Saludos desde el pequeño planeta de mi maridín... xDD bueno, volvemos a la carga con el capítulo 2! de nuevo muchas gracias a los que tuvieron el tiempo de leer y comentar.

Ya comenzamos de lleno con la trama... asi que, bueno... A LEER!


Cap. 2 "Y Este es el vecindario"

—No puedo creer que terminase haciéndote caso…—esta vez, la joven de cabellos rosas pensó en voz alta, luego de haberse estado quejando interiormente durante toda la mañana.

La rubia simplemente ignoró el berrinche de su compañera. Escrutó el interior de la habitación, con una minuciosidad digna de un inspector de sanidad.
La casa constaba de dos pisos; la planta baja con la cocina, la sala dividida con el desprolijo espacio extra para comedor y un minúsculo patio. La segunda planta consistía en dos alcobas y el baño. Las paredes estaban empapeladas con un austero y discreto verde musgo, sin vivos ni decoraciones y la duela estaba casi impecable, a no ser por los bordes donde habían estado clavadas las alfombras, y un difuso aroma a blanqueador flotaba en el aire

—La cocina es un desastre… —murmuró Ino

—No sé porque te quejas si tu ni comes —Sakura había levantado levemente una de las lonetas que cubrían una de las ventanas, precisamente una que daba hacia el patio.—Las ventanas son enormes, podrías dejar enfriando una tarta aquí…

—Si, si fuera una anciana de ochenta años… —dio un leve golpe en la puerta que daba a la otra habitación. Esta protestó con un rechinido, siguiendo atascada. Miró despectivamente al cerrojo— Hum, creo que paso. Podríamos ver otro lugar…

Sakura, quien estaba sentada en uno de los escalones al pie del descansillo, se irguió repentinamente.

—¿Y pasar otro mes de edificio en edificio? —se quejó. Miró en derredor— No le veo problemas a este, digo, no se está cayendo a pedazos como el apartamento que vimos cerca del hospital.

—No me convence, he visto depósitos de cadáveres en mejores condiciones que esto… —su semblante pálido hizo una mueca de puchero—Y con semejantes ventanas, habrá luz por todas partes.

Sakura enarcó una ceja.

—El armario esta oscuro, úsalo de habitación entonces. —dijo, escondiendo una fugaz sonrisa.

Ino le observó ceñudamente.

—De acuerdo… ¡pero no pondré un pie en la cocina! —sentenció, caminando hacia la entrada.

Se detuvo, con los brazos cruzados, contemplando de reojo al hombre encargado del alquiler de aquel mustio apartamento. Un sujeto de cabellera larga y castaña, anudada en una coleta baja; facciones indiferentes y ojos de un peculiar tono perlado, no parecía pasar de los treinta. Neji Hyüga estaba de pie con la espalda apoyada contra el quicio de la puerta y la mirada fija en la pantalla del smartphone.

—Podríamos pedir menos… —susurró Ino. Sakura le dio un codazo—Sólo bromeaba…

El hombre se giró hacia ellas, estando a punto de inquirir algo hasta que Ino le interrumpió.

—No está mal, pero la cocina tiene una avería, la llave del agua… y la fontanería está que se cae.

Con la misma serenidad con que les había mostrado el apartamento, asintió.

—Lo sé, llevo unas cuantas semanas arreglándolo –respondió él con un solazado ademán de excusa—Son sólo unos detalles, pero podría quedar listo para este fin de semana.

—Hyüga-san, el precio… es lo que debería pensarse un poco—sostuvo la rubia, ignorando la mirada represivo de la otra.

—Bueno, es por la zona residencial… pero el edificio en si… —Él hizo una pausa. Sus ojos denotaron un brillo casi nostálgico, en cuanto dirigió su atención a la fachada. —Hacía unos meses atrás, una familia vivía aquí —dijo. No había jactancia en su voz, sólo el recuerdo—Dos hermanas… pero las cosas no resultaron bien.

—¿Se mudaron o murieron?

—¡Ino! –Sakura le reprendió. Ino ni se inmutó.

El joven pareció tampoco alterarse por la brusca pregunta. Se aclaró la garganta.

—La hermana mayor falleció. Estaba comprometida. –un destello duro pasó por sus ojos grisáceos nuevamente—Yo estaba comprometido con ella.

