Y Higurashi´s Workshop vuelve a la carga! Y no lo habría hecho si no fuera por la gran ayuda de Gran Kaiosama, quien amablemente me echó la mano en la tumultuosa escena de Naruto, la cual verán en este capítulo. Asi que tomen sus snacks, ponganse cómodos y disfruten!

BEING HUMAN

CAPÍTULO 23

El Noble Arte de Decir Adiós

Conocemos a gente… y nos enamoramos.

Y cuando nos separamos, nos dejan marcas, para que les recordemos. Nuestros amantes, nos esculpen, nos moldean… nos definen. Para bien o para mal.

Cómo la bola de una máquina de pinball, chocamos contra ellos y rebotamos en otra dirección; impulsados por el contacto… y después de la separación, puede que nos queden cicatrices. Pero somos más fuertes, o más frágiles… o más necesitados.

Nuestros amantes permanecen en nuestro interior como fantasmas. Apareciéndose en pasillos y habitaciones desiertas. A veces susurrando, a veces gritando.

Invisibles, pero siempre allí. Esperando.

Sai.

Aquel grito había culminado en un chasquido estruendoso y alarmante producido por los cristales de las ventanas de la sala. Los vidrios de las ventanas se desplomaron, sucumbiendo como una lluvia de diminutos diamantes transparentes.

La voz de Rock Lee resolló con un gutural eco.

—¡Hinataaaaa!

La exhalación había surgido más como un grito de batalla que como una advertencia. Ahora no sólo la energía fluía como una llamarada iracunda en su intangible ser, sino una incandescente mezcla de resentimiento y disgusto tras haber escuchado semejante infamia brotar de las crueles palabras de Hanabi Hyuuga.

¡Una furibunda y justiciera llamarada de juventud!

…O un último sacrificio.

Hanabi dejó escapar el último puñado de sal purificada. Los sellos, dispuestos en aquel elaborado códice habían proyectado una sombra imprecisa, justo debajo de la ahora casi borrada silueta de Hinata. Un vórtice lóbrego que crecía conforme absorbía la energía de la Hyuuga.

Hinata apenas pudo escucharle. La visión se tornaba oscura pero pudo percatarse aun de su presencia.

—¡No! ... ¡No… Rock Lee…!—jadeó, sintiendo su voz como si estuviese en medio de un estrepitoso huracán.

Tarde. Muy, muy tarde.

Los últimos granos de sal cayeron y segundos antes de que el ritual completara su cometido, las manos del muchacho asieron los incorpóreos hombros de Hinata, empujando a la frágil joven hacia un lado. El imponente abismo exhaló su irrevocable bocanada y ésta arrebató el último suspiro del alma de Rock Lee.

El vórtice y el joven se esfumaron, al igual que la flama de una vela al apagarse por el viento. Sin tener un cuerpo sólido, y aun con la exigua energía que le quedaba, Hinata sintió caer bruscamente contra el linóleo, ante la atónita mirada de su hermana menor.

Hanabi exhaló y su rostro se contrajo en un rictus de furia.

—¡Maldita…!

La puerta se abrió bruscamente, derribada por la fuerza de una patada e irrumpiendo las palabras de Hanabi. Ésta miró de reojo, apenas percibiendo la despeinada cabellera rubia del contrariado policía que permanecía inmóvil en el umbral de la puerta. Naruto Uzumaki resolló, todavía aturdido por lo que acababa de presenciar. Desenfundó el arma y la empuñó hacia la Hyuuga.

—¡Policia de Amegakure! ¡Ambas manos en alto! ¡Esta detenida!

Una lacónica carcajada brotó de la garganta de Hanabi Hyuuga.

—¿Qué? —jadeó—¿Detenida? ¡¿Y por qué carajos…?!

—Homicidio en primer grado y allanamiento de morada. —terció una voz.

Detrás de Naruto, apareció otro oficial. Hanabi recordó fugazmente al sujeto, de cabellera castaña y regordeta figura. Le había visto en la jefatura, en el área de los separos donde habían llevado a Neji.

—¿Homicidio? —Chistó ella—¡Yo no he matado a nadie… y ésta es mi maldita casa antes que…!

El policía de cabello castaño alzó una grabadora de bolsillo. El eco de la voz de Hanabi en un vórtice mezcla de locura y saña hizo un eco en la estancia.

"¡Hice lo que debía hacer! ¡Quitarte de mi camino para siempre! ¡Y Neji también estuvo de acuerdo, aunque lo negara!...¿Crees que me arrepiento? ¡No! ¡NO ME IMPORTA HABERTE MATADO Y SI LO TUVIERA QUE VOLVER A HACER, LO HARÍA DE NUEVO!"

