Saludines querido público lector! una semana más y seguimos con esta peculiar serie, que bueno, ya ha avasallado a algunos personajes "extras", como me comentaron por ahi, jejeje. Bueno, el plot exije sacrificios.

En fin, el titulo, pese a que soy algo detallada en dejarlo todo en español, en este caso lo dejé asi, porque es una leve alegoría a la canción de Rockwell, precisamente llamada "Somebody's Watching Me" y cuya mención solo hago en el título... y de una vez, adelanto que este es un capitulo un pelín largo, debido al flashback de Sasuke (petición de Kriss y Kaio para darle un poco de justificado y necesario peso en la trama al muchachito emo)

...ya dejándonos de ufenismos, ARRIBA EL TELÓN


BEING HUMAN

Capítulo 8.-Somebody's Watching me…

En Konohagakure, el resplandor de moribundo día comenzó a teñir de negro el cielo, llevándose lo poco que quedaba de la luz del día. Recién el reloj marcaba las ocho y cómo era de esperarse, el apartamento estaba silencioso… a no ser por la diletante sombra de un joven de cabellos negros, ataviado con el uniforme de policía.

Sus dedos se movían ágilmente entre los expedientes, adosados en vertical y separados con una discreta lengüeta que enunciaba la fecha y el caso. Y todos tomados a hurtadillas de la comisaría. Un peculiar privilegio si se trabaja hasta deshoras de la noche y si se guardan las llaves.

Dos mil once… dos mil cinco… mil novecientos noventa y dos…

Su mente repasaba las fechas, hasta que encontró la carpeta.

Mil novecientos noventa.

Once de Julio del año mil novecientos noventa.

Sasuke Uchiha sacó el folder, releyendo la fecha y el informe notariado por Kakashi Hatake. Y los encabezados, notas y reportajes cayeron en tropel sobre la mesa.

SÁDICO ASESINO MATA A 4 PERSONAS EN UN REINADO DEL TERROR DE UNA NOCHE, proclamaban los titulares de la edición del Matutino de La Hoja. El subtitular decía: "El único superviviente, un niño de seis años se encuentra ingresado en el Centro Médico con pronóstico reservado". El titular del Leaf Journal el día siguiente rezaba: MASACRE FAMILIAR; LAS AUTORIDADES NO EXPLICAN EL INFORTUNADO ACCIDENTE. Para la siguiente semana, la noticia ya había sido relegada al fondo de la primera plana: SE DESCONOCE EL PARADERO DEL HOMICIDA. EL PEQUEÑO SOBREVIVIENTE ES ASIGNADO A CUSTODIA TEMPORAL.

Una hoja, arrancada de un diario fechado dos meses antes, estaba engrapada al reverso.

Itachi.

El nombre de su desaparecido hermano mayor junto con el de Shisui Uchiha aparecía en la descripción, justo debajo del encabezado: SANGRIENTO HOMICIDIO EN KONOHAGAKURE. NO HAY HUELLAS COHERENTES EN LA ESCENA DEL CRIMEN. SUPUESTO ATAQUE ANIMAL. La información era muy escueta, relevando que el único cuerpo encontrado fue el de Shisui.

Un nudo de cólera e ira contenida se atoró en su garganta. Su vista se paseó sobre éstos, mientras su mente le rebatía con lógica insidiosa y le obligaba a establecer alguna conexión con el homicidio en el anfiteatro, de hace un año. La idea no se había apartado y se lo rebatía al grado de haberle dejado sin dormir las últimas semanas. Casi, como el preludio de una catástrofe pronta a ocurrir.

Y querían asignarle a la jurisdicción de Ame… bah, él podría haberlo mandado todo al demonio de haber querido. Ya hacía un año y quería olvidarse de aquello lo más pronto posible… quería hacerlo, pero…

—Uchiha-san… ¿Aun está en la línea? –la voz del teléfono le devolvió a la realidad. Tomó el móvil, por inercia.

—Si.

—¿Va a tomar el caso? –resolló solícito un hombre, de posiblemente alrededor de los cuarenta.

Sasuke no tenía idea de cómo era aquel sujeto, sólo le conocía mediante las escuetas llamadas que solían hacer por obligación al departamento de Criminología de Otogakure; delegación que había estado aliada con el departamento de Konoha en investigaciones especiales. Ni siquiera el nombre era prioritario; el sujeto respondía al apellido Yakushi y eso era más que suficiente para connotar las actas de investigación foráneas que solían suscitarse muy de vez en cuando.

La llamada, había sido un pretexto puramente personal. Un mero capricho que de haber expresado a Kakashi-san o al "dobe" de Naruto le hubieran acarreado problemas y dilemas con los que simplemente no tenía la menor intención ni interés de lidiar.

Pero esto era algo que él quería hacer por cuenta propia. Un riesgo que sólo él iba a correr, porque nadie más tendría la menor inferencia o importancia en ello.

Y las piezas seguían cayendo… y ajustándose; justamente el mes anterior, un incidente similar se había cernido en la despoblada frontera entre Otogakure y Konoha y aunque el hecho había sido archivado como un caso aislado por parte de ambas jurisdicciones debido a que solamente fue un percance insignificante –dos vagabundos, encontrados en calidad de carne cercenada-, la sola nota se había quedado fija en su mente, zumbando y pululando como una mosca pertinaz.