Ino alzó levemente las cejas, fue Sakura quien casi espetó un grito.

—¿Murió… en la casa? –inquirió ella con voz aguda. El muchacho asintió con la cabeza— ¿No debería haber puesto ese detalle en el anuncio?

—Sakura, la gente muere todos los días…

—Si, en incendios, hospitales o accidentes automovilísticos… ¡No con la cabeza metida en mi futuro horno!

—Sé que es una situación incómoda… —dijo el muchacho a media voz—, debí haberlo mencionado, sólo que… —se encogió de hombros.—no vengo mucho por aquí, últimamente.

La chica rubia suspiró.

—Lo sentimos…—musitó.

Él asintió, miró a su alrededor, nuevamente deteniendo su atención en el umbral. Exhaló, como si quisiera sacar una apenada respuesta a eso.

—Miren, por los detalles —cambió el tema, retornando el semblante a una especie de sosiego formal—, puedo encargarme de eso y sin perjudicar el costo de alquiler… —notó que Ino estuvo a punto de proferir algo—, es un buen edificio, y el vecindario es bastante tranquilo, difícilmente podría encontrarse algo parecido en la zona este de Ame. Y no se necesita ningún aval.

Una confiada sonrisa se había dibujado en el rostro de Ino.

Nadie reparó en aquello que les contemplaba detrás de uno de los ventanales de la planta alta. La figura silenciosa de una chica de largos cabellos negro azulados.

—0—

El rostro del enfermero parecía haberse desencajado por la sorpresa.

—No… no la hemos visto, pero ¿Está seguro? –inquirió ante las toscas facciones de un hombre, ataviado con una gabardina negra y traje sastre. La lustrosa placa del departamento de Investigación Forense relucía en el dobladillo.

Morino Ibiki movió la cabeza en gesto afirmativo, dejando una de las hojas de notificación sobre el escritorio, adheridas con una fotografía que mostraba a un muchacho de cabellos negros y piel pálida. La identificación sólo fichaba con su nombre: Sai.

El enfermero escrutó la imagen, pasándose una mano por el mentón.

—Si, llegamos a verle aquí un par de veces… —dijo trastabillando la frase, haciendo memoria de un modo torpe. Entrecerró los ojos, con una mueca dubitativa—… Hum, siempre venía en cuanto Yamanaka-san terminaba su turno.

—¿Y esa hora es?

—Cuatro de la mañana, esta semana cambió de turno… —el muchacho revisó el registro en la computadora—, tiene el turno nocturno, de siete de la noche a cuatro de la mañana —repitió. Sostuvo la mirada en la pantalla y volvió a dirigirse al detective—La semana pasada estuvo trabajando desde las tres de la mañana hasta el mediodía.

El detective chasqueó la lengua.

—El muchacho desapareció entre las once de la noche y las tres de la madrugada –enunció con un tono adusto y voz profunda—Tenemos que localizar a Yamanaka Ino…

—Se podría saber… ¿para qué? –una voz inquirió a sus espaldas.

Ibiki se dio la vuelta, encontrándose con el semblante de una mujer de cabellos negros, con leves tintes purpúreos. De su cuello pendía el obligado carné de médico residente. Sus ojos expresaban un aire ladino y sagaz; un gesto inusual que había hecho que el detective carraspeara levemente.

—Estamos solicitando la presencia de la doctora Yamanaka para un interrogatorio —respondió recuperando su porte recto e infranqueable. Le mostró el aviso—Este joven desapareció el mes pasado, las autoridades de Konoha apenas le habían reportado esta semana. La última vez que fue visto, estaba aquí, en Amegakure, con ella…

La mujer asintió, cruzándose de brazos.

—Si, conozco a Ino Yamanaka, trabajamos en el área de urgencias. —dijo resueltamente—Pero a ese muchacho, nunca lo había visto. —se dirigió al enfermero, demasiado absorto en el diálogo—Kotetsu-san, ¿podrías revisar las instalaciones de suero de la planta tres? Creo que había que hacer inventario de ellos y no me los han entregado.

Éste se levantó como si el asiento le hubiese quemado.

—Si, Mitarashi-sama. —resolló, yéndose de ahí.

Antes de que Ibiki dijese algo más, la mujer se le acercó, con un inminente aire de seguridad. Una barrera infranqueable concentrada en un contacto visual.