Hubo un segundo de silencio. Naruto no había bajado el arma; volvió a ordenar, ya con un aire más sobrio.

—¡Por favor, salga con las manos en alto!

Hanabi sintió que la sangre se le iba a los talones. Temblaba, y sin embargo, la mueca de aquella sonrisa torcida no desapareció.

—No… eso… no… —alzó las manos, casi en reflejo en cuanto el otro oficial se acercó a ella, dispuesto a inmovilizarla—¡Eso no prueba nada! ¡No…!

Sus palabras se entrecortaban ante el barullo armado en el vecindario. Afuera, había dos patrullas aparcadas al frente de la casa. Hanabi caminaba resollando y balbuceando, mientras que Akimichi la escoltaba, asiéndole por un brazo.

Una tercera patrulla llegó. Del asiento trasero, emergió una figura que hizo callar las quejas de la joven.

—P-p-…¡¿Padre?!

El semblante de Hiashi Hyuuga enarcó un sombrío gesto; una mezcla austera de repudio y amargura.

—Te di todo cuanto pediste. —murmuró. Su voz era un gemido grave y apesadumbrado—Las mejores escuelas, las mejores institutrices… todo, aun por sobre tu hermana mayor. —el ceño se había fruncido en un ángulo más rígido—No tenías por qué hacer esto, Hanabi.

Ella al inicio creyó no entender, más bien, no percatarse de la unión de todos los hechos. ¿Cómo logró enterarse? ¿Neji habrá dicho algo más? Era imposible que su padre hubiese escuchado aquel "numerito demente" en la casa…

Entonces, aun antes de que sus miedos, interrogantes y suposiciones se uniesen en una avasalladora verdad; el patriarca de la familia principal Hyuuga sacó del bolsillo de su pulcro abrigo, una delgada y brillante sortija. Las iniciales de Hinata estaban impresas en ellas, junto a las de Neji. El metal relucía como el día en que el joven pidió su mano en matrimonio.

La mirada de Hanabi se desencajó por completo.

—No… —susurró—… no es posible. ¡Ese anillo… ! ¡La enterramos con él…!

—No me interesa y ni quiero saber lo que hiciste para arrebatárselo a tu hermana, Hanabi. —sentenció Hiashi—Estaba en tu escritorio, y tu confesión escrita en el monitor…

—¡Nooo! —la voz se curveó en un gemebundo clamor—¡Yo no hice nada…! ¡Papá! ¡Papi, yo no hice nada…!

Pero Hiashi simplemente se dio la vuelta, yendo hacia uno de los oficiales. Hanabi siguió gritando, todavía lo hacía dentro de la patrulla.

Mientras, el barullo de los vehículos menguaba, el joven policía rubio había logrado salir del shock en que se había sumido hacía minutos atrás. Naruto volvió a guardar el arma en su cartuchera y se echó a correr inmediatamente hacia la casi desvanecida joven que yacía a mitad de la sala.

Entreabrió la mirada y los perlados orbes se encontraron con aquellas pupilas azules. Brillantes, como el cielo de un esperanzador verano.

—Na…Na...ruto… —las sílabas lidiaban por no perderse bajo el eco del viento. Siseó, como si el aire fuese a escaparse por completo de su ser—…él… él… intentó…

Con mil pensamientos revoloteando en su cabeza y mil palabras inconexas en su boca, Naruto sólo atinó a responder un mustio pero afable gemido.

—Lo sé… —intentó disimular calma en su voz, seguida de una sonrisa corta e impostada—…estúpido "cejotas", siempre llamando la atención…

La silueta de esta parecía fluctuar entre la nada y la exigua solidez, como una imagen mal sintonizada en una señal defectuosa.

Chouji resolló una escueta orden al rubio; éste solo musitó una corta y casi lastimera súplica.

—Déjame quedarme… por favor.

El robusto oficial exhaló y asintió sin más. La mirada de Naruto seguía fija en Hinata. El aliento de éste fluctuaba al igual que la silueta de la joven. Los azules orbes del chico intentaban no tornarse más vidriosos mientras su mente solo repetía una y otra vez la misma interrogante.

¿Qué…?... ¿Qué puedo hacer…?

0—

El gorjeo en su garganta había cesado. La respiración se tornó menos errática y un poco más acompasada.

—¡Sai! —Ino clamó, sacudiendo al pálido muchacho por los hombros—¡Sai! ¡Saaai!

Shikamaru le dio una leve palmada en la espalda a la chica, antes de que ésta le provocase al pobre Sai otro desmayo.

