—Este fic es una precuela de mi historia "El Sentir de un Uchiha" centrada en Sasuke, Sakura & Sarada. Ni los personajes ni la historia me pertenecen en lo absoluto sino que son de la completa autoría de Masashi Kishimoto, mas la narración, trama vinculante y pasado de los personajes (Fugaku, Mikoto, Itachi & Sasuke, entre otros) son de mi absoluta responsabilidad para la dramatización, sentido y cronologia de la historia :3 Les sugiero oír "Dancing's Done" de Ava Max para Mikoto, "Fire On Fire" de Sam Smith para Fugaku, "Nobody Wants To Lonely" de Christina Aguilera & Ricky Martin para Kushina & Minato, "I'm With You" de Avril Lavigne para Hizashi & Hana, "Lost Without You" de Delta Goodrem para Kiyoshi & Ena, y "A Thousand Years" de Christina Perri & Steve Kazee para el contexto del capítulo.


La calma volvía a reinar en Konoha o casi tanto como era posible, ya que todo se sentía como un avispero que era sacudido continuamente, aunque en este caso es como si nadie esperara que tuviera lugar una mala reacción desde el interior, y en medio de eso estaban jóvenes idealistas como Mikoto quienes querían creer que los lideres de la aldea tomarían las mejores decisiones, circulando por las calles y saludando a la gente a su paso con la mirada mientras meditaba en sus propios problemas. Habían pasado ya semanas desde que reinaba la calma, meses de hecho y que la acercaban a cumplir dieciocho años, suprimiendo sus esperanzas de que en algún momento a Fugaku se le ocurriera decirle que sentía algo por ella o que le pidiera matrimonio—ya que estaban comprometidos desde hacía muchos años—para no sentirse más herida de lo que ya de por si se sentía, pero no quería admitirlo. Observando todo en silencio como siempre, Mikoto solo sonrió al ver pasar serenamente al pequeño Kakashi Hatake a su lado, siempre serio y perdido en su propio mundo, seguido muy de cerca por la tierna Rin Nohara quien se sonrojaba por estar cerca suyo, y corriendo tras ella estaba Obito Uchiha que saludó a Mikoto con una sonrisa al pasar junto a ella, acomodándose los lentes y tan torpemente perfecto que hizo que a la Uchiha le doliesen los ojos, en el buen sentido, y al volver la vista al frente eso casi la hizo chocar con Kiyoshi quien la sujeto de los hombros para evitarlo, provocando que la azabache riera ante el exabrupto, dirigiéndole una pronta sonrisa a él y a su novia Ena.

—Mikoto— saludó Ena con una sonrisa y ante lo que la Uchiha asintió en respuesta, superando su ataque de risa mientras continuaba con su camino junto a ellos.

—He estado observando a distancia a Hiashi y Hizashi, y he notado que son demasiados cercano a Demiya Kasou, si sabes a que me refiero— informó Kiyoshi directamente, yendo al punto que sabia le interesaba a ella.

—Eso confirma la idea de Minato— mencionó Mikoto en voz alta, carraspeando para aclararse la garganta. —Por ahora sigue sin ser nada, pero sigue observando, por favor— encomendó, necesitando toda la ayuda posible en su infructuosa investigación.

—Claro— asintió él esbozando una sonrisa ladina, eran amigos y no podría dejarla en la estacada.

—¿Supiste de las noticias?— preguntó Ena ya que ambos solo hablaban de trabajo.

—Últimamente solo duermo o entreno, así que ilumíname, por favor— pidió la azabache, removiendo los hombros ante sus músculos adoloridos por entrenar.

—El Hokage organizó un día de fiesta para la aldea, en una semana— explicó la pelinegra, informando en el proceso a su novio y que no había reparado en ello. —Aparentemente las tensiones entre las naciones Shinobi no dejan de crecer…— esa era la justificación al menos.

—Y quiere calmar las aguas— completó Mikoto con un asentimiento. —Buen plan, pero no iré contigo— informó a Kiyoshi quien entornó los ojos al oírla.

—No pensaba invitarte, tiene novia— difirió Ena envolviendo su brazo alrededor del de su novio.

—Sabes que nunca podría quitártelo de las manos— sonrió Mikoto intercambiando una sonrisa con su amiga, además ambos estaban comprometidos para casarse dentro de un par de semanas.

—Eso y que me acusarían de rapto de menores— justificó Kiyoshi con tono bromista, después de todo Mikoto aun no tenía dieciocho años.

—Ya, hacen que me sienta como una villana— bufó la azabache entornando los ojos con tedio. —Adiós, tortolos— se despidió, tomando un camino separado al suyo, al apartamento de Kushina.

Jamás soñaría con intentar quitarle a Kiyoshi de las manos a Ena, además siempre lo había visto como un hermano mayor protector, y había otro factor que añadir a la ecuación pero que muy pocos conocían incluso dentro del clan; Ena estaba embarazada de casi dos meses, de hecho la boda se había adelantado para ocultar la noticia y hacer que Ena se vistiese de novia antes de que su vientre creciera, pero no se casaban por obligación—Mikoto los siguió con la mirada hasta verlos desaparecer—, sino que para unir sus vidas para siempre y cuanto antes, y se merecían esa felicidad. Teniendo en mente la fiesta que Ena le había comentado y no esperando que Fugaku la invitara ya que eso probablemente no ocurriría, Mikoto aceleró su andar hacia el apartamento en que vivía Kushina desde la muerte de sus padres, comenzando a correr a medida que la calle se tornaba cada vez más cercana y saludando al portero en la entrada antes de dirigirse hacia las escaleras que subió tan rápidamente como le fue posible, admirando su propia resistencia en el proceso y llegando finalmente a lo alto de la escalera al mismo tiempo en que la puerta del apartamento de Kushina se abría, revelando a la pelirroja; la Uzumaki vestía una camiseta aguamarina de escote en V que le quedaba holgada hasta la altura de los muslos, ceñidas mallas blancas por sobre los tobillos, con un porta-shuriken en la pierna derecha y su bolsa de armas al costado izquierdo de su espalda, con muñequeras verde oscuro hasta casi los codos y su largo cabello rojo cayendo tras su espalda, con su banda ninja en la frente.

—Hola, demente— saludó Mikoto al detenerse en lo alto de la escalera.

—Mikoto— correspondió Kushina con una deslumbrante sonrisa, cada vez más habitual en ella.

—¿El lindo rubiecito no está cerca?— preguntó la Uchiha observando a la espalda de la pelirroja que se ruborizo al oírla. —Eso es nuevo— comentó únicamente, ya que últimamente el Namikaze y la Uzumaki eran inseparables. —Vine por ti, necesitamos ir de compras por la fiesta. El cielo sabe cuánto tardaremos en encontrar algo para ti— dejo en claro, y no pudiendo estar tranquila hasta que su amiga consiguiera un vestido.

—Mi guardarropa está mejorando— protestó la Uzumaki, señalando su ropa y que la Uchiha observó con ojos críticos.

—Sigue sin gustarme tu paleta de colores— negó la azabache con gesto de disgusto y haciendo que la Uzumaki la observase molesta. —Sígueme, usare mi fideicomiso, y recuerda…— aludió, esperando que su amiga completase la oración.

—No debo llamar la atención— asintió la pelirroja antes de señalar su largo cabello rojo, —pero con esto es difícil— obvió, aunque comenzaba a gustarle cada vez más.

El distintivo color de cabello rojo de los Uzumaki era una bendición y una maldición, maldición para Kushina anteriormente al menos ya que era como una diana que decía que tenía un gran poder como miembro de un clan ya extinto y cuyos miembros no dejaban de desaparecer por dicho poder; mas era ahora una bendición para Kushina o al menos desde que ella y Minato estaban saliendo, su cabello le resultaba lo más hermoso y fascinante del mundo al Namikaze y todo lo que Minato apreciara era valioso para Kushina, por lo que no había tardado en tomarle afecto a su cabello y cuidarlo minuciosamente, siempre buscando verse lo mas hermosa posible para él y fue por ello que acepto ciegamente seguir a Mikoto quien la haló de la mano hacia sus tiendas de ropa favoritas para que pudieran elegir. Mas, aunque intentase estar alegre, nada impidió que pronto el tema de conversación se desviara a lo que Kushina había estado haciendo en las últimas semanas en que ambas no se habían visto y que hizo que la Uzumaki mencionara un incidente de días pasados que descolocó a la Uchiha. Hace más o menos una semana y al regresar tarde de visitar a Yoshino Nara, Kushina se había contenido para gritar a todo pulmón cuando encontró un perro muerto a su puerta, colgado de una soga para adornar la entrada de su apartamento, pero no fue ello lo que la había asustado sino la identidad del perrito y que ella conocía desde sus días en la academia, ello la había afectado mucho y no había podido contárselo a nadie, ni siquiera a Minato, y solo se había desecho del cuerpo por su cuenta.

—¿Qué?, ¿Un perro muerto en tu puerta?— repitió Mikoto sorprendida por lo que su amiga acababa de contarle, y lamentando la distancia que debían guardar por orden de lord Danzo, lo que había impedido que supiera de ello.

—Adoraba a Shiro, le daba de comer desde que entré a la academia, y me enferma que alguien lo haya matado de ese modo— se lamentó Kushina, visiblemente afectada por haber encontrado aquello.

—Lo peor es que muchos pudieron ser responsables, y no por tener algo contra ti— aclaró la Uchiha, teniendo que ser objetiva. —Esta aldea tiene muchas cosas buenas, pero está llena de subnormales— y los Uchiha formaban parte de la lista.

