Tanto tiempo que estuvo esperándole. Anhelando volver a verle. Incluso su mente jugaba sucio con ella fabricando hermosos sueños donde él estaba presente.
Zelda, ya segura en el abrazo de su "Querido caballero" y aún sin poder creer que eso realmente estaba sucediendo.
Una suave sonrisa se apareció en el rostro masculino -¿Está bien, su Alteza?-
La voz, antes infantil, había alcanzado un tono más grave y profundo.
El timbre en sus oidos, por el momento, bastó para que la joven confirmara que no estaba siendo presa de algún sueño.
-¡Eres tu, Link!- Gritó ella, aumentando la fuerza de su abrazo. Algunas lagrimas traicioneras recorrieron sus mejillas.
Dicen que cuando el alma se llena de alegría, un poco puede escapar por los ojos.
- De verdad estás aqui- Volvió a mencionar. La Princesa misma esta esforzándose por aceptar la realidad de los hechos -Aquí conmigo- Repitió para si misma -¡Me salvaste!-
Una dulce voz melodiosa envolvió el ambiente. Algo que se acerca al llanto y a la carcajada. Era un dilema para ella, no sabía si reír o llorar. Bien podría hacer ambas, pero no podría perder el tiempo en eso y dejarse ver en tan lamentable estado por el caballero.
-Otra vez..tu...tu me... rescataste- Aún si se concentraba, era difícil pronunciar palabras ante su prescencia. Habia tanto que decir y su garganta con esfuerzo se abría.
Esta última declaración llevaba un poco de vergüenza. Habia sido demasiado descuidada para enredarse en un accidente y tuvo que depender de alguien para que salvase su vida.
Se suponía que Link debía ser recibido con altas galas y una gran celebración. No con un problema que ella misma causó.
Sin embargo.
-¿De verdad no está herida?- Él insistió en verificar primero su bienestar.
A decir verdad, Link tampoco sabía como reaccionar ante la situación. Salvó a la Princesa por mero instinto y en cuanto la tormenta pasó. Se quedo sin algo que decir. Y es que jamás habría imaginado que aquella mañana, mientras se dirigía al castillo, se encontraría con semejante escenario.
El Mismísimo Rey de Hyrule estaba tirado en el suelo llorando y gritando desesperado como un loco.
No había lugar para la cordura en su rostro.
¿Qué pudo haber pasado para poner en tal estado al soberano del Reino?
Cuando se iba a acercar a preguntar. Impa inmediatamente le informó y le señaló el lugar a donde se había dirigido la Princesa.
En un parpadeo ya estaba en persecución de esta.
Muchas cosas pasaron por su mente en esos pocos segundos.
¿Cómo pasó esto? ¿Por qué él? ¿Por qué Zelda no manejó la situación como la otra persona que él conocía? ¿Por qué él no puede escapar de ella? ¿De Hyrule? ¿De todo lo que le recuerde al pasado?
¿El y Zelda siempre estarían vinculados para encontrarse?
Al tenerla sana y salva en sus brazos se dió cuenta de lo diferente que era. A pesar de que la imagen de la joven era la misma. Ella era una persona completamente diferente.
Esa Zelda temblaba con miedo, como si se fuese a romper con el viento. Sus ojos irradiaban ternura y cariño y su prescencia alegraba el corazón provocando una sonrisa, además de el olor a flores y a libros. Era una Zelda sin manchas de guerra, sin fiereza en los ojos y sin experiencia en combate.
De alguna forma, eso lo decepcionó y lo alivió al mismo tiempo.
No era la joven guerrera valiente y apasionada que le robó el corazón. Pero tampoco era la misma a la que le guardaba ese profundo rencor.
-Estoy bien, gracias a ti, claro- La Princesa respondió serena a su pregunta. Todavia sin dejar de abrazarlo. Si Link no le pedía lo contrario seguiría haciéndolo.
Todavía estaba tieso por el repentino contacto. No estaba de ningúna manera acostumbrado a ese tipo de acciones.
