Saludines estimados lectores! Pues es lunes y estamos con la actualizacion correspondiente.
Aparte de que como notarán por el título, el capitulo es patrocinado por cierta canción de Duran Duran (LOL!) y tenemos lemon explícito por aqui asi que ya saben... leed bajo su propio riesgo. Tambien el hecho de que Kaiosama me ayudó con las escenas de acción narradas aquí n_n.
Ahora sí, a leer!
BEING HUMAN
Capítulo 16.- HUNGRY LIKE THE WOLF
El volumen del televisor había menguado mientras Shisui presionaba los botones del mando con un constante clic más parecido al intermitente sonido de un telégrafo. Hinata había evitado la mirada mientras hablaba; un mero gesto de consternación, nada más.
—Entonces tu hermana te asesinó, hizo creer que te suicidaste para quedarse con tu parte de la herencia familiar y de paso a tu ex prometido… —el muchacho dejó el control del televisor sobre la mullida superficie del futón y le miró con una expresión de exagerada extrañeza—… ¡¿Y no piensas hacer nada al respecto?!
Hinata casi salta por la elevación de la voz, pero su rostro siguió con aquella mueca cohibida y temerosa.
—Yo… intenté hacer algo… quise —hizo un vago silencio, recapitulando cuidadosamente las palabras y los hechos. Casi como despertar de un váguido sueño—Quise hacerla confesar… —volvió a bajar la vista, moviendo nerviosamente sus dedos—… pero no puedo conseguirlo.
Le contó difusamente con una voz que parecía ir y venir como viento de verano, de los usuales incidentes en la casa cada vez que ella "explotaba" emocionalmente, acerca de la peculiar "operación poltergeist" en casa de Hanabi y de cómo el asunto estuvo a punto de írsele de las manos, además del fallido intento de comunicarse con ella mediante el subconsciente, y lo pésimo que le resultaba mover objetos.
Shisui simplemente le dedicó una mirada confiada y sosegada.
—Uff, bueno no eres la primera que oigo quejándose asi —dijo, con un tono de voz un poco más fuerte y animado, no tanto como el de Rock Lee, pero en un aire casi igual de imperioso—No es propiamente un problema, necesitas aprender a manejar la energía… TÚ energía. Además si quieres lograr algo tienes que pensar en grande, un mejor método para poner a tu hermanita en su lugar.
Tomó el control del televisor, sujetado firme y seguro entre su traslúcida mano, pasándolo a la otra y deteniéndolo con la misma soltura. Hinata le miró de la misma manera que lo haría alguien al ver un fuego encendido por primera vez en su vida.
—Si, Rock Lee estaba ayudándome con… eso de la energía. Pero, simplemente no puedo… no de ésa manera –confesó ella.
—Bah, si puedes pero estas aterrada de intentarlo –objetó el muchacho, esbozando una peculiar media sonrisa en aquel rostro que nada tenía de similar con el de su parco primo, más allá del cabello negro y los expectantes orbes ónice—¿A qué le temes, Hinata-chan?
La pregunta pareció darle un escalofrío en la nuca. De haber estado viva, se hubiera sentido mareada y lívida como una hoja al viento. Aquella interrogante retumbaba en su mente desde siempre, mucho antes de morir y ahora que había pasado al otro plano, no hacía más que incrementarse y crecer con la suma de acontecimientos. Crecer y alimentarse de ella como una mancha líquida, expandiéndose y consumiendo todo a su paso.
—Yo… —alzó el rostro, mirándolo a él tal vez para menguar un poco la indecisión de su mente y de sus palabras.—yo… no quiero hacerle daño a nadie. Sé que puedo provocarlo pero… no quiero hacerlo.
El muchacho espetó un gemido seco. Pensativo por una fracción de segundo.
—Bueno no me refería a hacerle daño a nadie, no en ese sentido. –enunció, en un comienzo por estructural aquella idea—Ser un poltergeist es muy provechoso si sabes manejarlo, y si me permites decirlo, Hinata-chan, el tal Lee no sabe ni "pé" del asunto. –se pasó una mano por la barbilla y repentinamente posó ambas palmas en las rodillas. Hinata se sorprendió de haber escuchado el sonido—Yo he estado muerto por casi ocho años y obviamente no me los he pasado mordiéndome los nudillos y viendo como todos viven, van y vienen; así que sé de lo que te hablo. Además, a mi parecer tu pequeña hermanita merece algo más que paredes ensangrentadas y muebles voladores. ¿Quieres hacerla confesar, no?
Hinata titubeó. Asintió, insegura y con la voz en un hilo.
—Entonces, déjame que te muestre uno de mis mejores "trucos" –sonrió Shisui casi altivamente— Además puede que te diviertas un poco.
