BEING HUMAN

Cap. 18.- DONDE TERMINA EL INSTINTO,
INICIA LA NATURALEZA HUMANA

Un año.

He estado buscándote desde hace un año, clamó la voz de Itachi, resonando en su mente una y otra vez como un mantra.

Y el recuerdo, como una incandescente llamarada le envolvió.

Un año atrás, antes de llegar a Amegakure, antes de irse de Konoha, antes de abandonar todo…

Todo lo que este tiempo quise ocultar. Todo cuanto tenía, todo cuanto amaba y está…

—¿Q-qué…? —Sakura sintió que la voz se le helaba. Que se perdía, subía y bajaba en entonaciones nerviosas. Alebrestadas e inestables como su propio pulso—¿Qué has dicho?

Itachi le miraba fijamente y la expresión de su rostro no había variado. No estaba mintiendo y aquello no lo había imaginado. Era real; lo sentía, lo percibía… lo olía, casi como a su propio miedo.

—Iba a decírtelo por la mañana. Sakura, yo… —Itachi habló, casi arrastrando las palabras. Se humedeció los labios, sintiendo la gélida brisa cortarle las mejillas. La respiración comenzaba agitarse; vívida señal de que el plenilunio casi estaba en su cénit—…ésa noche, en el anfiteatro de Konoha… yo… yo fui quien te atacó…yo… te hice esto.

La voz se perdió como si cayese en un pozo profundo y sin eco dentro de la mente de Sakura. Exhaló y sus labios enunciaron un entrecortado "no", mientras que inconscientemente se llevó una mano al hombro izquierdo. Casi podía sentir el palpitar de las heridas de aquella noche… pulsar, dilatarse, contraerse y arder con fuerza sobre su todavía humana piel.

—N-no…—jadeó.

Imágenes difusas, insonoras y borrosas por la bruma del tiempo se paseaban con diligencia delante de sus ojos: el turno como practicante en el hospital, el inoportuno cambio de guardia, el silencio sepulcral en el cuarto de autopsias, un estruendo irreconocible.
Gritos y un estrépito provocado por algo que no era humano… una sombra amorfa, descomunal y poderosa que había emergido del silencio de la noche, abriendo sus fauces inmisericordes presto a tomar su vida como lo había hecho con los dos empleados del turno… y Shizune.

—…Dos disparos, para cuando me llevaron ahí y lo demás… —emergió la voz del muchacho entre la bruma de la mente de Sakura Haruno—… lo demás lo encontré, en las primeras planas del diario al día siguiente. Tres médicos fallecidos y tu…

Shizune-san…

—¡Tú los mataste! –el grito emergió de la garganta, grave y ronco, casi como un rugido—¡Y a mi maestra!

Como el impulso de una llamarada avivada por el viento, Sakura se lanzó hacia él. La mano que había estado estrujando su hombro pasó a clavarse en el hombro de Itachi. Ambas, sujetándole en un impulso defensivo.

—¡Pero tú sobreviviste, Sakura!... ¡Tú has sido la única! ¡Llevo tiempo tratando de encontrarte, todo este tiempo he estado buscándote..!

—¡¿Porqué?! –los nudillos de la joven temblaban pero no cedían a soltarle.—¡¿Por qué no me dejaste en paz?!

Itachi no respondió. Su respiración volvía a subir y bajar; mientras que sus labios se negaban a callar aquello que había desatado. Ella lo estaba mirando detenidamente con una expresión tan sinceramente turbada que Itachi experimentó como una oleada de su propia desesperación.

—No podía. –susurró—Desde ésa noche… cada vez que cerraba los ojos, te veía… ahí, tumbada en el piso del hospital… —un gruñido seco, un quejido se oyó entre sus dientes lastimeramente—La culpa no me dejaba en paz… quería ayudarte. Era mi deber enseñarte a manejar esto en tu vida…

—¡¿Mi vida?! ¡No tengo vida! ¡No después de esto, Itachi! –Sakura se estremeció sin soltarle, con el cuerpo doblado hacia delante—¡Mi familia, mi futuro… mi prometido… todo lo perdí! ¡Todo se arruinó por culpa tuya!

