Dun dun dun duuuuun... viernes y capítulo nuevo!, Otra vez aviso, que esta un pelín largo... pero por una muy, muuuy buena razón.

A leer!


BEING HUMAN

Capitulo 9.- POLTERGEIST

Ella le había cuidado… se había hecho cargo del modo en que su madre había querido.

No. Había hecho más… le había dedicado toda su vida. Largas tardes supervisando sus tareas, yendo y viniendo con ella desde la escuela a la casa. Había sacrificado su propia vida social en la preparatoria cuando su padre indicó con severidad su obligación de prepararle para el exámen de admisión a la facultad y prepararle para asumir un cargo casi tan importante como el de ella.

Y Hinata lo había hecho con gusto. Habría hecho eso y más.

Porque… Hanabi era toda su vida. Lo único fuera de las marmoleadas y frías paredes de aquella mansión en Konoha que podía devolverle un poco el sentido a aquella palabra llamada "familia" y que ella misma llegó a desconocer debido a su forzada madurez.

Su hermana era todo cuanto le quedaba. Hanabi chan… su pequeña hermanita

La que le había asesinado… bajo el mismo techo de aquella casa que una vez creyó llamar "hogar".

Y entonces surgió de su interior un grito amortiguado, una especie de áspero y tembloroso ruido.

Yo… yo lo había hecho todo por ti… yo… yo tenía una vida… yo tenía un futuro…

Y su "adorada" hermanita le había arrebatado todo. El trabajo en la empresa familiar, el apartamento, a Neji… y su vida. SU VIDA.

¡Y TÚ ME LA QUITASTE!

—¡Hinata-san!

Rock Lee le había intentado tomar del brazo… pero el flujo de energía de la joven de cabellos negro azulados se había convertido en un fluctuante tensar de ira, tan explosivo y ardiente que le hizo apartar la mano al instante. Casi como intentar tocar un cable de cobre al descubierto.

Él gritó. Volvió a llamarle. No hubo respuesta más allá de aquel arrebato de furia incontenible.

El pasillo quedó a oscuras.

Las puertas se habían cerrado, azotando y crujiendo las cerraduras. Dos ventanas se habían roto. La luz del candelabro que pendía del techo de la sala, oscilaba con una intermitencia.

Resplandecientes rayos que surgían de los focos como una luz estroboscópica. Chispas que en la oscuridad del ahora gélido pasillo revelaron una figura que Hanabi reconoció… en un atisbo de sólo segundos.

De pie, justamente frente a ella, se hallaba una figura alta, de piel pálida, ojos blancos como una mortífera ventisca y cabello largo ondeando como una endemoniada tempestad.

—¡Hi…Hinata!— Hanabi propinó un grito. Ininteligible y estridente.

Figuras de porcelana, adornos y chucherías sin importancia estaban apostados sobre una serie de estantes de cristal. Éste se desintegró como si algo le hubiese propinado un golpe contundente. La estructura se tambaleó y después cayó, esparciendo cristal, esparciendo figurillas de porcelana de gatos y pastores y toda aquella alegre faramalla burguesa. Un retrato familiar colgado en una de las paredes cayó al suelo y el vidrio se cuarteó. Grandes trozos del cristal cayeron al suelo como piezas de un rompecabezas.

¡Eras parte de mi vida… y TU me la quitaste!

Su mente seguía fija en la frase. Su enojo y el resentimiento corrían en un remolino confuso. Hanabi gritaba, más y más…

Y aquello, parecía no ser suficiente.

Casi… parecía divertirle…

—¡Basta! ¡Hinata-san!

Sus manos seguían cerradas en puño, hacia los costados. Congelada e inmóvil como una efigie mientras que el interior de aquella casa colapsaba a su alrededor. La sala, la cocina, los jarrones del pasillo y más adornos de cerámica estallaron como bombas. En la cocina, se produjo un estruendo espantoso, pero el simple estruendo no constituía satisfacción ninguna. Una hilera de armarios se hallaba adosada a tres de las cuatro paredes de la estancia. Éstos se abrieron uno tras otro y los platos cayeron, tintineando casi musicalmente. Voló la salsera. La gran bandeja. El televisor se estrelló contra el suelo con un pesado ruido.

Las paredes; un estrépito abatió éstas y los ojos de Hanabi contemplaron con horror un líquido carmesí, emergiendo de la perlada superficie del papel tapiz. Escurriendo como ríos amorfos y espesos, sangre tan roja como la alfombra de la sala surgía a borbotones del pasillo y la sala.

