Saludines estimados lectores... una disculpa por el retraso pero el servicio de internet de mi comunidad esta empeñado en trolearme hum! En fin... como usualmente es, este capítulo tiene más accion que otra cosa... y bueno, ya veremos lo que resulta... A LEER!


BEING HUMAN

Cap. 20.- DEL AZUL DEL CIELO AL NEGRO DE LA NADA

—¿Va a ser todo? –interrogó la voz del dependiente del mustio minisúper que se cernía sobre el último tramo rural de Amegakure.

Neji Hyuga miraba hacia el vacío que se cernía tras el ventanal de la tienda. Una negrura sepulcral de una noche encapotada de nubes. El bip de la máquina registradora le devolvió muy levemente a la realidad.

Contempló sin mucho interés lo que marcaba la caja; un total de cincuenta ryo por un galón de gasolina sin refinar de una marca más propiamente para combustible de parrillas ("oh, si… la ocasión amerita una buena parrillada" pensó muy inconscientemente), una llave inglesa, una caja de cerillas y una botella de whisky. La llave simplemente era para agregar un objeto que despistase la lista, las cerillas eran bastante obvias con la gasolina y el whisky, simplemente porque necesitaba despejar un poco la mente.

Pagó en efectivo, tomó la bolsa y salió con la sutileza de un ladrón experimentado. Nada se avistaba en el pétreo rostro de Neji Hyuga de la rama secundaria de Hyuga Accounts. Todo calmo, sereno y mustio. También podría agradecer la mesura de su carácter al hecho de que en ése preciso momento, Neji Hyuga de la rama secundaria estaba con la mente completamente en automático.

No pensó en ello, hasta que viró en la última calle, más hacia el centro… más y más cerca. Llegando al entronque que dividía los dos cruces poniente, se detuvo casi en seco. Aquella idea le acometió de nuevo, replanteándose, tornándose cada vez más lógica y plausible.

Era evidencia a fin y al cabo. Y estaba a su nombre… podría cobrar el seguro después.

Dio un trago largo al whisky y sintió un calor infernal en la garganta, como lava ardiente y lo suficientemente real para hacerle entrar más en su decisión.

Aparcó el auto en la esquina más alejada. La calle estaba desierta y las luces de la cuadra estaban apagadas. Caían alrededor de las once y media. Doce de la noche tal vez, él no había revisado la hora con minuciosidad. No era necesario, sabía que ambas chicas deberían estar trabajando en el hospital a esta hora. Turno nocturno, recordaba sin entender por qué en un lugarejo como Ame podría preferirse ése horario al diurno.
No ahondó en ello. Salió del auto, sacando la gasolina del maletero y con la caja de cerillas en el bolsillo del pantalón.

Caminaba con premura tratando de que la suela no resonara contra el pavimento de la acera en medio de la enmudecida atmósfera y se detuvo, casi petrificado cuando el eco de un trueno en el giboso cielo resonó con la premisa de una lluvia pronta a caer.

El portón de la casa que anteriormente fuese de Hinata, su ex prometida, estaba cerrada a doble llave. Neji lo verificó lo más silencioso que pudo. El cerrojo chirrió como solía hacerlo siempre pero no cedió. Las luces estaban apagadas además.

Y los accidentes pasan… así, simplemente, pensó abriendo el bidón rojo de gasolina. Ya me las arreglaré con Yamanaka-san… los accidentes pasan, eso es cierto.

Empezó por el pórtico, pasando con la cautela de un gato hacia la cerca que daba al jardín. La empapó bien. Luego, con el bidón boca abajo, pasó a la sala y roció desde la ventana abierta. El olor a gasolina era fuerte y dulzón.

En el umbral de la puerta principal, encendió una cerilla y la lanzó por encima del marco de la ventana. La ignición fue inmediata y brutal.

0—

La sensación era concreta y real. La primera vez que ocurría algo así en toda su vida.

Naruto se tocó los labios con la punta de sus dedos, un poco desconcertado para expresarse con palabras. Hinata estaba de rodillas en el piso, con la mirada perdida, era obvio que aún estaba procesando lo que pasó.

¡Naruto-kun! —Gritó entonces al tiempo que la llave del fregadero se abría violentamente y una corriente violenta de agua se vertió a chorros, como si algo en la tubería hubiese estallado.

Naruto se levantó y corrió a cerrar la llave, le tomó un momento pero la amenaza de inundación se detuvo.