—Odio que tengas razón— bufó la Uzumaki, absteniéndose de entornar los ojos. —Pero regresemos a nuestra elección de vestuario, hay cosas más importantes— obvió desviando el foco de atención del tema a la problemática presente con respecto a su vestuario. —Mikoto, ese es tú vestido, está destinado a que te lo pongas— jadeó alzando la mirada hacia uno de los maniquíes y la Uchiha hizo igual.

—Es mi vestido— afirmó la azabache, separándose de su amiga y acercándose velozmente al maniquí para que nadie le quitase el vestido e indicándole a una de las vendedoras que lo quería. —Oh, y ese es mi collar— agregó al ver una joya que de inmediato llamó su atención en el escaparate junto a la caja.

Siempre vanidosa y muy preocupada de su apariencia, haciendo honor a lo mucho que se hablaba de ella, los orbes ónix de Mikoto se posaron en un collar en uno de los muchos escaparates junto a la caja registradora, se trataba de una cadena de plata muy delicada y de la que pendía un dije en forma de flor de cerezo con un rubí en el centro, una joya digna de otra joya y que ella reclamó como suyo mientras pagaba ambas elecciones, volviendo la mirada por sobre su hombro a Kushina que para su satisfacción por fin eligió un vestido cuya mezcla de colores le pareció aceptable, esbozando una sonrisa ladina y volviendo su atención al frente. Quizás, y de haber puesto mayor atención a su entornó, Mikoto se había dado cuenta de cierta persona que manipulaba el collar al envolverlo y entregárselo a la joven, contando con la distracción de ella para cumplir sus planes...Un par de horas después y luego de deambular por Konoha en busca de otras opciones de vestidos o joyería que pudieran gustarle, encontrando en el camino a Hana, Yoshino, Miyuki, Chura—novia de Choza—y Mebuki, a quienes ayudó en su elección de vestidos, Mikoto acompañó a Kushina en su regresó a su apartamento y no se separó de ella hasta que la Uzumaki se encontró debajo de las sábanas y profundamente dormida, observándola en silencio por largos instantes antes de finalmente cargar con sus bolsas y abandonar el apartamento en dirección a su casa, donde fue recibida por el silencio ya que su madre tenía turno de noche en la Policía Militar, por lo que se fue a dormir tras guardar sus compras...


Una Semana Después

La fiesta inició ese día sin contratiempos, por la mañana todo se había desenvuelto de forma ordenada, más por la noche los ojos de todos estuvieron en la pareja que habían invitado a la feliz ocasión. Circulando por la calle junto a Mikoto y Hana, Kushina portaba un vestido esmeralda con reflejos azulados—de falso cuello redondo de encaje como los guantes sin dedos por sobre los codos—sin mangas, de escote corazón y falda amplia por sobre los tobillos, con su largo cabello rojo cayendo sobre sus hombros y tras su espalda en ordenadas hondas, y tacones negros. Aunque mucha de la atención realmente estaba en Mikoto como la soltera elegible del grupo, portando un vestido negro de escote corazón, perfectamente entallado a su curvilínea figura, con una sola manga ceñida hasta la muñeca, tacones negros y su largo cabello azabache cayendo sobre sus hombros y tras su espalda. Mientras paseaban por las calles, Mikoto notó a Fugaku desde lejos y dando órdenes a sus subordinados de la Policía Militar, sintió su corazón latir más agitado y deseó hacer algo cuando menos vergonzoso para llamar su atención...mas no hizo falta, pues el volvió la mirada en su dirección, aunque con aquella expresión de estoicismo e indiferencia que la hizo sonreír ladinamente y seguir con su camino, y él tomando el propio como si nada, ¿Es que alguna vez entendería el sentir de ese hombre? Intuyendo los confusos pensamientos de su amiga, Kushina detuvo sus pasos y abrazó a Mikoto por la espalda, logrando que la Uchiha sonriera ante el gesto mientras permanecían abrazadas.

—No hubo mucha reacción de tu novio— sonrió Kushina en medio del abrazó del que la Uchiha lentamente se zafó, haciéndola retroceder sin que ella supiera a donde.

—Él no es mi novio, pero, juzgando a nivel Fugaku; reacción gigantesca, inmensa, colosal— difirió Mikoto, no pudiendo tomar de forma literal ninguna de las reacciones de Fugaku. —Mira hacia allá— indicó haciendo que la pelirroja se voltease, yendo directamente a los brazos de Minato quien intercambió una mirada con ella como agradecimiento.

—Minato— reconoció la Uzumaki, queriendo huir por nervios, mas no teniendo el valor ni queriendo hacerlo en el fondo.

—Quería disculparme por el beso que te robe antes— se disculpó el Namikaze, aunque mentiría si dijera que estaba arrepentido.

—¿Y ahora?— cuestionó la pelirroja a modo de solicitud, pero no atreviéndose a verbalizarlo directamente.

Siendo siempre el Shinobi perfecto o todo lo que se esperaba de él como discípulo del Sannin Jiraiya, Minato no vestía acorde con la fiesta sino que su habitual uniforme de Chunin, y estaban evaluando la posibilidad de promoverlo a Jonin de hecho; un traje azul—camiseta holgada de cuello alto y mangas ceñidas en las muñecas, y pantalones ligeramente anchos, con sandalias ninja azul oscuro—con el emblema de Konoha vinculado al clan Uzumaki al costado de cada brazo, y encima un chaleco táctico Chunin de color verde, con su cabello rubio ligeramente despeinado y el flequillo cayéndole sobre la frente a la par que enmarcando su rostro, sin la banda ninja y con sus llamativos ojos azules brillando al tener toda su atención sobre Kushina, a quien veía como la razón de su felicidad. No pudiendo negar la petición de Kushina y mucho menos cuando él no había dejado de pensar en el primer beso que habían compartido, Minato alargó una de sus manos para tomar delicadamente su mentón mientras se inclinaba sobre su rostro, besando sus labios y recibiendo esta vez la completa aprobación de la Uzumaki que envolvió sus brazos alrededor de su cuello mientras él envolvía los suyos alrededor de su cintura. Observando por encima de su hombro a Kushina y Minato, Mikoto esta vez prestó mayor atención a lo que la rodeaba, volviendo la mirada hacia el frente al sentir movimiento y viendo a Kiyoshi y Ena detenerse ante ella, sosteniendo por los hombros Hiashi y Hizashi Hyuga elegantemente vestidos...verlos le hizo saber que esos dos habían hecho algo.

—Vaya— suspiró la Uchiha nada más observarlos, no sabiendo que pensar al respecto.

—Mikoto, estás…— aduló Hizashi, o eso fue lo que intentó antes de recibir un golpe en la nuca a la par que su hermano Hiashi.

—No, no la vas a admirar— regañó Kiyoshi, responsable del golpe a ambos hermanos Hyuga. —Me tome la libertad de hablar con estos fastidios de la nobleza— comentó a la Uchiha, y observándolos en espera de una explicación a su conducta.

—¿No tienen algo que decir?— increpó Ena con voz dura y que respaldo el actuar inquisitivo de su novio.

—Perdónanos— inició Hiashi quien se esforzó por mantener su orgullo intacto.

—No hicimos nada contigo de lo que se dijo— se disculpó Hizashi más extensamente que su hermano mayor.

—¿Quieres decir que no paso algo que jamás paso? Pues, gracias— obvió Mikoto de brazos cruzados y emitiendo una seca carcajada.

—Demiya se acostó con nosotros por obedecerla— confesó Hiashi por fin, no teniendo otro remedio.

—Yo repartí los panfletos y escribí en la pared de la academia, nos costó mucho trabajo en realidad…— agregó Hizashi con un ligero tono divertido antes de recibir un nuevo golpe en la nuca por parte de Kiyoshi, a quien no le hizo gracia.

—Son unos imbéciles…— masculló Mikoto, acomodándose el cabello con un gesto irritado. —¿Qué hay del perro?— preguntó entonces, queriendo saber si esos tontos habían estado involucrado

—¿Qué perro?— inquirió Hizashi, por demás confundido y volviendo la mirada hacia su hermano que se encogió de hombros

—Herir animales es…asqueroso— fue todo lo que Hiashi pudo contestar, para nada de acuerdo con algo así.

—Lo dice el que se acostó con una loca a cambio de nada— juzgó la Uchiha, no importándole sonar dura.

—Por favor, no me golpees— pidió el Hyuga el mayor de los Hyuga y temiendo lo que ella pudiera hacerle, no dejaba de ser un chico de apenas dieciséis años

—Ve a hablar con Hana, ahora— impuso Mikoto para calmar su furia, eso o le rompería la cara.

Hana se encontraba en el otro extremo de la calle y hablando con su amiga Jin, perteneciente a su mismo clan, y en ese momento Hiashi hubo de admitir que se quedó prendado del brillo en sus ojos perla, reprendiéndose mentalmente por no haberla visto antes; portaba un vestido azul pastel con reflejos celeste de lentejuelas, escote corazón y sin mangas sino que dos finos tirantes que caían sobre sus hombros, exponiendo estos y sus brazos salvo por una pulsera de perlas en su muñeca derecha, y la falda del vestido era larga hasta los tobillos, con un ligero corte desde la rodilla izquierda al final de la tela, finalizando el atuendo con unos cómodos tacones blancos, y su largo cabello azul oscuro—purpureo—se encontraba recogido en un moño alto salvo por dos largos mechones que enmarcaban su rostro y despejaban su cuello. Para nada en desacuerdo con la orden de Mikoto a la par que embelesado con Hana, Hiashi no dudo en acercarse a esta, carraspeando para aclararse la garganta y anunciando su presencia a la Hyuga que volteó a verlo con un hermoso rubor pintando sus mejillas y que hizo que su corazón latiese más rápido...Mikoto solo los observó en silencio, Hiashi era un idiota integral, mas tenía buen corazón y solo necesitaba ser guiado de regreso al buen camino, y Hana era perfecta para ello, además de que estaba locamente enamorada de él, y tonta seria Mikoto si no quisiera ver feliz a su amiga, aunque también vigilaría que Hiashi no le rompiera el corazón. Libre, la Uchiha regresó su mirada al restante hermano Hyuga a quien solo observó en silencio.

