Fate/Grand Order.
Las aventuras Cuckquean de Morgan I.
One-shot.
Ritsuka Fujimaru x Tam Lin.
"Celebración Prematura"
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-[Preludio: Ayer y hoy]-
Fujimaru Ritsuka nunca quizo una vida difícil, mucho menos pensó en terminar viviendo algún tipo de fantasía. Como el mellizo más joven de un matrimonio saludable entre dos magos, siempre pensó que su vida sería más normal que extraordinaria, y es que incluso su hermana mayor era más maga que él, pero cuando se le ofreció ingresar a Chaldea como la candidato a Maestro 47, prácticamente le arrastró del pescuezo contra su voluntad, pues él estaba más interesado en desarrollar sus habilidades como artista que en seguir practicando la magia de joyas de su madre, o la de refuerzo de su padre.
Recordando como comenzó todo junto y aquellos que había conocido, las aventuras por las que había pasado desde que la Grand Order dio inicio en 2015 y su actual situación... su vida se había transformado en una espiral de emociones, la fantasía de un niño como las que su madre solía leerle a él y a su gemela, Rurika Fujimaru, cuando no podían dormir.
"¿Sucede algo, esposo mío?"
Preguntó, y Fujimaru tragó algo de saliva mientras miraba al cuerpo desnudo bajo suyo. Ritsuka nunca había sido bueno con las mujeres, ni tampoco alguien demasiado versado en historia. Es por eso que ser el último maestro de la humanidad y su única esperanza casi lo mató en el acto aquel día en Fuyuki.
Aún hoy en día no podía entender por qué tantas de sus servants estaban tan interesadas en él.
Cuando Morgan Le Fae fue invocada en Novum Chaldea, inmediatamente autoproclamándose como su "esposa" y bautizándole como "Mi esposo", las cosas cambiaron de manera radical. Usualmente Ritsuka era arrastrado y pasado de chica entre chica cuando esta estaba interesada en él, Mashu incluida quien abiertamente declaró su amor por él en su primer San Valentín juntos, en 2016, aquella noche le pidió darle un pedazo de su corazón y que aceptara sus sentimientos.
Nero, por supuesto, no pudo importarle menos la situación entre ambos, y transformó la declaración de amor en un trío en el acto.
"N-no... no pasa nada, Morgan"
Replicó el hombre mientras sus manos temblorosas comenzaban a acariciar y masajear el cuerpo desnudo del hada del paraíso. El mismo cuerpo de la reina que lo llevó al borde de la muerte en el sexto Lostbelt, esa noche había tenido suficiente de su supuesta "falta de compromiso y determinación" para tomar su "derecho de nacimiento", siendo esas sus exactas palabras.
Y es que tras Morgan Le Fae poner un pie fuera de la sala de invocación, tras reclamarlo como su marido, se aseguró de poner un alto a la actitud de cuanta mujer deseara a su esposo, enderezando y cambiándolo todo. Sorpresivamente, funcionó. Ritsuka se encontró a si mismo teniendo más tiempo libre para entrenar su cuerpo, mente y dedicarse a sus hobbies cuando las cosas estaban en paz, claro, siempre bajo la fría y atenta mirada de Morgan.
Decir que se había convertido en su sombra sería decir poco. Ahora, cada vez que una chica deseaba por intimidad, una cita o un beso, tenía que venir y pedirle permiso a la Reina. Fujimaru terminó perdiendo control total de sus elecciones a la vez que retomaba el control de su vida, mientras que ella miraba como las manos del pelinegro acariciaban y tocaban otros cuerpos que no eran ella, su esposa y amante, sin preocupación alguna.
O eso creía.
"Hmmm... si, así, esposo. Tócame justo así..."
Murmuró la albina, mientras su mano izquierda apretaba su pecho y la derecha jugueteaba con uno de sus muslos. Su cuerpo era frío de manera natural, pero eso era algo que empezaba a gustarle. Le había visto copular con otras mujeres por no más de dos semanas, su paciencia ya se había agotado; esa noche tras concluida la cena, decidió llevarlo a su cuarto, transformándolo en un fuerte impenetrable luego de sacar a Raikou, Serenity y Kiyohime de ahí a patadas claro está.
Su frío y helado mirar habína observado sus caderas y su miembro ir y venir del interior de otras día y noche, el día de ayer su irritante hermana menor en su encarnación Lancer tuvo su turno, esa fue la gota que rebasó el vaso. La bruja dejó escapar un gemido cuando los labios de Fujimaru acariciaron su cuello gentil y suavemente, mientras el maestro cuarenta y ocho sentía como las manos de la fémina se paseaban por su cuerpo lleno de cicatrices.
Incluso en plena oscuridad, los ojos de Morgan le encontraban sin esfuerzo.
Ritsuka se sentía como un niño perdido, bajo la mirada de un lobo gigante que podía e iba a devorarlo sin escape alguno. Ahora mismo, esa loba se daba el gusto de jugar con su comida, antes de consumirla. Era la única mujer en toda Chaldea que podía hacerle sentir de esta manera, la única de sus servants que...
Que lograba hacerle sentir un terror absoluto, pero un amor insano y protector a la vez.
"Mi querido y amado esposo..."
Dijo por lo bajo cuando sintió como sus besos empezaban a dejar un camino desde su cuello hasta su escote. La boca de Ritsuka era cálida, le gustaba y bastante. Este sentimiento de victoria y alegría que recorría su Saint Graph y su Spirit core no se comparaba con nada que haya sentido antes.
Amaba a Ritsuka, le quería y le necesitaba.
"Ahhh~... Esposo mío... mi perfecto, hermoso esposo... si..."
Gimió la mujer de cabello blanco-azulado, mientras sus dedos se frotaban contra su húmedo, perfecto y suave coño virgen. Escucharla alabarle y felicitarle a cada movimiento que hacía encendió una chispa de lujuria dentro del corazón y alma del Master, nunca había querido ni esperado vivir una vida como aquella, la verdad sea dicha... seguía sin entender por qué las mujeres le querían, qué veían en él para considerarlo un amante potencial.
No podía entenderlo, incluso ahora, pero tal vez... ¿ese era el motivo?
La reina dejó salir otro gemido cuando sintió sus labios comenzar a lamer y besar su pezón izquierdo, a la vez que los dedos del moreno temblaban, asustados de dañar su vagina, el hada sonrió y su mano izquierda acarició su melena oscura mientras que el placer la invadía. Ritsuka comenzó a chupar su pecho como si fuese su hijo, podía producir leche fácilmente mediante un hechizo, algo que haría en encuentros futuros por supuesto, tal vez mañana.
"Mor... gan..."
Dijo el hombre, mientras dos de sus dedos finalmente entraban dentro de ella, comenzando a darle a la reina la atención que merecía. La servant suspiró mientras sus pechos masivos eran amados, cubiertos por su saliva. Ritsuka no se detenía en absoluto; ahora su lengua dejó su pezón para atacar su aureola, lamiendo el resto de su piel.
No podía creer lo grande que eran sus pechos y su culo... más que los de Raikou.
"Si esposo mío... son tuyos y solamente tuyos... continúa, es una orden."
Le Fae sintió como el índice y el dedo medio del humano finalmente tomaron confianza suficiente para empezar a ir más profundo, ahora estando completamente dentro de ella, ambos se movieron al unísono mientras que el pulgar se presionaba contra su clítoris. La reina de Faerie Britain gimió mientras su cadera subía producto del placer, incluso siendo obliterada por su amor, su voz seguía siendo calmada y elegante.
Ritsuka estaba haciéndola suya, justo como debía ser, justo como ella quería que fuese.
"Hmmm~... pero que esposo tan irremediable tengo... ¿realmente amas tanto los pechos de tu reina?"
Cuestionó burlezca, notando como su mano se detenía de vez en cuando mientras su boca se volvía loca en sus pechos. Ritsuka se sonrojó y asintió, haciendo a Le Fae reír ligeramente. Esto era lo que su estúpida hermana menor y el resto de las servants debieron de haber sentido, su mirada hambrienta que las deseaba, esta noche y de ahora en adelante, sería solo de ella.
"Lo siento..."
Musitó, escondiendo su rostro en su escote para empezar a mover su cabeza entre ambos, haciendo que sus pechos se movieran de izquierda a derecha en un gesto extraño que le pareció bastante excitante. La reina alzó uno de sus dedos ligeramente, rodeando sus pechos con un aura azul, se presionaron contra la cabeza de Ritsuka, apretándole.
Y asegurándose de que sintiese el olor de su piel, y su helado abrazo amoroso.
"No lo hagas. Como tu esposa y reina, es tu deber amarme de todas las maneras habidas y por haber. Ya te lo he dicho; la única cosa que deseo de mi esposo es que me ofrescas todo lo que tienes y lo que eres..."
Ritsuka dejó salir un gemido de placer mientras sus dedos comenzaban a moverse más fuertemente y con mayor velocidad, mientras Morgan seguía moviendo sus pechos contra su cabeza usando su magia, no permitiéndole hablar ni respirar. Era extraño, si, pero estaba disfrutándolo. El sentimiento de sus dedos invadiendo las partes más profundas de su cuerpo virgen hicieron a la berserker gimotear nuevamente, sus labios pronto se presionaron contra su negra cabellera.
Cualquiera que fuera el champú y el jabón que usaba en su cuerpo, debía de elogiar su elección.
Sin embargo... cuando sintió como su cuerpo se acercaba al clímax...
"Suficiente, Esposo. Basta."
Su demanda inmediatamente hizo que su mano se detuviera, proque estaba usando su "tono de voz real". La antigua hada del paraíso lamió sus labios mientras sus pecehos se detenían, permitiendo al humano respirar una vez más, estaba ligeramente asustado de su expresión. Tenía un tinte rojo en las mejillas, pero apenas podía diferenciar su expresión actual de su estoicismo usual.
"¿Q-qué sucede?"
Preguntó, justo cuando Morgan se acercó para besarle la frente. Su mano izquierda fue hasta su mentón, agarrándolo mientras lentamente descendía por su rostro, Fujimaru cerró los párpados cuando la hermana de Arturia reclamó su boca como suya. Si tuviera la habilidad "creación de territorio", probablemente la habría usado en ese mismo momento.
Chuuuu~
Ritsuka sintió un relajante frío invernal recorrerle el cuerpo, mientras la lengua de Morgan Le Fae invadía su boca, los labios de la bruja brillaron al esta manifestar su lapiz labial azul con magia para marcarlo como su propiedad. El movimiento era lento, brusco y salvaje, fiel a su naturaleza berserker.
Sus dos manos fueron a por sus hombros rápidamente, jalándole contra su cuerpo, Ritsuka gimió una vez más al sentir como su mana dejaba su cuerpo conforme más saliva bebía su amante, su lengua estaba luchando con ímpetu contra la suya girando y empujándola hacia su garganta, un pequeño tinte azul cubría sus dos manos, las cuales fueron forzadas a agarrarle sus enormes tetas usando magia.
Tras unos momentos, Morgan finalmente rompió el beso, notando como Ritsuka estaba desesperado por aire, además de estar completamente cubierto en sudor justo como ella.
La reina lamió sus labios ligeramente, antes de sonreírle.
"Como se esperaba de mi marido, tu mana es exquisito... sin embargo, te prohibo el hacer que me venga sino es con tu boca. Es una orden."
Habló, y el hombre asintió en silencio, para su satisfacción. Morgan gentimlmente dejó ir a Ritsuka, la noche aún era joven y tenía un montón de cosas por hacer. Esta era su primera vez, quizás él ya no fuese vírgen, pero el cuerpo de ella era otra historia, y buscaba hacerlo extra especial por todas esas noches y días en los que le vio copular con otras chicas en su cama.
Morgan iba a tallar su existencia en el alma de Ritsuka, y asegurarse de que fuese de su propiedad.
La reina se dio la vuelta, sentándose en sus rodillas para apoyar sus manos contra el respaldo de la cama, su cabeza se volteó para mirarle. Fujimaru abrió sus ojos en sorpresa al ver como la antigua gobernante del Lostbelt Ingles agarraba sus nalgas, para posteriormente separarlas, dándole una vista perfecta de su feminidad y su ano.
"Ven, esposo mío. Disfruta plenamente de tu comida."
Segundos después de haber dicho aquello, la reina volvió a gemir. Ritsuka, como si él fuese el berserker, hundió su rostro por completo en las gigantescas nalgas de su esposa, Morgan soltó su trasero para colocar sus manos contra la pared, permitiendo que la carne se presionara contra la cabeza de Fujimaru, mientras su lengua y labios lamían su ano como si fuese un pastel
Le había visto hacer esto con todas las Servants que poseían una retaguardia relativamente grande, así que lo había añadido a su lista de "cosas por hacer". La nariz de Ritsuka olía el dulce sudor y el aroma de su piel mientras su lengua finalmente conseguía entrar, comenzando a lamer y devorar el culo de la reina como correspondía. El corazón de Le Fae chocaba contra su pecho al sentir la lengua de su amante explorar el interior de su cuerpo.
Por supuesto que también iba a comerse su coño... pero esto era inesperado. No había anticipado que se sentiría tan bien, ni tampoco que Ritsuka estaría así de excitado.
"¡Ahhh!... ¡Esposo, cálmate! ¡No iré a ninguna parte!"
Gritó, notando como sus dedos y manos empezaban a acariciar y apretar sus nalgas. Ritsuka no le hizo caso, su entero ser estaba concentrado en besar, chupar y devorar el trasero de Morgan. La reina no pudo evitar recordar lo que su estúpida hermana hacía cuando su marido le comía el culo frente a sus ojos. Y considerando que tenía un cuerpo mucho más sexy que el de Arturia...
Estaba segura de que esta sería toda una experiencia para él.
Plaf... plaf... plaf~
"¡¿HMGH?!"
Cuando sintió como sus nalgas empezaban a moverse alrededor de su rostro y chocar contra sus hombros, Ritsuka no pudo evitar casi sufrir un ataque cardíaco. Morgan había empezado a mover su culo a la vez que sus nalgas mimaban su cara, justo como Arturia Lancer solía hacer cada vez que le pedía una rimjob.
Podía sentir toda la carne y la fría, suave piel alrededor suyo temblar conforme la reina movía sus caderas en la cabeza de su marido. Morgan dejó salir otro gemido, notando como la nariz de Ritsuka y su lengua jugueteaban con su ano, su corazón reaccionaba acelerando sus latidos cada vez que su lengua exploraba las zonas más profundas de su saint graph, lamiendo todo lo que podía encontrar.
Era como si su pecho estuviese quemándose por dentro, la adrenalina y la emoción de tener su zona posterior siendo adorada por el hombre que amaba, por su alma, la hacían querer mover su culo con mayor fuerza y alimentarlo con más de su "pastel"... estos sentimientos, estos pensamientos, todo ello eran cosas que no podían importarle menos en Faerie Britain, ni a ella, ni a su contraparte de la historia Pan-humana.
Pero ahora las cosas eran diferentes... Ritsuka le dio un corazón a Morgan, y él se volvió su alma.
"Ahhh~ esposo... esposo mío... ¡Mi pequeño y preciado esposo!"
Gimoteó a la vez que la lengua de Fujimaru entraba y salía de ella, penetrando su ano para retirarse por completo. La cabeza de Ritsuka salió de sus nalgas para poder respirar y además, darles una probada. Su lengua se movía insistentemente, lamiendo su suave, tersa y helada piel como si fuese un helado, o gelatina.
Otro sonido placentero escapó de la garganta de la mujer, la lengua de su amante era cálida, un contraste delicioso con su piel. Mientras Ritsuka ahora empezaba a dejar un rastro de besos en esta, sus manos abrazaban y apegaban su mejilla contra su nalga, para luego repetir el proceso con la otra. El sudor y la piel de Morgan tenían un sabor y olor exquisitos, que le recordaban a los duraznos.
El Master cuarenta y ocho se percató de como la labia minora de la Reina alta empezaba a latir. Una reacción similar a su hermana menor, incluso si no hubiese dicho palabra alguna, él ya sabía lo que significaba. Su reina se acercaba al orgasmo, lo que le hizo a él ganar una sonrisa maliciosa, iba a aprovechar para sorprenderla.