—Genial. —El muchacho se miró la camisa— Y me acababa de cambiar…

—Pu… Puedes usar el ba-baño. —Las buenas costumbres se impusieron al pánico de Hinata, haciendo que las palabras brotasen por inercia.

El muchacho se giró a ella, con una sutil risilla.

—Oh, buena idea, gracias. —Naruto sonrió y salió de la cocina, pero se detuvo a medio camino y volteó a verla— Fue… una sensación rara, agradable, la verdad. —Se quedó un momento quieto como si fuera a decir algo más pero finalmente salió de la habitación.

Hinata es descubrió así misma presa de un extraño temblor, algo que parecía olvidado estaba despertando en algún lugar de su conciencia, se levantó del piso y vio que la taza que se había roto estaba en la mesa, como si nada hubiese pasado. Escuchó el agua del lavabo y sin pensarlo mucho comenzó a caminar hacia allá.

No se dio cuenta de que el termostato de la casa indicaba un leve aumento en la temperatura, estaba como hipnotizada, viendo hacia la puerta del baño, tratando de no ser notada, deseando que sus capacidades de pasar desapercibida, en esta ocasión realmente fueran una bendición. Naruto estaba en el lavabo, de espaldas lavando su camisa.

Hinata hizo el ademan de pasar saliva mientras desde su punto de vista podía ver la espalda del muchacho, amplia y con un buen tono muscular, sintió la tentación de acercarse por detrás y pasar las manos por la espalda de él, de poner sus labios en su cuello, de volver a repetir aquella extraña experiencia de rozar sus bocas.

Y el termostato de la casa subió varios grados más… como si un calor incandescente abatiese la estructura desde el exterior. Como un torrente de lava. Como si una llamarada incendiase…

—La casa… —Hinata miró hacia un reflejo rojizo que despuntaba desde el pórtico, dando hacia la calle. Algo crujió en el umbral de la puerta y un humo denso llenó poco a poco la sala—¡La casa!

Gritó escuchando el crepitar de la madera cediendo ante una envolvente flama que poco a poco cobraba fuerza y densidad, consumiendo todo a su paso.

Una fuerza no provocada por ella y eso lo sabía. Alguien… alguien había…

—¿Qué rayos…? —Naruto apenas salió del baño cuando un calor sofocante le dio de lleno en el rostro y sintió la piel desnuda de su torso chocar contra una corriente de aire tan caliente como la de un sauna. Sus azules y desconcertados ojos se clavaron en el resplandor rojizo que invadía la sala— ¡Se está quemando! ¡La sala se está quemando! –miró confundido y alebrestado a su entorno. Hinata estaba petrificada en el filo de las escaleras como una muda y atónita estatua—¡Hinata!

Le llamó repetidas veces mientras manoteaba corriendo hacia ella. Tuvo la urgencia de tomarle de los hombros y sacudirla para sacarla de trance, cuando escuchó un estrépito provocado por el marco de la puerta. El crujido de la madera abatida por el fuego fue más que suficiente para sobresaltarlo a él y a la aterrada fantasma. Naruto corrió escaleras abajo hasta la cocina, tomó la cubeta bajo el fregadero llenándola a tope y arrojó el contenido hacia la amorfa flama. Una tenue y apenas visible cantidad se extinguió emitiendo una vaporosa nube cenicienta. Pero el fuego persistía…

…desde afuera.

Sin avistar duda alguna y más alebrestado que aterrado, Naruto se lanzó hacia el pasillo, todavía sofocado y festoneado de diminutas flamitas en los bordes de la pared carbonizada.

—¡Naruto! –Hinata clamó estando a punto de ir hacia él, hasta que una explosión ahogada hizo eco en la cocina. El fuego había llegado al patio trasero y se había llevado consigo la válvula del agua, haciendo estallar el fregadero de la misma manera en que ella estuvo a punto de hacerlo hacía minutos atrás.

Naruto no podría hacerlo todo solo. Y ella menos…

Una fuerza interna cobró fuerza. Un aplomo gélido y ominoso, potente y real como el que sintió aquella noche en casa de su hermana. Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo ya… así tuviese que sumergirse en aquel abismo lóbrego.

Pasar del azul del cielo a la oscuridad de la nada.

Pero de algo estaba segura; no estaría sola.

