Saludines desde la remesa fanfiquera de HIGURASHI FANFICTION STUDIOS, una semana más... y un capítulo más!

es Viernes y una siniestra luna llena se cierne sobre Amegakure... ahora... A LEER!

Capítulo 4.- Noche de vida y muerte.

Se habían detenido. El motor del sedán negro se apagó con un ronroneo disipado. Las paredes de un mustio edificio de carcomidas paredes y ventanas cubiertas con vidrios polarizados, se cernía al final de un oscuro y silencioso callejón, en aquel alejado límite de Ame.

Ino Yamanaka espetó un gruñido en cuanto reconoció la fachada.

—¿Qué diablos…? –se giró al instante hacia el asiento del conductor—¡Anko-san!

Ésta se había bajado en cuanto detuvo el auto y caminaba resueltamente hacia uno de los portones laminados que daban al frente del inmueble.

—¡Anko!

Corrió hasta la puerta entreabierta. La penumbra absoluta le envolvió como un manto ominoso y un fresco viento ocasionado por una de las ventilas del techo le dio de lleno. Sus pasos se frenaron al percibir un sonido estremecedor.

Gemidos y sollozos ahogados escapaban de las bocas amordazadas de los dos cautivos humanos. Maniatados como pedazos de carne, los hombres colgaban de una barra de metal que discurría a todo lo largo del techo de la abandonada fábrica. Les habían tapado la boca con mordazas de nylon y su carne mortal estaba llena de golpes y moratones. Una capa de sangre y mugre cubría los celestes uniformes de policía. El bordado de la jurisdicción de Konohagakure era apenas visible.

La joven rubia se llevó una mano a la boca, ahogando un grito. Unos dedos helados le asieron el hombro.

—Siento haberte mentido… en parte —Anko arrastraba las palabras con un siseo lento, como el de una serpiente—. Sabes, esto nos podría acarrear problemas, si les dejamos ir.

La mujer de oscuros cabellos no prestaba la menor atención a los incoherentes gemidos de los hombres. El aroma metálico de la sangre emergía entre el húmedo aire, con una vehemencia seductora.

Igual… igual que aquellas veces…

—No… —Ino eludió la mirada de los cuerpos—…no puedo hacerlo. ¡No voy a hacerlo!

Anko pareció imitar un gesto de decepción, pero su rostro, el semblante de una mujer que no pasaba de los treinta, pálido y de rasgos mordaces, no proyectaba más que una expresión casi retadora.

—¿No puedes o no quieres? –increpó—… Oh, vamos, un mes… casi dos, sin siquiera probar una gota que no fuese esa asquerosa sangre envasada, ¿vas a decirme que eso ha bastado para… civilizarte?

Caminaba alrededor de los cuerpos, cómo un buitre que rodea a su presa. Una mano, develando unas uñas lisas y largas como cuchillas se posó en el cuello de uno de los policías. Los ojos del humano se abrieron de alarma al sentir las afiladas uñas hacer un surco en la yugular y sus apagados gritos cobraron un tono más agudo. Forcejeó en vano contra sus ataduras, incapaz de liberarse. Anko se colocó detrás del aterrado espécimen y esperó en silencio a que el humano cejara en sus fútiles esfuerzos.

Un hilo carmesí, tibio y espeso emergía del cuello. El aroma metálico, caliente y vital se filtró en las fosas nasales de Ino como el vapor arrebatador de un festín recién servido. El borde de sus uñas se acrecentaba adquiriendo un filo liviano y letal, su boca entreabierta dejaba entrever el blanquecino resplandor de sus colmillos.

—N…no…

—¿Vas a negarte?, ya, ¿en serio? –con un aire malicioso y artero, Anko le contemplaba, paseando las uñas índice y anular por la tersa línea trazada en el cuello.—No has probado bocado en todo el día… —siseó—…lo veo en tus ojos. —Al cabo de unos momentos, el exhausto mortal dejó de debatirse y se dejó caer contra sus ataduras, resignado aparentemente a lo inevitable—…No puedes domesticar lo que es libre… Ino-chan — Los castaños ojos de Anko resplandecieron con diabólica malicia. —…No es natural.