Y Hanabi… ahora sólo faltaba ella y…

—¡BASTA! –arremetiendo a toda lógica, a todo instinto de sobrevivencia prendado en su mente, el muchacho de abundantes cejas alzó ambos brazos hasta Hinata.

El aura de ésta quemaba, ardía como lava caliente pero tenía que hacer algo. Sabía en lo que esto terminaría, lo había visto en varias veces en el hospital. La ira, al igual que todas las emociones, eran un exponencial detonante cuando al no tener cuerpo físico, y dejarse llevar por alguna, era tan peligroso como sumergirse en un embravecido mar… y no habría retorno.

—¡Hinata-san! –clamó, haciendo acopio de toda la fuerza que era capaz, logrando moverle. Energía contra energía… a riesgo que el torrente alebrestado provocado por Hinata consumió el suyo haciéndole casi desvanecer—¡Hinata-san… por favor! ¡DETENTE YA!

Unos orbes, blancos totalmente como el mármol del suelo, fluctuaron con un brillo inconstante en el rostro de Hinata Hyuuga, adquiriendo un tono perlado poco a poco. Su figura temblaba. Las manos se abrieron y ella, simplemente cayó, como una hoja al viento.

Desapareciendo antes de tocar el suelo.

0—

—¿Dos meses?, ¿No le parece algo pronto, Danzo-sama? –Anko se remojó los labios, mientras apoyaba más la espalda contra el respaldo de la silla. Uno de sus dedos jugueteaba con el cordón del teléfono—…aun no terminamos de reclutar a los demás… y parece que en Konohagakure nos han puesto el ojo. Eso nos quitará tiempo.

—Podemos usar las sospechas de Sarutobi a nuestro favor –el hombre respondió con voz grave y severa—…después de todo, también esto concierne a Konoha. –se hizo una pausa breve, pensativa—Kamizuki-san y Hagane-san se encargarán del reclutamiento. Tú sólo mantén ocupada a la hija de Inoichi; no nos conviene que todo se eche a perder si su padre se entera.

—¿Y perderme de la "fiesta" mientras que aquel par de inútiles se dan un festín? –aquejó Anko—… además, ya me encargué de la "niña de papi", el muchachito paliducho ése será más que suficiente distracción. –miró alrededor, asegurándose de continuar sola en el despacho—Aunque no está sola, el chico Nara y el gordito no creo que sean tan obtusos…y…

—Los Nara puedo manejarlos yo y los Akimichi son parte de la vigilancia policial, así que solventaremos esto como una parte más del plan…

—Y se ha hecho compañera de una bestia… —interrumpió Anko, casi escupiendo aquello último como una repulsiva palabra—… la he visto, es una tipeja torpe y nerviosa, parece que no logra controlarlo aun, pero no le deja sola, es como su maldito perro guardián.

Un gemido entrecortado, como un bufido reprensorio por parte de Danzo.

—En número tenemos ventaja ante un licántropo y si es una hembra no le veo que sea difícil deshacerse de ella… una Ejecutora con su experiencia debería saberlo, Mitarashi-san.

Aquella frase sonó como un reclamo. No, como un insulto, para ella y su personal orgullo. La mujer torció la boca en una mueca de desagrado; un berrinche contenido que aquel hombre no podía ver pero seguro se soslayaría con hacerlo.

—Bah… me encargaré de su roñosa mascota a mi manera.

—Eso es decisión suya, Mitarashi-san. Quedan dos meses. –reiteró Danzo, antes de colgar.

Ella se quedó aun con el auricular en su mano, oyendo el ruido de la línea cortada como el tintineo de una alarma. Dirigió una mirada desdeñosa al pasillo, y colgó el aparato con silencioso desdén.

¿Porqué siempre tenían que relegarle el "trabajo sucio" específicamente a ella? Había sido parte del escuadrón de Ejecutores de élite en aquella guerra en el período feudal, había llegado a ser parte importante del congreso de Amegakure formado por Danzo a principios de siglo… y ahora le relegaban el cargo de niñera de una chiquilla a la que ella misma convirtió y relegó a su suerte en las últimas ocho décadas por voluntad propia de ésta… oh, y ahora para colmo, tenía que deshacerse del estorbo que acarrease.

Genial, definitivamente genial… pensó hastiada. Bueno, no usaré la artillería pesada aun… hay maneras menos escandalosas de sacar la basura, se dijo mientras se dirigía al apartado de recepción, en busca de Izumo Kamizuki.

0—

La sombra de la noche menguaba y un resplandor azulado se apreciaba en la lejanía del cielo, en un insignificante huequito de aquellos gruesos nubarrones.

El frío de la habitación seguía persistente, igual que aquella idea que reverberaba en su mente.

