BEING HUMAN
Capítulo 22
Punto de Quiebre.
El costoso Acura en color cobalto derrapó ruidosamente por la desolada calle que circundaba el área este de Amegakure. Hanabi Hyuuga frenó, aun sintiendo el pulso temblando en sus dedos, firmemente sujetos al volante. La respiración seguía entrecortada y su mente, turbada como un huracán caótico y devastador.
— No… —resolló mientras hundía la mirada entre sus manos, aferradas en el volante de aquel ostentoso auto que el mismo Neji le regalase hacía menos de un mes…
Neji… Neji quien ahora estaba…
—No…
Era Hinata… y él la había visto… Vamos, ¿no hay un poco de lógica en ello?
Aquella vocecilla en su mente parecía reacia a callarse, desde que ella salió intempestivamente de la jefatura. No había apelado al testimonio de su prometido –¿o era "ex prometido"? – y solamente había apremiado a una escueta tanda de respuestas ante el estoico jefe de policía en turno… aquel sujeto gordo y de cabello castaño que intentaba interrogarla en medio de los alaridos confusos y entrecortados de Neji Hyuuga.
"Era ella…" clamaba en Neji a voz en grito. "Hinata… Hinata lo sabe"
LO SABE…
¿Y el incidente en su casa?, se recordó Hanabi inconscientemente, Esas paredes no estaban soltando herrumbe y moho… era sangre y lo sabes… y tú también la habías visto… ella…
—¡Basta! —su voz hizo un eco sordo. Sus manos rígidas, pálidas y sudorosas aporrearon el volante—¡Basta! ¡Basta!
Una mano había abierto la puerta.
—¿Señorita Hanabi? —susurró una voz.
Ella alzó la mirada, encontrándose a Kō, el joven asistente de su padre y de ella. Sus ojos perlados denotaron una preocupación exagerada que hacía que el brillo de sus pupilas casi destellara.
—¿Se encuentra bien?
Hanabi parpadeó desconcertada. Exhaló apresuradamente e intentó emular una sonrisa, la cual sólo parecía una tenue línea en su rostro.
—Si, gracias, Kō… sólo, estoy algo tensa por lo de esta mañana —respondió en el tono más neutro y cordial que pudo.
El muchacho le ayudó con el bolso y cerró el auto. Le acompañó hacia el vestíbulo mientras contemplaba en mortificado silencio el semblante pálido de la joven.
—Supe de lo ocurrido con Neji-sama –dijo tan abruptamente que Hanabi soltó un resuello—¿Estará bien?
Ella alzó los hombros momentáneamente para luego ladear un poco el rostro.
—No lo sé, no lo había visto tan… fuera de sí.
—Decía que había visto a Hinata-sama — Kō hizo una pausa solemne—Que en paz descanse, pero creo que su muerte aun le duele. No lo culpo, creo que todos nos sentimos asi, aun después de ¿tres meses?
—Tres meses —repitió Hanabi en tono autómata.
Kō exhaló, abriéndole la puerta que conectaba a la oficinas principales del conglomerado Hyuuga. Hanabi agradeció el gesto cohibidamente con la cabeza. Su mirada estaba perdida en algún punto muerto, concentrada y apagada. Las ideas iban y venían… sobrevolaban en su mente sin orden alguno y aunque estaba más calmada que hace un momento, aquello simplemente se negaba a desvanecer.
—Bueno, tiempo al tiempo, Hanabi-sama… creo que…
— Kō, ¿Qué crees que pase después de la muerte?
El muchacho se quedó en silencio y casi estupefacto por un momento. La pregunta había sido abrupta y simplemente había escapado de los labios de Hanabi con la misma urgencia de un estornudo.
—Pues…— Kō bajó tenuemente la voz, como seleccionando cuidadosamente las palabras—No lo sé, je je… en si nadie lo sabe con certeza pero tengo mi propio juicio. Tal vez algo bueno, si es que uno fue bueno en esta vida… —se pasó una mano por el mentón, impostando una sonrisa afable—Ley de Karma, podría decir.
