Saludines estimadas lectoras! Una disculpa por la ausencia del viernes, mi lap me llevó al borde de la locura con sus desfragmentadas improvisadas pero bueno... aqui estamos y es hora de leer!
BEING HUMAN
Cap. 19.- AUNQUE SE DESPLOMEN LOS CIELOS
Las nubes de tormenta empezaron a acumularse a eso de las cuatro, purpúreas y colosales, preñadas de lluvia, cargadas de rayos. La gente hacía sus recados a paso rápido con cierta intranquilidad, con un ojo puesto en el cielo. Los parques y plazas de Amegakure, poco poblados durante el verano quedaron desiertos alrededor de las seis.
Los truenos resonaban, grueso; eso y el grave murmullo del tráfico en la calle principal eran los únicos sonidos que llegaban por la ventana del recibidor de la Funeraria Shimura.
Hasta que Ino Yamanaka llegó.
—Y la hija pródiga vuelve al redil… —Anko sonrió con un entusiasmo odioso enarcado en sus mordaces labios—¡Mi querida niña…!
—¡Guárdate tu hipocresía para quien se la crea! –la rubia avanzó directa y decidida hacia el escritorio—¡¿Qué rayos le has hecho a Sai?!
Anko puso los ojos en blanco con apatía.
—Lo siento "princesita", pero nosotros no tuvimos nada que ver. Las cosas pasan así, nada más, nosotros sólo nos ocuparemos de lo que tú has arruinado, como siempre.
Ino le lanzó una mirada envenenada. Sin perder el ufano y displicente porte, la mujer de oscuros cabellos se limitó a erguirse levemente sobre la mullida silla.
—Tú lo reclutaste, pero luego, lo abandonaste. Se despertó con nosotros, no sabía dónde estaba y preguntaba por ti. Nosotros nos encargamos de él lo mejor que pudimos pero entonces, tú intentaste recuperarlo.
Ino sintió un trago amargo en la garganta.
—Fue… —musitó dudosa. Luego segura—Sai fue a buscarme. Por voluntad propia.
—¿Y qué querías que hiciera? Eras su mundo, Ino y ni así te importó –Anko se levantó, yendo hacia la joven a paso parsimonioso—Las cosas no funcionan así, niña. Cuando yo te recluté, no te abandoné. Me ocupé de ti, ¿Sabes porqué? Porque eras mi responsabilidad.
—Yo también lo estaba ayudando.
—¿Cómo? ¿Haciéndole creer en tu ridícula y estúpida manía? –se burló Anko en tono acusador.
—¿Mi qué?
La mujer se giró sobre sus talones y contempló a la rubia con un fuego de ardiente suspicacia en los ojos.
—Eso que estás haciendo con tu pulgosa amiga de pelo rosa. Alquilando un departamento en medio de las "presas", fingiendo que son seres humanos. Y lo mismo querías hacer con el pobre muchacho.
—Yo…
—Tú le arrancaste su mortalidad y ahora quieres recomponerla con retazos de conducta humana. ¡Eso es cruel, Ino! ¿Por qué no lo dejas "vivir" como el ser en el que tú lo convertiste?
Ino reprimió un suspiro de impaciencia.
—¿Y dejarlo con alguien como tú?… o peor aún, ¿cómo Danzo?
—Por lo menos soy consecuente. Cosa que tú no eres…
—¡No eres más que una basura! –exclamó Ino— ¡Si has llegado hasta aquí ha sido por meterte bajo las sábanas de inmundicias como Orochimaru…!
Anko abrió la boca para empezar su diatriba. Ino se puso tensa, aguardándola, pero en el último segundo, Anko cambió de idea y le propinó una fuerte bofetada con el dorso de la mano.
—¿Y te crees con más derecho que yo? Mírate nada más… —Susurró Anko, contemplándole con un gesto odiosamente lastimero y compasivo—Eres una vergüenza para nosotros, Ino. ¿Qué pensaría tu padre? ¿Qué crees que haría en Consejo en cuanto se enterase?
La expresión de Ino, azorada por el golpe, enarcó una furia silenciosa y contenida.