Asintió, sin ahondar mucho en aquel ufano conflicto mental y retomando la decisión que se había planteado esta misma mañana.

—Les enviaré el expediente a primera hora.

—De acuerdo –respondió el sujeto de Otogakure. Se le escuchó un carraspeo y el decibel de su voz bajó a un tono casi susurrante—, tal vez no sea de mi incumbencia, Uchiha-san… pero, ¿está seguro que quiere ocuparse de esto? El caso se había cerrado y no hubo más pruebas. Reabrirlo podría ser algo arriesgado.

—He dicho que no habría problema. –escuchó un vago "está bien" al otro lado de la línea.

Colgó, sin más ceremonia.

Miró de reojo, hacia el informe asignado por Kakashi con respecto a una investigación en Amegakure. Lo tomó, dejándolo dentro del folder y relegándolo a los pendientes de la semana entrante. Cruzó la sala y subió al segundo piso. La habitación era un caos total; la cama era plegable y estaba sin hacer y las sábanas estaban oscilando entre algún punto de la esquina del colchón. La cómoda apenas y sobresalía; estaba casi cubierta por papeles, ropa, revistas, secciones del periódico y más expedientes–fechas irregulares y de hacía más de cinco meses- y hasta envases vacíos de cerveza. La lámpara sobresalía del cúmulo de cosas como una solitaria palmera en medio de una mustia islita.

No encendió la luz hasta que llegó a la cama y sus dedos buscaron el interruptor de la lámpara de noche. Se dejó caer en la cama, mirando fijamente al techo.

Un año… sostenía mentalmente mientras su vista bajaba hacia el estropeado mueble que tenía enfrente. Una despostillada mesita llena a tope de carpetas y libros… y aquella cajita que todavía seguía allí, a pesar de que él intentase no mirarla.

Un año… y ni siquiera fui a devolverlo. Se dijo, ahora con el ceño levemente fruncido y la vista clavada en la caja que todavía contenía el costoso anillo de compromiso. Un modelito "sencillo" –demasiado para él- de catorce kilates, en circonia importada de Kirigakure.

Un modelito sencillo… que le habían dejado sobre la cama. La misma cama en la que yacía ahora.

Entrecerró los ojos, dejándose embargar por el recuerdo que el trabajo solía apartarle tan eficientemente y que su desordenado apartamento le arrojaba en la cara.

Julio. Cálido, soleado y distante julio de hacía un año, cuando la economía de Konohagakure estaba más estable, y el trabajo no se había vuelto un martirio de veinticuatro horas.

A no ser por el incidente acontecido la última semana de junio, en el anfiteatro del Centro Médico del Noroeste. Cerca de las doce de la noche, un sujeto fue ingresado al área forense en calidad de "coladera" a causa de varios disparos a quemarropa; el bastardo tenía un agujero a mitad del hombro y dos más cerca de los riñones, según el informe incompleto redactado por un tal Raido Namiashi. Éste había fichado su turno de salida y lo único que había archivado era la lesión y el número con el que registró el cadáver. No había nombre ni apellidos ni iniciales; mucho menos encontraron identificación o credenciales en sus bolsillos.

Aquella sangrienta noche de julio coincidió con el turno de guardia que Sakura había accedido a relevar con la propia Tsunade y contra las personales opiniones de Sasuke, quien renuentemente había accedido aunque eso significase cancelar la reservación en el Ichiraku's y por ende… la entrega del anillo y del tan ensayado y escueto discurso de compromiso.

No lo discutió; la había conocido como médico y respetaría lo que ello acarrease, de la misma manera en que ella lo hacía las noches que él se quedaba en vela siguiendo a tipejos sospechosos, asignando órdenes judiciales o entrenando a nuevos cadetes. Esa noche, hasta pare demostrar un poco de solidaridad con ella, accedió a cambiar su ronda nocturna del viernes para ese miércoles, arrastrando a un refunfuñón Naruto con ello.

Velada tranquila como debería esperarse de aquella calurosa noche de luna llena, hasta que el radiotransmisor de la patrulla empezó a retumbar con la aterrada voz de uno de los asistentes del forense. Las cortadas palabras del médico enunciaban algo –demasiado inentendible- acerca de uno de los cuerpos ingresados esa noche. Hubo un grito, una voz femenina al fondo de aquella intermitente histeria.

Sasuke había sentido congelarse su aliento por un segundo e ignorando las embotadas preguntas de Naruto arrancó el vehículo haciendo que este casi derrapara como alma que lleva el diablo.

Y lo que encontraron en el perímetro que circundaba el anfiteatro, parecía más sacado de alguna de aquellas retorcidas películas que Naruto solía alquilar, que una simple escena de vandalismo, como habían pensado anteriormente.
El cuerpo del sujeto que había llamado, estaba tendido contra la mesa de revisión, como un trapo sanguinolento. "Algo" le había cercenado la garganta y había arrancado la cabeza de tajo como si el tejido fuese de papel. Un revoltijo carmesí estaba más allá; un cuerpo sólo identificable por el carné que todavía pendía de su bata. A Shizune le habían literalmente destrozado el rostro y los miembros estaban esparcidos como desgarradas piezas de un rompecabezas. Pero no había sido ella a la que él había escuchado gritar en la transmisión, era a…

"¡Sakura!" había gritado él, mientras que Naruto sólo atinaba a chillar por el radiotransmisor pidiendo refuerzos con una voz que rozaba en los límites estereofónicos de su propia capacidad. Él le había buscado, con el corazón en un hilo y mentalmente rogando imperiosamente porque ella no hubiese estado allí y aquella voz sólo hubiese sido confundida con la de Shizune.