—Lo bueno es que tú estabas calmada —reprendió aun a pesar del puchero silencioso en las facciones de Ino. Volvió su atención al pálido muchacho de pelo negro—…por cierto, ¿qué es lo que quisiste decir con eso de "ellos ya vienen"? Cuando saliste del "shock", empezaste a susurrarlo una y otra vez.

Sai tosió dos veces entrecortadas. Consiguió calmar el tercer espasmo. Se irguió sobre la silla, pasándose una mano por la sien.

—Ellos… —enarcó la mirada en Ino y luego en Shikamaru—…Danzo. Todo fue idea de él… tienen…—volvió el espasmo de tos. Carraspeó, hablando dificultosamente—…tienen más de una docena, muchísimo más… Están en el sótano, donde Anko me encerró.

—¿Tienen a quienes? —inquirió Ino, en un tono preocupado—¿De qué estás habland…?

—Neófitos. —sentenció Sai.

Hubo un silencio ominoso de casi diez segundos. Sai se aclaró la garganta.

—Les escuché, gritando… gimiendo como bestias enjauladas…—su mirada se ensombreció—Danzo piensa liberarlos en cuanto comience la ceremonia del Despertar, para que arrasen con todo, incluyendo a los Antiguos y así asumir el liderazgo absoluto.

Una voz carcajeó nerviosamente a espaldas de los tres vampiros.

—¡Bien, justo lo que faltaba! ¡Un puñado de vampiros enloquecidos y un golpe de estado caótico! —siseó Shisui Uchiha, y se dirigió a Itachi, quien permanecía silencioso en uno de los extremos de la habitación—¡Creo que ése es nuestro tono de salida, "comadreja"!

Ino le dirigió una expresión de reclamo.

—Wow, eso sí que es ser solidario.

—Querida, todo tiene un límite… —Shisui se cruzó de brazos—…en ocasiones cómo esta, es mejor aplicar la ley de "más vale aquí corrió, que aquí quedó…"

—¡Tú ya estás muerto! —chilló la rubia. El aludido sólo se alzó de hombros.

—Y ni así me pienso quedar. ¡Va a ser una masacre! ¡Yo creo que entre más lejos estemos de Amegakure, mejor!

Sakura regresó a la habitación, apagando el móvil y guardándoselo en el bolsillo del pantalón. Su expresión consternada irrumpió la tensión.

—Han arrestado a la hermana de Hinata… según lo que Naruto me dijo, irrumpió en la casa y quien sabe qué raro ritual quería hacer para sacarla de la casa.

—Un rito de purificación —enunció Ino, con voz casi tan baja que parecía un murmullo—¿Hinata está bien?

La joven de pelo rosa asintió escueta y sin mucha efusividad.

—De milagro. —susurró— Rock Lee interrumpió a Hanabi y, bueno, en palabras exactas de Naruto, desapareció en una especie de agujero negro; si no hubiera sido por él, Hinata habría terminado así.

Shisui chasqueó la lengua repetidamente y le dirigió una mirada retadora a Ino.

—Y tú creías que siendo un fantasma podría estar a salvo… ¡Jah!

—¿A salvo? ¿Qué está pasando? —inquirió Sakura, confundida.

Aun antes de que alguno de los otros presentes respondiese, Ino lo hizo de manera tajante.

—Que ahora tenemos un pelotón de vampiros nuevos, hambrientos hasta la locura y para colmo, Danzo planea cargarse toda la jerarquía vampírica con ellos.

—Y por eso, —secundó Shisui— optamos que lo más cuerdo que se puede hacer, es…

—Destruirlos. —la voz grave de Itachi resonó

La habitación quedó enmudecida como si hubiese caído un trueno abrupto y el silencio fue tan denso que hasta podría escucharse el caer de un alfiler. Shisui miró a su primo con una mueca desencajada en su traslúcida cara.

—Destruirlos… —repitió Shisui lacónicamente— ¿A un centenar de vampiros? —su primo solo espetó un corto e inexpresivo "si" —¡¿Acaso se te metieron las pulgas al cerebro, "comadreja" idiota?! ¡Son demasiadas sanguijuelas… y de la peor clase!

—Los neófitos son impredecibles, al menos en el primer lapso de transformación; y si no se han alimentado, bueno, eso los convierte prácticamente en bestias primitivas —murmuró Shikamaru.

Itachi atajó con una mirada pensativa.

—Pero al menos deben tener alguna debilidad, supongo.

—La sangre fresca. —respondió Shikamaru por reflejo.—Atacan lo que sea que esté vivo, con algún otro sobrenatural no se ensañan tanto pero si hay una presa viva y humana, se irán directo sobre ésta como abejas a la miel.

Shisui sólo alzó los hombros en un gesto despectivo. Itachi ni siquiera se inmutó; su mirada pensativa se quedó fija en Sakura.