—No creo que sea buena idea ir a casa de Hanabi-chan… a esta hora.
—No vamos a ir a casa de tu hermana… sino a la de alguien más. Un buen amigo al que hace tiempo que no veo.
Shisui Uchiha arqueó levemente las cejas y aquella sonrisa quedó proyectada en un aire presuntuoso. Si Itachi hubiera estado allí, hubiera denotado aquel gesto como el conocido ademán desafiante y presuntuoso que Shisui optaba casi siempre en la preparatoria, más estando Ayame Ichiraku de por medio.
Un gesto que en casi el setenta por ciento de las ocasiones no procedía a nada bueno.
—0—
El radio sonaba intermitente. Estridente, en medio de la bruma que abatía su mente.
Entreabrió un ojo, notando que el día había pasado a ser parte del recuerdo y ahora un negro-azulado manto cubría lo poco que podía verse del cielo, detrás de la persiana de una habitación que no era la suya.
Ino despertó abrazada a la almohada. Eran las nueve de la noche de lo que había sido un día lluvioso y fresco. Los latidos de la cabeza habían dejado de retumbarle monstruosamente y el dolor cedió finalmente hacía algunas horas atrás, cuando calmó el hambre. Sintió un ácido sabor metálico en las comisuras de la boca y en la lengua y se le revolvió el estómago. Había llorado en sueños, la almohada estaba húmeda. Porque, mientras soñaba, una parte de ella sabía la verdad y lloraba.
Se levantó y fue al baño dando traspiés. La fuerte resaca le impedía pensar con claridad. Llegó al retrete justo a tiempo y vomitó un torrente carmesí acuoso.
Se quedó arrodillada, con los ojos cerrados, hasta que se sintió con fuerzas para ponerse en pie. Buscó a tientas el tirador y descargó el depósito. Sobre el lavamanos, su casi desfalleciente reflejo mostrado en el sucio espejo parecía devolverle la mirada con un brillo sardónico y casi burlesco.
Ah, ése delicioso momento en el que te preguntas "¿qué pasó anoche?", resumió mentalmente.
El dependiente de la cafetería… la muchacha que había entrado de improviso al sanitario…
O positivo, dulce y aderezado con café y B negativo proveniente de lo que parecía ser una de esas pobres y estresadas estudiantes a finales de semestre. Nada mal, Ino. Ya vamos volviendo al redil.
—Es esto lo que se espera de nosotros, a fin de cuentas.—dijo una voz a sus espaldas.
Sai le devolvió la mirada, desde el otro extremo de la habitación. Ino entornó su atención, y las imágenes seguían pasándose en su mente como si fuese una cinemática en blanco y negro.
—Sai… —sintió el aliento todavía impregnado de sangre. Las palabras menguaban—Esto, esto que hemos hecho…
—Descuida, Anko-sama no se enterará, y mucho menos la perra entrometida de tu amiga. –el pálido muchacho se acercó a ella, se sentó en la cama a su lado y tomó lentamente su mano. Ella se sobresaltó un poco, ante el contacto frío de Sai—No les necesitamos… ni al Consejo. –alzó momentáneamente la voz—Mira de lo que somos capaces, Ino-chan. Aunque dudo que Anko-sama te lo hubiera reprochado, he oído lo que decía de ti, siglos atrás y…
—No quiero escucharlo.
Ella le había soltado al instante, como si el contacto hubiese sido abrasador, mientras intentaba ignorar el recuerdo de los gritos despavoridos de aquel joven y de la infortunada chica.
Había cedido ante la sombra que había jurado olvidar y dejar en el pasado. Había cedido y de qué manera; sólo dos víctimas pero tras meses de abstencionismo sustanciado por las desabridas bolsas de sangre donada, esto era como haber degustado el mejor de los banquetes tras un mes de dieta ardua.
¿Evidencia? De eso podría encargarse la policía y no auguraba la menor preocupación por ello; también había vampiros trabajando en el sistema y sabrían como cubrir aquello. Ella y Sai dejaron el área casi al amanecer, y pese a que Amegakure no tenía un cielo despejado, soleado y letal, el mejor de los casos era evitar la salida directa del sol, así estuviese tras el vestigio del encapotado cielo, y aquel motel a tres calles a distancia era un sutil refugio para pasar el "subidón" del momento.
Ahora, sentada en la cama, atontada por la resaca, mientras la lluvia resbalaba perezosamente por los cristales de la ventana, Ino Yamanaka sintió que el hambre le acometía de frente, como una tétrica ventisca. Le embistió y se apoderó de ella, le redujo, le despojó de las defensas que aún le quedaban, y ella escondió la cara entre las manos, así tuviese que hacer cualquier cosa con tal de saciarlo.