Pero ahí estaba, arrinconada y con una mano temblorosa aferrada a un escalpelo mientras que su otra mano se cubría el hombro. Una mancha rojiza y húmeda comenzaba a crecer, impregnando la blanca bata de la joven de cabello rosa. Él había inquirido algo, inclusive había gritado… Sakura no le oía, sus ojos estaban vidriosos y tan abiertos como si hubiese visto al mismo demonio. Sus labios se movían con trémulo y sin enunciar nada. Sasuke la levantó con cuidado y ésta se desvaneció en sus brazos.

Naruto se había quedado inmóvil y con el semblante pálido como una vela mientras dos patrullas más rodeaban el perímetro con sus estruendosas sirenas.

Nadie reparó en las manchas amorfas que emergían de los sanguinolentos charcos y se proyectaban hacia el portón; hacia la espesura de la noche y perdiéndose en la grava y el pasto. Huellas que enarcaban una abominable naturaleza humana y bestial. Algo, que estaba a mitad de ambos, algo que andaba a cuatro patas y poseía garras en aquellos cinco dedos. Algo que a todo argumento lógico y refutable no podía pertenecer al último cuerpo yaciente sin registro, el cual había también desaparecido.

Por política y ética meramente impuesta por Kakashi Hatake, el caso no fue asignado a Sasuke sino a Shino Aburame, el cual terminó cerrándolo como inconcluso tras la absoluta desaparición del supuesto agresor. No había características personales ni señas ni distintivos para hacer un escuadrón de caza y búsqueda. La única testigo era Sakura y ésta aun no podía aseverarle con exactitud quien –o qué- había convertido la sala forense en una carnicería. La única información que se pudo obtener fue de uno de los camilleros, fue una observación muy vaga, expresada por él después, cuando se levantó el acta del expediente; el cadáver de aquel sujeto desaparecido no pasaba de los treinta y cinco… y tenía cierto parecido con Sasuke.

Se dio carpetazo… y la boda se canceló, por primera vez. Asi había comenzado el "prospero" agosto. Sasuke había respetado el duelo de su prometida porque sabía que Shizune había sido la primera residente en haberle asignado como su mano derecha y corresponsal en el piso de urgencia, aun sin que Sakura siquiera hubiese terminado el curso propedéutico.

Él había querido esperarle un poco más antes proponerlo… uno, dos, tal vez tres meses hubiera sido lo sano.

Tal vez le presionó… pero en el corazón no se manda.

No hubo discurso, no hubo una gran cena en compañía de sus contadas amistades. Sólo lo hizo, llegó a su despacho en el hospital, mientras atendía a una renuente Tsunade que alegaba del firmado de expedientes… y lo dijo. Con todo y lo que ello conllevaba.

Y Sakura había aceptado.

¿Qué era lo que había hecho mal? Sasuke sabía que Sakura no solía tomarse esos acontecimientos con aquella prisa… y aunque él había dicho y jurado que si ella quería, podían cambiar la fecha para septiembre u octubre, Sakura no movió el dedo del renglón.

Sería el treinta de agosto. Y fue el treinta de agosto cuando todo se derrumbó.

Dos horas antes de llegar a la iglesia –él había insistido en una boda tradicional, en un templo shinto y con la usual ceremonia pero a ella le había entrado la moda occidental y él lo había consentido sólo por que podían permitírselo económicamente-, había sentido un nudo en el estómago. No eran nervios ni pánico como aseguraba el "dobe" rubio, quien había estado increpándoselo durante toda la mañana. Era una especie de estremecimiento, como el que se tiene al estar delante de un tornado o una pronta tormenta. Un muy mal augurio.

Sería por la tarde, a las seis en punto. Y Sasuke Uchiha había arribado exactamente a las cinco y media. Naruto y su madre llegaron diez minutos después. Tsunade-sama, la familia Aburame y los Inuzuka inmediatamente después. Más conocidos del trabajo… y Kakashi Hatake, el hombre que prácticamente lo había criado desde los ocho años, se presentó con su usual retraso de quince minutos.

Sakura aun no llegaba.

Bien, podría ser un retraso justificado, como dijo Kushina Uzumaki a fin de calmar un poco los nervios del desconcertado Uchiha. "El tráfico", tal vez, dijo Kiba Inuzuka. Ya cualquier pretexto podría ser lógico.

Cayó la media hora… y finalmente, casi faltando diez minutos para las siete, Sasuke se decidió a salir. Naruto había estado gritándole algo a sus espaldas pero por el aturdido momento, él no pudo entender ni percibir qué era.

Ante la vista de todos, salió, subiéndose al auto que había alquilado previamente, se alejó con rumbo a su apartamento. El teléfono de su móvil timbró cinco repetidas veces. Vio el número de Naruto y colgó sin responder. Aceleró, mientras el manto de la noche caía sobre el cielo veraniego. Aceleró más, inclusive había cruzado dos semáforos en preventiva.