—Tu amigo, el rubio escandaloso ¿regresó a la comisaría? —inquirió.

—No. —Sakura titubeó por la súbita cuestión— Se quedó en casa con Hinata… al menos es lo único que me dijo. ¿Porqué…?

Itachi solo enunció con voz grave y decidida.

—Tengo una idea.

0—

El flujo de energía fluctuaba, con una tenue intermitencia casi ambarina. El mismo Naruto no sabía ni siquiera cómo había ocurrido. Sólo había tenido un impulso, casi irracional –y estúpido, tomando en cuenta la naturaleza de la acción- de tomar la mano de la inexistente Hinata. Los dedos tocaron la nada por un momento, luego…

"Aquel resplandor…", resolló Naruto, desconcertado y boquiabierto ante aquella peculiar fluorescencia que emergía de la palma de la mano del muchacho, oscilando como la lucecilla de una vela hasta la punta de sus dedos y de éstos, irradiando un aura alrededor de toda la silueta de Hinata Hyuuga.

La mirada perlada de ésta, tan atónita como la de Naruto quedó fija en la mano del joven y el flujo de energía se detuvo, desvaneciéndose poco a poco.

—N… Naruto-kun… ¿Q-qué…?

Éste alzó la mirada hacia Hinata, enarcando una sonrisa amplia y aliviada.

—¡Ya puedo verte…! —clamó efusivo, y bien podría haberse adelantado hasta ella y abrazarla, si no fuera porque aun seguía inmóvil y sorprendido —…aunque no… no tengo idea de cómo conseguí hacer eso.

—Ok, eso es nuevo… no sabía que aparte de ver fantasmas también pudieses compartir energía… —terció una voz desde el marco de la entrada.

Naruto se giró, aun con la mano extendida hacia Hinata.

—¡Shisui-kun! —clamó—¡¿Qué rayos estaba pasando allá afuera?!

—¡Hinata! —resolló Sakura—Estas… ¿bien? Naruto me dijo lo que intentó hacer tu hermana. —Ésta entró pasando literalmente a través de Shisui, seguida de Itachi.

Ino, quien aun llevaba a un abatido Sai apoyado de su hombro, se limitó a exhalar aliviada.

—¿Cómo lograste detener el ritual Mamori? —inquirió—Por lo general ningún alma puede librarse de eso.

Hinata miró a Naruto, y este bajó el semblante, en dirección al círculo de sal que yacía en medio de la sala.

—El "cejotas" se sacrificó por ella. Se lanzó hacia ése hoyo negro que se abrió en el piso y simplemente desapareció —musitó el rubio—No… ¿no podríamos hacer que volviese o algo…?

Shisui Uchiha chasqueó la lengua en gesto pensativo.

—Por desgracia no. Lo que quiso hacer la hermana de Hinata fue equivalente a un exorcismo… y una vez que un fantasma es exorcizado, no vuelve. Uno literalmente se desvanece en la nada. Finito, "the end"… como polvo en el viento.

Un rictus apesadumbrado enarcó las pálidas facciones de la Hyuuga, quien seguía con la mirada fija en el círculo de sal.

—Sal de mar, tsk, ¡cómo odio esa cosa! —el Uchiha bufó— Tienes suerte de que Naruto pudiese darte algo de su energía, reponerse después de un sello con sal de mar cuesta demasiada fuerza energética…

La frase fue cortada por el crujido estridente de una de las sillas del comedor al partirse contra el linóleo. Naruto se giró al instante, hacia Itachi quien desprendía las patas del mueble con la facilidad de quien rompe una hoja de papel.

—¿Qué rayos…? —Naruto le miró extrañado. Una mano se posó sobre su hombro y su mirada se encontró con la de Sakura.

—Lo ocurrido afuera…—su voz subía y bajaba en un tono dubitativo—...tenemos un enorme problema con los vampiros y, nos sería útil tu ayuda…

0—

La explicación había sonado escueta y apurada, pero Naruto la había entendido a la perfección. Podría haber sido aquel impulso alebrestado que siempre había tenido o tal vez envalentonado por lo ocurrido en casa de Hinata lo que le llevó a haber aceptado semejante suicidio… porque, claro que era un suicidio. Servir de carnada siempre terminaba siendo un sacrificio premeditado, estúpido y poco lógico.

