Being Human

Capítulo 11.- Los monstruos que hay Dentro

—¡¿Cómo pudiste traerlo aquí?! ¡Y después de lo de anoche! ¡Y lo que quedó del apartamento! ¡¿Crees que no va a notarlo?! ¡¿En qué rayos estás pensando, Ino?! –Sakura no aminoró el volumen histérico de su voz.

Ino simplemente había pasado de estar escuchando a rodar la mirada hacia el techo mientras tamborileaba los dedos contra el dorso de la silla. Bien, ya se esperaba el sermón sólo porque simplemente no había podido evitar dejar al inocente chico bajo la lluvia como gato callejero. ¿Qué había de malo en ello? A Rock Lee y Hinata no los iba a notar –mientras no comenzasen a lanzar lo que restaba de la vajilla-, el vacío en la sala podría sobreentenderse a una "improvisada" remodelación y Sai estaba en la habitación de junto sumido en un sueño profundo como suele esperarse de todo vampiro neófito de rutina nocturna, así que ni por enterado se daría.

—¿Sabías que te estás volviendo demasiado paranoica? –enunció Ino con un tono tenuemente severo. Arqueó una ceja, adelantándose al próximo respingo de su amiga—Ése es tu problema, estás aislándote y estás aislando a todos. El chico ese, bueno, al menos le importas, se que si le explicas intentará entenderlo.

—No conoces a Naruto –irrumpió Sakura—No lo entenderá, se asustará o lo tomará de la peor manera…

—¿Ah, si?, ¿cómo?, ¿Trayendo una multitud furiosa con antorchas y tridentes?, sé realista, Sakura. Naruto podría tomarlo casi normal si…

—¡Esto que me pasa no es normal! ¡Tú no eres normal! ¡Hinata tampoco lo es! ¡¿Cómo esperas que él lo entienda?!

—Sakura, él…

La frase quedó desvanecida, cuando un grito estridente y atemorizado proferido por Naruto sonó desde la sala.

—¡¿Ves a lo que me refiero?! –rezongó la joven de pelo rosa, pasando por un lado de Ino y bajando airosamente los escalones.

La rubia le siguió, quedándose inmóvil al filo de la mitad de la escalera, igual que su amiga. Las luces del comedor y del pasillo comenzaban a fluctuar erráticamente y dos de las ventanas de la sala comenzaron a abrirse y cerrarse como si tuviesen vida propia.

No, eso no era nada bueno. Tampoco la peculiar escena en el medio de la desprolija sala. En el extremo cercano a la escalera, Naruto parecía a punto de desmayarse, profiriendo toda clase de exclamaciones entrecortadas y señalando nerviosamente hacia una Hinata más aterrada que él, con los puños compungidos y cerrados ocultándole el rostro… mientras que la casa cimbraba en consecuencia a ello.

—¡¿Naruto, que es lo que está pasand…?!

—¡SAKURA-CHAN! –Naruto corrió al borde de una histeria estruendosa hacia ella, le tomó fuertemente de un brazo mientras el otro seguía señalando a la asustada y traslúcida Hyuuga—¡La… la chica… ella! ¡Es… es… un…!

—¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón! –Hinata clamó desaforadamente como si las palabras fuesen alguna especie de mantra. Ahora las cortinas también ondeaban junto al vaivén de las ventanas—¡No quería asustarte! ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón!

—¡Hinata-san, cálmate por favor!—ahora Lee se había sumado a la escena, sacando medio cuerpo a través de la pared que dividía la cocina de la sala—¡Hinata-san!

—¡FAAANTAAASMAAAAS! –Naruto gritó más fuerte al verle a él. Corrió hoscamente por las escaleras hasta el quicio de una puerta.

Una mano helada le asió del hombro y un aliento escalofriante pasó detrás de su nuca.

—Oh que bien… ¡Justo a tiempo para la hora de la cena!–Sai tomó al despavorido Naruto por el cuello y su sonrisa amplia rebeló descaradamente el filo de sus colmillos—Humm… aderezado con miso-ramen, no es mi favorito pero comida es comida… ¡Itadakimasu!

—¡Sai! —apremió Sakura halando al muchacho rubio del otro brazo.