-¡Alteza!- La voz de Impa se escuchó a corta distancia -¿Se encuentra bien?-
Zelda se vio obligada a apartarse de Link para no despertar escándalo - De maravilla querida Impa, este caballero volvió a salvar mi vida-
La nana dirigió su atención al joven y un espectro de sonrisa. -Veo que solo te apareces cuando hay problemas- Bromeó a su manera.
El joven bajó la cabeza para reír discretamente -Mas bien, los problemas me buscan a mí-
-Un destino curioso el tuyo, pero nada envidiable- Impa rió por lo bajo.
Él se encogió de hombros -¿Qué puedo decir? La Princesa está a salvo y eso me basta-
De pronto Link recordó... -Impa ¿Qué fue lo que pasó? ¿Porqué sacaron a Estrella de Plata?-
Incluso la Nana de Zelda habia olvidado que había una causa para lo que pasó -Una serpiente. El animal la vió y salió desbocado-
Link de repente lanzó una mirada severa a la Joven Princesa - Le dije hasta el cansancio que ese caballo no podía salir a lo silvestre-
Zelda entristecido la mirada.
¿Tan pronto sería reprendida como una niña?
Pero si se acaban de volver a ver.
- No he tenido otra opción. Los establos estaban vacíos. Insisití a mi Padre sobre la situación con Estrella de Plata pero no atendió a nada de lo que dije- Debido a la felicidad del reencuentro, ella había olvidado que tenía una delicada situación con su Padre.
Antes de salir, El Rey ofreció a Hilda y a su hijo tomar el corcel que más le gustase.
Desafortunadamente al llegar al establo, solo quedaban cuatro ejemplares, entre ellos, Estrella de Plata.
Según los guardias, los soldados estaban entrenando al resto de los equinos en otro sitio.
Hilda y Frey tomarón los animales de su agrado, al igual que su Padre.
Lo que dejó a la Princesa con una sola opción.
Y No era la mas viable.
En efecto, Zelda si había recordado las advertencias de Link. Pero en cuanto informó a su Padre, este se lo tomó muy mal. Debido a la situación con Hilda, seguramente creyó que Zelda solo buscaba un pretexto para no ir con ellos. Lo pasó por una rabieta de una adolescente e hizo caso omiso a las palabras de su hija.
Resignada, montó su caballo y rezó para que no le pasará nada. Y a pesar de que en su momento, creyó por un segundo que sus oraciones no habían sido escuchada. El cielo mandó a su caballero al rescate.
- Te lo aseguró Link, intente advertirle, pero no puedo desafiar al Rey- Intentó defender su postura.
Link seguía viéndola, sin embargo suavizó su expresión. Ciertamente. La Princesa, más que ningún otro, debia respetar la autoridad del Monarca.
- Por favor, no te enfades conmigo. Al menos, no por hoy- Suplicó ella.
El joven se resignó y borró por completo su cara de amargado.
Sin embargo, algo no estaba bien.
-Impa- Llamó su atención Link - Los guardias sabían de la condición del caballo ¿Acaso no dijeron nada?-
La mujer bajó su mirada, extrañamente avergonzada -Me temo que su Majestad ha echo oídos sordos a toda advertencia, incluso a la mía-
-¿Por que es eso?- Preguntó confundido
-Hilda no dejaba de insistir- Gritó Zelda -Queria que fuésemos de paseo los cuatro y se empeñó en ello-
-¿Hilda?- A él, graciosamente le sonaba ese nombre.
-Una invitada de Papá. Ella y su hijo vienen de los territorios del Norte y...
-¡Zelda!- El Rey se aproximaba junto con los otros dos mencionados antes.
¡Maravilloso! Ahí venía el buitre con su cría.
El viejo bajó del caballo y a toda prisa corrió hacia Zelda. Viéndola como si fuese un fantasma -Gracias Hylia, estas a salvo hija mía- Exclamó con júbilo dejándose caer al suelo -¿Te lastimaste? ¿Algo te duele?- Le preguntó genuinamente preocupado.
