Disclaimer
Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi de su obra Ranma 1/2. Sólo los utilizo para mi propio entretenimiento y el de los que leen. No obtengo ningún beneficio monetario por ello.
Se aceptan todos los comentarios y críticas que sean hechas con respeto. Comentarios ofensivos serán ignorados. Muchas gracias.
Nota: Esta historia está estrechamente relacionada con otras escritas por mí y posteadas en este lugar: Hasta siempre: Una historia sobre Mousse (con algunas variantes); No era vida antes de ti y Aquí, allá y en todas partes (aparecida en Ranma, Akane, Mousse y otras diversas historias de amor (O desamor)). De todos modos, no es necesario leerlas para entender el plot de este escrito.
Adiós días felices
Akane estaba recostada en su cama, leyendo una revista, cuando sintió que tocaban su puerta.
– Akane – dijo Nabiki desde la puerta del dormitorio de su hermana –, llegó una carta de Ranma para ti.
¿Una carta? ¿De Ranma? Pero si hace más de un mes que no habían sabido nada de él.
– Gracias Nabiki – le contestó Akane mientras tomaba la carta en sus manos. No sabía por qué pero tenía mucho miedo de abrirla. Pensó tantas cosas, que Ranma no volvería, que se quedaría una larga temporada, que rompería su compromiso. Tantas cosas. Lo mejor era abrirla y saber, de una vez, qué contenía. Sonrió al comprobar que estaba escrita con la horrenda caligrafía de Ranma; sí, era él.
Akane:
Este asunto me ha tomado más tiempo del que creí.
Volveré a casa tan pronto como pueda.
Espero que todo pueda seguir como siempre.
Ranma.
La carta, en general, no decía mucho pero, lo más importante era que decía que volvería. ¡Ranma volvería! Tampoco decía nada sobre Ukyo, si estaba con él o no. Sospechosamente llevaba desaparecida el mismo tiempo que Ranma había estado afuera pero no le dio mayor importancia en ese momento.
Los días comenzaron a hacerse eternos para Akane. Necesitaba saber qué pasaba con Ranma, si realmente se había curado, si estaba bien. Tantas cosas. Trataba de dedicarse a hacer muchas cosas: se encargaba de la cocina, a pesar de que nadie comía lo que ella preparaba, hacía las compras, iba al cine con sus amigas, entrenaba. Soun se sentía muy orgulloso de ella: Akane se estaba preparando para ser una buena esposa y, sin duda, lo sería. Sólo faltaba una mejor mano para cocinar y Ranma se llevaría a la mejor chica de todas. Akane, humildemente, decía que hacía lo que podía.
Aunque buscaba distraerse con todos los pasatiempos posibles Akane, no podía dejar de pensar en Ranma, en qué estaría haciendo. Tampoco podía dejar de sentir celos al pensar que Ukyo podría estar con él. Después de que Shampoo se olvidó de Ranma, sólo Ukyo persistía en su compromiso con éste. Y a veces temía que resultase victoriosa porque Ranma, como siempre, no era capaz de dejar los límites claros. Decía que no lo hacía para no hacer sentir mal a su amiga de infancia pero que, llegado el momento, le mostraría cómo eran las cosas realmente. ¿Por qué dudaba de él entonces?
Esa tarde fue al Café del Gato, necesitaba despejarse y, para su sorpresa, pasaba un buen tiempo ahí. Nunca lo hubiese imaginado pero así era. Al principio iba a ver a Ryoga pero, notando que el rostro de Shampoo no se mostraba muy feliz al decir eso, decidió decir que iba a verla a ella. La encontró sola, con todo el trabajo. ¿Y dónde estaba Ryoga? Esa pregunta era innecesaria: había salido hace tres días a buscar algunos suplementos para el Café y aún no regresaba. Rieron ambas de buena gana. Akane le preguntó si esas ausencias tan prolongadas de Ryoga no le daban ansiedad, si temía que algo le pasara o que encontrara a alguien más. La respuesta fue categórica: no. Confiaba en él y sabía que no la engañaría con otra. Sí temía que algo le pasara algún día; cada vez que se iba quedaba nerviosa pero también sabía que él era fuerte, que sabría cuidarse.
– Nunca pensé que te llegaras a enamorar de Ryoga – le dijo Akane, aún incrédula –. Eso fue una sorpresa para todos, tú incluida. Por cierto ¿has sabido algo de Mousse?
– Nada, desde el día en que se fue. No me hubiese gustado que las cosas terminaran así pero nunca pude verlo más que como un amigo, un hermano. Nos conocemos de niños.