Levantó la mano y, con enloquecido entusiasmo, se la clavó al policía en la yugular. El sujeto se retorció de agonía. Un chillido apagado atravesó su mordaza y sus venas torturadas se hincharon como las ramas de una planta trepadora.

No…

Y la idea, el fútil intento por mantener aquella sombra de humanidad, se desvaneció en el momento en que Ino Yamanaka se abalanzó hacia el fallecido cuerpo como una saeta fugaz e imperceptible. En un abrazo de muerte, los marfileños colmillos apresaron la tráquea abierta en canal.

La tibia sangre impregnó las baldosas del suelo.

0—

Inhaló, sintiendo que el aire pesaba en sus pulmones con un calor infernal. Jadeaba, mientras ambos puños azotaban el portón, inútilmente.

La puerta no iba a ceder. El cerrado hermético había hecho un vacío hueco que atascaba la aldaba y la cerradura, convirtiendo la cámara en una mortal tumba sellada al vacío.

—Podríamos… esperar a que alguien llegase…

—¡No! –Sakura apremió con otro golpe a la herrumbrosa puerta. Sus ojos, los cuales habían adquirido un latente brillo ambarino, se quedaron fijos en el confuso muchacho rubio—¡¿No lo entiendes? ¡No puedes quedarte aquí, Naruto!

—¡¿Por qué? ¡¿Qué es lo que estás ocultándome, Sakura?

—¡Yo no…!—Aun antes de siquiera intentar otro impacto hacia la abollada puerta, un espasmo agudo abatió sus piernas, obligándole a caer de rodillas.—¡Arrghhh!

Gritó, sintiendo el inminente dolor aproximándose, subiendo por sus terminaciones nerviosas como lava ardiente dispuesta a carbonizar todo cuanto estuviese a su paso.

Está comenzando… y sabes que no podrás detenerlo.

—¡Sakura! … ¡¿Qué…?

—¡APARTATE! –apenas al sentir el contacto de la mano temblorosa e insegura de Naruto sobre su hombro, le empujó con fuerza, arrojándolo hasta el rincón como si se hubiese tratado de una simple mosca.

El muchacho se quedó atónito y con el rostro desencajado. En el ofuscado movimiento, algo cayó al suelo. Sakura, quien yacía de espaldas a él, sujetándose ambos brazos en un aturdido arrebato por menguar el incesante dolor en sus músculos, escuchó aquel chasquido. Su mirada, nublada por el esfuerzo de conservar aun la lucidez humana, quedó fija en el teléfono móvil, tumbado contra uno de los goznes del portón.

Alargó una mano, sujetándolo con pulso trémulo. Mientras su mente se aferraba a una sola alternativa.

Ino…

Hinata…

0—

Estaba oscuro. Aun más que el mismo exterior. Nunca antes había visto tanta oscuridad.

Hinata se había sentido perderse en aquel negro manto. Perderse y desvanecerse como un insignificante alfiler al caer hacia un denso vacio.

El timbre del teléfono le trajo de vuelta, casi como si una luz se hubiese encendido abruptamente.

No había ido a ninguna parte, no podía ir a ninguna parte. Su entorno se difuminó intempestivamente, a causa de nuevo de aquel frío en la nuca. Aquella sensación de abatimiento que se apoderaba de ella, haciéndola perderse en medio de una densa neblina…

El frío y la tristeza del último día en que vio a Hanabi, surgió nuevamente con aquel sentimiento de encono y ella, simplemente se dejó atrapar por él.

Una vez más.

El teléfono, recordó, volviendo a encontrarse de nuevo en la sala. El teléfono está sonando y…

¿Y qué podía hacer? No podía contestar. No tenía cuerpo ni peso físico con qué siquiera levantar la bocina. No podía mover ni el polvo, mucho menos presionar el botón de llamada en espera.