Cualquier cosa.
—0—
Cercados contra la pared de la endeble caseta y al abrigo de la lóbrega soledad del bosque. El silencio expectante se había difuminado ante el siseo furioso de Tayuya, Sakkon, Jirobo y Kidomaru. El brillo de sus pupilas, tornadas de un espeluznante color ébano resplandecían con inhumana malicia.
—Cuatro contra dos jeh…—enunció Kidomaru, desdeñosamente. Se adelantó hasta estar junto a la furiosa muchacha de pelo magenta—Esto va a ser divertido.
Un chirrido metálico se escuchó proveniente del muelle de una navaja de bolsillo modificada. Sakon, el pálido muchacho de rasgos andróginos aferraba el arma en una mano.
El destello de plata forjada en la hoja de la navaja destelló por una fracción de segundo en medio de la brumosa oscuridad. Un amenazador gruñido defensivo se formó en la garganta de Itachi Uchiha.
—¿Recuerdas lo que ocurrió en el hospital, antes de que llegara? –inquirió éste en un bufido profundo y grave. Sintió a la chica temblar levemente.
—Si, pero…
—Es Igual…—Itachi sintió a la chica aferrarse a su brazo. Él no se apartó—Somos más fuertes que ellos ahora, deja que el lobo salga pero no permitas que el miedo lo controle…
—¡Itachi, yo no sé cómo…!
—Aprende. —Fue la última palabra que el muchacho dijo.
Kidomaru se lanzó primero, confiado en sus habilidades y velocidad, olvidando por un momento lo cerca que estaba el plenilunio y las consecuencias de eso. Vio a Itachi dar una pequeña sonrisa antes de que en un violento crujir de huesos su fisonomía cambiara drásticamente.
"¡Mierda!" Kidomaru esquivó por milímetros las garras de Itachi lanzándose a un lado, justo detrás de él Jirobo cargaba con la fuerza de un toro enfurecido, llevándose a la criatura de pelo negro literalmente entre las patas.
Sakura estaba aún inmóvil en su lugar, aterrada y confundida, sabía lo que tenía que hacer, incluso lo que no debía de hacer y sin embargo su cuerpo se negaba a responder. Un grito de furia la alertó, al levantar la vista se encontró con Tayuya quien se abalanzaba sobre ella con una sonrisa de satisfacción pintada en el rostro y el amenazante brillo de una daga de plata en su mano.
Mientras Jirobo tenía a Itachi en el suelo, sus enormes manos le sujetaban la cara y apretaban cada vez más y más fuerte.
— ¡Te aplastare como a una cucaracha! —Gritó Jirobo satisfecho— No necesito una estúpida daga, solo eres un perro sarnoso que…
Un espasmo le interrumpió, fue un dolor repentino en el pecho, primero miro atrás. Kidomaro y Sakkon se habían quedado parados unos metros atrás, con el desconcierto pintado en sus rostros, después volvió a ver su pecho, justo en el momento en que Itachi sacaba su garra junto con un chorreante corazón. El robusto vampiro se levantó y dando traspiés caminó hasta donde estaban sus compañeros. Itachi se incorporó también, sosteniendo en su mano el palpitante órgano.
—Así, no… —Balbuceo Jirobo mientras extendía una mano a sus compañeros— Se supone que… Que iba a ser glorioso…
Itachi aplastó aquel corazón convirtiéndolo en una pulpa sangrante y Jirobo se derrumbó en el piso, convirtiéndose en un cadáver reseco casi al instante. Aquello hizo que Kidomaru y Sakkon reaccionaran, dando un grito de ira se fueron contra el hombre lobo que parecía no tener ninguna prisa en huir.
Sakura estaba tirada en el suelo con Tayuya sentada sobre ella, le había alcanzado a sujetar la mano con el cuchillo y ahora luchaba desesperadamente para que el arma no llegara a su corazón.
— ¡Deja de luchar perra hija de puta! —Gritó la vampira de pelo magenta al notar que le costaba trabajo vencer la fuerza de su víctima— ¡Maldita sea no tengo tu jodido tiempo, Muérete de una vez!
"Mantén la calma, libera al lobo" Sakura cerró los ojos recordando las palabras de Itachi "No dejes que te domine el miedo" Se estremeció al sentir que la punta del cuchillo casi tocaba su ropa, la plata olía como algo descompuesto, como un veneno demasiado concentrado, aquello la estremeció pero fue como un baldazo de agua fría que la hizo despertar, no sólo a ella, sino también a algo en su interior, definitivamente no estaba de humor para morir ese día.