Había vuelto a caer. Así de simple. Ino Yamanaka… había vuelto a caer en aquel ominoso e instintivo remolino. El aliento aun temblaba en su fatigada respiración.

—Esto… esto no puede volver a pasar… No, no debería…

Sai resiguió las delgadas cejas de la rubia con un dedo y se echó a reír en voz baja.

—¿Porqué? Si no hemos matado a nadie.

—Sai, esto no está bien. –sus labios tenían impregnado el recuerdo del dulzón fluido vital del muchacho. Habló, sintiendo el doloroso recuerdo de los años pasados temblando en su mente y en su voz— He estado antes en esta situación; la sangre lleva al deseo de matar y éste… derramamiento de sangre…—exhaló—no, no, no… tenemos que frenar esto. Y tú aun estás débil, no deberíamos…

—No me importa. —dijo él, y la miró a los ojos.—No volveré con ellos, eso está decidido.

—Entonces harás lo que te diga. Mi casa, mis reglas.

Sin responder ni espetar nada, los pálidos labios de él, recorrían meticulosamente el cuello de la chica.

—Sai…

Su lengua se pasó por el caminillo seco de sangre apostado cerca de la yugular. Ahora reposando como una tenue cortada.

Saaai…

—Bien…—Sai sonrió, soltándole y contemplando con descarada satisfacción lo trémula que había puesto la marfileña piel de Ino Yamanaka—Como digas… Ino-chan .

Ella lanzó un gruñido profundo y su boca encontró la de él.

Esta vez el acto sexual fue más calmado, pero no menos apasionado. La boca de Sai resiguió los pechos y jugó con abandono en el cuerpo de ella. Ino se aferraba a él, con las manos y las piernas, mientras él la penetraba más y más, satisfaciendo instintivamente sus exigencias. Yacían de cara, en una mezcla de hierro y seda, y se movían en lentos círculos.

Sus cuerpos temblaban y se ponían tensos, resplandeciendo con el sudor del esfuerzo. Ino gimió cuando Sai se balanceó sobre ella y la incitó hasta el límite de la satisfacción, y entonces apretó con fuerza y ella pensó que iba a sollozar de puro éxtasis. Se estremeció murmurando el nombre de él, y su ritmo la elevó hasta la cima del placer, y tuvo la impresión de que saltaba de un acantilado. Sai no flaqueó, hasta que sintió un calor intenso seguido de una erupción que pareció estirar su columna vertebral y sus músculos hasta casi el punto del dolor. Quedó adherido a Ino, anidando entre sus muslos, mientras se besaban y murmuraban, y el mundo giraba perezosamente alrededor de su cama.

0—

Eran alrededor de las cinco y media de la mañana, cuando Sakura terminó de colocar el catéter de suero para una cirugía derivativa de la que afortunadamente se apañaría el siguiente médico en turno. Miró de reojo hacia el pasillo de cardiología, sin encontrarle a ella siquiera por asomo.

Casi las seis y de Ino ni rastro alguno. No le vio durante el resto del turno, desde las dos de mañana hasta ahora; y pese a la renuencia de admitirlo, estaba levemente preocupada. Bien podría ir hasta recepción e interrogar –o atosigar- a Izumo pero no lo había hecho o más bien no tuvo el menor interés en preguntarlo, a sabiendas de que tanto el ufano Izumo Kamizuki y su compañero Kotetsu Hagane saber el motivo y ocultarlo a petición de la propia Yamanaka… o simplemente no saberlo.

Se levantó y se acercó a la ventana que daba al aparcamiento del edificio, situado seis pisos más abajo. El Honda Civic negro brillante de Ino todavía estaba en su espacio correspondiente.

Ahora realmente estaba preocupada.

Registró su salida en el vestíbulo, dejó los expedientes en el escritorio del jefe de piso y volvió apuradamente a su despacho. Tenía un juego extra de llaves en el primer cajón, mera precaución tomada casi a regañadientes por la rubia. Bien, ya tendría tiempo de reclamarle… o no hacerlo si es que estaba en problemas. Las tomó y salió; sin siquiera percatarse o prestar atención al grupo de obreros que se dirigían hacia el pasillo que daba a la torre norte del hospital.

El fútil intento de marcarle al móvil había quedado relegado casi al instante. Conocía a Ino y sabía que a veces solía dejarlo botado en cualquier parte. Ella y su usual desapego a esos "artilugios modernos impropios" como solía nombrarlos era un fastidio con el que lidiaba a diario. Condujo moderadamente hasta el apartamento –tan moderado como lo era el casi pasarse una luz amarilla-y llegó al apartamento, encontrando un nada alentador silencio en el pórtico.