—¡Eh, es mío, pulgosa! Pero si quieres te dejo un brazo… o un dedo.

—¡Suéltalo, pedazo idiota de carne seca!

—¡Quítamelo!

Sai forcejeó con ella zarandeando a un colapsado Naruto como si fuese un muñeco de trapo, Hinata seguía sollozando y gritando y hasta Rock Lee había exclamado algo. Ino se pasó la mano por la sien.

Inhaló. Exhaló. Inhaló de nuevo.

Caos total en 3… 2… 1…

—¡YA BASTAAAAA! –clamó haciendo retumbar la voz como el estertor de un trueno.

Los ojos casi desorbitados de Naruto iban de un lado a otro; se posaron en el extraño y pálido muchacho de pelo negro mostrando esos afilados colmillos, en Sakura gruñéndole para que le soltara, en aquella chica en la sala que estaba tan sólida como el aire, el otro desconocido de enormes cejas que atravesaba la pared e Ino…

Ino con la misma expresión que el sujeto que quería arrancarle el cuello con…

¡Colmillos! ¡Esos colmillos son… son… de…!

Y Naruto Uzumaki perdió el conocimiento.

0—

—Pues fuera del problema del cableado eléctrico y la tubería… no le veo más complicaciones, Hyuuga-san –comentó Tazuna; técnico en jefe de la compañía de reparaciones domésticas de Nami no Kuni.

Neji Hyuuga contemplaba minuciosamente el desastre, desde el pasillo, cubierto por restos de vidrios de las lámparas colgantes hasta el comedor en el que todo lo que había encima de la mesa había sido derribado al suelo. La cocina todavía estaba peor. Notó que un estremecimiento le recorría la columna vertebral. Alguien se había vuelto allí absolutamente loco. Las puertas de las repisas de la cocina estaban abiertas y alguien había utilizado el pavimento de la cocina como Pista-de-Lanzamiento-Hasta-Que-Gane de una feria. Había cacharros por todas partes y una cosa blanca que parecía nieve, pero que debían ser polvos para lavar los platos.

Todo desperdigado en un sobrecogedor caos, como si un tornado se hubiese cernido en el interior de la sala y hubiese avanzado ferozmente, consumiendo todo a su paso.

"¡Ella había estado ahí!", "¡Hinata! ¡Hinata había estado ahí! ¡Ella lo había provocado!", fueron las palabras textuales de Hanabi, quien se había negado rotundamente a ir esta tarde. La escena estaba intacta y a Neji le parecía más el arranque de vandalismo de alguien desquiciado que ésas bobas inferencias por parte de su "nueva prometida". Cosas meramente lógicas, como un fallo en la instalación; era lo que él argumentaba. Y se había aferrado a la teoría.

—Las cerraduras están abolladas y la puerta de la cocina parece haberse desprendido de los goznes. También están las rajaduras del techo. —indicó Neji, dubitativamente.

El técnico espetó un bufido.

Tsk, son casas viejas, Hyuuga-san. A veces las estructuras tienen a agrietarse. Colapsan o se comban y, pues terminan en esto. Y la humedad de Ame no ayuda mucho.

Y las paredes. ¡Claro! ¿Qué había dicho –o sollozado- Hanabi sobre ellas? ¿Qué estaban cubiertas de qué?

Neji miró hacia uno de los muros; el del pasillo y el del fondo que daba hacia el comedor. Densas manchas cruzaban el papel tapiz, formando estelas de un tono carmín casi cobrizo.

—¿Y las manchas de la pared? Eso no estaba antes.

Tazuna dirigió su atención hacia uno de los manchones. Dio una tosca palmada a la pared y esta cimbró un eco ahogado y corto.

—Hum, es posible que sea un problema con la tubería o la caldera del gas. –explicó escuetamente—Esto no es más que un derrame de óxido, pero pareciera que fuesen manchas de sangre, ¿no cree? La gente siempre lo toma por el lado tétrico, jeje —no esperó respuesta—Iré a echarle un vistazo a la caldera.

