Viernes! dia de capitulo nuevo y... bueno, y lo que surja de aqui en adelante. Un personaje más se suma al elenco, espero sorprenderos con eso. jeje.

Arriba el telón!


Capítulo 7.- Alguien que Cuide de Mí

Aspiró profundamente, mientras el agua del grifo corría dispersamente en el lavamanos del baño. Ino Yamanaka alzó el rostro y el tenue reflejo de éste le devolvió la mirada. Una imagen casi tan difuminada como la de Hinata, pero que al menos solía servir para arreglar un poco los detalles del cabello o del discreto maquillaje.

Espetó un gemido de frustración, al notar aun un leve sombreado bajo los ojos; resultado del contrastante efecto que producía la sangre envasada a diferencia de la solvencia energética de fluido carmesí en estado natural.

Al menos, demostraba que podía arreglárselas a su personal manera. Claro, lejos de ellos… y lo que desembocaba a estar también lejos de Sai.

Suspiró, mientras su mente volvía al punto de aquella fugaz charla con Anko, hacía tres días, cuando firmó el acta de defunción de Genma Shiranui.

Que pena… era un enfermero muy capacitado. –masculló Anko, releyendo el acta y el historial de trabajo del occiso—…Nos hubiera sido muy útil. Convertirlo habría sido práctico para…

No estoy interesada en hacerte las cosas prácticas.

Esa incorde sonrisa de nuevo. Y ella simplemente no pudo soportarlo más.

¿Me estás retando o es sólo una de tus tantas advertencias? –la presuntuosa expresión de Anko no aguardó respuesta—Tenemos órdenes de Danzo y el hecho de que a una chiquilla mimada no le parezca el rumbo que toman las cosas no es de importancia para nosotros.

Una de las enfermeras del turno de la mañana llegó, irrumpiendo la discreta charla y preguntando por el acomodo de los archivos del turno a Ino. Esta le atendió, sin despegar la mirada de Anko.

Te lo diré una última vez…—la mujer de cabellos oscuros se dirigió a ella, una vez que la docente se hubo marchado. No le tomó por el hombro y su mirada no denotaba esa represiva y dominante mueca que solía tomar en sus tantos regaños. Le miró, con el gesto que usa alguien para un superficial ultimátum—Cuando todo esto comience…¿De qué lado vas a estar?

Ino había contenido el aliento, en una retenida contención de ira y resentimiento.

Y por lo de Sai…

¿A quien vas a escoger, Ino-chan?

Sai… la imagen de Sai, cercenando la garganta de Genma mientras ella no podía hacer nada. No podía reprochar nada… porque en el fondo, ella lo había provocado. Ella…

¿De parte de quien estarás, Ino-chan? ¿La familia…TU familia o… ELLOS?

—Ellos… —dijo con aire directo, hacia su traslúcida imagen reflejada en el espejo, y emergiendo de la bruma de sus recuerdos.

Sin notar, que una Hinata levemente preocupada le miraba al otro lado de la habitación, contemplándole con peculiar curiosidad.

—No… no sabía que los vampiros podían reflejarse en el espejo…—la cara apacible de Hinata, espetó de repente una mueca de curiosidad. Notó el gesto tenue e inquisitivo de la rubia al arquear una ceja—Perdón… sólo preguntaba… Los vampiros y los monstruos siempre me daban pánico desde que era niña.

Irónico, vives con dos bajo el mismo techo y eres uno de ellos también, sonrió Ino. Pero con Hinata no podían plantearse las cosas de otro modo. Nada de comentarios indirectos. La chica era reservada, rasgo que ella admiraba. Ino se alzó de hombros.

—Descuida, no me importa.—suspiró, tomando el rímel distraídamente—La gente se toma muy a pecho lo que ve en esas bobas películas. Podemos reflejarnos, muy levemente pero no desaparecemos frente a un espejo, igual que no dormimos en ataúdes ni comemos sólidos.

—¿Y con lo de la luz del sol? ¿No se supone que no la toleran o explotaban bajo el cielo de día o algo así? —en un impulso inquisitivo, soslayó una media sonrisa.

"Vale, las preguntas de siempre… con que no salga con eso de los vampiros "brillantes" me conformo" y no podía culparle por ello. En su momento Sakura también le había atiborrado de toda serie de suposiciones infantiles e ilógicas… ¡Malditos humanos y sus estúpidas "modas literarias"!