—Hizashi…— negó Mikoto, decepcionada por su actitud y que no era lo que ella habría esperado.

Relegado a formar parte de la rama secundaria del clan Hyuga como el menor de los dos gemelos del clan, siendo por ende Hiashi el mayor y heredero, Hizashi era perfectamente educado, prolijo o responsable la mayor parte del tiempo, un ninja ejemplar y consciente de su lugar, pero en ese momento dejaba mucho que desear…Sintiéndose y sabiéndose una decepción, Hizashi bajó la cabeza únicamente antes de proceder a retirarse, siendo observado a la distancia por Jin Hyuga, una de los miembros de su clan y que lo siguió en silencio, no pudiendo permitirle irse con aquella expresión de tristeza y queriendo apoyarlo, lo que Mikoto notó con una ligera sonrisa ladina, aunque no dijo nada, agradeciendo en su lugar a Kiyoshi y Ena por su colaboración e invitándolos a disfrutar de la fiesta, teniendo ella algo que hacer. Asintiendo a la gente a su paso mientras recorría las calles, los ojos de Mikoto se centraron en una persona en particular y que si bien intentó darle la espalda y pasar desapercibida, no lo consiguió, la Uchiha la detectó de inmediato y la haló del brazo haciendo que la enfrentara; Demiya Kasou, una de las grandes bellezas de Konoha en el momento presente, de quince años, alta, de cabello castaño dorado y recogido en una coleta de lado, resaltando unos pequeños pendientes de perla como la guirnalda con un dije de un cristal gris claro alrededor de su cuello, cayendo sobre el escote recto de su vestido, ceñido a su esbelta figura, sin mangas, estampado en lo que parecían ser escamas y largo hasta casi los tobillos, con tacones a juego.

—Tus amantes me contaron todo, y el pobre Hiashi no tenía idea de lo psicópata que eres— juzgó Mikoto con dureza, soltándole por fin el brazo y queriendo creer que ella no huiría. —Apuesto a que tú mataste al perro de Kushina— acusó en voz alta, no teniendo a nadie más en mente en ese momento.

—¿Shiro?— reconoció Demiya, sorprendida de lo que oía. —Le daba bocadillos, jamás dañaría a un perrito— aseguró con la voz quebrada al enterarse de la noticia.

—No puedo creerlo, que pena…— la Uchiha comprendió entonces que se había equivocado, mas no iba a demostrarlo, —todo este tiempo creí que eras una villana, pero en realidad solo eres una niña insegura, que quiere llamar la atención— declaró y ante lo que la Kasou intentó arrojarse contra ella en respuesta a la acusación, y la azabache no dudó en golpearla en la cara con la mano abierta, haciéndola quedar inconsciente. —Todos vieron que trate de evitarlo, casi— se disculpó cuando el silencio se hizo a su alrededor y todos se enfocaron en ella.

—Mikoto— Minato corrió hacia ella junto a Kushina al mismo tiempo que uno de los miembros de la Policía Militar se acercaba para detener a la Uchiha, —si Demiya no lo hizo, significa que aún hay una amenaza para Kushina— obvió preocupado por lo que ello significaba y habiendo escuchado su enfrentamiento con Demiya.

—Salgan de aquí, llévala a casa rápido— espetó la pelinegra volteando a verlo por encima de su hombro.

Cuando una persona causaba disturbios o atacaba a alguien sin provocación, era considerado irrupción violenta y por ende se penaba con confinamiento por una noche en el cuartel de la Policía Militar de Konoha, y Mikoto lo sabía mejor que nadie como Uchiha que era, de hecho el castigo o sanción solo era levantado a la mañana siguiente y cumplidas las horas reglamentarias, si el capitán de la Policía Militar así lo decidía, en este caso Fugaku, mas ella tenía la suerte de caerle lo suficientemente en gracia para asegurar su liberación, pero no dijo nada de ello en ese momento, dejándose guiar por Juro, a quien conocía de entre los miembros de la Policía militar y que le ató las manos a la espalda, llevándosela lo más rápido posible y tratando de obtener el mínimo grado de atención. Sorprendida por el exabrupto de Mikoto a la par que asustada por saber que aún había una amenaza contra su persona, Kushina se abrazó a la espalda de Minato, casi como si sintiera que todos quienes la rodeaban u observaban pudieran atacarla, y entendiendo este sentir, el Namikaze no dudo en volver a enfocarse en ella, rodeándola con uno de sus brazos a indicándole que se dirigieran al apartamento de ella que era el único lugar seguro con que contaban y hacia el cual no tardaron en dirigirse, ignorando las miradas de la gente en su camino, esperando en su interior que todas estas amenazas fueran solo eso, que no se tratara de un peligro real para ninguno de ellos, y pidiendo interiormente que Mikoto quedase libre cuanto antes, pues su Sharingan era el único seguro con que contaban si sucedía lo peor.

Necesitaban estabilidad, necesitaban una certeza.


Encerrada en una de las celdas del edificio de la Policía Militar del Clan Uchiha, Mikoto casi brincó de ira y nerviosismo entremezclado, intentando pensar y dar con una solución lo más rápido posible, revolviéndose el cabello antes perfectamente peinado para la fiesta y habiendo ya perdido todo el iteres en ello; necesitaba saber personalmente donde se encontraba Kushina, quería creer era en el apartamento en que vivía y a salvo, mas era difícil saberlo sin verlo personalmente, mas, afortunadamente la respuesta no tardó en llegar en la forma de una ardilla que se posó en el umbral de la ventana del calabozo. La pequeña y tierna criatura, que amasó sus pequeñas orejas y se acicaló despreocupadamente, tenía un pergamino en la espalda con un mensaje muy claro y que le puso los pelos de punta a Mikoto; Se llevaron a Kushina, la caligrafía era de Minato y aunque deseó tener mayores detalles en ese momento, todo en lo que la Uchiha pudo pensar era en cómo salir de ahí y en recurrir a alguien que la apoyase para perseguir a los responsables, y la única persona que se le venía a la mente y que tenía autoridad para no ser cuestionado era Fugaku, mas encerrada como se encontraba era un poco difícil contactarlo. Llamando a sus pensamientos, fue una suerte que la persona destinada para lidiar con ella fuera precisamente su madre Eshima, quien abrió la celda en que ingresó cerrando la puerta a su espalda, y sosteniendo en sus manos un pequeño estuche de metal.

—Mamá, llama a Fugaku, Kushina está en problemas— pidió Mikoto esperando poder contar con el apoyo y comprensión de su progenitora.

—No es la única, lo que hiciste fue estúpido— reprendió Eshima, sorprendida en su interior que su hija hubiera recurrido a la violencia desproporcionada.

—No entiendes…— intentó explicarse la joven, mas sabía que ello sería en vano.

—Claro que entiendo— discutió su madre, mas no pudiendo avalar esa conducta de su parte.

La Policía Militar del clan Uchiha era la entidad más funcional de toda la aldea de la Hoja, al mismo nivel que AMBU solo que su predominancia en la vida social era muy diferente, mas, desde que la Segunda Guerra Shinobi había terminado, la Policía Militar se había visto superada y estaban entrenando nuevos reclutas precisamente por lo mismo, y con la amenaza de una Tercera Guerra Shinobi en ciernes ahora, todos los miembros de la Policía Militar se encontraban a lo largo de toda Konoha y vigilando que nada fuera de lo común sucediera en la festividad de esa noche, por lo que montar guardia a una prisionera no era una opción. De ahí que lady Eshima abriera el estuche de metal que sostenía y que contenía un narcótico para que su hija durmiera el resto de la noche y no fuera un problema para nadie con sus arrebatos de furia, y dejara de estar tan nerviosa; si bien era miembro de la Policía Militar, Eshima había tomado la decisión de encargarse personalmente de su hija, mas ni siquiera tuvo tiempo de volverse con la inyección ya preparada pues, moviéndose velozmente, Mikoto la desarmó e invirtió los roles, siendo quien inyectase a su madre que contuvo un jadeo a causa de la sorpresa. Disculpándose interiormente por tener que hacer algo así contra su madre, Mikoto soltó la jeringa que dejó caer al suelo y prontamente envolvió sus brazos alrededor de su madre para impedirle caer ya que el narcótico comenzó a hacer efecto de forma inmediata, dándole poco tiempo de dejarla apoyada contra la pared antes de abandonar la celda velozmente. Necesitaba la ayuda de Fugaku…


Joven señor, es hora de ir con Senichi Sensei

Reunidos en la sala de su hogar se hallaban los dos hijos del líder del clan, lord Fujitama, reunidos con su tutor personal y que se encontraba hablándoles como siempre de la historia del mundo Shinobi y que se esperaba ellos manejaran perfectamente, al igual que un protocolo muy estricto de comportamiento, estudiando todo esto en sus ratos libres; el mayor de los dos era el primogénito de lord Fujitama, Teyaki de trece años que era Chunin desde hace un año y que además era cadete honorario de la Policía Militar como hijo del líder del clan, y por otro lado estaba el segundo hijo y heredero del legado del clan ante la completa negativa de su hermano; Fugaku, un inocente niño de siete años y que alzó su mirada ónix hacia Yashiro, uno de los miembros de la Policía Militar y que por orden de su padre debía llevarlo a otra de sus lecciones con el mejor Sensei de la Academia y del sistema Shinobi de Konoha. En silencio y ordenando sus cuadernos de anotaciones, tomando solo uno de estos, Fugaku se levantó de su asiento e intercambió una mirada con su hermano mayor antes de seguir a Yashiro y sin discutir, abandonando su hogar y dirigiendo sus pasos hacia la Academia; Fugaku ya estaba en la academia todos los días, estaba preparándose para salir de esta convertido en Genin, pero no en ese momento, sentado ante uno de los escritorios y escuchando a Senichi Sensei, el Jonin más experimentado y versado no solo de esa generación sino de las anteriores y que tenía la labor de ser su tutor en su futuro rol como líder del clan, enseñándole lo que sería imperativo y necesario.

