BEING HUMAN

Capítulo 14.- AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA

—¡Grandísimo pedazo de mierda! –Tayuya gritó, tomando de las solapas de la sucia camiseta a un desconcertado Kidomaru y lanzándole contra la pared.—¡¿Eres un puto retardado o qué?! ¡No era eso lo que habíamos planeado!

El cuerpo de éste no había ni tocado el suelo, cuando se puso de pie y se movió hacia ella, contestándole con un golpe en la quijada

—¡Fuiste tú quien dijo que nos hiciéramos cargo! ¡"Vayan y denle un saludo de bienvenida a la puta rubia", dijiste! ¡¿No fueron ésas tus exactas palabras?! –Kidomaru graznó lacónicamente. Volvió a arremeter otro golpe a la iracunda muchacha de cabellos magentas, siendo detenido por la mano de ésta. Se quedaron quietos un momento, intercambiando el fuego rapaz de sus miradas—¡Entonces no te quejes y para la próxima, haz las cosas por tu cuenta, estúpida!

La soltó y ésta apenas consiguió mantenerse en equilibrio. Una sonrisa deforme apresaba sus labios. El brillo de sus crecientes colmillos era apenas visible en la penumbra de la derruida cámara.

—Creo que tienes razón… Si uno quiere que las cosas salgan bien, debe hacerlo uno mismo –bufó amenazadoramente—¡Y matarte es una de las primeras cosas que pienso hacer! ¡Maldito hijo de puta!

"Penoso, simplemente penoso…" El peculiar pensamiento pertenecía a Anko Mitarashi, quien, emergiendo como una sombra silenciosa, había estado contemplado la ofuscada discusión desde el umbral del almacén. Con un suspiro fatigado, tomó el picaporte oxidado de la puerta y empujó ésta, haciendo que la lámina chocase estrepitosamente.

¡Blam! El resonante sonido irrumpió en los gritos como si se tratase de la detonación de un arma, poniendo freno al brutal enfrentamiento. La mirada recelosa de Tayuya y Kidomaru se detuvo en ella. Jirōbō permanecía casi ajeno al entorno, sentado en uno de los escalones que daban al exterior. Dos sombras, pertenecientes a dos cuerpos amordazados y vivos aun, gemían y sollozaban a los pies de Sakon.

—Tsk, tsk… chicos, les he traído para que se distrajesen un poco, no para que se maten entre sí… –musitó Anko. Pasó una mirada de desaprobación por el rostro de los muchachos. Sólo el de Kidomaru eludió el contacto visual en señal de aprensión.—Me decepcionan, pensé que al menos un poco de libertad fuera de las hostigantes prohibiciones de Kabuto no les vendría a mal… pero a juzgar por la revuelta de ésta noche…

—Jeh, fue idea de Tayuya –esta vez, el que habló fue Jirōbō, mostrando levemente el rostro— Yo le había insistido que no era propio que…

—Fue arriesgado, pero no lo tomaría como una mala jugada –irrumpió Anko. Kidomaru le dirigió una mirada atónita. Esperaba un comentario severo o una reprimenda pero no ésa adosada mueca, casi de orgullo—Puede que al menos sirva para distraerles un poco mientras procedemos con el resto del plan.

El gemido de uno de los amordazados, perteneciente a una chica, se convirtió en un desesperado jadeo ahogado, haciendo intentos por pronunciar palabras, debajo de la cinta aislante que sellaba su boca. Sakon estuvo a punto de asestar otro golpe para silenciarla, tal y como lo había hecho cuando ésta contempló horrorizada lo que habían hecho con su desaparecido amigo, al que terminaron dejando en la entrada del hospital. Anko le detuvo.

—Déjale, no creo que grite mucho más de lo que ya lo ha hecho. –se inclinó, tomando el rostro de la chica, sujetándole por la barbilla. Los orbes de ésta brillaban por el recuerdo de densas lágrimas de terror.—Además, no es bueno magullar tanto la comida…

Se levantó, dirigiéndose hacia los muchachos, mientras una enarcada sonrisa se esbozaba en sus labios.

—Creo que no vendría a mal llevarle este peculiar "presente" a Danzo-sama.

0—

—Neee… ¡¿Sakura-chaaaan, segura que estás bien?! –la voz de Naruto fluctuaba entre un aire de histeria y su habitual y estruendoso tono.

Escuchó a Sakura exhalar desesperada al otro lado de la línea. Había más voces y el bramido de las sirenas de la ambulancia nublaba lo poco que podía escuchar del entorno.

Sí, sólo fue un…

—¡Me acababa de acostar y me despertaron, … y sólo para dejarme en la oficina! ¡Soy policía, no una secretaria! ¡Dattebayó!

Fue un incidente menor, Naruto… —fingió ella, con un impostado tono calmado—Tampoco es que fuera gran cosa.

"O tampoco es que quisiesen que me enterase, ¿verdad?" arguyó él, escuchando el reporte por medio del radiotransmisor. Tomó la hoja de reporte, llenada con el pulso apurado de uno de los oficiales del turno nocturno.

