Capítulo 6.- Aquello que he provocado.

—Onnechan…

La voz de Hanabi Hyüga se perdió en la densa oscuridad que reinó en la casa y un miedo latente, tan primario como arrebatador comenzó a fluctuar en su mente. Las ventanas, cerradas y cubiertas por las gruesas cortinas impedían siquiera un tenue destello del exterior. Las puertas, incluyendo la de la entrada estaban cerradas herméticamente.

Ahora se oía algo; no era el mismo sonido proveniente de la bombilla reventada… pero era algo.

El leve crujido de los goznes de una puerta.

Hanabi conocía y todavía recordaba cada uno de los sonidos de la casa: sabía qué tablas del suelo crujían, qué peldaño de la escalera chirriaba y en qué punto del canalón del tejado bramaba el viento cuando se ponía a soplar de firme...

Pero esos pasos… lentos y decididos…

Trastabilló y tropezó de lleno contra el sofá mientras alargó una mano hacia la pared… tratando de encontrar el interruptor de la luz de la cocina, más bien.

Se acercaban lentamente a ella.

Algo

Hanabi Hyüga se tambaleó, con el corazón palpitándole tan fuerte que casi podía escucharlo en medio del vacío de la casa.

Sus delgados tobillos tropezaron con la puerta oscilante de la cocina.

Alguien…

Y esta vez su mente no lo estaba imaginando. No. Ella lo sentía…. Le oía respirar.

Estancada contra la pared contuvo el aliento, hasta que la puerta de la entrada se abrió, con un rechinido seco y ella aprestó un grito entrecortado.

—¿Qué…? —Sakura casi deja caer su bolso en el momento en que una confusa Hanabi tropezó contra ella—¡¿Hanabi-san?

La mirada aterrada de ésta eludió el gesto contrariado de Sakura.

—¡Sakura-san! —sopesó la sorpresiva expresión y esquivó el tono estremecido de su voz. Sakura le contemplaba sin entender—Perdón por la improvisada visita –fingió trabajosamente un aire de solvencia— Neji se había dejado el móvil y pasé por él… y…—miró por sobre su hombro hacia la lóbrega sala—y parece que volvió a fundirse el foco de la sala.

Espetó una risa forzada que parecía más bien un chillido.

—Ahm… —Sakura notó la silueta difusa de Hinata, detrás de Hanabi y con ambas manos empuñadas, en un arrebatado ademán de disculpa.—…no…no hay problema…—intentó no fijarse en la traslúcida chica. La bombilla se balanceaba de un lado a otro sobre el cable como un péndulo—Creo que podríamos arreglarlo nosotras…

Antes de siquiera terminar la frase, Hanabi pasó por un lado, tomando sus cosas y saliendo a paso rápido como si alguien le hubiese empujado. Se detuvo sintiendo la seguridad de la calle.

—Tengo un poco de prisa, y…—por reflejo, volteó hacia el interior de la casa. Rehuyó la mirada al instante—Puedo decirle a Neji-san que venga mañana para revisar eso…

—No creo que sea necesario.

Hanabi había abierto la puerta del auto con pulso apurado.

—Bien… ¡Hasta luego!

Se marchó; el motor de su auto empezó a rugir, funcionó en vacío como a trompicones y después emitió un rumor más suave y se puso en marcha. Se alejó, haciendo chirriar los neumáticos.

Aun aturdida por la errática sorpresa de Hanabi, con la bolsa colgando débilmente de su hombro y las llaves todavía balanceándose en su mano, Sakura reparó en la difusa y temblorosa joven que permanecía inmóvil cual estatua junto al quicio de la puerta.

—Hinata…

0—

Se había quedado sentada en una de las bancas del parque, a sólo una calle de distancia del hospital, mientras un viento húmedo, anunciante de una próxima llovizna movía acompasadamente sus largos cabellos rubios.