—Ino, dond… —la frase se desvaneció, en el momento en que su atención se clavó en una sombra, acurrucada contra el barandal de la escalera.—¿Hinata?

Rock Lee estaba sentado sobre uno de los apoyabrazos del sofá, con la misma intermitencia y consistencia visual que una imagen originada por un proyector antiguo. Casi tan transparente como el cristal. Hinata ni siquiera alzó la vista. Su rostro estaba oculto entre sus brazos, mientras permanecía temblorosa, sentada en cuclillas, casi encogida, como si esa postura fuese el único refugio confortable.

—¿Qué fue lo que pasó? –inquirió Sakura.

El muchacho le dedicó una impostada mirada tranquila.

—Hinata-san, ella… —su voz también parecía querer desaparecer. Se aclaró la garganta, más por reflejo y por intentar remarcar un tono más seguro—…bueno, logramos salir de la casa y, ella había insistido en visitar a su hermana… —miró de reojo a la aludida Hyuuga, nuevamente sin obtener respuesta—y las cosas se complicaron un poco. –abrevió, inseguro aun sobre lo que él mismo acabase de ver—Hanabi-san…

La joven de ojos perlados finalmente alzó el rostro, ahora cubierto por una sombra grisácea y unas marcas oscuras pendían bajo sus ojos dándole un aspecto aun más espectral. Su mirada le contemplaba a través de una cortina de lágrimas.

—Hanabi… ella… —su voz parecía un susurro entrecortado y distante. Sakura aguzó el oído percibiendo un eco extraño e inusual en Hinata—…ella me mató.

Sakura contempló sin entender la mueca confundida y asustada de Hinata.

—¿Qué?

Muy suavemente, oyendo todavía el temblor de su propia voz, Hinata intentó expresarlo todo, escupiéndolo como si fuera una horrible medicina demasiado amarga como para poder tragarla. Pero todo cuanto pudo brotar de su boca fueron entrecortados monosílabos.

—La herencia… la cuenta que tenía… y ella… y… Neji… y…

Volvió a hundir el rostro entre sus brazos. Lee se dejó caer sobre la superficie del sofá, más propiamente desplomándose sobre este.

—Y las cosas se salieron de control… —el muchacho suspiró lánguidamente —… al menos logré detenerle antes de que…

—¿Hanabi la vio? –Sakura preguntó de repente, presintiendo lo que podría haber ocurrido, teniendo en cuenta los antecedentes de los peculiares arrebatos de Hinata y cómo éstos terminaban gastándoselo con las paredes, puertas y focos de la casa.

Pero el brillo diletante y aun desconcertado de la mirada de Rock Lee le constató que sea lo que sea que había pasado allá, no fue un simple apagar de luces y cerrar de puertas.

—Fue algo más… —resolló él.

Ambos dirigieron la mirada hacia la silenciosa Hyuuga. Un frío intenso se había aplomado en la sala y el rincón donde estaba acurrucada la chica había adquirido una sombra casi penumbrosa.

—¿Ha llegado Ino?

Lee alzó levemente la cara hacia la escalera.

—Hum… si pero…

Le dejó con la frase en la boca. Arrojó la maleta en el suelo, la cual aun no había soltado desde que llegó y subió las escaleras, haciendo un eco intencional con las pisadas. Lee se alzó abruptamente.

—¡Sakura-san! ¡No creo que debas…!

La puerta de la habitación se estremeció ante el sonoro golpe propinado por Sakura y esta se abrió, mientras que la oscilante luz de la lámpara remarcaba el papel tapiz con un húmedo tono escarlata, húmedo y brillante.

¿Sangre?

Y un charquito rojizo, escurriendo hasta sus zapatos lo constató.

—¡¿Ino?! –otro charco más tenue se filtraba hasta la puerta. Gritó por reflejo.

—Qué escándalo… —resolló una voz a su lado derecho, detrás de la puerta entreabierta. La sonrisa ufana de Sai se torció en un gesto despectivo—Ugh… ¡Ino-chan! –clamó hacia la cama, a la figura cubierta con la sábana—, no me dijiste que la perra vivía contigo.

—¡¿Qué rayos estás haciendo TU aquí?!

—Menudos modales, ¿Qué no te han enseñado a no ladrarle a los amos?—Sai rió lacónicamente.

Sin miramientos, Sakura tomó a Sai, asiéndolo de los hombros y empujándole hasta la pared. En un reflejo salvaje e instintivo, ambas manos de él, con el filo creciente de sus uñas, pasaron cerca del cuello de Sakura, prestas a desgarrar la carne. Ésta le soltó al instante y su puño encontró el tabique de la nariz de Sai.