—Pero decían que habían llevado a un tipo… muerto. –resolló—… o algo así. Y según oí al gordo ese.. ehm… Chouji, creo, decían que el sujeto tenía marcas de desgarres en el cuello. ¿No es uno de…?

No

La respuesta sonó cortante, y Naruto percibió a alguien llamándole con solícito tono; una de las enfermeras o alguien más del servicio de seguridad… la revuelta que se escuchaba proveniente del hospital no le agradaba nada, pero no podía hacer más.

Al menos mientras no monitorease esto a Konoha, una vez que llegasen los expedientes y él pudiese siquiera arreglárselas para hacer "perdidizo" el expediente mientras lo escaneaba y mandaba cuanto podía a Kakashi… o a Jiraya. Allá ellos que tomasen sus propias conclusiones, en tanto que le dejasen un poco de acción en la situación, en vez de tenerle aquí, a las cuatro de la madrugada, detrás de un escritorio.

—¿Segura que está todo bien?

Otra interferencia.

Si. Naruto, tenemos mucho que hacer y necesito pasarle los expedientes a Akimishi-san… te llamaré en la tarde.

Y colgó, dejándole un sabor tan amargo en la boca como el del horrendo café que acababa de servirse. Su mente continuaba tratando de hilar las cosas. Si no le iban a dejar participar del todo, no significaba que podía quedarse mudo y dejar que las cosas cayesen por su propio peso…

Un muchacho, herido y con múltiples laceraciones en el cuello… y él mismo sabia perfectamente que ahora la barrera de lo sobrenatural e ilógico había desvanecido… al menos en una ciudad como Ame.

Heridas en el cuello, parte de la policía tratando de encubrir todo… ¿ése infortunado chico sería una víctima?

…¿Uno de ellos?

0—

—Un sirviente. –la voz de Aoba se tornó un susurro.

Su mirada seguía fija en el cuerpo tendido en la mesa de examinación, cubierto hasta el cuello por una manta; la cabeza desprendida, había sido unida mediante una sutura desprolija. La inmensa laceración craneal seguía visible.

Sai alzó el rostro hacia él.

—¿Qué?

—Un cuerpo reanimado que no soporta más allá de una hora de "vida" –explicó el hombre de oscuras gafas y gesto circunspecto—No se les desangra totalmente y tiene casi las mismas habilidades que un vampiro, menos el factor regenerativo y son primitivos y salvajes como un animal rabioso…—escrutó con aire dubitativo el tajo formado cerca de la yugular y los amoratados cardenales. Negó con la cabeza, chasqueando la lengua mientras cubría el cuerpo en su totalidad—Aunque a éste le remataron, de manera muy desprolija, pero se nota que "algo" con zarpas lo atajó del cuello y la melladura de la mejilla es casi similar. –miró de reojo a Ino, como esperando algún comentario. No lo hubo. Volvió su atención al cadáver—…uff… no había visto a uno de éstos desde los campos de batalla contra Otogakure. Los ejércitos de Orochimaru estaban plagados de estas cosas; lo que me hace pensar, ¿porqué sólo mandaron uno?

—Se lo dije, Aoba-san, eso fue una provocación, una vil invitación a duelo… —Ino Yamanaka, quien había permanecido en sumiso silencio desde un rincón de la cámara de autopsias, se adelantó parsimoniosamente.—… sé cómo se las gastan ésos mequetrefes.

Éste se llevó una mano al mentón.

—Tal vez no, si querían un enfrentamiento, pudieron haber mandado a dos o tres de éstos a la base de Danzo-sama. Saben perfectamente que Anko no viene aquí más que de vez en cuando… cosa que se resume a casi nunca, últimamente.

—No creo que sea por Anko… —exhaló la rubia, con cierto tono hostil—… sé que Tayuya todavía me guarda cierto rencor desde la guerra de Konoha hace cincuenta años.

—Si pero ella ni siquiera estaba en los alrededores del hospital; sólo Kidomaru y Jirobo…—Aoba volvió su mirada hacia el teléfono apostado en el escritorio—, si se dividieron e intentaron un golpe similar en la funeraria, Torune-san me lo hubiera reportado.

Se quitó los guantes de látex, aun impregnados del líquido salino y restos de sangre a causa de la disección; y los dejó caer en el contenedor con fatigado desdén. Espetó un bufido, contemplando fugazmente la hora en su reloj de pulso.

—En fin, si no hay novedad, tendré que ir a informar personalmente a Danzo-sama. –se dirigió a Ino—Tómate el resto del turno libre, Yamanaka-san.

Esta casi desencajó el semblante.

—¿Qué? ¿Por qué? Solo por un simple altercado con la basura de Otogakure, no significa que…

—Significa que tenemos que guardar las apariencias –reprendió Yamashiro, enarcando las últimas sílabas—Suficiente aspaviento fue lo de esta noche, no podemos darnos el lujo de exponernos de nuevo.