– Pero Ranma y Ukyo son amigos desde niños y no veo que él tenga algún interés mayor en ella. O al menos eso dice él.
Shampoo calló por un momento. A ese punto quería llegar pero no sabía cómo decirlo. Necesitaba las palabras exactas para no preocupar a Akane, sabiendo lo insegura que solía sentirse con respecto a Ranma.
– Ayer vinieron unos clientes frecuentes del Café y me preguntaron por ustedes. Les comenté que tú estabas bien y que Ranma había hecho un viaje – Shampoo hizo una pausa y continuó –: se mostraron sorprendidos de que aún no estuviera de vuelta. Ellos me dijeron que lo habían visto irse con un anciano y… con Ukyo.
–¿Con Ukyo? – las alarmas se encendieron dentro de Akane –. ¿Con Ukyo? ¿Estás segura? Shampoo le respondió que eso era lo que le habían dicho ellos, no tenía como comprobarlo. Akane le contó por su parte, sobre la carta de Ranma: decía que trataría de volver lo antes posible y, en ella, no decía nada de Ukyo.
– Probablemente ella lo acompañó en su partida. Ya sabes como es – dijo Akane sin creerse lo que ella misma decía. Menos lo creía Shampoo pero no quiso decirle nada. Afortunadamente, en ese momento, apareció Ryoga hecho un estropajo. Empolvado y fatigado. Shampoo salió a recibirlo, remarcando que, esta vez, no se había ido por tanto tiempo. Akane se alegró de verlos juntos pero intuyó que querrían estar solos, por eso, se despidió y se fue. Ryoga notó que Akane lucía intranquila y preguntó qué tenía, comentándole Shampoo que estaba así por causa de Ranma.
– Creo que P-chan tendrá que aparecer para hacerle compañía – dijo Shampoo sin poder disimular que eso, contradiciendo todo lo que había dicho antes, la ponía algo celosa –. Pero no por muchos días y sin meterte a su cama – dijo besándolo tiernamente. Ryoga suspiró, nada más. Shampoo sabía que estaba loco por ella y que si bien había estado enamorado de Akane en el pasado, ahora sólo ella ocupaba su corazón. Quedaron en que iría donde los Tendo por la noche porque, ahora mismo, ellos dos tenían cuentas pendientes que saldar.
v. v. v. v. v
Ranma se encontraba cortando leña fuera de la casa de la montaña. Esa tranquilidad lo aburría a veces pero no tenía nada más que hacer: debía que pagar su deuda con el viejo que, después de todo, había puesto fin a su sufrimiento. Ukyo estaba sentada en el piso, mirándolo. Ella aún no se resignaba a la posibilidad de que Ranma amara realmente a Akane, sobretodo ahora que Shampoo quedaba fuera de competencia. A Kodachi ni siquiera la consideraba rival pues estaba completamente loca y Kuno ya no sería un problema: Ranko ya no era más.
– U-chan, si estás aburrida aquí, puedes volver a tu casa – dijo Ranma, concentrado en su trabajo –. Has dejado tu restaurante demasiado tiempo solo.
– No, no me moveré de tu lado. Me quedaré aquí hasta que tú te vayas; no me separaré de ti ¿entiendes? – fue la decidida respuesta.
Era mejor no insistir. Cuando quería, Ukyo podía llegar a ser más terca que Akane. Akane… ¿qué estaría haciendo? ¿Con quién estaría? ¿Con Kuno Tatewaki? Sólo él lo aproblemaba ahora. No siguió hablando con Ukyo, no tenía mucho que decirle. Era en esas oportunidades cuando ella, para romper el hielo, recordaba anécdotas de su niñez, algo que a Ranma le gustaba oír, sin embargo, ese relato lo había escuchado tantas veces. Hacía como que la oía pero su mente volaba por otros lados.
La anciana salió en un momento a avisarles que la comida estaba lista. Ranma sí que tenía hambre y se lo devoró todo, alabando a quien lo había hecho pues estaba exquisito.
– Agradéceselo a la mujer que tienes a tu lado; ella hizo todo. No hay mejor mujer que aquélla que cocina bien – dijo la mujer. Ranma sonrió melancólico, Akane estaba tan lejos de eso y, de todos modos, bueno, eso.
– No es para tanto, estoy acostumbrada – dijo Ukyo sonrojándose mientras la pareja de ancianos seguía con las loas a la comida de la muchacha.