Itachi notó un destello acuoso en los ojos de Sakura. Una silenciosa comunión de miedo y reproche.

—Quiero ayudarte a sobrellevarlo, Sakura; es mi obligación. Ser lo que somos es un don. Tenemos lo mejor del ser humano y de la bestia, estamos más vivos…

—¡Todo este tiempo!…¡¿Haz hecho todo esto por mi sólo porque te sientes culpable?!

—Eres mi responsabilidad, Sakura. Mi hermano jamás hubiera hecho esto por ti…

¡Sasuke!

El nombre resolló en su mente, produciendo un estruendo. El estrépito de un volcán en erupción.

—¡No! ¡Sasuke no tiene hermanos… el único que tenía está…!

—Sakura…

—¡No! ¡Nooo!

—¡Sakura, escúchame… es cierto, yo…!

—¡Déjame! ¡Dej… aarggh!

De repente, como si fuera el impacto de un guante de boxeo en su boca, la voz se cortó abruptamente. Una oleada de furia y rabia brotó en su interior como un vendaval incontrolable, haciéndole caer de rodillas. Un gruñido atávico escapó de sus labios mientras su espalda se arqueaba agónicamente, con los músculos tensándose como cuerdas, ensanchándose y adaptándose violentamente a una nueva fisionomía.

—No luches contra él… —la voz de Itachi se tornaba un rugido hosco—Deja que… se apodere…de ti…

De algún modo, las palabras lograron atravesar las palpitaciones de su cerebro. ¡NO!, pensó Sakura embargada por el horror, sin importarle las convulsiones que la estaban sacudiendo. Los huesos faciales estaban cambiando de forma; la nariz y la boca se alargaban en un hocico revestido de pelaje hirsuto.

Itachi incapaz de articular palabra, gruñó con más fuerza ante la inminente transformación que también abatía su cuerpo. Las costuras de la ropa se desgarraron con un fuerte ruido.

La boca se abrió para dejar sitio a los colmillos que surgían, goteando saliva, de entre los dientes humanos.

Un olor bestial, a furia y a pelambre de lobo impregnó el ambiente y el gemebundo eco de dos estridentes aullidos destruyó el inminente silencio del bosque de Amegakure.

0—

La bolsa había caído de sus manos, impactándose con un sonido ahogado sobre el pulcro mosaico del suelo. El gusto cálido, agrio y casi insípido permaneció en los labios de Sai aun después de que éste se limpió por reflejo la boca con el dorso de la mano.

Espetó un jadeo corto y una arcada se cimbró en su garganta.

—No… no es igual –masculló todavía con la boca enrojecida y los ojos entornados en aquel inhumano color ónice.

Ino tenía la mirada perdida en el secante de su escritorio. El reloj en la pared del consultorio, cerrado debidamente y con seguro, marcaba las tres de la mañana. Alzó sus orbes azules hacia su compañero.

—Te lo dije, esta clase de sangre no funciona… no por mucho tiempo pero…

—¡¿Porqué no?! –el muchacho se giró violentamente, elevando la voz todavía bajo aquel siseo gutural—Tu… ¡Tú dijiste que podíamos sobrevivir así… I-Ino!

No percibió miedo ni ira, sino un peculiar reclamo por parte de él. Recordó ésa emoción en sus ojos, ese gesto tan peculiar que siempre resultaba de aquellas discusiones en que él sabía que ella tenía la razón. Claro, esa emoción aun humana…

—Es un sustituto –dijo Ino llanamente. –Tras unos días te acostumbrarás.

Pero sabes que no era cierto. Oh, claro que no, ¿cómo puedes acostumbrarte a algo que no tiene vida? Después de todo… ése es el sabor que importa; la energía, el último aliento de la víctima… Vida. Aah dulce y preciosa vida…

—Entonces vamos de caza. –la frase pareció adquirir un eco estremecedor no solo en la mente de Ino Yamanaka, encontrándose a Sai frente a ella, casi fulminándole con la mirada. El rojo vivo de la sangre embolsada aun resaltaba entre las comisuras de sus labios como un anuncio de neón en medio de una lóbrega calle. Sonreía de un modo sobrecogedor—Una persona o dos, ¿cuál es la diferencia? Podemos arreglárnoslas para que parezca un accidente, como los tipos de la cafetería o Shiho.