El adusto edificio Shimura, que coronaba el vértice de una de las solitarias y lúgubres callejuelas del este de Amegakure, se erigía como un sobrecogedor monolito.
La estrategia; entrar por el área de la bodega y de ahí, hacia la cámara asignada para cremación, que según lo entendido y escuchado por el propio Sai, estaría colmada de neófitos. Entrar sería fácil, abrirse paso entre los salvajes y enloquecidos no-muertos sería lioso, encender los hornos, las calderas y hacer barbacoa vampírica sólo era la culminación de la misión…

Tenían un vehículo de escape, incluyendo a una preocupada Ino, una no muy convencida Sakura y una Hinata que apenas y había conseguido la fuerza suficiente como para salir de casa sin desvanecerse por completo. Tenían el armamento: una mesurada cantidad de estacas conseguidas a costa del inocente juego de sillas y la mesa del comedor; Shisui afirmaba que tenía energía suficiente como para transportar a Naruto a un punto a salvo antes de la explosión, Sai todavía tenía el ímpetu asesino para despacharse a algunos de sus salvajes congéneres e Itachi había recalcado que había cierta ventaja teniendo en cuenta que restaban tres días para el plenilunio. Naruto no quiso ahondar en esto y no quería pensar mucho en lo que esa "ventaja" implicaba.

Las indicaciones hechas por Shikamaru respecto a la ubicación del horno, las calderas y la alta sensibilidad de las tuberías de gas habían trazado una sólida confianza en aquella meditada táctica. Entrar, acorralar –destrozar y destazar si era necesario-, convertir la cámara de cremación en un horno gigante y correr. Esto último lo repetía el Uzumaki en su mente como un mantra.

Él lo haría, y sabía que podía ser los suficientemente rápido para conseguirlo.

Entrar, acorralar, incendiar y correr. Entrar, acorralar, incendiar y correr.

¡Bam! La funeraria Shimura volaría hasta los cimientos como los fuegos artificiales del Tanabata.

Sin embargo, ningún plan era infalible.

Hubo un siseo lejano, como escuchar cientos de serpientes encerradas en una caja. Naruto tragó con dificultad y miró a los que lo acompañaban. Itachi se veía confiado, Quizás demasiado. Sai parecía ansioso… Muy ansioso, al llegar a la puerta trasera de la bodega, la encontraron sin candado, con mucha cautela la abrieron e Itachi olisqueó el aire, el lugar se hallaba vacío. Al extremo opuesto estaba la ominosa puerta de metal que llevaba a los sótanos y al crematorio. Llegaron a ella y esta se abrió con un ronco y penetrante chillido. Delante de ellos se abría un corredor largo y oscuro, casi al fondo se distinguía una bifurcación y pequeñas puertas que se perdían en la negrura.

—Al fondo del pasillo. —Dijo Itachi— según vayas avanzando los nuevos saldrán a por ti, nosotros los frenaremos para que puedas llegar.

—De repente ya no me está pareciendo tan buena idea, Dattebayo…

—Tú corre como el viento y déjale el resto al tío Shisui. —Shisui apareció justo al lado de Naruto— Estarás fuera de este lugar antes de que te des cuenta.

—Que un fantasma diga eso, no es muy alentador. —De cualquier manera Naruto comenzó a caminar más aprisa adentrándose en aquel pasillo que parecía cada vez más estrecho y agobiante. Podía escuchar un siseo, como el de cientos de serpientes encerradas en una caja.

Pasó saliva y tomo una pequeña aguja de entre sus ropas .

"Hora de patear el avispero", pensó al tiempo que se pinchaba el dedo y una pequeña gota de sangre se formaba en su pulgar.

Por un instante el siseo se calló y después vino una explosión de chillidos y gritos que los aturdieron momentáneamente.

De las puertas laterales y la bifurcación aparecieron literalmente cientos de criaturas de ojos rojos y rostros enmascarados con el rictus de la locura. Itachi maldijo para sus adentros. Estaba esperando unos pocos cientos… Pero aquello parecía como si toda la población de Amegakure se hubiera convertido.

Naruto instintivamente sacó una de las estacas que guardaba en su cinto y golpeó al primer neófito en el pecho. Fue como atravesar un melón maduro, al estar tanto tiempo desprovistos de alimento las criaturas se habían debilitado físicamente pero aun conservaban fuerza suficiente para ser un peligro, esquivó un zarpazo y la siguiente estaca dio contra la cabeza de otro. La criatura chilló y retrocedió ante el repentino dolor, el rubio propinó un golpe cerrado derribando a otro más que aparecía delante de él. Escuchó un gruñido y supo que Itachi estaba peleando y a juzgar por la poca cantidad de criaturas que iban a él, estaba haciendo un buen trabajo.