Hanabi respondió a la explicación de Kō con un mustio gemido. Un escalofrío recorrió su nuca y su mirada se había tornado más pétrea; aunque contemplaba fijamente el adosado linóleo del pasillo, podía notarse una completa tristeza mezclada con miedo en aquellos ojos perlados.
—Sin embargo muchos quedan con asuntos pendientes… y pues, bueno, eso complica las cosas. — Kō se aclaró la garganta, e impostó un tono más afable—Sabe, Hanabi-sama, mi bisabuelo decía, que si uno moría intempestivamente podía volver al plano mortal hasta que terminase aquello que dejó inconcluso… y él mismo decía que había ayudado a algunos ehm… "fantasmas" a cruzar su umbral al más allá. Claro, era lo que él decía y yo sólo aprendí algunas cosas que…
— Kō…—Hanabi alzó el rostro hacia él. Su voz se había elevado sutilmente con un tono apurado y nervioso. El mismo Kō pudo apreciar en el semblante de la joven un gesto cansado y desesperado… aterrado y decidido a la vez—Necesito… quisiera… que me ayudaras con algo.
—0—
La noche se cernía con un manto lóbrego y helado. Un rastro leve de lluvia había dejado el pavimento de las calles con un brillo tenue. Anko Mitarashi contempló el exterior con un silencioso y adusto interés.
—Una noche sin lluvia… —susurró para sí—… perfecta atmósfera para un "evento de caridad". Debo reconocer, que el guiñapo de Danzo sabe cómo acordar una reunión tan propicia en un clima tan… conveniente para nosotros.
Estaba ataviada elegantemente. Un largo vestido tipo coctel que dejaba entre ver la unión de sus firmes senos con una sutileza provocadora. Zapatos de alto tacón y una impecable gargantilla de oro blanco realzaba la delicadeza de su cuello.
Tomó su abrigo y se lo colocó, bajó las escaleras hasta el sótano, llegando frente a esa solida puerta de acero.
—Kotetsu —llamó autoritaria al silencioso guardia que permanecía aun rígido e intranquilo. Éste se acercó en un gesto obligado. —Ya es hora. Es momento de que nuestro estimado huésped salga a tomar un poco de aire fresco.
—No le he escuchado desde hace una hora, Anko-sama. ¿Cree que haya sobrevivido?
Anko sonrió siniestramente.
—Sólo hay una manera de saberlo…
Afinó sus instintos, pero no escuchó nada detrás de aquella puerta. Ordenó a Kotetsu que destrabara la puerta y éste la abrió de un manotazo. No paso medio segundo, cuando una ágil figura se lanzó sobre él y lo tumbó al piso.
Anko contempló aquella cosa. Olia a sangre fresca…
Aún parecía él. Aquel muchacho pálido, pero algo era distinto. Su cabello, su rostro, sus ojos..., su ropa empapada en sangre. Pareció gruñirle y de un salto se alejó de Kotetsu.
Anko sonrío al escuchar el ruido de un vidrio rompiéndose.
—Adelante, jovencito. La noche es tuya, por primera vez... Eres libre.
—0—
—¿Qué ella QUÉ? —esta vez la voz se Ino no se aprestó a aquel usual tono contenido propio de ella.
Sakura, le contemplaba tan sobresaltada como ella. A su lado, Itachi apenas se notaba contrariado, y Shisui, ni siquiera se había inmutado ante su estridente alarido.
—Pues eso… fue a hablar con su hermana —explayó escuetamente como si aquello no tuviese el menor atisbo de importancia— Además, con el "galancete" rumbo a la casa de la risa, el único cabo suelto que queda por ahora para Hinata-san es solucionar la cuenta pendiente con su hermana menor… no le veo el problema de…
—Aja ¿y la última vez no pasó nada? Rock Lee dijo que la tal Hanabi se puso como loca apenas y Hinata-sama intentó acercársele…—quien completó fue Sakura, quien permanecía apoyado contra el umbral de la puerta, con ambos brazos cruzados en un gesto tenso y nervioso— Según él, Hinata casi perdía el control…
—Tienen que hablar. Al menos si eso puede ayudarla a encontrar su puerta —sentenció Shisui. Chasqueó la lengua en gesto severo—Además, fue un homicidio ¡Y totalmente intencional!