Cuando llegó al apartamento, no se encontró con ella ni con nadie. El silencio envolvía la sala y las habitaciones. Subió a la alcoba y sus ojos se fijaron en una nota dejada en la cama, junto al vestido de novia… y el anillo.

Una escueta premisa, enarcada con la letra de ella y la cual él siempre riñó por su poca legibilidad.

"PERDONAME… SASUKE.

. PERO… NO PUEDO SEGUIR CON ESTO... NO QUIERO QUE SEAS TÚ QUIEN PAGUE LAS CONSECUENCIAS

LO SIENTO"

No podía… ¿Qué carajos no podía? ¿Le había dejado porque? ¿Qué era lo con lo que no podía seguir?

La pregunta emergió en su mente y él salió de su embelesamiento. Se quedó sentado, sobre la cama y ambas manos, cerradas en un puño… sólo para apagar la luz, y olvidarse de todo.

Como lo había estado haciendo, desde hace un año.

0—

Bajo la densa llovizna de Amegakure necia a amainar y desaparecer, Ino Yamanaka se abría paso con andar lento en medio de la espesura de la noche. Un pesado silencio caía en el ambiente y como era de esperarse, con el clima y entrada la media noche, no había ni un alma en las calles.

Una torva sombra pasó por detrás de ella, hacia uno de los callejones aledaños. Le presintió, como quien se percata de la afanosa sensación de ser seguido por alguien. Entornó la mirada, quedándose inmóvil y aguzando el oído.

Nada.

Entonces lo escuchó. Un bajo y espeso siseo. Ino Yamanaka se detuvo e irguió inmediatamente la cabeza, tratando de identificar la procedencia del sonido.

—¿Sai? — Ino dio un vacilante pasó atrás, con los nervios sujetos por unos resortes tan delgados como filamentos, no dominada precisamente por el pánico, pero sí en un estado de vigilancia intensificada, pensando: Antes no siseaba.

La sombra del muchacho emergió de la penumbra oscilante del callejón y bajo la densa lluvia. Ino lo miró, notando que su respiración alcanzaba una fase de indolora pero total paralización en su garganta.

Una desfalleciente figura. Un semblante blanco, casi tan pálido como la nieve. Había musgo en las solapas y en los hombros de su camisa. El cabello negro como ala de cuervo, tenía costras de barro. Su expresión estaba pétrea. Sin mirarle.

La figura avanzó dos pasos dejando unas huellas de barro sobre el gastado pavimento. Andando como si fuese un autómata…

—¡Sai! –gritó.

Y este se desplomó en sus brazos, con el peso muerto de un inerte saco de carne.

0—

El reloj de la sala marcaba las once y media de la noche, pero ni a ella ni a Lee parecía importarle.

Habían ido hacia la sala. De nuevo a la habitación que solía ser la de Hinata; luego al portón que daba al patio, a la cocina, al pasillo, a la escalera y de vuelta una vez más, a la habitació últimas tres veces, por esfuerzo propio de Hinata. Rock Lee le había seguido ya sin tomarle de la mano. Ahora el flujo de energía y la interacción de ésta, movilizándoles en aquel difuso ir y venir había sido ocasionado únicamente por ella.

Finalmente algo que podía hacer por su propia cuenta… y algo que no fuese tan devastador como aquellos emocionales arranques de pánico.

Una sonrisa animada afloró en aquellos labios pálidos en los que el brillo de su propia confianza había desaparecido. Claro hasta ahora. Y hasta sentía el imperioso eco de una risilla alegre. Casi… casi vivaz.

—¡Lo hice! ¡lo… lo he hecho sola!

—¡Yosh! –el clamor de la peculiar expresión triunfal del muchacho de pronunciadas cejas vitoreó con una voz que de haber estado vivo, habría reverberado con eco en la vacía casa.—¡Sabía que podría conseguirlo, Hinata-san! –rió orgullosamente. No avistó ni esperó respuesta.—¡Ahora al paso numero dos!

Y la sonrisa de Hinata se borró por completo.

—¿Q..qué?

—Afuera –dijo él, como si eso lo explicase todo.

La chica volvió a entrelazar sus dedos con trémulo afán. Negó al instante, moviendo sólo la cabeza.

—¿Tan… pronto?

—Claro, ya estás lista. –Lee irrumpió lo que sabía que se convertiría en otro airado discurso negativo por parte de ella; había tenido vagos momentos así en el transcurso del día pero logró aminorarlos, al menos un poco.—Básicamente es lo mismo, el mismo esfuerzo y concentración –nuevamente no esperó a que ella resollase algo; sin miramientos, volvió a tenderle la mano—Te acompañaré.

Ella le sujetó casi por inercia y el muchacho sintió el flujo de energía más nervioso y tenso.

—Sólo concéntrate… —repitió, en un tono adusto y seguro.—Puedes hacerlo, Hinata-san.

Hinata Hyuuga exhaló, profundamente. Sin soltarle, cerró los ojos y su mente intentó recrear la imagen de la acera. El exterior de la casa; aquel entorno que ella había olvidado y relegado a un resquicio de su mente desde antes de morir…

El viento de la noche… la calle oscurecida e iluminada por la amarillosa farola… la lluvia, cayendo y mojándome el rostro…

Exhaló. El aire pesaba y el frío volvió a acometerle por la nuca… y abrió los ojos abruptamente.