—¿Y qué piensan hacer con el resto del caso? ¿Darle carpetazo y ya? –renegó Ino—La policía no se va a quedar callada, asi Chouji les amenace, y yo me encargué de las hojas de ingreso de ése pobre muchacho antes de convertirse en esa cosa.

—Kotetsu se encargará del resto del archivo y le he dado instrucciones a Akimichi para estas situaciones.

Ino estuvo a punto de proferir que la situación no había sido tan aislada como solapaba Aoba, inclusive Sakura estuvo implicada; al menos la parte en la que Ino se percató, después de haberle encontrado en shock en medio de la sala de urgencias y el cadáver del muchacho yaciendo a metros de la puerta, decapitado. No lo mencionó, pero sabía que el superior Aoba Yamashiro lo había notado… sobretodo después de la autopsia.

No lo dijo, ni siquiera por la mirada expectante que Sai le dirigía.

—Esta bien, Yamashiro-san –bufó, haciendo un mohín de frustración y tomó a Sai del brazo—Vámonos.

Éste le siguió silenciosamente. Antes de cerrar la puerta, Aoba se giró por última vez hacia la rubia. Un gesto severo se contemplaba en sus facciones.

—Yamanaka-san, una última cosa…—musito vehemente—, es una observación, sólo por el respeto que le tengo como miembro de los principales clanes de la franja de los Reinos… —su mano se movió hacia una de las pinzas de disección. La tomó, alzándola hacia el halo de luz proveniente de la lámpara de techo. Unos cortos y ralos pelillos rosáceos seguían prendados de la punta, mezclados con los escuetos vestigios de carne muerta—, pero le pido, amablemente, que no meta a su… "amiga" en nuestros asuntos. Danzo-sama es uno de los regentes más antiguos que hemos tenido y no ve con buenos ojos a aquel que alía fuerzas con una bestia. Menos compartir techo con uno. –se reacomodó las gafas, bajando el tono a una modulación casi cordial—Es sólo un consejo, ya tenemos suficientes problemas con esto como para tener que lidiar con otra cacería como la de hace años.

No hubo respuesta por parte de Ino Yamanaka más que el azote retumbante de la puerta.

0—

En el resto del hospital, el ambiente se había calmado, al menos lo suficiente como para permitirle recapitular todo con más claridad y no con el apresurado impulso de hacía minutos atrás.
No hacía más de media hora que había entrado media docena de gente en la sala de urgencias… ah, la derruida sala de urgencias, con todo y el cuerpo desmembrado de aquel muchacho que había pasado del plano normal al plano paranormal en menos de lo que podría verse en esas insulsas películas serie B. Llegaron dos camilleros por el cuerpo –posiblemente conocidos de Ino o de algún otro vampiro- como siempre con el mustio ademán y el nulo trato de interrogación hacia ella; si no fuese por Ino que fue la única que medio preguntó lo sucedido, quien sabe como hubieran procedido al "trabajo de limpieza".

Al menos no depararon en ella o en el sujeto ojeroso que había irrumpido en la sala, y el cual había llevado renuente a su despacho.

Itachi, resaltó mentalmente.

—Cada vez entiendo menos…—Sakura sintió su voz perderse en un susurro. Volvió a dirigirse a él, sentado desenfadadamente sobre el escritorio.

—Sabes que no estoy mintiendo, —musitó Itachi, con aire casi soslayado—no faltan más que dos noches para la luna llena, los sentidos están alertas, puedes olerme… de la misma manera en que puedo hacerlo yo.

Apoyó la espalda contra la pared en ademán de fatiga. Le miró de reojo, notando una mancha escarlata cubriendo parte de la oscura camiseta de Itachi; una gruesa esquirla de vidrio sobresalía del dorso de su hombro derecho; un obvio recuerdo de la ofuscada intromisión en la que se cargó medio ventanal del pasillo. Sakura le vio forcejear, tratando de removerlo él mismo.

—Espera, voy a quitarte eso.

Éste no le miró.

—Hmp, puedo hacerlo solo, gracias.

—Podría infectarse.

—Es sólo un corte, si no es plata no tiene porqué infectarse.

Itachi espetó un gruñido bajo más animal que humano. Renuente se quitó la raída camiseta, dejando al descubierto el todavía sudoroso torso; los músculos de la espalda estaban tensos, develando la contextura rígida de éstos sobre la piel. Sin duda, un cuerpo curtido en batalla… o a causa de un desenfadado y salvaje modo de vida. Un efímero rubor cruzó las mejillas de la joven y ésta se reprendió internamente por encontrarse tan estúpidamente embelesada en él.

Se supone que eres médico, ni que fuera el primer tipo semi desnudo que ves… ¡Malditas feromonas!

Ahora podía darle toda la razón a lo que había dicho él respecto al factor instintivo. Itachi alargó cuando pudo del brazo libre halando del vidrio sin moverlo y gruñendo frustrado, con el mismo ímpetu que tendría un perro al jalonear contra un arnés… o un lobo al estar forcejeando contra los barrotes de una jaula.