Neji asintió, quedándose inmóvil en medio de una pila de papeles, despojos de platos y muebles derribados. Dio unos pasos hacia una fotografía enmarcada y sobresaliente de un cúmulo de piezas rotas de porcelana. El vidrio estrellado apenas dejaba entrever la imagen de una inocente y jovial Hanabi de trece años, abrazando efusivamente a una abochornada Hinata de dieciséis, vestida con el uniforme de la preparatoria de Konoha.

Estuvo a punto de alzar el objeto, cuando el empeine de la suela topó contra algo. Un diminuto objeto circular pareció crujir entre su zapato y la duela del piso. Neji levantó el pie por reflejo y su vista se clavó en un brillante anillo; enarcado en un reluciente oro de catorce kilates.

Igual al que él había entregado a Hinata cuando se comprometieron.

Lo tomó y su mano estuvo a punto de soltarlo, en cuanto sus ojos se posaron en las palabras grabadas en el interior.

Hyuuga Hinata

—No. —La voz que emergió de él pareció un jadeo ahogado—Es imposible.

El anillo con el que le habían enterrado. Era el mismo. Las mismas medidas… el nombre.

Cerró el puño, sintiendo que un nudo casi asfixiante se formaba en su garganta. Fue a la cocina, pasando sobre platos y utensilios con el aplomo de un sonámbulo. Una mueca de miedo había surgido en sus marfileños rasgos.

El anillo… la evidencia… la culpa.

Debía deshacerse de eso. Debía…

Casi inconsciente, su mano se alargó hacia el lavabo y su mano soltó el anillo. Un tintineo escalofriante reverberó en medio del pesado silencio. Dio dos vueltas. Tres. Finalmente, el pequeño objeto incriminatorio desapareció en el agujero.

Y así desaparecería de su vida también.

0—

Naruto sentía como si fuese a desmayarse de nuevo de un momento a otro. Estaba sentado.

No.

Estaba encogido en la silla y sus dedos apretaban una taza de té recién servido, sujetándola tan fuerte que los nudillos estaban tan pálidos como el semblante atento de aquella joven de ojos perla.

¿Y qué rayos había pasado?

Lo que había tenido la intención de ser una improvisada visita se había convertido en una escena de pesadilla, aun peor que la imagen de ese tipo de ropas naranjas y facciones zorrunas emergiendo del armario de su habitación. La gran diferencia, aquí estaba despierto y… ¿consciente?

—Bueno, supongo que ya se descubrió el pastel… —masculló Ino regresando desde la cocina, trayendo una taza más de té. Se sentó junto a Naruto. Suspiró con resignación.—…vale, creo que tenemos que explicarlo desde el principio.

Lanzó una mirada severa a Sakura, quien estaba hasta el otro extremo del sofá, con el rostro parcialmente cubierto por su mano derecha. Había negado con la cabeza ante la inquisitiva mirada de Ino, espetando silenciosamente un "Te lo dije" que calaba más que si se lo estuviera diciendo. Rock Lee, quien estaba de pie detrás de Ino y con los brazos cruzados en ademán severo, inquirió curiosamente hacia el rubio y nervioso muchacho. Habló con un tono de voz que parecía el de uno de esos detectives rudos de la televisión.

—Entonces ¿Eres un vampiro o un hombre lobo? Porque no tienes pinta de estar muerto.

—¡¿Qué?! —la pregunta emergió tan repentinamente que Naruto estuvo a punto de dejar caer la taza.

Ino rodó los ojos. "Rock Lee, el maestro de la discreción y la diplomacia", pensó con soslayo.

—Ehm… diciéndolo de una manera menos atemorizante y que NO parezca sacada de una película de serie B…–la rubia clavó una mirada mordaz en Lee y volvió a dirigirse a Naruto con un tono más calmado—… lo raro de que puedas verlos es porque Hinata-san y Lee-san están muertos, en resumen, son fantasmas... —Hizo una pausa– Los seres sobrenaturales coexistimos en un mismo plano y por eso parecemos visibles, al menos entre nosotros.—señaló a Sai, sentado desenfadadamente en el apoyabrazos del sofá y bebiendo pasivamente algo rojizo de una bolsa parecida a las de los sueros de hospital—Sai y yo podemos verles porque somos vampiros y Sakura…

Y Naruto había dejado de escuchar desde el término "fantasmas". Se quedó boquiabierto y moviendo la cabeza repetidamente hacia un lado, negando.