0—

La puerta del consultorio se abrió, y tras el nefasto día de trabajo, lo último que Ino quería en este momento era encontrarse con el semblante taciturno de Sakura. Algo en aquella expresión no le agradaba nada, y tras el desplante con Anko el día anterior, la tensión recabada en sus vagos pensamientos se acentuó más.

Había estado demasiado evitando el tema durante toda la mañana; evitando ahondar en ello, evitando quizás que aquel impulso sobrenatural terminase anteponiéndose, dándole la razón a Anko.

¿O había estado evitándola a propósito? Anko había dicho que ella y el displicente tipejo con cara de pocos amigos al que Sakura trajo a casa, fueron los responsables de que la conflictiva pandilla de Otogakure terminase en calidad de carne tártara… eso sumaba peso a sus suposiciones.

Jirobo, Kidomaru, Sakkón y Tayuya no eran cualquier cosa. Ella misma sabía la clase de lacra que eran y ahora resultaba que su asustadiza y casi patética amiga se los había cargado con la facilidad como si éstos fuesen simples neófitos. Claro, Itachi había ayudado pero ahora la sola idea de compartir techo con un depredador que había caído en cuenta de sus letales habilidades, le comenzó a parecer tan sobrecogedor como mudarse a una soleada ciudad.

Y ahora esa mirada… había algo más. Y ella lo suponía antes de que Sakura lo dijese.

—Creí que te tomarías el turno de la mañana para compensar la falta de ayer –Ino eludió el contacto visual, bajando la vista hacia el folder.

—Iba a hacerlo hasta que Ao-sama me preguntó por si podía asistirlo para una cirugía. –dijo Sakura sin inflexión alguna en su voz—Y se postergó por media hora porque había faltantes en la bodega de suministros de sangre. –bajó el rostro obligando a la rubia a mirarle a los ojos—¿Sabes algo de eso?

Más obvio no estaba; y no sólo por la mirada intrínseca en la joven de cabellos rosas.

Lo sabe, se dijo. ¿Y si Anko no se equivocaba del todo? ¿Y si…?

Los pálidos labios de Ino se curvearon en una mueca burlona.

—Ajá, como se trata de bolsas de sangre extraviadas, es obvio que soy yo la única incriminada, ¿no? –dijo con un impulsivo tono de sorna—Eso es tan cliché, "frentuda", como broma es de pésimo gusto…

—¿Y por qué estaba tu identificación dentro de la bodega?

Ino ya no sonreía; un sombrío destello apareció en su mirada.

—La dejé ayer, sobre mi escritorio y cuando volví ya no estaba. –excusó severamente. Sakura estuvo a punto de proferir algo pero calló de pronto— ¿Para qué iba a decírtelo? Lo más probable es que Izumo o Kotetsu la tomasen y la usasen para sacar "provisiones", pero eso no es tu asunto… además estabas demasiado ocupada con el pulgoso ése como para..

—¿Y lo de Shiho? –Sakura insistió, sin darse cuenta de que estaba elevando la voz.—Ao-sama tiene el registro de que alguien entró en la bodega la noche del jueves, el mismo turno de Shiho y la última vez que se le vio.

Ahora el nudo en la garganta de la rubia y el escalofrío de saberse desprevenida se tornaron evidentes. Pillada con la evidencia a medias, pero pillada al fin y al cabo. Lo de Shiho era aún un cabo suelto, pero sabía –tenía la experiencia de siglos atrás- que tarde o temprano los cabos se unían, se cerraban y acarreaban problemas. Entonces llegaba el momento de silenciar, enterrar, esconder y huir; y no siempre en el mismo orden, a menos que uno tuviese un as bajo la manga. Una contra defensa.

Y ella tenía una, que tal vez no hubiera querido usar.

—Claro, claro… —musitó Ino—Sai y yo somos los sospechosos número uno, pero ¿y los de Otogakure? Ah, cierto… alguien —silabeó la palabra como si tuviese un gusto ácido sobre la lengua—…se los despachó sin decir nada, como si nadie más de nosotros se fuese a enterar.

Sakura pareció palidecer por fracción de segundo. Se alzó de hombros.

—No creo que a ti te hubiera importado, según recuerdo dijiste que serías capaz de haberle arrancado la cabeza a Tayuya si hubieras tenido la oportunidad.

—¡Pero lo que hacemos entre nosotros es asunto nuestro! –clamó Ino, dando un fuerte manotazo en el escritorio—No tienes idea del problema que es cuando hay perros inmiscuidos en esto.