—Hemos evolucionado, así de sencillo. –dijo resueltamente—. Antes éramos nocturnos y ahora solo fotosensibles, mientras no nos pille un rayo directo del sol, podemos salir con climas nublados, además como si en Ame hubiese tantos días soleados –espetó una risilla corta.—Los más antiguos aun conservan las viejas costumbres, pero eso es historia aparte.

La chica Hyuuga asintió en seco. A casi un mes de diferencia, aquella fuerza depresiva que solía descargar el aplomo y frustración emocional con el inocente inmueble, había menguado un poco. Sólo un poco, desde la última e improvisada visita de Hanabi, quien no había vuelto a poner un pie en la casa desde entonces, y Neji tampoco, sin embargo Hinata seguía albergando la latente esperanza de intentar repetir aquel contacto casi extra sensorial…

Tal vez, ése era el cierre que necesitaba.

Pero por el momento, el simple hecho de no sentirse invisible e ignorada como el aire le respaldaba un poco de comodidad, en aquella casa de la que había quedado más que anotado el hecho de que no podía salir ni siquiera al pórtico. Bueno, al menos podía conformarse con mirar desde la ventana, tener a alguien con quien conversar durante el desayuno… y mediar las ofuscadas –y a veces insulsas- discusiones entre aquellas chicas que en un perfil muy bajo y casi inhóspito había comenzado a considerar como sus amigas. A pesar de que el hecho de cohabitar con un vampiro y un licántropo aun se le antojaba como la idea más surrealista que se le había siquiera ocurrido. Casi tanto o más del hecho de su propia muerte.
"Al menos son sólo discusiones y no tratan de matarse mutuamente", se dijo a ella misma, aquella tarde de jueves en la que la cocina rebosaba del penetrante humo producido por el yakiniku condimentado con ajo y que provocó que ella misma hubiese terminado a mitad de la trinchera entre una iracunda Ino y una ofuscada Sakura.

Vale, tal vez algunos clichés eran ciertos. Ahora, simplemente tenía una perspectiva más amplia.

—El hecho de que no hayan vuelto… ¿será por mí? –Hinata hablo de pronto, haciendo que Ino se sobresaltara un poco a causa de la intempestiva pregunta totalmente fuera de tema—… Hablaba de Hanabi-chan… Desde la semana pasada, lo de… —el término y la frase se atoraron en la garganta. Casi como pronunciar una palabra extraña—…desde ésa noche, no ha vuelto. –se dio a explicar y respondió a la futura pregunta reflejada en los ojos de Ino.

Una sombra de preocupación se asomó en las facciones de Hinata.

—Es porque… ¿soy un monstruo, verdad?

La rubia relajó las facciones.

—Bah, quizás no fuiste tú quien la asustó –respondió Ino, dándole un tono despreocupado y aminorando lo que podría tornarse otro episodio de tensión innecesaria. Suficiente era con haberse cargado el foco de la sala y el vidrio de la ventana que daba al jardín.—Se había ido la luz, pudo haber sido otra cosa.

Hinata apoyó la mano en el mentón, dubitativamente. Ino enarcó una ceja.

Plan B… pensó a punto de sacar aquel as bajo la manga.

—Sabes, tal vez el que ellos se enteraran de que sigues aquí, o que te despidieses de ellos ahora, no sea tu final. –sugirió, volviendo la vista al espejo y reacomodándose el fleco.

Oyó a Hinata suspirar.

—Pero, un final tiene que ser agradable y definitivo…—ahora posó la otra mano, recargando la cabeza en ambas palmas—…y éste es oscuro y deprimente.

—¿No has considerado, que a lo mejor, la clave para superar lo de la familia, sería que conocieses a otra persona? — Ino, quien había estado considerando el incidente contado por Hanabi y lo poco que recordaba Hinata respecto a su muerte, asintió, murmurando una alejada idea que había acudido a su mente por mera sugerencia. Idea, que ella misma había argumentado, dispuesto y ejecutado—Alguien como tú…

—¿Qué?

La pregunta quedó suspendida, en el momento en que Sakura llamó a voz en grito desde el pasillo.

—¡INO-CERDA!

La aludida rodó la mirada, sin siquiera asomarse. La puerta se abrió abruptamente y la mirada iracunda de la chica de melena rosa se posó en Ino.

—¡Sólo a ti se te ocurre semejante locura!—gritó.

—¿El qué…?

—¡Perdón! ¡Mil disculpas! —dijo una voz masculina e imperiosa a espaldas de Hinata.—No era mi intención haberte asustado, Sakura-san, sólo quería acompañarte… A veces tiendo a ser demasiado entusiasta y creo que me pasé, jejeje.—la voz tenía un acento local cerrado y casi estereofónico.