—Lo…

Su voz se cortó como si un torrente de hielo hubiese caído en su garganta. El frío se desvaneció en medio de una energía fluctuante. Una efervescencia interior provocada por ella misma. La lluvia seguía cayendo y ahora podía escucharla… oírla caer sobre el asfalto… sobre los escalones de la casa, la cual estaba ahora a sus espaldas.

—Lo… hi…

—¡Lo hiciste!… ¿ves? Fue fácil, ya no tienes porqué quedarte aprisionada en esa casa ahora que…

—Gracias. –ella exhaló, fuertemente como soltando un resoplido o un estornudo. Bajó el rostro, de manera que los mechones de su cabello caían hacia el frente cubriéndole el rostro, pero no era necesario mirarle. Rock Lee vislumbró aquella cálida sonrisa de nuevo en su semblante.—Gracias… Lee-san

—Bueno, no es nada, jejeje.

Lee se encogió levemente de hombros, con un brillo de orgullo impregnando la mirada en sus redondos orbes mirando la manera en la que la chica contemplaba embelesada la calle y sus alrededores como si ése lluvioso panorama se tratase del día más soleado.

Bueno no podría culparla, pensó para sus adentros… seis meses encerrada sin saber que hacer o a dónde ir. Ha sido más de lo que yo pasé en el hospital…

Unos densos lagrimones apresaron sus ojos.

¡El entrenador Gai estaría tan orgulloso de mí!

Estaba tan absorto en el recuerdo inferido por aquella frase, cuando escuchó a Hinata gritar a sus espaldas.

—¡Ino!

Había pánico en su voz y él pudo vislumbrar a simple vista dos siluetas delante del pórtico de la casa. Salió disparado hacia ella por pura inercia. Al principio sólo vio la sangre… cantidad de sangre. Ino Yamanaka arrodillada en los peldaños, trataba de equilibrar el peso de un desfalleciente muchacho de piel más pálida que la de ella. Miró a Ino, con los ojos agrandados por el horror, abrió la boca pero no le salían las palabras.

—¿Es… es Sai…? –Hinata se había quedado petrificada, apretándose los puños volviendo a sentirse inútil viendo cómo la rubia hacía esfuerzo por equilibrar el cuerpo inconsciente y abrir la puerta.

El chirrido de los goznes apagó el eco de la lluvia mientras ella entraba empapada como una rata y arrastrando el cuerpo. Los zapatos de Sai dejaron un surco en la alfombra del recibidor.

—Le han herido… —dijo a Hinata sin mirarle. La Hyuuga vio un resquicio aterrador de ira en las pupilas de Ino, por lo que no se acercó.

Rock Lee tampoco había inquirido nada más. No había asombro en aquello, sabía de lo de Ino y, tras estar rondando el hospital después de su propia muerte, escenas como ésta habían llegado a convertirse en cosas casi "normales". Uno ve tanto en las salas de urgencia, que simplemente pierde un poco la alebrestada sensibilidad.

Ino dejó al chico sobre el sofá. Un caminillo carmesí recorría desde la acera, los escalones y cruzando el umbral, yendo por toda la sala hasta el sofá. La sangre seguía brotando del costado, sin detenerse.

Sin curarse.

Ino parecía aturdida y trastornada, algo inusual de ella, pero su voz se oía lo bastante firme.

—Han sido ellos… —dijo andando a la cocina, abriendo el refrigerador y escudriñando en el interior con prisa—Esos… asquerosos traidores.

—Anko… ¿Anko-san? –interrogó Hinata, con duda en la pregunta y en su voz.

—Posiblemente… —respondió Ino, yendo hacia la sala, con ambas manos sosteniendo algo que a Hinata le hizo apartar la mirada.—¡Mierda, no lo sé pero estoy casi segura de ello!

Dos bolsas de sangre envasada, empaquetada aun con el rótulo del hospital quedaron junto al inconsciente y famélico vampiro. La rubia tomó una y la abrió con pulso firme y seguro. Sai hacía una especie de gorgoteo. Estaba tratando de hablar. Ino oía sílabas —cuando menos, fonemas— pero las palabras eran ininteligibles.

Ino se inclinó, poniendo el vértice de la bolsa abierta en los pálidos y resecos labios.

—Toma… —Al decirlo sintió un espasmo en el estómago. Un vil resquicio de culpa.

Hinata se sentó sobre sus talones y los nudillos apretaban sus labios. Evitando mirar aquello rojo, cálido y vital que el muchacho engullía ávidamente. Rock Lee detuvo su mano en el hombro de la chica traslúcida.

—Creo que podríamos continuar… con la práctica… —sugirió con mesurada calma.

Ella asintió. Suspiró, paulatinamente al tiempo en que una renuente pregunta afloró en sus labios, dirigiéndose a Ino antes de desaparecer.

—¿Crees… que Sakura se moleste… por haberle traído?

Con el apuro que muestra un náufrago al que se le ha privado de agua por meses, Sai había bebido la primer bolsa en menos de un minuto. Ino abrió la otra bolsa, sin dirigirle gesto alguno a Hinata más que un gemido entrecortado.

—Dudo que a la frentuda le importe.

0—

—¡¿Qué?! –la voz de Sakura retumbó en el consultorio. Una enfermera pasó diletante por el pasillo y asomó distraídamente en respuesta al estridente sonido. Sakura le dirigió una mirada nerviosa alzando un poco la bocina y la mujer pareció entender el gesto mudo. —…¿Naruto estás loco? –bajó la voz a un tono un tanto más discreto—¡Te dije que no volvieses a buscarme!