Zelda suspiró. Él mismo se buscó esos problemas, pero ella, como buena hija, no tenía corazón para recriminarle la culpa en su cara. Había sido bien educada y su corazón estaba lleno de valores que no echaría a la basura -Me encuentro perfectamente, su Majestad. Verá... este caballero aquí, señaló con su mano a Link - Seguramente lo recuerda... Me ha salvado la vida, nuevamente-
Daphness contempló a Link y después de revisarlo de pies a cabeza. Reaccionó-¡Muchacho!- Exclamó sonriente -Casi no te reconozco. Has crecido bastante hijo ¡Debe ser el destino! Hylia te ha puesto en nuestro camino y de verdad que estoy agradecido-
Con sumo respeto el Rey hizo una reverencia.
-¡¿PERO QUE HACES?!- Hilda llegó gritando, escandalizada como si hubiese visto un muerto -¡Un Rey jamás reverencia! ¡No! ¡No! ¡No! - La vieja estaba al borde de las lagrimas pasándose de largo la preocupación por el bienestar de Zelda.
Como una chiquilla malcriada, fue a levantar al Rey.
Daban más la apariencia de una madre regañando a su hijo por una travesura.
-Hilda, porfavor. La vida de mi hija vale más que está corona y todo el Reino- Ella se quedó callada, ante la segura respuesta del hombre -Y hablando de ello-Siguió-Permiteme presentarte a ti y al joven Frey. Link aquí, no sólo acaba de salvar a mi hija si no que en el pasado también la mía. Advirtiendome del ataque del "hombre del desierto" -
El joven solo supo bajar la cabeza a modo de saludo respetuoso.
Hilda estuvo a punto de reclamar algo, cuando la Princesa lo interrumpió.
-y es un íntimo amigo mio-Zelda levantó la cabeza con orgullo.
-¿Tu eres el famoso amigo de la Princesa?-Hilda hablaba con desdén.
-Me parece muy atrevido que se le llame amigo, si me lo permites, Princesa-Frey se aproximó para unirse a la conversación -Alguien que la deja por tanto tiempo... es simplemente inadecuado-
Esto último hizo enojar a la joven. Pero por el bien del momento se guardó sus palabras sin perder la compostura enfrente de Link.
Así que prefirió fingir no haber escuchado aquello.
-Pensé que pasaría otro año sin verte- Comentó ella con tristeza. Centrando toda su atención en él -¿Por qué volviste?-
- Tengo que informar a Su Majestad sobre algo que me encargo hace tiempo-
Ella se quedó callada. Dentro de su ser guardaba la esperanza de que el joven regresaría con motivo de verla o al menos por querer visitar el Reino.
Pero algo tan absurdo no detendría la felicidad de la Princesa.
-Entonces... ¿Estarás para mi cumpleaños?-
La idea de volver a tener a su querido caballero con ella durante la celebración de su nacimiento...
Zelda no podía detener su corazón emocionado.
- Es mañana ¿No es así? Llegue justo a tiempo para no perdermelo-
Su color rosado aumento a rojo. Quizá ese era el color de la felicidad.
¿De verdad le dijo eso?
Después de todo, si estuvo pensando en ella.
Zelda no podía desear nada mas para su cumpleaños que tener un pequeño espacio en la memoria de Link.
Olvidándose de la gente que los rodeaba, volvió a envolver en un cariñoso abrazo al muchacho.
Este nuevamente se quedó inmóvil sin saber como reaccionar ante tan sorpresiva muertas de afecto. Además estaba siendo devorado por la severa mirada de aquella mujer y su hijo. Aunque a él le diese gual lo que pensara el resto. No era lo mismo que pensaran mal de su Princesa. Así que, con sumo cuidado la apartó de él.
-¡Ven al castillo!- Sugirió enérgica la Princesa -Puedes descansar y podemos hablar sobre tu viaje y también te prepararé una tarta de calabaza, ya dejé de quemarlas en el horno. Te prometo que saldrá perfecta y...- De pronto, la joven se interrumpió a si misma, tapando su boca, avergonzada. Estaba tan emocionada con lo sucedido... Mientras ella hablaba de todo lo que quería, Link permanecía con una cara seria. Nada de lo que Zelda mencionó pareció agradarle al joven y esta se apenó de su conducta.