—Yo sabré lo que hago. –dijo bajando la voz. No asustada, sino pausando la ira y el enojo que podrían hacerle perder el pie de la situación. Iba a arreglar las cosas a su manera, no a armar una escena. No. No ahora—Es mi vida y lo que haya decidido hacer después de abandonarlos a ustedes, no tiene porqué importante.
La mujer se giró hacia el portón, deteniéndose en el umbral. Una sombría sonrisa cruzó los labios de Anko Mitarashi.
—Claro. No nos importa… —musitó Anko. El brillo nacarado de sus colmillos relucía con la mortecina lámpara del escritorio—Tampoco que convivas con una perra rabiosa que tarde o temprano terminaría descuartizándote como a mis muchachos… pero bah, no nos importa… ¿verdad?
—¿Qué?
Ino le miró por entre el mechón de su cabello. Su rostro aún estaba contrariado y sus ojos demasiado abiertos.
—Cierto, debí habértelo dicho antes. –se humedeció los labios con una mueca cancina y displicente—A tu loba le gusta ensañarse con los de nuestra especie —Anko murmuró tan bajo y lento como una sentencia. Sus ojos brillaron con una celeridad demoniaca— Ponle un bozal a tu perra, Ino… o lo haremos nosotros.
Anunció con tono helado, antes de darle la espalda a Ino y salir dando un portazo.
—0—
Neji pasó buena parte de aquella tarde de víspera del largo fin de semana repasando los detalles de las cuentas con Hanabi. La joven se había tornado tan meticulosa con los detalles que casi parecía paranoica.
La histeria que secundó a esos episodios en los que ella terminó llamándole a deshoras para revisar las tuberías, cerrojos y conexiones en su apartamento menguó hasta casi desaparecer. Convirtiéndose en lo que él había tomado como un "lapso de depresión y estrés post-duelo".
A casi tres meses de la muerte de su hermana mayor…
Asesinato, recordó internamente. Su mente lo rebulló. No… asesinato consensuado. ¿O sería más elegante llamarlo "trabajo en equipo"?
Neji Hyuuga negó los pensamientos como quien desecha ideas incoherentes al recién levantarse. Lo olvidó con la misma facilidad con la que olvidaba los sueños entrecortados de la noche anterior.
Pensó marcharse temprano y decidió regresar y echar primero un vistazo al correo de la tarde. Ko, su asistente, ya se había marchado. No había más que una carta en sobre cerrado encima del secante de su escritorio.
La tomó con curiosidad, observando en primer lugar la palabra PERSONAL, escrita bajo la dirección, y, en segundo, el hecho de que habían escrito la dirección con grandes letras de imprenta. La sostuvo entre las manos y le dio la vuelta, advirtiendo que una inquietud se introducía subrepticiamente en su estado general de agotado bienestar. En el fondo de su mente, sin que apenas se diera cuenta, experimentó el repentino impulso de romper la carta en dos mitades, en cuatro trozos y en ocho y arrojarlos a la papelera.
Pero, en lugar de eso, la abrió y sacó una sola hoja de papel.
Más letras de imprenta.
El sencillo mensaje le azotó como un directo justo por debajo del corazón. Más que sentarse, se derrumbó en el sillón. Dejó escapar un leve gemido, como un hombre que hubiera perdido súbitamente todo el resuello. Su mente estuvo emitiendo un ruido blanco durante un período de tiempo que él no supo — no pudo — comprender ni concebir. Si Ko hubiera entrado en aquellos momentos, hubiera pensado probablemente que Neji sufría un ataque cardíaco. Tenía el rostro blanco como el papel. Su boca estaba abierta. Unas medias lunas azuladas habían aparecido por debajo de sus ojos.
Volvió a leer el mensaje.
Y lo leyó otra vez.
Al principio, sus ojos se sintieron atraídos por la primera interrogación:
¿PORQUÉ AYUDASTE A HANABI A MATARME, NEJI NII-SAN?
Es un error, pensó confusamente. Nadie sabe lo de Hinata… nadie lo sabe más que yo... bueno, Hanabi.