—N… no… no entiendo, 'tebayó –Naruto irrumpió y volteó desconcertadamente hacia Sakura, deteniendo su mirada en ella, luego en la Hyuuga, luego en el muchacho de corte de cazuela y cejas pobladas… y de nuevo en Ino.— No, no, no, no… esto es una broma, ´tebayó… —se levantó casi de inmediato.

—Naruto… —esta vez fue Sakura quien habló—¿Aun tienes el collar que Tsunade-sama te regaló por la graduación de preparatoria?

—Ehm… si, ¿por qué?

—Préstamelo.

Él le contempló sin entender. Espetó un vago "sí" al tiempo que sacaba de debajo del cuello de su camisa un delgado collar con un diminuto cristal transparente sujeto en el medio. El brillo de la destellante plata fluctuó bajo la mortecina luz de la sala. Naruto se lo quitó y se lo dio a su amiga. Apenas las yemas de los dedos tocaron el platinado objeto, un humo grisáceo digno de una cerilla al consumirse, emergía de la piel de la joven como si ésta hubiese estado sosteniendo fuego. Contuvo un rictus de dolor, menguando un poco el ardor de la escocida piel hasta el punto en que simplemente no pudo más y lo soltó, dejándolo caer sobre la mesa.

—¡¿Q… qué rayos?! –la voz de Naruto se congeló. Sakura alzó la mano lacerada, con la palma extendida a la vista de él. Los amorfos manchones dejados por aquella "quemadura" estaban desapareciendo ante sus ojos y la piel quedó casi intacta en menos de un minuto. Un trago largo de saliva estuvo a punto de atorarse en la garganta del Uzumaki. Sus ojos miraban nerviosos a la joven de melena rosada— ¿Sakura-chaaan… cómo es que… qué?

Sakura exhaló hondamente, entornando la mirada hacia él. Su rostro quedaba en la sombra, detrás del deslumbrante haz de luz de la lámpara de la cocina.

—Porque ya no soy humana, Naruto… —Sakura bajó la voz, tratando de encontrar el término para terminar la frase, palabras razonables. Explicaciones. Movió un poco el cuello de su suéter, dejando entrever el cicatrizado desgarre que cruzaba el cuello hasta el hombro.– … soy un licántropo, es por eso que la plata me quema ahora.

—Mujer lobo –reiteró Ino. Miró ceñudamente a Sakura—Usa términos fáciles o lo confundirás más de lo que ya está.

Naruto se había quedado enmudecido.

Así que por eso se había ido de Konoha… por eso había dejado a Sasuke, por eso había botado la oferta de trabajo con Tsunade-sama…

Entonces, todo, simplemente todo lo último acontecido en el mes antes de que ella se fuese de Konoha, comenzó a tener sentido.

La noche del incidente en el hospital, retomó su mente reacia a abandonar el tema. Ésa "cosa" que había mutilado a Shizune-sama, al recepcionista y…

Aquella horrible marca en el hombro de Sakura-chan…

Vampiros, hombres lobo, fantasmas… ¿qué más? Aquello se volvía más confuso -y absurdo- a cada segundo que pasaba. Naruto se dejó caer sobre el respaldo del asiento, abrumado por una "explicación" que no tenía el menor sentido. Levantó la mano y se tocó el chichón de la frente a consecuencia de su peculiar exabrupto de hacía unos minutos.

Y ahora esto, tan extraño como esa conversación que mantienes con el anestesista antes de que te haga dormir.

—Bueno, aun así, no explica el hecho de que pueda vernos y escucharnos –Alegó Lee, ya un poco menos alebrestado.

—Hay gente normal que sí puede, aunque por lo general, sólo les escuchan. –Ino se giró hacia Naruto y durante un momento, éste creyó percibir un brillo no del todo agradable en los ojos de la pálida rubia—Además, ¿Cuál es el problema? –se alzó de hombros—Muchas personas han vivido experiencias con fantasmas y los que no las han tenido, conocen a gente que sí. Está socialmente más aceptado de lo que tú crees. En la tele no dejan de hablar de ello.