La imagen de aquella torcida sonrisa en el rostro de Sai seguía acudiendo a su mente y sin poder siquiera apartarla; la sola mueca era tan ufana como las palabras que habían brotado de aquella voz engravecida.

¿Acaso temes que pueda ser mejor de lo que tú solías ser, Ino-san…?

La imagen de aquel muchacho que en días anteriores había capturado su atención –y su interés sexual— debido a su impersonal carácter y su ecuánime personalidad, reemplazada por la ominosa y despiadada naturaleza inmortal provocó en ella un reprimido arranque de ira. Le veía, tomando a una inocente víctima por el cuello, desangrándole, arrebatándole el último aliento de existencia con la facilidad de quien rompe una hoja de papel.

Igual que lo había hecho ella.

"Las cosas están a punto de cambiar", había dicho Anko.

Y ahora, tras haber visto a Sai, la frase y el sentido habían adquirido un significado más sólido.

Le hizo sentirse inquieta. Le hizo sentirse indignada. Le hizo sentirse furiosa.

Había sospechado algo, sí. Pero sospechar no era lo mismo que saber; ahora sabía eso por lo menos; lo que hacía que ello resultara doblemente cruel era el hecho de que ella hubiera empezado a creer realmente que sus sospechas eran infundadas. Y, aunque no lo fueran, ojos que no ven, corazón que no siente. ¿Acaso no era cierto? Si alguien está cruzando una habitación a oscuras en cuyo centro hay un profundo agujero abierto y pasa a pocos centímetros del mismo, no necesita saber que ha estado a punto de caer en él. No necesita tener miedo. Siempre y cuando la luz esté apagada.

Bueno, ella no había caído.

A Ino le habían empujado.

La cuestión era saber qué iba a hacer al respecto.

—¿Yamanaka-san? –una voz la sacó de sus pensamientos e Ino no pudo evitar un leve sobresalto a causa de la abrupta pregunta.

Se giró hacia su izquierda, encontrándose con el rostro taciturno de Genma Shiranui; uno de los enfermeros del piso de cardiología.

—Ah, Genma-san… —Ino emuló una fingida máscara de cortesía ante el peculiar saludo—…que… sorpresa, creí que había terminado su turno en la tarde…

La frase inicialmente no era más que un forzado intento de plática que eludiese la expresión pétrea y molesta de ella, no tenía intención de provocar nada más y menos viniendo de uno de los sujetos más incómodos que había conocido. Genma solía ser bastante tranquilo en horas de trabajo; uno de tantos enfermeros que circulaban de piso en piso y de turno en turno; había estado en el turno matutino, pasó al nocturno hacía tres meses y volvió de nuevo al vespertino, en cuanto la conoció a ella; y se quedó allí, como una molesta mancha de humedad en la pared.

—Tuvieron una emergencia en traumatología y para variar, les faltaban camilleros… —contestó, sin demostrar ninguna emoción más allá del cotidiano y usual tono escueto—y no estaba de humor como para aguantar otro de los berrinches de Raido-san —sonrió de lado mientras sus labios sujetaban el maltrecho palillo que siempre llevaba.—¿Está esperando a alguien?

Nuevamente ése molesto aire solícito, y en este momento, imprudentemente solícito.

—Ehm… no precisamente, sólo… —Ino respondió, y aquellas ideas, palabras y excusas murieron en su boca, en el momento en que el pulsante latido del corazón del joven acaparó toda su atención.

Mal momento para recordar que llevaba casi veinticuatro horas sin probar siquiera una gota de sangre.

Control. Control.

El sonido de las palpitaciones marcaba un vaivén lento pero estridente.

Control…

—¿…si, no hay problema? —resonó la voz de él en medio del tamborileo de su pulso.

Ino parpadeó, retomando el hilo de la pregunta del joven de cabellos castaños.

—Perdona… no te escuchaba.

—Preguntaba si finalmente me aceptaría invitarle un café…—repitió con el mismo aire educado y esa sinuosa sonrisa se amplió más.