Tayuya ya podía sentir la punta del cuchillo atravesar a su víctima cuando esta se estremeció y sin más la arrojó por los aires, desconcertada logró componerse para no caer de costado en el suelo, al levantar la vista vio a la chica de pelo rosa, cubierta de una leve capa de vello, sus pies tenían casi la forma de las patas de un lobo pero aún se mantenía erguida, las manos ahora eran un par de enormes y filosas garras, la expresión de terror y el miedo en los ojos de la chica habían desaparecido, ahora había una mueca de desprecio en sus labios, mostrando un par de afilados colmillos y un brillo de satisfacción en sus pupilas amarillas y salvajes.
—Mi turno. —Gruño Sakura antes de lanzarse sobre de ella.
Kidomaru dio un golpe letal a la cabeza, pero Itachi ya no estaba ahí, Sakkon creyó encontrar un hueco en la defensa del lobo, pero fue recibido por una garra que lo lanzó contra el piso, pudo sentir como un diente delantero se había perdido. Se levantó furioso y dio una tajada con su arma solo para encontrarse con el aire; él y Kidomaru estaban espalda con espalda mientras la que parecía una víctima fácil caminaba en círculos a su alrededor.
Itachi aulló y se lanzó contra ellos, los vampiros saltaron en direcciones opuestas intentando hacer un movimiento de tijera pero Itachi ya tenía a uno de ellos en la mira. Kidomaru vio al lobo demasiado cerca de él, trató de hacer una finta pero una garra le sujetó el cuello, movió su mano para acuchillar a la creatura pero esta giró a su espalda y lo lanzó contra el suelo estrellándole la cabeza, El vampiro hizo un último intento de recuperar el control antes de que Itachi aplicara más presión y le reventara el cráneo, como un melón maduro.
Tayuya estaba enfurecida al notar que ahora era ella quien tenía que esquivar, había matado a muchos lobos, había arrancado muchas cabezas, pero solo en ese momento entendió porque siempre era antes de la semana del plenilunio.
No, no importaba, ella era un vampiro con siglos de experiencia, ella apenas era una cachorra apestosa que había logrado su primera transformación. Fintó y atacó por la izquierda, Sakura evitó el tajo a su rostro apenas perdiendo unos pocos vellos, dio un zarpazo pero la vampiro ya se había agachado buscando desgarrarle el vientre, un movimiento clásico, solo que cuando el cuchillo parecía llegar a su destino las garras de Sakura lo detuvieron, la sujetó del brazo y después saltó hacía atrás, haciendo girar el miembro de una forma imposible, Tayuya gritó de dolor al sentir sus músculos desgarrarse y después vino el shock al ver como la "Cachorra apestosa" daba un tirón arrancándole el brazo desde el hombro. Un aullido sonó en el aire y Sakura miró a Itachi aplastar el cráneo de uno de aquellos monstruos, el que quedaba de pie aun intentaba atacarlo, la chica apretó el miembro que acababa de cortar y lo lanzó con furia contra el atacante. Sakkon cayó al suelo cuando el brazo de Tayuya le pego en el rostro.
Maldijo y trató de levantarse pero Itachi cayó sobre él y clavó sus garras en el vientre. Gritó y aún más cuando Sakura llegó corriendo a cuatro patas y le tomo de una pierna con los dientes; ambos lobos giraron en direcciones diferentes, se escuchó un leve desgarro y Sakkon se partió en dos partes, lanzando viseras y sangre por todo el lugar.
Tayuya vio todo eso mientras boqueaba por el dolor y se arrastraba para alejarse de ahí, tenía que conseguir ayuda a como diera lugar.
Sakura soltó su pedazo de Sakkon y olisqueó el aire, la vampiro se estaba alejando. Gruñó enfurecida y se preparaba para cazarla cuando Itachi le detuvo poniendo su mano en el hombro.
—Basta. —Dijo él mientras su apariencia comenzaba a cambiar— Respira hondo, vuelve a buscar tu centro, déjalo descansar.
Escuchaba a Itachi como si estuviese en medio de una densa bruma. Sakura cerró los ojos y sintió que los huesos de su cuerpo se reacomodaban, pero ya no era doloroso era como tronarse la espalda después de estar mucho tiempo sentado en una misma posición. Volvió a ser completamente humana, salvo por un sabor agreste en la boca.
Sangre.
Agreste, cálido y dulce…
—¡Sakura! —apremió Itachi.
Ella sintió que el corazón le dio un vuelco y su respiración aún estaba agitada. El sabor electrizante de la sangre colmaba sus sentidos; casi con la misma excitación que prosigue tras bajarse de una montaña rusa. Miró en derredor, hacia los restos carmesíes, desgarrados y amorfos. Simples trozos de algo que había sido humano…
—Yo… —Sakura sintió que le pesaba la lengua y aun había un tenue ardor en las encías, provocado por la brusquedad del cambio y la fuerza con que emergieron los colmillos—¿Yo hice esto…?