"Esposo mío, ¿por qué te de- ¡Ohhhh!"
Se interrumpió a si misma para gemir fuertemente, a la vez que la lengua de Ritsuka comenzaba a atacar su genitalia. Quizás no conociera ninguno de sus puntos débiles, pero tenían mucho tiempo para hacer el amor y aprender todo lo que había que aprender del otro. Su lengua se movió, yendo arriba y abajo en la tersa, húmeda piel de la Reina Alta.
La fémina chilló en placer cuando Fujimaru comenzó a devorar su feminidad, con todo el cariño y amor que podía reunir. Debía ser amoroso y respetuoso con el cuerpo de su gobernante. La lengua del hombre ahora se presionó contra el clítoris del hada, empujándolo hacia adentro como si fuese un botón a la vez que sus manos continuaban jugando con su culo.
La chica de ojos azules respiró de forma errática, notando como el placer se concentraba en su zona baja.
Ya estaba por venirse.
"¡Esposo...! ¡si!... ¡justo ahí!~"
Habló, motivando a que Ritsuka lamiese más fuertemente, disfrutando los fluidos que descendían por su garganta. La piel de Morgan sabía increíble, su néctar era realmente un regalo divino, sin ofender a Ereshkigal o Ishtar claro está. Separó sus pliegues al entrar dentro de ella por fin, su cunnilingus siendo más salvaje que antes.
Podría acostumbrarse a esto, no es como si ya de por si sus sirvientas no le pidiesen sexo oral como recompensa por su desempeño de vez en cuando... pero esto era diferente.
Morgan era su esposa, después de todo.
Su cabeza y rostro fueron cubiertos por magia azul, la albina le presionó contra su carne más fuertemente con solo un movimiento de sus dedos, gimiendo a todo lo que daban sus pulmones, su culo comenzó a moverse nuevamente, llena de emoción, excitación y adrenalina.
"¡Esposo! ¡Esposo! ¡ESPOSO MÍO!"
Incluso si Fujimaru era incapaz de ver producto de la carne en frente suyo, seguía escuchando y sintiendo. Morgan gritó su nombre a la vez que finalmente se corría en su boca, miel yendo directamente dentro suyo conforme el orgasmo la abrumaba. Ritsuka usó la punta de su lengua para continuarla lamiendo, mientras que su garganta se encargaba de tragarse hasta la última gota.
La había dejado totalmente cubierta en saliva y sudor.
El moreno finalmente dejó ir el trasero de su mujer mientras que esta caía al colchón, jadeante. Su stamina era realmente impresionante, pero ¿qué otra cosa podía esperarse? considerando que en menos de un mes, se transformó en uno de los assets más valiosos y poderosos de Chaldea. Berserker se dio la vuelta, dándole una buena mirada al objeto de su devoción.
Su hermoso cuerpo lleno de cicatrices, construido por años y años de pelear para salvar su mundo, su patética y débil historia pan-humana que ella tanto despreciaba... y esa enorme cicatriz hecha por la Berserker del infierno Samghata cuando su mano perforó su estómago... los ojos de Morgan brillaron al sentir como el deseo de reclamarlo como suyo aumentaban su fuerza y lujuria.
"Sasuga wa ga Otto... pero considerando que me has hecho verte copular con siete mujeres al mismo tiempo, no debería de subestimar tus habilidades."
Habló la Reina Alta, provocando que Ritsuka se ruborizara mientras se rascaba la mejilla, claramente avergonzado. Podía entender el por que Morgan estaba tan molesta, nunca había hecho un movimiento para cortejarla, pero no lo hizo por un sentimiento de respeto y temor. La reina se lamió sus labios azulados poniéndose de pie lentamente, era su momento de brillar.
La loba había terminado de jugar con su comida. Ahora iba a almorzar.
"¡¿Morg-aaaan?!"
Fue incapaz de decir su nombre correctamente, pues el hada le empujó contra la cama, las vívidas memorias de verlo en medio de sus misiones copular, besar y decirle "Te amo" a otras mujeres mientras las llenaba con su semilla, llenaban su mente con celos. Él era su marido, su amante, su alma, su corazón, su entero ser... su todo.
Tal como hiciera él con su trasero anteriormente, ella dejó un caminito de besos desde su rostro hasta su pecho, tomando especial cuidado en marcar el camino de lapiz labial en sus pectorales, hasta que inevitablemente encontró su miembro. Morgan sonrió, encantada con el pequeño tamaño del mismo, cubierto por piel. Era adorable, pero no estaba ni remotamente cerca a su pleno potencial...
Ritsuka podía endurecerse bastante cuando se ponía cachondo.
"Pero cuanta piel... pareces un niño..."
Le Fae no perdió tiempo en iniciar su mamada. Su marido se merecía lo mejor de lo mejor, después de todo. Es por eso que incluso si no le agradaba verle copular con otras, aceptaba y aprobaba sus múltiples relaciones. Su lengua salió, comenzando a acariciar su falo a la vez que intentaba empujar la piel hacia abajo, provocando que dejase salir un grito de gusto.
La lengua de Morgan trataba de separar la piel de Ritsuka de su masculinidad con ayuda de su saliva. La hermana mayor de Arturia se rehusaba a usar sus dedos, pese a estar sosteniendo aquel pequeño genital con su pulgar y su índice, el maestro cuarenta y ocho comenzó a jadear al sentir los labios de ella sobre su carne.
Sluuurp~ sluurp~
La adrenalina mezclada con el hecho de estar viendo a la bruja más grandiosa de toda la humanidad practicándole sexo oral finalmente logró despertar su masculinidad. Los ojos de la hada brillaron en ilusión cuando su boca sintió como el aparato de Ritsuka por fin crecía. No dispuesta a permitirle dominarla, y sabiendo que esta era su primer felación, la reina decidió seguir chupando.
Su boca fue de arriba a abajo, efectuando sonidos en el proceso debido a su saliva y sus propios gemidos. Había visto la masculinidad de su esposo ir y venir del interior de incontables servants en múltiples ocasiones, pero esta era su primera vez sintiéndolo ella misma. Sus párpados se cerraron mientras su mente se concentraba en marcar a fuego el sabor y la forma de este en su saint graph.
Chup~ chup~ chuuup~
"¡A-ahhh! ¡M-morgan! ¡más lento!"
Rogó, pero pese a ser su esposo, también era un plebeyo. La antigua hada del paraíso continuó, pues ahora finalmente usó su mano para sostener su miembro. Aún crecía, haciéndose más grueso, así que por fin podía usar su palma izquierda para mantenerlo quieto y practicarle sexo oral de manera adecuada.
Esta vez, fue más rápida. El humano continuó jadeando mientras su miembro finalmente se detenía, notando como la gobernante de cabello blanco gimoteaba, tosiendo un poco, claramente ahogándose en su masculinidad. Ahora era momento de que ella se detuviese, moviendo su lengua en círculos alrededor de su miembro para acostumbrarse.
Llamarlo "Impresionante" sería decir poco...
Después de unos cuantos segundos, le dejó ir con un sonoro "pop" al sus labios separarse de su hombría, completamente cubierta en su saliva... y su lapiz labial. Morgan admiró la carne que sostenía en su mano, notando su tamaño, a ojo, podía decir que era más grande que sus dos manos, no podía evitar sentirse orgullosa de él.
Pues esto era únicamente genética, no una bendición o algo por el estilo, si las pequeñas charlas que tuvo con la diosa de la fertilidad eran ciertas, esto no era una bendición ni un regalo de ella en absoluto. Él era de esta manera debido a sus propios méritos.
"Y ahora... es un maravilloso y espléndido pene de adulto... maravilloso, esposo mío. Quizás debería considerar el despertarte con una felación diariamente a partir de ahora."
Un pequeño "¿Huh?" salió de su boca como respuesta, provocando que la mujer riese antes de que sus labios azules capturasen su pene otra vez. Ritsuka sintió un escalofrío recorrerle la espina al experimentar la garganta de su esposa por primera vez. Fiel a su naturaleza como una Berserker, pese a tener algo tan grande que requería sus dos manos para sostenerlo, era capaz de tragárselo por completo.
Gulg~ gulg~ gulg~ gulg~
Escuchar su voz ahogada conforme su cabeza iba de arriba hacia abajo, pintando sus genitales de color azul y su saliva fue más que suficiente para mandar a Ritsuka a los cielos. La garganta de Morgan era tan fría y despiadada como ella en Faerie Britain, pero sus acciones y la forma tan dulce en la que le lamía cargaban una cantidad de amor y deseo abrumadoras.
Su entera alma y ser estaban dedicadas a darle una mamada de la mejor manera posible, para que solo pensara en ella y nadie más.
Ni siquiera Mashu, la persona a la que le dio su alma y su corazón cuando finalmente ella le confesó su amor en Febrero catorce del año dos mil dieciséis.
Sluuuurp~ slurp sluuuuuuuurp~
Su lengua comenzó a moverse y tratar su punta como si fuese un helado. La bruja tenía sus ojos cerrados completamente conforme los músculos de su garganta se cerraban en su falo, estrujándolo y ordeñándolo como si fuese una vaca. La cabeza de la mujer bajó el ritmo conforme sus manos fueron hacia abajo para acariciar y mimar sus testículos lentamente.
El contraste entre el ser naturalmente frío del hada y el calor de él eran algo que ella poco a poco comenzaba a disfrutar.
Buah~
Sacándoselo de la boca para respirar un poco, la reina ahora comenzó a dejar un camino de besos en la parte derecha de su masculinidad, mientras que sus dedos se hundían en su escroto, la mano de Ritsuka apretó las sábanas con toda la fuerza que pudo, intentando contener sus deseos de venirse. Al ver como empezaba a later con poder y desesperación, provocaron que ella sonriera.
"Así es, esposo. Sigue aguantando, solo un poco más."
Demandó, usando magia nuevamente para aplicarse lápiz labial nuevamente, la lengua de Morgan salió mientras empezaba a alamer desde su base, yendo hacia arriba en un par de ocasiones antes de finalmente tragárselo por completo. Su nariz chocó contra su pelvis a la vez que su garganta le permitía a su entrepierna transformarla en su funda una vez más.
Era hora de acabar con él, de una vez por todas.
Una vez que el Master sintió la cabeza de su servant ir "a todo dar" en su hombría, gritó con una fuerza tal que podría haberse escuchado desde afuera de su cuarto. Morgan estaba chupándole y yendo con una rapidez tal que apenas y podía resistirlo. Su voz ahora empleaba un tono desesperado conforme su pecho iba de arriba a abajo, desesperado por aire.
Ella sorbía, lamía y succionaba al mismo tiempo como si no fuese un problema en absoluto, como si fuese una maestra en complacerle pese a ser su primera vez juntos.
"¡M-MORGAN!"
Gritó a la vez que ella abría sus ojos lentamente, mirándole con su estoicismo característico. Tanto su mirada helada como la suya azul cielo se encontraron mientras finalmente dejaba salir el espeso semen lleno de mana directo en su boca, en la boca de la gobernante de Faerie Camelot, como si fuese una furcia cualquiera. El hada del paraíso se tragó hasta la última gota, sin problemas.
Pese a haber notado lo espeso y pegajoso que era, podía sentir la magia y poder que poseía. El rostro sonrojado de Tam Lin Galahad cuando le explicaba a que sabía la semilla de Ritsuka y como se sentía hizo eco en su memoria.
"El... um... bueno... "mana" de Senpai es como... ¿Jalea? y tiene un sabor salado pero agradable... es como masa salada que se pega a tu garganta"
Conforme la boca de Le Fae abandonaba su miembro, se abría para darle una vista de lo más extraordinaria a su amante; había capturado y mantenido una pequeña porcion de su esperma para mostrarle, tragándosela frente a sus ojos, lamiendo sus labios casi al instante. Podía ver como dos corazones se formaban en las pupilas de la reina, mientras que sus hechizos de comando quemaban junto a su alma producto de la dicha.
Era tan malditamente sexy y candente...
"Impresionante, esposo mío. No es de extrañar que tantas mujeres deseen mi lugar o que presuman de ser mis iguales."
Ritsuka tragó en seco cuando vio como la reina de las hadas agarraba sus pechos con sus dos manos, colocándolos sobre sus piernas, a sabiendas de lo que estaba a punto de hacer. La hermana de Arturia ganó una sonrisa casi imperceptible mientras le miraba de forma amorosa, los dos sabían lo que venía a continuación.
Charlotte Corday, Minamoto no Raikou, su estúpida hermanita, Passionlip, Jeanne D'Arc Alter, Nero Claudius... podía seguir nombrando mujeres que habían logrado hacer gemir a Ritsuka y gritar como una niña pequeña mediante un paizuri por horas, considerando que su busto era incluso más grande que el de su tonta hermana, no podía enteder porqué jamás intentó tocarlas ni una sola vez.
Pero eso terminaba hoy.
Después de todo, ella estaba por sobre cualquiera en la historia Pan-humana.
"Aquí voy, esposo"
Habló la bruja, mientras sus pechos finalmente subína y se cerraban alrededor de la masculinidad de Fujimaru, haciéndolo gemir. Había estado tocando, lamiendo y besando todo su cuerpo hasta ese punto, pero esto era algo totalmente diferente. Su falo estaba siendo ahogado y absolutamente aplastado en lo que parecía ser una cantidad infinita de carne suavecita y helada.
Él era grande, si. Pero los pechos de Morgan Le Fae eran lo suficientemente masivos como para que su punta apenas y pudiese verse. La maga de cabello blanco sonrió al verle, notando como su glande intentaba escapar, esforzándose al máximo para alcanzar sus labios en busca de otra mamada.
Era adorable.
El pecho izquierdo comenzó a moverse de arriba a abajo, acariciando y masajeando aquel lado de su hombría mientras que la reina dejaba salir una pequeña risita gentil. Ritsuka empujó sus caderas por instinto mientras intentaba estabilizar su respiración, no queriendo verse tan patético en frente de su media naranja.
A ella no le importaba, por supuesto.
"Tus reacciones son dignas de alabanza, esposo mío. Te recompensaré."
Fueron sus palabras, conforme su mano derecha empezaba a mover el pecho en cuestión, ahora ambos yendo a un ritmo diferente, para asegurarse de que no se acostumbrase a la suave y abrumadora sensación. Fujimaru terminó mordiendo su labio, no siendo capaz de ver su miembro en absoluto, su Servant haciendo contacto directo con él le estaba llevando a su límite.
Morgan sabía exactamente lo que estaba pensando y haciendo... y él, tratando de no perderse en el helado, suave y perfecto escote, la complacía muchísimo con sus expresiones, por lo demostrado por el dulce olor a duraznos proveniente de su húmeda entrada.
El movimiento ahora era más brusco. Berserker se detuvo y presionó sus pechos entre si, usando su fuerza de nivel C, disfrutando del cálido sentimiento de la entrepierna de su hombre latir de manera incesante. Entonces volvió a moverlos, ambos al mismo tiempo muy lentamente para torturarlo, y llevarlo al orgasmo tan despacio como podía.
Había estudiado las técnicas de Boudica, Raikou y Nero, perfeccionándolas para si misma.
"Morgan... Morgan... ¡Morgan... !"
Comenzó a repetir, luchando cada vez más y más para hablar siquiera. La mujer de ojos azules asintió, incrementando la velocidad para satisfacer al pobre desgraciado. En menos de cinco minutos, parecía estar al borde de eyacular directamente en su rostro, eso era algo que la enorgullecía. Usualmente necesitaba diez o quince, incluso Passionlip solo lograba un record de ocho.
Pero ella lo estaba logrando en menos de seis.
"Hazlo, esposo mío. Cúbreme con tu amor."
No era una petición, más bien una orden. El master y amante de muchas dejó salir un grito mientras obedecía, dejando salir múltiples líneas gruesas de su semilla. La Reina Alta abrió su boca a la vez que cerraba sus párpados, permitiendo a su amante manchar su rostro y pechos todo lo que quisiera.
Su boca, su nariz, parte de su cabello y la mayoría de su escote terminaron manchados y marcados por su mana. No solo estaba bendito con un tamaño impresionante, sino que la cantidad y la calidad de estos también eran una virtud. Por fin comprendía por que era capaz de copular con siete servants al mismo tiempo, y el por qué siempre venían hacia ella para pedirle aqunque fuese un rápido momento de pasión con él, por corto que fuese.