—¡¿Ahora me vas a echar el rollo a mi?!

—¡Tú empezaste!

Antes de que Sakura replicara algo más, la puerta del consultorio se abatió, dejando entrar un aire violento, digno de un ventarrón de huracán. Papeles volaron, las luces fluctuaron con un aplomo endemoniado y un estallido como la detonación de un proyectil resonó en el solitario pasillo.

—¿Q…? –la pregunta se atoró en la garganta de Sakura cuando una sombra emergió entre el implacable vendaval.

Hinata Hyuga, traslúcida e intangible como siempre; a excepción de una ominosa aurea purpúrea, arrebatada e inminente.

Cómo dijo Lee que ocurrió aquella vez… Ino simplemente se estremeció ante el recuerdo.

— ¿Hinata… q-qué estás haciendo aquí? –Sakura consiguió interrogar a aquella iracunda y amenazadora versión de la pasiva Hinata.

Un frío, tan espeso y avasallador había invadido todo el ambiente, como si alguien hubiese subido el aire acondicionado a su máxima potencia.
Hinata habló y una nubecilla grisácea emergía de sus labios como si aun pudiese haber aliento en aquel inexistente cuerpo.

—La…c… —la voz se perdía en un hálito de brisa, con la soltura de interferencia de transmisión lejana—C…casa… se que… em…mma—más interferencia. Un siseo atávico escapó de aquella difusa voz—aho…¡Ahora!

Desapareció, como el humo dejado por una hoguera, esparcido por el viento. El vendaval menguó hasta desvanecer por completo.

Ino miró a Sakura, tan preocupada y atónita como ella. Apenas y pudo hablar,

—¿Dijo que la casa…?

—Se quemaba. —completó Sakura. Se irguió de un salto—¡La casa se quemaba!

0—

—Ok, ya esto se ve demasiado teatral, ¿no crees? –Shisui caminaba trastabillando tras Itachi. "Revoloteando" a su alrededor como una mosca pertinaz y fastidiosa.—¡Eh! ¡Comadreja!

Bramó por tercera vez. Nuevamente sin obtener respuesta.

La noche aplomaba y el cielo estaba tan oscuro como un pozo sin fondo. Itachi andaba a paso lento y meditabundo. El panorama urbano comenzaba a desvanecerse a sus espaldas. Había pasado el día anterior vagando en el bosque y perdido en el remolino que se apretujaba en su mente; todo aquello le traía de vuelta la imagen y el aroma de aquella chica de cabellos rosas que le había cambiado el mundo hacía un año atrás. Claro, no lo había cambiado más de lo que él a ella.

Pero había afrontado las consecuencias, pese a que esto era una posibilidad de resolución en el plan que había trazado al venir a Amegakure. De dos posibles respuestas, ésta era la que más calaba.

Pero la más lógica. Porqué ¿qué más podía esperar? ¿Qué ella olvidase todo y le aceptase así nada más? Tras haberle arruinado la vida que tenía y con su hermano, a quien él prometió proteger y cuidar a pesar de haber "muerto"; ¿esperaba que todo diese un giro radical y las cosas se acomodasen "mágicamente" a su favor?

No. No había finales felices para alguien condenado a esto.

—¿Irte? ¿Tras un año de buscarla, así nada más? –Shisui siguió hablando—Vale, no la culpo por dejarte semejantes "recuerdos" de despedida, ¿Pero tras un año sólo vas a dejar las cosas así?

Shisui señalaba en vaga y sutil burla a las escoriaciones y cardenales que todavía eran visibles en el rostro y piel de su primo. Un "peculiar" souvenir grabado en la piel por cortesía de Sakura; un claro mensaje que cualquiera de la naturaleza de ambos podría interpretar como una explícita nota de ruptura. Ahora hasta podría decirse que su contraparte animal le aborrecía. Y él así lo sentía.

—Supongo que ya no importa –Itachi habló y Shisui notó su voz bajar hasta un murmullo apagado y sin ánimo.—No me necesita ya. No tiene caso insistir.

De haber podido, hubiera aprestado un golpe hosco en la nuca de su ojeroso primo, sin embargo se conformó con una sonora palmada en el hombro que le bajó parte de su menguada energía.

—Baboso –bramó lacónicamente—Ése es tu problema, crees que dominas esto y no haces más que un tremendo batidillo a donde quiera que vas. Conoces a alguien, le jodes la vida y cuando intentas remediarlo arruinas más las cosas… sin importar que es la única persona que podría estar contigo.