—Shisui, no hay pruebas —resolló Ino— La misma Hinata dijo que ni siquiera ella lo supo… hasta que escuchó a Hanabi decirlo en su apartamento. ¿Qué esperas que ocurra entonces? ¿Que se aparezca en su departamento y la obligue a confesar que la mató y…?
No terminó la frase. Un grito había resonado en medio de la noche, seguido del chirrido estruendoso de un carro al frenar de improviso… para luego estrellarse contra algo metálico a dos casas de distancia. Algo crepitó y alguien más gritó y el clamor quedó ahogado abruptamente.
…como si algo le hubiese cortado la garganta.
Ino, Sakura e Itachi corrieron hacia la ventana y lo que se podía ver bajo las exiguas luces de la calle parecía casi surrealista. El chirrido de los neumáticos fue producido por un camión de reparto a domicilio, el cual derrapó contra una de las vallas de una tienda en la esquina; lo único que se podía ver del conductor ahora era un manchón carmesí sobre el asiento. Quien había gritado era un inocente transeúnte, una mujer que había tenido el importunado momento de salir de su domicilio… y al igual que el conductor del camión, de ésta sólo quedaba un sanguinolento despojo.
—¿Qué diab…? —Itachi masculló, cortando de lleno la frase.
Sintió en la nariz el incipiente y metálico aroma de sangre fresca… y el rastro de una completa ira salvaje en la forma en que el vital líquido fue despojado de sus víctimas. Los cuerpos yacían como muñecos de trapo, con las articulaciones en ángulos inconexos. Un tajo descomunal surcaba en los despedazados cuellos. Aquello sólo podría haber sido provocado por algo salvaje y bestial, si bien de su propia especie o…
—... Un vampiro… —Ino tenía la mirada desencajada y la boca entreabierta en un rictus de horror desmedido—…esto sólo lo haría un vampiro. Un neófito… posiblemente con dos o tres días sin probar nada de sangre…
El miedo alcanzó un cénit en su mente, estrujándole el aliento y cada latido de su inmortal corazón ante un vago recuerdo.
…Anko… Anko me hizo esto hace años… y ahora…
Sus cavilaciones se detuvieron. Había estado mirando por la rendija de la ventana de la puerta, por eso la sorprendió la figura que la miraba por el ventanal.
Entonces lo vio. Su rostro. Su ropa ensangrentada, y más cuando éste rompió el cristal de un puñetazo.
—¡Sai!
—0—
Hinata se quedó de pie, justo delante del umbral de la puerta en el ahora desértico e inmenso edificio de Trasnacionales Hyuuga. Los empleados se habían largado a sus casas hacía dos horas, los despachos y cubículos estaban vacíos y silenciosos como tumbas… a excepción de una. Pasó a través de la puerta. Aun las luces estaban encendidas, el monitor de la computadora parpadeaba intermitente, como solía hacerlo al dejarlo en ahorro de energía. Aparte de eso, la oficina estaba completamente sola.
Miró el escritorio y una punzada de rencor y resentimiento acometió en la mente de Hinata. Aun estaban los dos portarretratos en el adosado librero que estaba a espaldas del escritorio, sin embargo, las fotografías habían sido cambiadas. Ahora, estaban dos nítidas imágenes la primera de una pequeña y sonriente Hanabi de siete años y otra… en la que aparecía con su uniforme de preparatoria. Hinata estaba allí, con una sincera y cálida sonrisa, abrazando por el hombro a su hermana menor.
Y ahora aquello le parecía una completa hipocresía. Miró en derredor hacia la que era su oficina y que tras su muerte, había pasado a ser la de Hanabi. Entonces, aquella nostalgia repentinamente se tornó una ira silenciosa.