La joven se pasó una mano por la sien, reacomodando el fleco mientras que interiormente se debatía en alguna respuesta lógica. Casi por inercia, respondió que sí, mas obligadamente que por convicción propia. Un fuero interno, producido por la urgencia de alimento se aprestaba en su conciencia.

No, no lo dejaría.

—Iré por el auto —enunció el joven, dirigiéndose hacia el estacionamiento aledaño al hospital.

Ino le esperó en la banca, mientras el eco de la llovizna resonaba en el cielo. Tomó el teléfono, con aire distraído.

Nuevamente las pulsaciones en su cabeza, mientras su oído aun podía escuchar el latido del corazón del enfermero.

Miró el número en el apartado de marcado rápido, aun renuente.

Molesta o no… no puedo quedarme sola con él. No… no caeré de nuevo…

0—

Estaba temblando totalmente, en parte a causa de la reacción y, en parte, de alivio. Surgió de ella un sonido, un sollozo estridente que no era posible que hubiera nacido en su pecho.

—¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! –Hinata había escondido el rostro, sentada en una posición casi fetal en la esquina del sofá. Sakura estuvo a punto de proferir algo, pero ante semejante reacción, hasta el más mínimo suspiro parecía hacerle sentir culpable—…Yo… yo sólo quería…

—¿Darle un susto de muerte?—la pregunta sonó más a una de las satíricas frases de Ino y Sakura se reprendió internamente por ello; después de la discusión de aquella tarde en el hospital, en lo último que quería pensar era en la voluntariosa Yamanaka. Exhaló lánguidamente—Hinata, nadie puede verte ni oírte… a menos que te empeñes en explotar las conexiones de la casa.

Hinata alzó levemente la mirada.

—Parecía, podía jurar que me había escuchado… —hizo una pausa corta, pasándose el dorso de su manga sobre sus llorosos ojos—… estaba detrás de ella y era, era como si… me hubiese sentido.

La joven de cabello rosa aun hacía equilibrio sobre la maltrecha escalera plegadiza, apostada en medio de la sala y sosteniendo el bombillo quemado, ahora reemplazado por el de la cocina. Lo ajustó precariamente a causa del insignificante cable que parecía próximo a caerse junto con el resto de la instalación eléctrica.

—Por la manera en que salió corriendo, yo también lo creería –Sakura bajó y volvió a doblar la escalera. Sin sumo cuidado, la arrinconó contra la puerta que daba al diminuto patio.

—Nunca la había visto tan alterada… —la voz de la Hyüga sonaba más apaciguada—...cómo si algo en la casa la inquietara.

—¿Aparte de ti?

La atención de Hinata había quedado fija en la escalera.

—Lo noté, antes de que pretendiese hablarle. –dijo con una voz calmada y casi inadvertida.—Debería… debería haberlo intentado con más fuerza.

La débil luz de la sala menguaba, más a causa del foco de bajo voltaje. Sakura se dejó caer en el otro extremo del sofá, apoyando la nuca contra el respaldo.

—Sería demasiado arriesgado –Sakura musitó con aire casi ausente. Sus verdes orbes denotaban un brillo meditabundo—…no siempre puede terminar bien.

Un suspiro largo escapó de la boca de la otra chica. Un gesto casi apesadumbrado. Sin eludirlo, simplemente asintió, en un mullido silencio y con la mirada hacia el techo, cómo si éste pudiese proyectar aquella parte de su pasado que había estado forzándose a olvidar.

—Llevo muerta seis meses, sin ningún cambio… —enunció Hinata, con una voz tan baja que parecía que hablase con ella misma—…Si pudiese servir que…que hable con ella una vez más –especulaba, como quien da vueltas a un problema matemático—…si, si aparece una luz blanca y camino hacia ella… ¿porqué no intentarlo?