El incesante timbre se detuvo, dando paso al discal de la grabadora.

Hubo un jadeo. Una respiración entrecortada, seguida por las palabras menguadas de Sakura.

Por favor… contesta… Hi…Hinata… —algo crujía en medio del eco de su voz. —es...escúchame… si hay una posibilidad… —el tono subía y bajaba. Los jadeos eran más constantes—de que puedas… salir… a..alguna forma de que puedas… encontrarnos a Ino o a mi…—reprimió un gruñido, o eso parecía—Hay… alguien aquí… la puerta esta cerrada… —exhaló gravemente, como el rugido de una maquina a medio carburar—Si… si nadie abre esa puerta… lo… ¡LO MATARÉ!

La llamada se había cortado abruptamente. No hubo más intentos después de eso.

Hinata se quedó inmóvil, acurrucada contra la escalera como un niño asustado, mientras la luz de una luna amarillenta se filtraba entre las cortinas.

0—

El sabor era embriagador.

Sus manos temblaban. Sus pupilas fluctuaban al entrecerrar los ojos, desvaneciendo aquella apremiante y arrebatadora calidez, oscilando en todos sus sentidos con la fuerza de un orgasmo aniquilador.

La sangre caliente aun bajaba por su garganta cuando sus ojos se clavaron en una figura. Apostada junto al umbral, mirándole con el porte de una burlona y lacónica estatua.

Los orbes ónice volvieron a tornarse azul hielo y enfocaron a Anko Mitarashi. Una sonrisa agridulce se dibujó en sus marfileños labios, como la mueca de un demonio embelesado.

—Bienvenida –espetó con una voz ácida—Ino-chan…

La conciencia, el húmedo ambiente, el aroma de la sangre; volvieron a arremolinarse en sus confusos sentidos como el viento que secunda a un vendaval. Miró a su alrededor, hacia aquella gigantesca mancha carmesí que impregnaba todo el piso de la cámara. Dos cuerpos, desangrados, desmembrados e irreconocibles yacían como despojos de trapo a su alrededor.

Dos cuerpos que parecían haber sido arrojados a un molino de carne.

—¿Q…qué…?

—Oh vamos… no irás a hacerte la víctima, ¿o si? –Anko caminó hacia donde estaba la inmóvil chica rubia. Miró despectivamente hacia los rojizos pedazos y el tenue charquito que reposaba ente éstos. Luego alzó la vista hacia Ino—…Espero que esto te haya refrescado la memoria.

La sangre… el pastoso recuerdo cálido se postró de fijo en su mente.

Aquellos policías…

—¡¿Qué he hecho? –su voz irrumpió en grito, reverberando con un eco poderoso en medio de la bóveda. Un trueno en medio de la nada.—¡¿QUÉ HE HECHO?

—Vivir. —musitó Anko, resueltamente—Lo que hemos hecho por siglos… vivir.

Encaró a Anko. El fulgor de sus castaños orbes reflejaba el macilento semblante de Ino. Se fulminaron la una a la otra con la mirada.

—Te di la vida eterna y quiero que la vivas. —Protestó Anko con brusquedad mientras realizaba un expresivo despliegue de justa indignación.

—No…—musitó Ino. Las palabras abandonaban sus labios como un torrente—Lo único que te importa es que no me salga del camino marcado… —alterada y ofuscada, dejó que las sensaciones físicas que estaba experimentando se transmitieran a su voz—. No es más… que tu estúpido plan de reclutamiento. Igual que Orochimaru...

Una mano emergió de improviso de la oscuridad, sujetó a Ino por el cuello e interrumpió su diatriba. Los ojos entornados de Anko ya no mostraban demasiada paciencia para con el histrionismo de la joven. Las uñas de los dedos se extendieron y se convirtieron en garras afiladas como cuchillos que se clavaron en la carne de Ino. Ésta se encogió de dolor, y trató en vano de librarse. Intentó decir algo pero casi no podía ni respirar. Anko apretó y asfixió a Ino un poco más.