Antes de que siquiera Hinata espetase algún comentario o que siquiera pudiese levantarse, volvió la cabeza y vio a un muchacho de no más de veintiocho o veintinueve años, grandes ojos negros, perfectamente redondos e impregnados de un vivaracho brillo, cabello negro y cortado al "tazón" y unas prominentes cejas; de pie y brazos cruzados en adusto ademán. Cuando la tímida chica de cabellos negro azulados le miró, estando justamente detrás de ella, no pudo evitar un grito.

—¡Perdón! ¡Perdón!—resolló él con una voz aun más estridente. Se pasó una mano por detrás de la nuca.—…Disculpa…—éste miraba hacia el piso como un perrito regañado. Se aclaró la garganta y estrepitosamente se irguió, esbozando una sonrisa tan amplia como la de un comercial de pasta dental—Je… pero donde están mis modales…—dejó de reír y extendió una mano hacia la desconcertada Hyuuga—¡Soy Rock Lee, campeón de atletismo de la selección de Konohagakure de mil novecientos noventa y ocho y orgulloso medallista olímpico del dos mil uno! Celebro conocerle, señorita…

Hinata se había quedado paralizada. ¿Estaba mirándole a ella? Entornó la vista y notó que también había cierta traslucidez en él, inclusive en su llamativo pants verde con vivos naranjas en los puños. Parpadeó, aun confusa.

—Hi… Hinata Hyuuga…—su mano se había alzado con duda.

Con el peso, aplomo y la normalidad de un saludo ordinario, Lee estrechó la mano. Hinata se sobresaltó levemente, al sentir un tenue cosquilleo en esta, era como poner la palma sobre la pantalla de un televisor recientemente apagado.

El efusivo muchacho sintió una primera y leve oleada de simpatía.

0—

Dos horas más tarde y a cuarenta y cinco kilómetros de Amegakure, dos hombres se reunieron en un restaurante del centro de Konohagakure llamado "Ichiraku's". Por regla general, nada solía apetecerle más a Jiraiya que un tazón grande de pollo frito karaage, pero hoy sospechaba que no iba a conseguir otra cosa más que un episodio de ardor en toda regla, provocado por un exceso de acidez.

—¿Una mala noche? —interrogó Jiraiya al muchacho que estaba a su lado izquierdo, el cual estaba contemplando su ramen con una acusada falta de entusiasmo.—Vamos, chico, como si nunca en tu vida hubieras tenido pesadillas.

Naruto Uzumaki apenas y alzó la mirada; y Jiraiya advirtió que cuando contemplaba la comida sin entusiasmo, se podía adivinar la inminencia de alguna especie de cataclismo. En aire distante, sólo espetó un gemido.

—Sólo… que ésta vez era demasiado real, 'ttebayó…—su rostro enarcaba una preocupación diluida en un rictus de miedo que preferiría no demostrar abiertamente.

Jiraiya le dio un mordisco al bocadillo.

—Bueno, a veces los sueños tienen esa pinta… —dijo parafraseando con la boca llena—…pero sólo son eso…Sueños.

El muchacho volvió su vista a la comida, mientras intentaba eludir el recuerdo y el escalofrío que aplomaba en su nuca todavía. El tema había resonado en oídos de Jiraiya al menos desde que le conocía, cuando Naruto era un escandaloso niño de seis años y de la misma manera que lo que acababa de escuchar, la repetida pesadilla no había adquirido mayor inferencia. Kushina tampoco le prestó importancia esta mañana, al igual que cuando niño, lo único que había rebatido era que estaba enviciándose demasiado al trabajo o que tal vez todo era un producto de estrés, desvelo, comida chatarra o sus extensas tardes de videojuegos.

Y Naruto, por más ingenuo que fuese, no era estúpido. Sabía que al fin y al cabo, eso no eran más que meros pretextos.

"Son sólo simples fantasías provocadas por tanta televisión" o "Demasiado ramen antes de dormir, Naru-chan" eran las usuales reprimendas de su madre cuando era niño; sus excusas ante aquel pequeño Naruto que terminaba arrojándose a su cama, despavorido y lloriqueando a las tres de la mañana alegando que había un hombre de sucio traje naranja y manos como garras oculto en su armario.

O bajo la cama. Detrás de la cabecera. En rincones inhóspitos dentro de sus propias fotografías…

Cerca y más cerca…

—Mira esto...—Jiraiya dejó junto a él una carpeta.