Después, dolido, empezó a experimentar las primeras angustias del miedo. Se pasó una mano por el largo y lacio cabello. Dejó la carta en el escritorio y se pasó ambas manos por el cabello. Seguía experimentando aquella sensación de punzada y jadeo. La sensación de que su corazón estaba bombeando aire en lugar de sangre. Experimentaba miedo y confusión. Pero, de entre aquellos tres sentimientos, la emoción que más le dominaba y abrumaba era la de un miedo terrible.
La carta le miró con furia y le gritó:
NO FUE JUSTO. YO LOS QUERÍA A AMBOS… NEJI-NII-SAN…
ESTO NO PUEDE QUEDARSE ASÍ.
Ahora sus ojos se clavaron en esta frase, sin querer apartarse. Pudo oír el rugido de un avión en el cielo, abandonando el aeropuerto, elevándose, alejándose, dirigiéndose a lugares desconocidos, y pensó:
ESTO NO PUEDE QUEDARSE ASI.
Oh no… alguien lo sabe. Alguien lo sabe y lo dirá. Lo expondrá. Lo exhibirá y yo… yo…
Ahora sus ojos pasaron a la última frase y fue ésta la que leyó una y otra vez, como si tratara en cierto modo de grabar en el cerebro su significado. Aquella terrible sensación de miedo seguía interponiéndose en el camino.
Sí. De repente tenía toda clase de preguntas. Lo malo era que no parecía querer respuesta a ninguna de ellas.
Un nuevo pensamiento cruzó por su mente. ¿Y si Hiashi-sama no hubiera regresado a casa? A menudo asomaba la cabeza al despacho de Neji antes de marcharse, en caso de que la luz estuviera encendida. Era mucho más probable que lo hiciera esta noche, con el pendiente de las cuentas depositadas a su nombre… y al de Hanabi. La idea llenó de pánico a Neji y un absurdo recuerdo afloró a la superficie: el de todas aquellas veces que se había estado masturbando en el cuarto de baño en sus años de adolescente, incapaz de contenerse, pero con un miedo terrible de que todo el mundo supiera exactamente lo que estaba haciendo allí dentro. En caso de que Hiashi entrara, se daría cuenta de que estaba ocurriendo algo. Y él no quería. Se levantó y se acercó a la ventana que daba al aparcamiento del edificio, situado seis pisos más abajo. El Altima perlado y brillante del patriarca y jefe de Hyuga Accounts no estaba en su espacio correspondiente.
Hiashi Hyuga ya se había ido a casa.
Saliendo de su ensimismamiento, Neji prestó atención. Las oficinas estaban totalmente en silencio. Se percibía aquel resonante silencio que parece ser característica exclusiva de los lugares de trabajo, una vez finalizada la jornada laboral. No se oía siquiera al viejo vigilante Sorato yendo de un lado para otro. Tendría que registrar su salida en el vestíbulo. Tendría que...
—Neji…
Ahora hubo un rumor. Al principio no supo lo que era. Lo comprendió al cabo de un momento. Eran unos gemidos. El rumor de un animal con una pata destrozada. Mirando todavía a través de la ventana, vio que los automóviles estaban abandonando el aparcamiento en grupos de dos y de tres.
—Neji… Neji-nii…
Los gemidos seguían produciéndose.
Miró por encima del hombro y vio que el amplio pasillo que daba hacia la salida se había convertido en poco más que una brumosa silueta. Unos pasos más y la niebla se lo tragó. Estaba solo en medio de aquella blancura y únicamente el diminuto sol plateado de la lámpara del techo le estaba mirando.
El corazón le subió a la garganta y él retrocedió un paso al tiempo que sus músculos se ponían en tensión como rollos de alambre.
No… esto no es más que una visión. Estas tenso, Neji… mucho trabajo, mucha presión. La carta y lo que había en ella no es más que una visión acarreada por el estrés. Es lo que le pasó a Hanabi… tú sólo estás sugestionándote por…
—¡Hinata!
Una sombra emergió de entre la niebla.
La garganta de Neji empezó a emitir un gemido. Dio un vacilante pasó atrás, con la mano derecha apoyada suavemente en el alféizar de la puerta, con los nervios sujetos por unos resortes tan delgados como filamentos.