—¿Para qué? –Itachi se detuvo. El rostro estaba levemente oculto tras un desgarbado mechón de su cabello.—¿Para arruinarlo más?

Shisui notó aquél brillo sombrío en sus ojos. Sintió una tenue punzada de lástima, mellada con condolencia y recordó lo ocurrido en la casa de Ayame.

—Al menos estás vivo, Itachi…—dijo casi intermitente—…y tienes un vínculo con ella.

Itachi no respondió.

—Está bien, ¡haz lo que te venga en gana! –Shisui se adelantó hasta él—¡Pero no vengas a quejarte y decirme…! –su voz se cortó.

Su primo se le quedó mirando, las facciones de Shisui palidecieron más aun. Casi como la cera de una vela. Al principio, Shisui no creía lo que presentía. Congelado como si una marea intensa se aferrase a él. Una energía inquietante se cernía en el ambiente… lejos, pero cerca de él como para sentirla lo suficientemente clara.

—Mierda…

—¿Qué? –Itachi le contemplaba sin entender.

—¡Mierda!... ¡La casa! ¡Hinata-chan esta…!

Señaló hacia el poniente, como si algo tirara de él. Una fuerza invisible y apremiante. Itachi se giró en dirección a donde apuntaba la temblorosa mano de Shisui; la desvaía ciudad se cernía con el silencio sepulcral de la noche. Luces apagadas en su mayoría, calles desiertas… y una columna de humo, grisácea y distante se alzaba hacia el lóbrego cielo. Humo proveniente del área noroeste.

Una idea atenazó su mente y sintió un aplomo de ansiedad agolparse en el pecho. Sin más se lanzó calle abajo, seguido por un monosilábico Shisui. Corriendo entre las fantasmales calles con un solo pensamiento inquieto y agitado.

Sakura.

0—

Las llamas se encendieron, amarillas, crepitantes, recortando en nítido relieve la textura de las paredes. La casa empezó a llenarse de humo. Una parte, blanca como las señales de humo, de las películas, escapaba por las ventanas. Pero como el aire estaba inmóvil en el exterior, la mayor parte permaneció allí. Tenía un olor acre que irritaba los ojos y la garganta. Hinata oyó que Naruto tosía dos veces con un ruido seco desde el exterior.

Neji se quedó unos instantes en el porche, viendo danzar las llamas anaranjadas detrás de las cortinas, escuchando el rugido del creciente fuego.

Y una mano le asió del hombro. Neji había soltado el bidón vacío por reflejo y se giró, encontrándose con el rostro azorado de Naruto Uzumaki.

—El… in…incendio… —dijo jadeando hacia el sujeto de ojos perla—Tú… t-t-t.. ¿Quíen rayos..?

No hubo presentación ni dialogo en la mente confusa de Neji, no hubo nada sino un tornado de imágenes crepitantes, inconexas y turbas. Evidencia, resonaba su mente. La casa era la evidencia de la que no se había desecho. La maldita casa y ése tipo… ¿y si ése tipo con cara de idiota era el que había llevado la carta a la oficina?

No hubo nada, más que un contundente puñetazo conectado contra el rostro de Naruto Uzumaki. Los nudillos de Neji, pálidos, inexpertos en golpes mano a mano, tronaron secamente al impactarse contra el pómulo del rubio. Fue un movimiento defensivo y sin gracia pero lo suficientemente fuerte como para mandar a Naruto de espaldas contra la desvaída y casi carbonizada alfombra del pasillo. Naruto levantó la cabeza, con la contusión en la mejilla y la mirada opacada por nubes de humo.

Ésos ojos, blancos como perlas…. Y las facciones… él… ¿él era un Hyuga?

Antes de que su mente y su conciencia coordinaran en levantarle, el sujeto aprestó a una patada contra las costillas. Y otra. Y otra más.

Estuvo a punto de una cuarta, con destino al contuso rostro del muchacho rubio, cuando la mesita que daba hacia la sala se levantó con fuerza propia y se lanzó hacia el rostro sudoroso de Neji como si fuese un proyectil. Éste lo esquivó casi por completo. Un borde astillado le dio en una oreja, sacándole un hilillo de sangre.