En un sentido casi lógico, podría, por muy alejada que estuviese la posibilidad, podría dar resultado. Después de todo, había muerto de manera abrupta ¿no? Pero, ¿y si el remedio resultase más complicado que la enfermedad?

—Hinata…¿Podrías soportar pasar por lo mismo? ¿por el dolor de perderles de nuevo?

La sola pregunta, parecía tener ya una respuesta concisa. Algo que Hinata estaba repasando, en mera soledad y que no había vuelto a considerar hasta esta tarde.

¿Qué podía perder con ello?

—Ya estoy muerta… —asintió, y una efímera sonrisa de seguridad se dibujó en los labios de Hinata Hyüga.

El timbre del teléfono sonó, con un pequeño eco ahogado por el botón de llamada cortada. Sakura apenas notó el número y colgó. Volvió a sonar. Dos. Tres veces.

—¿Qué? –con una modulación baja y fastidiada, contestó, anteponiéndose a los cinco u ocho timbrazos insistentes que podría recibir si seguía dejando la llamada en espera. Sabía lo terca que solía ser Ino.

¿Sólo "qué"? Joder, "frentesota"… —bajó la voz, dejando filtrar el sonido de la lluvia—, ¿piensas seguir enojada hasta la siguiente semana o…?

—¿Qué quieres, Ino?

Le escuchó chasquear la lengua. El sonido cimbró molestamente en sus agudos oídos.

Pensaba en tomarme un café con el patán de Genma…

—¿Y a mi qué con eso?

No puedo quedarme sola con él.

—Ino…

—…me debes una.

Y la frase no tuvo más respuesta.

El silencio y el tono sombrío que proyectaba la voz de Ino Yamanaka no sonaba ni por asomo impostado. Y ella conocía ésa modulación.

Colgó.

0—

Hacía casi veinte minutos en que ni un solo vehículo pasó por la calle y el cielo lóbrego y helado trajo consigo una reciente llovizna. Genma Shiranui había desaparecido en medio de la ominosa penumbra que regía en el estacionamiento.

Y un grito ahogado retumbó en la oscuridad.

Ino corrió hasta el estacionamiento, sintiendo un denso escalofrío en la nuca.

Abrió la puerta del mamparo. Ésta chirrió, girando sobre sus goznes.

—¿Genma-san?

Ninguna respuesta todavía. Se percibía un desagradable olor dulzón que no le gustaba, pero, al principio, pensó que debía ser la humedad resguardada en las paredes.

Sólo que el olor no era el de la humedad. Era de sangre. Una cantidad enorme de sangre.

Kamisama… no…

Algo yacía en medio del pasillo. Un peso muerto, inmóvil y difuso entre las espesas sombras. Ino corrió hacia la figura, se arrodilló y de su garganta se escapó algo así como un grito. De repente, la atmósfera del pasillo se le antojó demasiado sofocante y cerrada. Le pareció que le asfixiaba. Apartó el rostro de Genma, cubriéndose la boca con una mano. Alguien había asesinado al muchacho. Alguien había...

Se obligó a sí misma a mirar de nuevo. Genma se hallaba tendido en medio de un charco de su propia sangre. Sus ojos estaban mirando sin ver el techo del pasillo. Su garganta estaba abierta. Pero no simplemente abierta, parecía que se la hubieran desgarrado a mordiscos.

Esta vez no luchó contra su garganta. Esta vez dejó simplemente que todo se le escapara en una serie de inevitables ruidos de ahogo y...

... y ella tenía que llamar a la policía. Lo demás no importaba. No importaba la forma en que los ojos del infortunado muchacho de cabellos castaños estaban mirando asustados al techo en medio de la oscuridad.

—Mierda...—resolló alguien a sus espaldas. Una mano helada se posó en su hombro—…Creo que se me pasó la mano. Qué pena.

Sai sonreía, tan apaciblemente como la noche en que le conoció. El cuerpo de la rubia parecía haberse quedado petrificado. Estaba gimiendo en lo más hondo de su garganta, pero no se daba cuenta.