—Todo está a punto de cambiar… y nada podrá impedirlo…—dijo Anko con calma—...Y la única, la única decisión que tu y yo podremos tomar es de qué lado estaremos cuando ocurra.

La soltó por fin. Jadeando, Ino se dejó caer sobre un mustio charco.

—Así que piensa en ello…—Anko habló con un tono que no toleraba disenso alguno—. Recuerda que ya he sangrado por ti en una ocasión. Sin mí, no tendrías nada.

Sus ojos pardos, que no conocían el miedo, desafiaron a Ino a contradecirla. Lo repitió con lentitud, subrayando cada palabra para darle mayor énfasis.

—No serías... nada.

Un zumbido cruzó por su mente, anteponiéndose a escenas de batallas pasadas, muertes provocadas y cuerpos desfallecientes.

Un zumbido repetitivo… como un timbre.

El eco del teléfono móvil sonaba a sus espaldas.

0—

—¡¿Sakura? ¡Sakura! ¡¿Qué te pasa?

Pero lo único que escapó de su garganta fue otro gemido dolorido. Hasta el último músculo de su cuerpo estaba convulsionándose sin control. El latido de sus oídos estaba incrementándose de manera exponencial. Su visión era borrosa, el color estaba desapareciendo y el mundo estaba convirtiéndose en una sombra gris monocromática.

El dolor fue extendiéndose por el brazo hasta el hombro. Los dedos se contraían y retorcían, Sakura apretó los dientes para no gritar. Se agarró la muñeca con unos dedos espasmódicos que se abrían y cerraban; oía débiles chasquidos, cada uno de los cuales le producía una nueva y terrible punzada de angustia. Su cara empezó a sudar.

Incapaz de articular palabra, gruñó con más fuerza.

Las encías se hincharon al mismo tiempo que, empezando por los caninos, sus dientes se hacían más grandes y pronunciados. Muy pronto no pudo siquiera cerrar la boca a causa de la trampa para osos que formaban los colmillos afilados que sobresalían de sus mandíbulas.

Tarde. Demasiado tarde…

Atrapada en plena transformación, Sakura lanzó una patada salvaje contra la pantalla metálica del portón.

—¡¿Qu…?

La voz del muchacho se apagó. Se quedó aturdido, con el miedo brillando en su semblante.

Unos ojos brillantes y ambarinos lo miraban desde debajo de una frente hirsuta y rugosa. Su nariz se había convertido en un hocico animal de temblorosas fosas nasales. Afilados caninos e incisivos asomaban desde el interior de unas fauces alargadas, casi lobunas.

Naruto retrocedió hacia la pared posterior. Sus pies se enredaron con la pata de una oxidada silla plegada. Agitó fuertemente los brazos para no perder el equilibrio y hubiera podido recuperarlo, pero, antes de que ello ocurriera, Sakura cargó contra él como una sangrienta máquina de matar. Resbalaba saliva por su barbilla mientras mostraba sus recién nacidos colmillos y los liberaba con un rugido furioso.

—¡SAKURAAA!

El portón se abatió con un impacto estruendoso y unas manos provistas de uñas largas y afiladas como dagas sujetaron a Sakura por los brazos. Utilizando toda su fuerza inhumana, Ino Yamanaka pudo derribarle; afortunadamente Sakura no tenía todavía el peso y el tamaño de un licántropo, de lo contrario no habría tenido ninguna posibilidad.

Ino Yamanaka asió al muchacho por el cuello de la chaqueta, sacándolo con el peso rígido de un bulto inmóvil y su otra mano se ocupó de cerrar la puerta. El portón quedó trabado con un crujido hueco.

Un lánguido gemido escapó de los labios de Naruto Uzumaki, arrinconado y tembloroso contra el borde del pasillo.