Naruto parpadeó, saliendo de la bruma de su confusa concentración y alzó una ceja, escrutando la cubierta de la carpeta. Sellado con una tinta púrpurea y desfalleciente estaba el logotipo del departamento Forense de Amegakure. Dos documentos, incluyendo un acta de defunción y un minucioso análisis de patología firmado por una tal A. Mitarashi –inentendible el informe para él- eran el contenido. Una fotografía cayó y Naruto lo reconoció al instante.

—¡¿Genma-niichan? —alzó la voz, como si estuviese viéndole en vivo y en directo. Sus ojos parecían salirse de sus órbitas y sus manos movían nerviosamente las hojas—¿Cómo diablos…?

—Lo han fichado como homicidio. —masculló Jiraiya con cierta parsimonia. Negó con la cabeza, mientras daba un bocado forzado—Pero siento que hay algo más…—dijo con la boca medio llena—…le destrozaron la garganta. Eso no lo hace ningún ser humano. Se ensañaron con él… como soltar un filete a una jauría hambrienta de hienas.

Naruto permaneció sentado en silencio.

—Pero si Genma-niichan es de Konoha, ¿No deberíamos haber tenido que investigar esto nosotros, 'tebbayó?

—El departamento de policía de Amegakure es demasiado reservado, chico y es eso lo que no nos agrada. Estuve llamando en la mañana y al parecer, el asunto está cerrado, encarpetado y archivado. —dio un trago largo a su cerveza—Y del hospital que le recibió en urgencias, sólo tienen el registro de entrada y el acta del forense, lo demás parece que fue a dar también al archivo de la jurisdicción… esto es lo único que pudieron mandar de los documentos. Creo que hasta el cuerpo lo sepultaron allá, no lo sé y las autoridades no quieren decirlo.–el hombre de encanecida cabellera le miró de fijo. Sus labios se curvearon en una mueca de discreta astucia—Por eso estamos pensando mandar "personal" a verificar cómo diablos están manejando las cosas. –bajó la voz, en un tono casi susurrante—Primero esos chicos que acampaban, luego el pintor ése y ahora uno de nuestros mejores enfermeros… —chasqueó la lengua—Tsk… ese lugar es el mismo y jodido infierno.

El muchacho exhaló, confundido.

—Ne, pero no es la misma jurisdicción y…

—Kakashi-san podría encargarse de eso. Y tenemos la autorización del alcalde Hiruzen Sarutobi de meter las narices hasta bajo la alfombra de su lluviosa jurisdicción.–respondió Jiraiya despreocupadamente.—Además, un poco de acción no te vendrá mal, niño. Tal vez hasta te sirva para despejarte la mente de esas pesadillas; ¡Un buen cambio de aire, sí señor!

Naruto dejó escapar un bufido.

—Si pero ka-chan se pondrá histérica… —la imagen de una Kushina al borde de un ataque de maternidad sobreprotectora e irritable acudió a la mente de Naruto.

"¡Sobre mi diabético cadáver, dattebané!" "¡¿Cómo se te ocurre dejar a tu pobre madre sola e irte allá a la suerte de Kamisama?" "¡Llueve todo el santo día allá, de seguro te enfermarás porque nunca te llevas el bendito suéter!"

—También puedo arreglármelas con eso –rió Jiraiya, con un ánimo un poco más escueto—. Kakashi sugirió que tu y Sasuke tomen el caso.

—¡¿El "teme"? –Naruto casi escupió una bocanada de ramen. Emuló una completa mueca de fastidio—¡Si ni siquiera asoma las narices de su escritorio, 'ttebayó, y es una pasada trabajar con él! ¡Y en Amega…

Entonces apareció lo que no quería mencionar y lo que menos quería recordar.

Sakura.

¡Y el "teme"…!

—¿Pasa algo, chico?

El rubio se sobresaltó. Tomó el tazón de ramen y lo alzó para terminar el líquido contenido de un solo trago. Lo levantó, de manera que éste cubriese su rostro o su nervioso gesto.

—No… es que…—hablaba dificultosamente mientras intentaba no atragantarse con un medio huevo cocido—…no quiero…—sorbió el caldo que casi resbalaba por su barbilla—¿…podría trabajar con alguien más?, ¡Hasta podría soportar al raro de Shino…! es que…

El hombre aprestó a bajar su tarro con fuerza.

—Naruto ya no están en la academia, así que déjate de niñerías. Además el mismo Kakashi lo sugirió, así que si quieres quejarte ve y hazlo con él…

No son niñerías… puedo arreglármelas con el "cara de hígado" de Sasuke, pero ir a Amegakure… ¡Kami! Es mucho problema, 'ttebayó.