El eco de la línea a larga distancia emitió un silbido a causa de la interferencia. Oyó a Naruto mascullar algo entre dientes.

—No estaba buscándote, Sakura-chan… pero Kakashi sensei insiste en…

—¡No puedes venir acá! –resolló, aplacando un poco la tensión de su propia voz—No… no ahora. –bajó la vista hacia el expediente dejado por Ino hacía más de dos horas—El acta de Genma-san la enviaron hace una semana, eso ya no es asunto aquí.

Otro chasquido en la línea. Las tormentas siempre empeoraban las transmisiones y Sakura pensó hastiada que tendría que volver a elevar la voz si el alebrestado muchacho de Konoha no volviese a escucharle, como ocurrió cuando tomó la llamada.

—Lo mismo les dije, pero aun así quieren mandar a investigar porqué la documentación llegó tan tarde e incompleta, dattebayó…—al otro lado, Naruto sintió el resquicio de su peculiar temor a punto de cruzar la barrera de su boca y expresarlo tal cual. Había estado batallando con esa cuestión desde que aquel sujeto de recepción le desvió la llamada hacia Sakura. Y ahora, simplemente, la batalla interna y el dilema de no decirle nada respecto al "teme", se había ido directamente al demonio.—… quieren que vaya yo. Y Sasuke.

A Sakura, aquello último le azotó como un golpe directo justo por debajo del corazón. Más que erguirse, se derrumbó en la silla. Dejó escapar un leve gemido, como alguien que hubiera perdido súbitamente todo el resuello. Su mente estuvo emitiendo un ruido blanco durante un período de tiempo que ella no supo — no pudo — comprender. Si Ino hubiera entrado en aquellos momentos, hubiera pensado probablemente que estaba sufriendo un ataque cardíaco. Tenía el rostro blanco como el papel. Su boca estaba abierta.

—No…

—Lo sé… ¡Y yo tampoco quiero ir para allá, dattebayó! Llueve mucho, las casas son horribles y no hay ningún buen restaurante de ramen.

—Me refiero a lo de Sasuke. Ni tú ni él… pueden… —ahora las palabras pesaban, indecisas e inconclusas. No, simplemente ella no quería completar la frase.

—Podría fingir que se cerró el caso, pero hasta Jiraya-ojisan lo revisaría. Y Kakashi me pondría a buscar hasta el más insignificante papelucho… Ya sabes cómo se las gasta y Shino es demasiado escrupuloso con los expedientes. Y falta esperar que el "teme" quiera… –pareció hacer una pausa; era eso o a la línea le estaba entrando otro espasmo—No te prometo nada, Sakura-chan… a pesar, de que aun me debes una explicación, por lo de la otra vez.

Naruto le escuchó respirar lánguidamente. Estuvo a punto de preguntar algo más, irrumpir el pesado silencio que a él no le hacía más que tensarse. Hasta que la escuchó de nuevo.

—Sasuke… ¿Él esta…?

—Sobreviviendo como puede –musitó Naruto sin ninguna emoción—… apenas lo veo a la hora del almuerzo y créeme, que parezca zombi es un halago, 'tebbayó. Desde ése día, nadie ha comentado ni dicho nada al respecto, al menos no delante de él. Kiba dijo algo, bromeando hace unos meses y el "teme" casi le cierra la boca de un puñetazo.

Al menos no pasa por lo mismo que yo… pensó ella con lastimero pesar.

—Supongo… que era algo referente a mi, ¿no?

—Nah, cosas que suelen escapársele al "perro boca-floja" ése. Lo que sí es cierto es que todos te echan de menos.

Otro silencio, provocado por ella. Naruto se aclaró la garganta.

—Veré que puedo hacer. –dijo él, cortando con un tono un poco menos tenue. Un poco más animado.

Ella colgó, con una fingida sonrisa y un impostado aire satisfecho. Se pasó una mano por el cabello, mientras su mirada se paseaba distraídamente por el escritorio. En un atisbo de auto consuelo maldijo el momento en que coincidió la llamada con el turno de ella. Maldijo el momento en que un asunto tan trivial le había sido asignado a ella siendo que era parte del cargo de Ino… y maldijo el momento en que ésta se había esfumado sin decirle nada.

Demasiada ofuscación innecesaria.

Su atención quedó prendada en el calendario plegado del escritorio, recordando internamente que no podría culpar aquel arrebato de ira y la incesante irritabilidad que luchaba por brotar, sólo porque sabía a lo que se debía. La luna llena surgiría del cielo estival de Ame mañana en la noche y ya se avistaban sus caóticas consecuencias.
Casi inconsciente, tomó el calendario, pasándolo al siguiente mes.

Naruto había dicho que llegaría la semana entrante, si el asunto seguía trastabillando en el departamento de policía de Konoha… y si la cosa se prolongaba a un mes de investigación…

Mierda.