Itachi de repente perdió la cuenta y la noción de lo que estaba haciendo; cuando Naruto dejo caer la gota de sangre, el instinto asesino de las criaturas lo golpeó a él como si fuera algo físico. Incluso Sai quien parecía muy ajeno a esas emociones respingó. Las criaturas se abalanzaron sobre Naruto, ignorándolos por el momento, cosa que aprovecharon para atacar y eliminar a cuantos fuera posible y darle oportunidad al humano, después de todo ellos como sobrenaturales eran ignorados o eso parecía. El hambre de los neófitos estaba fuera de control y pronto uno salto al cuello de Itachi, seguido de otro más, Itachi aulló de dolor al sentir que un tercero se prendía de su brazo y trataba de llegar a una vena. Shisui empleo algo de su energía para empezar a repeler a las criaturas, esperaba que Sai no estuviera teniendo tantos problemas pero para su consternación el vampiro había desaparecido.

— ¡Maldita sea! —Exclamó— "colmillitos" huyó Itachi, debemos… ¿Itachi?

Tuvo un mal presentimiento, al voltear se maldijo por tener razón, los ojos de Itachi se habían tornado parcialmente rojos y se había transformado casi totalmente, gruñía y daba zarpazos poderosos pero descoordinados, estaba simplemente matando a todo lo que se le estuviera atravesando enfrente. La sed de sangre y el dolor lo descontrolaron. En ese momento era como un lobo entre un atado de ovejas.

— ¡Oi, primo! —Shisui se colocó frente a él— Creo que estas…

Itachi simplemente le tiró un golpe, si hubiese sido sólido, Shisui Uchiha habría perdido la cabeza. Pero Itachi no parecía saberlo. Destazó a otros dos neófitos y de repente su atención se fijó en una cabellera rubia que luchaba varios metros delante de ellos.

— ¡Y una mierda! —Gritó Shisui mientras usaba su energía para repeler a más neófitos y a la vez agarrar a Itachi y tratar de detenerlo — ¡Primo, reacciona! ¡Te estas poniendo demasiado intenso!

Naruto a lo lejos parecía no darse cuenta, demasiado ocupado con su propia carga de criaturas, estaba por llegar a la puerta del crematorio. Shisui hizo el intento de gritarle pero estaba consumiendo demasiada energía y tenía que evitar que Itachi saboteara el plan "¿Y si no puedo transportarlo?" Pensó Shisui al tiempo que una criatura trato de morderlo, era obvio que estaban tan furiosas y hambrientas que no podían distinguir, lo malo es que Itachi tampoco.

En un último vistazo distinguió a Naruto entrar a la cámara. La puerta se cerró tras él y los neófitos comenzaron a amontonarse frente a ella y golpearla.
Bien, el humano estaba relativamente a salvo, ahora era cuestión de despertar a su primo y después encontrar al maldito de Sai.

Considerando las riesgos, apuntó a la cabeza de Itachi y su dedo lo traspasó, no sin antes mandarle una descarga de sus propios recuerdos. Las criaturas que lo rodeaban saltaron atrás con la descarga de energía y los ojos del hombre lobo parecieron recobrar algo de cordura.

Itachi aplastó la cabeza de otra criatura que saltaba a él y miró interrogante a su primo.

—Bienvenido de vuelta. —Shisui se cruzó de brazos mientras un vampiro lo atravesaba y se estrellaba contra la pared— Si ya estás más cuerdo podríamos…

Hubo un silencio sobrenatural, los neófitos dejaron de atacar y toda la atención del lugar se dirigió a la puerta del crematorio, que de repente salió disparada aplastando a las criaturas cercanas, seguida de una gigantesca llamarada que empezó a engullir todo a su paso. Itachi se dio la vuelta y empezó a correr a la salida, empujando a las criaturas detrás de él, entorpeciendo a los que trataban de seguirle.

Shisui se quedó clavado en su lugar, las llamas no le afectaban pero un desagradable sentimiento sí, había utilizado toda su energía para contener a su primo y ahora…

— ¡Naruto! —Gritó inútilmente mientras todo a su alrededor se convertía en un infierno naranja y carmesí.

0—

Con el rostro contraído en una mueca ceñuda, Danzo Shimura se aproximaba a la sala de seguridad que antecedía a la cripta. Su expresión ya malhumorada se ensombreció más todavía al ver en las cámaras de seguridad que la entrada a la bodega estaba sospechosamente abierta.

¿Dónde está el imbécil de Torune?

Alargó el brazo hacia el panel de control con la intención de abrir la entrada a la cripta y estaba a punto de hacerlo cuando dos tercios de la pared de hormigón y la puerta se partieron, dejando un boquete en medio de una densa nube de polvo.

Unas manos pálidas, gélidas como témanos de hielo y provistas de afiladas garras como navajas curveadas apresaron el cuello del inmortal líder Shimura. Inmóvil y aparentemente sorprendido, Danzo sonrió, con una mueca torcida y sádica.