—No me quejo, sólo que no creo que el "teme" esté de humor.

Jiraiya bufó.

—Pues ya va siendo hora de que salga del "duelo", ¿no crees? Digo, es bastante comprensible, al pobre le dejaron plantado en el altar delante de media Konoha pero no es razón para esclavizarse al trabajo las veinticuatro horas y los trescientos sesenta y cinco días del año. La comisaría no se desplomará si se toma dos meses fuera.

—¡¿Dos meses?

Un pedacito de carne fue a dar a la frente de Jiraiya.

—Es un decir, muchacho… —Jiraiya se limpió el salpicado "proyectil"—…si podemos litigar lo que ha sido de los archivos perdidos de Genma y de los otros en menos de un mes, cerraríamos el asunto y dejaríamos ese lluvioso pueblucho en paz.

Iría a trabajar de policía encubierto en la única ciudad de porquería sin restaurantes de ramen –humanamente comestibles-, sin un rayo de sol y con un clima del demonio. ¡Genial!… simplemente genial volver a Amegakure de nuevo… ¡y con Sasuke! Y en cuanto se entere de que Sakura esta trabajando en el hospital de allá…

Mierda. Mierda. Mierda.

Naruto pensó irónicamente mientras se llevaba el último bocado de res rebosado.

0—

Al entrar en el pabellón de cardiología, Ino Yamanaka saludó de pasada a Hikaru, la enfermera en turno y se metió directamente en el lavabo, seguro de que tendría un aspecto horrible. Pero no. Sólo unas leves ojeras, y ni la propia Sakura había reparado en ellas. Se echó agua fresca a la cara, se secó, se peinó y se fue a su despacho. Allí estaban Sakura y Aoi Rokusho el médico del turno vespertino, tomando café y repasando la carpeta Uno.

—Buenas, tardes, Aoi-san –saludó.

—Esperemos que mejores que ayer —respondió éste. Emuló una fugaz sonrisa—Oh, cierto, olvidaba que se perdió del jaleo de ayer en la tarde…

—Aoi tuvo sus propias emociones ayer por la tarde —asintió Sakura—. Cuénteselo, Aoi-san.

Éste asintió sonriendo.

—A eso de la una, dos chicos me trajeron a su amiguita. Ella estaba bebida y alegre, celebrando la vuelta a la universidad. Tenía un corte en un muslo y yo le dije que debía darle cuatro puntos, pero no le quedaría cicatriz. Cosa, cosa, me dice ella. Yo me pongo a coser, inclinándome así. —Aoi dobló el tronco sobre un invisible muslo.

Ino, imaginando lo que iba a oír entonces, empezó a sonreír.

—Y, mientras estoy suturando, ella me vomita encima de la cabeza.

Ino soltó una carcajada. Sakura hizo otro tanto. Aoi sonrió apaciblemente, como si aquello le hubiera sucedido miles de veces en miles de vidas.

—¿Desde qué hora estás de guardia, Aoi? —preguntó Ino.

—Desde la mañana —respondió éste—. Ya me iba. Sólo esperaba para dejarle el recado…—se pasó una mano hacia uno de los bolsillos de la bata, sacando una mal doblada notita amarilla escrita con plumón. La tinta ya se había traspasado al reverso.—Llamaron por un expediente, larga distancia desde Konohagakure. —espetó extrañado—… un tal Hatake no se qué del departamento de policía preguntaba por las fechas de un acta de defunción y el número de archivo…

Ino se alzó de hombros, notó a Sakura eludir la mirada.

—Que raro, Kotetsu-san es el encargado de los expedientes, él debería tenerlos.

—Nada. –murmuró Aoi—Le pregunté pero los tienen acomodados por el turno y Mitarashi-san llega hasta las ocho. –miró distraídamente su reloj—bueno, si no me voy ahora me quedaré de filo hasta las doce, y suficiente tuve con lo de la mañana. Con permiso, señoritas.

Dio media vuelta y salió sosegadamente.

Ino y Sakura le siguieron con la mirada en silencio.

—¿Konoha? –Sakura inquirió de repente.

—¿Eh?... —la rubia apenas y pareció escucharle—¡Ah, el archivo!... –desdobló el papel, percatándose de ensombrecido rostro de Sakura—Ey, no todo lo que se refiera a Konogakure tiene que ver contigo, paranoica –escrutó el nombre anotado con la desgarbada caligrafía de Aoi. Ino reprimió un gruñido—rayos... es sobre Genma…

—Habías dicho que "tus contactos" se encargarían de eso.