—Casi, aunque escapó la chica. No vale la pena buscarle, no creo que llegue muy lejos.
—Yo hice esto… —su mente quedó fija en esto último.
Remarcándolo cada sílaba en un aire sobresaltado. Alzó la mirada hacia Itachi. Los verdes orbes de la joven destellaron levemente, mientras sentía sus propios latidos retumbando como la detonación de un estridente proyectil. Volvió a contemplar la escena y luego al muchacho. Una amplia línea enarcó sus labios, marcados todavía por una sutil capa carmesí.
—¡Yo hice esto! –exclamó jovialmente. Tenía un remolino de ideas en la cabeza, y en el fondo de la mente sólo podía escuchar aquella premisa; ¿Acaso era ella aquella chica temerosa que había dejado Konoha?
"¡Si Ino hubiera visto esto!" Aquella idea pareció avivarle más las llamas del ímpetu del momento. "O Sai… ¡seguramente ése idiota paliducho no volvería a meterse conmigo!"
Su mente e instintos, alebrestados por aquél arrebato bestial, habían tomado el control de Sakura. Volvió el calor en su cuerpo, el corazón empezó a latirle con violencia, como un corredor repleto de adrenalina al tomar la salida en una eliminatoria. La adrenalina le oprimió el estómago y le golpeó el diafragma. Oía el acompasado latir de su corazón y el de Itachi; profundo y rítmico. Percibía el olor de la carne podrida de aquellos infelices vampiros y todavía la corrosiva pestilencia de la plata, impregnada en sus ropas.
El aroma de Itachi, aquella almizcleña y penetrante esencia; húmeda, poderosa y salvaje…
No, no era por aquel momento…
Estaba en celo.
Y su cuerpo no tardó en tomar control de la situación
Estaban cara a cara, a escasos centímetros de distancia. Los ojos de Itachi --enigmáticos, inescrutables-- miraban fijamente los suyos, su rostro no ofrecía ninguna pista sobre lo que estaba ocurriendo tras los brillantes ojos jade.
— Nada mal para el primer intento . Un poco de práctica y creo que…— Itachi empezó a abrir la boca, todavía sin saber muy bien lo que iba a decir, pero entonces, inesperadamente, Sakura le atrajo hacia sí y le estampó los labios.
Itachi se sintió desconcertado y trató de poner distancia por instinto, pero algo lo detuvo y aquellas extrañas sensaciones, producidas por el intenso instinto lobuno se incrementaron y, sin querer queriendo, respondió al beso, torpemente al principio, obviamente, luego acompasándose más y más, acompañando la unión de sus labios con breves roces, con suaves movimientos que hicieron eco en Sakura, quien respondió de la misma forma, sólo se detuvieron al quedarse sin aire, y se separaron tratando de recobrar el aliento, muy cerca uno del otro. Ella sintió sonrojarse como un tomate. El calor del momento no ayudó tampoco.
—Lo… lo siento, I… Itachi-san… yo…
A Itachi no le importó. Simplemente ella había detonado algo en él, y no se iba a quedar así como así. Punto de no retorno, simplemente. El joven se lanzó en busca de su boca, y Sakura no opuso ninguna resistencia, todo lo contrario, sus brazos le rodearon el cuello, y los de él bajaron a su cintura, ahora con más prisa a pesar de que el beso fue más suave, más lento y pausado.
Sakura se sintió débil, una debilidad no sólo física y se aferró más fuerte a Itachi, quien por su parte tampoco confiaba mucho en su estabilidad por el momento así que lentamente, sin dejar de besarse, buscaron apoyo en la desvaída pared, quedando Sakura entre esta y el Uchiha. El calor acrecentó. Volvieron a separarse y él notó la clara urgencia en los verdes y brillantes orbes de Sakura.
—Vamos a casa… ¡Ahora!
—0—
Umino Iruka había llegado más tarde de lo que esperaba a su casa. Corrían alrededor de las once y media de la noche. Un largo y tedioso turno doble, y aun así, había acordado con su esposa la obligada tarea de traer el faltante de la despensa. Era jueves, y como era de esperarse, la casa estaba sola hasta que ella llegase del turno extra del restaurante.
Aparcó el auto con un bramido seco del motor. El rocío centelleaba en la hierba a la luz diáfana de la noche en Konohagakure. En las contadas ocasiones en que Iruka había llegado a deshoras de la noche, siempre experimentó una sensación de soledad y exaltación a la vez: un sentimiento paradójico de continuidad y renovación. Pero, esta noche, no sentía nada más que una vaga inquietud que no podía atribuir por completo a las últimas horas de extenuante trabajo en la oficina de la policía distrital de Konoha.