De pronto, el tema cambió. Empezaron hablar de Ranma y ella: hace cuánto tiempo se conocían, hace cuánto estaban juntos. Desde siempre respondió Ukyo; habían sido amigos desde la infancia y desde esa edad, más o menos seis años, era que estaban comprometidos. Aunque, explicó ella, había otras mujeres que decían ser las prometidas de Ranma, ella había sido la primera, por lo tanto, la verdadera. Ranma pensó que, en realidad, su primera prometida había sido una de las niñas Tendo, con las que estaba comprometido desde incluso antes de nacer. Es decir, según la lógica de Ukyo, Akane sería la primera, la verdadera.
– Esta jovencita es muy hermosa, me extrañaría mucho que prefirieses a otra por sobre ella – sonrió el anciano –, dudo que encuentres una esposa mejor.
Afortunadamente, la anciana se levantó de la mesa y Ukyo se ofreció para ayudarla. No quería mantener el cuento de que él y Ukyo eran novios porque, porque no era verdad. Él sólo tenía una prometida y esa era Akane. El viejo notó en la mirada de Ranma que algo no andaba bien y le preguntó directamente si alguna de sus otras prometidas era más importante que Ukyo para él. Ranma contestó con evasivas, no le gustaba hablar de sus cosas, menos de Akane, con otros. Pero no necesitó decir nada para comprender que Ranma estaba confundido. Una lástima porque la chica esta era demasiado hermosa, demasiado perfecta. Dudaba que encontrase una mejor novia que ella, mas los jóvenes eran impredecibles.
Ukyo comenzó a ganarse el corazón de los viejos de a poco y por su mente cruzó la idea de si no era mejor quedarse con Ranma a vivir ahí. Había un pueblo más allá en donde ella podía abrir un nuevo restaurante y él, seguramente podría abrir un dojo, mejor que el de los Tendo incluso. Era cosa de proponérselo, nada más. A Ranma le dolía, en el fondo, tener que rechazar a Ukyo, porque la quería y no deseaba que sufriera pero no podía vivir más en el engaño. Él tenía que volver a su casa, con su padre, Soun…
– Con Akane, no tienes que decirlo. Ya lo sé. No entiendo por qué insistes en eso sabiendo que yo soy tu verdadera prometida ¿Por qué lo haces? – Ukyo estaba a punto de romper a llorar. No, no era eso lo que él quería. Siempre era lo mismo: se sentía culpable, no podía darle un fin definitivo a todo esto. Parecía fácil pero no lo era. Vaya que no lo era.
– Ukyo, no lo tomes a mal. Estos señores se han portado muy bien contigo y conmigo; él me salvó de la maldición. No puedo estar más agradecido pero – suspiró tratando de reunir todas las fuerzas que la situación requería – quiero volver a mi casa. Y esto no tiene que ver tanto con Akane sino con mi vida, quiero volver ser lo que siempre he sido. ¿Tú me entiendes, verdad? – terminó Ranma. Ukyo asintió: de alguna forma ella también quería volver a su vida anterior. Era, quizás, lo mejor.
v. v. v. v. v
– Akane, te ha llegado una nueva carta. De Ranma – dijo Kasumi mientras Akane entrenaba. Ésta se lo agradeció y no esperó a que las dudas la atormentasen. La abrió de inmediato.
Akane
Estaré llegando en una semana a la casa.
Espero que no me rechaces por la situación en la que me encuentro ahora…
Ranma
¿Rechazarlo? ¿Por qué? Pensó que Ranma hablaba de su nueva forma. Ella lo había conocido siendo también mujer y eso no le molestaba. De hecho, cuando los estanques se inundaron y las posibilidades de que pudiese curarse eran remotas, ella le dijo que no le importaba. Sólo le importaba que fuera Ranma. De ser así, no tenía de qué preocuparse. Sería todo un poco raro, al principio, pero era sólo cosa de acostumbrarse. Ella quería a Ranko por igual.
Fue a dar la noticia a todos: Ranma llegaría dentro de una semana. Todos se alegraron, querían recibirlo de la mejor forma sabiendo que había cumplido, por fin su sueño. Por ello comenzaron con los preparativos. Akane y Nabiki se dirigieron al Café del Gato para encargar algo de comida para ese día y bueno, invitaron cordialmente a Shampoo y Ryoga. Éstos se miraron algo desilusionados: aún estaban malditos, lo que los afectaba profundamente pero, como un gesto de amistad, los acompañarían. Y les agradecieron que se hubiesen acordado de ellos.