La cabeza de Ritsuka cayó en la almohada, pese a no estar tan cansado, ya su mujer le había drenado bastante para este momento. Le Fae chaqueó los dedos, reuniendo cada partícula de esperma en una esfera que se tragó de un bocado, una manera mucho más eficiente que recolectarlo con sus manos.
Sus ojos notaron rápidamente el estado de su querido.
No duraría mucho, tal vez dos veces más antes de estar demasiado cansado como para permanecer despierto. Pese a esta ser su "luna de miel", debía de asegurarse de que estuviese en su mejor estado. Especialmente considerando que planeaba dos horas de hacer el amor todos los días luego de despertar, empezando mañana, así que era mejor terminar la noche con el paso más importante.
Otorgarle el privilegio de tomar su virginidad.
"Esposo."
Llamó, haciendo que Ritsuka finalmente la mirase con su cansada y somnolienta mirada lujuriosa. El pelinegro sintió como su corazón comenzaba a latir rápidamente al ver al hada del paraíso arrastrarse hasta él, para luego colocar sus rodillas al lado de su cuerpo para montarle, dándole una vista completa de su desnudo, voluptuoso y helado cuerpo perfecto.
"Ya es hora. Pero no temas, seré cuida-"
Morgan se detuvo a si misma tras ver un pequeño e insignificante vestigio de duda dentro de los ojos azules de Fujimaru. El Master cuarenta y ocho miró a la mujer que se llamaba a si misma su esposa con verguenza y duda, provocando que la mirada de ella cambiase, ahora en lugar de ser amorosa, mostraba preocupación. Habína estado juntos el tiempo suficiente para que él entendiera que deseaba escuchar sus pensamientos con solo una mirada.
El humano suspiró, su mano yendo a agarrar la derecha de la maga, sosteniéndola entre sus dedos con tanta delicadeza como le era posible, no queriendo lastimar su piel.
"No lo sé... Morgan... ¿realmente quieres a alguien como yo? no soy nadie... te lo quité todo. Tu tierra, tu gente, tu trono, tu hogar, tu vida... todo lo que alguna vez llegaste a amar desapareció por culpa de Chaldea; por culpa mía. Eres maravillosa, hermosa y ni siquiera se si seré capaz de complacerte, mucho menos hacerte feliz después de todo lo que-"
"Fujimaru Ritsuka."
Un escalofrío recorrió su espina dorsal en el momento en el que la escuchó decir su nombre por primera vez. Nunca, ni una sola vez, lo había hecho. Morgan siempre había sido calmada, estoica, elegante y extremadamente complaciente a cualquier petición que tuviera. Había mirado en silencio como las mujeres venían abiertamente a pedirle noches enteras de pasión con él, y observado todo en un asiento en primera fila sin intervenir, sin quejarse ni una sola vez.
Pero...
La forma en la que le miraba ahora mismo, el tono que usó para decir su nombre... pese a estar desnuda, sentía que no miraba a Berserker, su servant, y esposa. Esa mirada invernal, la presencia que rodeaba su cuerpo, esta no era la mujer que le trataba como un amante, más bien era la cruel, inmisericordiosa Reina alta de Faerie Britain que reinó por dos mil años sobre la tierra de las hadas.
Esta era Morgan Le Fae, reina del sexto Lostbelt, enemiga de Chaldea y la historia Pan-humana.
"He tolerado tu insolencia y transgresiones día tras día, y atestiguado tu constante infidelidad porque tu felicidad y alegría son mi mayor prioridad. Sin embargo, mi orgullo y mi propia alegría no son algo con lo que tengas derecho a juzgar, ni tu ni nadie. Escúchame, y más vale que escuches a tu reina atentamente"
La mano izquierda de la mujer fue hasta el rostro del humano, agarrándole del mentón para obligarle a mirarle directo a sus ojos. Ritsuka sentía como si su alma y su cuerpo estuviesen en medio de una tormenta de nieve, conforme el cuerpo de la gobernante se posicionaba a si mismo sobre su erección. Morgan frotaba la punta de su miembro cubierto en marcas azules contra la entrada de su feminidad, pero asegurándose de que su contacto ocular no se rompiese en ningún momento.
Decir que estaba aterrorizado sería decir poco.
"No soy la mujer que conoces de la historia Pan-humana. Si; odio tu mundo, y todo lo que hay en él. Pero no puedo culparte por tener la determinación de vivir. He vivido mi vida y reinado mi país de la forma en l a que quería, pese a sufrir un final trágico, no te culpo por ello, culpo a tu mundo. La verdad sea dicha; maldije y culpé a la historia pan-humana hasta mi último suspiro, pero ni una sola vez tuve resentimiento en contra tuya o la niña de la profecía."
Conforme continuaba, Ritsuka sentía su rostro enrojecer. Morgan estaba jugueteando con él y preparándose para ser penetrada mientras le daba un discurso y le miraba con una cara que le recordaba la aterradora forma en la que solía mirarlo a él y a Arturia durante su aventura en Faerie Britain.
Notando esto, su mano fue de su mentón a su mejilla, acariciándola conforme su aura real se iba lentamente, siempre reemplazada una vez más por su personalidad de esposa cariñosa, dulce y amorosa.
"No dudes de mis elecciones, de mi corazón o mi amor. Y especialmente, no dudes de ti mismo. Eres el único al que deseo dedicarle mi existencia, mi vida, mi alma y todo lo demás. Si tuviese que elegir entre vivir mi sueño o estar contigo... no dudes por un segundo... que te elegiría a ti, esposo mío."
Tras terminar, por fin bajó sus caderas. La pareja gimió al mismo tiempo, por motivos diferentes. Ritsuka producto del placer, pues jamás había sentido una vagina tan estrecha, helada... confortable y relajante al mismo tiempo. No estaba tan helada al punto de lastimarle, más bien, se sentía como si su cuerpo y su miembro fuesen víctimas de un bronceado.
Por el otro lado, los motivos de Morgan eran su alegría, felicidad y el sentimiento de éxito que sentía al finalmente ser reclamada por el hombre que amaba. No sentía dolor al su himen ser destrozado por el grosor y tamaño del miembro de su esposo, así que siguió descendiendo, buscando sentirle por completo.
La ojiazul sonrió ligeramente al su cuerpo acercarse más a Ritsuka, sus manos agarraron su rostro, jalándole hasta el suyo en busca de un beso. La lengua de Le Fae acarició y se frotó contra la de Fujimaru mientras la sangre continuaba saliendo, manchando la carne y marcándola como su mujer, suya y solamente suya. Nadie más tenía derecho a mirarla.
Quizás fue amor a primera vista... quizás fue su amable, dulce naturaleza ingenua, o el hecho de que ella realmente admiraba un sueño tan ridículo y tonto como pelear para vivir, o su corazón puro... pero Morgan Le Fae genuina y verdaderamente amaba a Fujimaru Ritsuka.
Y nunca le dejaría escapar su alcance.
Sin romper el beso aún, respirando por su nariz, la Reina alta comenzó a montar y cabalgar a su Master conforme sus nalgas empezaban a sonar producto de su movimiento. El "clap clap clap" que hacían conforme la fémina ascendía y descendía, recibiendo su miembro de adentro hacia afuera, lo estaba enloqueciendo. La parte más candente era que no todo era intencional.
Su culo era tan grande y gordo que sonaba por si solo.
"¡Hmmmmnght!"
Su voz salió al su genital ser apretado y succionado por sus adentros. La lengua de Morgan continuaba girando alrededor de la de Ritsuka, consumiendo el mana que contenía su saliva, a la vez que sus manos rodeaban su cabeza, el hada se separó de él por un momento, permitiendo a su aliento escapar conforme su caderaba bajaba con un fuerte movimiento, autoempalándose.
Le sentía en sus entrañas.
"Sasuga wa ga Otto... ahora entiendo como es que eres capaz de reclamar y copular con cualquier chica que esté interesada en ti... ¿tal vez este sea tu Fantasma noble?"
Una pequeña risita, luego otro beso ensu nariz, pintando su piel de azul como si fuese la contraparte de Rodolfo el reno.
Ritsuka, no obstante, contrario a ella, luchaba por siquiera hablar. Su voz se hacía más fuerte conforme el abrumador, helado y adictivo placer que le causaban las entrañas de su esposa succionando y apretando su pene cual serpiente le invadía. SU cerebro trabajaba a mil por hora al la gobernante de Faerie Britain besarle el rostro, sus caderas y su técnica haciéndose más rápidas y fuertes segundo a segundo.
Y aquel maldito "clap clap clap" saliendo de su maldito culo...
"¡M-Morgan... ! T-tu culo es... ¡e-es enorme!~"
Bramó, y en lugar de tomarlo como un insulto, sabía que era un cumplido. ¿Quizás debería adoptar algunas de las costumbres de las otras servants y permitirle practicarle sexo oral entre descansos durante las misiones?, mantenerse en silencio o usar una ilusión para evitar ser descubiertos no sería problema alguno para una mujer como ella.
"Si, Esposo mío. Y es solo tuyo."
Contestó conforme el colchón empezaba a rechinar por lo fuerte que estaba bajando su cuerpo hacia el de Ritsuka. Morgan retiró una gota de sudor que caía por su rostro, para presionar su frente contrala de Fujimaru. Las manos masculinas no pudieron contenerse y finalmente apretaron su trasero, apretándolo y empalándola en su miembro aún más a la vez que ella subía.
Le Fae dejó salir un gemido de placer y dicha ante aquello, permitiendo a su amor tomar control de la faena por solo unos instantes. Justo como estaban, con su glande golpeando la entrada a su vientre, Morgan presionó sus enormes pechos contra los músculos de su Master a la vez que sus labios ahora besaban su frente y rostro.
Ella era una ventisca, efectivamente... pero una muy cariñosa, y amorosa.
"Se terminó, Esposo. Ríndete."
Pidió calmadamente, empleando su fuerza superior y su poder para montarle con toda su magnificencia. Los brazos de Ritsuka eran incapaces de detenerla, obviamente. Morgan siguió montándole como si fuese un caballo, mientras que el Master cuarenta y ocho inhalaba y exhalaba, sentía como su alma salía de su cuerpo.
Los pliegues de la reina, completamente empapados en sudor, sus propios fluidos y el líquido pre-seminal, parecieron estrujar a Ritsuka junto al resto de su cuerpo. El hombre de ojos color cielo podía ver claramente como los pechos de su esposa se movían en todas direcciones producto de sus movimientos, era incapaz de seguir conteniéndose, pues ella era demasiado sexy, perfecta y candente.
Too... overwhelming.
"¡M-MORGAN!"
SPLUUUUUUURT~
SQUISHHHHHH~
Tras decir su nombre, se impaló a si misma una última vez en su miembro. La bruja del invierno cerró sus ojos una última vez tras dejar salir un suspiro al semen de su esposo llenarle el vientre a reventar. La reina esperó un par de segundos, dejando que el moreno pudiese mirar su cuerpo mientras continuaba llenándola.
Meros momentos tras acabar, él terminó en los brazos de su amante como debía. ¿Qué más podía esperarse? Ritsuka no era un enano, pero no era tan alto, midiendo exactamente lo mismo que Nero y Mordred, algo que le hacía muchísimo más adorable a ojos de muchas, por ello Morgan nunca perdía la oportunidad de sostenerle entre sus brazos como si fuese un bebé.
Ahora mismo, con su cabello suelot, la gobernante de las hadas tenía sus manos alrededor de la cabeza del muchacho, quien descansaba en el valle de los senos que tanto le gustaban. Silenciosamente, ya modificaba su cuerpo poco a poco para sorprenderle con su leche el día de mañana.
No podría mantenerse despierto por mucho más tiempo.
"¿Has disfrutado nuestra primera noche juntos, Esposo?"
Preguntó, mirando a su querido. El humano tenía una pequeña sonrisa en su rostro cubierto de besos azules, asintiendo. El hada se alegró ante su afirmativa, sonriendo mientras las manos masculinas de su amor verdadero exploraban sus muslos y trasero, aún incrédulo por el hecho de que su piel fuese tan suavecita y fría de manera natural.
Esta mujer era realmente increíble e impresionante.
"S-si... ¿Espero... no haberte decepcionado? Lamento no haber durado tanto... Creo que simplemente eres muy buena"
Cerró sus ojos, el rostro que le daba mostraba una expresión dulce y amable. La cara de la brija se iluminó con un ligero tinte carmesí ante sus palabras, en efecto, eso era justo lo que quería escuchar; que le dijese con sus propias palabras que, de todas sus amantes y experiencias previas, ella, su único amor verdadero, su reina, su esposa, era la número uno.
Eso merecía un pequeño beso de buenas noches como recompensa, junto a un desayuno preparado por ella misma. No sería un problema en absoluto después de todo.
"Aprecio enormemente tus halagos, amado mío, pero ya es muy tarde. Deberías irte a dormir, mañana será un día ocupado. Me gustaría discutir los detalles de nuestra boda tan pronto como sea posible, junto a que tipo de vestido te gustaría que use, estoy segura que a Totorot se le ocurrirán diseños que cautivarán tu mirada."
Los ojos azules de Fujimarublue se iluminaron de ilusión ante sus palabras, asintiendo una vez más para volver a colocar su cabeza entre los senos enormes de su amada esposa una última vez, sus ojos se cerraron. Pronto comenzó a sentir como su conciencia empezaba a ser tragada por la oscuridad, en medio del frío abrazo amoroso y protector de Morgan.
"Te amo Morgan..."
Incluso si no podía ver su rostro, sabía que estaba sonriendo.
"También te amo, Esposo."
.
.
-[Fragmento 1: La decisión de una reina]-
El martillo de Baobhan Sith cayó sin piedad alguna sobre la cabeza de un duende que había intentado emboscarla, transformando su cráneo y el resto de su cabeza en nada más que carne molida. El rostro de la vampira estaba cubierto por las sombras de sus mechones mientras movía su arma hacia un lado, limpiando de esta todos los restos del pequeño demonio verde, a la vez que sus ojos grises se giraban para encarar a una pequeña horda que venía hacia ella, pensando que los números les darían la ventaja.
La mano izquierda de la heredera de Morgan brilló en un tono negro rojizo conforme concentraba magia, usando uno de los múltiples hechizos que se le habían otorgado, mechones salvajes de su bello cabello rosado cubrieron su rostro, sus ojos aún permanecían visibles en la oscuridad de este, dándole un aspecto de lo más aterrador.
"Que repugnante..."
Dijo por lo bajo, con una voz cruel, casi demoníaca, en nada parecida a su usual tono sarcástico y bromista. Tam Lin Tristan apuntó su mano al grupo de enemigos que venían tras ella; múltiples disparos de magia salieron de palma, asesinando por empalamiento a cada una de las pequeñas criaturas, sin importar cuanto matara o cuantos gritos escuchara...
La masacre no apaciguaba su ira, que había crecido con cada día por el último mes. Baobhan no era estúpida, servía y dedicaba su entero existir a hacer a Madre feliz, el enorgullecerla y que la viera con satisfacción y dicha, esa mirada azul que tanto amaba era su mayor fuente de alegría.
Morgan lo era todo para ella.
"¡G-GUEAAAGHHH!"
Gritó un duende desde el pequeño montón de cadaveres, aún aferrándose a la vida. La mirada de la vampira se giró en dirección al montoncito de sangre, percatándose de que había sobrevivido pese a haber perdido gran parte de su estómago. Alzando uno de sus índices, un pequeño hilo carmesí salió desde la yema, enrollándose en el cuerpo del pequeño ser verde.
Verlo gritar, desangrarse y retorcerse como la plaga que era hacía que su sangre hirviera de furia.
Como se atreve... ese miserable pedazo de mierda...
Por ello es que notó inmediatamente como el aura alrededor de su madre cambió de la noche a la mañana. Archer, efectivamente, no era estúpida, sabía lo que estaba pasando entre la reina de Faerie Britain y ese asqueroso humano al que debía llamar "master", pero al principio le parecía gracioso y risible.