Subió las escaleras del porche y abrió la puerta mosquitera, pero entonces miró al suelo y frunció el entrecejo. Había barro en la madera. Eran huellas de pisadas que venían desde la puerta mosquitera hasta allí. Huellas humanas. Al parecer, de pisadas de adulto. Iruka había viajado toda la noche y sabía que no había llovido. Viento, pero lluvia no.
Se quedó mirando las huellas mucho rato —en realidad, demasiado— y descubrió que tenía que hacer un esfuerzo para acercar la mano al picaporte. Lo asió cuando detrás de la puerta se oyó un sonido, un sonido totalmente inesperado.
¡Nyaauu...! ¡Nyaauu...!
Iruka arrimó los ojos al cristal esperando encontrarse al gato. El muy ufano felino callejero al cual Ayame había consentido dejarle pasar a la casa y hasta dejarle comida de tanto en tanto. Iruka miró, pero, naturalmente, no se veía nada. El cristal de la puerta estaba cubierto por un velo blanco, obra de Ayame. Pero no había rastro alguno del gato. Iruka empujó la puerta. Estaba abierta y el animal se hallaba sentado en el vestíbulo, con la cola recogida alrededor de las patas. Tenía unas estrías de algo oscuro en el pelo. Barro, pensó Iruka, y entonces vio que las gotitas de líquido prendidas en el bigote eran rojas.
El gato empezó a lamerse una pata, sin dejar de mirar a Iruka. La casa volvió a sumirse en completo silencio.
Un viento frío le dio en la nuca y éste miró en derredor, bajo la solitaria y oscura atmósfera. ¿Habría entrado alguien?, se preguntó distraídamente. Volvió a mirar hacia el porche.
Esas huellas… ¿Acaso Ayame-chan regresó de improviso? No. Si lo hubiera hecho el portón estaría echado a dos seguros y no a uno como estaba ahora. ¿Quién…?
El gato abrió la boca, enseñando sus afilados dientes y maulló tremebundamente. Luego, dio media vuelta y subió rápidamente la escalera. El escalofrío en la nuca de Iruka se acentuó y presintió que esto ya no podía ser una simple corazonada. El gato, el maldito gato nunca entraba a la casa estando está sola. Entonces si el animal estaba ahí, significaba…
—¿Hay alguien? —gritó.
El gato maulló desde lo alto de la escalera, como para confirmárselo. Luego, desapareció por el pasillo.
¿Y cómo habrá entrado?
Iruka hacía oscilar el cuerpo sobre sus pies, indeciso. Lo peor era que todo aquello parecía..., parecía preparado, como si alguien quisiera que él estuviera allí y...
Y entonces se oyó un quejido en el piso de arriba, un quejido bajo y dolorido: era la voz de Ayame, sin duda.
"Se ha caído en el cuarto de baño, o ha tropezado con algo… y, ¡¿y tú qué estás haciendo aquí, idiota, moviendo el cuerpo como si tuvieras ganas de ir al lavabo?!. Eso que el gato tenía en el pelo era sangre. ¡Ayame-chan se ha hecho daño y tú te quedas ahí plantado como un estúpido maniquí! ¿Qué te pasa?"
—¡Ayame-chan!
Volvió a oírse el quejido y él subió la escalera corriendo. La suela de sus zapatos repicaba en el suelo de madera. Le parecía que entraba en otra dimensión, pero no era una dimensión de tiempo ni de espacio, sino de tamaño. Estaba encogiéndose y aquel picaporte le quedaba casi a la altura de los ojos. Su mano se acercó a él... pero, antes de que pudiera tocarlo, la puerta se abrió bruscamente.
Y aquello lo tocó. Una sombra fría y amorfa. Una mano nudosa proveniente de un cuerpo atrozmente contrahecho. Dos ojos, rojos como ascuas. Inhumanos e inmisericordes parecieron atravesarle hasta el alma y la mano deforme se alargó hacia él…
—¡Traidor!—rugió expeliendo una fétida podredumbre.—¡Traaidooor!
Iruka sintió que aquello le tomaba de los hombros. El frío en su nuca pasó a ser un entumecimiento catatónico. Los ojos le miraban con un furor diabólico.
No… no de nuevo… Un trago amargo de su propia saliva se atascó en la garganta de Iruka Umino. No…. ¡Déjame en paz!