Terco.

Ella se movió hacia el botiquín y se plantó junto a él, dejando el frasco de antiséptico en la mesita de instrumentos.

—Voy a quitártelo quieras o no.

El fuerte aroma le dio de lleno al Uchiha, haciendo que éste ladeara el rostro. Sakura tomó las pincillas de extracción y con el entrenado pulso de cuatro años de carrera y uno de practicante, sujetó la esquirla y la retiró. Era un trozo mellado y bastante afilado que bien podría haber cortado algo de músculo, claro, en condiciones normales. Alcanzó con la otra mano el desinfectante y antes de que lo abriese, el corte semi transversal en la piel de Itachi comenzaba a cicatrizar lentamente.

—Te dije que mientras no sea plata, no nos afecta… —murmuró Itachi. Sus oscuras pupilas enarcaron aquel gesto inquisitivo que había estado proyectando hacia ella—… creí que al menos ya sabías todo referente a esto.

Sakura exhaló hondamente, sin saber qué responder y aun sintiendo un vahído escozor en la mano derecha, a causa del instintivo gesto de defensa durante el incidente. El recuerdo aun hacía una bruma confusa en torno a ello.

¿Qué rayos había hecho?

—…Pero parece bastante obvio que no —siguió diciendo Itachi, sin despegar la imperiosa mirada, fija en el semblante taciturno de ella y haciéndola sentirse nerviosa. Esbozó una fugaz y torva sonrisa; un gesto lacónico que parecía casi calcado a ésas expresiones hoscas que Sakura recordaba haber visto en Sasuke—Tsk, de hecho para llevar casi un año así, eres bastante patética.

—¿Cómo es que sabes que llevo un año con… con esto?

En vez de sentir la pregunta como una interrogación forzada, el Uchiha simplemente se alzó de hombros, como si la cuestión no infiriese mayor importancia.

—Papeleo, artículos en los diarios, todo lo relacionado a ataques causados por "animales"; no tiene mucha ciencia. –suspiró—Recuerdo la nota en el diario de Konohagakure, el incidente del centro médico.

Sakura sintió como si un viento helado le diese de lleno en la nuca.

—¿Eres de Konoha, verdad? —Y de la misma manera en que solía ocurrir con las "provocaciones verbales" Uchiha, alegó, aun sin tener mayor argumento que el desconcierto— ¿Por eso me has seguido?

—No.

—¿Entonces?

El semblante dubitativo de Sakura quedó a pocos centímetros del rostro levemente bronceado del muchacho. Sus miradas quedaron fijas en una silenciosa y meticulosa contemplación. Ella percibió un brillo nostálgico y lánguido en los oscuros y apremiantes orbes de Itachi; una muda expresión de soledad y ensimismamiento que no había visto en nadie más. Le notó parpadear y mirar hacia otro lado, como si ella hubiese encontrado algo, y él no quisiese decirlo.

"No… no. Aun no es momento…" se dijo Itachi internamente.

Volvió a alzar el rostro hacia ella, con un aire más adusto.

—La manada es la fuerza del lobo y el lobo es la fuerza de la manada. —dijo él, con aquella voz serena y firme; aquel tono que le dio momentáneamente escalofríos a Sakura. Contemplaba algún punto muerto de la pared—Aquí en Ame no queda ni rastro de más licántropos, los vampiros los han cazado y exterminado como ratas. Uno sólo de nosotros no tiene oportunidad, al menos sin la luna llena.

Sakura titubeó un poco antes de responder y entonces se puso a la defensiva.

—Yo he podido arreglármelas sola –dijo, sintiéndose levemente hipócrita, sobretodo al recordar el incidente de esta noche. Claro, era un mero impulso de autovaloración, y bien no podía estar mintiendo del todo.—He sobrevivido aquí casi un año y en todo este tiempo no he tenido líos con vampiros –"¡mentira!", atajó; claro, sería mentira si hubiese contado aquella noche cuando recién había llegado a Ame, nah, eso ya no lo tomaba como parte de la estadística. Luego su mente le retuvo en otra idea; Ino —…los que conozco, no son así.

—O lo fingen muy bien –arguyó Itachi, nuevamente con aquella mueca levemente odiosa—Son vampiros, a fin de cuentas, no son más que roñosas sanguijuelas podridas y nosotros los únicos que podemos frenarles. —acercó más el rostro y ella pudo percibir el vago y casi desapercibido aroma a sangre—Somos depredadores… —hizo una pausa—…y deberías defenderte como uno.

—Lo del muchacho ése…

—Cinco segundos más y pudo haberte partido a la mitad –completó él, sin mayor gesto o sentimiento—Y sólo era un cadáver; contra un vampiro completo no hubieras durado ni un minuto. –esta vez los ojos fueron a lo largo y ancho de su fisionomía—Eres patética porque aun eres demasiado humana, y eso, para ellos es una ventaja.