—El hijo pródigo regresa… —resolló en aquel momento casi como si el tiempo se hubiese detenido, mientras Sai seguía sujetándole del cuello.—Vaya… veo que si tienes agallas…

Las manos apretaban. Lentamente. Iba a romper el cuello de Danzo con sus manos desnudas y arrojarle al fuego como un saco de basura.

—Usted… ¡Usted me convirtió en ESTO! ¡No fue Ino! ¡Nunca fue ella! ¡Asqueroso bastardo…!

La mueca de Danzo se torció aún más. El gesto de un demonio sonriendo.

—No… no la necesitas… muchachito estúpido… —gimió Danzo. Manaba sangre por la nariz—… Vida por vida… y te haré mi segundo al mando.

—Eso no me interesa.

Danzo se estremeció de nuevo, con el cuerpo doblado hacia delante. Sai sintió una furiosa oleada de rabia en su interior. ¿A cuántos hombres y a cuántas mujeres había destrozado aquella vieja sabandija? ¿Había escuchado sus gritos pidiendo compasión? Seguro que no.

Las manos de Sai aminoraron la presión, cuando su presa le agarró por el cuello de la camisa.

Con un movimiento habilidoso, logró tomar a Sai por sorpresa dejándose caer al suelo y barriéndole las piernas. Sólo tardó una fracción de segundo y lo siguiente que Sai supo fue que estaba tirado en el suelo y la afilada punta del atizador para la caldera se impactó contra su pecho.

0—

Ino estrujaba los nudillos contra el volante. Miró el reloj por cuarta vez. Exhaló, espetando un bufido de frustración.

—Ino… —Sakura le llamó. La aludida apenas y reaccionó con una rápida murada por sobre su hombro. Su amiga notó un lívido brillo preocupado en las pupilas de la rubia.

—Esto una completa locura… —masculló, apretando ambos puños—¡Y completamente inútil!

—Es más inútil escucharte gimotear desde que llegamos —increpó Sakura—El plan de Itachi bien podría ser factible…

—Confiar en el bastardo que te arruinó la vida, claro, es muy factible, "frentona".

Hinata se interpuso, igual que siempre que sentía avecinarse alguna conflictiva discusión futura. Menguar la tensión no era una opción.

—Na… Naruto-kun dijo que lo conseguiría… —pudo enunciar, sin evitar lo incómodo que sentía escucharse diciéndolo.

Ino volvió a mirar el reloj y sin pronunciar nada más, salió del auto. No había dado más allá de dos pasos, cuando un estruendo catatónico abatió la calle y el cielo de la pronunciada noche se iluminó con un fulgor rojizo sangre.

Briznas carbonizadas cayeron alrededor de la empalidecida rubia, mientras sentía su aliento congelarse en su garganta y el aroma de la muerte indómita refulgía en sus fosas nasales.

—Oh… no…

0—

Una disforme mancha carmesí aparecía sobre la macilenta camiseta de Sai y su carne no-muerta se estremeció, como si ésta estuviese quemándose a fuego vivo. Pero sus manos no soltaban su objetivo, hasta el momento en que el resto de la cámara estalló en un torbellino de llamas y madera ardiendo.

La onda expansiva les derribó. Siseando, herido y desfalleciente, Sai hizo acopio de fuerzas para levantarse e impedir que Danzo se escabullera. Saltaron astillas a su alrededor, mientras volaban fragmentos de pared y del techo. Una viga mellada cayó en medio de ambos vampiros. Sai se abalanzó sobre ésta, con un zumbido infernal en sus oídos y los pulmones casi vacíos de aire. Le regresó el favor al antiguo y despreciable ex regente, atravesándolo por completo, quedando el cuerpo clavado en el despojo de la pared, domo un dardo sobre una diana.

Danzo abrió la boca para proferir un último grito pero la voz quedó ahogada en un balbuceo lacónico. El cuerpo sucumbió cortas sacudidas para luego tornarse cenizas, mientras que el techo se desmoronaba, cayendo en amorfos escombros sobre la marchita y carbonizada escoria.

Sai sonrió difusamente, la sangre, brotando más y más de su torso, habían dejado un amplio charco sobre el cual se desplomó. Los pulmones silbaban, la vista comenzaba a tornársele borrosa; el atizador a modo de estaca estaba cumpliendo su trabajo. Una voz suave clamaba su nombre.

Sai sólo pudo responder con un jadeo.

—Ino… Ino-chan…

Sintió que su voz se tornaba ronca y débil. Se habían agotado sus últimas reservas. Las figuras que le rodeaban se estaban desenfocando y volviendo borrosas.

—…Esto… es todo cuanto… cuanto te debía… amor… —susurró.

