias, pero seguía presente y sin deseos de abandonar su lugar.
El solo sentirle ausente ya era triste y entonces llegaba la incertidumbre y la duda ante las últimas palabras que compartieron antes de partir. Si los años pasarán... y el no volviese.
Si su pelo se tornara blanco... y el no volviese.
Si estuviese en una tumba... y el no volviese.
- No, no, no, no, no, no debo pensar así- Se reprendió con un pellizco en el brazo.
El nunca faltó a sus promesas.
Muchas e incontables veces Link salía del castillo, muy diferente a sus intentos de escapar por los muros o los árboles.
Usaba correctamente la entrada del puente y se dejaba ver por los guardias. Entonces Impa le dejaba ir, por que, según ella, veía las intenciones en sus ojos.
Ella, por otro lado, experimentaba tremenda angustia cuando le veía abandonar los terrenos reales. Con ese miedo constante de que fuera a dejarla sola.
Antes de partir, Link la buscaba para informarle sobre su ausencia.
("Pequeña Princesa, me iré por unos días. Así que portate bien y obedece a lo que te dicen. Regresare muy pronto, lo prometo")
Daba una reverencia y a duras penas, Zelda le dejaba ir.
Tan sólo un par de días estaba ausente y aunque parecían semanas... siempre regresaba a ella.
Y claro... se le recibía con un abrazo y él, de vez en cuando, le traía un ramo de flores.
¿Por qué me ha flechado tan profundamente?
No era racional tal nivel de afecto por parte de ella. y hasta entonces no le daba mayor importancia.
Solo que, simplemente era una joven con el amor por delante.
¿y porqué el?
No lo sabe, tan sólo pasó, un día lo encontraba "tierno" como un niño y a la mañana siguiente era "lindo" como un joven. Sin duda, la madurez que le caracterizaba era atractiva a su manera, aunque solía sacarla de quicio. Los pequeños "detalles"que tenía para con ella: la saludaba con gentiles reverencias, le hablaba con delicadeza y aveces... cuando hacia travesuras, era firme, sin embargo, gentil.
Y...
Apreciaba esa sonrisa que le mostraba "sin falta" aun si la mayoría de las veces era una cara forzada. Le mostraba su mejor cara.
Sumida en tan bellos recuerdos, no se percató de la entrada de su Padre, el Rey. Quien estaba buscandola desesperadamente.
-Zelda, Ven rápido hija, te tengo una sorpresa-
aclamaba con gozo el monarca, casi arrastrando a Zelda con él.
Dirigiéndose a la sala privada, designada para los invitados importantes del Rey.
Esa vez, si que sospechó Zelda. Era más probable que un dragón atacara la ciudad... que se le permitiera a ella entrar en ese cuarto.
Un cuarto muy aburrido y sin encanto, por cierto.
-Ahora... siéntate unos momentos-
Indicó él, señalando el asiento a su lado.
-¿Qué debes decirme, Padre?-
El viejo sonrió con dicha, como si hubiese logrado alguna travesura.
-Veras... hoy, que celebramos tu cumpleaños. Me tomé la libertad de invitar al castillo a alguien que te va a gustar-
¿Podría ser?
¡OH! su Papá... ¡bueno y considerado! Fue tan lejos como para buscar a su "Querido caballero" por quien sabe donde y por si fuera poco, se lo trajo ante sus ojos.
La dicha fue contagiada y Padre e hija compartieron un abrazo.
-Bueno, bueno. No hagamos a esperar a nuestros huéspedes de honor-
Se levantó para abrir la puerta trasera.
Zelda con rapidez extraordinaria, acomodó su cabello y acomodó su postura en una más "femenina" Link entraría en cualquier momento y vaya que lo recibiría con muchos abrazos, puede que tal vez un beso en la mejilla y si el cielo lo permite... bailarían una canción juntos en el baile de esa noche.
El pomo de la puerta giró.
Zelda dejó de respirar
Las puertas se abrieron de par en par.
En un impulso, ella cerró los ojos alargando la sorpresa.
Se reveló al invitado del Rey.
El tiempo se congeló y todo se quedó frio o más bien... gélido. La alegría rebosante que antes inundaba el lugar, fue devorada por un silencio sepulcral y lo que antes era una sonrisa en el rostro de la Princesa... se deformó en una cara seria y que gritaba decepción a todo su esplendor.
No era Link.
Ese, era un joven, a lo mejor, unos 2 años mayor a ella. Delgado, estatura media y un cabello blanco platinado (como el de un anciano) una mirada desinteresada con signos de prepotencia. Ropa fina, mayormente color negro y facciones comunes y corrientes. La piel transparente como las sábanas de su cama.
Sus ojos...
Color azul, apagados y empañados como si estuviera viendo el estanque de las ranas.
Definitivamente no era Link.
-Hija querida, Zelda, permiteme presentarte al principe heredero de las tierras del Norte-
Antes de que el monarca continuará, el joven alzó la mano para interrumpirlo.