"Ellos"… Kami, ¿no era mucho alarde el generalizar? Sakura suspiró, en medio del abrupto silencio formado tras aquella artera pero cierta afirmación por parte de Itachi. Cierto era que el asunto de su "condición" lo había estado relegando e intentando ocultar a cómo fuera… pero desde aquella sangrienta noche de agosto del año pasado, todo lo que había tratado por remediar parecía agravarse más y más. Vagamente escuchó la voz de Ino, resonando en el recuerdo de la noche en que no tuvo más opción que transformarse en casa:

"Eso que te pasa es parte de ti, no puedes aislarlo, Sakura…"

—Hace años que soy asi –enunció Itachi con esa impenetrable mirada—Sé que hay maneras de sobrellevar esto, hacerlo más fácil.

—Ah, si, ¿Cómo? –inquirió ella con voz sombría, evitando el contacto visual. Estaba claro que el tema le resultaba incómodo.—Una vez al mes soy un monstruo, un peligro. Tengo que salir corriendo de mi casa, de mis amigos, de todo. Tengo que proteger al mundo de mí misma…

—Y puedo ayudarte con eso.

Se escuchaba lógico y apropiado, sin embargo, Sakura notó algo que no cuajaba, una pieza que no embonaba del todo, pero el cansancio no le permitía pensar con claridad. Demasiadas cosas en tan poco tiempo.

Hubo una pausa, en que él simplemente enmudeció, esperando alguna premisa por parte de ella; y aun rondando en medio de un confuso torbellino de ideas y preguntas hasta inconclusas, Sakura no dijo ni inquirió nada; cuando estuvo a punto de hacerlo, su atención deparó en la fluctuante lucecita que emergía de uno de los apartados de su bolso, más específicamente del móvil.

Ocho llamadas perdidas; cinco eran de Ino y tres de Naruto; éste último con la alteración del desastre de hacía unas horas. Un solitario mensaje de texto adosado en mayúsculas al más puro estilo "iracundo-Yamanaka"coronaba la lista de pendientes del silencioso teléfono.

"Frentesota, ¿Dónde rayos te metes? Estoy marcándote y el maldito teléfono me manda a buzón! Yamashiro-baka me ha despachado el turno ¡media jornada de trabajo al cuerno! Por cierto, ¿sabes que le pasó al cristal de la puerta? ¡Ahora el colmo sería que me la cobraran también! Voy a casa y me llevo a Sai… ¡Repórtate!"

Después del desastre, se desaparece y encima se le ocurre enojarse, cómo si una tuviese la culpa de todo… ¡Ino-cerda!

Sakura apagó el aparato y lo dejó caer de nuevo al bolso. Se giró hacia él, quien aun le contemplaba con aire expectante y sin la camiseta.

—¿Tienes dónde quedarte, Itachi-san?

0—

—Nee-chan… —la voz de Hanabi Hyuuga se perdía un sopor intranquilo.

La habitación que compartía con Neji desde el horror vivido aquella noche en su apartamento, estaba sumida en una penumbra casi total. Se sentía lejana y sola en medio de un túnel oscuro, sin camino o señal alguna. Lóbrego y ominoso como la boca de un demonio.

Alguien le llamaba. Una voz resollaba a sus espaldas, al frente, a un lado… de todos los ángulos. Sus ojos no enfocaban nada, no había nada más allá que el negro y profundo manto.

Entonces lo sintió.

Una mano helada y delgada, asiéndole por el hombro. Y ella se sobresaltó, cuando alguien habló; alguien a quien pertenecía aquella mano.

—Hanabi-chaaan…

Se giró, lentamente. A punto de ver el incipiente semblante, cuando algo le despertó, justo en ese preciso momento. Fue un golpe lo bastante fuerte como para que ella se incorporara en la cama pensando si algo en la sala se había caído o peor aun; si alguien había entrado en la casa. Una luna creciente salía de detrás de una nube, inundando la habitación de una luz fría y pálida, y Hanabi vio a Hinata Hyuga, de pie en el umbral. El golpe lo había dado ella al abrir la puerta.

Allí estaba, con el semblante pétreo como el de una estatua y sus orbes perlados habían adquirido un tono mortecino y sobrecogedor. Ensombrecido. No sonreía, no mostraba el ceño fruncido, no denotaba ninguna expresión y de momento a Hanabi le pareció una imagen salida de una fotografía.

Si… una fotografía que andaba hacia ella. Sus labios, tan blancos como su rostro, se entreabrieron y su voz resonó con un eco cacofónico, similar a una grabación mal hecha.

—¿Porqué lo hiciste, Hanabi? —dijo.

El aliento se le congeló en la garganta. Hanabi miró en derredor. Neji no era más que un bulto impreciso bajo el edredón amarillo, y dormía. Volvió a mirar a Hinata, que estaba muerta y no muerta.