—¡Eh! ¡Ya basta! —La rubia se alzó con el cuerpo aun enredado en las sábanas, la larga melena rubia despeinada en un aspecto poco favorable y los labios enmarcados en una llamativa silueta carmesí.—¡Sakura! ¡Sai!

Sai, con un gruñido entrecortado, salió disparado hacia atrás, cayendo contra el buró frente a la cama a causa del impacto. Se levantó, mostrando los afilados colmillos y siseando a la chica de pelo rosa, quien se frotaba el nudillo dolorido.

—Mierda… ¿no puedo permitirme tener visitas sin que se arme un problema como estos? –Ino se quedó sentada sobre la cama, con una expresión circunspecta. Miró a Sai, de la misma reprochable manera en que un maestro lo hace con su peor alumno—Te dije, Sai, que si vas a quedarte…

—¡Ese no va a quedarse aquí! –esta vez, fue Sakura quien se adelantó. El crujido de las dos falanges que se había roto en el ofuscado golpe aminoró el volumen agitado de su voz, bajo el dolor de éstas al restaurarse con secos chasquidos. Le dedicó una mirada feroz al muchacho—¡Joder, ¿acaso tienes concreto en la cara o qué?!

Sai rió, aun con el sangrado escurriendo de sus fosas nasales.

—Debilucha como un cachorro… Anko-sama tiene razón, hasta el más inexperto de nosotros podría arrancarte el pellejo.—se levantó, dispuesto a lanzársele encima—¡Y eso es lo que voy a hacer, arrancarte el apestoso pelambre y dejarte como tapete!

Ino se plantó en medio de los dos.

—¡Ya basta! –gritó. Exhaló pesadamente. Se dirigió a Sakura—A Sai le acuchillaron durante una cacería, le traje aquí… no tenía a dónde más ir. Por lo menos mientras se recuperaba…

—Pues yo lo veo bastante sano –gruñó Sakura—Y dijiste que él ya no era tu responsabilidad, ¿Porqué Anko y los demás no se ocupan de él?

—Porque les he dejado –respondió Sai a su vez, un poco más aplacado y dirigiéndose sólo a Ino—…pero de haber sabido que permites a esa sarnosa bestia dentro de la casa, prefiero buscarme otro sitio.

—¿Y arriesgarte a que ellos te pillen por su cuenta? –enunció Ino, con un tono severo que rayaba en aquellas apesadumbradas experiencias pasadas—Conozco a Anko y a los demás… se tomarán represalias.

—Tu déjale que se vaya –Sakura se cruzó de brazos, escrutando la revuelta habitación— menos problemas para nosotras. Suficiente es con lo de Hinata… y en cuanto vea el desastre que hay aquí tendremos suerte en que no derrumbe la casa entera sobre nosotras—miró de reojo hacia la puerta, sólo por si la aludida aparecía. Se volvió hacia Ino—Además, ¿cómo estás segura que lo que Sai dice es cierto? ¿No estaba muy cómodo allá, desollando gente a su antojo?

Sai miró gélidamente a Sakura y luego a Ino.

—Les he dejado porque me negué a obedecer las órdenes de Danzo-sama…

—Si claro… —Sakura siguió increpándole—¿Acaso cambiaron el menú de "a-positivo" a sangre artificial?

Los orbes ónice del joven seguían clavados en la rubia. Sin alterarse, su voz resonó en un eco grave.

—Querían que matara a Ino. –enunció.

0—

El teléfono de Neji Hyuuga había sonado repetidas veces, después de la alterada llamada de Hanabi, pero él simplemente no había contestado debido a que salió, directamente hacia las oficinas matriz de la prestigiosa firma de Hyuuga & Associates; él siempre sintió que el nombre mezclado con esos vocablos anglosajones quitaban el prestigio tan preponderantemente ganado, pero no podía ni decir ni pío ya que eso era asunto meramente de la familia primaria; un simple "lacayo" poco podía hacer.

Ya tendría su oportunidad, después de todo, tendría acceso a las arcas y cuentas familiares una vez que contrajese nupcias con Hanabi. Anteriormente Hinata estaba en el trato, pero ahora que la infortunada joven había muerto "intempestivamente", los planes se moverían y él haría todo lo posible porque la balanza siguiese inclinándose a su favor. Aun si tuviese que usar también a Hanabi.