Y agosto también tenía treinta y un días. Sería una pesadilla el fingir entera normalidad los otros veintiocho restantes; y con Sasuke de por medio. De Naruto podría ocuparse sin problema, podía verle a los ojos e inclusive hablar con él, impostando aquella tranquilidad de los años pasados, fingir que lo ocurrido la última vez no había sido más que producto del estrés y de varias noches de insomnio y cafeína en exceso. Pero, encarar a Sasuke…

No. Simplemente no quería volver a pensar en ello. Echó la espalda hacia atrás, hundiéndose más en la silla. Sacó el móvil, saliendo de su ensimismamiento y marcando al número de Ino. El timbre sonó tres repetidas veces y le mandó al buzón de voz. En un hosco gesto de preocupación sólo apremió a preguntarle –en su personal y "educada" manera— a dónde y porqué se había largado. No se percató de la silueta apostada junto a la puerta, fuera del consultorio.

Anko Mitarashi había escuchado la ofuscada llamada, en pensativo silencio. Una torcida sonrisa impregnó su semblante.

0—

—¿Esto… esto lo había hecho un simple tipo con una navaja? –interrogó Ino.

Había llevado a Sai a su habitación. Al menos este podía moverse y la herida del costado comenzaba a cerrarse, dejando ahora un surco largo como el tajo hecho con una hoja de afeitar, en vez de aquel boquete desgarrado y amorfo.

Él sólo asintió, sin expresar nada más en su rostro aun pálido pero menos cadavérico a como había lucido minutos anteriores.

Inhaló y exhaló, como lo haría una persona que se recupera de un ataque respiratorio.

—Le había seguido… — dijo—… no me había fijado que estaba armado.

—A veces pasa. No debiste tardarte tanto en haberlo drenado. Le diste oportunidad a la "presa"…–enunció ella, acomodando una gasa y vendándola en la herida aun punzante—Tambien es normal que tardes un poco en regenerarte.

—Creí que era inmune a esas cosas.

—Aun eres un novato —Ino apretó el vendaje. Miró despectivamente la curación— Por lo visto Anko-sensei no le ha importado instruirte como debería…

—Voy a dejarles. –enunció Sai abruptamente.

Ino alzó una ceja, sin entenderle del todo. Sus labios enarcaron una mueca sutilmente burlona.

—¿Qué pasó con el Sai que estaba emocionado con la idea de desollar a media aldea? Tal vez tengo mala memoria pero, ¿no habías dicho que inclusive podrías ser mejor que yo? ¿No eran esas tus exactas palabras?

Los orbes ónice del muchacho destellaron con un brillo casi melancólico bajo la mortescina luz de la lámpara del buró. Ino notó aquella expresión casi idéntica a la del joven inseguro y escueto que trabajaba en la galería de arte.

—No puedo. —él bajó un poco el rostro, sin dejar de mirar a la rubia—…antes podía pero ahora… ahora… les escucho gritar. No puedo hacerlo… algo no me deja hacerlo…

Ella suspiró y el gesto defensivo menguó hasta desaparecer. Humanidad. Aquello que había surgido de las palabras de Sai era eso… humanidad. Al menos lo poco latente que quedaba.

—Ino… —su voz aun se oía jadeante. Pero ella no iba a confiarse. Ella reconocía ese sentimiento, y sabía, conocía, sentía… que al menos no todo estaba perdido.—Te…necesito…

—Sai…

Pero él no la dejó hablar. Se encontró asiendo las sábanas de su cama con ambas manos, mientras él la cubría con su cuerpo. Sentía su boca recorriendo su cuello, sus manos teniendo una batalla deliciosa. Le rodeó la cintura con las piernas. Sai se apoyó sobre los codos en la cama, formando una irregularidad en la superficie e hizo que los mechones sobrantes en la cara de Ino resbalaran hacia su lado derecho. Él avanzó y algo en el interior de ella se fragmentó. Algo en el interior de Sai se recompuso. Alzó su cabeza, cerró los ojos y entreabrió sus labios minuciosamente, para dejar especio a los colmillos que se estaban extendiendo por completo.

Ella tomó una vez más su cabeza entre sus manos, y lo atrajo hacia sí despeinándole en el camino. Podía percibir cada uno de sus músculos en tensión. Se escuchó un chasquido cuando rasgó la piel de su cuello. Le inundó el olor a sangre que manaba a su boca a base de pequeños impulsos. Los sentidos de Sai se hallaban saturados. Extraño pero cierto, su placer se potenció, su vínculo, se fortaleció, aun estando piel con piel se sintió desquiciadamente más unido. Pasó una mano por su espalda, extendió toda su palma y la impulsó hacia arriba, la incorporó junto a él sin consentir una mínima separación. Pausó sus movimientos, dejó de beber.

Entonces el instinto había emergido en ella. En un hosco calor de éxtasis, fluctuante y enviciante, esta vez fue ella, quien apresó su cuello.

0—

—Hinata-san ¿Dónde estamos?

Rock Lee miraba confuso hacia la sala de una casa de amplia estructura. Paredes tapizadas con un cuidado y pulcro papel perla. Muebles importados y acomodados con la mesura de una de esas escenas que se ven en televisión. El pasillo del recibidor todavía tenía los lustrosos mosaicos mármol y la mesita en la que solían poner las llaves y las cartas…

—Aquí, vivíamos mi hermana y yo… antes de mudarnos al apartamento del centro de Ame. –explicó Hinata con aire distraído. Perdido más bien, en el entorno que hacía más de un año que había casi olvidado.

La imagen había llegado así a su mente, como un destello, como el chispazo provocado por el flash de una cámara. Y ella se dejó llevar.