Hay dos partes que componen la organización el clan; las imponentes y las eficientes, ¿Qué es el líder del clan?— cuestionó Senichi al joven heredero Uchiha y que escribía atentamente cada una de sus palabras.

Las imponentes— contestó Fugaku repitiéndose mentalmente la estructura del clan una y otra vez para no olvidarla.

Muy bien— asintió el Jonin, complacido con su comprensión. —El líder del clan tiene el poder para hacer y ejecutar dictámenes, y le responde al clan; lo que llega a todos, deben aprobarlo todo. Las imponentes le dan significado y legitimidad a las eficientes, y responde solo ante Kami— le resultó imposible no esbozar una sonrisa ladina ante el joven Uchiha y que era capaz de transcribir cada una de sus palabras, y escucharlo al mismo tiempo. —Las dos partes; líder del clan y miembros del clan; imponentes y eficientes, solo funcionan cuando se apoyan una en otra y confían una en la otra. Puede subrayar eso— indicó al joven Uchiha y que hizo eso precisamente.

¿Les enseña esto a otros herederos de otros clanes, Senichi Sensei?— preguntó Fugaku, teniendo esa duda en mente desde hace tiempo.

No, solo a usted, y esto les enseño a los demás— diferenció Senichi, tomando una serie de exámenes de su escritorio y que le tendió al joven Uchiha.

¿Y no debería saber todo esto?— inquirió el pelicastaño extrañado, siendo exámenes muy avanzados por el contenido que veía, en el sentido diplomático.

No, eso es poco digno para usted— negó el Jonin con una ligera sonrisa, enternecido por las preocupaciones del joven Uchiha.

Dicho esto, Senichi Sensei se volvió para meditar en nuestras palabras que dictar al joven heredero del clan Uchiha, sin percibir la forma en que Fugaku fruncia el ceño y volvía la mirada por sobre su hombro en un gesto que solía tener cuando una idea no le convencía del todo, pero era solo un niño de siete años que no podía cuestionar a los mayores que intentaban enseñarle aquello que sería útil o necesario en su futuro, ¿Cómo contradecirlos? Aquella había sido una de muchas oportunidades en que Fugaku había tenido que callar su opinión, siempre cuestionándose interiormente si aquello que le enseñaban era lo mejor a lo que podía aspirar y que nunca había podido contradecir, mas en su interior solo él sabía los espacios, vacíos o huecos que habían permanecido en su mente pese a estas enseñanzas; sentía pavor de quedarse a solas con alguien que manejara más cultura o temas que él, no sabía cómo decir las palabras correctas y por ende prefería callar gran parte del tiempo, parecer duro e inflexible era su mejor mecanismo de defensa y ahora no fue la excepción mientras su mente estaba ocupada pensando en Mikoto, quitándose el chaleco táctico de Jonin con el emblema de los Uchiha en la espalda como capitán de la Policía Militar y que descartó sobre uno de los sofás de la sala tras llegar a casa, sirviéndose un vaso de agua y tomando un libro de la repisa antes de proceder a sentarse en la oscuridad de la sala, habiendo encendido solo una de las luces para su lectura, prefiriendo entretenerse en ello antes de irse a dormir temprano, esperando que nada le quitase el sueño antes de...

—¡Fugaku!, ¡Fugaku, abre!— gritó Mikoto llamando desesperadamente a su puerta.

Aunque extrañado por repentina llegada de la azabache, Fugaku se levantó de su lugar y dirigió hacia la puerta para abrirle de inmediato, y está sola acción tomó desprevenida a Mikoto que, si bien lo esperaba, lo observó completamente encandilada nada más encontrar su mirada con la de él, observándolo de arriba a abajo y olvidando completamente sus anteriores pensamientos. Durante su breve encuentro en la fiesta, Fugaku había intentado no ponerle demasiada atención o no habría podido disimular lo obnubilado que se sentía cada vez que la veía, mas en ese momento y a solas le resultó imposible no observarla de arriba abajo; su largo cabello azabache liso como la seda, con esos reflejos azules que la hacían tan llamativa, aunque ligeramente despeinada en relación a su anterior encuentro y sin embargo eso la hacía ver más natural y hermosa a sus ojos, tenía las mejillas sonrosadas por haber corrido y aún portaba el mismo vestido negro perfectamente abrazado a sus curvas, de escote corazón y marcando su generoso escote, con uno de los brazos descubierto por completo y la falda enmarcaba sus amplias caderas antes de exponer sus largas piernas. Normalmente Fugaku no se centraba en el físico de Mikoto, sabía que era hermosa y lo tenía presente en todo momento, mas siempre podía controlar el flujo y/o dirección de sus pensamientos, pero no en este caso, literalmente sentía su piel arder de forma repentina y como si solo pudiera calmar ese sentir con la hermosa Mikoto, deseando cerrar desesperadamente la distancia entre ambos.

—Mikoto, ¿Qué sucede?— preguntó Fugaku aun aturdido por su reacción y cerrando la puerta tras ella a quien invitó pasar.

—¿Qué sucede?— repitió Mikoto con su voz matizada con el canto de una seductora sirena mientras se acercaba a él. —Oh, por Kami…— suspiró queriendo eliminar desesperadamente la distancia entre ambos.

Olvidando completamente cualquiera de sus preocupaciones anteriores y considerándolas insignificantes, Mikoto atrajo a Fugaku hacia, sosteniendo del cuello de su camiseta y estampando sus labios con los suyos, no dándole tiempo al Uchiha más que para responder, y este no tardó en hacer, envolviendo sus brazos alrededor de su estrecha cintura, ambos sintiendo chispas de energía fluir a través de sus cuerpos, respirando contra la boca del otro antes de profundizar el beso, sus labios moldeándose perfectamente juntos y sus lenguas envolviéndose una contra la otra. Fugaku sintió como si el corazón fuera a salírsele del pecho, nunca antes había besado a nadie, pero besar a Mikoto se sentía muy natural, maravilloso como nada y lo hizo desear más, abandonando sus labios y deslizando los suyos por su mentón hacia su cuello y su sugerente escote, buscando desesperadamente besar y sentir cada centímetro de su cuerpo. Anhelando más, necesitando más, Mikoto aprovechó que el beso entre ambos se había roto para quitarle al Uchiha el chaleco táctico ninja y luego la camiseta por encima de la cabeza, con él dejándose hacer bajo su tacto en todo momento y permitiéndole recorrer sus músculos con sus manos, Fugaku acercándola hacia si con abrumadora brusquedad y haciéndola quedar de espaldas a él, bajando el cierre de su vestido negro con sus dientes, haciéndola estremecer mientras la desvestía, y esto ocasionó que la Uchiha sonriera y volviera la mirada al sentir su hambrienta mirada ónix sobre ella: no llevaba brasier bajo el vestido.

Sus bocas bailaron una sobre la otra de nuevo antes de que Fugaku la rodeara con sus brazos y la acercase a la mesa baja en el centro de la sala y ante la que la hizo arrodillarse, presionando sus pechos contra la fría superficie de la mesa, provocando que la Uchiha gimiera en respuesta, ambos deleitándose en la máxima intimidad del momento, experimentando sensaciones que ninguno de los dos había sentido antes, entregándose plenamente el uno al otro en ese momento, sintiéndose completamente abrumados y haciendo que sus deseos el uno por el otro aumentaran exponencialmente. Desde esa posición Fugaku recorrió la espalda de Mikoto con sus labios y su lengua, dejando una serie de ligeros mordiscos a su paso mientras acariciaba su piel, moviendo sus manos para amasar sus pechos que no podía ver de espaldas a ella, pero si sentir, enardeciendo de pasión por ella, halándole ligeramente el cabello para hacerla volver el rostro en su dirección e inclinándose para volver a besarla, esta vez con más fervor, recorriendo el interior de su boca con su lengua hasta quitarle el aliento, sintiéndola jadear y suspirar por él, ambos apenas respirando mientras continuaban con sus ardientes besos llenos de lujuria. No era la forma romántica que Mikoto había idealizado para su primera vez, pero era incluso mejor, sentía las mariposas crecer en su estómago y ella quería eso, ella deseaba y necesitaba a Fugaku y no pudo evitar en gemir tan pronto como el beso se rompió, sintiéndolo presionarla contra la mesa e inclinarse para devorar su cuello con su lengua.