Ésta era una chiquilla muy linda y atrevida, la cara opuesta a la sobajada Hinata, y más "maleable". Al menos podría hacer que ella se encargase de los trabajos "sucios", como el estorbo de su hermana mayor. Definitivamente era una excelente pieza que podía usar a favor… claro, paso por paso. Primero encontrar la dichosa cuenta que pertenecía a Hinata. Porque millón y medio de ryo no podían quedarse enterrados también en el cementerio familiar; suficiente incordio fue el sepultar un anillo de catorce kilates valorado en más de quinientos ryo, sólo porque Hiashi había insistido en que su "querida" primogénita tuviese el recuerdo de aquel preciado momento en la otra vida.

"Bien, al demonio con el viejo también"; pensaba Neji mientras terminaba de ordenar el interior de los cajones del escritorio de la oficina de Hiashi. "Al demonio con su maldito dilema familiar… si Hanabi insistiese, no me importaría saquear la tumba de Hinata y quitarle el anillo que me costó cinco meses de sueldo… lo haría, ¡y le metería el maldito contrato del "Ave Enjaulada" al viejo justamente donde no le da el sol!"

Esbozó una sonrisa maliciosa, quedándose de pie, frente a la elegante oficina, en medio de la calma que prestaba la oscuridad. Casi amanecería, pero no le importaba. No le importaba llegar a dormir un par de horas para luego volver a aquel raquítico cubículo asignado a él dentro de la zona de la "rama secundaria"; como solía llamar Hiashi al área local. La desprestigiada área local, mientras que los ufanos Hyuuga de la rama principal, se encargaban del sector nacional e internacional.

Bah, no iba a molestarse por ello. No ahora.

Al menos había conseguido la agenda de Hinata. La había encontrado en uno de los cajones de Hiashi, y parecía que ahí tenía el número de cuenta y la clave. ¿Irían a sospechar de él después? Lo dudaba, Neji solía ser muy meticuloso y tenía una capacidad de memoria infalible. Al menos el viejo Hiashi no notaría que alguien entró en las oficinas antes de la hora laboral.

Bendito juego de llaves extra. Y eso fue lo último que pudo saquear de la casa de la infortunada Hinata.

Miró el reloj de pared, notando que éste marcaba silencioso las cinco y media. Salió, volviendo a echar los cuatro sistemas de alarma que orgullosamente había logrado desactivar y condujo tranquilamente hasta su casa; al mullido y nada ostentoso apartamento en el centro. Al llegar, sintió que se le congeló el corazón cuando vio a Hanabi, sentada con la espalda apoyada en la puerta, cubierta únicamente por el pijama y una sudadera.

—¿Hanabi-chan?

Ésta temblaba. Surgía de ella un sonido corto y ahogado, como una especie de sollozo mezclado con miedo e histeria. Le miró, y Neji notó que sus ojos estaban tan abiertos que parecían salirse de sus cuencas. Los labios estaban apretados en una máscara de terror absoluto, casi como si hubiera visto a un…

— ¿Hanabi-chan. Qué…?

—¡Hinata! –gritó—¡Hinata lo sabe! ¡Mi hermana lo sabe! ¡Hinata estaba en mi casa! ¡Y sabe que yo la maté!

La imagen seguía vivida; ella, la vio, la vio realmente, y se puso a gritar. Sus gritos resonaban ahora en el pasillo del primer piso.

Con los ojos desorbitados, la cara lívida, el pelo erizado, Hanabi gritaba.

0—

En el transcurso del día, la cosa se había calmado. Ino había planteado la estrategia tan mordazmente que al menos pareció dar resultado. Sai se quedaría, pese a las renuentes objeciones de Sakura y el consejo fútil de Lee. La inexistente opinión de Hinata había quedado a su favor; el que calla otorga.

Y si el huraño muchacho salía con alguna puñalada trapera, sería ella misma quien lo ejecutaría… o eso era lo que había prometido. Tampoco estaba segura de que lo que argumentaba Sai fuese enteramente la verdad, pero no lo había expresado así.

Él había cambiado… al menos un poco. Y ella no veía a mal volver a traer su lado humano de vuelta, después de todo, ¿no era eso lo que ella misma intentaba hacer?

Si, conocía a Danzo y la manera sardónica de Anko para obligarle a hacer su voluntad; cuatro siglos no pasan en vano, pero también sabía que éstos tenían una manera loable y casi magistral para manipular a la gente a su vil antojo. Sai no era más que un peón y eso ella no lo suponía, lo constataba.

Y bien podría voltearles la tortilla; querían que jugara su juego, vale… pero con SUS reglas… y en su terreno. Tenía a Sakura de su parte y Hinata…

Hinata, ah… menudo lío. Recordó la escueta charla de la tarde, antes de partir con Sakura al turno nocturno, cuando Lee, ya con un poco más de energía, les contó a detalle el incidente en casa de Hanabi Hyuuga.