Tenía esperanzas de que su madre finalmente se rendiría y descartaría aquellos sentimientos al ver a Ritsuka ser tan codiciado entre las féminas de Novum Chaldea. Había esperado y rogado porque se rebelaran e intentaran re-crear la tierra de las hadas en aquel páramo muerto que era la tierra, pero su espera terminó por jugarle en contra...
Morgan anunció que había estado planificando su boda con Ritsuka desde hacía tres semanas, el evento sucedería el próximo mes... y había estado viéndolos hacer aquel acto cada noche desde entonces, oculta claro está.
Ese bastardo había mancillado y pervertido a su madre, convirtiéndola en una vil furcia.
"Muere"
Sentenció, finalmente dejando ir el hilo que sostenía, la telaraña roja en la que el duende se había visto envuelto apretó su cuerpo con una fuerza tal que la sangre no tardó en salir de sus heridas, cortando piel, carne, músculos y huesos. El pequeño ser gritó en agonía mientras su cuerpo era comprimido poco a poco, transformado en una pila de carne deformada con un inmundo y asqueroso sonido.
Tam Lin Tristan se relamió los labios al imaginarse a Ritsuka tomando el lugar de aquellas porquerías. Eso realmente estaba logrando desestresarla, junto al delicioso olor de la sangre fresca. La servant clase Archer invocó su harpa, el resto del grupo estaba a unos cuantos metros. Aparentemente los esqueletos, wyverns y duendes de esta singularidad habían mutado y desarrollado conciencia de manera repentina.
Por lo que se estaban uniendo para intentar conquistar Francia.
La pelirrosada se giró para encarar a sus compatriotas. Morgan había pedido que Ritsuka la tomase a ella, al resto de las caballero-hadas de la Mesa redonda Faerie Round Table knights, permitiéndole a él elegir quienes serían sus últimos dos acompañantes. Más que nada por curiosidad y porque creía que sería divertido, terminó eligiendo a Lady Cleopatra y a su marido Julius Caesar, pues requerían un estratega en esta ocasión.
No era que subestimara la habilidad de Morgan para comandar a Baohban Sith, Mélusine y Barghest... pero prefería prevenir antes que lamentar.
Sus pupilas grises se cerraron levemente al notar como Madre movía su Rhongomyniad, asesinando todo lo que encontrase con Ritsuka prácticamente pegado a ella... cuyas manos estaban apretando y jugando con su trasero, al estar extremadamente apartados de los demás, la albina creyó que no les verían, pero no tomó en cuenta la aguda vista que venía con la clase de su heredera. La vampira alzó su harpa a la vez que sus manos temblaban, una vena latía al borde del estallido en su frente.
Incluso en medio del campo de batalla, ese cabrón intentaba plantar su asquerosa semilla en el vientre de su madre e infectar su corazón con su repugnante sentimentalismo.
SLASH~
Justo antes de que cediera ante su impulso asesino, detrás de ella apareció un corte de fuego, seguido de unos gritos de agonía. Baobhan Sith se giró justo a tiempo para ver a un esqueleto negro con azul cortado a la mitad, las flamas consumieron sus huesos antes de que tocaran el suelo. Los estridentes, pesados pasos de Tam Lin Gawain acercándose con Black Dog Galatine en su mano le dieron la bienvenida, junto a una expresión seria.
"Pareces fuera de ti, claramente no estás dándolo todo en esta batalla, Tristan."
Comentó Barghest, mientras que Baobhan Sith bufaba, claramente molesta por su preocupación. El hada de cabello dorado agitó su espada una vez más, otra medialuna de fuego escapó de la hoja, calcinando un grupo de esqueletos a la lejanía. Bien dentro del bosque podía verse la serpiente dorada de Cleopatra devorando y destruyendo cuanto enemigo se cruzara en su camino, junto a los característicos destellos dorados de Crocea Morst.
Había sido bueno que Morgan sugiriera traerlos a todos. Mélusine volaba y peleaba sin esfuerzo conforme sus Arondights cortaban y desmembraban a los enemigos voladores, cortándolos con tanta rapidez, crueldad y eficiencia como podía, a tal punto que parecía como si un relámpago azul estuviese cometiendo genocidio en masa, y desde cierto puto de vista, era una afirmación más que acertada.
Ni una sola de ellas estaba de buen humor.
"Lancelot está siendo más fría de lo usual."
"Ahórrame la charla, Gawain. Me importa una mierda."
Replicó, provocando que la perra rubia dejara salir un gruñido hostil. Su mirar ahora fue a parar en la figura de su reina, Morgan apenas se movía mientras ejecutaba y aniquilaba todo a su paso, mientras que su Master se mantenía detrás de ella, todo con tal de que sus manos no dejasen su enorme y gigantesco culo. Barghest había jurado tanto su lealtad como su vida a Novum Chaldea y Morgan, esto por supuesto incluía a Ritsuka.
Así que, una vez que el hada del clan Colmillo notó que su Reina estaba profundamente enamorada de él, intentó descartar sus sentimientos por el bien de la felicidad de Morgan... pero terminó siendo algo incluso peor que la muerte. Ya no era víctima de sus deseos por consumir a aquellos que amaba, si...
Pero intentar negar sus sentimientos no era algo que la hiciera feliz, muy por al contrario. Justo como Mélusine, que fiel a su naturaleza como dragona y a su título de Lancelot, su corazón estaba siendo pisoteado y hecho pedazos por el solo hecho de que Morgan anunciara su matrimonio con Fujimaru.
Un amante y un marido eran cosas diferentes según ella, por supuesto... pero que él ni siquiera mostrase el más mínimo interés en su persona estaba llevando a Lancer hacia la locura.
SLASH~
La espada dorada de la Tam Lin se hundió en la garganta de un Dragon para decapitarlo con un movimiento de su muñeca. Mélusine, quien vestía su visor para ocultar sus ojos, saltó justo a tiempo para evadir una enorme ola de fuego que múltiples enemigos le escupieron, buscando transformarla en cenizas. La mujer de clase Servant voló, incrementando la velocidad de su cuerpo mientras daba una vuelta para terminar detrás de sus atacantes.
Sin que siquiera pudiesen entender que había pasado, cayeron muertos. Mientras su ira incrementaba su fuerza y efectividad en combate, la de Tam Lin Tristan tenía los efectos opuestos.
Los párpados de Barghest se cerraron levemente al notar los pequeños ejércitos viniendo desde la lejanía por el bosque del oeste. Aún no eran capaces de encontrar a los Alfas, donde fuese que tuviesen sus nidos. Estarían luchando por un rato, pero le daba la bienvenida al desafío con los brazos abiertos, mientras menos mirase el hermoso lazo entre su amor y su reina... menos doloroso sería.
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Slurp~ slurp~ chup~
Vistiendo nada más que su corona y el velo negro de esta, la Reina alta descansaba su cuerpo contra el tronco de un árbol mientras su mano acariciaba cariñosa y amorosamente la cabeza de su amor verdadero. Ambos habían decidido separarse del campamento para "explorar" supuestamente y asegurarse de que el perímetro fuese seguro antes de dormir, una excusa muy obvia para que pudiesen tener una sesión de sexo sudoroso en medio del maldito bosque, con la luna como única testiga.
Ahora la lengua de Ritsuka lamía desesperadamente las axilas de Morgan, bajando para concentrarse en su pecho izquierdo, hambriento de su leche real. La madre de Baobhan Sith tenía un rostro serio sin embargo, pese a como su mano presionaba su boca contra su pezón, la otra sostenía su bastón Rhongomyniad, preparada para luchar y satisfacerle al mismo tiempo de ser necesario.
Su negativa por soltar su arma era otra razón por la cual alcanzó su límite, desesperado por su atención hacía horas.
"¿Sucede algo?"
Preguntó, relamiendo sus labios para removerse algunas gotas de la suculenta leche blanca del hada, Berserker bajó su mirada hacia el rostro de su tierno y adorable maestro, negando con la cabeza, su mirada azul junto a su cuerpo cubierto por los rayos de la luna le miraban cual angel protector, si había algo que amaba era como Morgan se veía con la luna detrás de ella.
La hacía ver aún más majestuosa de lo normal, dándole un aira divina.
"Nada, esposo mío. Por favor, siéntete libre de continuar hasta estar satisfecho. He enviado un clon al campamento para decirles que hemos encontrado una cueva, debería de conseguirnos al menos dos horas antes de que vengan a buscarnos."
Aquello hizo que asintiera con una sonrisa, para luego sumergir su cabeza en su escote una vez más, retomando su trabajo en lamer aquella piel tan tersa, helada y adictiva Le Fae mintió a su media naranja, pero lo hizo por su bien. Habiéndose percatado del cambio de actitud en sus Caballero-hadas, junto a la manera tan osada en la que pelearon esta tarde, confirmó su teoría.
Ninguna de ellas estaba complacida con su futuro matrimonio con Ritsuka... pero ya tenía una idea de como arreglarlo, junto al hecho de que su esposo requería un regalo de ella como forma de celebrar su relación, una pequeña sonrisita apareció en sus labios azules mientras sus pupilas brillaban como dos estrellas en el cielo.
Como su reina, y la manager de su harem, también tenía el derecho y el deber de ofrecerle nuevas concubinas y amantes potenciales...
Por ello estaba segura de que disfrutaría lo que estaba planeando, incluso si requeriría algo de convencimiento.
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-[Fragmento 2: Absolutismo]-
Un día después, la cara de Morgan descansaba contra su puño cerrado sentada en el trono de su antiguo cuarto, el cual pese a no haber sido usado desde que su equipaje fue movido a la habitación de Ritsuka, seguía tan limpio e impecable como siempre. El masivo pasillo se iluminó al escuchar tres sets de pies acercándose poco a poco.
Había solicitado la presencia de las Hadas de la mesa redonda en sus aposentos una vez terminaran de escribir sus reportes para Goredolf Musik y Da Vinci.
Baobhan Sith, Melusine y Barghest se detuvieron en frente de su gobernante a la vez que abría sus párpados, las tres se arrodillaron en una muestra de respeto, a la vez que los labios de la Reina alta se curvaban en una sonrisa pequeña. La esposa de Ritsuka asintió ligeramente mientras un suspiro salía de su boca, preparándose para los posibles escenarios que vendrían a continuación.
Este era, después de todo, uno de los momentos más importantes de su vida. Su esposo necesitaba esto, e iba a asegurarse de dárselo, así como de destruir cualquier muro que pudiese convertirse en un obstáculo futuro en su relación.
"Les felicito por llegar a tiempo, caballeros del reino de las hadas. Su reina está complacida."
Saludó, su hija siendo la primera en levantar la cabeza con un rostro sonriente, su humor mejoró en un segundo al ser halagada por la mujer que la crio. Esto era normal, como se suponía que fuera; como si hubiesen regresado a su tierra, antes de Chaldea, antes de que ese humano se entrometiera entre ella y madre.
"¡S-si! Gracias madre, ¡siempre es un honor cumplir con tus deseos!"
Replicó la Vampira, Barghest imitándola no mucho después, pese a que su ánimo no era el mejor, intentó actuar tan profesionalmente como le fuese posible cuando se trataba de sus deberes como servant. Ella era, después de todo, la caballero de su reina.
"Ha pasado mucho desde la última vez que nos reunimos bajo sus órdenes, su majestad. ¿Qué ha pasado?"
Preguntó la rubia, el ambiente se hizo más pesado como respuesta. Morgan cambió su posición a una más seria, su mirada pasando desde Baobhan, a Mélusine, hasta terminar con la propia Barghest. Otro largo suspiro salió de sus labios, era momento de "soltar la bomba" como decían los humanos de la historia Pan-humana.
"Como ya saben, mi matrimonio se acerca. Esta reunión es para otorgarle un regalo de bodas a mi esposo."
Ante la mención de Ritsuka, cada hada reaccionó de manera diferente. Su heredera apretó sus puños, el cabello de Mélusine cubrió sus ojos, mientras que la mirada de Barghest se transformó en una de evidente tristeza. A sabiendas de que ninguna de ellas diría palabra alguna en su presencia, la hermana de Arturia se levantó de su trono, mirando a sus amigas y compatriotas con su bastón Rhongomyniad en mano.
"Y considerando la vasta cantidad de concubinas y amantes que le han estado rodeando por los últimos ocho años, no me tomó mucho tiempo idear la ofrenda perfecta para que acepte mi amor; para expresarlo de una manera única y especial."
Morgan Le Fae cerró sus párpados por un momento, permitiendo que reflexionaran sus palabras en silencio, resonando dentro de las almas de sus vasallas. Solo fueron unos momentos, claro está, pero se sintieron eternos ante la anticipación.
"Les ofrezco la oportunidad de ser sus concubinas, pues sé que dos de ustedes tienen sentimientos por él."
Tras oír sus palabras, Tam Lin Gawain abrió sus ojos en shock, mirando al rostro de su monarca. ¿Se había vuelto loca, había escuchado mal?... ¿su reina verdaderamente… le había dado su bendición para cometer adulterio con el hombre que amaba, semanas antes de su boda? Mientras la usuaria de Galatine sentía su cabeza fallar ante la repentina comprensión, la lancer albina sonreía de forma socarrona.
Su rostro y ojos se iluminaron, extasiados. Sus sueños más salvajes se habían cumplido, simplemente porque su reina la veía lo suficientemente buena como para ser la amante de su esposo. Claro, estaba siendo tratada como regalo, pero aún así…
"¡Muchísimas gracias, su majestad!"
Bramó Tam Lin Lancelot, incapaz de resistir o contenerse mucho más. La idea de finalmente ofrecerle su todo a Ritsuka hacía que todo su sistema estuviese al límite de su capacidad. ¿Cómo se sentiría? Su lengua, su saliva, su mana, sus brazos, su pecho, su todo… no podía esperar.
Pero pese a que tanto la rubia como la peliblanca estaban en el cielo, había una cuya reacción era totalmente opuesta. Baobhan Sith, justo como Morgan esperaba, tenía un instinto asesino rodeando su cuerpo. ¿Cómo podía ser esto? ¿qué clase de inmundo hechizo había empleado ese hombre en su madre… ? ¿qué clase de mierda era esta?
¿Debía de entregarle su cuerpo... a él?
"Me rehúso."
La mera idea de permitirle a sus manos y su repugnante cuerpo tocarla ya era enfermiza de por si. Barghest dejó salir un "¡Tristan!" lleno de sorpresa, pero antes de que pudiera continuar, la mismísima Morgan la calló al levantar su palma. Las miradas de madre e hija chocaron entre si, esto era lo que tanto temía.
Al solo dar un paso, Morgan apareció justo en frente de su hija. Habían muy pocas cosas que lograban alterar el humor de Morgan, temas tan sagrados que nadie tenía el derecho de opinar. Faerie Britain, sus talentos, y por supuesto... su alma gemela, el propio Ritsuka. Es por eso que se enojó tanto con su baja autoestima la noche que la hizo sangrar para tomarla como suya.
Por ese motivo…
"Baobhan Sith. Ya he tenido suficiente de tu odio tácito y tu animosidad pobremente contenida hacia mi esposo. Te pregunto; ¿por qué? ¿cuál es tu problema con él?"
Una vez más, el silencio se apoderó del cuarto por un momento mientras que la cabeza de Baobhan bajaba, incapaz de encarar los ojos de su madre. No por el miedo, sino por la tristeza y el dolor que le causaba el hecho de que ese pedazo de basura las hubiese separado, que TODAVÍA lo hiciera. El bastón de Morgan golpeó el piso, exigiendo una respuesta.
Eso fue lo que finalmente la rompió.
"¡PORQUE SE SUPONE QUE YO SEA TODO LO QUE NECESITAS!"
Gritó repentinamente, con una fuerza tal que hizo eco en todo el cuarto. Mélusine y Barghest abrieron sus ojos al ver las lágrimas descender de los ojos de su compañera, que dio un pisotón producto de su furia, destrozando las baldosas debajo de este al, finalmente, encarar a la persona que más amaba.
Le dolía tanto y tan fuerte… que no podía soportarlo.
"¡Yo soy tu hija! ¡YO! Tú me salvaste, me criaste, ¡no eres solo mi madre, sino mi luz! ¡Eres todo lo que tengo y lo ÚNICO que necesito!"