"Ya van tres" decía la voz de Shikamaru en su mente. "Van tres y esto empieza a volverse muy frecuente, ¿sabes lo que estás haciendo? ¿Sabes lo que nos ocasionará a todos?"

—¡No! –clamó la rubia casi por inercia.—Sai, tenemos que parar. Esto no es bueno, estaremos llamando demasiado la atención…

—Dijiste que me ayudarías.

Ahora había miedo e Ino lo había notado tan claramente como la sangre en sus labios. Sentía hacia dónde se dirigía y por un vago momento escuchó la voz de Anko, resonando con aquel tono odioso.

"Yo cuidé de ti, Ino… y tú, mira nada más lo que quieres hacer ¿alguien tan importante para ti merece esto? "

—Y lo hago, Sai… sé que es difícil pero…

—No te entiendo –el muchacho frunció el ceño y le dio la espalda.—Decías que los otros, los de nuestra misma especie no eran más que monstruos y los abandonaste… hice lo mismo porque dijiste que podíamos sobrevivir a nuestra manera y ahora resulta que no quieres hacerlo.

—Porque terminamos haciendo lo mismo que ellos.

—Porque es nuestra naturaleza, esto es lo que somos, Ino…

—No llevas más que un par de meses así, Sai—atajó ella—… no tienes idea de lo que es reamente vivir así. No has matado ni a cuatro y aun recuerdas sus rostros; yo sólo recuerdo a seis en todos estos años… —le asió del brazo, girándole hasta estar frente a frente. Una sombra embargada por el recuerdo agrio cubría la mirada de la joven—…dale tiempo, Sai. Semanas. Meses. Años… y para entonces serán tantos que empezarás a olvidar sus rostros. ¿Quieres saber lo que es nuestra "verdadera naturaleza"? Ésa es. Siempre el verdugo, nunca la victima ¿Eso es lo que quieres por lo que resta de la eternidad?

El rostro de Sai permaneció inmutable, pero la máscara de inconformidad no era nada comparada con el terror y la confusión de su mirada.

"Sabes perfectamente a lo que me refiero, Ino y no vas a obligarme a hacer lo contrario", decía con aquel destello rapaz.

—Creo… que debemos dejar esto, Ino. –susurró tan bajo que ella apenas le escuchó. Se apartó del agarre de las pálidas manos de la rubia, sin despegar la mirada, como un desafío silencioso—Puedo arreglármelas solo.

Sólo entonces, siendo ya demasiado tarde, ella comprendió lo cruelmente que había caído en la trampa. Lo que Sai estaba haciendo era casi extorsión, pero ¿Qué alternativa cabía?
Sai se giró bruscamente y se fue, dejando a Ino sola en el consultorio, en el aún vibraba el eco de sus voces.

Ino resistió hasta que la puerta se hubo cerrado; entonces empezó a jadear. El aire agrio subía y bajaba por su garganta cerrada como un fuelle caliente. Echó mano de la última bolsa de sangre y absorbió su contenido con famélica avidez. El agreste sabor, levemente tibio y acerado se impregnó en su garganta como un torrente de fuego líquido.

Exhaló tras haber consumido casi más de la mitad de la bolsa.

¿Que importa que sea un placebo? Las palabras no tienen importancia si el asunto funciona.

0—

El día amaneció gris y ensombrecido por una densa niebla de humedad.

Sakura entreabrió un párpado, todavía con el estrépito de aquel aullido retumbando en su cabeza. La brisa helada de la mañana le dio de lleno en el rostro. Se incorporó por reflejo y se percató de hallarse parcialmente cubierta por una gabardina negra y pesada.