El eco de un estruendoso aullido de agonía y furia cimbró las paredes de la abandonada área en remodelación del hospital de Amegakure.

0—

—No… no lo entiendo…dattebayó.

Sus desorbitados ojos estaban clavados en la silueta de aquella mujer de rubia cabellera y piel pálida como la cera de una vela, sentada junto a él en el pasillo del área general. Llevaba puesto un largo abrigo negro como el cielo nocturno, dejando entrever una desgastada blusa manchada de algo carmesí. Naruto no reparó en ello. Su mente aun estaba fija en aquel semblante…

Sakura…

—Ella debería ser quien te lo diga –enunció Ino, sacándole de sus pensamientos—…o al menos debiste insistir en preguntárselo.

—Sakura-chan… —sintió la lengua pastosa y reseca. Dio un trago al amargo té que había comprado renuentemente—Ella…—suspiró, agobiado—sólo se fue. Asi nada más. No me dijo nada a mi, ni a nadie en Konoha… —apretó el puño—Si está metida en algún lío yo…

—No es eso –aminoró Ino—La conozco, tal vez no mucho pero sé que no suele meterse en problemas. –bajó un poco el tono, intentando mediar, conseguir las palabras adecuadas… algo que pudiese disimular aquello que Naruto estuvo a punto de presenciar—Sólo tiene ciertas cosas por arreglar… nos pasa a todos.

Exhaló.

—Ha hablado de ti… Uzumaki Naruto –dijo, intentando fugazmente desviar un poco la conversación—Decía, que ella siempre estaba estudiando, para aprender medicina, para salvar vidas… pero que tú, eras el que de verdad sabía como vivir.

—¿Te dijo eso?

Ella asintió, con un vago resquicio de seriedad.

—Sigo sin entenderlo…, dattebayó.

—Yo creo que todos estamos malditos en algún sentido. –dijo con una voz que se perdía en su misma duda.

—Pero ella… Sakura-chan… ¿es…?

Él ya no le miraba a los ojos. Su atención ahondaba en un vacío interno, menguando entre la cordura y la confusión, como una espiral concéntrica sin salida.

Iba a decirlo… iba a preguntarlo. A reiterarlo. Ino podía verlo en sus ojos, aun bajo el miedo latente de lo que había ocurrido con Sakura. Ino conocía ese gesto, esa pregunta dubitativa que se tambaleaba en los labios del muchacho.

Una cuestión de lógica y cordura. De sensatez e incredulidad.

Y muy en el fondo sabía que Sakura no le perdonaría por ser ella quien le dijese la verdad. Y en un sentido personal, ni ella misma podría permitírselo.

—Naruto… —alzó el rostro y las miradas se cruzaron. Conectadas en un silencio dúctil y sombrío. Entonces un viento helado impregnó de lleno el ambiente. Sus ojos quedaron prendados de aquel vacío azul-hielo mientras que su mente parecía estancarse en una neblina, profunda y Naruto se sumió profundamente en la hipnósis—…dale tiempo. Después de todo, no hablaron mucho ayer…

Los dedos trastabillaron sobre la taza plástica del té. El tacto cálido del líquido sobre los dedos del joven le devolvió a la realidad. Parpadeó, pasándose la otra mano por la frente.

—Dattebayó… —masculló, limpiándose el dorso de la mano con la manga. Miró confundido por sobre su hombro—… olvidé lo que estaba diciendo.

Ino se encogió de hombros, disimulando una sonrisa de amabilidad.

—Descuida no era nada importante.

Él se mostraba todavía confundido. Se levantó inseguro, como alguien que recién despierta de una larga siesta.

—Creo que debería irme, es algo tarde… —se detuvo, dirigiéndose a Ino—Si ves a Sakura-chan, dile… —las palabras se quebraron, más por un dejo de duda que por otra cosa. —Nah, olvídalo. –fingió sonreír, pero sus labios sólo esperaron una línea curva y fugaz—… supongo que ella lo sabe.