Conforme continuaba, la cara de Morgan le devolvía la mirada a través del velo negro con un estoicismo que le rompía el corazón a su niña, pero la aura rodeándola había cambiado por completo, de la aura real, seria y pesada a una más sumisa y comprehensiva, únicamente para la chica en frente de ella, y su esposo.
Las muñecas de Baobhan fueron hasta sus mejillas, quitándose las lágrimas de manera violenta pese a que seguían cayendo como cascadas.
"¡¿Entonces por qué?! ¡¿POR QUÉ necesitas un esposo, por qué necesitas un amante, por qué necesitas A CUALQUIERA cuando yo estoy aquí?! ¡Creía que yo era tu luz así como tú eres la mía! ¡CREÍA QUE SERÍAMOS SOLO NOSOTRAS DOS, PARA SIEMPRE!"
Incapaz de mantener la compostura, la vampira finalmente estalló en llanto. Mirando hacia sus pies, avergonzada de encarar a la reina de ojos azules nuevamente. Si buen fueron sus gritos los que hicieron eco en el enorme pasillo que eran los aposentos de Morgan, ahora fueron reemplazados por sollozos. Tanto Barghest como Mélusine miraron a su amiga con expresiones de evidente tristeza, ambas podían entender hasta cierto punto como se sentía. No veía a Ritsuka como su master u amigo, mucho menos como un amante.
Para ella, él era un enemigo intentando quitarle a Morgan de su lado.
"El amor es una maldición, mi querida y preciada niña."
Finalmente, la Reina alta decidió responder, mientras su mano izquierda fue a agarrar la mejilla de Baobhan. Los ojos grises de la Vampira y los azules de la Bruja se encontraron por fin, mientras el labio inferior de la primera temblaba en temor, vergüenza y pena. Incluso con la tela negra entre medio, la pelirrosa sentía como si esas pupilas azules mirasen en su alma.
"Una hermosa maldición, que nos hace fuertes y débiles al mismo tiempo. Soy incapaz de perdonar a la historia Pan-humana por quitarme y quitarnos todo. Sin embargo, jamás odié a Fujimaru Ritsuka; nunca podría odiar a alguien que solo sueña vivir. Mi amor por ti y Bretaña es lo que condujo mis acciones por cientos de miles de años."
Continuó, sus brazos yendo hasta los hombros de la chica, rodeándola y apretándola en un fuerte abrazo amoroso y maternal. La expresión de Baobhan se transformó en una de sorpresa cuando sintió como las manos de su madre empezaban a acariciar su larga melena rosada y su espalda, aceptando sus llantos.
"Hoy es igual; mi amor por mi esposo está conduciendo mis acciones ahora, y también lo hace mi amor por mis caballeros. Tú, Gawain y Lancelot son mi Bretaña, y también lo es mi esposo. Nunca, por ningún motivo, pienses que dejaré tu lado o que dejaré de amarte, mi dulce y tierna niña..."
Tal como deseaba, sus palabras cargadas de amor terminaron por destrozar la determinación de Sith en su totalidad. La chica de piel gris lloró aún más fuerte mientras estrujaba el cuerpo de su reina entre sus brazos, dejando sus lágrimas fluir libremente mientras que su voz lastimera repetía "madre" una y otra vez sin cesar. Había sido una idiota, pensando únicamente en darle su amor a Ritsuka desde que llegaron a Chaldea, las señales estaban ah...
Pero Morgan… había sido demasiado ciega para verlas.
No forzaría a que Baobhan aceptara o amara a Ritsuka como un amante, ni como un padre si no quería… pero su deseo más profundo, era que fuese feliz y estuviese a salvo. Por ello, al menos, quería que empezaran a ser cordiales el uno a la otra, Morgan Le mantuvo su boca cerrada mientras su heredera seguía desahogando su corazón.
Este era su primer paso para dejar ir aquel dolor.
Fuese lo que fuese que Baobhan eligiera, sonreiría orgullosa de ella, como cualquier otra madre lo haría.
.
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-[Fragmento 3: Caballeras del adulterio]-
"Mi espalda..."
Murmuró el Master cuarenta y ocho, arrastrando sus pies por los pasillos de Chaldea tras una larga y agotadora sesión de entrenamiento con Leonidas y Spartacus aquella tarde. Justo tras terminar su reporte en el cual había trabajado desde que llegaron a aquella singularidad tan diminuta, Lancer y Berserker le buscaron de inmediato para evaluar su desempeño físico.
Para que se "rebelara" contra su propio cuerpo, contra el dolor y la debilidad, de la forma en la que solo un Espartano podría hacerlo.
De más estaba decir... que cargar una bolsa llena de rocas por trescientos metros mientras tenía dos grilletes pesadísimos en sus piernas y brazos, drenó sus energías hasta sus huesos. Hubiese preferido entrenar con Emiya o Li Shuwen, o ser castigado por Elizabeth Bathory Alter Ego, lavando su Mecha.
Milagrosamente, logró sobrevivir.
La mano izquierda del pelinegro fue hacia el teclado de su puerta, introduciendo la contraseña para desbloquear su habitación, Fujimaru se tiró contra la pared, cerrando los ojos mientras se arrastraba hasta su cama. Era extraño, esperaba ver a Morgan despierta para recibirlo… ¿tal vez su reunión con las Tam Lin todavía no terminaba?
Fuese lo que fuese, sabía que su esposa estaría a su lado la mañana siguiente. Así que, dejando que su cuerpo cayera pesadamente contra el colchón, el último maestro de la humanidad apretó su almohada como si su vida dependiera de ello, no importándole si Morgan, Mashu o alguien más le regañaría por no meterse dentro de las frazadas como una persona normal.
"Dormiré hasta el día del juicio final..."
Dijo el hombre, riendo por lo bajo ante sus propias palabras, relajándose para que su conciencia pudiese vagar a la tierra de los sueños de Abigail. No obstante, en el momento en el que sus hechizo de comando empezaron a arder tras escuchar un muy molesto y ofuscado "¿huh?" se levantó, finalmente dándose cuenta, aún medio adormilado, que no estaba solo ni de lejos.
"Madre ha preparado todo esto para ti, ¿y te atreves a rechazar su afecto? ¿qué clase de hombre cruel eres?"
La voz de Baobhan Sith le despertó por completo. Ritsuka se puso de pie a la vez que las cortinas de su cuarto se abrían, revelando las figuras desnudas de las caballeros Tam Lin knights. Morgan Estaba sentada en el sofá con una sonrisa en su rostro, rodeada por las figuras de sus vasallas; Baobhan Sith tenía sus brazos cruzados por debajo de sus enormes senos, mientras que los labios de Mélusine tenían una sonrisa maliciosa.
Barghest, por el otro lado, cubría sus pezones con su brazo derecho y su entrepierna con su izquierda.
"Buenas noches, amado esposo. Te hemos estado esperando."
Saludó la gobernante de Camelot, percatándose de como la boca del hombre se abría en shock absoluto. ¿Qué clase de broma era esta? Sus ojos hicieron contacto con los de la hija de su mujer, luego la pequeña dragona, y finalmente la perro negro de Manchester. ¿Estaban tomándole el pelo? La mano izquierda de la bruja fue hasta su boca, logrando suprimir una pequeña risita.
Tenía una expresión de lo más hilarante y adorable.
"¿Q-q-qué es... qué están- ?"
Sus palabras murieron en su boca cuando Mélusine caminó hacia él. Baobhan Sith miró a la figura de su madre en busca de su aprobación, a lo que esta asintió. Pronto el trío rodeó a Ritsuka no mucho después, Lancer comenzó a desvestirle mientras Saber se colocaba en su espalda para que sintiera sus pechos.
Fue Baobhan quien, con un suspiro, le agarró del mentón.
"No malinterpretes esto. Es un obsequio de parte de madre, nada más."
Acabada su frase, las mejillas de Ritsuka se pintaron de rojo al darse cuenta de la rapidez y desesperación con la que Mélusine le desvistió. Saber, Archer y Lancer miraron a su masculinidad, la albina y la rubia alzaron sus cejas, evidentemente confusas por el pequeño tamaño.
Baobhan Sith estalló en carcajadas.
"¡HAHAHAHA! ¡¿Pero qué es esto?! ¿Acaso eres un niño?~"
Aquel tamaño y vista tan patéticos eran justo lo que esperaba. ¿Cómo podía un hombre como él siquiera atreverse a tocar a su madre?, Barghest, si bien no le importaba en absoluto el tamaño del aparato de Ritsuka, junto a Mélusine, no comprendía como era posible que satisfaciera a tantas mujeres con algo del tamaño de un niño pequeño.
Morgan, mirándolo todo desde el sofá, sonrió. Sí que se iban a sorprender.
"No importa que tan pequeño o grande sea, siempre y cuando seas tú, mi querido master."
Arrastrándose hasta el humano, la chica de orbes dorados le dedicó una sonrisa amorosa al hombre que amaba. No mentía, realmente no le importaba en absoluto, no se enamoró de Fujimaru por lo que podría lograr en la cama, lo que ella anhelaba era su corazón, su afecto y su devoción. Además, estaba el hecho de que iba a ponerle los cuernos a su reina aquella noche, como tanto había deseado.
Nada podría arruinar este momento.
"Con tu permiso mi amor~"
Los restos de Albion empezaron a lamer el pequeño pene de su master, provocando que un gemido escapase de la boca del moreno. El que estuviese cubierto de tanta piel lo hacía absolutamente adorable, debía admitirlo. La lengua de Mélusine se movía de arriba hacia abajo, acariciando los testículos de Fujimaru por unos momentos para luego concentrarse en su falo.
El adulto gimió, percatándose de como las manos de Barghest le empujaron contra la almohada, la gobernante de Manchester miró al hombre de sus sueños por última vez, antes de que su cabeza también fuese a ayudar a su compatriota. No era la primera vez que recibía sexo oral de múltiples mujeres a la vez, pero… si era la primera vez que hacía algo en general con las Caballero-hadas.
"¡A-ahhh! ¡e-esperen! ¡Todavía... necesito ducharme!"
Exclamó, pero era inútil. Un gemido excitado escapó de los labios de Mélusine al escucharle, mientras que su lengua empezaba a girar alrededor de su carne, acariciándolo y lamiéndolo con ahínco, intentando pelar la piel protegiendo su interior. Barghest se unió a sus esfuerzos, besando y acariciando lo poco de su punta que podía ver.
"Ve, Baobhan Sith. No seas tímida."
Pidió la reina, moviendo su mano en dirección a la gris para que se uniese. Un gruñido de molestia fue lo único que dijo, finalmente subiéndose a la cama. Bien, si su madre realmente quería que chupase al patética polla de esa escoria, lo haría. La princesa de las hadas cerró uno de sus ojos, colocando su cabeza entre las de Barghest y Mélusine's, comenzando a hacerse cargo de su hombría.
Efectivamente, su cuerpo estaba sudado... pero el olor no era tan repugnante como había imaginado, eso al menos lo hacía más llevadero.
Slurp... sluuurp~
El master de ojos azules chilló al sentir a tres mujeres practicándole sexo oral mientras que, además, jugaban con sus testículos. Lo que más le ponía cachondo, era ver el contraste entre sus actitudes: Saber y Lancer se veían felices, alegres, contrario a Archer que claramente estaba furiosa, mientras su lengua seguía yendo de arriba hacia abajo, asegurándose de no lamer a sus amigas.
"Ahhh~... master... eres tan adorable... Te amo..."
Murmuró la más alta del trío, mientras que sus dedos se hundían en el escoto izquierdo de Fujimaru, su lengua iba tan rápido como podía, finalmente logrando liberar por completo el glande de Ritsuka. Los ojos de la albina brillaron ilusionados al ver por fin, libre, el pene que había estado follándose a su reina por tanto tiempo, finalmente estaría donde le correspondía.
Dentro suyo, por supuesto.
Sith rio ante la vista.
"Con algo tan pequeño, no logro entender por qué alguna chica estaría interesada en un campesino como tu, mucho menos Madre."
Comentó, provocando que las cejas de Ritsuka se curvasen en vergüenza, una expresión que a ojos de Baobhan, era tristeza. Una sonrisa apareció en el rostro de Mélusine, si la princesa no lo quería, entonces con mucho gusto sería la primera. Tam Lin Lancelot abrió su boca dispuesta a devorar la hombría de su amado de un mordiscón, mientras un "¡Hey!" salía de Barghest, claramente ofuscada.
No pudiendo contenerse más tiempo, las manos de la albina fueron a su entrepierna, comenzando a estrujar su clítoris mientras su cabeza se movía, finalmente logrando saborear a su Master al completo. Podía oler y sentir el semen lleno de mana que contenían sus bolas, el sudor impregnado en su piel era suficiente como para volverla loca, junto a sus propios sentimientos.
Master... master... ¡Ritsuka!
Sluuurp chup chup chup~
Una gota de sudor cayó discretamente por las nucas de Tam lin Tristan y Gawain al ver como, sin desperdiciar ni un segundo, su compañera movía su cabeza de arriba hacia abajo en el pequeño miembro de su master, sin contemplación alguna ni atisbo de piedad. La mirada de Mélusine estaba fija en el rostro lleno de placer de su master, mientras que las manos de sus amigas mantenían sus gónadas ocupadas.
"Suenas como una mujer... que repugnante."
Comentó la hija de Morgan, tomando ventaja del pequeño espacio que había entre los muslos de Ritsuka y la cabeza de Mélusine para que sus labios se posaran en su escroto, la usuaria de Black Dog Galatine la imitó. Lancer continuó usando sus dedos para acariciar la masculinidad de Fujimaru, concentrando sus labios y lengua para tantear su punta, apretándola entre estos mientras bajaba, lamiendo y cubriendo el resto con su saliva.
Sus dedos se hundieron profundamente en sus pliegues vírgenes, parte de sus rasgos dragonicos empezaron a brotar en múltiples zonas de su cuerpo. Los dragones eran seres egoístas por naturaleza que tomaban y arrebataban aquello que pertenecía a otros… por supuesto que iba a ponerle los cuernos a su reina con una sonrisa y hacerla ver si tenía la oportunidad, porque estaba enamorada del mismo hombre que ella.
Y hoy era su oportunidad.
La oportunidad de amar a Ritsuka de la forma en la que solo podría hacerlo un dragón.
Mientras que la albina continuaba dándole una felación al "plato principal" de su master, tanto Saber como Archer tuvieron que conformarse con las sobras. Barghest movía su lengua de derecha a izquierda en el testículo derecho, sus enormes senos presionándose contra la pierna en cuestión, no negaría que se sentía algo mal sobre el hecho de que estaba poniéndole los cuernos a su reina...
Pero a la vez, sentía ganas de llorar lágrimas de alegría, pues estaba saciando su corazón. Escuchar a Ritsuka gemir gracias a ella, sentir su mano acariciándole amorosamente el cabello, era suficiente para hacerla sollozar. Tarde o temprano debía de pedir un momento a solas con él, sostenerlo entre sus brazos, acunarlo y protegerlo de todo el mundo antes de tomar sus labios frente a Morgan como hacían todas.
Por ahora, se concentraría en complacerlo hasta que acabara, dándole la primer probada del mana con el que solo había podido soñar hasta hoy.
Pese a que Lancelot y Gawain se hallaban en sus nirvanas personales, la propia Baobhan no estaba feliz en absoluto. Quizás tuviese lujuria como cualquier chica normal, pero esto era más un castigo que otra cosa. Sus párpados se abrieron ligeramente, permitiéndole mirar atentamente al rostro lleno de placer de Fujimaru.
Eso, y el hecho de que le permitía halagarla y acariciar su cabello la enfurecían. Si bien admitiría que su pequeña polla era adorable, era imposible que fuese capaz de satisfacer a alguna mujer con ese alfiler, mucho menos su amada madre, ni siquiera en sus sueños más salvajes podría-
"¡¿HMNGH?!"
Escuchar a su compañera empezando a toser detuvo a las otras dos Caballero-hadas, al Mélusine agarrarse la garganta producto del dolor, las manos de Barghest fueron a la espalda de su amiga, dándole unas cuantas palmadas.
"¡O-oi! Lancelot! ¡¿estás bien?!"