"Es un sueño —pensó. Y el alivio que este pensamiento le produjo le hizo darse cuenta de que sí había tenido miedo al fin y al cabo—. Los muertos no vuelven; fisiológicamente es imposible. Ella… ella no está aquí, ¡No! Está a más de diez kilómetros, enterrada en el cementerio de Ame… ¡ESTA MUERTA! Y YO… YO…"

—¿Porqué? ¿Porqué, Hanabi-chan?

Hinata miró a su hermana menor. El horror, el terror que sentía entonces... Le parecía que estos sentimientos seguirían creciendo y creciendo hasta que su cuerpo reventara por efecto de su presión implacable. Hinata le sonreía con sus labios ensangrentados enseñando los dientes, y su sano color adquiría a la luz de la luna el tono marfileño del cadáver que va a ser amortajado.

Los ojos de Hanabi se dilataron y se apretó los labios con los nudillos. Sintió algo frío en la cara y se dio cuenta de que estaba llorando de terror.

—¿Porqué me mataste, Hanabi-chaaan?

No… no… ¡NO!

Gritó. Gritó como si sintiese que la vida se le escapaba. Gritó, tan fuerte que sintió el agudo tono de su voz taladrar sus oídos… gritó, como si nada más importase.

Entonces despertó, casi empujando a Neji de la cama. Encendió la luz y el foquito de la lámpara de la mesita de noche iluminó menguadamente la estancia.

El rincón, donde Hinata estuviese silenciosa e imperceptible se alumbró, y ella desapareció.

0—

El imponente edificio que terminaba en una de las más solitarias y abandonadas avenidas de las afueras de Ame, se cernía como un gigante lóbrego e intimidante. Las cuidadas letras de molde en el vidrio, enmarcaban el milenario apellido SHIMURA con cuidada caligrafía romana, tan contrastante con el resto de los rótulos en kanji de los pocos locales alrededor.

Nada como un negocio funerario… y luego nos quejamos de que nos encasillen con estereotipos, pensó hastiado.

Aoba Yamashiro detuvo el auto, sintiendo un escalofrío en la nuca, como el aviso de algo devastador a punto de ocurrir. Llamó dos veces al timbre, esperando siquiera escuchar la reluctante voz de alguno de los guardaespaldas de Danzo.

Nada. Volvió a timbrar, sintiendo el sobrecogedor impulso de irse ahora mismo de ahí y relegar aquellas sospechas a la larga pila de trabajo de su siguiente turno. Eso o comentarlo al Consejo, y lo que le llevaría a…

—¿Si? –la pregunta fingidamente cordial por parte de Torune, resonando en el comunicador le sacó de sus cavilaciones. Aoba vio la diminuta cámara de seguridad, adosada sobre el umbral, inclinarse hacia él.—Oh, Yamashiro-san… pase. Llega justo a tiempo, queríamos hablar con usted.

La frase le contrarió levemente. Aoba sólo asintió con un superfluo y fugaz "gracias" cuando la puerta automática se abrió, permitiéndole pasar. El interior, adornado con mesurados muebles, dinteles de caoba, cuadros de paisajes apasibles y melancólicos y toda aquella exquisita faramalla que se suele encontrar en un negocio que no hace más que comerciar con el dolor y pérdida de otros. Y a juzgar por el conjunto de todo aquello, a Danzo Shimura no le iba nada mal.

Daba igual… si las cosas se prestaban, sería el ramo vampírico quien se beneficiaba, y de paso, engrosaba las filas de neófitos.

Pasó con pasos dudosos hacia el largo pasillo que daba hacia la oficina de éste y fue ahí cuando el entorno adosado y burgués del edificio pasó a tornarse mustió y derruido como el de un inmueble abandonado. Las salas de reclutamiento se centraban ahí… así como los "cuartos de almacenaje".

—En un sentido sincero, Yamashiro-san, le esperábamos… pero no con la intención de que fuese por "este incidente" –Danzo Shimura emergió de entre las densas sombras que cernían el corredor.

Aoba reprimió levemente el temblor de su voz.

—Fue un escándalo –enunció él. Se reacomodó los lentes, acto reflejo a causa de un nerviosismo que no podía justificar. Nuevamente apremiaba aquel escalofrío—Tengo entendido que hay miembros de la antigua regencia de Orochimaru, aquí en Ame. Yo mismo hice la autopsia del cuerpo, ésas señas de ataque son completamente propias de ellos.

El hombre pareció asentir con la cabeza. Casi hasta podía verse una expresión condescendiente en la mitad visible de su rostro.

—Lo sabemos, Yamashiro-san y tenga por sentado que no volverá a suceder. —la mueca desapareció, dándo lugar a un gesto pétreo—Se lo arriesgado que pueden resultar este tipo de situaciones y no nos conviene que "el ganado" se asuste y huya.

El término usado, refiriéndose al género humano, siempre le resultó sobrecogedor y atemorizante. Más aun viniendo de los labios de aquel hombre.