No era justo. Link la salvó y ella sólo festeja sin preguntar al héroe que era lo que él quería. Rápidamente tomó su distancia tratando de bajar de Epona, sin embargo, el joven caballero había tomado su mano impidiendo otro movimiento.
Él mismo se quedó sorprendido. Iba a ofrecer ayuda a la Princesa para bajar, pero, un reflejo involuntario hizo que tomara su mano.
Antes de que pudiesen decir palabra. El Rey habló -Ya hemos tenido nuestra aventura de hoy. Es hora de regresar al castillo. Creo que aquí todos necesitamos descansar- Daphness extendió la mano a su hija -Zelda, ven un momento-
Esta sin preguntar y obediente bajó de la yegua y una vez estuvo abajo, el viejo hizo una invitación a Link.
-Muchacho, te lo pido, ven al castillo. Al menos esta noche. Quiero compensarte como es debido-
Él joven pensó unos minutos, meditando la situación.
Odiaba el castillo, eso estaba claro, de ser posible quería alejarse de Hyrule cuanto antes. La idea de convivir con la Familia Real no le daba ningún tipo de emoción positiva, mucho menos con los invitados del Rey. Definitivamente se negaría. Pero su conciencia gritaba que eso no estaba bien. La dulce mirada de la joven Zelda le estaba afectando.
Desde mucho antes. Varias veces, Link se habia decidido alejarse de todo lo que le recordara a ella, más al instante de haber formado esa idea en su cabeza, el pecho le dolió como si estuviese a punto de llorar, sus ganas de moverse desaparecieron e incluso le era costoso respirar, se sentía solo y débil.
La idea de alejarse de ella, era muy dolorosa.
Pero...
El solo quería descansar y si estar cerca de lo que más odiaba le daba reposo... que así sea.
[...]
Durante el camino de regreso y con motivo que el caballo de Zelda aún estaba inquieto. A petición del Rey, padre e hija viajaron en el mismo corcel.
La joven permaneció callada ya que aún se sentía incomoda por los acontecimientos de anoche. Y aunque odiase admitirlo, aún estaba resentida con él.
- Es un milagro que el joven Link estuviera allí ¿no crees?- Daphness hizo el primer intento para conversar.
-si- Ella continuaba cortante.
-¿De verdad estás bien?-
-si-
...
¡Que tonta! su comportamiento era completamente infantil. No era la forma correcta de arreglar las cosas ¡Lo sabia! sin embargo, en la falta de experiencia ante estas situaciones, fue la mejor opción (en su mente de adolescente)A pesar de esto, Daphness no se rindió.
-Debes disculparme Zelda. No escuché las advertencias- Antes de continuar, verificó que su hija estuviera escuchando - Se que me lo advertiste. Tu y los soldados, inclusive Impa... Como Padre y como Rey, soy culpable de haberte expuesto al peligro-
-y ¿Qué fue lo que nublo el juicio de su Majestad?- Retó ella.
-Temo que mi necedad, hija-
Zelda no aceptó esa excusa -Mi Padre, el que yo conozco, habría escuchado sabiamente si no a su propia hija... a sus servidores-
El viejo cansado y con el orgullo herido bajó la cabeza -¿No soy yo tu Padre ahora?- No había ego que valiera la vida de su hija.
La joven se silenció unos segundos. Ciertamente el comportamiento de su Padre fue injusto con ella. Pero no valía la pena vivir peleando con el. Era la única familia que le quedaba y en el futuro no quisiera vivir con viejos rencores guardados.
También aplastó su orgullo.
-Si lo eres. Papa- En un impulso lo envolvió con sus dos brazos apoyando su mejilla en su espalda
-Perdóname tesoro mio- Murmuró en voz baja.
-Perdonado-
Padre e hija estaban reconciliados. Sin embargo, muy en el fondo, Zelda se preguntaba: ¿Cuanto duraría esta paz? Si esa Hilda seguía merodeando en sus vidas. No había prosperidad asegurada.
-¿Ya pensaste que quieres para tu cumpleaños?- Su Padre reanudó los ánimos.