Ino volvió a doblar el papel y se lo guardó en el bolsillo casi despectivamente. Un brillo mordaz apareció en sus pupilas.

—Nos encargamos de eso, lo más probable es que quieran verificar datos.

—¿Y Sai?

La pregunta había quedado sin respuesta en la mente de Ino Yamanaka desde el incidente, y ahora, la respuesta seguía balanceándose en su boca como un estornudo a punto de brotar. Tomó la carpeta, revisando las anotaciones.

—Lo de Sai es asunto enteramente mío —habló con tono seguro y convencido, sin mirar a Sakura.

Había otros planes, tenía una estrategia. No podría ir directamente con Anko de la misma manera en que tampoco podría acarrear a Shikamaru o a Chouji; sería armar demasiado "bulto" y esto ya se había convertido en una cuestión de honor propio. A pesar de que aquel "Sai" parecía diametralmente opuesto al escueto muchacho que conoció en la galería de arte de la plaza de Ame, sentía que podía hacer algo para remediarlo. Normalmente el "novicio" tenía la obligación de permanecer con aquel que le había convertido hasta que pudiese valerse por sí mismo y dominase sus nuevas habilidades.

Anko le había instruido a ella… pese a lo repudiado que se le antojaban ahora aquellos recuerdos. Y la sola idea de que alguien tan anticuado y odioso como Danzo se había hecho cargo de bautizar a Sai le parecía un agobio indignante. Ella le había "matado", debería ser ella quien estuviese con SU responsabilidad… aunque eso significase asumir las consecuencias de arranques como el de la noche en que asesinó a Genma.

Pero, ¿y si resultase que Sai no era más que un vil títere a manos de Danzo y cualquier intento por reubicarle ahora fuese en vano?

No estaba segura. No quería estar segura. Tenía que hacer algo ya y rápido, la sola idea de que las ominosas amenazas de Anko estuviesen trabajándose bajo la despreocupada mirada de los mortales humanos de Amegakure sonaba casi despreciable y aun más si no hacía nada. Sólo se quedaba de brazos cruzados. Si…

—Me preocupa Hinata… —la voz de la chica de melena rosada emergió de repente en medio de sus cavilaciones.

—¿Lo dices por Lee? –el rostro de Ino volvió a proyectar un aire más ufano—Bah, es inofensivo, tu lo conoces…

Sakura asintió severamente.

—Por eso me preocupa. –murmuró.

Ino se echó a reír, con un gesto que le parecía lo más natural, casi normal.

—Le vendrá bien a Hinata, al menos se entretendrá con algo que no sea tratar de volar la casa.

0—

Hinata estaba sentada en una esquina del sofá. Su peculiar y preferida esquina del sofá, mientras sus dedos se paseaban nerviosos. El semblante levemente bronceado del muchacho de prominentes cejas continuaba proyectando ésa misma y amplia sonrisa.

—Entonces… ¿conoces a Ino y a Sakura por el hospital?

Éste asintió, con una emoción casi nivelada.

—Bueno, más a Ino-san… —respondió sin inmutarse— Morí en urgencias, hace como unos dos años.

La sonrisa seguía sin borrarse.

Dos años. Hinata no pudo evitar un gemido de sorpresa ante la sola idea de plantearse algo más allá de los seis meses que ella llevaba muerta. Kami… ¡Dos años! eso era un suplicio o el tipo ese era un masoquista.

—¿Cómo es que… que tú…?

La palabra salía trabajosamente. A pesar de seis meses, el término aun era demasiado "censurable" y aterrador para ella.

Y Rock Lee… tan campante ante la interrogación.

—¿Cómo morí? Bueno… —la sonrisa se tornó una mueca pensativa, pero el brillo entusiasta de su mirada seguía allí—…estaba por terminar una vuelta de trescientos metros planos…¡A sólo dos metros de llegar a la meta! –alzó la voz, como si estuviese viéndose a sí mismo en ese preciso momento—¡Tenía ventaja, casi rebasaba al participante de Suna! ¡Sólo un par de metros! ¡Y recuerdo que hasta podía escuchar a mi entrenador gritando a todo pulmón!—miraba hacia arriba, hacia un punto muerto en el techo y su voz bajó tan considerablemente que pareció convertirse en un susurro—… pero simplemente no llegué. No había aire o al menos eso sentí. –exhaló hondo—Lo último que recuerdo, es que alguien estaba gritando que respirara… no veía quien era y la voz parecía tan lejana que tampoco la reconocí. –se alzó de hombros y su sonrisa se convirtió en una contenida y casi optimista mueca de frustración—Pero ¡eso no es un obstáculo! Digo… ejem, ahora tengo todo el tiempo y energía que siempre quise. No le veo nada de malo.