—De hecho, tenemos sospechas de que Mitarashi Anko pudo haber estado involucrada.

—También lo se, ella lo ha reportado… —la voz de Danzo se perdió en un eco parsimonioso—… yo le di autorización de proceder a ello, claro, no sabíamos que pudiese resultar tan "llamativo".

Aoba sintió congelarse el aliento en su boca.

—¿Qué?

—Lo que escuchas. –una tercera silueta se unió a la conversación. Detrás del regente, Anko apareció, seguida de los mozalbetes de Otogakure—Todo estaba pre-meditado, bueno hasta cierto punto –miró recelosamente a Tayuya y a Kidomaru—… pero, vamos, tenemos que apurar los planes. Y un poco de ayuda nunca está de más.

—¿Qué planes?

—El Despertar. –enunció Danzo vehementemente—Tenemos casi medio mes trabajando en ello. Reclutamiento, recopilación de información de algunos influyentes… reorganización de la jerarquía. —Aoba pareció palidecer, aun más de lo que denotaba su piel no muerta—Pensabamos informarte y era más que obvio que fueses parte del proyecto, pero si no hubieses estado reportando todo a lugares que no tenían porqué enterarse y escarbando donde no deberías…

Konoha, reiteró él. Saben… ¿saben del papeleo que envie de Genma a Konoha?

—No… —Aoba se quedó inmóvil—… no pueden adelantar algo que nadie del Consejo ha decidido. –señaló a Danzo, con una mirada increpadora—Usted no tiene el liderazgo ahí, y en cuanto se enteren de toda esta revuelta, van a…

Un trago de sangre se agolpó en su garganta y salió a borbotones por sus labios, como si se tratase del chorro de una fuente. Las manos dejaron de sentir, la piel dejó de percibir temperatura alguna y la vista quedó fija en el anciano hombre de férreas facciones. Aoba se tambaleó con torpeza y trató de mantenerse en pie; logró mover una mano y esta tocó el filo de una estaca de roble, emergiendo de su pecho. Pudo sentir levemente el aliento de Anko a sus espaldas y una risa lacónica brotando de ésta.

El cuerpo de Yamashiro se podría desde dentro, reduciendo todo a cenizas atezadas. Los restos cayeron, cual viles fósiles enterregados. Aoba Yamashiro dejó de existir ahora también en el mundo que le había "traido de vuelta de la muerte. Liquidado, al fin.

Un suspiro atávico escapó por parte de Anko, con una descarada y falsa mueca de lástima.

—Bueno, ya sabe lo que dicen, señor… "La curiosidad mató al gato".

Danzo Shimura se dio la vuelta, mientras dos empleados de rango menor pasaban a un lado, para ocuparse de desacerse de los restos.

Chasqueó la lengua, como si quisiera subrayar algo en sus lánguidas palabras.

—Si, la curiosidad mató al gato, pero el gato murió sabiendo.

0—

—...Siempre tengo que desquitarme de esta manera –Ino exhaló, moviendo renuente la sábana para cubrirse un poco—…no tengo remedio.

Sai exhalaba repetidamente, tumbado a su lado. Le dirigió una mirada permisivamente divertida, sólo por un instante, antes de volver a concentrar su atención en el techo.

—A mi no me parece tan malo… —rió, sin mirarle—… al menos puedo aguantar el ritmo, creo que como humano, pues…

—Instinto. –susurró ella—Es mero y simple instinto, Sai.

—Bueno… entonces si es mero instinto –giró el cuerpo hacia ella— no creo que te importe un segundo aire…

Conteniendo el solventado rubor, estuvo a punto de acceder ante la tentativa de Sai, a no ser por el sonido proveniente de la sala. se irguió levemente en la cama –ante las protestas entrecortadas del pálido muchacho- y prestó atención a las voces.

Hinata levemente alterada, Rock Lee intentando darse a entender a su desprolija manera, Sakura alegando algo posiblemente referente al incidente del hospital y las monosilábicas respuestas de alguien más. Un hombre… y obvio que no era el alebrestado rubio.

"Ése no se oye como Naruto… ¿Habrá traído a alguien?" Rió pícaramente, mientras tomaba su ropa. "Vaya, vaya… ¿así que por eso no contestabas, "frentuda"?"

En la planta inferior, la luz del foco de la cocina alumbraba el semblante nervioso de Hinata.

—Yo… sólo le toqué el cabello… es todo lo que hice y… Hanabi-chan…

—Enloqueció, así de simple –Lee resolló casi con soltura—Pero es… "normal", Hinata-san. A veces, podemos producir una gama inimaginable de emociones en un mortal, con sólo "tocarle", bueno, no es propiamente tocarlo en sí pero…

Sakura, quien miraba sin entender del todo el escueto diálogo entre los transparentes chicos, pareció asentir con aire levemente distraído.

—Déjame ver si lo capto… —dijo señalando a Hinata —Piensabas hacer que tu hermana confiese que te asesinó… y terminaste causándole un ataque de histeria.