—Ese muchacho…—la voz de Ibiki desapareció en un suspiro. Los ojos de la mujer se tornaron más oscuros. Un vacío que se acrecentaba… una envolvente oscuridad sin fin.

—…nadie aquí lo ha visto. —Musitó ella, parsimoniosamente. Sus ojos estaban fijos en los de él, con aquel brillo inquietante.—Ino Yamanaka no tiene nada que ver en el asunto… entendido.

El hombre, cuya mirada parecía ausente en medio de aquella hipnósis, afirmó con un escueto "si."

El trance se rompió, en el momento en que ella eludió la mirada. El frío que había percibido el hombre formarse alrededor suyo, desapareció. Un mareo, más propio de una jaqueca, se percibió en su conciencia. Se pasó una mano por la frente, despejando la desagradable sensación.

—Disculpe, señorita…

—Mitarashi… Anko Mitarashi —la mujer respondió, como si nada hubiera pasado.

¿O es que había pasado algo?

—¿Quiere que le acompañe a la salida? Este hospital parece un laberinto a veces.—comentó ella con tono solícito.

—No es necesario, gracias. —Ibiki se negó educadamente. Se dio la vuelta, yendo hacia el pasillo que conducía al ascensor y olvidando por completo la hoja con la fotografía del muchacho desaparecido.

Anko le miró alejarse. Tomó la hoja, mirando la imagen con cierto desdén.

—Hum… parece que la "niñita de papi" se ha metido en problemas… de nuevo —dijo, arrugando el papel y tirándolo en el cesto de basura.—… Qué conveniente.

Una sonrisa simétrica se dibujó en sus pálidos labios.

—0—

Hinata paseaba de un lado a otro, tratando de mantener la calma. Pero nuevamente la angustia surgía, de aquella neblina en lo que se habían convertido sus recuerdos.

Y aquella tristeza sólo acrecentaba más, al darse cuenta de que era tan visible como el aire mismo.

Esa mañana, habían llegado dos personas más, un hombre que venía a reparar el lavabo de la cocina y una pareja de estudiantes de la Interestatal de Ame; un chico y una chica con aspecto retraído.
Ella había pasado por la sala, había hablado, había gritado… inclusive había intentado mover alguna de las puertas, claro, un intento fútil ya que no existía peso etéreo en su cuerpo con que aferrarse a las cerraduras.

Y nadie siquiera advirtió su presencia.

Era como haber desaparecido por completo del mundo. Si, eso era. Había desaparecido, entonces… ¿por qué seguía ahí, en la casa en la que había vivido sus últimos cinco años desde que su hermana y ella se mudaron desde Konoha? Su casa, aquel lugar al que había llamado hogar, estaba siendo poco a poco desnudada, modificada… y ahora, alquilada.

Y ella no podía hacer nada.

Tal vez en años anteriores, hubiera afrontado con un poco más optimismo la situación, tal vez –muy alejado- hubiera disfrutado un poco el hecho de rondar un espacio en que nadie pudiese verle… ahora, esta idea se le antojaba una condena absoluta.

Espectadora de por vida… ver el mundo avanzar y quedarse ahí, inmutable…

Una lágrima corrió de nuevo por su mejilla y ella ni siquiera percibió la calidez del líquido. Ése era otro detalle. Términos como calor y tibio habían desaparecido junto con su existencia. Ahora sólo había un frío constante en su nuca durante las noches… o en sus momentos más depresivos. El resto de las cosas también habían carecido de gusto. Ya no había olores, ni sabores…

—¿Que es lo que queda ahora? –de nuevo esa inquietante frialdad apareció. Hinata se aferró contra su sudadera. La tela afelpada y tibia, también se tornaba fría—¿… que… que debo hacer…?

Un estruendo proveniente de la sala –su sala- le hizo emerger de la bruma de sus temores. Oyó voces… no una. Dos. Percibió sonidos de murmullos, movimiento de cosas, cajas…

Vida.

—0—

—Sólo a ti se te ocurre cargar con toda la enciclopedia de medicina —Ino dejó caer una caja sobre el mullido sofá, dejado sin acomodo alguno contra la escalera.

Sakura pasó por su lado, con un par de cajas más grandes que la que llevaba la rubia.