No… tú estás… Hinata-sama… estás…
Hinata Hyuga caminaba lentamente hacia él como una visión vaporosa. Neji la miró, notando que su respiración alcanzaba una fase de indolora pero total paralización en su garganta. Era ella. Era Hinata pero...
Pero, oh
(oh, Dios mío)
Los ojos de la joven se clavaron en los suyos. Estaban blancos como huesos y húmedos. El cabello lacio, largo y negro azulado caía sobre su rostro como una cortina.
—Neji… Neji nii-san…
Neji parecía no poder moverse. No respiraba. Marea baja absoluta en sus pulmones, tan sólo pudiendo exhalar a cortas bocanadas.
—No… no… Hinata… Hinata está…
—Neji… ayúdame.
Hinata –o lo que el sentido común de Neji Hyuga asoció con su ex prometida muerta- habló. Y él le oyó, tan clara y vívidamente como si estuviese…
Viva. Dílo, es perfectamente lógico… tras un día de trabajo de doce horas estas lo suficientemente cansado y agotado como para evocar a tu ex novia muerta y asesinada y la escuchas hablándote como si estuviera tan viva como tú y…
—Neji… Hanabi lo hizo… ayúdame a que se entregue… tú me querías… tú me amabas… por favor, Neji nii-chan
Y la cordura cedió. Se doblegó como un cartón empapado.
—No… ¡Yo no hice nada! –sin tener voluntad, sin siquiera medir las palabras, éstas brotaron de la boca del muchacho como un torrente descontrolado—¡Hanabi lo hizo… fue su idea… yo….! —Sus manos eran unos estúpidos bloques de carne situados al sur de sus muñecas, carentes de toda sensación. Y no dejaba de tartamudear aquello que había escondido para sus adentros. –¡NO ES MI CULPA! ¡DÉJAME EN PAZ! ¡DÉJAME EN PAZ!
Y ante la atónita mirada de Hinata, Neji emitió un grito estridente, cortó y patético... antes de dar media vuelta y pegar carrera hacia el ascensor, encontrándolo cerrado, oprimiendo todos los botones con la palma de la mano, abriéndose… para encontrarse nuevamente con ella.
—Neji, por favor…
Pero éste gritó, más fuerte y se lanzó hacia las escaleras. Dos pisadas fueron en falso y el renombrado contador del departamento de la rama secundaria, ataviado en su caro traje sastre color borgoña y cuidado cabello castaño y largo; cayó con la gracia de un costal de patatas hacia el pasillo que comunicaba al lobby. Salió corriendo ante las expresiones, gestos y miradas sorprendidas del conserje recién llegado y tres empleados que acababan de terminar su jornada.
Neji corrió hacia su auto. Hubo un chirrido despotricado de llantas. El terrible rostro de la culpa desapareció de su vista.
—0—
Una llovizna calmada pero constante abatió el cielo de Ame al caer de la tarde, casi para colmo del ánimo que había abatido a Naruto en la última semana. Una mañana horrenda de trabajo, cinco llamadas eludidas de su "preocupadísima y mortificada" madre –Naruto se incomodaba demasiado con aquel eufemismo constante de Kushina al restregarle el hecho de que la había "abandonado" por culpa del trabajo- y la tediosa labor de archivo por lo menos habían tenido su lado bueno en lo que iba del día.
Naruto Uzumaki miraba el plato de ramen como si contemplara el mismo rostro de Kamisama. Un difuso hilillo de saliva avistaba de su labio inferior mientras sus manos desprendían los palillos con pulso emocionado.
—¡Justamente era esto a lo que me refería! –miró hacia la joven de cabellos rosas que estaba frente a él—¡Sabía que tenía que haber algún restaurante decente en este pueblucho, 'ttebayó!
Sakura se limitó a suspirar difusamente.
—Vale, no es para que armes tanto escándalo, Naruto.
—Ya… aungh así… —resolló él, llevándose todo cuanto podía de comida a la boca—¡…mehg dagh mussho gusthooh que pudiesshes acompañarmeegh a comer… Sakuraaahg-chaan!