Itachi estaba detrás de ella, sentado y con la espalda apoyada contra el tronco de un árbol y la vista perdida en algún punto distante. El cabello largo y suelto ondulaba por la brisa como una marea negra y calmada. Estaba vestido únicamente con unos desvaídos jeans; la mirada aun somnolienta de Sakura se posó en las amorfas marcas y líneas carmesíes que cruzaban desde los omóplatos hasta los marcados pectorales del joven; tres tajos más iban desde la oreja izquierda hacia el mentón. Cortes profundos producidos recientemente por el filo de garras inhumanas.

Como si fuese un instinto condicionado, Sakura levantó una de sus manos, escrutando los dedos aun cubiertos por despojos de tierra y…sangre.

—Itachi…

Un año… yo…

Sasuke…

Él es el hermano de Sasuke… el hermano "muerto" de Sasuke…

Sakura sintió que el recuerdo volvía a envolverle. El pánico había sido sustituido por un sentimiento de culpa. El terror había sucedido al sentimiento de culpa. Y después se había instaurado una especie de apatía fatalista al tiempo que se iban cerrando suavemente ciertos circuitos emocionales. La apatía estaba teñida incluso de cierta sensación de alivio. El secreto había sido desvelado.

Él apartó los ojos del brumoso horizonte y se volvió. Muy suavemente, oyendo todavía el temblor de su propia voz, él reveló todo lo que era significativo, escupiéndolo como si fuera una horrible medicina demasiado amarga como para poder tragarla.

—Había podido controlarlo casi al año de que esa cosa me mordió, intentándolo todo, transformándome en cobertizos o en el bosque. Pasé todo ese tiempo, huyendo de todo lo que podía dañar…trabajo, amigos, lo que me quedaba de familia; por eso me fui, lo más lejos que pude. Era mejor que Sasuke creyera que estaba muerto a que supiese lo que soy ahora. Me enteré de que se casaría y aunque me había jurado no volver a Konoha, lo hice en verano del año pasado. Sólo quería asegurarme de que él estuviese bien… y entonces te vi, Sakura.

Alargó una mano hacia uno de los bolsillos del pantalón, sofá, y la cajetilla se le cayó al suelo. La recogió, sacó un cigarrillo y lo encendió. Las manos le temblaban tenuemente. Haciendo un gran esfuerzo, él la miró. Tal vez estuviera contrariado como creía, pero ella sólo pudo ver una especie de miserable miedo.

—No lo sé… no sé porque ocurrió lo del hospital. Me había encadenado contra una reja a mitad de la zona rural y Shisui estaba vigilante. Alguien había estado ahí… esto no puede contenerse en plenilunio y tú lo sabes. Hubo disparos y algo me había golpeado tan fuerte que perdí la conciencia hasta que volví a transformarme y… pasó esto.

—¿Por qué no me mataste también Itachi?

—¿Acaso importa?

—Me importa a mí… —Sakura se sintió invadida como por una especie de epifanía. Una avalancha de hechos, un conjunto de situaciones que su mente maquilaba desde ese momento, usando el reluctante "hubiera" como punto de partida. Si ese monstruo no le hubiera arruinado la vida… si se hubiera casado con Sasuke, si se hubiera quedado en Konoha, si nunca hubiera abandonado su trabajo en el hospital—Tenía una vida, Itachi… y amaba a tu hermano. Yo, no te culpo por esto… yo sólo quiero saber, ¿por qué volviste? ¿Por qué no me dejaste y ya?

La epifanía se perdió en un arrebato de baja intensidad.

—Lo único que quería era encontrar a la última persona con la que tuviera un vínculo. —él carraspeó, pareció escupir mentalmente en sus manos y después consiguió sacarlo con gran esfuerzo.—Creía que si te ayudaba… si me necesitabas, me aceptarías… Sakura.

Eso fue doloroso, pero él no despegó la mirada de la consternada expresión de Sakura, procurando explicarlo de la mejor manera, sin levantar la voz. Puesto que ella se lo había preguntado, se lo diría. Y lo había hecho.

Itachi tomó las manos de Sakura y habló muy en serio, mirándole a la cara, pensando —sabiendo— que tal vez jamás volvería a hablarle tan en serio o con tanta sinceridad, a ninguna persona.