Antes de que Lee espetara algo o Hinata dijese algún otro motivo, la puerta se abrió, dejando entrar a Hanabi Hyuuga. Ésta mostraba un gesto circunspecto.

Furioso.

Entró, arrojando con desdén el maletín; Hinata lo vió y lo reconoció. Había pertenecido a ella y aun tenia sus iniciales en el grabado discreto de la manija. La vio tomar el teléfono, marcando con ofuscado pulso, casi aporreando las teclas. Y la voz que parecía estar al otro lado de la línea, tampoco logró menguar su expresiva furia.

—Creo que no es buen momento, Hinata-san —Rock Lee le tomó nuevamente de la mano pero la chica de ojos perla no se movió.

—¿Cómo que allá no está? –inquirió Hanabi delante de ellos, sin verles ni sentirles como era esperado. Exhaló, y volvió a enarcar un tono tenso—Pues en el maletín tampoco… y papá no sabe nada de eso. ¡Diablos! Ahora solo falta que también se los haya llevado a la tumba… suficiente fue el que le enterrásemos con el anillo ¡Menudo desperdicio!

—Hinata-san, tenemos que irnos.—volvió a pedir Lee.

Ella le ignoró. Su oído se concentró el lo que se cernía al otro lado de la línea.

No hay necesidad de desesperarse. ¿No querrás llamar la atención o si, Hanabi-chan?… —Neji hablaba parsimoniosamente, cómo si aquello no le alterase.

Hanabi expresó un gemido de frustración.

—Son casi dos millones de ryo. ¡No pudieron desaparecer así como si nada! –aquejó.

Tengo la agenda, así que sólo será cuestión de revisarla minuciosamente. Se que Hinata-san no dejaba esos detalles anotados en cualquier lado.

—Claro, si yo los hubiese encontrado antes, hubiera sido más difícil deshacerme de ella. –la voz de Hanabi se llenó de un agrio tono—¡Pero esto se está tardando demasiado! ¡Séis meses ya! ¡Deberíamos estar felizmente casados y lejos de esta asquerosa ciudad!

No desesperes, encontraré el número de la cuenta. –explayó él—En el peor de los casos, podría pedir a Tokuma-san que verifique el historial en el ordenador de la compañía. Hiashi-sama está demasiado ocupado como para enterarse… hasta podría hacerlo yo mismo.

—Hazlo entonces… —ella bajó la voz, como si alguien le hubiese escuchado. Miró nerviosamente hacia su alrededor, sintiéndose observada por ojos invisibles e increpadores.–No quiero permanecer en Amegakure más tiempo… no me gusta, Neji-chan…

Nos precipitamos con esto, Hanabi-chan… siento que el homicidio… innecesario. Un simple chantaje hubiera bastado.

Un trago amargo de inexistente saliva se atoró en la garganta de Hinata. Sus manos comenzaron a temblar…

—No conocías a mi hermana. Era demasiado desconfiada y terca –Hanabi miró el reloj de la pared, haciendo una pausa y tratando de calmar la apuración en su aliento—…¿te veré mañana?

Por la tarde. En la mañana me ocuparé de esto. Intenta darle otra revisada al portafolio.

Una cínica mueca se trazó en la cara de Hanabi Hyuuga

—Claro. Hasta mañana, Neji-chan… te amo. –colgó.

"El homicidio"… la frase se tambaleaba como péndulo en la mente de Hinata.

"…deshacerme de ella." "Haberla matado…" Todo daba vueltas, embonaba, se separaba y volvía a encajar. Era el corte de un cuchillo sin afilar. "…Hubiera sido más difícil deshacerme de ella", menuda imagen. Era como recibir una rociada en los ojos de una pistola de agua cargada con ácido de batería. Hinata trató de pensar con coherencia y simplemente no pudo hacerlo.

En medio de una maraña helada y las incongruentes palabras de su hermana menor, los puños de Hinata Hyuuga se cerraron y su voz exhaló un grito.

Un clamor incoherente y ominoso… como un vendaval emergido del mismo infierno.


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo: POLTERGEIST

N/A:

Pues la cosa se puso seria. ¿Hinata fuera de control? ok, puede que raye un poco en el OOC pero al menos pretendo darle un poco de justificación. La chica no murió, la mataron y la mató la persona que ella más quería, su propia hermana... si alguien no estalla ante algo asi, simplemente... no es de este mundo.

Sai, creo que aqui el OOC puede ser un poco shockeante pero puedo usarlo a favor. El tipo es raro de por si, ahora ya con la naturaleza vampírica de proporciones incontrolables, pues... creo que lo explica un poco.

Lo de Sasuke... me remito a lo que saquen por conclusión, mis queridos lectores... porque aun falta mucho por mencionar en el fic, jeje pero como siempre, me gusta oír sus opiniones o suposiciones.

Nuevamente gracias por leer, sobretodo a mis asiduos lectores Kaiosama, Kusubana Yoru (vamos, "jueza de hierro", yo te invoco, lol), Kristina (otra invocada con edo-tensei jejeje) Brenda 109706, Gothic Hinata, Tamae Namikase, Lau Ltima, Little Punk, Karin Charming y Kena-ki y todos los que se dan su vueltita por aqui

Nos leemos la proxima semana!

HIGURASHI'S OUT!