—Sólo no lo hagas una costumbre —musitó Sakura. Arqueó una ceja, casi en ademán severo—¡Y no hables con la bocota llena, baka!
Naruto asintió toscamente y volvió a esconder el rostro detrás del tazón. Sakura permaneció sentada en silencio, contemplando el bocadillo que se le estaba apelmazando mientras su mente volvía de nuevo al punto de partida.
Itachi. Ahora no sólo bastaba con el recuerdo de aquel último diálogo y la precipitada salida de escena como para torturarle la mente, sino el aroma húmedo y salvaje de él todavía persistente en sus poros.
Luego de dos efusivas duchas tras llegar al solitario apartamento –Hinata, muerta y depresiva tenía más vida que ella y últimamente salía más que ella e Ino- y media tarde de sueño interrumpido por vagos e inconexos recuerdos, el tema seguía renuente a abandonarle. Y no se culpaba que por ello terminase aceptando la improvisada reunión con Naruto esta tarde.
"¡No es una cita, sólo que ya me harté de comer esas cosas pre congeladas del minisúper frente a la jefatura de policía, dattebayó!" Había clamado el rubio con impaciente tono esa mañana desde el otro lado de la línea para luego proseguir con una cantaleta de insistentes "por favor" en versión casi ultrasónica. Y ella todavía con los sentidos alebrestados por el anterior plenilunio, el olor lobuno de Itachi clavado en su piel –y en el resto de la casa- y la cabeza pulsándole a mil… aceptar la invitación fue lo más sano que podía hacer.
Y ¿por qué no ponerle al tanto de todo, de una vez? Se había dicho que no habría más secretos… al menos mientras insistiese discreción con lo que tenía que contarle. Y discreción era uno de los gestos más imposibles para Naruto Uzumaki, y algo que ella había chantajeado con la invitación a comer. Mientras el muchacho de facciones zorrunas se atragantaba de miso ramen y una sobrellenada ración de nori y verduras, Sakura le contó de la manera más abreviada, entendible y "calmada" todo lo referente a Itachi y…
—¡¿El hermano de Sasuke-teme te hizo esto?! ¡E-e-ese… ! –tan pronto como tragó el último fideo de su segundo tazón, plantó ambas manos con un sonoro ¡plamp! sobre el secante de la barra.—¡Maldito monstruo! ¡Voy a llenarle esa estúpida cabezota Uchiha de plomo! ¡No! ¡Plata! ¡Voy a abrirlo a la mitad y…!
—¡Naruto! –Sakura le tomó del brazo obligándolo a sentarse, impostando una sonrisa apaciblemente forzada mientras que sus ojos lo fulminaban arteramente—Baja… la voz..
Este espetó una estridente risa, se pasó una mano por la nuca y repetía una disculpa ufana y cortada. Un grupo de muchachos todavía con el uniforme de preparatoria le miraron desde el extremo opuesto de la barra mientras Naruto gorjeaba fingidamente.
—Perdón, perdón, perdón… jejeje –resolló el muchacho con efusivo ademán—Es que… me emociono con esas películas –fingió.
Los estudiantes de preparatoria volvieron a sus trivialidades al igual que el resto de la gente en el restaurant. Naruto se quedó ruborizado y silencioso por una fracción de minuto, moviendo inquietamente los dedos sobre el tazón vacío.
—En realidad… haría eso por ti, Sakura chan…
—¿Haz sabido algo de Sasuke? –ella acortó el comentario, muy obvia en no haberle escuchado.
Naruto se encogió de hombros.
—No más de lo que supe la semana pasada... ehm, —miró de reojo la carta de postres y luego la contempló a ella con un silencioso "¿puedo?". Sakura asintió y él alzó el brazo hacia el mesero, pidiendo una media orden de dangos y una taza de té amargo. Suspiró con saciedad y reanudó lo que recordaba—Por lo que Kakashi-sensei me dijo, ha estado trabajando a deshoras en un caso de Otogakure, unos desaparecidos o algo así… Kakashi comentó que apenas y duerme. Las últimas veces tenía que sacarlo a la fuerza de la oficina.