El gato estaba subido a sus hombros, y entonces la cara de aquella cosa deforme se transformó. Iruka, mudo de horror, vio que era Shisui Uchiha. Y su cara no estaba lívida, sino sucia, manchada de sangre. Y terriblemente hinchada, como si hubiera sido destrozada y luego recompuesta por unas manos rudas e indiferentes. Su boca se abrió en una siniestra sonrisa como la de una carpa muerta.
—Hola, "delfín" traidor…
Como si un rayo le hubiese atravesado desde la coronilla y con el semblante tan pálido como el papel tapiz de la casa; Iruka Umino, de treinta y ocho años de edad y felizmente casado, se echó a correr hacia las escaleras, bajando los escalones con la soltura de una marioneta tirada bruscamente hacia el exterior. Azotó la puerta abriéndola y casi arrancándola del marco por la prisa. Salió, corriendo, casi tropezando contra el auto. Gritó algo ininteligible, mientras que corría calle abajo.
—Patético como siempre… —el semblante de Shisui volvió a adquirir la soltura de sus despreocupados rasgos. Soltó una risa entrecortada, como si hubiera estado contemplando uno de esos insulsos sit-com de la televisión—Bah, he hecho mejores cosas, me falta un poco de inspiración últimamente. Una vez lo hice alucinar con un mar de ciempiés saliendo del baño, esa vez salió corriendo con los pantalones y los calzoncillos abajo, jejeje… Esto es justo el tipo de control poltergeist del que te hablaba, Hinata-chan –El pequeño gato se paseó entre los tobillos del traslúcido muchacho y éste la pasó la helada e intangible mano por el lomo.— ¿Hinata-chan?
Detrás de él, Hinata había contemplado todo, y con una mueca desconcertada y tan pálida como la que había tenido el mismo Iruka. Sin embargo, a pesar del tremebundo espectáculo, Hinata habría preferido quedado ahí que haber vuelto a casa y casi desmayarse ante lo que encontrarían ella y Shisui al día siguiente.
—0—
Definitivamente, esto era lo que podía conocerse como el punto de no retorno. Pero a Itachi Uchiha había dejado de importarle. Y el sólo gesto de Sakura, al derribar literalmente la puerta de la entrada de la casa había sido la respuesta más obvia ante esto.
Sin dejar de respirar copiosamente, Sakura rozó su labio inferior contra el lóbulo de la oreja de Itachi, jadeando lentamente hasta morderle la parte de arriba de la oreja, a la vez que las manos apuradas de él tanteaban por dentro del pantalón de la joven; tocándola por encima de las pantaletas y restregándose contra ella con fuerza.
En un impulso salvaje e irracional ocasionado por el tosco tacto de él al clavarle las uñas en la tela del desvaído suéter hasta su piel, Sakura le empujó levemente. Itachi se lanzó nuevamente a su encuentro, y la presionó aún más contra la pared, sus manos perdieron el control, buscando tocar más, buscando sentir más. Entonces oyó una tela rasgarse; Sakura le había arrancado la chaqueta y la franela con sus garras afiladas mientras le empujaba hoscamente a echarse al futón.
Ninguno de los dos reparó en el florero roto, en la mesa de la sala volcada y mucho menos en la cortina desgarrada que ambos se cargaron hasta caer sobre el maltrecho mueble.
Sakura jadeaba, sintiendo la cálida lengua de Itachi recorriendo el dorso de su oreja y su respiración pausada y profunda absorbiendo cada partícula de su aroma. Las caricias se sentían bien, demasiado bien. El cuerpo de Sakura respondía de un modo extraño, su mente parecía un torbellino.
Sus pocos pensamientos racionales giraron y de detuvieron en torno a la imperiosa necesidad de su instinto. Se hicieron más incoherentes. Más simples. Siendo sólo fragmentos de las exigencias de su mente animal. Gruñir. Aullar.
…Aparearse.
Y ahí quedó todo resquicio humano. La loba había ganado nuevamente y no se detendría hasta que aquel rozagante macho cumpliera sus exigencias.
Antes de que él se diese cuenta, Sakura lo había tumbado boca arriba. Itachi gruñó mientras ella lo olía detrás de la oreja. Las garras le despojaron de lo poco que quedaba de ropa y sus labios acariciaron su cuello expuesto, lamiendo su carne como si fuese el cuello de una presa. Itachi exhaló agitado. Sakura dio un bufido bajo, notando su excitación, y aprovechando ese sutil momento de distracción, Itachi rasgó sus ropas; los jeans y las pantaletas cayeron cual viles tajos de papel y ella se colocó precipitadamente sobre él, Itachi sintió topar contra su entrada y sin miramientos, se empujó dentro de una sola estocada.