—¡¿Quién hizo eso?! –bramó enfurecido, hacia el vacío infernal que se cernía en la casa—¡¿Quién esta ahí?! ¡Sal, cobarde! ¡Sal y…!

El humo se acrecentó delante de él. Una nube gris blancuzca que comenzó a acumularse, ganando densidad y solidez. Un cúmulo que develó un rostro, de facciones suaves ahora enarcadas en una máscara de furia y arrobo. Parte del reborde superior del humo adquirió la textura del cabello. Hebras de éste, alzándose hacia el cálido viento como si fuesen también llamaradas vivas. . En algún lado hubo un chirrido de ruedas, él no prestó atención. No en medio de aquella visión.

—Hi… Hinata… —Naruto resolló. Aspiró más profundamente y tosió con fuerza. Dolía, dolía en el fondo del pecho, como duele la tos cuando uno ha tenido una gripe.

Él la veía y a juzgar por la cara y la quijada desencajada de Neji, él también la estaba viendo.

No, jadeó Neji para sus adentros. No, no, no, no… tú estás muerta… tú…

—¡¿Por qué haces esto, Neji?! –clamó aquella "cosa", que emergía del humo y él no pudo pensar nada más.—¡¿Por qué?!

Hubo un estallido en la estructura del pórtico y media pared estuvo a punto de caer sobre Neji Hyuga.

Una mano, de dedos delgados y uñas afiladas se clavó en su cuello. El filo acerado de unas garras grisáceas se incrustaba sobre la piel, peligrosamente a la altura de la carótida y los orbes de Ino Yamanaka, ahora negros como brea se clavaban fijos en él.

—Buenas noches, Hyuga-san… ¿A qué debemos su improvisada visita?— preguntó ella con voz fina como el chirrido de un murciélago. Sonreía develando los marfileños y crecidos colmillos.—No me importaría que se quedase a cenar… ahora que está aquí.

Neji balbuceó algo inteligible, con la frente perlada de sudor, el caro traje de lino cubierto de cenizas y carbón y las manos revoloteando estúpidamente hacia la nada. Hinata reapareció a un lado de Ino, quien clavaba más y más lentamente las garras en el cuello del ufano y mortal Hyuga.

Los perlados orbes se habían tornado tan blancos como huesos mondados y unas marcadas venas cruzaban ambas sienes, refulgiendo de la piel intangible como amorfos y delgados senderos que culminaban en los párpados. Neji trató de eludir la vista de aquellas pupilas pero no pudo

—¡No! –Neji gritó, manoteando hacia la figura ahora ennegrecida por el humo carbonizado—¡No eres real! ¡Tú estás muerta! ¡ESTAS MUERTA! ¡MUERTA!

Neji-niichan… si yo "no existo", como tú dices… y estoy aquí….–dijo Hinata con voz pedregosa, chirriante. Sus dientes sonreían con lunática familiaridad–… ¿Te has puesto a pensar… qué más existe?

Neji lanzó un chillido Ino le soltó y éste retrocedió, tropezando. Había una mano en su hombro. La esquivó. La mano ejerció presión por un momento, antes de retirarse. Neji se volvió. Era Sakura Haruno. El verde de sus orbes se había tornado de un salvaje tono ambarino y la quijada hacia delante en una sonrisa torcida en la que sobresalían unos aserrados caninos.

—Yo existo, Neji-niichan… y estoy muerta –siguió diciendo Hinata.–. Entonces, ¿Qué otras cosas existen, además de los fantasmas? ¿Qué hay al ocultarse el sol? ¿Qué hay al salir la luna llena?

Neji echó a correr. Echó a correr sin saber de dónde sacaba aliento para hacerlo, pero corrió de todos modos. Tomó las llaves de su auto, tan pronto como sus dedos las tocaron, éstas salieron despedidas al suelo como si alguien se las hubiese arrebatado. En acto reflejo estuvo a punto de levantarlas, cuando un zapato descolorido se posó sobre ellas ejerciendo presión. Neji levantó la vista para encontrarse con el rostro ajado de un muchacho de pelo negro y desaliñado, ataviado con ropas que parecían un amasijo de hebras podridas. Estaba muerto. Le faltaba la mitad de la cara. En la roja carne restante reptaban los gusanos.

—¿Porqué la prisa, "niño bonito"? –gorjeó Shisui Uchiha con la mitad reconocible de la boca, y sonrió. La sonrisa provoco un indecible sonido de desgarramiento, y Neji vio moverse tendones como terribles correas.—Vamos a divertirnos un poco…

—¡AAARGH! –Neji aulló como un maniaco, lanzándose calle abajo y corriendo como alma que lleva el diablo.