La joven sonrió, melancolica -No tengo una respuesta para eso-
-¿Ningúna cosa que desees?-
-No Padre. Dejaré que me sorprendas-
-Debe haber algo que quieras, algún libro, un vestido o tal vez, otro arco...-
(Desafortunadamnte no le podía dar a quien más deseaba su corazón) - No necesito ninguna de esas cosas-
El viejo no se rindió -¿No te gustaría hacer un viaje a algún sitio?-
Ella reflexionó unos minutos -Eso sería interesante, nunca me había planteado la idea de viajar. Pensaba que mi posición me lo impediría-
Su Padre rió en voz baja - Bueno, hija. Aunque tienes razón, eso no ha sido un impedimento para hacerlo-
- ¡Que inesperada confesión!-
-Y todavía tienes mucho que aprender. Entonces ¿Qué me dices de esto?-
-Dejame pensarlo -
- Es una sugerencia Zelda, si no te apetece la idea, no debes sentirte obligada a considerarla-
[...]
Dos horas después, ya se encontraban en la entrada principal.
Zelda y su Padre habían charlado de una manera plena. Incluso mucho más íntima que todas las que tuvieron en los años anteriores.
Por si fuera poco, acordaron cenar solos en la habitación del Rey. Cosa que no había sucedido antes desde que la pequeña Zelda nació. La propia Princesa estaba impresionada de lo bien que se estaba resolviendo el día.
Apenas pisó tierra firme, fue al encuentro de su joven héroe. Más, antes de llegar a su destino, el Príncipe Frey se atravesó.
-Princesa ¿Vamos un rato al jardín? Hay algo de lo que quisiera hablarte-
-Me temo que será otro día, tengo algo que hacer ahora- Ella quizo rodearlo, pero, una vez más, él lo impidió.
-Créeme, no hay nada mas importante que lo que tengo que decir-
- En otro momento- Insistió con rudeza.
El joven, no aceptando la negativa. Hizo un patético intento por amenazarla.
-Mi Madre, resulta ser muy convincente cuando se trata del Rey. Así que si no quiere otro malentendido como el de ayer... -
-Da vergüenza como Príncipe- Zelda regañó, conteniendo las ganas de alzar la voz. Más bien susurrando -Debería de sacarlo del Palacio, a la fuerza-
Antes de iniciar un conflicto. Impa se interpuso justo a tiempo. Atravesando al muchacho con la mirada.
- Tenga cuidado con sus palabras. Este no es su territorio así que le recomiendo moderar sus acciones- La imponente figura de Impa, era útil para intimidar a los necios.
Él dió media vuelta y se retiró
-Gracias Impa-
-A su servicio, Princesa-
Después de decir esto. Zelda finalmente pudo ir a encontrarse con Link
Este se encontraba en los establos. Entretenido dándole un baño a su yegua.
La Princesa enternecida, miraba el extremo cuidado con que el joven cepillaba al animal, a cada minuto le ofrecía caricias y de vez en cuando, un abrazo al cuello. La hembra con cariño correspondía a estos gestos.
Era una admirable relación de Jinete con corcel.
Zelda no había visto esa faceta de él, jamás en su vida le vio con una sonrisa tan sincera y cariñosa. Tan tranquilo y sereno, relajado y pleno.
No pudo evitar sentír el piquete de la envidia. Como desearía ser el motivo de esas sonrisas. Pero, desde su perspectiva ella misma era alguien dificil de tratar con dificultad para desarrollar un lazo de confianza o de amistad, no podía culpar a la gente si se alejaba de ella.
Para no interrumpir, decidió regresar.
Pero Link ya la había notado desde hacía tiempo
-Estrella de Plata está más tranquilo- habló recuperando su seriedad. Ganándose un susto de la Princesa -Debería ir a verlo- concluyó
-¡Eso es maravilloso! debo ir a disculparme con él. Pobrecillo... debio pasarla mal-
Link saco una manzana de su bolso y se la ofreció -asegúrese de disculparse bien-
Ella tomó la fruta, algo dudosa. Tal vez fuese el momento adecuado para decir lo que tenía planeado.
-Link...De verdad te extrañe- Después de su confesión ella se quedó parada enfrente de él, como estatua, esperando algún tipo de respuesta.