Cuestionó, mientras que los ojos dorados subían para encarar a Ritsuka que dejó salir un suspiro de placer como única respuesta, disfrutando de lo estrecha que estaba su garganta. Su rostro cambió a uno de shock, mientras que un curioso "¿oh?" salía de la boca de Tam Lin Tristan. Mélusine trató, realmente trató de no escupirlo y mantenerlo dentro de si, pero no pudo lograrlo.
No solo necesitaba respirar, realmente estaba doliéndole.
BUAH~
En el momento en el que Baobhan Sith vio su verdadero tamaño, no pudo evitar ganar la misma expresión que Lancer tenía. El mundo le había escupido en la cara otra vez; se había equivocado por completo.
"¿Qué... qué mierda es eso... ?"
Susurró, a la vez que Barghest dejaba salir un suspiro de sorpresa, Morgan rió por lo bajo claramente encantada con las reacciones de sus sirvientas. Mélusine siguió acariciando y masajeando su garganta con la mano que anteriormente había estado masturbando a Ritsuka, la Lord de Manchester sintió como su boca se hacía agua.
La polla de su master... había incrementado su tamaño tras ser lamida y chupada por Mélusine luego de varios minutos consecutivos. Ninguna de ellas había investigado lo suficiente en términos sexuales, como para entender lo que significaban "grower" y "shower". Es por eso que Baobhan Sith no podía entender qué estaba viendo.
Se supone que tuviese un pene patético e insignificante del tamaño de un meñique, incapaz de satisfacer a cualquier mujer, entonces… ¿por qué carajos ahora era tan enorme?
"Sugoi... master..."
Era hora del round dos, todavía no se había corrido después de todo. Ahora todo tenía sentido, el como podía satisfacer y conquistar los corazones de cualquier chica que le haya arrastrado a su cama, y el por qué su reina no podía parar de hacer el amor con él todas las noches. Barghest se arrodilló una vez más, Mélusine lamía sus labios con su larga lengua serpentina.
Baobhan Sith estaba molesta, besando uno de los lados de su ahora largo y grueso falo.
"No te creas la gran cosa, maldito bastardo... ¿a quién le importa tu enorme y repugnante pene?"
Intentó desmoralizarlo y herir su autoestima, pero sus esfuerzos fueron en vano cuando Mélusine dejó salir un "A mi~" mientras empezaba a lamerle desde la base hasta la punta, yendo de arriba abajo tan rápido como podía para refutarla.. Fujimaru cerró sus párpados una vez más, sintiendo ahora que Barghest se unía al ataque, moviendo su lengua y usando sus labios a su propio ritmo mientras que Baobhan seguía besándole.
Ahora era lo suficientemente grande como para que todas pudiesen actuar sin problemas, con mayor libertad.
Sluuurp~ sluuurp sluuurp~
Ritsuka por su parte, tenía sus ojos completamente pegados al techo, no pudiendo encarar la depravada y enfermiza escena ante si, menos a su esposa que, contraria a las anteriores veces, miraba la cama con una expresión calmada, casi feliz mientras su cabeza reposaba contra sus nudillos, la bruja gozó en extremo del rostro que tenía su marido.
Porque estaba aceptando su amor, a través de sus caballeros.
"¿Lo estás disfrutando, esposo mío?"
Preguntó, y todo lo que pudo contestar fue otro gemido al sentir como Barghest empezaba a succionar su miembro, Mélusine se separó de este un poco para que su compatriota pudiese mover su cabeza, pese a que le hubiese encantado darle un paizuri, no debía de monopolizarle por más de unos momentos.
Así que succionó y apretó su carne con tanta fuerza como pudo, para que no olvidara su garganta.
Buah~
Separarse fue más fácil decirlo que hacerlo. La perro negro lamió sus labios mientras ella y Mélusine miraban a la vampira, era su turno de mimar a su master. La gris se acercó al miembro del humano mientras sus pupilas reflejaban su forma y tamaño cual espejo, su nariz olió el líquido pre-seminal, sudor y saliva de sus compañeras.
Era una mezcla y una vista de lo más asquerosas, no sabía si podría-
"Permíteme ayudarte, Baobhan Sith."
Alzando su mano en dirección a su hija, la cabeza del hada fue cubierta por un aura azul; tras moverla hacia abajo, la cabeza de Baobhan fue forzada a tragarse la hombría de Ritsuka contra su voluntad. Fujimaru no gimió, más bien gritó por lo repentino del acto. Morgan controlaba los movimientos de su hija con solo un dedo, el cual movía de arriba abajo como un titiritero.
Obligándola a que se tragase todo quisiera o no.
GULG GULG GULG GULG GULG~
Lágrimas comenzaron a bajar por los ojos de la chica al sentir su garganta ser invadida por él. Su larga, gruesa y asquerosa verga estaba siendo apretada por su garganta a la vez que la penetraba, como si fuese un onahole, su sangre hervía no por la ira contra su madre, sino contra él. ¿Cómo se atrevía a haberla engañado en un principio haciéndola creer que tenía un micro-pene?
Ahora estaba siendo humillada y tratada como menos que un juguete.
Como una furcia.
El humano, por como reaccionaba, no sería capaz de aguantar más tiempo, algo que Morgan notó por todo lo anterior dicho sumado a sus respiraciones entrecortadas. La Bruja meditó entre dejar que su hija tragase el semen de su marido o que lo rociara entre las tres, terminó por preferir la segunda opción; sus caballeros merecían un premio.
"M-me... ¡ME VENGO!"
La Reina alta sonrió mientras alzaba su dedo, permitienod a Baobhan respirar nuevamente.
"Hazlo esposo mío. Ama a mis caballeros y ámame a mi también."
Un largo gemido lleno de placer salió de Ritsuka mientras su miembro latía, largas, espesas líneas de semen repleto de magia vinieron a continuación, ensuciando sus rostros y bocas. Mélusine sintió como sufría un pequeño orgasmo por lo caliente de este, la lengua de Braghest lamió su propia nariz.
Las pupilas de Baobhan se abrieron tras que él terminase, empezando a limpiarse con sus dedos.
"Ahhh~... el mana de master... ¡De verdad es el mejor!"
Gimoteó la chica dragón, mientras su cola iba de derecha a izquierda. Barghest apretó sus pechos para intentar saciar sus deseos carnales, un cuarteto debía de ser lento, cada participate, por lógica, necesitaba tener su turno. Debía suprimir sus deseos de montar a Ritsuka hasta el amanecer, también hacía esto por su reina después de todo.
"S-si... Supongo..."
Respondió, Tam Lin Tristan negó con la cabeza, claramente en conflicto… tenía un buen sabor, pero no es como si estuviese disfrutando esto en absoluto, no señor. El trío miró a su master, mientras su reina asentía, satisfecha. Su miembro aún estaba lo suficientemente grande como para darle un creampie a todas ellas, pero aún era muy pronto.
"Pónganse en línea mirando frente a mi. Es el turno de mi marido."
Tan humillante como sonaba, siempre obedecería a su madre. Baobhan Sith se puso en cuatro junto a la dragona y a la perra, estando entre estas, dándole a Morgan una vista perfecta de sus rostros. Barghest trató de mirar hacia otro lado, avergonzada de que toda su figura pudiese ser vista por su monarca, notando como Ritsuka se arrastraba hacia ellas.
Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que planeaba.
"¡Master, espere! Ese lugar no es- UGHHHH~"
Se petición fue interrumpida en el momento en que la lengua de su amor invadió su ano. Ninguna de ellas tuvo piedad con él cuando le ordeñaron como una vaca, ¿por qué no pagarles con la misma moneda? Especialmente porque no tenía una, sino tres diferentes pasteles alineados desde el más pequeño al más grande, solamente para él, listos para ser devorados.
Y por dios, se aseguraría de comérselas por completo.
Sluuuurp slurp sluuurp sluuuuurp~
"¡A-AGHHHH!~ ¡M-MASTER! ¡BASTA!"
Suplicó, sintiendo la saliva y la lengua experta del humano invadir su cuerpo mientras sus nalgas eran separadas por sus manos. Ritsuka las dejó ir, permitiendo a su culo apretarle la cabeza a la vez que sus dedos rodeaban la cadera de la rubia, empujándose más dentro de esta.
Gracias a su altura, tenía un trasero y un busto incluso más grandes que los de su esposa ahí presente.
Su respiración se aceleró rápidamente, convirtiéndose ahora en jadeos. La mano de Barghest apretó el borde de la cama de Ritsuka mientras hacía su mejor esfuerzo por evadir la mirada de su reina, que estaba prestando especial atención a su rostro, y las lágrimas en los bordes de sus ojos. Gawain de los muchos amantes tuvo muchos compañeros en su vida en Faerie Britain, pero nunca nadie-
SLUUUUURP~
"¡N-NOOOOO! ¡NO EN FRENTE DE MI REINA!"
Las lágrimas finalmente empezaron a bajar por sus mejillas, a su lado derecho, Tam Lin Tristan reía por lo bajo, pues escuchar y ver a Barghest en un estado tan débil, humillada y puesta en su lugar solo por una lengua, terminó siendo una experiencia más satisfactoria de lo que había anticipado, lo suficientemente graciosa como para olvidar la embarazosa situación en la que estaba, no podía entender qué hacía ese idiota claro está.
Lamer ese lugar y excitarse por hacerlo... de por si sonaba asqueroso, ni siquiera podía imaginarse como es que madre se lo permitía.
Un "¿hmm?" salió de la boca de la albina de ojos azules, sus párpados se cerraron lentamente.
"No arruines la diversión de mi esposo, Tam Lin Gawain. Esta es una de sus maneras favoritas de mostrar afecto, deléitate."
El rostro de shock que su hija ganó la confundió, las manos de Ritsuka apretaron las nalgas de la chica con heterocromía. Su lengua siguió explorando el interior de su culo, haciéndola gemir y murmurar justo como haría una perrita. No podía resistirse, iba a alcanzar el orgasmo producto de que estuviesen comiéndole el culo...
En frente de su jodida reina.
"¡ME VENGO! ¡ME VENGOOOOH!~"
Antes de que lo hiciera, Ritsuka sacó su mano de su culo, rápidamente yendo a su vagina para apegarse a esta con los pocos segundos que tenía, logrando beber su néctar a la vez que los brazos femeninos perdían todas sus fuerzas, el cuerpo exhausto de la rubia cayó contra la cama, su rostro mirando al suelo mientras sus brazos colgaban.
Estaba derrotada por completo, en su mayoría producto de la adrenalina y la vergüenza.
La cabeza de cuarenta y ocho se separó de los genitales de Saber, relamiéndose los labios, completamente extasiado. Podría acostumbrarse a comerse a Barghest si reunía el coraje suficiente para pedirle este tipo de recompensas en privado, lejos de las demás. Su mirada ahora se dirigió a la chica con ojos grises, quien le miró con un rostro de pánico.
No, eso era demasiado.
"¡Escúchame pedazo de mierda! ¡No te atre- VAHHHHHHHS!~"
La garganta de la pelirrosada soltó un grito incluso más fuerte que el que hizo Barghest mientras se venía. Desde las profundidades de su alma, un fuego se encendió en el momento en el que la boca de Fujimaru se apegó a su trasero. Rápidamente se percató de que este era el punto débil de Baobhan, información útil en caso de que alguna vez esto se repitiese.
Su lengua no perdió el tiempo, su cuerpo no era tan impresionate como el de Barghest o Morgan, pero ni sus pechos ni su trasero eran pequeños en absoluto, eran enormes y bastante. Ritsuka rápidamente empezó a mover su lengua en círculos, jugueteando con la entrada en forma de dona de Sith, para luego empezar a devorarla apropiadamente.
La chica, contrario a la rubia, agarró la cama y hundió sus largas uñas negras en esta, mientras su corazón se aceleraba.
¿Qué... es... esto?
Su mente se nublaba mientras más Ritsuka lamía. Se sentía como si su lengua estuviese intentando alcanzar sus intestinos; Morgan sonrió al ver la expresión que hacía su linda heredera, usando sus ojos de hada en ella, no veía hostilidad alguna hacia su marido. Sus esfuerzos en complacer a su hija, en hacer que disfrutase de esto, eran admirables y fructíferos. Tendría que darle una recompensa el día de mañana.
El Master llevó sus manos a las nalgas de su Servant, presionándolas contra su rostro mientras las agarraba firmemente, empaló el interior de Baobhan con su lengua a la vez que la chica chillaba, moviendo su cadera de izquierda a derecha desesperadamente para intentar alejarse de la mandíbula del hombre. Era un esfuerzo inútil que solo lo excitó más.
Su piel y su sudor… sabían y olían a frutillas, pero que olor y sabor tan adecuados, considerando su hermoso cabello y los vestidos que usaba.
"¡Te mataré! ¡Te mataré! ¡VOY A MATARTE!"
Empezó a gritar, una obvia señal de que su cuerpo se acercaba más y más al orgasmo. De todas las humillaciones que alguna vez experimentó tanto como hada como Servant, esta era la peor de todas. Incluso más grande que este bastardo eligiendo la belleza de Arturia por sobre la suya en Gloucester. Estaba siendo degradada en frente de su hermosa, perfecta y magnánima madre.
La reina de las hadas, no obstante, simplemente apuntó su palma en dirección a su hija, logrando captar su atención mientras los labios de Ritsuka se frotaban contra su carne y su piel.
"Déjalo ir, Baobhan Sith. Tienes mi permiso."
Esa fue la gota que rebasó el vaso. Lo ordenó a la vez que la boca de Ritsuka se apegaba a su feminidad para comérsela, su lengua lamió sus empapados pliegues, jugó con su uretra y luego la penetró de una manera dulcemente lenta y tortuosa, un cunnilingus de lo más encantador fue lo que la hizo llegar al límite. Clamó por Morgan a la vez que alimentaba a Fujimaru con sus fluidos, quien bebió hasta la última gota.
SLAP~
"¡Ite!"
Justo cuando se estaba preparando para ir hacia Mélusine, la cola de la chica dragón le dio una suave bofetada para que la mirase. Al sentir su vista posarse sobre ella, la pequeña Lancer agitó su cadera de izquierda a derecha, habiendo separado sus nalgas ella misma como una invitación para que el hombre de sus sueños devorase su pastel.
Ritsuka se sonrojó ante la vista, viendo el rostro sonriente de Mélusine como si mirase directamente a su alma.
"Vamos master~ ¡dame una probadita!~"
¿Cómo podría no hacerlo?
Su cabeza se hundió en el pequeño pero adorable trasero de Mélusine mientras repetía sus acciones por tercera vez, ahora con mayor facilidad que antes. Lo que Ritsuka no se esperaba, era que su cola fuese alrededor de su cuello, apretándolo y empujándole más cerca de su cadera, mientras ella dejaba salir un gemido alegre.
Contrario a las dos anteriores, se aseguró de que ella y su reina estuviesen mirándose directamente la una a la otra, con rostros completamente opuestos. Morgan ahora tenía una cara seria, mientras que la sonrisa de Mélusine solo se hizo más grande.
Sluuuurp~ sluuurp~
Un gemido largo y claramente exagerado escapó de su boca junto a su lengua. Este sentimiento de superioridad, de éxito que sentía producto de robar algo preciado de otra persona y quedárselo para si… era maravilloso. Ritsuka le estaba dando todo su amor a ella, no a Morgan, su esposa, y lo mejor de todo es que tenía que quedarse quieta y mirar sin poder hacer nada.
No podía esperar para alimentarle con su miel, cargada a tope de feromonas para estimular su lujuria, y que tomase su virginidad.
"Parece que te lo estás pasando muy bien... Lancelot."
"¡MUCHO!~"
Replicó la de ojos dorados a todo pulmón, mientras su cola forzaba la cabeza de Ritsuka más cerca de ella para que la devorase aún más. Moviendo la lengua en círculos para luego penetrar su interior con esta, saliendo y entrando con tanta rapidez como pudiera para dejarla satisfecha, sabía lo que estaba haciendo. Quería humillar a Morgan, pero no lo permitiría. Como castigo, haría que se viniera más rápido.
Por eso uno de sus dedos actuó, empezando a jugar con sus pliegues, abriendo y cerrándolos constantemente mientras presionaba su pequeño clítoris como si fuera un botón.