—Quiero estar contigo, Sakura… Necesito estar contigo.

Un nudo se formó en su garganta y Sakura sintió entonces volver aquella fragilidad distintivamente humana. El aplomo del miedo y de la duda. La incertidumbre y la desolación que había pasado durante todo aquel año, lejos del hogar lejos de todo. Igual que él. Bajó la mirada y se cubrió súbitamente el rostro con las manos. Sus palabras sonaban amortiguadas, pero seguían resultando comprensibles.

E imposibles.

—No. —volvió a mirarle, esta vez llorando—. No, Itachi.

Miró fugazmente a Itachi y volvió a bajar los ojos. Él le tocó el rostro y ella dio un leve respingo. Eso dolió más que cualquier otra cosa, dolió mucho más de lo que ella hubiera podido creer. El sentimiento de culpa y el miedo volvieron de nuevo en una especie de transparente y abrumadora ola. Pero Sakura ya no lloraba. Pensó que tardaría mucho tiempo en volver a llorar. La herida y el consiguiente choque traumático habían sido demasiado grandes.

—Sakura… —dijo él—. Lo siento. Te he hecho daño y lo siento.

—Sólo… déjame. Por favor, Itachi.

No hubo palabras de por medio ni siquiera un gesto de asentimiento, perdón o reproche. La mochila de mano con su muda de ropa yacía a pocos metros de ella. Se enfundó en sus pantalones deportivos y su sudadera.

Se dio la vuelta, echando a andar contra la brisa, en dirección a Ame.

Dejándole atrás, igual que las hojas arrancadas por el viento.

0—

El anillo giraba sobre la mesa del comedor. Hinata escuchaba a Shisui hablar, casi como si estuviese a kilómetros de distancia. Tomaba la sortija, moviéndola de un lado a otro en la mesa como un chiquillo aburrido al jugar con una tapa de botella y hablaba. Las palabras parecían flotar en medio de una bruma densa y pesada en la mente de Hinata Hyuuga, pero las oía. El sentido y la razón inferían en ellas como una pesada esfera de acero a punto de demoler una pared.

—…Sólo piensa en lo que ocurrió, Hinata-chan… —clamaba Shisui desde algún punto alejado en su mente—…sácalo. Usa ésa ira… piensa en lo que ella te ocasionó…

Y ella cayó, como si un viento helado y mortífero le diese en la nuca. Cayó como si su cuerpo etéreo se precipitase hacia un pozo oscuro y sin fondo.

"Hanabi", reuía su mente.

—¿Qué es lo que quieres hacer, Hinata-chan? –instigó Shisui. El tono de sus palabras aceró un aire más seco. Más… insidioso— Ella está viva, ella no va a quedarse vagando entre su muerte y su descanso como tú… ella te hizo esto ¿Qué vas a hacer al respecto?

Si Hanabi hubiera tenido la confianza de decirme que estaba saliendo con Neji… si me hubiera dicho cuanto le hubiese gustado estar al frente de la empresa… tal vez pudimos haber arreglado las cosas con nuestro padre … en vez de lo que me hiciste…

La joven tenía la mirada perdida en algún punto muerto en la pared.

Y las ventanas comenzaron a sacudirse. Los focos y las puertas continuaban inmutables y en su sitio… pero esta vez, las cañerías y el cableado de la cocina comenzaba a medir fuerzas contra el control sobrenatural que se ejercía contra ellos.

Hanabi… Neji-niichan…

—¿Hinata? ¡Hinata!

Ahora el tubo del pretil y las llaves del suministro de agua y la canaleta colapsaron con el estruendo de una detonación ahogada. Algo crujió, como si hubieran estallado un petardo en el ducto de ventilación que iba desde la cocina hacia la planta alta. La pared del comedor y de la sala se combó como papel y Rock Lee creyó estar a punto de ir a buscar a Ino y a Sai antes de que la casa se derrumbara desde los cimientos.

Neji,,, la mente de Hinata se centró en él, viendo su imagen casi como si le tuviese enfrente. Neji-niichan… tu no serías capaz de hacer esto. Tú me protegías… tú me querías…

—¡Hinata!