—Son sólo un par de libros y el resto es tuyo –aquejó—Al menos haz algo útil en vez de quejarte —señalo a la rubia, quien se había quedado cómodamente sentada sobre una maleta.

Ahogó un bostezo.

—Te dije que me encargaría de acomodar las cosas, no de acarrearlas como si fuese una bestia de carga… —miró el ceño fruncido de su compañera y soltó una risilla por el comentario "aludido"—… ya, no lo decía en serio… jejeje.

Las últimas dos cajas quedaron apiladas contra la pared que daba al patio. Había dos maletas pequeñas dejadas en la mañana, al igual que los escasos muebles. El resto de las pertenencias, Sakura las había traído desde su apartamento durante la tarde; había estado aparentemente satisfecha de que la anciana que solía rentarle no hiciese demasiadas preguntas al respecto –aunque le pareció que escudriñaba de reojo sus cosas—, de cualquier manera, se había quitado de un apuro, además del inconveniente de la distancia entre el anterior apartamento y la reserva forestal. Ahora sólo estaba una media hora de camino.

—Al menos esto es lo último –resolló Sakura, cerrando la puerta y apoyando la espalda contra ésta.

Pasó la mano en el interruptor y la sala se iluminó débilmente. El foco tintineó un par de veces y se quedó fijo.

—Que raro…—Ino se levantó, mientras la bombilla volvía a oscilar, hasta apagarse por completo—¡Rayos! Se suponía que ése cretino Hyüga había reparado todo aquí.

—Tal vez es una falla general.

La luz volvió, al igual que una corriente de aire filtrada por el patio en el momento en que ésta se abrió abruptamente. Inmediatamente, una puerta de la planta de arriba se cerró estruendosamente.

Algo… la cerró.

—¿Qué diab…?—la chica rubia avistó algo.

Una sombra, yendo hacia la parte de arriba.

—Hay alguien en la casa… —susurró.

Ambas se quedaron en silencio, hasta percibir un lejano gemido… una especie de llanto entrecortado y casi inaudible. En un ofuscado ademán de defensa, Sakura tomó una de las sartenes que estaban al tope de una caja. Ino le miró con una mueca de sátira.

—Menuda ayuda… ¡Eres una mujer-lobo!

— ¡Si, sólo en luna llena! —resolló sin soltar el sartén. Siguió a Ino hacia las escaleras, aferrándose al mango como si se tratase de un bate de baseball—Deberíamos llamar a la policía…

—Frentuda inútil. Si…—La voz de Ino se cortó cuando llegaron al descansillo de la escalera.

Una joven, no mayor de veinticinco años, cabellos largos y lacios, vestida con una sudadera púrpura y unos pantalones de pijama, estaba sentada, al pie del final de la escalera. Se hallaba acurrucada con la espalda contra el barandal, su rostro estaba oculto entre sus brazos y el cabello caía sobre lo poco visible de su frente.

Ambas la vieron… y ninguna dijo nada. La joven de cabellos negro azulados alzó la cara.

Silencio.

Hubo un contacto visual. Unas pupilas llorosas color perla se reflejaron en los ojos azul-hielo de Ino. Sakura bajó la sartén. La joven se levantó, limpiándose las lágrimas con el dorso de la manga y quedándose de pie sobre la escalera, sin apartar la mirada del par de chicas que le contemplaban con gesto atónito.

¿Le…? ¿…Le estaban mirando? ¿A ella?

No… aquello no le había pasado anteriormente, recapituló Hinata. Aun cuando parecía que le veían, nadie lo hacía en realidad… o al menos así había sido todo este tiempo hasta ahora. Entonces, ¿porqué estaban observándole así?

—Disculpa… —musitó Ino. La extraña chica volteó por sobre su hombro, como si no se dirigiesen a ella sino a alguien detrás.—¡Eh!

Hinata, al borde de una confusión y descontrol total, no supo que decir… salvo tartamudear.

—¿Y…yo?

Ino se apoyó en el barandal, en tono autoritario.

—Si, tú —dijo imperativamente—¿Qué estás haciendo aquí?

—Y…yo… yo…

La rubia se puso su palma en la frente, agobiada.

—Genial, tenemos a la señorita monosílabos…

La temblorosa chica aferró sus puños, bajando el rostro en una especie de disculpa lúdica.