Fantasmas… otro punto demasiado inquietante. Él no estaba consciente de eso ¿quién rayos los estaba? Toda su vida había sido perfectamente normal, no había porqué equipararle con los sujetos de esas películas baratas que parecían dopados mientras "percibían " presencias del más allá o hablaban solos. Él nunca había tenido ni siquiera premoniciones, ni sueños ni…

Kurama.

El nombre apareció en su mente. La figura. La voz. ¿Acaso ése sujeto también estaba… muerto?

El recuerdo de aquella siniestra silueta desapareció tan pronto como había surgido. En la habitación contigua, el reloj marcó las diez y media. Un resoplido agobiado escapó de los labios de Naruto.

—Genial… después de esto estaré listo para el manicomio, dattebayó…

0—

El timbre del teléfono sonó repetidamente. La oscuridad cernida en Otogakure cubría todo bajo su siniestro manto. El solitario edificio del Departamento de Criminología estaba igual de lóbrego y silencioso como se esperaba encontrar después de las diez de la noche.

El teléfono sonó de nuevo. Una diletante sombra emergió de entre uno de los cubículos y una mano pálida, delgada y de prominentes nudillos alzó el auricular, mientras que la otra mano encendió la lámpara del escritorio. El brillo pegó de lleno en los gruesos cristales de las gafas de Kabuto Yakushi.

—Oficinas de Investigación y Criminología de Otogakure –contestó parsimoniosamente.

Un bufido molesto se oyó al otro lado de la línea. Kabuto hizo una mueca de desagrado al reconocer a quien pertenecía semejante improperio.

—¡Joooh! "Oficinas de Investigación y Criminología de Otogakure"… ¿Desde cuando tan "refinado" Kabuto-san? –Anko Mitarashi alargó las palabras, profiriendo un sonsonete burlesco.

—Anko-sama –Kabuto casi escupió el término. Haló la silla hacia él, sentándose casi en el filo—No esperaba llamadas a éstas horas. Supongo que todo va viento en popa en Ame.

—Déjate de hipocresías y corta el rollo, tenemos un pequeño imprevisto y necesitaré un poquito de ayuda.

—Siempre tan educada como siempre, Anko-sama –Kabuto enunció lacónicamente.—¿Qué es lo que ocurre? Si es otro servicio de limpieza lo que necesitan, hace meses que no estamos en el ramo…

—El carcamal de Danzo ha adelantado todo. ¡Dos meses! ¡Con eso ya se nos jodió todo el plan!

Hubo un gemido, más parecido a una tos entrecortada por parte de Kabuto.

—Y sospecho que para estas fechas aun no llegan ni a medio regimiento de neófitos, ¿verdad?

—Él insiste en un reclutamiento a la vieja escuela. –gruñó Anko—Gente influyente y aristócratas remilgados… a este paso, terminará siendo una horda de burgueses patéticos y miedicas.

—Supongo que tienes algo mejor en mente, Anko-sama.

Anko había emulado una fugaz y maliciosa sonrisa, mientras enredaba y desenredaba el cablecillo del teléfono.

—Pues estaba preguntándome que tán cómodos están mis "pequeños aprendices". Aquí en Ame el clima es menos denso que ese agujero de porquería de Otogakure y la sangre de sus habitantes no sabe a desperdicios biodegradables.

La silla de Kabuto se movió levemente. Su aliento arguyó un resoplido corto, una especie de soslayada risa.

—¿Sugieres una incursión a Ame? ¿Sin previo aviso? –musitó—¿No crees que es algo arriesgado? Los chicos todavía no están listos… al menos no para tanto. Conoces a Kidomaru y sabes lo inestable que aun sigue Tayuya, además dudo que haya olvidado ya lo que le hizo tu querida protegida a Kimimaru.

—Bah, Kimimaru conocía perfectamente el carácter de Ino, el muy imbécil se lo buscó. Les vendrá bien un cambio de aire a los muchachos.

—¿Y tu asumirás la responsabilidad de que acaben con la mitad de la población? –inquirió Kabuto, con cierta cizaña—¿Igual que lo hiciste tú hace años?... Sé que si no fuera por Orochimaru-sama, te hubieran carbonizado bajo el inminente sol de Konohagakure.

—Un error lo comete cualquiera.

Kabuto chasqueó la lengua. Las palabras sonaban siseadas.