Esto, por su puesto, envió escalofríos a la espalda de Mélusine.
"¡Ohhhh!~ ¡M-master! ¡e-espera, aún no quiero correrme!"
Obviamente no le gustaba, no había humillado a su reina lo suficiente, pero Ritsuka estaba determinado a cerrarle la bocaza. Amaba a Morgan e iba a demostrárselo, por ello movía su cabeza mientras continuaba lamiendo a Mélusine hasta que su boca finalmente encontró la feminidad de la dragona, acariciándola con sus labios como si fuese un beso.
Su boca succionó sus labios mayores mientras que su lengua atacaba sus labios menores, poco tiempo después, invadió su interior, tomando su tiempo en saborear y disfrutar su feminidad. Los restos de Albion finalmente dejaron de burlarse de Morgan, ahora solo gimiendo, siendo llevada con cada lamida más y más cerca la orgasmo.
Y, eventualmente, lo aceptó.
Porque se trataba de él.
"¡ME VENGO! ¡MASTER, MASTER, MASTEEER!~"
Su cola apegó a Ritsuka a su vagina tanto como pudo, mientras sus piernas se cerraban alrededor de su cuello, forzándole a beber todo. El marido de Morgan cerró sus ojos, separándose de Mélusine una vez que terminó de llenarle la garganta con su miel, al menos no estaban drenándole las energías tanto como hacía su esposa, eso era un punto a favor.
Pero seguían siendo tres contra uno.
Sus fuertes ojos azules se encontraron con los de su esposa, que le sonrió con una expresión amorosa. Hubiese querido ponerse de pie e ir a besarla, mostrarle su afecto, abrazarla y tomarla como suya, pero no podía, sería rechazar su regalo. Mucho menos ahora, cuando ya casi terminaba.
"Continúa, Esposo mío. Comienza con quien tú quieras, elije a tu gusto."
Para él, la opción era bastante obvia. Ritsuka agarró su miembro con su mano, apuntándolo hacia la entrada de Melusine. La chica, que aún estaba algo consiente antes de experimentar una maravillosa sensación, se percató de lo que su Master haría. Iba a tomar ventaja de su debilidad para follársela hasta la inconciencia, para que no molestase más a Morgan.
Aún tenía una última cosa que decir antes de que la hiciera su mujer.
"Ven y tómame… mi amado master… ¡tengamos sexo Netorare sudoroso y apasionado en frente de la Reina Morgan!~"
Ritsuka dejó salir un suspiro mientras su esposa llevaba su mano al puente de su nariz, acariciándolo para intentar calmar su ira mientras una vena aparecía en su frente, cubierta por los mechones de su cabello. Tam Lin Lancelot dejó salir una risilla al sentir el glande de Fujimaru frotándose contra su feminidad. El hombre presionó hacia adelante, separando sus pliegues.
La dragona apretó la cama mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Las manos humanas agarraron y jalaron su cadera hacia la suya, permitiendo que su masculinidad invadiera y penetrara apropiadamente sus adentros; llegando lo suficientemente profundo para destruir su himen poco después. Mélusine soltó un gimoteo de dolor, mezclado con la alegría de ser amada por él.
El fuego en su pecho, el deseo de llorar lágrimas alegres, de engancharse a aquel hombre y besarlo, eran tan abrumadores como lo era el propio calor y el placer que experimentaba ahora mismo. Si tan solo la abrazara en lugar de follársela como perrito, pero estaba bien. Ya se había aprovechado bastante para este punto.
Además, en esta pose podía seguir mirando a Morgan.
"A-ahhh~ Master... ¡Master! ¡Ritsuka!~"
Habló al sentir como empezaba a moverse, embistiéndola. Ritsuka gruñó por lo bajo al sentir lo estrecho del interior de Mélusine. Su vagina empezó a estrujar su miembro fuerte y rápidamente, con cada movimiento que daba, chocando su pelvis contra su trasero en un sonoro "Plaf~", pronto la cama empezó a rechinar.
Plaf plaf plaf plaf plaf~
No estaba siendo dulce, pero no era nada de que preocuparse debido a su resistencia. Perder su virginidad era doloroso, por supuesto que si… pero el sentimiento de estar siendo vista, de ver directamente a los ojos de Morgan mientras el pelinegro se la follaba como a un perro, era más que suficiente para que su mente no se concentrara en el dolor. La chica de ojos dorados dejó salir su lengua, jadeante, luego de cerrar los ojos.
El último master de la humanidad se detuvo, respirando para intentar calmarse, frotando su carne contra el culo de la joven, permitiendo a su pelvis sentir lo suave y terso de sus nalgas.
Ahora entendía por qué la llamaban la caballero más bella de Faerie Britain.
"M-Mélusine... ¡me estás apretando demasiado!"
Gruñó, provocando que la chica riera con orgullo. De alguna manera, sintió sus labios secos, desesperados por atención, entendiendo que se debía a que aún no le había desvirgado la boca. Sorprendiendo a su compañero, Lancer giró su cuerpo sin sacarse su miembro, para que ambos se encarasen en la posición del misionero.
La dragona extendió sus brazos hacia él, buscando que la sostuviese entre estos de manera amorosa.
"¡Bésame Ritsuka!"
Suplicó y él aceptó. Fujimaru empezó a cogerse a Mélusine en un "Mating press" mientras la besaba por primera vez, cerrando sus ojos para intentar hacer que no se enfocara en molestar a su amada esposa. Su lengua se movió sobre la suya, sintiendo como, por lo larga que era, invadía su garganta como una serpiente intentando anidarse ahí.
Para ella, se sentía como un sueño.
Como si ella fuese su esposa.
"¡Hmmm!~"
El sabor... era indescriptible. Estos eran los labios que Morgan había estado degustando desde que apareció en Chaldea, los labios con los que solo pudo soñar. Lágrimas de felicidad descendieron por los pómulos de Tam Lin Lancelot, mientras su vientre era penetrado una y otra vez, las bolas de Ritsuka continuaron golpeando su retaguardia, usando el peso de su cuerpo más alto para mantenerla quieta.
PLAF PLAF PLAF PLAF~
Su penetración y sus movimientos se hicieron más salvajes, similares a los de un animal, tal como ella quería que fuese. Quería ser follada como la dragona que era. El humano sintió que sus movimientos se le dificultaron más y más, debido a que sus entrañas se rehusaban a dejarle ir, succionándole y apretándole como queriéndole impedirle escapar.
Dentro de su boca, podía sentir y saborear su lengua presionando la suya, intentando dominarla, no podía perder esta guerra. Su primer beso, su primero beso Francés, quería gobernarlo y hacerlo suyo.
"Ikshu... kaaahhh~"
Apenas pudo decir su nombre, mientras continuaba lamiendo, sorbiendo y bebiendo su saliva, respirando por su nariz. Escuchar su voz no hizo sino activar algo en él, quien se movía más y más al sentir su miembro empezar a latir. Mélusine sentía su adrenalina, su determinación y hombría.
¿Quién hubiera imaginado que un alma tan gentil, amable y respetuosa podía llegar a ser así de dominante cuando estaba enojado?~
Sus gemidos ahogados incrementaron junto a las embestidas de Ritsuka. El sexo llegó a un punto tal que despertó tanto a Barghest como a Baobhan Sith, que miraron la escena pasando ante ellas. Fujimaru cerró sus ojos, preparándose para salirse de ella, empezó a retroceder.
Mélusine, sorprendentemente, usó sus piernas para mantenerle quieto sin su consentimiento, forzándole a hundir su miembro de regreso en su feminidad, no desperdiciaría su preciado mana. Lo tomaría todo, directo en su vientre de dragona.
SPLUUUUUUUUURT~
"HMMMMMMPHHHHHH~"
Finalmente satisfecha, pudo dejar que su voz y su conciencia muriesen. La dragona blanca fue llevada a la reina de los sueños, teniendo el peso, los labios y el cuerpo del hombre que más adoraba sobre ella. Ritsuka abandonó los labios de Mélusine no mucho después tras terminar, sacando su aún erecto miembro de ella.
Eso... no era para nada lo que había planeado...
"No temas, amado esposo. Tienes mi bendición para correrte dentro de mis caballeros tanto como quieras."
El "¿eh?" que salió de la boca de su hija fue, verdaderamente hilarante. Baobhan Sith se dio la vuelta para mirar a su retaguardia cuando sintió a Ritsuka agarrarle las caderas; su miembro, aún cubierto con los fluidos de Lancer y el semen que había rociado dentro de ella, se frotó contra su culo, manchando su perfecta piel con su asquerosa e inmunda semilla.
Un escalofrío le recorrió la espina dorsal.
"¡SI METES ESO DENTRO DE MI JURO QUE TE ARRANCARÉ LAS PELO- OHHHHHHHHHHHHHHHH!~"
La cara de Tristan se deformó en una expresión de placer puro cuando el marido de Morgan la penetró sin dudar, cerrando sus ojos y su boca tanto como pudiera, si Mélusine ya estaba apretada de por si, Baobhan Sith era algo completamente distinto, tal vez producto del odio que sentía hacia él, o el rechazo, pero sus paredes...
Se sentían como si intentasen arrancarle la verga.
Santa... mierda...
Tal vez sus palabras, desde cierto punto de vista, iban a hacerse realidad. Las manos de Fujimaru apretaron la cadera de Baobhan mientras empujaba dentro de ella, la Vampira gritó una vez más. El sexo no era algo a lo que estuviera acostumbrada, ni siquiera en Faerie Britain, precisamente porque lo veía como el asqueroso acto de reproducción digno de animales y/o bestias.
Para ella, todos los humanos eran monos, esto incluía al propio Ritsuka.
PLAF PLAF PLAF PLAF~
Así que no era de extrañar que estuviese así de estrecha. Otro gruñido de placer, apenas capaz de moverse, la pelvis del Master se apegó al culo de Baobhan, su cuerpo cayó sobre su espalda, con los brazos a sus lados. Su aliento caliente golpeando sus orejas, finalmente cara a acara, la chica giró un poco la cabeza para encararlo con un rostro fúrico.
"¡¿Cómo te atreves... cómo te atreves... cómo te atreves?!"
Repitió, una y mil veces mientras intentaba recuperarse, podía sentirlo. Aquella larga, gruesa y asquerosa cosa llegando a tocar la entrada a su vientre, a sus lugares más profundos, mientras la sangre y el dolor continuaban producto de la reciente destrucción de su himen. Fujimaru mentiría si dijera que no estaba algo excitado ante la mirada llena de odio que Baobhan le daba.
Parecía querer extender sus manos y usar Fetch Failnaught en él, pero metiéndole la estaca por su miembro en lugar del estómago.
"L-lo siento... ¿duele mu- ?"
"¡VETE A LA MIERDA!"
Fue como un ladrido, claramente intentando ocultar las lágrimas cayéndole por las mejillas. El moreno tragó saliva… esta era su oportunidad para sellar su destino y ser ejecutado mientras dormía… o, como mínimo, asegurarse de que no tuviese resentimientos hacia él. Ritsuka cerró los ojos, llevando sus brazos alrededor del cuello de la confundida chica.
La abrazó, usando sus rodillas para cargar su peso pese a que ella era más alta que él, y una servant, debía ser considerado.
"Lo siento, Baobhan... seré gentil, lo prometo."
Contestó, provocando que la chica le siseara, claramente enojada, no le creía una mierda. ¿Cómo podría cuando este gorila retrasado había mancillado su orgullo, jugado con ella y además había intentado destruir su lazo con su preciada madre? Ritsuka, sorprendentemente empezó a besar y acariciar su cuello con besos gentiles y cariñosos.
Si había algo que había aprendido al ser usado por tantas mujeres en Chaldea, y estando con Mashu, era que algunas necesitaban ser amadas y tratadas como flores delicadas.
Chu~... chu~... chuu~
Los labios de cuarenta y ocho empezaron a hacerse cargo afectuosamente de la piel de la hija de su amada. Baobhan ahora era incapaz de encarar a Ritsuka, rehusándose de igual modo a dejar que su madre viera su rostro empapado en lágrimas, optando por mirar al piso mientras mordía las frazadas y el colchón.
Odiaba tanto esto.
Lo odiba a él, a este maldito gorila, este sucio, repugnante, asqueroso e inmundo pedazo de mierda…
Todo era su culpa. Perdieron su hogar, su vida, su futuro, su todo en el momento en el que él y su grupo de bienhechores llegaron a Faerie Britain.
Plaf~... plaf~... plaf~
Sus caderas comenzaron a moverse, esta vez, más lenta y gentilmente que antes. Eso, sumado a los momentos en los que pausaba para que el dolor se fuera, debía de ser más que suficiente para calmarla por lo menos. Los dedos de Ritsuka acariciaron y masajearon los hombros de la mujer lentamente, no usaría su lengua para lamerla, no.
Quería intentar hacerla sentir bien y segura. Que confiara en él, al menos esta única vez.
Las uñas de Baobhan se clavaron en el borde de la cama, perforando y destruyendo todo lo que tocaron mientras sus párpados se cerraban aún más fuerte. Las lágrimas que caían por su rostro incrementaron al sentir como empujaba dentro suyo, tan lento pero llegaba tan profundo. Su mente se enfocó en su corazón, sus memorias, todo el dolor que él y Chaldea le habían causado...
¿Qué sería de sus vidas si no hubiesen llegado? Tal vez las cosas serían diferentes, mejores. Madre eventualmente se habría aburrido de esa escoria de Beryl Gut, eventualmente encontraría a esa plaga Vortigern, aplastándolo como el insecto que era, y finalmente habrían reclamado el planeta para si mismos.
Y habría vivido feliz por siempre, protegida por los brazos de Madre.
Chaldea lo arruinó todo, Ritsuka le arrebató todo lo que alguna vez llegó a amar, y ahora le quitó a su madre.
Entonces, ¿por qué… ?
Chuu~... chu~...
Al continuar sus besos, Ritsuka empujó dentro del hada gris una vez más antes de cambiar su táctica; frotando su cadera contra la de ella, provocando que su culo temblara en respuesta. Esto causó que su falo se frotara contra las paredes de la mujer, quien gemía suavemente, estaba haciendo un gran trabajo.
Esto le hizo sonreír y continuar con su asalto, ahora besándole su cabecita, frotando su mejilla y rostro contra aquél bello cabello. El olor a frutillas invadió su nariz, relajándole… realmente era hermosísima, tenía que admitirlo.
¿Por qué se siente tan bien?
Pensó, mientras el glande de Ritsuka se frotaba más y más contra la entrada a su vientre, su preciado templo que se suponía, jamás debía ser tocado por nadie. Este sentimiento, este placer... de tener sexo… el placer de reproducirse como un mono de la historia Pan-humana… la aterraba más que cualquier otra cosa que haya experimentado antes.
Más que el sentimiento de su cuerpo pudriéndose en la oscuridad de su habitación, o las pesadillas de escuchar a su Madre ser masacrada y cortada en pedazos en la sala del trono, que normalmente tenía.
"¿Sabes algo... Baobhan Sith?"
Preguntó, sacándola de sus pensamientos. Baobhan movió su cabeza ligeramente como señal de que le estaba escuchando, provocando que Ritsuka la apegase a él aún más. Lo que iba a decir saldría de su corazón, no porque intentase ganársela ni mucho menos.
"Recordando lo que sucedió en Gloucester... Si pudiera cambiar mi respuesta, en lugar de elegirte a ti o a Arturia… habría dicho "ambas". Tú y ella son igualmente hermosas."
...
Algo cambió.
Sus párpados se abrieron en sorpresa en el momento en el que su mente registró sus palabras. Este maldito simio, este mentiroso, ese inútil pedazo de mierda que arruinó su vida y destruyó su futuro… la había llamado "hermosa" con una honestidad y sinceridad tales que, por más que quisiera negar y escupir en sus palabras, no podía.
Fue entonces que las palabras de Madre resonaron en su cabeza.
"Jamás odié a Fujimaru Ritsuka; nunca podría odiar a alguien que solo sueña vivir. "
La pieza final del rompecabezas cayó, dándole la respuesta que tanto quería. Todo tenía sentido en el momento en el que comprendió el significado detrás de las palabras de su amada madre.