—¿P… pueden… verme?

—¡Claro que…! —Ino bajó la guardia, suspirando y mirando al techo.—Oh, cielos… —dijo en una especie de desasosiego.

Sakura se interpuso entre su amiga y la peculiar desconocida.

—Escucha, el apartamento ya esta alquilado, si se te perdió algo…

—Sakura… —Ino le tocó en el hombro.

—¿Qué?

—Ella es un fantasma. –dijo sin más.

Sakura ladeó la cabeza, sin entenderle… del todo.

—No… no bromees —miró a Ino y luego a la chica.

—0—

Hinata se quedó en silencio y su rostro pareció serenarse un poco. Pestañeó, aun indecisa y temerosa a responder. Sus ojos parecían monedas plateadas bajo la mortecina luz de la sala. Sus dedos se paseaban nerviosos sobre sus nudillos. Los labios asomaron una delgada línea, muy, lejanamente similar a una sonrisa.

—Esta… es la primera vez que alguien me ve… —su imagen se tornaba transparente por fracción de segundo, como la imagen conseguida con un televisor de mala recepción.—P…perdón… no se como…—desapareció abruptamente, reapareciendo en el quicio de la puerta, con la misma e intermitente nitidez—… no se cómo… controlar esto. —bajó la mirada—Me llamo… Hinata Hyüga.

—¿Hyüga? –subrayó Ino—O sea que tú eres…

—E…era… —murmuró Hinata—Era la prometida de Neji… Hyüga. —con una dificultad excesiva, no en lo que tenía que decir, sino en cómo lo debía decir, arrastró las palabras con un tono muy, muy bajo—Yo… morí aquí.

—¿Al menos recuerdas cómo moriste? —inquirió Ino.

Aquella noche volvió a su mente, como si fuese una película antigua y carente de colores e incompleta como un rompecabezas. Vio la taza de té que bebió antes de dormir, su evasiva despedida hacia su hermana mayor y… y nada más.

—No… yo no…—se le quebró la voz pero se dominó—No lo recuerdo. —volvió a jugar nerviosamente con los dedos—Recuerdo… que me fui a dormir… y luego, desperté y ya no había nadie en la casa.

Sakura contemplaba su tazón de tallarines instantáneos con una acusada falta de entusiasmo.

—Y supongo que tampoco sabes como irte… o algo asi.

¿Irse?, recordó Hinata. Ése era otro detalle extraño… ¿Ir a dónde, si todo cuanto podía andar, ver y oír era dentro de la casa? No había destellos luminosos, coros "celestiales" ni voces que la llamasen como ocurría en esas fantasiosas películas… ni siquiera el dichoso "túnel hacia la luz" ¿A dónde tenía que ir? ¿Acaso tenía que esperar hasta simplemente desaparecer?

—No…—respondió ella con voz ronca. Suspiró hondamente, tratando de aminorar el nerviosismo de su voz. Las palabras simplemente brotaron, en un gesto casi defensivo—No… no me importa tener que compartir mi casa… yo… —musitó, oscilando sobre sus talones—… es la primera vez que alguien me escucha… desde entonces. —Hinata se interrumpió, buscando las palabras adecuadas, al final, simplemente lo dijo—Yo sé lo que son.

La chica de cabellos rosáceos se irguió. Ino parecía tranquila ante el comentario.

—¿Qué?

—Les escuché desde que llegaron.— Hinata respondió rápidamente, como si le hubiesen picado las costillas.

—Sigo sin entender cómo es que…

—Fácil, estamos en el mismo plano…—interrumpió Ino. Notó el gesto ofuscado de Sakura y la dubitativa mirada de Hinata. Se aclaró la garganta.—Yo "morí" hace cuatrocientos años, tú estás en un punto intermedio entre humano y bestia y Hinata… bueno, esta atorada aquí. Técnicamente es cómo ser países vecinos en un mismo continente… por decirlo de un modo simple.

—No… no pasa nada… no me importa. Creo… creo es menos aburrido, que la gente normal. —Apenas visible, una mueca de complicidad apareció en el semblante de Hinata. Un gesto evocador muy similar al de un niño pequeño que rompe una taza.

Sakura sólo atinó a apoyar el mentón en su mano derecha.

—…esto era lo último que faltaba.