Hinata le contemplaba sin entender. Lee volvió a recuperar el aire entusiasta y se plantó delante de ella.

—Bueno, ¿pues vas a intentarlo o no?

—¿El… qué?

Nuevamente la "sonrisa de comercial" afloró en el muchacho.

—Irnos de aquí, así de simple.

Irse, ah claro… ir de un cuarto a otro por la escalera o el pasillo, retomó la confundida mente de Hinata.

—¿Salir? –la pregunta salió casi como un suspiro—Yo… yo no puedo salir…

Lee enarcó el gesto.

—Oh vamos, claro que puedes.

—No… no puedo… —Hinata volvió a bajar la vista, hacia sus nerviosos dedos—…Lo… lo he intentado y, cada vez que me acerco a la puerta… tengo una sensación… no muy buena. Y un ruido en los oídos y entonces… el suelo desaparece. –alzó la cara hacia él.—Nunca conseguiré salir.

El muchacho echó ambos brazos detrás de la nuca y le contempló pensativamente. Mediando las palabras o más bien, encontrando el término adecuado. A él le había pasado, cuando estuvo rondando por casi tres meses en el apartado de cuidados intensivos, justo cuando se encontró a una persona que parecía verle y oírle en medio del resto de la gente que ni siquiera se percataba de su presencia. Fue Ino Yamanaka quien le encontró, frustrado ante una de las mesas del comedor, delante de un sujeto que comía afanosamente un plato de arroz con curry. Después de eso, el mote "no saben que existo… pero podría demostrarlo" adquirió un nuevo significado en su mente… y las cosas parecieron acomodarse y mejorar. Sólo un poco.

—Bueno, antes que nada, Hinata-san, deberías de dejar de pensar que las puertas son importantes para nosotros. –dijo Lee con un aplomo casi severo— Eso es sólo para los vivos, nosotros… —nuevamente las palabras se agolparon y él tuvo que llevarse una mano al mentón y entrecerrar los ojos para acomodarlas de una manera más comprensible—…podemos movernos con la mente.

—Ah… no entiendo.

—¡Si! Así de fácil, las puertas y los suelos nos dan igual… somos energía. Pero uno tiene que concentrarse para poder hacerlo. Respirar hondo y todo eso. –dijo escuetamente.—Vale, vamos paso a paso, Hinata-san—La mirada se tornó seria, como la de un profesor que enseña por primera vez el alfabeto a un niño—Visualiza cualquier habitación dentro de la casa.

La joven dudó un momento, una leve fracción de segundo. Cerró los ojos, sintiendo los párpados temblar por reflejo. Sintió de nuevo aquel contacto hormigueante en una de sus manos.

—Te tomaré de la mano para acompañarte, así es más fácil.

Ella no le soltó. No abrió los ojos. Su mente, sólo se posó en un sitio.

Paredes blancas, el marco de la ventana entreabierto. Las cortinas que aun seguían siendo las que ella había escogido en vida. El tapizado color marfil.

Entonces sintió de nuevo un viento helado en su nuca, más menguado y tolerable. Sentía la energía impávida de Lee y el frío desapareció. Casi como sumirse en un sopor provocado por la tibia brisa de una tarde de verano.

Paredes blancas… las cortinas hondeándose por el viento… su habitación…

Abrió los ojos, encontrándose exactamente delante de aquella ventana impregnada en su mente. El mismo papel tapiz, las mismas cortinas, sólo que ahora echadas hacia un lado. La que solía ser su habitación. Estaba ahí, claro que con las pertenencias y muebles que Ino había traído.

Hinata parpadeó. Una. Dos veces.

Habían estado en la sala y ahora… estaba en su habitación. Sin tener que pasar por la escalera, sin tener que pasar por una puerta que debería estar cerrada.

—Yo… —enarcó una sonrisa incrédula—…yo… ¿lo hice?

Rock Lee seguía a su lado, sin soltarle.

—Sip, has sido tu sola –dijo nuevamente enarcando el tono jovial.

—Yo… yo lo hice… ¡LO HICE!

Por primera vez, en aquellos seis arduos meses, una sonrisa completa y confiada emergió de sus traslúcidos labios.

0—

Aquella tarde, al correr de las siete, Ino, sin poder resistir más, sacó la nota de su bolsillo. Tamborileó con las yemas de los dedos en el bloc, se encogió de hombros y descolgó el teléfono. Marcó el número del Centro Forense de Amegakure y pidió por el depósito.