—Errar es humano, Anko-sama. Y ése es el problema, nosotros, no somos humanos.

La reprimenda le caló, cómo un pellizco. Anko contuvo un gruñido, antes de colgar.

Se quedó sumida en silencio, con el mentón apoyado en las palmas de ambas manos y la mente rondando en una sinuosa y determinante idea.

0—

La noche le había alcanzado. Más bien le había permitido alcanzarle. Gracias a Kami, el suplicio del plenilunio había terminado y no tenía prisa, al menos no tanta como para haberse ido trotando hasta Amegakure. Ya había perdido suficiente energía la noche anterior y sabía perfectamente que al menos el cuerpo necesitaba unas cuantas horas extra para reponerse.

Había llegado a un pequeño poblado –demasiado pequeño como para llamarlo así, cuatro o cinco casitas desprolijas nada más- y estaba ahora sentado en una de las raídas mesas de una improvisada fonda de paso.

Contemplaba el guiso de carne lleno a rebosar de rollizos trozos de res sin mucho apetito. No solía comer carne; demasiada grasa y carbohidratos innecesarios que al menos mantenía al mínimo en aquella vida que se le antojaba tan lejana. Ahora, el estómago y su propia resistencia física le exigían y obligaban a vivir diametralmente a lo que él solía ser. El lobo lo exigía, no él; pero hacía ya tanto tiempo que pasaba por esto, que resultaba una pérdida de tiempo ignorarlo.

De un modo u otro, el lobo siempre ganaba.

—¿Así que Amegakure? –una voz, lejana y cercana al mismo tiempo, hizo sobresaltar levemente a Itachi Uchiha, sonando a sus espaldas. —Y después de un año. Creo que es la estupidez más grande que se te ha ocurrido, "comadreja".

Itachi miró con el rabillo del ojo, volvió la vista hacia el frente y ahí estaba. Sonriéndole con esa odiosa mueca de burla infantil que tanto le veía hacer desde la preparatoria.

—Lárgate, Shisui –bufó, eludiendo el contacto visual con aquel transparente muchacho.

—Naaah, no me fui hace diez años y no me iré ahora –sonrió Shisui Uchiha, el fallecido primo de Itachi. Aun se veía como aquel chico de veintitrés. Sus ropas seguían idénticas a las de aquella noche de abril; el mismo pantalón campero, la misma chaqueta militar y el alborotado cabello; negro, corto y despeinado con esa soltura típica de finales de los noventas. Casi como ver una fotografía viviente. Se arqueó un poco hacia delante, buscando la mirada de Itachi—Uff… no paso a verte en dos meses y mira nada más el desastre que estás hecho. Por lo visto esto de andar en el departamento de "limpieza" no deja mucho tiempo personal. Al menos hubieras tomado un baño. ¿Dónde está el "tiburón"?

Itachi gruñó, llevándose un bocado doble de carne.

—Tenía otras cosas por hacer –dijo con la boca medio llena. Le miró ceñudamente—¿No habías decidido quedarte en Konoha?

El incorpóreo joven se alzó de hombros en gesto ufano.

—Nop, cambié de opinión… bueno, tengo la eternidad para ir y venir, ¿Qué hay de malo con eso?

—Que deberías haberte marchado hace mucho –Itachi miró sigilosamente hacia un lado y hacia otro. Ahora lo que menos necesitaba era llamar la atención por el hecho de estar "hablando solo".

Shisui pasó una mano sobre el borde de los palillos dispuestos en el pequeño bote como cilíndricas fichas, moviendo uno con la punta del dedo.

—Si, debería haberme ido ya… —suspiró Shisui, entretenido balanceando el palillo de un lado a otro—, pero tú sabes que mi único asunto pendiente era con Ayame-chan y… ¡Rayos! –alzó la vista de repente—¿No te lo dije, verdad?

—¿Qué?

Shisui exhaló lánguidamente.

—Se ha casado. Me vine a enterar hace tres meses. El bueno para nada de Iruka Umino fue el afortunado –gimoteó como un niño que hace un berrinche—¡Aun después de muerto, la vida se sigue burlando de mí!

La oprimida expresión de Shisui se relajó en un gesto pensativo. Volvió a increparle.