Rock Lee se pasó una mano por detrás de la nuca.

—La intención era logar algo más… ejem, ¿como lo dicen? Ehnm… ¿sobledimidal?

—Subliminal –corrigió Sakura— O sea que estaba dormida, semi-inconsciente.— Lee asintió con un movimiento de cabeza efusivo.—¿Qué tiene que ver eso?

—Podemos valernos de la energía de los mortales durante sus sueños… algo así como "comunicación mental" –el muchacho de prominentes cejas explicó cortadamente—Al menos es más fácil que intentar mover media casa… y Hinata-san sólo le tocó el cabello y, bueno, la chica estalló en una pesadilla demasiado estridente.

Hinata bajó el rostro.

—No era mi intención, no quería asustarla. Yo…

—Fue la culpa. –quien habló, por primera vez más allá de los cortos "si", "no" había sido Itachi. Sentado en una de las sillas que daban hacia el pasillo, se dirigió a la Hyuuga—Si te asesinó, lo único que trae encima es la carga emocional, no vas a sacarle de ahí, a menos que quieras llevarla a la locura absoluta.

La joven de cabello rosa se sentó junto a él. Miró represivamente por tercera vez consecutiva el plato a rebosar de tres filetes crudos.

—¿Seguro que no quieres que lo cocine?

—Hmp. —Itachi negó, con la boca llena—Le quita proteínas…

—¿Asi que trajiste visitas? –Ino proclamó desde la escalera. Bajó acomodándose el flequillo y deteniéndose en el umbral que daba a la cocina—, que bueno que no…

Los ojos de ella parecieron dilatarse con un brillo de furia rapaz. Itachi se irguió como si le hubieran electrificado y se lanzó hacia ella, siendo embestido por una silueta, que le empujó contra una de las sillas de la cocina.

—¡Perro asqueroso! –clamó Sai.

Sakura se levantó a punto de separarles. Itachi se irguió, plantándose delante de ella. Sai se había arrojado contra él de nuevo, presto a romperle el cuello de un solo y artero movimiento. Unas garras curveadas y lobunas, cubiertas de grueso pelo negro le apresaron del cuello. La espalda se arqueaba con secos chasquidos y la mandíbula inferior comenzaba a alargarse.

—¡Itachi!

El pálido vampiro arremetió con un golpe inútil en el hombro de Itachi, pero éste lo arrojó contra la mesa en un atisbo de ferocidad y defensa natural y cargó contra él a punto de rematarlo.

—¡YA BASTAA POR FAVOR! ¡ES MI CASA!

Ante la mirada atónita de todos, Hinata Hyuga gritó con tanta potencia que hasta Ino dio un salto. Sus ojos se habían puesto totalmente blancos por fracción de segundo. Los focos de toda la casa se encendieron, parpadeando repetidamente, las paredes cimbraron y todas las ventanas de la sala estallaron como si alguien hubiera arrojado municiones al mismo tiempo. Y una corriente helada como la de un huracán emergió de la nada en el centro de la sala; Sai había ido a parar contra el barandal de la escalera e Itachi contra el lado opuesto de la cocina, junto con Sakura.

… luego, todo volvió a la normalidad. Las luces fluctuaron hasta volver a la iluminación normal y las cuarteaduras de las paredes se redujeron hasta desaparecer. Las ventanas permanecieron igual, sin los cristales. Lee apenas y pudo hablar, mirando desconcertado a Hinata.

—Hinata-san… ¿estás bien?

—Yo… yo… no…

—Eso es nuevo –quien habló fue un muchacho, de ralos y despeinados cabellos negros, estando en el alféizar de una de las ventanas. Shisui pasó literalmente atravesando el muro y andando resueltamente con las manos dentro de los bolsillos de su gruesa chaqueta de campista—Hacía años que no veía algo asi, wow.

Ino le miró recelosa a él y luego al licántropo a medio transformar. Sakura se levantó, ayudándole a Itachi. El semblante de éste empezó a adquirir de nuevo su apariencia humana, los músculos se retorcieron debajo de la piel y los colmillos se encogieron chasqueando. El pelo lobuno se redujo a vello y desapareció.

—Creo… que debo explicártelo todo –resolló Sakura.

La rubia le dirigió una mirada helada. El olor penetrante de animales furiosos siguió flotando en la cámara y por primera vez, Ino Yamanaka volvió a sentir aquel imperioso celo depredador que había oscilado en su inmortal existencia.

Un inevitable impulso asesino.


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo: SE NECESITAN DOS PARA PROVOCAR UNA TORMENTA


N/A:

Saludines habituales queridos lectores! Pues ahora si que la cosa comienza a salirse de control... y tener ahora a Itachi en la ecuación va a ser un verdadero problema y para todos, aun para Sakura... creo que el título del capítulo próximo dice mucho, jejeje. Nuevamente gracias por leer, y ya saben que cualquier comentario es bien recibido.

Nos Leemos!

HIGURASHI'S OUT!