- Solo Frey, por favor, llámeme así, su Alteza-
su saludo se dirigió a Zelda, tomando desprevenida su mano para depositar un beso.
No le gustó.
-Cuando recibí la carta de su Majestad... deje todo para venir a conocerte Princesa. Y el viaje de semanas, valió toda la pena para verte en persona-
Ella quiso salir corriendo.
-El gusto es mio, Alteza-
habló entre dientes.
- Como le dije a su Padre, porfavor, llámeme Frey-
Se apartó un poco.
No sabía como responder.
Ambas miradas se dirigieron al Rey, suplicandole que interviniera.
-Bueno... Zelda. Te preguntarás el porqué la prescencia del muchacho-
Ella asintió con la cabeza
-El Príncipe Frey, aquí, aceptó gustoso cierta petición. Verás... ya que, desde hace un año, tu animo ha decaído considerablemente. Le propuse al joven venir aquí, con una visita cada año, en el mes de tu cumpleaños. Así tendrás un buen amigo y compañero-
¿Qué cosa?
-Padre, es muy amable de tu parte preocuparte por mí de esa manera. Pero ¿Qué hay de los deberes del Príncipe? -
Intentó usar la diplomacia para deshacerse del "intruso". Que desafortunado que nada estaba a su favor.
- No hay nada que deba preocuparte, Princesa. Mi madre, la actual Reina, ha dado su total apoyo, por lo que, un mes no será un obstáculo en nuestros asuntos-
El Príncipe se notaba entusiasmado y divertido con la situación que se desarrollaba.
De una manera que parecía saber que esto sucedería.
-Muchacho, estaré agradecido contigo hasta mi muerte. Zelda necesitará alguien con quien compartir su juventud... su vida...-
Con ternura miró a su hija, y esta, a la vez, con toda su voluntad reprimió las náuseas en su estómago.
¿Qué fue eso de "toda la vida"?
Esa situación apestaba a compromiso arreglado y le daba terrible malestar.
-Su Majestad... comprendo perfectamente y puedo asegurarle, por mi honor y estatus, que cuidare de la Princesa Zelda más allá de sus expectativas-
Le extendió la mano a la joven.
-¿Puedo ser tu amigo, pequeña Princesa?-
La presión de las miradas sobre su persona, la decepción recientemente sufrida y la soledad que anidaba en su vida. Factores que la conducieron a aceptar la propuesta del joven.
Tal ves lo estaba juzgando mal, a lo mejor es un buen y muchacho.
Como próxima Reina, deba dar la oportunidad.
Tomó su mano
El Rey encantando, insistió fervientemente en que ambos fueran a pasear por los terrenos del castillo para conocerse mejor.
Aunque dudosa, Zelda obedeció a su padre, intento ser más amistosa con el Príncipe, suavizó su tono, mostró una gentil sonrisa y procuro brindarle toda la atención posible.
Mientras recorrían los establos reales, ella enseñaba a Frey los nombres de cada uno de los equinos, su edad, sus encantos y sus defectos.
Llegaron finalmente al caballo de la Princesa y esta no se contuvo respecto a lo maravilloso que era su hermoso "Estrella de Plata" Como le había llamado.
-Un nombre particular...¿Lo pensaste tu Princesa?-
- En realidad, fue un acuerdo. Alguien me ayudó a nombrarlo-
Zelda sonrió levemente ante la feliz memoria que llegó a su mente.
-¿Un amigo?-
inquirió el Príncipe.
-Así es, su Alteza-
-y... ¿dónde está?-
-Ojala lo supiera...-
-Entonces, lo extraña mucho-
-Más de lo que me gustaria. Todos los días rezo por que vuelva pronto-
-Princesa... Será mejor que no piense más en ello, su cara estaba radiante hace tan sólo un momento... Que desperdicio de lagrimas y de tiempo. Me doy cuenta que es tremenda falta de respeto hablarle así, pero, por mi juramento a su Padre, al Rey, no puedo permitir que se ahogue en amargas memorias ¿Entiende?-
Ella le dirigió una desagradable mueca de disgusto como respuesta.
- Tomare ese gesto como un "si"-
Los minutos se convirtieron en horas. Zelda, aunque intentaba ser amable. No podía alejar al joven Príncipe de lado. No se le ocurría una buena excusa para quedarse sola. No había un lugar concurrido para perderse entre la gente.
Aún si el muchacho era educado y buena compañía, no podía bajar la guardia.
La hora del baile estaba próxima y ambos Príncipes fueron llamados a sus respectivos asuntos.
Sin dudarlo, la Princesa casi corrió a sus aposentos. Tirandose en el suelo por el agotamiento emocional.
-Una Princesa no se tira en el suelo-
Impa llamó su atención y le dirigió una mirada reprensiva.
Aún así, Zelda la abrazó, aferrandose a ella con fuerza.
-Impa querida, te he extrañado tanto...-
Suspiró contra su ropa.