—Sai… ¡Sai! ¡Resiste! ¡Voy a quitarte eso y…!

—No… no, Ino…

Sai hizo un ruido: un gemido apagado, terrible. Ella levantó la cara al cielo, enrojecido por el fuego. El muchacho alzó una mano y tomó la de Ino, acercándola al filo del atizador.

—Termina…con esto… por favor…

—No voy a dejarte —resolló ella—¡Eres todo cuanto me queda!

—Pude ser capaz de destruirte… pudiste contenerme pero… ¿y después? —Sai gemía de nuevo, un siseo apagado que acababa en una especie de lloriqueo.—…terminaré como él… o como Anko…

—No, no será asi… yo… ¡yo puedo impedirlo!—Ino hizo un esfuerzo para mirarle y los ojos de Sai se encontraron con los suyos, su cabeza torcida como una flor delicada sobre un tallo oscuro.

La boca se abrió de nuevo para repetir aquel horrible sonido. Los ojos estaban apagados, pero siguieron fijos en Ino Yamanaka, y ésta leyó su mensaje.

"Por favor…"

—¡No puedo hacerlo! ¡No puedo, Sai!

El cuerpo de Sai temblaba en su agonía, su mano seguía firme en la de la chica, pero ya no había fuerza en ellas

—El hombre que una vez fui… aquel patético pintor del que te enamoraste…—susurraba, con un silbido en la garganta, más y más profundo—…ya no queda nada de él…

—No…

La cabeza se agitó y cayó sobre el hombro de Ino. Con un tremendo esfuerzo, Sai la levantó y miró suplicante una vez más a la joven, que estaba de rodillas bajo el crepitar del incendio.

—Sálvame.

Ella alzó la otra mano, y con ambas se aferró al mango del atizador. Las fuerzas le flaqueaban, las lágrimas le nublaban la vista. Se sentía flotar, como en sueños, en aquel mar de cenizas y fuego que no tenía fronteras. Sai se estremeció, le miró fijamente y esperó.

—Te amo, Ino-chan…

Sai cerró los ojos, y el grave gemido persistió en su garganta.

"Podríamos hacer que se recuperase —pensó Ino—. No tengo que matarle. Podríamos hacer que se recuperase. Shikamaru sabría cómo... así salvamos a Asuma sensei… podríamos hacerlo de nuevo…"

Pero en el fondo de su corazón sabía que esto era mucho peor que el torso casi destrozado de su maestro. Las balas no eran tan letales como una estaca en el corazón, Sai estaba a las puertas de la muerte, y lo único que le pedía era que le librase del dolor. Todo había ocurrido tan rápidamente..., la pelea, el incendio..., todo tan rápido, tan rápido...

Ino apretó más fuerte las manos. Temblaba tanto como Sai. Una oscura neblina enturbiaba su visión, y sus ojos se estaban llenando motas de polvo. Tendría que hacerlo por compasión. Hizo acopio de valor. Sai alzó una mano y la pasó suavemente por la mejilla de Ino.

—Siempre te amaré… —murmuró.

Ino respiró hondo y empujó lo más rápidamente que pudo la improvisada estaca que tenía entre las manos. Oyó el ruido que hacían los órganos al ser atravesados, y el cuerpo de Sai se estremeció, mientras literalmente se desmoronaba entre las manos de ella.

Al igual que el peso del ya inexistente muchacho, Ino sintió que algo se desprendía de ella.

Tal vez el último resquicio de misericordia humana...

Entonces, en sus casi cuatrocientos años de vida sobrenatural, aquella furia volvió a despertar en su enmudecido corazón. Lo que ahora yacía debajo tenía los bordes duros y en carne viva, corno una herida sangrante. Para vivir esta vida, había que tener una coraza protegiendo el corazón. Debería procurarse una, si quería sobrevivir.

Aunque esto significase arriesgar su inmortalidad.


CONTINUARÁ


Penúltimo Capítulo: EN EL OJO DEL HURACÁN

N/A: Muchas bajas en tan poco tiempo, bueno, asi pasa cuando los finales se avecinan. Pues como mencioné al inicio, infinitas gracias a mi maridín Kaiosama por ayudarme con la escena de accion (no soy muy versada en esto y debo admitir que es eso lo que me ha estado bloqueando para actualizar) pero en fin, ya saqué del hueco este capítulo y... vamos por el penúltimo de esta temporada!

Ya saben, si te gusta el fic, dale en FOLLOW, agrega a favoritos o comenta en la caja de reviews, cualquier comentario, lo contestaré a la brevedad!

Nos estaremos viendo pronto en la siguiente actualización.

Higurashi´s OUT!