Neji corrió. Corrió y corrió. En algún momento cayó desmayado cerca del parque. Algunos chicos, al verlo, se apartaron de él porque parecía un borracho o podía tener alguna enfermedad extraña y, por lo que ellos sabían, hasta podía ser el asesino de aquellas personas en la cafetería que había a pocas cuadras y hablaron de denunciarlo a la policía, pero al final no hicieron nada.

—0—

Se produjo una explosión, un rugido al que siguió un fuerte choque resonante que arrojó a Naruto al suelo. El techo se había combado y caían maderos y escombros. Hubo otra explosión. Naruto abrió los ojos y vio un resplandor de fuego y una columna de humo que se elevaba hasta el cielo.

Alguien lo levantó a tirones llevándole hacia la salida. Naruto seguía tosiendo y sus pulmones humanos amenazaban con terminar su marcha. El humo era más denso; envolvía los verdes, los grises, los rojos del día. Naruto volvió a caer y perdió el contacto de la mano de aquella persona que hacía el intento por sacarle. Buscó a tientas y no lo encontró.

Naruto jadeó, presa del pánico, tosiendo.

—¡Naruto! ¡Naruto!

Se sumió en una bruma negra, aun escuchando que alguien le llamaba.

—¡Naruto! ¡Naruto!

¡Guac!

Un golpe más aturdidor que el puñetazo de Neji le dio en la mejilla sana. Naruto Parpadeó, abriendo los ojos, y vio a Hinata arrodillada a su lado, limpiándole la boca con un pañuelo. Ino, Sakura y dos muchachos, uno de pelo negro y largo y facciones calcadas a las de Sasuke y el otro con semblante taciturno, estaban detrás de Hinata, solemnes y asustados. A Naruto le dolía la cara. Trató de hablar, pero sólo emitió un graznido. Trató de carraspear y estuvo a punto de lanzar un vómito. Sentía los pulmones y la garganta como si alguien se los hubiese forrado de humo.

Por fin logró preguntar:

—¿Me diste una bofetada, Hinata?

—P-p-perdón…. Fu-fu-fue lo único que se me ocurrió –dijo ella.

—"Guac" –murmuró Naruto.

—Me pareció que no reaccionabas –explicó ella. Y de pronto rompió a llorar.

Naruto apoyó una mano en el hombro. Ella estiró la suya, se la tomó y la apretó con fuerza. Consiguió incorporarse. El mundo empezó a nadar entre las olas. Cuando todo se asentó, volvió a contemplar al sujeto "clon de Sasuke", apoyado contra un árbol cercano, aturdido y ceniciento.

—¿Tú… tú eres..?

—Itachi –masculló inmutable—Itachi Uchiha.

El muchacho tenía aún los ojos enrojecidos por el humo. La gabardina negra estaba chamuscada en el borde. Naruto entrevió una nube roja cosida desgarbadamente en un costado del hombro. Reconoció la grave voz, en medio del tumulto; él le había sacado de allí antes de que la escalera se desplomase.

—Gracias –dijo Naruto dándole un suave puñetazo en el hombro.

Hinata, con voz inexpresiva, mirando hacia la base ennegrecida de la puerta y el pasillo, preguntó:

—¿Eso significa lo que me temo? Yo… yo no quería que Neji… que él…

Ino se encogió de hombros.

—Va a decirlo todo, eso dalo por hecho, Hinata –adujo. –Si va a la policía, estoy segura que Chouji lo mandará a donde debe de estar. Nosotros nos encargaremos del resto.

—Yo… yo no entiendo, dattebayó. –musitó Naruto.

Con mucho tartamudeo, Hinata le contó todo, con todo lujo de detalles del que era capaz. El rubio escuchaba, asintiendo. Hubo un momento de silencio, mientras todos miraban a Ino, que tenía el entrecejo fruncido.

—Que pase lo que tenga que pasar. Al menos ya has hecho algo, Hinata… –dijo, parsimoniosamente en medio del silencio–. Ahora sólo queda tu hermana. La culpable número uno.

Nadie dijo nada más.


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo: HACIENDO HISTORIA


N/A:Y con esto, lectoras y lectores...nos enfilamos AL FINAL DE TEMPORADA!.