-Me halaga, Alteza ¿A qué debo el honor de tal recibimiento? -
Acarició su cabellera maternalmente.
-Tenemos un invitado-
Ella soltó con notable apatía
- El Príncipe Frey, del Norte. Lo se. Fui avisada hace días de su llegada-
Antes de proseguir, una réplica de Zelda le interrumpió
-¡¿Por qué no me lo dijiste, Impa?! -
-Ordenes del Rey-
-Pero... ¡OH cielos! ¿Por qué todos me ocultan cosas? Link tiene secretos, mi Padre y el Palacio actúan a mis espaldas y tu... finjes demencia por una "Orden"-
-¿Le habría ayudado saberlo con anticipación?-
-Pues ¡Si! al menos, no hubiese pensado que Link regresaba para mi cumpleaños-
-Su Alteza, eso fue totalmente su culpa. Deja que sus emociones se pongan por encima de su deber-
-¿Y eso que importa? ¡Soy una chica! Tarde o temprano alguien me gustaría ¿o No? no pueden esperar que solo me gusten los chicos de "Sangre Real"-
-Su Padre lo espera. Por eso trajo al Joven Frey, usted y él eventualmente se gustarán y podrán contraer matrimonio-
-¡Qué tontería! Mamá nunca tuvo que pasar por algo así-
-Los tiempos cambian y la corona tiene el deber con su pueblo. No con el corazón-
-¡Pues renunció a Todo! ¡A la corona! ¡Al castillo! ¡A mi familia! ¡A mi nombre!-
-¡Ya basta! Su Alteza, reconsidere sus palabras, por favor, lo que dice es una falta de respeto y amor a su Padre y a su Madre. Le sugiero que se calme y piense bien sobre sus acciones-
Antes de que ella pudiese responder. Se escucharon tres toques en la puerta.
-¿Alteza? ¿Puedo pasar? Tengo un anuncio-
Zelda calmó su respiración y se miro fugazmente al espejo para acomodar cualquier desperfecto.
-Adelante-
Una de sus damas entró con prisa y nerviosismo sin saber como describir la situación.
-Mi Princesa, la-la Reina... q-q-q- desea verla ¿La dejo pasar? -
-¿La Reina?-
Preguntó intrigada Zelda
-¿A quién se refiere? ¿Quién-
-Se refiere a mi, querida-
Una figura alta y femenina entró, cabe mencionar, sin permiso.
La lujosa corona de oro que adornaba su cabeza, hacía fácil adivinar su posición
Claramente, era una reina.
-Me disculpo por la intromisión. Queria venir a saludarte y por casualidad, escuche cierto ajetreo viniendo de aquí. Tuve que intervenir.
¡Que osadia! pensó Zelda ¿No se dio cuenta de que estaba pisando suelo extranjero?
Incluso Impa levantó sus labios en señal de desaprobación.
-¿Y usted es...-
inquirió la joven.
-¡Mis modales! su Alteza, me presento, soy la Actual Reina de las tierras del Norte, la Madre del Príncipe Frey. El joven que conociste esta mañana-
Reverenció sin mucho animo, más por educación que por respeto.
-Un placer-
Zelda correspondió a su gesto.
-Me doy cuenta que no fue el momento adecuado para mi aparición ¿Me equivoco?-
- Es cortesía esperar a que le anuncien correctamente ante la familia Real de Hyrule-
Corrigió Impa.
-Señora Impa ¡Que vergüenza! Esa agresividad para con sus superiores le acabará causando problemas. Le aconsejo recuerde sus prioridades-
Irónico que hace unos momentos, Impa estaba reprimiendo a zelda por el mismo asunto.
"Prioridades".
- Impa tiene el permiso del Rey para hablar en mi lugar-
Agredió la joven Zelda, retandola con la mirada.
¡Nadie puede hablarle así a Impa! ¿Qué se ha creído!
- Pequeña Alteza, aún eres muy joven para ejercer un juicio justo. Pero si te hace feliz. Te pido una disculpa y a la señora Impa.
-Esta bien-
Bufó la Princesa.
-Volviendo al principio ¿En qué le puedo ayudar?-
-Me encantaría hablar contigo. Sin embargo, ya que se nos han ido valiosos minutos por este inconveniente y la hora del baile llega próxima. Solo le pido que reserve un momento para mi esta noche ¿Me lo concederá?-
-Claro, Majestad. Hasta entonces-
La despidió rápidamente y esta inmediatamente salió de su vista.
Zelda se quedó respirando pesado debido a la ira que sintió antes.
-¿También sabias de esa mujer?-
Finalmente Preguntó irónica Zelda a su nana.
-De su existencia, si. Más me temo que no me esperaba una visita suya al castillo-
Contestó Impa.
-¡Eso es una sorpresa! Que tu no sepas algo...-
-Bien, bien. Yo no puedo saberlo todo. Así que no se burle y mejor Prepárese para esta noche-
Dicho esto, Impa salió y sus damas entraron en su lugar a poner manos a la obra sobre su Princesa.