Si Hanabi no escuchaba… si no podía acercársele siquiera, tal vez Neji…

—¡Hinata! ¡Detente!

Dos manos se posaron con aplomo y fuerza sobre los hombros de la joven y ésta sintió la energía, alebrestada y exaltada de Shisui Uchiha.

El trance se rompió.

Las paredes volvieron a tomar su forma recta, las grietas se cerraron quedando tan lisas como estaban anteriormente. El temblor en las tuberías se detuvo abruptamente y lo que sea que haya crujido en la estructura, reanudó su constitución original con un sonido tan crepitante como una varilla de madera al quebrarse.

Hinata alzó la mirada, encontrándose con el rostro estupefacto de Rock Lee junto a ella y el de Shisui Uchiha enfrente, más consternado que asustado. Parpadeó dos veces, paseando la vista en derredor.

—¿Q-q-qué… pasó? —entonces notó el sutil revoloteo de las cortinas, como si un viento interior las agitase y el crujido perezoso de las tuberías, menguaba apenas audible. Hinata exhaló hondamente—Oh no… -su atención se detuvo en la sortija, la cual giraba como si tuviese vida propia sobre el secante de la mesa—yo… yo ¿Hice eso?

Shisui le soltó sin apartar aquella expresión casi demencialmente emocionada de su traslúcido semblante.

—Y lo de la casa también –resolló. Espetó una entrecortada carcajada que asustó más a Hinata que el rostro aterrado de Rock Lee—¡Woow! No en serio… ¡Eso es potencial! Yo nunca…

—¡¿Potencial?! ¡¿Estás loco?! –Rock Lee se irguió con tanta fuerza que estuvo a punto de tirar la silla. Su semblante macilento enarcaba ahora una expresión casi iracunda hacia Shisui—¡¿Qué rayos estabas tratando de hacer?!

El aludido Uchiha se pasó una mano por detrás de la nuca. Hinata le contemplaba todavía sin atinar concretamente a lo que había pasado, y el anillo continuaba moviéndose, rotando sobre su eje como volantín.

—Hacer lo que tú no haces, ayudar a Hinata –resolvió Shisui sin mucho interés en el muchacho de pobladas cejas— ¿Crees que el numerito de la ultima vez funcionó? Paredes ensangrentadas y platos voladores es juego de niños, ¡Si queremos que la hermanita confiese, hay que usar artillería pesada!

—¡Pero no poniendo en peligro a los demás! ¡Menos a Hinata-sama!

—Ch-c-chicos… n-n-no es necesario que…

—¿Poniendo en peligro a quién? –clamó Shisui, posando ambas manos en la cintura y mirándole retadoramente—¡nosotros estamos muertos, y la casa…!

Rock Lee dio un manotazo en la mesa.

—¡Esta ni siquiera es tú casa! –reprendió—¡No estuviste esa vez cuando lo de Hanabi, ni siquera sabes lo que es estar al borde de perder el control! ¡No tienes ni la más remota idea, amigo!

—Tú moriste a menos de un metro de la meta en una simple competición final… ¿Tan patético fuiste? No vengas a darme lecciones entonces…

—¡Basta! –La voz de Hinata resonó como el eco de una campana en un pueblo deshabitado. El anillo se detuvo, quedando de canto y rodando hacia el vértice de la mesa. El metal resonó contra el linóleo del piso—Basta… por favor. Yo…y-yo estoy bien.

Sus labios enarcaron una sonrisa insegura. Una línea apenas visible en sus pálidas y suaves comisuras. Shisui exhaló y Hinata sintió menguar la ofuscación en su energía. Rock Lee asintió con la cabeza, sin embargo no dejaba de mirar recelosamente al Uchiha.

—Vale, creo que me pasé… el punto es –dijo Shisui dirigiéndose a Hinata e ignorando al alebrestado Lee—…aprovechar hasta qué nivel puedes controlar los objetos. Esto no esta nada mal, aunque un poco descolocado…

—El plan es lo que está descolocado –sin embargo, a Lee seguía pareciéndole una locura, y no pensaba callárselo—No me parece buena idea, Shisui-kun.