Estabamos ahí y… —Lee dio un suspiro, e Ino notó aquel semblante usualmente optimista, pasar a una expresión sombría y casi asustada—ella de repente, perdió el control.

Sakura seguía sin entender. Ino alzó la mirada hacia la sombra del rincón en la sala, Hinata permanecía silenciosa y temblorosa.

Pero si no puede mover ni el polvo, mucho menos hacer que las cosas caigan o exploten a su alrededor –enunció Sakura en tono calmado—… aquí lo más que ha podido hacer ha sido cargarse unos cuantos focos.

Suele pasar –musitó Ino—, supongo que la noticia no venía a menos y ella, simplemente no supo cómo sacarlo más que de ésa forma.

No… —Rock Lee bajó más la voz y sus abundantes cejas se arquearon en ademán preocupado—No fue el hecho de que no supiera cómo manejarlo… lo sabía. Se veía… que quería hacerle daño a Hanabi-san. Era como… como ellos

¿Quienes? –inquirió Sakura.

Ino entornó la mirada.

Goryō.

¿Qué?

Goryō és el término que se les da a los fantasmas vengativos… —dijo Ino lentamente—en occidente, les llaman poltergeist y son extremadamente peligrosos y muy agresivos.

¿O sea que Hinata ha pasado de ser un fantasma temeroso a una abominación destructiva?

Rock Lee miraba fijamente hacia la mesa.

Si no la hubiera detenido… tal vez no hubiera vuelto en sí. —jadeó—He visto cómo son. Aquellos… "seres", corrompidos por la locura. Es, es… horrible.

Ino había dejado la taza de té, alineándola inconscientemente junto al tarro de azúcar. Habló, sin mirar a nadie.

Bueno, si llegase a descontrolarse, la perderíamos y eso no tendría remedio. —una sonrisa tenuemente insidiosa se formó en sus pálidos labios—… pero si puedes enseñarle a dominarlo, Lee-kun… será divertido para ella. No le vendría mal aplicar justicia propia ante su querida hermanita.

Y tanto Rock Lee como Sakura se habían quedado en un silencio vehemente y pensativo. El muchacho estuvo a punto de objetar algo, pero calló a fin de cuentas. No hablaron más del asunto en lo que quedó de la tarde. Menos volvió a recordarlo ahora, que estaban en el receso del turno, en la cafetería.
Sakura le contemplaba con una severa expresión enarcada en sus brillantes orbes jade.

—¿Y ahora? –Inquirió Ino.

—Sigo sin creer que le hayas dejado en la casa. –masculló Sakura—…en el único lugar donde realmente podíamos estar a salvo y ahora con ése…traidor.

—No asegures lo que no sabes, Sai no es un traidor —dijo Ino levemente—además está la ventaja de que al menos ahora Hinata no tiene problemas en ir y venir fuera de la casa, así que podría monitorearnos en caso de que ocurra algo.

—Si, será útil cuando nos venga con la novedad de que a tu querido Sai le entró el antojo de descuartizar a alguien en tu habitación.

—Hey, lo que ocurrió en mi habitación no fue precisamente eso…

—Pero lo parecía.

La rubia sonrió levemente.

—Sólo se nos pasó un poco la mano… "cosas de vampiros", claro que esto fue más intenso…de lo que yo recordaba—la sonrisa de Ino se amplió en un gesto casi presuntuoso—… Era como hacerlo con el antiguo Sai, antes de que…

—Nop, no quiero saber, gracias.

En un suspiro casi divertido –o mero afán de fastidiarle, como siempre solía hacerlo- la rubia arguyó mordazmente:

—Envidiosa –rió—¿Sabes? Creo que eso es justo lo que te hace falta, un buen revolcón, ¿Hace cuanto que no te acuestas con alguien?

—¡Ino-cerda!

—¿Que? –ella no aminoró la risa, no tras notar el enrojecido rostro de su amiga –Oh, vamos… alguien en tu condición y con esas ideas tan puritanas es ridículo...

—¡Precisamente por eso!—Sakura cortó la frase rotundamente, moviendo un poco la silla hacia atrás y mirando por casi novena o décima vez hacia el ventanal.

El cielo tenuemente rojizo a causa de los gibosos nubarrones de la tarde le devolvió un poco de tranquilidad. Sin embargo el cronómetro de su reloj de pulso seguía marchando y los minutos corrían. Volaban ¿porqué siempre el día tenía que esfumarse tan rápido, precisamente en ésas odiosas fechas de plenilunio? Al menos sólo sería una noche. Una jodida noche y después, el fugaz alivio de los siguientes días, que realmente para Sakura no eran más que veintiocho días pensando en la tortura que lo espera con esa esfera dibujada en el calendario. Una fugaz tregua que no da chance.