Tiró lo que quedaba del agrio té en el cesto de basura, y se alejó, con las manos en los bolsillos y el semblante pétreo, fijo en el brillante linóleo del pasillo que conducía al área de cuidados intensivos.

Un destello de desconcierto casi empático y sensible apareció en los orbes de la rubia mientras en mustio silencio veía al muchacho desaparecer entre el largo pasillo. Un suspiro largo escapó de sus labios, en gesto de alivio.

Dejó caer la espalda contra el respaldo de la silla y miró hacia el techo.

Me debes una, frentuda estúpida…

Sintió el peso metálico de las llaves del portón que conducía a la "sala de aislamiento2 –nombre provisional proporcionado por ella—, tintineando contra la carcasa de su teléfono móvil. Lo sacó, casi por inercia. La pantalla aun estaba en el menú de llamadas perdidas. Ocho llamadas que iban desde las nueve y media hasta las diez de la noche. Todas de Sakura.

Si no hubiera escuchado la maldita alarma… si no hubiera llegado a tiempo, ése muchacho…

Su mente se estancó, en una frase que sólo podría haber salido de boca de Anko Mitarashi… o de su propio padre.

"Un humano menos de qué preocuparse."

Pudo haber terminado como esos policías… y tu también, de haber llegado más tarde.

Su mente cambió el contexto. ¡Ah, las suposiciones y las variantes que podrían surgir de una simple situación! Entonces comenzó a considerar que aquello tal vez no hubiese tan buena idea, como había argumentado Shikamaru hacía dos semanas; pero uno podría arreglárselas.

Sakura no tendría por qué enterarse de lo ocurrido en la fábrica abandonada; de la misma manera en que Ino no tendría por qué darle explicaciones en cuanto al "borrado de memoria" del tal Uzumaki.

Una mano lava la otra, ¿no?

Exhaló, todavía con el recuerdo de la sangre de aquellas víctimas reposando en su aliento.

0—

El sonido de la lluvia se confundía con el agua corriendo a raudales de la ducha. Una tenue nubecilla de vapor se había formado a su alrededor a causa del agua tibia y el contacto de ésta, sobre su desnuda piel parecía menguar el dolor de sus atormentados músculos.

Sakura se quedó inmóvil bajo el constante chorro, inhalando y exhalando copiosamente, como si hubiese estado corriendo un maratón entero durante los últimos quince minutos. La cabeza arremetía con un pulsante ardor y su visión aun flaqueaba en un punto entre la húmeda y desconcertante realidad y los fragmentos de la noche anterior. Era como tener una resaca combinada con un envenenamiento etílico, con la diferencia de que podía tolerarlo con la normalidad de una jaqueca, sin estar postrada en cama y entubada a dos litros de suero.

Naruto…

El nombre emergió de la nada y de todo a la vez.

Naruto. La luna llena… el cambio… la puerta atascada por fuera…

—¡¿Naruto? …¡¿Qué fue lo que pasó? ¡¿Dónde está? –las preguntas se habían arremolinado en su garganta esta mañana, cuando Ino abrió la puerta de la cámara, encontrando ésta en un caos como si alguien hubiese avasallado las paredes con un cartucho de dinamita o una demoledora industrial.

—Partió esta mañana. Yo misma firmé el acta de salida. –había asentido Ino, casi sonriendo—No pasó nada, déjenoslo en borrón y cuenta nueva, ¿vale?

Eso fue todo cuanto Ino respondió, dejando cerca del quicio la maleta con una muda de ropa. Y Sakura no objetó nada en ese momento, ni en el trayecto de regreso al apartamento.

Menuda manera de despedirme de él… refutó internamente. ¿Qué pasará ahora?... lo más seguro es que termine contándoles a todos que soy un jodido fenómeno y…

—¡Basta! –se dijo abruptamente.