Este, ya sin ganas de pelea, simplemente apartó una silla girándola al frente y sentándose a horcajadas en ella, quedando frente a él y escrutándole con la misma seña que tendría un maestro hacia su alumno más problemático.

—Está bien, está bien… ¿Qué sugiere el "señor de la decencia fantasmal"? –entonó Shisui con un aire confianzudo pero lo suficientemente serio y seco—Asustarla en plan de película de serie B no funcionó, usar la energía etérea para hablar con ella en sueños ¿funcionó? ¡Ah!, no… tampoco, entonces…

—¡Tampoco es para que pongas a Hinata-sama en peligro como si no importara!

—¡Si no me importara no estaría aquí, "cejotas"!

—D-d-d-dejen de pelear… ¡por favor! …

Hinata habló de pronto, quedando en medio de los dos chicos y callando abruptamente en cuanto notó que éstos le miraban atónitos por el ofuscado gesto. Pese a no tener pulso, sintió que su respiración se había cohibido cuando deparó en la mirada expectante de Shisui y Rock Lee y se ruborizó como una chiquilla a la que pillan en una travesura.
La simple razón: parecía notar que ellos estaban peleándose… por ella. O al menos la imagen le dio de lleno en la mente, haciendo que sus intangibles mejillas se colorearan como manzanas.

El anillo que había pertenecido a Hinata rodó inanimadamente hacia sus pies y le distrajo del azorado contacto visual. Con un esfuerzo por desvanecer el rubor de su rostro y concentrándose en otra cosa que no se lo recordase, Hinata levantó el anillo, el único objeto tangible que podía sostener en sus manos, y volvió a dirigirse a los muchachos.

—Tengo una idea…

—No voy a hablar con Hanabi. –Hinata se alzó, temerosa y dudosa aun pero con aquella idea que había osado no desvanecerse de su psique. Shisui y Rock Lee le miraron al unísono. La joven apartó la mirada clavándola en el anillo, inmóvil y brillante junto a uno de los flancos de la mesa—Quiero… q-quiero intentarlo con Neji. Él… él…

—¿Tu ex prometido? –Shisui irrumpió la tartamudeante diatriba.

Hinata asintió, cohibida únicamente en sus palabras, pero con un brillo enarcado y apremiante en sus orbes color perla.

—Él… él era diferente. Tal vez… tal vez pueda arreglar las cosas con él –dijo con la voz en un hilo de miedo y duda.

Una mano le tocó el hombro, Shisui, aun contrariado por la intempestiva sugerencia de ella, corroboró con una sutil sonrisa.

—No apostaría todo a ello, Hinata-chan –dijo—…pero podríamos intentarlo.

Entonces la idea comenzó a cuajar. Los cabos se ataban lentamente, alineándose la situación perfectamente al tiempo que necesitaba. Hinata lo había estado pensando en silencio, desde que viese por ultima vez a Hanabi; hacía unas semanas atrás y en ese entonces la idea no era más que una fugaz suposición, un simple "Y si pudiese" delegado a la lógica; y ahora, simplemente había pasado de descabellado a permisible. La fecha se había acercado y tal vez podría usarlo como un as bajo la manga.

Las cuentas que Neji administraba… incluyendo la suya, la que Hanabi no había podido obtener…

Tal vez ése fuese un móvil perfecto. Un pretexto perfecto para visitar a Neji Hyuuga de la rama secundaria.

0—

Ino Yamanaka miró los restos ambarinos en el envase de té helado, antes de cerrar la tapa y botarlo al cesto de basura. Frente a ella, Sakura parecía tener la misma desganada expresión en su rostro. Caía la tarde con una pereza inusual en aquella semana de verano y la cafetería enfrente del hospital estaba tan desértica como si se fuese más allá de la medianoche.

Tras lo contado por Sakura, habían pasado casi cinco minutos sentadas, fumando en silencio, cuando Ino finalmente habló en voz baja:

—Los hombres son imbéciles… —Apagó la colilla del cigarrillo en el cenicero—Muertos, vivos, humanos o no, son imbéciles. –la línea en las comisuras de sus labios color coral se curveó a modo de burla, aunque Sakura supo que se trataba más de una mueca de autocompasión. Suspiró hondamente—No se puede vivir con ellos ni sin ellos, por desgracia.