Somos... somos iguales
La historia Pan-humana y Faerie Britain. Chaldea y Faerie Camelot. Fujimaru Ritsuka y ellos, eran exactamente iguales. Solo querían vivir, a su propio modo. Ninguno de ellos estaba bien o mal, solo querían seguir viviendo. Nada más, nada menos. Si las cosas hubieran sido diferentes, quizás en otra vida… en otro mundo…
Tal vez su Lostworld hubiese podido coexistir con ellos.
"¡A-AHHHHH!"
Ritsuka dejó salir un gemido al sentir como el interior de Baobhan Sith le apretó una vez más. La cabeza de la chica se movió, su voz llena de placer. Esto era lo que esperaba; una sonrisa apareció en su rostro, el master retomó tanto sus besos como sus embestidas, esta vez hacer el amor con la vampira siendo muchísimo más fácil.
Pese a que seguía llorando, ahora eran lágrimas de placer, no de ira ni odio.
Escucharla chillar ahogadamente de gusto mientras sus dientes perforaban y destruían sus frazadas terminó motivando a Fujimaru aún más; su hombría penetró y empaló a la heredera al trono de Morgan al escucharla. Ritsuka cerró sus ojos, tratando de que sus sentimientos llegaran hasta la Saint Graph y el núcleo espiritual de Baobhan, por muy estúpido que sonase.
Esta era su disculpa, una forma de decir "Lo siento" por todo lo que hizo, mientras que verdaderamente ofrecía todo lo que tenía a cambio de simple cordialidad, no quería nada más de ella.
PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF~
"HMMPH~ HHHHMNGHH~ HMMMMMMMMGH!"
Morgan tenía una pequeñita sonrisa gentil de pura satisfacción en su cara. Ver las lágrimas de placer y alegría escapar por los ojos de su hija mientras era follada y amada por su esposo realmente hacían que su frío corazón latiera de felicidad. Baobhan jamás habría aceptado un simple "Lo siento" de Ritsuka, probablemente se habría ofendido y habría intentado arrancarle la cabeza.
No, lo que necesitaban era una manera de conectar emocionalmente.
Si se convertiría en una de sus novias después de esta noche, su hija o simplemente su amiga, cualquiera estaba bien para ella. Esto era más de lo que podría haber deseado, y Le Fae realmente estaba agradecida.
Ritsuka también se perdió en el placer, haciendo su mejor esfuerzo para seguir empujando y penetrando a la hija de su esposa, queriendo llevarla al cielo. Estaba más allá de su límite, pero se contenía; estaba funcionando, si la voz de Tam Lin Tristan era algo por lo cual guiarse.
"Ya basta, Esposo. Deja de hacerle bullying a mi hija; vente dentro de ella de una buena vez."
Por el tono que estaba usando, no era una petición sino más bien una orden de una madre preocupada. Ritsuka empujó dentro de su actual compañera una última vez, la punta de su miembro tocando su vientre una última vez, antes de dejar salir un largo gemido al sentir como era apretado por las calientes, mojadas paredes de la vampira.
Baobhan gritó al sentir su primer orgasmo por la penetración, perdiendo toda la energía de su cuerpo mientras que sus reservas de mana eran llenadas al máximo. Ritsuka, finalmente habiendo terminado con la heredera de Morgan, sacó su miembro de sus adentros. No se movía, probablemente quedó inconsciente.
"U-um... ¿Master?"
Ahora… la única que quedaba era Saber.
Fujimaru, claramente cansado, o más bien exhausto, se giró para encarar a Barghest, quien todo este tiempo se mantuvo a si misma en cuatro patas tal como ordenó su reina. Obviamente estaba avergonzada por la pose, por lo que se cubría tanto como podía.
Ritsuka estaba casi dormido, su aguante no era infinito, al menos no sin Ishtar, Kama o alguna otra diosa usando una bendición para que pudiese seguir.
"¿Estás cansado? ¡P-Puedo esperar hasta mañana si- !"
Su mano fue hasta su rostro para besarla y cambiar la posición él mismo, provocando que dejara de hablar. Los ojos azul y rojo se llenaron con lágrimas en el momento en el que la abrazó, ls instintos de Barghest rápidamente tomaron control de su cerebro, imitándolo; estrujó el cuerpo de Fujimaru con sus musculosos brazos.
Su corazón pegó un brinco, alimentándose del amor y el afecto que le otorgaba mientras separaba sus piernas, preparándose para que la tomase en la posición del misionero como hiciera con Mélusine.
Sluuuurp sluurp sluurp~
La lengua de la perro negro se movió contra la del humano, mientras su falo invadía su cuerpo, repitiendo por última vez el proceso. Barghest acunó a su Master entre sus brazos mientras las lágrimas no tardaron en salir, dejándole dominar y lamerla a su gusto; quería y sería suya.
Deseaba ser su novia, su concubina y esposa, justo como Morgan.
La idea de sostener su pequeño, frágil y preciado cuerpo humano entre sus brazos, de protegerlo del mundo, lograban ponerla aún más caliente. Su pene encajaba perfectamente dentro suyo, y esperaba que la remodelara en el tipo de mujer que le gustaba, fuese cual fuese.
"H-hhhmph~"
Felizmente lo aceptaría y cambiaría tanto como él quisiese. Sus piernas se cruzaron alrededor de su cadera mientras se reproducía con ella, tratándola como si fuese un animal. Ritsuka separó sus labios de los de ella por un momento, pero sus lenguas siguieron pelándose en frente de los ojos de la reina.
Sus testículos golpeaban su trasero y sus brazos acariciaban su espalda mientras entraba y salía de ella, siendo tan gentil y amoroso como pudiera tal cual lo fue con Baobhan.
"Mash... ter~"
Habló, dándole una buena mirada al rostro exhausto del ojiazul. El hombre finalmente rompió el beso, permitiéndose jadear junto a ella, podían sentirlo. Sus cuerpos llegaban al límite, pero sus bolas seguían llenas con su espesa jalea llena de mana. Saber volvió a gemir al sentir como le besó el cuello, lamiéndolo y mordiéndola.
Si, podía marcarla tanto como quisiera.
Le ofrecería todo, y haría cualquier cosa que quisiera, siempre y cuando siguiera mirándola, siempre y cuando no dejara de sostener su mano.
"Barghest... Barghest... Barghest..."
La pobre criatura apenas podía mantenerse despierta. Su voz estaba aferrándose con tanta desesperación a la conciencia, que hacía que su corazón de damisela enamorada se derritiera. Él la necesitaba, las necesitaba a todas ellas. La rubia asintió mientras sus manos acariciaron su cabeza, permitiéndole usar su escote como almohada y que oliera su cuerpo tanto a su gusto.
Vainilla.
"¡Si master! Por favor, ¡no te preocupes por mí! ¡córrete cuando quieras!"
Bramó, frotando su mentón contra su cabeza. El Mago siguió penetrando al hada, determinado a hacer su mejor esfuerzo para hacerla llegar al orgasmo, llenar tanto su corazón como su cuerpo y complacerla como se lo merecía. La Tam Lin se dejó consumir por el placer sin chistar, no importándole en absoluto el hecho de que estaba efectuando el pecado del adulterio con el marido de su reina, mientras ella los veía.
PLAFPLAFPLAFPLAFPLAF~
Porque la verdad era que... el corazón y la lealtad de Barghest ya no pertenecían a Morgan ni a Bretaña.
Eran de Ritsuka.
Su vagina estaba tan mojada y estrecha luego de haber visto lo que le sucedió a sus compatriotas, junto al hecho de que su corazón estaba siendo víctima de sus sentimientos, estaba más cerca del orgasmo que las otras dos para cuando empezaron. El placer de Barghest provenía no solo de su cuerpo sino también de su corazón.
Y Fujimaru lo había alimentado muy bien aquella noche.
"¡B-Barghest!"
Gritó mientras las piernas femeninas se cruzaban alrededor de su cadera, pese a que las Servants no podían concebir, quería creer y soñar que esta era su luna de miel, que la estaba embarazando en ese preciso momento y que ella era su alma gemela.
"¡MASTER! ¡TE AMOHHHHHHH!~"
Fueron sus últimas palabras mientras el tan ansiado orgasmo finalmente llegaba, golpéandola con la fuerza de un Fantasma noble. Ritsuka sintió su cabeza y su cuerpo caer sobre Barghest, no sería capaz de ponerse de pie incluso si lo intentara, pero logró derrotar al "jefe final". Había aceptado por completo el regalo de Morgan.
Los delicados, suaves y delgados brazos que rodearon su cuerpo junto a la inconfundible sensación de un escote helado lo hicieron abrir sus párpados ligeramente.
Morgan estaba desnuda, sosteniendo su cabeza entre sus pechos, mirándole con unos ojos cargados hasta el tope de amor. El par de corazones que guardaba única y exclusivamente para él reflejaron su exhausta cara cual espejos. La reina alta acarició la cabeza de su amante mientras ella descansaba contra la almohada, habiendo usado magia para acomodar a las demás al lado de ella, la cama era lo suficientemente grande para que todos pudieran dormir cómodamente, por supuesto que si… cabían más de cinco personas.
"Sasuga wa ga Otto... Estoy tan orgullosa de ti, mi querido esposo... "
Murmuró, uno de sus dedos moviendo cuidadosamente unas hebras de cabello de su rostro. La reina besó los labios de su esposo por uso instantes, sabiendo de sobra que apenas sería capaz de responderle, pero estaba bien. Se sentía amada por él, tal como había dicho, a través de sus caballeros que ahora dormían a su lado; Baobhan Sith y Mélusine a su izquierda y Barghest a su derecha, mientras que Ritsuka permanecía sobre ella.
Eran las dos de la mañana, muy tarde para que se quedara despierto.
"Ahora, vete a dormir. Mañana tengo una recompensa para ti por tu desempeño esta noche, así que te necesito bien descansado, ¿vale?"
Fujimaru asintió ante la pregunta de Le Fae, su mente y cuerpo relajándose ante la fresca sensación de su piel. Sabiendo que estos serían sus últimos segundos despierto, tomó la oportunidad de decirle adiós hasta la mañana siguiente.
"Te amo, Morgan..."
La reina asintió al oírlo, acariciando la nuca y el cabello de quien más amaba con un brazo, y manteniéndole apegado a ella con el otro.
"También te amo, Esposo mío."
.
.
-[Epilogo: La escoria de la tierra]-
Sluurp~ sluuurp~ chuuup~
Ritsuka gimió mientras abría los ojos, se había quedado dormido. Su cabeza se movió de izquierda a derecha, mirando alrededor para intentar recordar donde estaba, al notar los muros blancos y las ventanas rodeándole, su mente hizo un rápido "click", viendo su reloj por instinto; la una y media de la tarde. Faltaban como mínimo dos horas antes de que empezara la ceremonia.
"Oi... te quedaste dormido, montón de mierda."
La furiosa y molesta voz de Baobhan Sith le devolvieron a la realidad; la cremallera de su esmoquin estaba abajo, considerando que la iglesia todavía estaba siendo preparada y que la propia Morgan no estaba lista, principalmente porque Habetrot quería darle a su vestido de novia unos toques finales como últimas modificaciones, por lo que se quedó a solas en su cuarto.
O así debería de haber sido.
Hacía no más de veinte minutos, Baobhan Sith, Mélusine y Barghest cruzaron por su puerta, cada una de las Caballero-hadas aparentemente querían darle su "bendición" para que tuviese un matrimonio feliz con su adorada reina.
"Tristan, sé considerada con Master. Su majestad fue muy brusca con él la noche de ayer."
Saber intervino por él, completamente desnuda junto a sus compañeras. Ritsuka estaba descansando en el sofá, pero estaba acostado contra el escote de la susodicha, mientras Mélusine jugaba con sus testículos en silencio. Su supuesta "hija" abrió los párpados, deteniendo su felación para mirar a los ojos de su "padre" con un aura asesina.
"Y pensar que engañarías a Madre en su día más importante… realmente eres la escoria de la tierra, Master"
Espetó la mujer mientras agarraba sus pechos para rodear su falo con los mismos, dándole ahora una mezcla entre sexo oral y un paizuri. La dragona dejó salir una risilla mientras frotaba su rostro y mejillas contra las bolas de su novio, sus rasgos dragonicos habían salido a flote en el momento en el que olió el champú que Ritsuka usó aquella mañana tras cruzar por esa puerta. Dio un par de besos en el derecho, antes de ir por el izquierdo.
"Personalmente, no podría ser más feliz... El pensar que puedo robar a Master de los brazos de su Majestad el día de su boda... ahhh~ ¡podría hacer esto para siempre!"
Fue incapaz de no expresar su alegría, las manos de Barghest y sus labios acariciaban el cabello de Ritsuka. Su rostro estaba enrojecido, claro que intentó detenerlas… pero era humano, y ellas eran Servants. Las cosas mejoraron drásticamente entre los cinco el último mes, por lo que, mientras hacían lo que querían con su cuerpo, simplemente rogó mentalmente el perdón de Morgan.
"L-lo siento..."
Escucharle murmurar aquellas palabras hicieron que Barghest riese, frotando su mentón contra su amado. La forma en la que se comportaba en el campo de batalla era tan diferente de su actual comportamiento, pero era una de las cosas que más amaba de su preciado master. Ritsuka era perfecto a sus ojos.
"No lo hagas, master. Su Majestad estaría de acuerdo si no estuviera tan ocupada con su vestido en estos momentos. ¿No crees que habrá sido esa razón por la cual nos invitó a su luna de miel en el Enma-tei?"
Aquello era un muy buen argumento, debía de admitir. No pudo seguir contemplando la pregunta pues le besó, correspondiendo de manera tímida mientras la garganta de Baobhan empezaba a succionar y estrujar el miembro de su supuesto padre con mayor fuerza, furiosa por el hecho de que sus manos no le prestaran atención. Su lengua se movió con mayor salvajismo, mientras sus senos le apretaron más fuertemente, dispuesta a enseñarle una lección en lo que a fidelidad se refería.
"Si me eres infiel el día que nos casemos, ¡te meteré Fetch Failnaught en el culo!"
Fujimaru tragó en seco mientras cerraba los ojos una vez más, tratando de volver a dormirse. Pese a no poder ver su rostro, conocía a Mélusine lo suficiente como para poder vislumbrar aquella sonrisa socarrona en su rostro tras escuchar a Archer. Por algo había decidido ser la última en casarse con él, ya no podía esperar a su matrimonio con Tam Lin Galahad de por si.
Al otro lado de la Iglesia, Morgan se miraba a si misma en un espejo mientras su mejor amiga se quitaba los restos del sudor de su frente. Estaba vistiendo un hermoso vestido blanco con patrones azules, la "amiga de todas las esposas del mundo" sonrió, asintiendo llena de orgullo ante su mejor trabajo hasta la fecha.
"Es hermoso, Totorot... gracias"
La antigua salvadora de Bretaña miró a la rider de cabello rosa, que asintió felizmente, flotando a su alrededor para mirarla al completo. Admitía que había sido un trabajo extenuante y muy complejo de terminar; descartó al menos quinientos diseños diferentes que mezclaban negro, blanco y plata junto a diferentes tonos de azul, hasta que por fin se decidió por ese.
"¿Sabes, Tonelico? Una vez dije que no te verías bien vestida de novia, pero me alegro mucho haberme equivocado."
La reina alta sonrió al escuchar sus palabras, dejando salir un suspiro digno de una chica enamorada, su corazón no estaba tan helado como era lo usual. Por primera vez en lo que parecía ser una eternidad, Morgan Le Fae podía decir abiertamente que era feliz. No podía esperar a ver el rostro de su marido al verla vestir esto, o el como se vería con su esmoquin.
¿Qué tipo de aventuras les depararía el futuro? Todo era muy emocionante.
Por eso, colocándose su velo blanco para cubrir su rostro, Berserker se encaminó hacia la puerta, mientras Rider saltaba a su lado, con una brillante sonrisa feliz.
"Gracias Totorot. Ahora vámonos, mi amado esposo debe estar esperándome."
Está de más decir... que Ritsuka y las Tam Lin recibirían un regaño tremendo por hacer que el marido llegase después de la novia.
Pero eso era una historia para otra ocasión.
El fin.