Mikoto no pudo evitar arquear ligeramente la espalda hacia Fugaku tan pronto como lo sintió amasando sus pechos nuevamente, deseando más de su tacto, anhelando aún más de lo que él quisiera hacer con ella, embriagada de deseo y lujuria, deseando tanto sin embargo que su tacto se dirigiera hacia el área de su anatomía en que sucedería su unión y que sentía latir como un nuevo corazón y que sin embargo él no parecía oír a diferencia suya, relegándola a gemir, sintiendo su lengua delinear cada poro desde su cuello a su espalda e inclinarse para besar el valle entre sus pechos, temblando de solo pensar en sus labios aprisionando sus pezones y en su saliva sobre su piel…quería tanto ser suya y pertenecerle por completo. Mikoto se veía tan hermosa debajo suyo, era simplemente perfecta, así de fácil debería haber sido siempre resolver los problemas entre ambos como era expresar lo que sentían el uno por el otro en ese momento, solo bajarse los pantalones y reclamarla como suya sería tan simple...Ese solo pensamiento por fin hizo reaccionar a Fugaku, quien jamás se permitiría pensar así de Mikoto ni llegar tan lejos, algo estaba mal, y su mecánica respuesta para encontrar la causa no fue otra que activar su Sharingan, ante lo que de inmediato sus ojos se concentraron en el collar que la Uchiha llevaba; esa cosa tenía un genjutsu, y entendiendo ello, Fugaku tuvo cuidado de no herir a Mikoto y abrir el broche del collar que cayó al suelo, permitiendo a él alejarse de golpe de Mikoto, quien por fin salió de aquel transe de lujuria, reparando en su desnudez y actuar.

—Un Genjutsu— comprendió Fugaku separándose de inmediato de Mikoto quien se abrazó a sí misma para cubrirse. —No puedo creerlo, nunca me había pasado algo como esto…— intentó disculparse nerviosamente mientras tomaba su ropa del suelo, no pudiendo mirar a la azabache siquiera.

—Fugaku, olvídalo— interrumpió Mikoto aun abrazándose para cubrir sus pechos y habiendo recobrado la cordura. —Secuestraron a Kushina, tenemos que irnos— simplificó no pudiendo perder tiempo en ese momento, ninguno de los dos.

Era vergonzoso en ese momento a partes iguales, por un lado estaba Fugaku que creía haber estado a punto de aprovecharse de Mikoto que era víctima de aquel Genjutsu y él mismo aún solo tras haberla visto llegar, por lo que no dudo en asentir y aceptar seguirla a donde sea que ella necesitara, escusándose brevemente mientras volvía a colocarse la ropa en el proceso y dándole algo de espacio a Mikoto que recogió su vestido del suelo lo más pronto posible, deseando volver a vestirse, mas estando aún muy abrumada por lo que casi había ocurrido. Aquello había sido intenso y mucho, tanto que aún temblaba de los pies a la cabeza y, a solas, la hizo esbozar una sonrisa ladina por sentir que había sido ella quien casi se había aprovechado de Fugaku, en condiciones normales habría intentado llegar hasta el final sin dudarlo, pero el Genjutsu complicaba tanto las cosas que ni siquiera la ayudaba a pensar o entender los sentimientos que aún la abrumaban. Como capitán de la Policía Militar tras la muerte de su padre, Fugaku tenía varios uniformes en caso de emergencia, pero en ese momento regreso a la sala no con uno de los suyos sino uno que había pertenecido a su fallecida madre—aunque ella solo lo había vestido por protocolo—y que tendió a una sorprendida Mikoto, pues si iban a seguir la pista de Kushina, el vestido que ella antes había portado y que no había vuelto a colocarse era lo más impráctico del mundo. Esbozando una sonrisa ante el gesto de Fugaku, quien se volvió para darle privacidad, Mikoto tomó asiento sobre uno de los sofás para cambiarse…

Fugaku podía ser muy lindo cuando se lo proponía.


Habiendo dejado lo ocurrido atrás o eso es lo que ambos intentaban hacer—en especial él—, Fugaku abrió el camino por las calles ahora atestadas de gente departiendo, ebria o armando problemas—suprimidos por los miembros de la Policía Militar que se encontraban deambulando para mantener el orden—hasta llegar al edificio de la Policía Militar en cuya entrada se encontraba esperándolos su hermano Teyaki. Fugaku no volvió la mirada en ningún momento por sobre su hombro, sabía que Mikoto lo seguía y no se molestó en corroborarlo, pero de haberlo hecho quizás se habría quedado embelesado contemplando las curiosas expresiones de la Uchiha quien si bien se sentía cómoda con el uniforme de la Policía Militar que él le había dado, portarlo le resultaba curioso, nunca había soñado o imaginado que lo vestiría como si fuera parte de aquella entidad como su madre si, y solo pensar en lo que casi había ocurrido antes de vestirlo la hacía estremecer de los pies a la cabeza, le recordaba todo lo que Fugaku y ella habrían de discutir tan pronto como tuvieran algo de tiempo libre. Mientras Mikoto se vestía, Fugaku había enviado rápidamente un mensaje a su hermano Teyaki, pidiéndole que investigara todo rastro dejado por los secuestradores de la Uzumaki mediante todos los miembros de la Policía Militar alrededor de la villa y en ese momento su hermano mayor dejo de dar vueltas en la entrada y meditando en silencio, volviéndose hacia ambos o más bien hacia su hermano pues era a él a quien debía rendir cuentas pese a su diferencia de edad.

—Revise todo como pediste, nadie entro ni salió— informó Teyaki a su hermano quien asintió únicamente, —¿Estás seguro que deberías llevarla contigo?— cuestionó aludiendo a Mikoto en cuya presencia reparó finalmente.

—Es mejor pedir perdón, que pedir permiso— se excusó Fugaku alargando su mano hacia su hermano que le tendió dos permisos emitidos por la Policía Militar para dejar Konoha y despidiéndose con una mirada.

—Y le puse un sedante a mi madre, necesitaba decirlo— agregó Mikoto antes de seguir a Fugaku.

Sentía remordimiento por lo que había hecho, había sido preciso, pero tener que atacar a su madre por una causa mayor le pesaba y pudo transmitírselo a Teyaki quien negó en silenció con una distraída sonrisa antes de ingresar en el cuartel para encargarse personalmente de cuidar de lady Eshima y llevarla a casa para que despertara en un lugar conocido cuando los efectos del narcótico pasaran, que seguramente seria a la mañana siguiente; paralelamente, Fugaku y Mikoto llegaron hasta la entrada de Konoha donde dos Jonin custodian el paso y a quien mostraron sus permisos para salir sin tanta burocracia. Tan pronto como ambos cruzaron las enormes puertas que separaban Konoha del resto del bosque y que les permitiría llegar a donde sea que hubieran llevado a Kushina, dejándole a Fugaku el seguir el rastro como sensor experimentado que era, Mikoto volvió sutilmente la mirada por sobre su hombro para encontrar su mirada con los ojos azules de Minato, ocultó en lo alto de la copa de uno de los árboles y que asintió únicamente. No le sorprendía que Minato los siguiera, de hecho contaba con ello, sabía que no les dejaría la misión por entero a ellos dos y que buscaría proteger a Kushina por sí mismo, lo que Mikoto respetaba profundamente junto a su gran velocidad, que le había permitido dejar Konoha tras ellos sin ser detectado y suprimiendo su chakra para no ser descubierto, de otro modo Fugaku ya lo habría percibido y era de los mejores ninja sensores de Konoha, aunque el mismo Minato no se quedaba atrás, mas solo estaba aprendiendo de ello.

—¿Qué?— preguntó Fugaku y haciendo que la azabache regresara la mirada al frente

—Nada— sosegó Mikoto con una fingida sonrisa y reprochándose por el descuido.

Con esa sola interrupción y tan pronto como Fugaku hubo obtenido el rastro de quienes habían secuestrado a Kushina, y que por cierto habían decidido detenerse no muy lejos—algo estúpido a su parecer—, este le indico a Mikoto que siguieran rápidamente con su camino, corriendo en un veloz borrón y en que esta vez la Uchiha no volvió a voltear para comprobar que el Namikaze los seguía, ¿Para qué? No es como si Minato, pese a ser más joven que ella, estuviera indefenso, y en realidad él no los estaba siguiendo a ciegas, sino que había marcado a Mikoto previamente al salir del cuartel de la Policía Militar, el Namikaze era rápido, aunque lo era aún más con su últimamente habitual jutsu del Dios Trueno Volador, que había sido creado por el Segundo Hokage y que usaba para ser más veloz que nadie. Sin necesidad de volver la mirada hacia Mikoto que corría a su lado, Fugaku esbozó una sonrisa ladina muy superficial y que ella no notó en absoluto, ¿Realmente creía que sus habilidades como sensor eran tan pobres como para no darse cuenta de que Minato los seguía? Lo había percibido ya en el cuartel de la Policía Militar y durante los escasos momentos en que había hablado con su hermano, luego en la entrada de Konoha y mientras presentaban sus permisos de salida, mas…¿Para qué interferir con algo que él ya haría por su cuenta? De hecho, su ayuda podía resultarle muy valiosa y le evitaría distraerse por pensar en proteger a Mikoto, aunque no es como si ella fuera ninguna damisela en peligro ni nada parecido, mas, sería estúpido de su parte no entender a Minato…


El resto del viaje en medio de la noche y sin inmutarse por las dificultades que ello implicaba en su visión—mas, Fugaku y Mikoto no podían quejarse de ello como Uchihas que eran, ni mucho menos teniendo el Sharingan—, fue silencioso y les permitió a cada uno de quienes participaban sumergirse en sus pensamientos sin interrupciones hasta avistar a lo lejos un asentamiento donde acababa el rastro dejado por quienes habían secuestrado a Kushina, y por lo que los Uchiha se detuvieron a una prudente distancia, evaluando la situación exterior por lo que parecieron largos minutos e incluso puede que media hora; el lugar elegido era sencillo, se trataba de una cabaña abandonada o bien construida por los secuestradores desde hace ya tiempo y desde donde quizás habían monitoreado todo en busca de una oportunidad de secuestrar a la Jinchuriki del Kyubi, algo que les gustase admitirlo o no tenía toda la lógica por el poder y amenaza que ello representaba, y por eso mismo es que Fugaku y Mikoto estaban ahí, después de todo y según se rumoraba solo un Uchiha podía controlar al Nueve Colas si todo se salía de control, aunque tuvo su guiño irónico que una de ellos estuviera emparentado con Madara Uchiha, quien había controlado al Kyubi en el pasado, en la época del Primer Hokage. Tras largos minutos de espera y habiendo estudiado todo el lugar con su Sharingan, Fugaku dejo libre un suspiro por lo bajo, no sintiendo que pudiera hacerse mucho desde fuera, por lo que lo mejor era entrar personalmente y enfrentarse a lo que fuera que hubiera en el interior.