—Alguien tenía que hacerlo. —rió lacónicamente el pálido muchacho. Un hilo carmesí todavía escurría entre las comisuras de sus labios, dándole una apariencia más que fantasmal. Se enjugó la sangre con el dorso de su mano. La saboreó.—Quería hacerte el favor, Ino-chan, de…

Pero ella simplemente no le escuchaba.

Sangre. El cálido líquido vital nublaba sus sentidos y ennegrecía la visión con una apabullante y siniestra incandescencia.

—¡Ino! —la voz de Sakura le sacó del trance. Le vio por sobre su hombro; inmóvil. Abrió mucho los ojos hasta el punto en que pareció que se le escapaban de las órbitas.–¡¿Qué…?

—Oh, vaya… así que también has traído a tu mascota, eh… Ino-chan. —Sai espetó una burlona risa, hosca y grave—, bueno, podríamos dejarle las sobras si es que quieres…

Y detonó, en un cúmulo de emociones encontradas. La frustración de no haber podido hacer nada, la ira de no haberlo detenido cuando tuvo la oportunidad… la debilidad que le había provocado Sai. Todo, simplemente explotó, como agitar una botella de soda y descorcharla abruptamente.

—¡MALDITO BASTARDO! –Ino Yamanaka se abalanzó hacia el ufano muchacho y éste aprestó a detenerle ambas manos con mesurada fuerza.

Hubo un forcejeo, un inútil y escuálido intento por siquiera alcanzar la garganta de Sai mientras que éste se lo impedía, sujetándole ambas manos en un inamovible apretón. Un gemido entrecortado surgió del cuerpo yaciente de Genma. Jadeando, luchando con el umbral de una muerte inminente, la desgarrada boca del masacrado enfermero espetó un agónico y lánguido bufido.

—Esta… esta vivo aun…—Sakura le contemplaba a ella, aun aturdida y con la voz aun temblándole en su garganta.

Ino no apartaba la vista de los negros orbes de Sai. Sus manos dejaron de forcejear con los ásperos nudillos de él… entonces lo vio. A él, al verdadero Sai; con el semblante triste y dolorido.

—Podrías salvarle… —musitó él.

Escuchó a Sakura llamarle, la lluvia arreciando en el exterior, los latidos de Genma… en un vaivén muy lento, fluctuando hacia un próximo deceso… y su mente, fija en las últimas palabras de Sai.

—¡Ino!

—Un sorbo… —masculló Sai, contrayendo los labios en una mueca insidiosa—un tenue intercambio de sangre y…

Podrías salvarle…

—¡Ino!

—¡NO! –el grito brotó de su boca como un desesperado alarido, entre la conciencia y la inconsciencia… lo lógico y lo vulnerable—¡NO VOY A HACERLO! ¡NO!

Las manos soltaron los dedos blancuzcos del muchacho. Ino se volvió hacia Sakura con ojos inexpresivos y aturdidos. Le miró fijamente... sacudió la cabeza... y retrocedió.

—No puedo…— Su boca se movía como la boca de una figura de un televisor cuyo volumen se hubiera bajado al mínimo. —Lo… lo siento…

Genma Shiranui se estremeció de pies a cabeza. De pronto, pareció quedar congelado, con todos los músculos en tensión. Durante un momento, sus ojos miraron a Ino sin aquella expresión ausente, pero los ojos volvieron a perderse en el vacío, vidriosos... El hombre había muerto.

Ino se sentó sobre sus talones, con toda la ropa pegada al cuerpo. Se le nubló la vista y las imágenes empezaron a ladearse.

0—

La sala de Urgencias se llenó de gente. Parecían actores que hubieran estado esperando la entrada. Ello acrecentó el aturdimiento y el desconcierto de Sakura Haruno y de Ino Yamanaka.