—0—

—¿Así que te parece bien que un fantasma viva en nuestra casa?

—Sakura, técnicamente es SU casa… —respondió Ino, mientras abría uno de los portones que comunicaban al ala sur del hospital.—Si quisiera y lo dudo, nos echaría a ambas.

Sakura exhaló lánguidamente.

—Pues siento mucho que muriera de la forma que fuese y nunca llegara a casarse… y que no sepa como seguir adelante, —Espetó Sakura con cierto recelo—pero el objetivo de esto era tener un lugar en el que no nos tomasen como monstruos, donde no tuviéramos que disculparnos, ni escondernos ni pensar sobre lo que somos… —posó sus manos en los bolsillos de su bata médica—dónde pudiéramos ser humanas… durante una hora o dos…

—Mira, por lo que sé sobre los fantasmas, uno no lo es sin una razón. –recapituló la rubia—Hinata todo lo que conoce es gracias a ésa basura de películas occidentales. No sabe nada, Sakura. —hizo una pausa, apartando una camilla desvencijada puesta a medio pasillo—Dale una oportunidad… encontrará su camino tarde o temprano.

Sakura miró en derredor.

—¿Dónde rayos estamos?

Habían dejado atrás el pasillo principal y bajaron a un lugar del hospital donde el aire era helado. Las paredes estaban desteñidas y el blanco neutro se tornaba un amarillento beige a causa de la humedad y el abandono. Un estrecho pasadizo conducía a una amplia cámara a través de un arco y de una puerta de hierro abierta.

—Han despejado éste lugar desde hace cuatro años para remodelaciones—dijo Ino.—Pero puede que tarden más. —emuló un gesto jactancioso. La luz de una bombilla instalada hacía más de diez años, brindaba un aire hosco, como el de una vela a punto de apagarse. —¿No crees que es perfecto? –Sakura contempló de reojo a su amiga, sin entenderle del todo—Te ahorrarías el tramo hasta el bosque mañana, podrías transformarte…

—¿En una persona loca?

La chica rubia bufó.

—Paso uno, tenemos un apartamento—dijo pausadamente Ino—pero si queremos tener una vida normal, tendrás que encontrar una forma segura de sobrellevar tu… transformación. Así que paso dos, tener tu propia y personal…

—¿Jaula?

Ino se cruzó de brazos.

—Es más seguro que el bosque –declaró—. Podrías utilizarla mañana por la noche.

Sakura caminaba nerviosamente por la estancia. Había un par de camastros doblados y oxidados contra una pared y una tubería asomaba un vértice por una de las esquinas. No había ventanas, ni siquiera un hueco para un respiradero de aire acondicionado. Dio un puñetazo hacia una de las paredes, ésta se cimbró un poco pero al menos no se vino abajo como aparentaría hacerlo. Perfecto… para encerrar ahí a un homicida en serie o a un escapista.

—¿Tiene cerradura?

Como respuesta, Ino movió la puerta, tomando el cerrojo de ésta. Sujetó el armatoste que no era más que un fósil herrumbroso, tirando repetidamente sin moverlo ni medio milímetro.

—La puerta se cierra herméticamente por fuera. –confirmó, saliendo del cuarto y cerrando el portón—Trata de abrirlo.

En un tosco movimiento, Sakura tomó el picaporte, haciendo fuerza con ambos brazos. La manija se desprendió con un rechinido seco, sin siquiera hacer mella en la puerta. Miró el entorno del cuarto, un poco más conforme.

—Supongo que funcionaría.

—0—

El área de Urgencias estaba peculiarmente tranquila esa noche, una chica había llegado al ras de la medianoche, con el brazo dislocado en una posición extraña, a causa de una caída aparatosa por las escaleras de su edificio y ella no había metido las manos por proteger un proyecto escolar, el cual había estado cargando en tropel. Un sujeto de más de treinta años llegó media hora después por un shock anafiláctico provocado por un inocente plato de teriyaki. Y eso había sido todo en tres horas desde que corría el turno.

—Bastante tranquilo para ser viernes —dijo Sakura para sí misma, introduciendo un termómetro en el esterilizador.

Había estado leyendo el texto impreso y medio borrado de los expedientes del turno anterior al suyo. Estaba tomándose la que debía de ser su novena o décima taza de café cuando una de las enfermeras de piso llegó trastabillando hasta su escritorio.