—Supongo que aun tiene el anillo… y que ya ni siquiera pregunta o dice algo de mi.
Naruto dio un trago largo al té. Se escaldó la lengua pero el silencioso pesar enarcado en la última frase de Sakura arrancó toda su atención.
—No… —arguyó con cruel pero notoria sinceridad. Olvidándose del escosor de su lengua, dio una mordida tosca a la primer brocheta de dangos y emuló una sonrisa fingida—Peggho ya ves… cgomo ezgh elg teeme –farfulló con la boca medio llena. Tomó más té esta vez con la premura de no quemarse—Sasuke es así, se queja en silencio y aunque se esté quemando en carne viva no dirá nada. Pero tras un año de ausencia yo diría que sería mejor hablarlo.
Sakura dejó los restos del bocadillo de albóndigas y le contempló si ninguna emoción en particular. Casi como si estuviese hablando al vacío.
—¿Hablarlo? –entonces sus ojos denotaron una peculiar mueca indecisa, dudosa y meditabunda—Esto no se puede hablar… así como así, Naruto. Y conoces a Sasuke, él…
—Si te quería debería escuchar, dattebayó. –entonces una pregunta, lejana y dolorosa volvió a aplomarse en su mente. Una interrogante que había estado ocupándole el pensamiento desde que volvió a encontrarla… y por más que doliese hacerla, tenía que decirlo—¿Tú aun lo amas?
No hubo un sobresalto más allá de un simple alzamiento de cejas en el semblante de Sakura Haruno y un suspiro corto que no denotaba más que aquella respuesta a la que había estado rehuyendo en toda la mañana.
—Con todo esto que ha pasado… en todo un año…—musitó—E Itachi…
—¿Aun amas a Sasuke?
Cuando movió la vista desde su plato hasta Naruto, encontrándole con sus azules ojos escrutándole fijamente como seguro lo haría con los sospechosos que caían en la jefatura, no supo que más hacer.
—No lo sé. Es mucho tiempo, Naruto… y esto… esto que me pasa cada maldito mes es…
—Sasuke debería entenderlo. Si hablases con el imbécil en vez de estarle sacando la vuelta y le explicases; seguro lo entendería.
No lo haría. No… no desde que su hermano y yo… ¿porqué no puedo sacármelo de la cabeza? Él… él no…
Miró el reloj empotrado en la pared junto a la barra de bebidas.
—No lo entendería, yo lo sé. Sasuke no es así. —Sakura tomó su bolso, dejó la cantidad correspondiente a lo que ordenó junto a Naruto—Tengo que irme, me toca el turno de las siete.
Salió dejando a un ensombrecido y silencioso Naruto, mirándole salir con paso apurado hacia la estación del metro.
—Yo si lo entendería –dijo para sí, mientras sacaba su billetera para pagar su parte—Yo sí lo entendería, Sakura-chan… y no me importaría, dattebayó.
Estando a punto de levantarse, vio el teléfono móvil de ella detrás del cuenco para los palillos.
Bien, ahora además de olvidado la tendré que hacer de mandadero, pensó con aire diletante mientras lo tomaba y lo guardaba en el bolsillo de su chaqueta, antes de salir a la odiosa lluvia y con rumbo al apartamento de las chicas.
—0—
Dejó de conducir, frenando en seco mientras la brisa le daba de lleno por la ventanilla abierta. Neji tenía ambas manos aferradas al volante, los nudillos tiesos y blancos por la fuerza del apretón. Su mente todavía era un torbellino de ideas, recuerdos y sobrecogedoras suposiciones.
Hinata… no, Hinata estaba muerta. ¿Y si lo que decía Hanabi era verdad? ¿Y si aún estaba en la casa? ¿Y si nunca se había ido? ¿Qué hay más allá de la vida?
Encendió el radio a fin de tener un ruido de fondo que no fuese el vacío que había en la cuneta de la carretera rural de Ame. Había conducido sin rumbo fijo… hasta percatarse de que lo estaba haciendo en automático, como si en Neji-inconsciente hubiera tomado el volante mientras el Neji-consciente habia enmudecido y cagado de miedo.