—Te había dado cuanto pidieses… hermana… si sólo lo hubieses pedido.
Susurró, mientras que su mano intangible, sentía con precisa claridad el marco del portarretrato donde aparecían ambas. Un fuego interno tembló en su ser. Los dedos ahra parecía que dejaban una sutil marca en la madera. El inexistente pulso temblaba, era como estar de cara a un viento embravecido.
Y sin más, arrojó el portarretratos contra la pared. El crujido de las bisagras y el vidrio al estrellarse tuvo un eco sutil pero audible.
La fuerza de aquello, estaba impresa en ése árido sentimiento. Tal como Rock Lee y Shisui habían dicho; la energía de un fantasma, es un arma infalible si se sabe controlar… y eso significaba enteramente que evitase perder el control, como ocurrió en casa de Hanabi.
Ah, no… no, no. Ahora sería distinto. Se lo había pensado la mañana entera. Lo había meditado con minucioso cuidado…
—Voy a hacerte confesarlo, Hanabi… —su mano, ahora con el pulso más controlado y la energía de éste fluyendo en forma más constante, giró el monitor y tomó el teclado.—Todo.
Sintió aporrear las teclas resueltamente. El peso de los dedos sobre éstas y el eco como un latido inconstante…
Entonces se detuvo.
De haber estado viva, habría pensado que aquello podría tratarse de un ataque de asma, o algún tipo de asfixia, tal vez habría tosido, incluso gritado. Ahora, muerta e incorpórea, esa asfixiante presión no había hecho más que cortar todo flujo de energía. Sus manos, nuevamente traslúcidas pasaron sobre y entre el teclado, sin conseguir apoyo alguno.
La voz temblaba en un hilo, presa de pánico.
Y en menos de dos segundos, sintió el entorno oscurecerse y su cuerpo desvanecerse poco a poco.
Hasta desaparecer por completo.
—0—
Le había sacado de la casa tan rápido que ella apenas y se percató de estar tumbada contra el pavimento de la calle.
Las garras de Sai, afiladas como acerados garfios apretaron el cuello de Ino. En un movimiento instintivo, ésta cortó el contacto, propinándole un manotazo que le hizo cuatro profundos cortes en la cara. El muchacho cayó pero se levantó a la velocidad del rayo, abalanzándose nuevamente hacia la chica.
Ino sentía ardor en las heridas, el dolor le impedía concentrarse por completo y perdió sangre en el proceso de autocuración. La mirada se desvanecía en lapsos pero logró esquivar a Sai, al tiempo que lo lanzó contra un árbol.
—¡Sai! —clamó en un intento porque éste recobrase la razón—¡Sai! ¡POR FAVOR! ¡BASTA!
Éste se revolvió furioso, y se lanzó nuevamente contra Ino. El impacto hubiera sido certero si no fuese por dos enormes zarpas, recubiertas de tenue pelaje rosáceo, las cuales lo tomaron por los hombros. Hubo un crujido, luego de volver a arrojarle, ésta vez contra la camioneta volcada. Sai cayó al piso.
Sus ojos, ahora como dos brillantes rendijas color ónice, les contemplaron con una ferocidad irracional y salvaje. Siseó rabioso y trepó a un árbol, escapando del lugar dando inhumanas zancadas.
—¡¿Cómo… rayos…?!—Sakura le miró con los ojos abiertos. El cuerpo abatió un espasmo de dolor, haciéndole caer de rodillas—¡Arghh!
—Aun tu cuerpo necesita dominar el cambio… —Itachi pasó una mano por debajo de uno de los brazos de la chica, ayudándole a levantarse.—Lo forzaste demasiado rápido. Respira.
Sakura jadeó, mientras las coyunturas del brazo y los nudillos volvían a su constitución humana, con dolorosos chasquidos.
Ambos miraron a Ino, quien seguía de pie, pétrea e inmóvil.