—Entonces, sigues de terco con ésa idea, ¿verdad? Largarte a ese agujero de mala muerte en Amegakure ¿sólo por eso?

Un trago del amargo té casi se había atascado en la garganta de Itachi. Carraspeó discretamente.

—No sé de qué me hablas.

Una sonora carcajada por desgracia audible sólo para Itachi, había brotado de Shisui.

—¡Oh, vamos! ¡Maldita comadreja sinvergüenza, no finjas!

—No te entiendo.

—¡La chica! –exclamó—La novia de tu hermano… ¿o sería más propio decir "ex novia"?—esta vez, la voz de Shisui no sonaba burlona, sino acusadora. Itachi alzó la mirada y lo encontró señalándole con aquella certera mueca.—La del pelo rosa.

Como un resoplido de cansancio, Itachi suspiró.

—No es tu asunto, Shisui.

El muchacho se cruzó de brazos, en actitud levemente orgullosa.

—Bueno, me preocupo por ti… y tus idioteces, primo. –bajó los brazos, apoyándolos en la mesa y mirándole fijamente, casi en un vago aire de compasión—Sabes, si fuera tú, me mantendría al margen, suficiente fue con lo que le hiciste hace un año, no vas a cambiar nada ahora ¿porqué simplemente no dejas todo tal y como está?

Aquello le había estremecido levemente. No por ser Shisui quien se lo dijera, no por la forma en que lo dijera, sino porque aquellas palabras eran las mismas que circundaban su mente. Día y noche. Clavadas y fijas, más que la cicatriz de su brazo. Itachi simplemente no supo que responder.

—Es mi obligación –resolló casi inconscientemente—Ella es mi responsabilidad.

Shisui apoyó el mentón entre ambas palmas, espetando un gemido largo, casi como un bostezo, aunque más bien era un lacónico gesto de negación.

—Si, claro… —arguyó. Dejó caerse contra el respaldo de la silla, inclinando esta levemente.—¿Pero no crees que es arriesgarse mucho, sólo porque te sientes "responsable" por arruinarle la vida a una chica a la que apenas y conoces? Además Amegakure no es un buen lugar para ti, no con esas "sanguijuelas" de por medio. –chasqueó la lengua, mientras seguía balanceándose en la silla—Si te pescan terminarás como trofeo de cacería. –rió hoscamente, haciendo rechinar la silla con un sonido seco— ¡Bang! Y tendrán tu cabeza empotrada en la pared.

—Tengo mis métodos para defenderme –comentó Itachi. Miró sobre su hombro, notando la presencia de una de las meseras aproximándose. Bajó la voz—Deja de hacer eso.

Shisui dejó de mecerse, no sin antes proferir una sonrisa fugaz e indagadora.

—Fue a propósito, ¿verdad?

La pregunta pareció caer como un balde de agua helada. Itachi no respondió. Se levantó, dejando el pago exacto y dos ryo de propina sobre la mesa. Tomó la maleta de mano, echándosela al hombro y saliendo en mustio silencio. Shisui le seguía, casi a tres palmos de distancia.

—Lo de ésa chica. Lo hiciste a propósito, ¿Verdad, Itachi? –increpó y su voz se había tornado un eco severo—No podías dejársela a Sasuke, no podías hacerte a la idea de que él se te había adelantado y hasta había le había comprado el anillo y no podías aceptar que ella…

—¡Basta! –la exclamación brotó como un estertor grave y sordo.

Itachi se detuvo, en medio del camino terregoso y húmedo, mirándole con una especie de ira contenida. Resolló afanosamente, mitigando aquella insulsa idea que le rebatía que Shisui tenía razón. Bajó el rostro, quedando éste cubierto por los largos mechones de su cabello.

—…Sólo…. Sólo quiero intentar… restaurar un poco las cosas. –musitó—Arreglar lo que he arruinado.

Su primo le contempló en silencio, notando un brillo lejano en sus pupilas ónice; un evocador gesto solitario. No era la primera vez. Lo había visto aquella noche, antes de la masacre, y lo volvió a ver cuando se había decidido a abandonar Konoha para nunca volver; y terminó volviendo a fin de cuentas, sólo para complicar más las cosas. Y él le había seguido, como una renuente sombra. Igual que ahora.