Cuando le pusieron con el empleado de patología, se identificó y dijo:

—Tienen ustedes ahí a uno de nuestros trabajadores, Genma Shiranui.

—Ya no está —dijo la voz—. Se fue.

A Ino se le cerró la garganta. Por fin, consiguió articular:

—¿Cómo dice?

—El cuerpo salió anoche en avión consignado a su familia. Se hizo cargo de él uno de Servicios Funerarios Umino. Lo embarcaron en un Delta mmm... —Ruido de papeles—. Delta, vuelo 109. ¿Dónde imaginó que se había ido? ¿Al baile?

—No —dijo Ino—. Claro que no. Es sólo que... —¿Qué? ¿A santo de qué había llamado? No había forma de indagar en el caso con sensatez. Había que desistir, borrarlo, olvidar. De lo contrario, sólo conseguiría crear problemas inútilmente—. Sólo que todo parece haber ido muy deprisa. —Terminó en tono conciliador.

—Bueno, la autopsia se hizo el lunes en la tarde. —Otra vez el rumor de papeles—. Alrededor de las tres y veinte, doctor Yamashiro… Aoba Yamashiro. Para entonces dos familiares de él en Konohagakure ya habían hecho todos los trámites. Supongo que el cadáver llegaría a Konoha sobre las dos de la madrugada.

—Oh. Bien, en el tal caso...

—Eso, si los transportistas no metieron la pata y lo enviaron a otro sitio —dijo el empleado animadamente—. No sería la primera vez. Aunque, con Delta nunca hubo problemas. Son bastante buenos. Tuvimos a uno que murió mientras pescaba en el condado de Kirigakure, en uno de esos lugarejos que no tienen más nombre que un par de coordenadas en el mapa. El infeliz se atragantó con el tapón de la cerveza. Sus compañeros tardaron dos días en llegar a la civilización, y usted ya sabe que para entonces ya es problemático que el embalsamado surta efecto. De todos modos, se lo inyectaron, esperando que todo fuera bien, y metieron el cadáver en el compartimiento de carga de un avión de línea regular, consignado al País de la Ola. Pero alguien la cagó y el féretro fue a parar a Hoshigakure y de allí, al País de la Niebla. Cuando por fin lo localizaron ya habían pasado otros tres días. El embalsamado no actuó. El tío estaba negro y olía a guiso de cerdo descompuesto. Por lo menos, eso me dijeron. Seis empleados de equipajes se marearon. —La voz del otro lado del hilo rió alegremente.

Ino cerró los ojos y dijo:

—Bien, muchas gracias.

—Puedo darle el número particular del doctor Yamashiro, si lo desea, doctora Yamanaka; pero él suele ir a jugar al golf por las tardes. —Otra carcajada.

—No —dijo Ino—; está bien. Creo que lo tenemos aquí registrado. Gracias.

Colgó el teléfono.

"Bien, finiquítalo de una vez —pensó—. Danzo no ha metido las narices en esto, de lo contrario no tendrían el registro de entrada y no estaría ni fichado. Es de Sai de quien debes preocuparte. El muerto, muerto está y que en Konoha se hagan cargo de eso. Asunto concluido. Punto."

Miró hacia la única ventana que tenía en el despacho. Era de noche, al menos el manto nocturno ya estaba presente.

Un vampiro inexperto siempre solía despertar justo al caer del ocaso. Esto le daba ventaja a ella.

Ahora, el breve dilema era dónde encontrarle.

La bodega, resolló su mente. La bodega donde Anko le había llevado… el "cobertizo" para almacenar parte de la "cena".

Chasqueó la lengua, mientras se levantaba con paso meditabundo.

Bien, sólo me ausentaré por un rato…

¿Y que pasará después? Vas a matarle… a llevarle a la casa… ¿Qué?

—Lo que tenga que pasar… —se dijo, tomando una decisión.


CONTINUARÁ:


Siguiente capítulo: SOMEBODY'S WATCHING ME...}

N/A:

Saludines público lector! bien, ahora tenemos a Lee en escena y... las cosas tal vez comiencen a complicarse un poco más de lo que ya eran. Naruto ira a Amegakure? bien, esto sería en parte bueno para comenzar a acercar los polos y centrarnos en el NaruHina... finalmente. Y Sasuke?

Ok, eso... ya lo veremos en la siguiente entrega.

Nuevamente Gracias por leer y comentar! Ya saben que su opinión lectora siempre es importante para esta humilde autora :D

Nos leemos!