—Tenemos que detenerlo —sentenció Itachi.—No puede llegar muy lejos, si nos dividimos y cercamos un área…
—Anko… —exhaló Ino, con la mirada perdida en el lóbrego horizonte—… Anko le hizo esto… No… ¡No es culpa de él…!
Shisui, quien se había quedado de pie en el pórtico, sólo espetó un quejido de preocupación.
—Pues si no hacemos algo —murmuró—…la policía sí y eso sería mucho rollo ¿no creen? Mi primo tiene razón, si nos dividimos podríamos encontrarlo más fácilmente… y creo que con dos lobos y un fantasma en el equipo es más que suficiente… ¡Rayos! ¡Si ése bueno para nada de Lee no se hubiera desaparecido así nada más…!
Ino miró a la mujer tendida en el piso, tenía el cuello roto, la yugular partida, habría muerto recién, sin tener nada que ver con este ofuscado mundo sobrenatural. Simples seres inocentes…y habría más, más si lo permitían.
—No. —enunció la rubia con completa solvencia y autoridad.
Entornó la mirada hacia Sakura, Itachi y Shisui.
—Yo me encargaré de él.
Se lanzó hacia los árboles y trepó uno en segundos uno de ellos, en dirección hacia donde Sai había escapado.
—0—
—¿Está seguro que nadie entró? —la voz firme y severa de Hiashi Hyuuga pareció denotar cierta incertidumbre.
A sus espaldas, Tokuma Hyuuga, el guardia de seguridad del turno nocturno, simplemente asintió. Una expresión de preocupada perplejidad estaba clara en su semblante.
—Completamente, Hiashi-sama. Hice mi ronda como todas las noches y encontré la oficina de la señorita Hanabi entreabierta, la computadora encendida y… y eso escrito en la pantalla.
El comunicador de Tokuma resonó con un pitido. Contestó inmediato; era otro de los guardias auxiliares. Colgó y volvió a dirigirse a Hiashi.
—Tampoco hay señales de que alguien haya salido del estacionamiento o de la salida de emergencia, y la alarma esta activada. No lo entiendo, si hubieran entrado habría sido por la puerta principal y las cámaras no captaron nada. Y yo he estado al pendiente del área de recepción desde que… —hizo una pausa, notando el rostro del jefe de la inminente empresa, ensombrecido. Inclusive vio un destello acuoso en uno de sus ojos—…¿Hiashi-sama?
Éste releía el mensaje, susurrándolo entre dientes una y otra vez, como un mantra…
Confiesa Hanabi… confiesa… tú me mataste… tu me envenenaste…tu y Neji… confiesa, hermana…
—¿Hiashi-sama?
Enarcó la mirada.
—Llama al departamento de policía. Yo iré a buscar a mi… hija.
—0—
Ino saltaba de techo en techo enardecida y atemorizada. A una velocidad endemoniada, perseguía a Sai, quien parecía seguir sin recuperar la conciencia de sus actos. Ino apuró el paso, se estaban acercando a las afueras de Ame.
Dio tres grandes saltos y cayo sobre el joven, lo que provoco que ambos cayeran duramente al piso. Sai consiguió erguirse rápidamente de pie, pero Ino se abalanzó sobre él y trato de inmovilizarlo, sujetándolo desde atrás de los hombros, en un férreo intento de llave de lucha –una maniobra práctica aprendida de Chouji en años posteriores-, lo que no contó fue que Sai se revolviera furioso y le mordiera en el antebrazo. Ino gritó pero no soltó a su presa, le hizo girar y lo tomo por el plexus trabándole los brazos, pero era una lucha dura.
Sai se movía con furia y parecía que se le escaparía en cualquier momento. Un auto había frenado detrás de ella.
—¡Sostenlo! —Ino sintió el grito de Shikamaru, quien la ayudó a controlar un poco al enloquecido vampiro, pero aun así se negaba a quedarse quieto.
Shikamaru le dirigió una mirada fugaz a la rubia.