—Prefiero oírte decir eso que el fastidioso "te lo dije" –corroboró Sakura con aire ausente

Ino espetó una especie de risa entrecortada. Más fingida que otra cosa.

—Bueno, no me esperaba que Itachi resultase ser el hermano de tu ex. ¿Sabes? Hasta suena retorcido en cierto modo.

Sakura gruñó, exhalando una corta bocanada de humo.

—Todo este tiempo –murmuró casi para sí misma—Creo que lo sabía pero no quería darme cuenta.

—¿Vas a dejarle? ¿Así nada más?

—Yo nunca estuve saliendo con él, Ino.

—Bueno, es cierto. Lo del acostón fue meramente instintivo, ¿verdad "frentuda"?

—Podría seguir preguntándote por Sai, "Ino-cerda".

Touché. –resolló Ino.

Parecía enferma; en su rostro se observaba un brillo amarillento que a Sakura no le gustaba en absoluto. Se le podía llamar neurosis de guerra, fatiga de combate o lo que se quisiera, pero lo que se quería decir con ello era que uno se estaba muriendo de miedo y se sentía atrapado en una guarida de ratas. Era estar mirando en la oscuridad y ver algo que estaba a punto de devorarle a uno.

—Podría culpar a Anko o a Danzo-sama; él a fin de cuentas es el responsable de Sai. Yo no lo convertí…—dijo Ino, haciendo ademán de sacar otro cigarrillo—. Pero era de esperarse que pasara esto. Tal vez vuelva, en cuanto comenta otra estupidez o se harte. Lo que sí es que no lo he visto desde que se fue, y dudo que tras esto, Izumo o Kotetsu le dejen continuar archivando los expedientes en el área de control.

—Cómo si hiciera falta. Ao-sama ha estado quejándose que el área de Urgencias parecía sala de locos desde antier–Sakura dio una chupada al nuevo cigarrillo, hizo una mueca y lo apagó en el cenicero—. Shiho, de cardiología desapareció. ¿Sabes algo de eso?

Ino sintió un escalofrío y percibió que su voz había adquirido un súbito temblor lloroso.

—Muchas cosas pasan aquí —dijo con falsa serenidad—Y no siempre tiene que ver con nosotros; no te limites a los vampiros, sabiendo que hay más cosas allá afuera —Ino hizo una pausa, mirando a Sakura. Ésta le devolvió una mirada muy seria—. ¿Qué quieres que diga? Yo no traje a un salvaje desconocido a la casa.

—Yo estuve con Itachi todo éste tiempo.

Ino asintió y después se encogió de hombros.

—Posiblemente un accidente entonces. La gente muere todos los días.

—Yo no dije que estuviera muerta, dije que desapareció. Las únicas muertes que ocurrieron fueron las de ésos chicos en la cafetería… la noche que tú y Sai salieron enfurruñados de la casa.

—Estás exagerando... —empezó a decir Ino pero después cerró la boca de golpe. Exhaló, con una risilla tan falsa como un billete de tres ryo—Ya nos hubieran reportado los cuerpos si alguno de nosotros tuviese algo que ver.

Por fin Sakura pudo ver que aquella asustada y vaga expresión desaparecía de los ojos de su amiga. Una súbita luz perspicaz apareció en el rostro de Ino y la expresión de pánico fue sustituida por otra más velada.

Daba la impresión de estar mintiendo.


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo: AUNQUE SE DESPLOMEN LOS CIELOS


N/A:Y es aquí donde mi vena fangirlista corre y se oculta a llorar bajo las sábana... ok, el Itasaku se ha terminado?... la verdad hay cosas que me hacen pensar que pueden existir segundas oportunidades... aprovecharlas, joh, ese sería otro punto a favor.

En fin... os dejo como siempre, incitándoles a comentar y continuar al filo de esta historia. Nos leemos el viernes!