Iba a Ame… ¿Qué había en Ame? Ah, si… la casa de Hinata y…
Ella está muerta ¡esta jodidamente muerta y enterrada en el cementerio familiar de Konoha! A Miles de kilómetros… ¡No era ella la que estaba en la oficina!
La diletante voz de un grupo occidental se entrometía en sus pensamientos. Él subió más el volumen pero su cabeza… o su cordura no se callaba.
¡Está muerta! Sólo los idiotas y los niños creen en fantasmas… lo de la casa de Hanabi eran tuberías enmohecidas, y lo de la oficina…
La nube de humo, las voces. ¡La carta!
Las cartas las escriben los vivos.
Era su caligrafía. Él mismo la conocía por la mesura y cuidado con que lo hacía en los sobres, cheques e informes de la compañía. Esa letra estilo palmer, redondeada y de suaves bordes. Hanabi no podía imitarla aunque lo había intentado, consiguiendo una tosca copia ovalada y temblorosa por la duda en el pulso.
Hanabi no lo hizo, ella es demasiado torpe para falsificar. Ella no querría arruinarnos el numerito, eso yo lo sé, porque si yo caigo ella lo hará conmigo… es un pacto… y aunque los cielos se desplomen...
Pero la carta. La voz y el semblante de su ex prometida, emergiendo de la bruma como la tipeja de aquella película que salía de la pantalla del televisor para devorar el alma de los pobres infortunados… como lo que era, un fantasma… un alma en pena…
¡Y un demonio! Hinata está muerta y lo diré hasta el cansancio. Lo de la oficina fue un truco. Lo de la casa de Hanabi una estúpida tubería… lo que vi, fue humo y espejos. Esa carta la hizo alguien más. Alguien que lo sabe.
Entonces su corazón dio un vuelco. El miedo se convirtió en una fría suposición. Una idea que comenzó a ganar terreno en su mente.
Alguien lo sabe… en la casa. En la casa de Hinata…
Más calmado pero menos sudoroso, tomó la agenda que reposaba en la guantera. Una desgastada libretilla de hojas amarillentas. Apenas la sacó y el pagaré del primer mes de renta cayó en el asiento del copiloto. Un talonario grisáceo firmado por él y por Ino Yamanaka.
Encontraron algo. Algo que creen que servirá… ¿pero qué saña tendrían dos simples chicas para echarles a perder el número de "desaparece a la Hyuga rica"? esto no les incumbía y menos si se metían con alguien como Neji Hyuga. ¿Y si tenían algo que ver con lo de Hanabi? Y la carta… ese papelucho incriminaba. Era una grosería, un incordio a su plan…tal vez quedó algo incriminatorio en la casa. Quizás, también debió haberse deshecho de la casa…
Tal vez.
Puso el auto en marcha y bendijo muy internamente estar en el camino adecuado. Subió el volumen del radio a más no poder.
Creo que les haré una visita…
—0—
El plan marchó a la perfección, al menos a como lo tenía originalmente trazado. Aunque Hinata seguía sintiendo aquel cúmulo de lástima y arrepentimiento por la hosca reacción de Neji. Shisui había ayudado con el efecto de la bruma; era algo casi inverosímil saber cómo alguien podía manipular el ambiente de esa manera. Energía, había dicho rotundamente, casi con el tono de un maestro de cátedra; energía es la base de un poltergeist… y estamos hablando de las ligas mayores.
Y resultó. Ahora el resto sería esperar, como dijo él. Rock Lee no se había sumado al "proyecto" y había estado enarcando una y otra vez que no sería buena idea. Desapareció todavía enfurruñado cuando ellos se fueron a las oficinas Hyuga.
Ahora eran las siete y media de la noche y la casa estaría sola hasta la madrugada, para cuando llegasen Ino y Sakura. Hinata no preguntó por el "último añadido" o sea, Itachi, pero la sombría expresión en Sakura denotaba mucho de lo que podría responder. Shisui había opinado que lo más lógico es que pudo haber alguna disyuntiva, debido a la posterior luna llena.