—Quédate— ordenó Fugaku dirigiéndole una mirada dura antes de pretender moverse de su lugar.

—Pero…— discutió Mikoto en apenas un susurró, no pudiendo dejarlo pelear solo.

—¿Debo recordarte la vez que te dije quédate, y desobedeciste?— increpó el Uchiha a modo de reprimenda y recordatorio al mismo tiempo.

Había sido durante sus primeros años, él había tenido ocho y ella tres, habían sido compañeros de juego—él le seguía el ritmo más bien, pues ella era muy dominante y manipuladora si se lo proponía—y ya desde entonces al jugar a las escondidas ella había sido absolutamente incapaz de seguir ordenes o indicaciones, él podía repetírselas dos o hasta tres veces y sin embargo ella siempre seguía sus propias ideas, algo que podía ser peligroso, siempre había que saber cuándo detenerse y se lo dejó en claro con una dura mirada, moviéndose velozmente y entre las sombras al apartarse de su lado para proceder a entrar por una ventana ligeramente abierta. A oscuras como se encontraba aquella cabaña abandonada, su uniforme de la Policía Militar era perfecto como camuflaje y acostumbrado a terrenos agrestes o de infiltración en su rol como Capitán de la Policía, entrar a un lugar y ser veloz era su segunda naturaleza, mas Mikoto no pudo evitar observarlo entre nerviosa y fascinada, sabía que Fugaku era uno de los mejores Shinobi de su generación y lo admiraba por ello, pero la ponía muy nerviosa que saliera herido, se le aceleraba el corazón y se imaginaba lo peor, y la única forma de calmarse era ayudándolo a neutralizar las amenazas. Sabiendo a solas a la azabache, Minato finalmente salió de la oscuridad que brindaban los arbustos y las ramas más altas de los árboles, aterrizando exactamente junto a la Uchiha que se apretaba nerviosamente las manos, y el Namikaze quería creer que igual que él no iba a quedarse observando o esperando nada más.

—No te quedaras, ¿o sí?— preguntó Minato, sin ánimo alguno de cuestionarla.

—¿A ti que te parece?— inquirió Mikoto, siendo una obviedad a esas alturas.

—Pero, ¿A qué se refería Fugaku con la vez "quédate"?— no pudo evitar interrogar el Namikaze con curiosidad.

—Estaba hablando de otra chica, una niña; soy Jonin— diferenció la Uchiha proclamando su rango Shinobi recientemente otorgado. —Vamos, rubiecito, necesito un lazarillo— ordenó mientras activaba su Sharingan.

Con lazarillo, Mikoto se refería a alguien la ayudase y le cuidase la espalda cada vez que precisara atacar y no pudiera defenderse por su cuenta y como fue al nada más cruzar el umbral de la cabaña con Minato espalda con espalda con ella, permitiéndole arrojarse de lleno contra uno de los guardias o Shinobi con la banda de Kirigakure y que la vieron como una inmediata amenaza, buscando desequilibrarlo velozmente, golpe por golpe hasta arrojarlo contra una pared, mqw conteniendo un sobresalto al sentir un golpe a su espalda, aunque no fue contra ella sino tras ella, de parte de un Shinobi noqueado por Minato que volvió la mirada por sobre su hombro y esbozando una sonrisa confiada únicamente. Escuchando ruido en otro lado de la cabaña y no teniendo necesidad de intercambiar otra mirada, Minato y Mikoto se dirigieron hacia allá velozmente, la Uchiha solo entonces reparando en los otros Shinobi inconscientes que iban desde el umbral al pasillo interior de la cabaña, no impresionándose por la fuerza o habilidad de Fugaku pues eso ya lo sabía desde siempre, mas si armando un escenario plausible de lo que había ocurrido en el camino, teniendo cautela de situarse silenciosamente en el umbral que separaba el pasillo del resto de una de las habitaciones y de donde había provenido el ruido. Fugaku habría deseado dejar cuando menos a un ninja de Kirigakure vivo para el interrogatorio, pero no había tenido otra opción que matar al restante o este lo habría atacado a él, o a Kushina, quien se encontraba aterrada contra un rincón y abrazando sus piernas.

Alzando la mirada con agradecimiento hacia el Uchiha tan pronto como comprendió que el peligro había pasado, Kushina se levantó de su lugar y esbozó una sonrisa al ver a Minato aparecer en el umbral de la habitación, corriendo hacia él que la envolvió en un protector abrazo, susurrándole una y otra vez que todo había acabado y que él estaba ahí con ella, haciéndola sentir segura, y también contribuyó la presencia de Mikoto a quien agradeció con la mirada igual que había hecho con Fugaku, pues habría estado perdida sin la ayuda y protección de ambos. En silencio y prefiriendo no emitir critica alguna, pese a haberle indicado a Mikoto que permaneciera fuera de la cabaña y vigilase el perímetro—ya siendo tarde en cualquier caso—, Fugaku solo la observó en silencio y recibiendo una sonrisa ladina de parte de ella que encontró su mirada con la suya, no queriendo ni buscando armar pelea alguna, ese no era el mejor momento para eso; lo único importante, fuera de reconocer que no hubieran más enemigos—todos ninjas de Kirigakure, cabe mencionar—y teniendo Minato a Kushina abrazada a él, fue recuperar el aliento y regresar a Konoha cuanto antes, tanto por la seguridad de Kushina ante la posible presencia de nuevos enemigos rondando el área y esperando atacar, como para informar de lo ocurrido y de lo que no habían tenido tiempo por causa de lo abrupto que había sido todo y las decisiones que había tenido que tomar. Al final de la noche y como jóvenes que eran—despuntando el alba en realidad—todo lo que deseaban era regresar a sus hogares y dormir para olvidar lo ocurrido.

Todos deseaban olvidar esa noche…o casi toda.


Regresar a Konoha con el alba despuntando no había sido un problema, rindiendo cuentas a los miembros del Consejo—Fugaku lo hizo, ya que implicar a Mikoto supondría exponer que la razón por la que ella no había podido proteger a Kushina antes, había sido verse envuelta en una pelea con Demiya Kasou—, prefiriendo divulgar lo menos posible lo ocurrido, pues la amenaza de una nueva guerra y ahora un intento de secuestro de la Jinchuriki del Nueve Colas no haría más que alarmar a los civiles, y de hecho fue decisión de los tres Consejeros; Danzo Shimura, Koharu Utatane y Homura Mitokado, no informar al Tercer Hokage, ¿Para que si no había ocurrido nada? Despidiéndose de los Consejeros e inclinando respetuosamente la cabeza más por costumbre que por deseo propio, Fugaku procedió a retirarse de la sala y encontrando a Mikoto esperándolo en el pasillo y quien esbozó una luminosa sonrisa, mas él se mantuvo perfectamente serio e imperturbable, pero en su interior solo él sabía cuánto lo afectaba aquello. Minato se encontraba junto a Kushina en su apartamento, Mikoto había escuchado de su boca que no se separaría de su lado en los próximos días hasta saber que cualquier posible amenaza en el ambiente hubiera desaparecido por completo, y la Uchiha no podía estar más de acuerdo, siguiendo los pasos de Fugaku por el pasillo tan pronto como este abandonó la sala de reuniones del Consejo, y finalmente decidiéndose a hablar tan pronto como le hubo quedado claro que Fugaku no iba a iniciar ninguna conversación entre ambos, y debían tenerla:

—Deberíamos hablar sobre lo que paso— decidió Mikoto por fin y con un tono de voz muy animado como siempre, —solo quiero aclarar que nunca diría lo de "oh, por Kami", si no hubiera sido por el Genjutsu— obvió con una sonrisa divertida, nerviosa y avergonzada por solo recordar lo que casi había ocurrido entre ambos, y que le había gustado muchísimo, aunque solo se hubiera desarrollado por el Genjutsu.

—No es un punto a debatir, ni gracioso, fue algo horrible— protestó Fugaku deteniendo sus pasos y volteando a verla, siendo muy contundente con sus palabras.

—¿Horrible?— repitió la azabache, visiblemente sorprendida, —¿Es el único adjetivo que te viene a la mente?— interrogó, no pudiendo creer aquello, no recordando como había correspondido al besarla, como la había tocado…no podía haber fingido eso.