El aliento aun le pesaba con un amargo sabor a herrumbre y cuyo origen no quería ni averiguar. El asco y la nauseabunda sensación de su estómago volvieron, usualmente como todas las mañanas posteriores al plenilunio. Reprimió una arcada, con ambas manos en la boca y quedándose quieta, casi inclinada hacia el frente.

Cerró el grifo, tras quedarse bajo éste casi quince o veinte minutos. Después de tres capas de jabón, aun podía percibir aquella peste a animal salvaje impregnada en su piel. Renuente, volvió a abrir el grifo enjabonándose una vez más.

Había voces provenientes de la planta baja. Sakura no les prestó atención. La televisión, tal vez, pensó en modo distraído.

Terminó la meticulosa ducha, y salió, acomodándose desenfadadamente la toalla. Abrió la puerta, encontrándose con la cara casi estupefacta de Hinata.

—¡Sa..Sakura-san! –apremió, con una inusual sorpresa.

Sakura le contempló sin entender.

—¿E…estás…bien? –musitó Hinata con la voz en un hilo, para luego estallar en una peculiar retahíla de palabras entrecortadas.—…lo… lo de anoche… ¡Perdón si no pude hacer nada! Yo… yo no podía… ¡No podía salir y…!

El volumen televisor expelió una baja de voltaje y la lámpara de la sala, apostada en la mesita junto a la puerta, echó chispas como si algo hubiese incrementado el voltaje súbitamente.

—Hinata —en un gesto de apremiante sosiego fingido, Sakura intentó calmarle. De alguna manera, cada vez que la tímida chica se ofuscaba o alteraba en proporciones exageradas, el efecto repercutía en la casa o en cualquier objeto liado a ella—… no le he matado, así que podría decir que esta… está bien.

—¿En… serio?

Ella asintió.

—Si… descuida. –Cortaba las palabras—… ni siquiera sé que esperaba que hicieras… pero esta bien. No fue tu culpa…

La recepción del televisor volvía a menguar. La puerta del baño se cerró al tiempo en que lo hacía también una de las ventanas del comedor. Los dedos de Hinata se movían nerviosamente sobre sus nudillos.

—¿Hinata?

—¡Neji-san vendrá a la casa!—Hinata simplemente escupió la frase con el intempestivo impulso de un estornudo, al momento en que las escaleras se cimbraron por un mullido temblor.—…Es… que..

—¡¿Qué?

Desde la sala, sentada cómodamente en el sofá, Ino dejó el teléfono y se limitó a esconder el rostro tras una revista. Un hosco gesto por esconder la "evidencia"

—¡Ino!

—Hinata tenía muchas ganas de verle —la rubia asomó levemente el rostro, con una lívida sonrisa.—Personalmente no creo que sea mala idea, tal vez eso le ayude.

Sakura se llevó una mano a la frente.

—Vale, ¿soy la única aquí que cree que eso es una pésima idea? –vio por sobre su hombro a Hinata—¿y si puede verle?

—No… no puede… —reiteró en un jadeo la tímida y traslúcida chica de cabellos negro azulados.

Ino meneó la cabeza.

—Tómalo con lógica, ¿quieres? Es un fantasma, nadie puede verla… —chasqueó la lengua, dándole la vuelta a una página con desinterés—…aunque a veces la gente normal, si puede verlos; gente con mente abierta…

—No me vió la última vez… y estuve gritándole… —musitó Hinata.

Se paseaba de derecha a izquierda del corredor, todavía jugando con sus dedos.

—…Sólo… sólo quiero verle… una vez más.

0—

Le sacudió de nuevo la pesadilla y permaneció tumbado en la oscuridad mientras ráfagas de viento azotaban las ventanas y se oía el golpeteo de una persiana mal cerrada.

Sintió un viento helado dándole de lleno en la cara y un lacerante ardor acometió en las heridas de su cuello.

Despierta…

Trató de abrir los ojos, pero los párpados estaban pegados. Olió a carne y a sangre, y sintió un aliento cálido en el rostro. Algo resoplaba cerca de él, con el ruido continuo de un fuelle.