Dos enfermeros novatos entraron transportando torpemente la camilla dura que se utilizaba en los casos de lesiones dorsales y cervicales. Les seguía Hayate Gekko, uno de los encargados de recepción; anunciando la llegada de la policía. Detrás de éste venían Anko Mitarashi y dos agentes del servicio de Seguridad. Ino reconoció vagamente a uno de ellos; Chouji Akimichi, un muchacho regordete de cabello castaño y encrespado.

Uno de los enfermeros auxiliares soltó el extremo de la camilla. Empezó a sonar un teléfono. Una muchacha había llegado, espetando un llanto ininteligible y llamando en monosílabos al muerto. El barullo era espantoso. Uno de los agentes preguntaba a Hayate si podía darles una manta para tapar el cadáver, y éste le decía que no sabía si estaba autorizado para disponer de una manta.

Sakura volvió a sentir en la garganta aquella rigidez inoportuna, y consiguió ahogarla. Pero su cerebro parecía estar ya envolviendo aquellos momentos en una película protectora, esculpiendo, retocando, sustituyendo.

Casi como ver el inicio de un próximo incendio.

—Hasta aquí llega todo, supongo —inquirió Sakura, cautelosamente.

Ino exhaló, sin siquiera mirarle.

—No. –dijo simplemente.

Tenía los ojos entrecerrados y sentía el mundo oscilar lentamente bajo sus pies y la voz de Sakura parecía llegarle a través de una espesa niebla.

—Relacionarán a Genma con Sai…—musitó Sakura—… y a Sai contigo.

—No… —retribuyó, casi en un tono automático. Su propia voz sonaba lejana—Esto pasa continuamente…—alzó el rostro y la mirada de uno de los agentes se cruzó con la de ella en un instante fugaz—Ellos se encargarán del asunto… siempre lo hacen.

Siempre.

0—

Fueron cerca de las tres de la madrugada, cuando la densa lluvia cesó. Ellas habían regresado a casa media hora después. Hinata no preguntó nada, en un leve afán de no inferir más de lo que podía leer en el semblante de Sakura y de Ino.

Todo cuanto Hinata comentó fue una simple y llana frase: ¿Ha sido…Genma-san?

Dos veces Sakura había abierto la boca para intentar siquiera enunciar una frase completa. No pudo hacerlo, simplemente porque no había que decir más de la muda afirmación y aquella entrecortada y mustia plática en el hospital había quedado relegada a un largo silencio, en el que ella no quiso preguntar nada más allá de lo que sabía que había ocurrido y tampoco presionar más allá de lo que Anko le pudo haber dicho a Ino antes de que ella firmara el acta de defunción.

Apenas esta misma mañana, se sentía de humor para reprocharle lo de Sai hasta el cansancio, podía rebatirle que –según la propia Sakura- llevaba una vida más cómoda que la de ella… pero ahora, al ver aquello que quedó descubierto del velo de su fingida despreocupación, todo argumento se había desplomado como un castillo de naipes.

—Nunca lo había pensado así… —murmuró Sakura. La frase pendía dudosa en sus labios, mientras ella estaba silenciosa en el sofá, mirando la taza de té caliente que humeaba a su lado.—Lo duro que es esforzarse, cada segundo de su vida… para no ser uno de ellos.

La solitaria silueta de la joven rubia, permanecía todavía inmóvil y quieta, de pie contra el quicio de la puerta y la vista perdida en el exterior.

Un pesado silencio reinó en la sala de la casa, hasta que ella simplemente lo preguntó. Una simple duda, un impulso de curiosidad que mediaba en ella al menos desde que les escuchó mencionarlo a media plática. Y Hinata no era afanosamente entrometida, solamente era eso, mera curiosidad.

—¿Crees…crees que debería haberlo salvado?

Sin dirigirse a ella, ni a Ino, una apaciguada sonrisa, fugaz y casi invisible, se dibujó en su semblante.

—Creo que lo hizo.