Había empezado a llover y las gruesas gotas pasaban a través de Shisui Uchiha, quien caminaba con ambas manos dentro de los bolsillos de la enorme chaqueta, se adelantó sin tener que acelerar el paso, sólo proyectándose unos cuantas pisadas más.

—"Reparar lo que has arruinado", ¡Menudo pretexto! A mí no me engañas –Shisui sonrió maliciosamente, estando a la par del callado Itachi.—Digo, es una mera idea mía aunque a juzgar por el escándalo de tus aullidos, ¿No tiene nada que ver con cierta palabrita…humm… instinto? ¿"Mating"? ¿Apareamiento?

Itachi rodó la mirada.

—Shisui…

—¡¿Que?! Oh vamos, ahora no vas a decirme que eso del "impulso biológico" es invento mío.

—Una manada es un asunto completamente diferente —espetó Itachi, mirando ceñudamente a Shisui—Idiota.

—Aja… ponlo de ese modo, "comadreja pervertida" –apremió Shisui, dando un golpe a la palma de su mano—Además, en un pueblucho que ha erradicado lobos en los últimos años, ¿Qué te hace pensar que podrías reunir a otros como tú y formar una manada? No hay nadie más en millas a la redonda salvo tú y ella.

—Eso es más que suficiente.

—Si, para un suicidio… —Shisui completó, eludiendo una preocupada seña—He visto el arsenal que se cargan ellos, y les he escuchado. Planean algo... –se plantó delante de Itachi, como una traslúcida muralla—¡Estás yendo directo al matadero y me parece la cosa más estúpida que has hecho en toda tu jodida vida! ¿Y sabes qué?, yo no me opondría, a este paso creo que tú terminarás convirtiéndote en mi asunto pendiente y pasaré la eternidad hostigándote hasta que te mueras… o hasta que los roñosos vampiros de Ame te dejen como "alfombra de lobo".

Itachi pasó a través de él.

—Haz lo que te plazca. Regresa a Konoha si quieres, yo ya lo he decidido. —enunció sin mirarle.

Éste siguió hablando e Itachi continuó solamente escuchándole, como si fuese el lejano estrépito de un ruido de fondo. Aun así, maldecía internamente el hecho de no haberse traído siquiera un puñado de sal para hacerle callar. Eran alrededor de las ocho y media y estaba oscuro. El viento soplaba en paralelo a la carretera, cortando las mejillas de Itachi y arrastrando las nubecillas blancas de su aliento. Una nube densa y oscura se cernía sobre el cielo de Amegakure.

Él tiritó, pero no del frío. Fue un imperioso impulso de aprensión lo que le hizo estremecerse.

Algo fuerte y perceptible cerraba su puño en aquella tormentosa ciudad, como el arrebatador eco de un trueno en el horizonte.

Y si aquellos rumores eran ciertos… tendría que darse prisa.


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo: OTRO PEQUEÑO LÍO


N/A:

Pues ahora me adelanté pokito con la publicación, tenía unos asuntitos por resolver y queria adelantarles el esperado capítulo, jejeje. Bueno mis queridos/as lectores... comenzamos a complicar más las cosas. Si, Naruto puede no sólo oir sino ver fantasmas... les daré la pista de que Kurama es una pieza importante en esto.

Neji... eludiendo el crimen cometido, jo, ya verán en que sucederá... Otogakure va a meter mano en el asunto de los vampiros de Ame... y NO SERÁ NADA BUENO, créanme, y hasta Itachi lo presiente. (jojojo... ItaSaku!) ejem...

Por cierto, la peculiar escena de Itachi y Shisui es algo que tenía en mente, alusivo a una de mis películas de hombres lobo favoritas de los 80's, vamos, si son algo frikis como yo notarán la similitud; dos chicos ke iban de viaje, uno sobrevive al ataque de un hombre lobo y el otro muere... (ya con esto di una pequeña pista de la película de referencia, jejeje)

Bueno, es todo por hoy y nos leeremos la semana entrante! Gracias por leer y ya saben, cualquier comentario/crítica/tomatazo o estaca al apartado de REVIEWS :D

Nos leemos!

HIGURASHI'S OUT!