-A mi también me alegra verla, su Alteza- Desgraciadamente esto no lo dijo con el sentimiento que ella hubiera deseado. Pero valía la pena escucharlo.
-¿Te quedarás aquí mucho tiempo?-
- No lo creo. A lo mucho una semana- contestó secamente.
Zelda de inmediato palideció -¿tan poco? pero... acabas de llegar-
-No me necesita tanto tiempo ¿o si, su Alteza?-
-¡Claro que si! Hay tanto de que hablar y tanto que debo enseñarte ¿Sabes? Aprendí a manejar el arco, apenas hace un mes le dí a todos los blancos- Zelda hablaba con rapidez, desesperada por buscar algo lo suficientemente llamativo para que el joven cambiará de idea.
-Me sorprende que su Padre le permitiese manejar un arma-
-¡Lo Hizo! Y entrené con dedicación para mejorar. Quizá un día podríamos competir-
- No hace falta, confió en sus palabras-
- Pero... me gustaría mostrarte mis avances-
- Le aseguro que ya lo he visto y su Alteza fácilmente puede superarme con el arco-.
- Tal vez, pero eso me llevaría toda una vida "Querido caballero"-
El.joven se retorció ante la mención de este título y frunció el seño - Todavía me dice así...-
-¿Te es desagradable?- cuestionó temerosa
- Es extraño... No soy ningún caballero y no creo que alguien me tenga el estima para llamarme "querido"-
- Yo si- Levantó un poco la voz.
El joven se encogió de hombros y suspiró pesadamente - Si su Alteza lo dice... lo consideraré un honor- Terminó su tarea y se dispuso a recoger las cubetas y el cepillo Tengo que reunirme con su Padre, asi que, vaya a disculparse con Estrella de Plata - señaló la manzana en las manos de ella.
Zelda incrédula, lo vió salir del lugar.
Definitivamente aún la trataba como a una cría.
La realización de estas palabras, borró la ternura de su rostro.
¿Pero, Por qué esto molestaba a la Princesa?
Cuando era niña, le irritaba que Link, siendo de su misma edad, se comportará como un adulto. Al principio sentía que de alguna forma, el niño se sentía superior a ella, pero pronto eliminó ese sentimiento. Después, era la molestia de no poder divertirse lo suficiente, pues Link le recordaba constantemente que debía estudiar y prepararse, Zelda lo creyó un amargado y con los días también esa idea se eliminó. Finalmente, al entrar en la adolescencia, brotaron sentimientos más profundos e íntimos. Así que, escuchar y sentirse tratada como una niña por el mismo joven que la había flechado le daba una sensación de derrota. Zelda temía que Link jamás la llegase a ver con otros ojos y se quedara estancada en el espacio de "hermana menor" dentro de su corazón.
Desde entonces, esa situación le molestaba sobremanera.
-Estrella de Plata... ¿Crees que algún día sea correspondida?- El animal aún masticaba con entusiasmo la manzana que le dió anteriormente. Así que la incógnita quedo en el aire.
Dió paso a otra reflexión -Aún si no siente lo mismo, debo asegurarme de darle toda mi ayuda. Si no está destinado para mi... Al menos quiero dejarle una sonrisa verdadera-
Impa observaba desde las sombras. Atenta a cada movimiento de su Princesa. Muy a su pesar, Zelda había entrado en la edad donde el romance y los sueños estaban siempre al frente. La llegada del joven Link implicaría exponer a la Princesa a experimentar un romance imposible, uno que en el futuro la dejaría en un triste estado y desafortunadamente no podía darse el lujo de vivir los desamores como el resto de las jóvenes.
Impa, como nana, lamentaba la vida de Zelda. Aveces, imaginaba cuan feliz sería ella, si hubiese nacido en una cuna más humilde, sin embargo, la joven, claramente había nacido para llevar la corona, no podía imaginar a otra mujer como la futura Reina. Las otras, apenas sabían una pequeña porción a comparación de todo el conocimiento que Zelda habia acumulado a su corta edad.
Si que era un dilema.
Ella o el pueblo.
Impa levantó la cabeza al cielo, su mirada reflejaba tristeza -Hylia, permite que su Alteza sea feliz-