—Perdóname por esto… —musitó y al instante, le propinó un tremendo golpe a Sai en el estomago. Éste se dobló, vomitando sangre
—Oh… Dios… —Ino cerró los ojos y volteó la cara. Sai pareció calmarse un poco. Se dirigió a Nara—…¿Cómo es que tú lo supiste…?
Éste alzó los hombros.
—Pasaron unos reportes en la jefatura, Chouji me llamó por si podría echarle una mano, ha sido una noche de locos ¿sabes? Incluso el amiguito de Sakura fue para allá.
—¿Naruto?
Shikamaru asintió. El cuerpo de Sai se estremeció. Siseó y el sonido perdió intensidad al tiempo que éste perdía el conocimiento. Ino resopló, agotada.
—Tenemos que llevarle a casa.
—No creo que sea conveniente, para estas horas la zona ya estará acordonada y llena de policías. Le llevaremos a la bodega de la morgue.
—¿Y el personal? ¿Y tu padre?
Un suspiro meditabundo escapó de los labios de Shikamaru.
—La mayoría están por llegar a la reunión de Danzo y… —levantó la cabeza de pronto—¡Rayos!... ¡El Despertar…!
Ino tomo su celular. La llamada entró tras una desesperante interferencia.
—Sakura, ven rápido, estoy al este, osea a tu derecha, bordea el pueblo, nos veras en seguida.
—0—
Un punto de locura… un punto de quiebre, o tal vez la solución definitiva.
Esta idea se repetía en la mente de Hanabi Hyuuga, desde que había terminado de hablar con Kō. Recordó las "incongruentes" palabras de Neji en la jefatura… y el terror aun incipiente en sus ojos. Ése pánico, ése horror desmedido…
¿Y si no era una completa locura? ¿Y si aquellas acusaciones no eran tan "incongruentes"?
Los muertos podían volver, ésa era una afirmación risible, inclusive hasta infantil si se mira con supuesta madurez, pero ahora, hasta parte de las creencias generales, parecían poder denotarle lo contrario. Y ella no era creyente, a pesar de su educación tradicionalmente Shinto.
Lo que si, es que podía ser que Kō tuviese un poco de verdad en aquellas… supersticiones. Y ella sentía que quizás llegasen a tener algo de verdad. Las paredes de SU apartamento, el recuerdo de haberle sentido… y ahora las acusaciones de Neji. Nuevamente las palabras del asistente de su padre refulgían en su mente.
Todo tiene un porqué y toda pregunta tiene una respuesta. Asuntos pendientes, Hanabi-sama… si ellos vuelven es por eso… pero uno puede ayudarles a encontrar su camino…
…o en este caso; sellarlos. Así como una fuga en la tubería, uno tenía que apretar fuerte con la pinza adecuada y el agua se quedaría contenida en su sitio. Simple y fácil.
Se giró en torno hacia una de las avenidas colaterales y el tráfico le hizo recapitular la ruta. Viró por una calle alterna y al girar hacia la casa, notó que la mitad de la avenida estaba cerrada. Había dos autos volcados, tres ambulancias y dos autos patrulla obstruyendo hasta el lado de la acera. Afortunadamente, todo el estruendo estaba a una calle de distancia de la casa. Nadie le notaría entrar.
Dudó un minuto en tocar la puerta, hasta que ésta se abrió apenas al rozarla con el puño. El interior estaba vacío y aun había cierto recuerdo del aroma de madera quemada.
Neji-san y sus estúpidas y alebrestadas soluciones, pensó con cierta burla. Esto le arrancó una risilla tosca.
—Hinata… —clamó en un tono lacónico—Nee-chan… ¿Podríamos hablar?
Su mano fue directa a uno de los bolsillos de su abrigo. Sacó una diminuta bolsa medianamente llena de sal de mar. Tomó un puñado y lo esparció, bajo el umbral de la puerta.
Un viento helado sucumbió la estancia, alzando levemente el cabello de Hanabi, como si estuviese delante de un ventilador. Hanabi tomó otro puño de sal y la dispersó alrededor de ella, dejando un círculo casi perfecto.