—No puede haber otra cosa— volvió a insistir el pelicastaño con su mismo tono estoico y sosteniéndole la mirada. —Sería diferente si tú fueras un par de años mayor o si tuvieras las ideas más claras, o puede también que no— ejemplifico, adjudicando la juventud de ella a ver algo que en realidad no existía, o eso intentó.

—Pensaste mucho para ser un hombre que no está interesado— consideró Mikoto con una seca carcajada y sin poder evitarlo, siendo eso un punto a su favor.

—Tu vida solo implica diversión, tareas, fiestas…Es lo normal a tu edad— minimizó Fugaku, juzgándola como una adolescente más con sus palabras y que hizo crecer la llama de la ira en el interior de Mikoto. —No me interesas de esa forma; fue un Genjutsu, nada más— dejó en claro, tajante e inamovible en su postura.

—Bien— espetó la Uchiha sin más, aceptando sus palabras si eso es lo que él quería.

Ofendida en lo más profundo de su corazón por el despreció de Fugaku para con sus sentimientos y en su orgullo como mujer por ni siquiera despertar en él sentimientos lo suficientemente fuertes para hacer que él se sintiera confundido o turbado, Mikoto le sostuvo la mirada una última vez antes de proceder a retirarse a paso veloz, no importándole dejarlo atrás, es más, sintiendo gusto por ello al abandonar la Torre Hokage y emprender camino a su casa, a la cual ingresó, cerrando la puerta tras de sí. Fui a trabajar, hablaremos cuando regrese; te quiere, mamá, Mikoto esbozó su primera sonrisa ante aquellas escuetas y disciplinarias palabras en la nota sobre la mesa de la sala, mas cargadas de afecto también y que justificaban el silencio de la casa y la ausencia de su madre, mas esta distracción no le impidió escuchar el eco de un paso contra la madera del suelo, un ligero chirrido y que la hizo volverse, permitiéndole resistirse a tiempo contra un sujeto que intentó cubrirle la boca con un lienzo cuyo olor le hizo saber en seguida que se trataba de cloroformo o algún sedante, pero lo que no supo anticipar fue que esto mismo era una distracción, pues un segundo la sorprendió por la espalda, envolviendo sus brazos alrededor de ella y luego un tercero entre quienes tuvieron la labor de inmovilizarla, arrastrándola hacia una silla donde comenzaron a atarle las manos entre fuertes protestas de la Uchiha, quien sin embargo no dejaba de ser una adolescente de menos de dieciocho años y con menos fuerza que los hombres que se alejaron tras conseguir amarrarla a la silla.

—¡Suéltenme!— gritó Mikoto, resistiéndose furiosamente y haciendo brincar la sillar como una fiera bajo su cuerpo. —¿Quién demonios son ustedes?— cuestionó al grupo de Shinobi y que tenían la banda de Kirigakure, aunque cubierta por un Genjutsu que ella desvaneció nada más activar su Sharingan.

—Las presentaciones sobran— desestimó el Shinobi al frente y que le sostuvo la mirada. Debía ser un hombre de no más de treinta años y con una marca en forma de vino de oporto en la cara. —Finalmente dimos con la última descendiente viva de Madara Uchiha, y gloriosamente su Sharingan está despierto—juzgó complacido y haciendo que Mikoto tuviera deseos de cerrar los ojos, mas ya era tarde. —Aprovechemos la ocasión; arránquenle los ojos— ordenó a los tres hombres que lo acompañaban.

Para un Uchiha, no había nada más aterrador que perder la fuente de su poder y reputación—aunque no todos los miembros del clan despertaban el Sharingan y no tenían porque, no todos los fundadores originales del clan fuera de Indra Otsutsuki habían conseguido despertarlo en sus primeras generaciones—, el Sharingan, lo que hizo que, pese a estar atada, Mikoto luchase furiosamente y chillara mientras uno de los hombres se situaba tras ella y le sostenía duramente los lados del cuello y la mandíbula para que no se moviera, en tanto el segundo colocaba sus dedos alrededor de sus ojos y parpados para hacer que mantuviera los ojos abiertos, y finalmente—para terror de Mikoto que en vano intentó disimular su miedo—el tercero se acercó para intentar arrancarle los ojos, provocando en Mikoto el mayor miedo y el incontenible deseo de gritar, pero la Uchiha sabía que era en vano y se preparó para lo peor sin otra opción. Jamás se mantenía lejos, no importa que la razón en su mente le dijera que lo hiciera a cada momento de cada día, sus sentimientos simplemente seguían un camino muy distinto y como de costumbre eso hizo que Fugaku siguiera a Mikoto en su camino a casa, solo verla llegar a casa personalmente y saberla a salvo sosegaba su corazón y en ese caso no fue diferente, pero había sentido algo extraño fuera de la casa cuando Mikoto cruzó el umbral y eso lo hizo quedarse fuera un par de minutos, escuchando los ruidos de forcejeo en el interior antes de decidirse actuar, vislumbrando todo mediante su Sharingan al decidir al ingresar, cruzando el umbral.

Fugaku no creía en la violencia o en emplearla más bien, como Uchiha se esperaba que estuviera preparado para cualquier enfrentamiento en todo momento, y lo estaba, pero no disfrutaba de pelear, mas toda idea pacifista simplemente se desvaneció de golpe en su mente nada más cruzar el umbral de la casa, moviéndose lo más rápido posible para situarse tras el líder del grupo de ninjas de Kirigakure, rompiéndole el cuello con un solo movimiento antes de moverse a una velocidad aun mayor hacia quien sostenía los parpados de Mikoto, cortándole la yugular con un kunai y no molestándole en lo más mínimo ver que este se desangrara y como también procedió a hacer con quien pretendía arrancarle los ojos y a aquel que daba las ordenes, volviéndose entonces hacia el restante que le sostenía el cuello…sí que deseó partirle el cuello en dos por siquiera atreverse a tocarla, pero se contuvo por la banda ninja que portaba, sorprendiéndolo por la espalda en su lugar y halándole los brazos hasta escuchar que estos se rompían, sin inmutarse por sus gritos de dolor. Lo único importante para Fugaku en ese momento fue Mikoto y quien, superada por el terror de lo que podría haber ocurrido tenía la cabeza hacia abajo, debatiéndose entre la lucidez y la inconsciencia, habiendo escuchado todo, mas sintiéndose demasiado confundida como para procesar lo ocurrido, y lo último que pudo ver fue la imagen de Fugaku—y que le dio el consuelo para cerrar los ojos—quien se arrodillo frente a ella.

—Mikoto, Mikoto— llamó Fugaku desamarrando las cuerdas que la mantenían presa a la silla, examinando superficialmente y con desesperación que no estuviera herida. —Mi Mikoto…— susurró, sintiendo que su corazón volvía a latir al saberla a salvo y su Sharingan intacto, el más hermoso que había sobre la tierra para él.

Era una suerte que, como líder del clan que era y a menos que se encontrase en su entorno privado, Fugaku siempre se hiciera acompañar por una escolta de dos miembros de su entera confianza de la Policía Militar, y ya que la noche de fiesta había pasado, fue fácil que estos lo acompañaran al dejar la Torre Hokage y por ende que en ese momento se hicieran cargo del restante ninja de Kirigakure que era incapaz de pensar en otra cosa que en el dolor de sus brazos rotos como para intentar huir, volviéndose prisionero de estos y que se retiraron con él para interrogarlo en el Cuartel de Policía, permitiéndole a Fugaku concentrarse en Mikoto—y aunque hubiera sido su deber, no habría podido concentrarse en nada más que ella—a quien cargó en sus brazos para abandonar la casa, necesitando llevarla al hospital y cuanto antes. Afortunadamente, en el hospital los médicos tranquilizaron cualquiera de sus preocupaciones; Mikoto no estaba herida, la única señal de lo ocurrido eran unos marcados moretones del agarre de esos malditos al costado de sus ojos y alrededor de su cuello, pero que se desvanecerían en unos días, y una crisis nerviosa que aparentemente la obligaría a permanecer en observación por al menos un día y bajo sedantes para recuperarse. Lady Eshima llegó al hospital al poco tiempo, pero Fugaku no se separó de Mikoto, permaneciendo de pie tras su cama y sin apartar los ojos de ella, observando su sereno dormir, su largo cabello azabache sobre sus hombros y repitiendo lo cerca que había estado de perderla. Y ello lo habría matado por dentro…


Todo fue un borrón en la mente de Mikoto mientras se recuperaba en el hospital, de ser la heroína junto a Fugaku y Minato si de rescatar a Kushina se trataba, se había convertido en la damisela en peligro, no había podido ver que en realidad el ataque contra Kushina había sido una distracción, había sido una treta para dar una falsa sensación de que se había neutralizado una amenaza cuando lo que en verdad había buscado conseguir el enemigo—en este caso Kirigakure—eran sus ojos, el Sharingan, tan temido en el mundo Shinobi, pero Mikoto no protestó y permaneció en el hospital todo el tiempo que le dijeron que hiciera, de hecho ello sirvió para que su madre y ella se reconciliaran de su pequeña riña en que una había sedado a la otra por una causa mayor, pero nada de ello distrajo a Mikoto ni borró de su mente la voz de Fugaku o su imagen antes de desmayarse...y al despertar, porque lo había visto de pie tras su cama y velando su sueño, y en palabras de su madre él había estado ahí durante días y sin poder irse a casa o cumplir sus deberes. Mas, nuevamente y cuando ella hubo despertado, Fugaku se había marchado justo cuando ella creía poder tomar consciencia de lo que la rodeaba, como si eso borrara su rastro, pero no de la mente de Mikoto que, si bien no dijo nada, comprendió entonces que él estaba librando su propia lucha interior, él se negaba a aceptar que correspondía a sus sentimientos o no quería hacérselo saber, mas ya era muy tarde, porque ella lo tenía claro ahora.