E Ino todavía tenía la ocurrencia de meterse en su vida personal.

—No puedo… —exhaló Sakura, con una voz tan baja como un murmullo. El comentario sonó agrio pero verdadero.—Simplemente no puedo estar con alguien, con nadie, siendo… lo que soy. –volvió a mirar el reloj y la ventana. La tenue sombra de la noche comenzaba a surgir, y con ella, la luna.

Ino chasqueó la lengua, en ademán dubitativo.

—Bueno, no necesariamente me refería a un humano… —suspiró—es una lástima que hayan erradicado las manadas de hombres lobo en Ame, porque juraría que podría conseguirte a alguien…—no hubo respuesta o reclamo por parte de la chica de pelo rosa. Ino notó a ésta contando el cronómetro como si se tratase de un marcapasos. Supo lo que podía ser—¿Ha empezado ya?

La respiración de Sakura comenzaba a agitarse.

—No… no del todo. –Sakura pasó dos dedos hacia su muñeca izquierda, atenta al pulso. El ritmo cardíaco comenzó a incrementarse, igual que el aplomo de un irregular dolor de cabeza. La mano que tenía fija en su muñeca tembló espasmódicamente—Rayos… ¡si!

Se levantó al instante, tomando la maleta de mano que estaba bajo la silla. Ino le siguió, sin comentar nada más. Su mano se detuvo en el bolsillo de la bata, sintiendo el peso de las llaves del portón del área norte. Sakura le pasó el gafete de identificación, la bata, el reloj y el estetoscopio mientras caminaba a paso rápido por el pasillo. Pasaron por la cornisa que daba hacia el área "clausurada" y se detuvieron abruptamente.

Dos barricadas compuestas del rótulo de "obra en construcción" cerraban menguadamente el paso, junto con una maquinaria para linóleo. Dos obreros pasaron cargando dos carretillas de concreto. El ruido de una mezcladora aturdía el ambiente.

—¡¿Qué diablos?! –jadeó Sakura.

Ino miraba desconcertada. Se acercó a uno de los constructores.

—Oiga, ¿Qué están haciendo? Esta zona estaba clausurada.

El sujeto se detuvo, con una mueca intrínseca.

—Ordenaron que se remodelarían estas salas para el área de administración –dijo escuetamente. Dirigió la mirada hacia una de las paredes y el portón—Aunque mire cómo están las instalaciones, las cerraduras están destrozadas, hay arañazos en las paredes… ¿Encerraban aquí a los locos o qué?

—¿Quien ha ordenado la remodelación? –Ino ignoró el comentario anterior.

El hombre miró la tablilla colgada contra el portón.

—Mitara…. Mitarashi A. —releyó torpemente.

Alzó la vista, sin ver ya a las jóvenes.

Las palpitaciones se tornaban más constantes, casi arrítmicas y la jaqueca no menguaba. Sakura se sujetaba la sien con pulso trémulo.

—¡Mierda, mierda, mierda!… ¡¿Qué voy a hacer?!

—¿Cuánto tiempo queda?

La pregunta de Ino retumbó tenuemente en el pasillo. Sakura miró el reloj, intentando concentrarse en el conteo en medio del escándalo provocado por sus propios latidos.

—Veinte… veinte minutos.

—Volvamos a casa.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡No voy a transformarme ahí!

Ino le miró severamente.

—¡No hay otro sitio, son casi cuarenta minutos hasta el bosque! ¡En casa es más seguro!

—¡NO!

Las rodillas le temblaron haciéndole caer.

—¡SAKURA!

Ésta se estremeció, y una presión estrujó sus órganos. Su corazón palpitó desaforadamente. Sintió un terrible dolor en los músculos de los brazos y de las piernas, y también en la cabeza. Algo chasqueó en su mandíbula inferior, y se dio cuenta de que estaba gimiendo.

Se estaba agotando el tiempo.


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo: CRUEL LUNA LLENA


N/A:

ah... final "cliffhanger", siempre el mejor recurso para dejar la expectativa. Ejem, bueno, ya he enredado las cosas... y lo enredaré más en el siguiente capítulo... como pequeño SPOILER sólo les diré... tendremos a un Uchiha en escena...

¿Quien será?

Vale, nuevamente GRACIAS POR LEER, DOBLES GRACIAS POR LEER Y COMENTAR y nos leemos la siguiente semana.

HIGURASHI'S OUT!