La puerta se cerró a sus espaldas repentinamente. Las luces fluctuaron, se encendieron por casi diez segundos y volvieron a apagarse.
—¡Hinata! —clamó Hanabi a su difunta hermana mayor—¡HINATA HYUUGA!
El viento aumentó y las persianas se sacudieron violentamente… y ahí, en el último peldaño de la escalinata, emergió una forma difusa, silueteada de un vapor tenue, casi azul. El destello de unos ojos blancos y pétreos como mármol sólido se encontraron con los de Hanabi.
Y la figura se materializó, al menos casi como si fuese la nitidez de una proyección casera.
Hinata sintió recobrar parte del aliento tras la repentina desaparición de hacía momentos atrás.
—¿Ha… Hanabi? —inquirió, y la aludida pareció entenderle a la perfección—¿Qué estás… haciendo…?
Una mueca áspera y torva se trazó en los labios de Hanabi. Pasó una mano al otro bolsillo, sacando un diminuto papel de arroz, cuidadosamente plegado. Lo desdobló, dejando entrever dos kanji trazados con minucioso pulso.
—Hola, nee-chan… —sonrió Hanabi, bajando lentamente el papel y depositándolo sobre una línea de sal—Queria hablar contigo…¿Sabes lo que le pasó a Neji-nii? Lamentable, ¿verdad?... A mi no me agradó mucho, aunque a fin de cuentas, sólo iba a ser un estorbo. Pensaba deshacerme de él después de la boda, pero ahora con tanto lío, supongo que tendré que cancelarlo todo. —suspiró con la misma sonrisa, incluso más amplia—Que pena, quería mandar a pedir mi vestido a Yugagakure. Aunque, el dinero que me ahorré y tu parte en la herencia es más que suficiente…
Pasó otro puñado de sal, haciendo un medio circulo sobre el papel.
—Hanabi… —algo atenazó en la mente de Hinata. Una pulsación en su cabeza, como el cruzar de un relámpago—…no… ¡No por favor…!
—¿Duele? Pero si ya estás muerta, hermanita… —un tercer puñado de sal cruzó el pequeño pergamino. Y un cuarto.—…y si ya estas muerta, ¿Porqué no te largas de aquí?
La energía empezaba a fluctuar. Desvanecerse y perder fuerza, dolorosamente como tener una arritmia en punzantes intervalos.
—Yo… yo no te he… hecho nada malo… ¿porqu… porqué…?
—Precisamente por eso, nee-chan… —casi escupió aquella ultima palabra—Por nada. ¡Aun cuando sabías que papá tenía preferencias por mi! ¡Aun cuando el consejo familiar estuvo más a favor de mí para quedarme al mando de la empresa! ¡Tu sólo te interpusiste! ¡Tu…!
—¡Eras demasiado inexperta! —Hinata sintió que su voz también se desgarraba—¡Tu… tu no habrías… podido… con todo…!
—Y luego me quistaste a Neji, ¿O acaso también lo hiciste porque no me convenía?
—Yo… yo no… yo no sabía…
Una quinta línea más, ahora en conjunto habían formado un mamori (*) sobre el pergamino.
—Y él te amaba, el muy bastardo te amaba… —siseó la menor de las Hyuuga. Hinata entrevió una diminuta lágrima correr por la mejilla de su hermana—¡Siempre tuviste que interponerte! ¡Siempre tenías que arruinarlo todo! ¡A pesar de que papá nunca te alentó! ¡Tú…!
Hinata exhaló, al borde de una entrecortada respiración. Ahora hasta mantenerse en pie era difícil.
—Pero… no tenías porque… matarme… no… tenías…
Una carcajada ofuscada emergió de la mueca siniestra de Hanabi.