Saberse correspondida hizo que el corazón de Mikoto latiera vertiginosamente dentro de su pecho mientras salía de su casa, que su madre había aseado de arriba abajo para limpiar cualquier rastro de sangre, siendo tan metódica como un forense y sin inmutarse por ello debido a su trabajo—ella había participado en el interrogatorio del Ninja de Kirigakure de hecho—; la Uchiha recorrió la villa saludando despreocupadamente a las personas a su paso antes de dirigirse a casa de Fugaku, habiendo pasado antes por el Cuartel de Policía y sabiendo que él no se encontraba ahí. La azabache vestía una camiseta negra de escote inclinado que dejaba expuesto parte de su vientre, con una manga ceñida que finalizaba por encima de la muñeca, holgados pantalones negros de Jonin con un porta-shuriken en la pierna derecha y su bolsa de armamento en la parte baja de la espalda, y su largo cabello azabache caía tras su espalda, con su banda ninja a modo de diadema y haciendo que unos largos mechones enmarcaran su rostro, mas nada de su bella apariencia eliminó el nerviosismo, que la hizo apretarse las manos y buscar algo de sosiego mientras finalmente se detenía a la puerta del hogar del líder del clan y al cual llamó, esperando por largos momentos antes de que esta se abriera revelando a Fugaku; no sabía si no había ido a trabajar en estos días, vestía su uniforme de la Policía Militar, pero no la camiseta y chaleco táctico Jonin sino una camiseta sin mangas y que la hizo sonrojar ya que ella no recordaba haberlo visto vestir tan informal, y era un privilegio.

—Hola— saludó Mikoto y no esperando que le correspondiera, no era así. —¿Puedo pasar?— preguntó señalando el interior de su hogar con la mirada.

—Adelante— asintió Fugaku haciéndose a un lado y permitiéndole pasar, cerrando él la puerta a su espalda. —¿Qué sucede?— inquirió interiormente nervioso y no queriendo asumir el motivo tras su presencia.

—Ya no necesitas fingir— negó la azabache al voltear a verlo, ya no teniendo caso postergar esa conversación. —Mentiste sobre tus sentimientos— afirmó, pues ya era una realidad que no había porque postergar.

—Si, mentí— asintió el pelicastaño, no pudiendo ni queriendo mentirle más, ni a sí mismo.

—¿Por qué lo hiciste?— cuestionó ella, intentando entender su soterrada negativa.

La única oportunidad en que había escuchado a Fugaku manifestar que sentía algo por ella había sido hacía ya varios años, tras la muerte de Ren y antes de que comenzase la Segunda Guerra Shinobi, cuando le había confesado el compromiso acordado por su fallecido padre lord Fujitama y en como era lo mejor para el clan que ambos se unieran y brindaran legitimidad al legado de Indra Ostutsuki; el prestigio del clan, que no mantenía el linaje de su sangre intacta como los Hyuga, que no tenía problemas en mezclarse, estaba cada vez más en entredicho y era preciso que ellos lo cambiaran, y el único modo era casándose. Siendo un niño, lord Naka, el abuelo de Fugaku, había asumido el liderazgo del clan por un Consejo de Regentes tras la muerte de Madara Uchiha, ya que la abuela de Mikoto, lady Naori, no había podido hacerlo al ser mujer; ambos representaban y estaban destinados a sostener el legado de uno de los clanes más antiguos del Mundo Shinobi. Pero esa era su responsabilidad, ¿Qué había de sus sentimientos? Desde la muerte de lord Fujitama, Mikoto había estado esperando que Fugaku admitiera sentir algo por ella, había buscado conquistar su atención durante meses, años, sin éxito…pero ahora comprendía que Fugaku siempre le había correspondido, desde hacía ya tiempo, pero increíblemente había buscado convencerse a sí mismo y a ella de lo contrario, que no se necesitaban y que no tenían por qué sentir algo el uno por el otro, mas ya era tarde y la mirada en los ojos de Fugaku se lo dejo claro, pero quería escuchar la razón directamente de su boca.

—Es más que la diferencia de edad entre nosotros, se trata de mí deber y lealtad con el clan, como líder— comenzó Fugaku finalmente y cansado de tener que mentirle. —Si me permitiera amar no podría arrojarme en batalla para proteger al clan, sin temer a las consecuencias, solo pelearía por protegerte a ti— confesó, pues eso había hecho cuando ella había estado inconsciente, ella había sido y era absoluta para él.

—Es curioso— inició Mikoto con la voz quebrada a causa de la emoción por oírlo, —tus razones para no amarme me hacen amarte más— había estado muy molesta con él por su tozudez…pero no podía dejar de amarlo, solo intentarlo le habría roto el corazón. —Y si me casaré contigo tonto— anunció anteponiéndose al hecho de que él se tardaría una eternidad en proponérselo siquiera y ella no quería esperar.

—¿Cómo...?— preguntó él, superado por su valor así como por haberse adelantado tanto a los hechos…ni siquiera le había comprado un anillo, ni siquiera eran novios.

—No voy a esperar a que me lo pidas— obvió ella en su defensa, —o si quieres me arrodillo yo— sugirió haciendo amague de arrodillarse como debería de hacer él.

Antes de que a ella se le ocurriera arrodillarse y fuera del amague que ya hacía, Fugaku envolvió velozmente sus brazos alrededor de su estrecha cintura y como llevaba tiempo deseando hacer, escuchándola reír mientras la elevaba en el aire a su altura, y nada más hacerlo, contemplando en el proceso más de cerca el que era a sus ojos el rostro más hermoso y angelical de Konoha, Fugaku no dudo en inclinarse y besar sus labios, dispuesto a recibir una bofetada si eso es lo que ella consideraba correcto, mas nada de eso sucedió sino que en respuesta Mikoto se arqueó contra él y envolvió sus brazos alrededor de su cuello, correspondiendo gustosa al beso y que se encargó de profundizar, moviendo sus labios contra los de él. Se había desviado del camino una vez, había creído estar enamorada de Ren, quien había fallecido hace tantos años...pero en realidad ella había estado enamorada de la idea del amor; Fugaku era la mayor constante en su vida, había sido su compañero de juegos de pequeña, su guardián cuando había sido una ingenua Genin, su apoyo cuando más había necesitado a alguien y lo único que tenía claro es que era el hombre que amaba, era el más guapo del mundo para ella, aunque frunciera el ceño todo el tiempo, aunque fuera tan tímido en el fondo y le costase expresarse, ella haría todo eso por los dos...y aunque según las reglas del clan debería de dejar su prometedora carrera como Jonin para casarse con él, lo haría gustosa, porque no podía imaginar un futuro en que él no estuviera, y no necesitaba pedirle nada, ella aceptaba dejar todo con gusto solo para estar con él.


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "Avatar: Guerra de Bandos" , luego "Kóraka: El Desafío de Eros" y por último "Más Que Nada En El Mundo" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (por apoyarme y ser mi editora personal, no sé que seria de mi sin ella y por lo que le dedico esta historia como todas aquellas desde que somos amigas), a princesse Sarah 94 (agradeciendo que brindara su aprobación a esta historia y dedicándole esta historia por lo mismo), a Yashahime-uchiha32 (apreciando enormemente su aprobación, dedicándole esta historia y esperando poder estar a la altura), a Yi-Jie-san (dedicándole esta historia por su apreciación de mi trabajo) a mi querida amiga DULCECITO311 (agradeciendo sus maravillosos comentarios sobre mi trabajo, dedicándole esta historia y deseándole siempre lo mejor) así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.

Secuestro, Ataque & Unión: inició el capítulo con la fiesta celebrada por Konoha para aligerar las tensiones pre conflicto que será conocido como la Tercera Guerra Shinobi, y que viene a representar todos los valses o bailes que se celebraron en el siglo XX antes de las grandes guerras que tuvieron lugar. En plena fiesta y a lo largo del capítulo vemos a muchas parejas que serán los padres de los personajes de la próxima generación; Hiashi y Hana; los padres de Hinata, Hizashi y Jin; los padres de Neji, y Kiyoshi y Ena; que serán los padres de Shisui. El secuestro de Kushina y luego el ataque a Mikoto son actos de guerra perpetrados por Kirigakure para hacerse con lo que consideran un gran poder, en este caso el Kyubi y el Sharingan de quien es la única descendiente viva más próxima a Madara Uchiha, a través de su hermano Izuna. Desde el principio quise representar un genjutsu en esta escena del capítulo, pero no sabía cómo implementarlo, ya que no hemos visto muchos a lo largo de Naruto y que no salgan del canon, por lo que elegí inducir uno en un objeto, en este caso el collar que lleva Mikoto, y que hace que tanto ella como Fugaku sean envueltos en una ilusión que los lleva a actuar de modo desproporcionado al estar juntos en el mismo espacio, aunque al final Fugaku se da cuenta y se libra del collar. Por último y para cerrar el capítulo tenemos la confesión total de los sentimientos de Fugaku por Mikoto, junto con sus razones para negarse a ello hasta antes, y aunque puede parecer apresurado, ambos no dudan en comprometerse por palabra en ese mismo momento, aunque el resultado lo veremos en el próximo capitulo.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3