Un aullido estridente se formó en la garganta de Sakura, y sus manos se aferraron a los musculosos omóplatos de Itachi, clavando las garras sobre la piel. Itachi dejó de controlarse, expeliendo un rugido bestial; dominante e imperioso. Arqueó la espalda, sujetado el cuerpo por el pulsátil agarrón de ella y empujó hoscamente. Gruñendo y jadeando, hasta que un calor intenso le invadió al eyacular, sintiendo una erupción que pareció estirar su columna vertebral y sus músculos hasta el punto de dolor. Y entonces el cuerpo de Sakura se estremeció, una vez, dos veces, tres veces. Temblaba, retorciendo las crecidas garras sobre la sudorosa espalda de Itachi y las piernas cruzadas aun alrededor de sus caderas. Sus labios encontraron la boca de él, y gustó la sal de su esfuerzo.
La noche todavía era joven y el fulgor del cercano plenilunio estaba allí, latiendo en sus venas. Esto apenas era el inicio.
—0—
La portezuela de la cámara se abrió. La brisa gélida provocada por el sistema artificial de clima no hizo mella en las pálidas mejillas de Ino Yamanaka, como solía pasar con cualquier mortal que accediese al controlado apartado de plasma del hospital.
"Bienvenidos a la sección de congelados", se dijo con una sutil ironía, mientras volvía a guardar la placa extra adherida a su credencial de médico. El zumbido constante del frigorífico pulsaba igual que el quejido de su cabeza. Ino trató de ignorarlo, mientas se reacomodaba cuidadosamente el bolso, oculto bajo la bata.
Miró de reojo hacia la puerta. Sai esperaba tras el umbral, montando guardia y atento al menor indicio. Habían logrado pasar desapercibidamente por el pasillo de la entrada; ni rastro de Izumo o Kotetsu, quienes probablemente preguntarían el porqué de su improvisada falta al turno del mediodía. También, al escudriñar el pizarrón de horarios, notó con aliviada y silenciosa sonrisa que Sakura se había ido, hacía más de dos horas. Mejor aún, menos explicaciones inútiles e inventadas que dar.
Tomó un par de bolsas. Contempló una de ellas, la sangre estaba fría al tacto como una estalactita de hielo y esto también nulificaba el aroma. Pero no había más remedio; ya suficiente emoción había tenido anoche…
¿Y volvemos a los embolsados?... vamos, un par de victimas más no harán diferencia. ¿Tan difícil es tomar a un pobre idiota y romperle el cuello? Sabes lo bien que se siente y lo de anoche…
—Ino-chan… date prisa –clamó Sai desde el exterior, rompiendo sus cavilaciones.
Tomó dos empaques más. Con eso debería de bastar antes de pensar en alguna otra estratagema. Muchas cosas habían pasado por su mente, pero esta era la más lógica… hasta que tuviese más cabeza y menos hambre para meditar las otras. Cerró el bolso, se reacomodó la bata y salió, sellando la cámara debidamente y sin dejar indicio alguno de su presencia.
"Ah, el crimen perfecto. Y que bien lo aprendiste de Anko", resolló mentalmente mientras andaba detrás de Sai y con una expresión de calmada serenidad." Nadie sospecha, nadie incriminaría y nadie notaría que…"
—¡Yamanaka-san! –clamó una voz a sus espaldas.
Ino sintió que el mundo se ponía en escala de grises y se paralizaba a su alrededor. Una mano le tocó el hombro y no le quedó otra salida más que girarse y toparse con el rostro consternado y expectante de Shiho.
—Creí que no vendría hasta mañana, Haruno-san me dijo que no se presentó al turno del mediodía y… —la diatriba se interrumpió cuando notó algo bajo la bata de Ino Yamanaka. Algo rojizo y plastificado emergiendo del bolso oculto debajo de la bata—¿Qué es eso que lleva ahí? ¡¿Eso es…?!
Sai se había adelantado y por mucho. El pasillo estaba solo… y el empaque de sangre asomaba media esquina desde el bolso.
¿Qué vas a hacer, Ino?
Su mente sólo sugirió una alternativa… después pensaría en las consecuencias.
CONTINUARA
Siguiente Capítulo: ES A TÍ A QUIEN PERSIGO
N/A:
Pues bien... aqui estamos de nuevo y vaya que las cosas avanzan... ejem... bueno a ver a donde iremos a parar entre la aterradora demostración de Shisui y sus habilidades poltergeist, Ino nuevamente a las andadas por el mal camino y el arranque hormonal de Sakura...
En fin... habrá que esperar al viernes n_n yey, volvemos con actualizacion cada lunes y viernes de este estremecedor fanfiction!
Ya saben, comentarios, dudas y críticas al apartado de reviews!
Nos leemos!