—Cosas de lobos, si no se cargan una casa se están peleando como perros tras un hueso— rió Shisui cuando Hinata se lo comentó—Y hablando de bestias, creo que iré a buscar al pulgoso de mi primo… para asegurarme— y fue lo último que dijo antes de esfumarse como humo.
Eso fue hacía media hora. Antes de que el dintel de la puerta resonara una corta y única vez. Ella se quedó quieta detrás de la mirilla hasta que vio el jovial rostro de Naruto Uzumaki al otro lado de la puerta.
Su primer impulso fue un azorado e inexplicable rubor en sus traslúcidas mejillas. Esto había ocurrido desde la última vez que le viera y ya hacía casi un mes. Simplemente no lo podía evitar… aquellos brillantes y siempre atentos ojos azules y esa sonrisa tan desenfadada.
Neji nunca le había sonreído así. Pocos muchachos lo habían hecho en sus años de preparatoria… y ella…
—Perdona llegar de improviso –Naruto sonrió ampliamente, sacando a Hinata de sus pensamientos en cuanto abrió la puerta—Pero Sakura-chan olvidó su móvil… y sé que no está de humor para que se lo lleve al hospital, asi que lo traje. ¿no importa, verdad?
Hinata le encontró contemplándola nuevamente con ésa cara tan alegre y pasiva. Tan viva.
—N-n-n-no hay p-p-problema –tartamudeó en un susurro, como en sus penosas pláticas en aquellos años escolares. Cerró los ojos fuertemente y dijo algo que no pensó que diría tal vez nunca—P-p-pasa. Podría servirte t-t-té…
El muchacho no notó el tembloroso ademán. Sabía que la chica era tímida y cohibida, hasta ahí todo pareció normal. Lo anormal era que él estaba vivo y ella no debería siquiera ser visible ante la mirada de cualquier persona. A Naruto no le importó, tampoco el hecho de que un sujeto pasó trotando detrás de él, mirándole de reojo hablando "solo" ante el umbral para luego entrar a la casa.
A decir verdad, desde su llegada a Amegakure, la vida de Naruto Uzumaki había perdido todo tinte de normalidad y a él eso había dejado de importarle.
Lo primero que notó en la casa era que la sala estaba vacía. Unas cuantas sillas dispersas sin orden; todas del comedor. Él se había sentado en una que tenía un borde astillado, como si algo la hubiese mascado como quien masca un mondadientes. No preguntó ni comentó nada… hasta que el crucial silencio incómodo apareció. Tenía la taza de té con soltura en una mano y a Hinata del extremo opuesto de la habitación. Rompió el lánguido silencio contando su último diálogo con Sakura, obviamente sin las partes del odioso teme-Uchiha a quien tanto recelo le tenía aun.
—B-bueno yo no la culpo… no has visto lo que es eso, Naruto-kun –espetó Hinata, reapareciendo al lado derecho del chico, sentada en la nada—El mes pasado, tuvo que transformarse aquí… en mi casa.
El muchacho contuvo una risa.
—Vaya… ahora entiendo porqué parece como si un huracán hubiese pasado por aquí. –dijo en afán de plática—Y yo que me quejaba por los moretones que me dejaba en la preparatoria, lo tomaré como medida, dattebayó.— sin embargo, bajó la vista y su sonrisa menguó hasta ser una tenue línea curva, embargada por el recuerdo y la nostalgia—Aun así, recuerdo que sentía algo por ella entonces y…
Se acomodó contra el respaldo torpemente y la astillada silla cedió en mal momento. Estuvo a punto de caer hacia un lado, la taza cayó al piso antes que él y Hinata en reflejo, se movió hacia delante… muy delante.
Una corriente fría le dio de lleno a Naruto en el rostro. Sus labios tocaron una comisuras heladas. Las de ella. Hinata había abierto los ojos tanto que podía verse el borde empalidecido de sus córneas. No había aliento. No había palabras ni nada más que aquel contacto extraño. Anormal.
…y real.
CONTINUARÁ
Siguiente Capítulo: DEL AZUL DEL CIELO AL LA PENUMBRA DE LA NADA
N/A: Y mis queridos naruhina fans... esto comienza seriamente!