—¡Hice lo que debía hacer! ¡Quitarte de mi camino para siempre! ¡Y Neji también estuvo de acuerdo, aunque lo negara!—alzó una mano, el puño estaba rebosado de sal purificada. El movimiento definitivo— ¿Crees que me arrepiento? ¡No! ¡NO ME IMPORTA HABERTE MATADO Y SI LO TUVIERA QUE VOLVER A HACER, LO HARÍA DE NUEVO!
Y lanzó el puño. Una lluvia de diminutos granitos blancuzcos nubló la ya ensombrecida mirada de Hinata. La energía… fuerza, todo cuanto quedaba de ella sucumbía.
Como una flama, extinta por una ráfaga de viento.
—¡HINAAAATAA!— Una voz terció… casi… demasiado tarde.
—0—
—¿Bastará la sangre?
—Ya bebió suficiente esta noche…—Ino tomó una tercer bolsa de sangre, la abrió en una punta. Miró al ensangrentado y aun furioso muchacho, que le devolvía la miraba con ojos asesinos.
Shikamaru e Itachi lo tenían contra el suelo. Ino derramó el contenido sobre la boca de Sai, pero éste escupió la sangre
—No quiere que lo alimente, quiere cazar…
—¿Qué hacemos?—inquirió Sakura, a un lado de Ino.
—Sigue, sigue dándosela —arguyó Shikamaru. A la cuarta bolsa, el ímpetu y ansia del muchacho aminoró, tornándose como el de un animal indefenso, succionando del recipiente desesperadamente.
Aun así, hicieron falta dos bolsas más para que se calmara, luego, tras un par de espasmos cortos de tos, se desfalleció, sumiéndose un profundo estado de inconsciencia. Itachi aflojó la presión. Shikamaru lo imitó. Los cinco, Shisui incluido, estaban en silenciosa contemplación entre aliviados y apesadumbrados.
Ino se desplomó sobre una de las sillas del despacho de Shikamaru.
—Apenas y pude contenerlo…por poco y me arranca el rostro… —miró de reojo a Sakura—…gracias, "pulgosa".
Ésta sólo asintió en silencio. Sólo había una luz encendida, la de la lámpara de trabajo en el escritorio, iluminando tenuemente con un halo amarillento.
Shikamaru se pasó la mano por la barbilla, pensativo.
—Mató a una mujer, atacó a alguien más… y justamente en este momento Danzo Shimura convocó a una junta general con los jefes del Consejo… ¡Mierda! Cómo si esto no fuese demasiado problemático ya…
Ino arqueó la mirada hacia él.
—Anko no insistió en decírmelo, ni siquiera quiso presionarme en que asistiera. —tomó una de las manos del inconsciente joven. Obviamente no había pulso, y estaba tan helado como un témpano. Las garras habían vuelto a tomar la contextura de uñas humanas. Entrelazó los dedos con los de él—Sé por qué usó a Sai…
—¿Cómo señuelo?
—…No propiamente… —susurró—Quería que recordase lo que somos en realidad. Simples monstruos sin raciocinio ni control… que todo lo que soy, se lo debo a ella…
Un siseo atávico escapó de los pálidos labios de Sai.
—Ellos… ellos… ellos vienen…
CONTINUARÁ
(*) Mamori.- Hechizo sintoísta, a menudo usado como un equivalente a los rezos de purificación cristianos, se usa también para protección.
N/A:
Saludos! Si he vuelto desde las profundidades del averno fangirlistico y qué mejor época que octubre para traer de regreso a la vida a esta peculiar (y kilométrica) adaptación, jejeje… bueno, las cosas caerán por su propio peso. La rebelión de los vampiros parece que dará un paso muuuy grande, Hanabi acaba de confesarlo todo, y no del mejor modo…
Y EL SIGUIENTE CAPÍTULO ES EL PENÚLTIMO DE LA TEMPORADA!
Si, estamos oficialmente en recta final… asi que, estén pendientes. Haré todo lo posible para no demorar más de lo debido con la siguiente actualizació!
Ya saben, cualquier comentario es bien recibido en la caja de reviews…
Higurahi´s out!