Despierta…

La piadosa oscuridad le apremió a erguirse. El frío aminoraba y le parecía oír el ritmo de su respiración. Subiendo y bajando, como si quisiese emerger en medio de una inconstante marea.

—Despierta… muchacho.

Como si hubiese recibido una llamarada, se incorporó. Un par de pupilas, negras como el lóbrego vacío que inundaba el lugar, hicieron esfuerzo por enfocar. Permaneció sentado, y entonces se dio cuenta de que no había yacido en su cama, sino sobre un frío suelo embaldosado.

Estaba desnudo. Una descolorida sábana le cubría desde la cintura para abajo. Sintió que se le helaban los pulmones. Un grito entrecortado brotó de su cuello.

La voz profunda resonó en el cóncavo espacio de la sala. Aquella voz que le había llamado, pertenecía a un hombre, mucho mayor que él. Sesenta años tal vez, su semblante, difuso entre la densa oscuridad, mostraba un lado oculto por sendos vendajes. Una cicatriz en forma de X destacaba en su barbilla. El único ojo visible, el izquierdo, le contemplaba impasible. Sai le observaba a su vez.

—¿Dónde… dónde estoy?

Su mente se agitaba en absoluto desconcierto. Palabras, nombres y escenas se arremolinaban como un denso torbellino.

Ino… Ino-san…

—¡¿Dónde estoy? – siguió gritando, debilitándose su voz a medida que le abandonaban las fuerzas.

—Todo irá bien… — respondió el hombre, como si con esto lo explicase todo.—…sólo necesitas comer algo.

Sai se irguió, con el corazón palpitante, y se apretó contra la pared.

—Ino-san… ¿Do…dónde está?

—Yamanaka-san se alegrará mucho de que estés aquí…— Sonrió, mostrando unos dientes desiguales pero muy blancos. Su sonrisa era reservada y hostil.

Sai se apretaba con fuerza contra la pared, temeroso de moverse.

—Ino… — Se le quebró la voz.

Las heridas del cuello volvieron a latir.

El enjuto semblante circunspecto de Danzö Shimura estaba fijo en el del pálido joven.

—La verdad es como el fuego, muchacho —dijo—. O cura, o destruye. Pero nunca, nunca, deja de cambiar lo que toca. —Meneó lentamente la cabeza y miró fijamente al muchacho—. ¿Puedes aguantar las llamas de la verdad?

Sai no supo, no pudo responder.

—Creo que puedes —concluyó Danzö—. Si no pudieses, ya estarías muerto.


CONTINUARÁ


N/A:

Bien! un capitulo más y... oh si, miren a quien tenemos de vuelta. Jejeje...

ok, respondiendo algunos comentarios:

TAMAE-NAMIKASE: Bueno, es algo pronto para avistar "pairings" en la trama y pues... aunque suene decepcionante, si los llega a haber en este fanfic, no serán prioridad para la historia. En cuanto a Sasuke, pues levemente he mencionado que Sakura no quedó en tan buenos términos con él... pero eso no significa que exista una alejada (o posible) oportunidad de meterlo en la trama... ya veré también que rumbo pesca la historia.

KUSUBANA YORU:... nah, nada que diga aqui se difiere del msn. Se agradecen comentarios y observaciones, eso si.

AXIS OF FATE: Bueno, esta peculiar especie de vampiros no son taaan potencialmente fotosensibles, los unicos que bien prevalecen con hábitos noctámbulos son los más antiguos, por ejemplo Danzo... ya de los tranformados recientemente (Sai) ya es otro asunto :D

Ok, con esto contesto los rr y nos vemos la siguiente semana... con un capítulo más de esta envolvente historia. Paso a recomendarles, ya que estamos en ambiente sobrenatural, el fanfic de GAKI, escrito por mi lindo maridín.

Nuevamente Gracias por leer y comentar.

Nos leemos :D