—Haruno-san, ¿tiene los expedientes del paciente del cuarto cincuenta y dos? –hizo una pausa—Iyashi-san dijo que los habían dejado fichados desde la tarde.

Sakura escrutó el altero de carpetas que quedaron apiladas contra la computadora. Había estado reacomodando el archivero a causa de sabrá Kami quien, había dejado tremendo desorden en ellos. Vagamente el número le sonaba.

—Creo haberlo visto entre los no fichados… —dijo Sakura, moviendo folders, hojas sueltas y eludiendo el gesto nervioso de la muchacha, quien tamborileaba los dedos sobre el escritorio ruidosamente.—…puedo llevarlos yo misma, tengo tiempo libre.

La chica, que no pasaba de los veintiuno o veintidós, se retiró, con el mismo paso nervioso. Sakura le vio alejarse.

"Novatos", pensó, "Como si uno pudiese recordar todos los expedientes a la vez.". Removió la pila que estaba sin acomodar, tardando menos de dos minutos en encontrar la carpeta. Se levantó, yendo hacia la torre de Cuidados Intensivos. Los pasillos estaban levemente vacios y pocos médicos tenían el turno de guardia en el área, por lo que un silencio casi abismal caía pesadamente en el ambiente.

El aroma a antiséptico del área, le escocía la nariz. Se cubrió momentáneamente con una mano, mientras interiormente maldecía el perceptivo olfato. Su mente encalló de nuevo en el improvisado plan de Ino, todavía con tenue recelo ante la idea de tomar semejante riesgo, y más tratándose de su lugar de trabajo. Con todo y el hecho de que el ala este del hospital era una zona completamente abandonada y alejada de la mano de Kami y de todo contacto humano; y ella había visto lo que el paso del tiempo y el olvido habían hecho de él.
¿Cuál sería el problema?, mañana haría media ronda hasta las diez, ficharía su turno y se escabulliría hacia el largo pasillo que colindaba con la torre norte de especialidades, justo hasta donde estaba el letrero de "ZONA EN REMODELACIÓN", cerrada a doble llave. Ino le había dejado un juego extra de éstas. Se encerraría en el maltrecho cuarto y… y esperar a que al día siguiente todo volviese a la normalidad.

"Ojalá fuese tan simple como suena", se pasó una mano por el fleco, eludiendo las negativas posibilidades que siempre acudían a todo plan. ¿Y si la cerradura o la puerta no resistían? ¿Y si no podía salir antes de lo que tuviese previsto y terminase transformándose en plena recepción? ¿Y si…?

—Disculpe... —alguien a sus espaldas le llamó, haciéndose detenerse casi por reflejo—… ne… sabe dónde queda la…

Ella se dio la vuelta sin escucharle del todo. La voz, el timbre de voz pertenecía a un joven. Un sonido altisonante, una apurada y casi hiperactiva modulación de las palabras. Conocía esa voz, en lo que le parecía una vida pasada.

— …la…cafetería…—un muchacho de su misma edad, cabellos rubios y despeinados, quedó inmóvil ante de ella. Sus azules ojos estaban abiertos como platos mirándole como si hubiese visto una aparición del más allá. Su voz se elevó—¡¿Sakura?... ¡¿Sakura-chan?

Ella había dejado caer la carpeta. Las manos le temblaban y un sudor frío a causa del nerviosismo pasaba por su sien. Sólo atino a inquirir mediante un hosco jadeo.

—…¿Naruto?


CONTINUARÁ...


N/A:

dun dun duuuuun... y volviendo a las andadas con fics.. ah, cómo extrañaba estos finales "cliff-hangers"... ya retomando mucho de la idea inicial (la adaptación y eso) podría decir que ya aqui comenzamos con las variantes...

Naruto en escena... y esto podría dejaros a pensar que no será bueno... ni para él ni para Sakura.

Gracias mis queridos lectores/as por la lectura semanal y espero que este fic, pueda convertirse en la "naru-serie" semanal...

Siguiente capítulo:..."CUANDO EL PASADO NOS ALCANCE"

Ya saben, comentarios y opiniones en el apartado de reviews.

Nos leemos la siguiente semana, nuevamente... VIERNES POR LA NOCHE jejeje