0—

A kilómetros de distancia de la tormentosa Amegakure, en un país donde los días soleados y el clima cálido cobijaban la mayor parte del año, un muchacho de encrespada cabellera rubia se incorporó abruptamente sobre su lecho.

Poco antes de que las primeras señales del amanecer asomaran en el cielo por el este, se oyeron pisadas en la escalera. Eran lentas y torpes, pero decididas. Una sombra se deslizó entre las sombras del pasillo.

Con ella venía un olor... un hedor.

Entonces salió el destello de una luna creciente de detrás de una nube, inundando la habitación de una luz fría y pálida, y Naruto Uzumaki vio a aquel hombre, alto y encorvado frente a la puerta.

Allí estaba, con la cabeza hundida detrás de la sien izquierda. La sangre se le había secado en la cara dejándole unas rayas moradas que en conjunto al afilado rostro y astutas facciones, recordaban la expresión de un zorro. Se le veía la protuberancia blanquecina de la clavícula. Estaba sonriendo de oreja a oreja con sus labios ensangrentados enseñando los dientes, y el color de su piel adquiría a la luz de la luna el tono marfileño del cadáver que va a ser amortajado.

Kurama…

Él recordaba ese nombre… lo había escuchado de su padre…

He venido a buscarte… Uzumaki… — Aquello había levantado el brazo señalándole —…He venido por ti…

Y esta vez, con la misma claridad que una cotorra o un cuervo con la lengua partida, las palabras sonaron, inconfundibles. Los ojos tenían la mirada extraviada y derrames de sangre; la boca se abría en una gran sonrisa de carpa muerta.

El horror traspasó el cuerpo de Naruto atenazándole el corazón con unos dedos helados. Él se sentía más y más pequeño, hasta que no pensó más que en salir corriendo para escapar. Sus ojos se dilataron y se apretó los labios con los nudillos.

Las paredes de su habitación se habían convertido en un montón de huesos. Y los huesos se movían, retorcían y entrechocaban: mandíbulas, fémures, cúbitos, molares, incisivos; vio las sardónicas calaveras de seres humanos y animales, falanges que tintineaban. Aquí, los restos de un pie flexionaban sus pálidas articulaciones...

Ah, y se movía; estaba reptando.

Kurama venía ahora hacia él, con su cara ensangrentada, sombría a la luz de la luna, y el último vestigio de pensamiento coherente de Naruto acabó de diluirse en una idea repetitiva:

"Tienes que gritar para despertarte, aunque asustes a mamá y a todo el vecindario, tienes que gritar para despertarte ..."

Pero no le salía más que un tenue soplo de aire, como el sonido que hace el niño que trata de aprender a silbar.

Kurama alargó ambos brazos hacia él.

Naruto…

Y aquel leve y alucinante entrechocar de huesos.

Naruto se echaba hacia atrás, en su afán por rehuir aquella mano. Trató de gritar, y el mundo se borró de su vista dando vueltas, pero seguía oyendo el repiqueteo de huesos.


Continuará.


Siguiente Capítulo… "Alguien que Cuide de Mí"


N/A:

Uff... siento que esto esta yéndose a terrenos inhóspitos... y bueno, ya hace mucho que no me meto en tramas tan "King-nianas", oscuras y retorcidas asi que todavía me siento un pelín oxidada...

Bueno muchos me preguntaron acerca de este "retorcido" Sai... si, puede que ande rondándome en el disparatado terreno del OOC un poco pero es para bien de la trama, en el siguiente capítulo os mostraré una pequeña "justificación" del porqué el pálido muchacho es así. (Los que saben de vampirismo puede que ya hayan pillado la cosa y se hayan adelantado a suposiciones, jeje)

En fin, muchas gracias a todos y todas mis "padawanes" que leen y comentan :D

Ya saben que cualquier duda, tomatazo, opinión y crítica en la sección de REVIEWS.

Nos leemos la siguiente semana!