– ¿Podremos curarnos nosotros algún día, Ryoga? – dijo Shampoo, una vez que las hermanas Tendo se habían retirado, con lágrimas en los ojos –. A veces creo que nunca lo lograremos – sollozó. Ryoga la abrazó y la consoló. Ya llegaría el día de ellos.
– ¿Y qué pasa si sólo uno de nosotros puede curarse? – preguntó Shampoo.
– Serás tú – le contestó Ryoga mientras la besaba en la frente –. ¿Sabes qué? Ser cerdo, a veces, tiene sus ventajas – dijo en broma aludiendo a sus actividades como P-chan en la casa de los Tendo. Shampoo se enfureció pero por poco tiempo. De todos modos lo golpeó con la fuente que estaba secando.
De vuelta a casa, Nabiki y Akane se encontraron con Kuno Tatewaki quien al verlas, se lanzó sobre Akane recibiendo un golpe que a otro podría haber matado pero que a él ni siquiera inmutó.
– No importa, Akane Tendo. Sé que esa es la forma de expresar tu amor por ti – . Ese hombre no tenía remedio. Todas las mujeres del mundo lo amaban, en su cabeza. Pero él sólo tenía ojos para Akane Tendo y bueno, también, para la chica del cabello de fuego. Nabiki y Akane se miraron la una a la otra sin saber qué responder a aquéllo. Nabiki tomó la palabra:
– Bien Kuno, ya que has llegado a ese tema, es mejor que te diga la verdad: esa mujer murió – dijo, sin anestesia ni paliativos. De una sola vez
El rostro de Kuno se desfiguró y, llorando, le preguntó a Akane si era cierto, pidiéndole que dejara atrás sus sentimientos hacia él y sólo le dijera la verdad. Akane le dijo que sí, podría decirse que sí. Ella ya no volvería. Kuno siguió con el escándalo, asegurando que su dolor era tan grande que era capaz de suicidarse, de no ser porque Akane estaba ahí para entregarle todo el amor que la chica del cabello de fuego ya no podría darle. Akane y Nabiki se miraron hastiadas. Ese hombre era incorregible: seguía creyendo que era el centro del universo y que todas las mujeres del universo estaban enamoradas de él.
– Ahora sólo tengo dos objetivos en mi vida: casarme con mi bella Akane y derrotar a Saotome. Pero, por ahora, debo pedir un tiempo de recogimiento para poder llorar a la hermosa chica que, alguna vez, fue dueña de mi corazón. De la mitad, al menos – sollozó ridículamente, como siempre.
– No tenemos intenciones en interrumpir tu duelo. Ve tranquilo – remató Nabiki, llevándose a Akane y dejando todo el melodrama detrás. Akane sintió compasión por su senpai y se lo hizo saber a Nabiki ¿había necesidad de haber sido tan dura? Pero Nabiki jamás perdía el centro: Kuno Tatewaki estaba enamorado, mejor dicho, obsesionado con Ranma mujer, sin saber que ella y Ranma eran uno. Pues bien, Ranma ya no volvería convertirse en mujer. Si le trataban de explicar esta sencilla ecuación a Kuno, éste, como tantas veces, no lograría procesarlo y pensaría que Ranma la había raptado y tanta cosa más. Lo hecho hecho estaba y, era lo mejor. "Bueno, si es así, era mejor aceptarlo" pensó Akane y siguió con sus planes para preparar la llegada de Ranma.
Kasumi se encargaría de la comida, como siempre, lo que, unido a lo que traería Shampoo, sería suficiente. Akane se ofreció para cocinar pero su padre la convenció de que podía hacer mejores cosas como comprarse algo de ropa, verse bonita, más aun de lo que era. Akane entendió el mensaje subliminal: era mejor que ella no interviniera en los asuntos culinarios, Kasumi lo hacía tan bien, no había real necesidad. Lo aceptó de buena forma, no quería mortificarse ahora. Además, no sabía qué tanto había cambiado Ranma con esto de la sanación. A veces él culpaba a eso por su forma de ser, por las cosas que hacía. Era mejor tomarse las cosas con calma y, por ahora, no causaría un problema con la comida.
Mientras los días avanzaban y la llegada de Ranma era inminente, un nuevo habitante apareció. Kuno afirmó que Akane y Nabiki no le habían dicho toda la verdad, por lo tanto, él se quedaría con ellos hasta que alguien le comprobase que todo lo que Nabiki le había contado era cierto y, diciendo esto, se sentó junto a ellos.
– ¿De qué habla este muchacho? – preguntó Kasumi, intrigada. Kuno, roto por el dolor, les dijo que ya sabía de la muerte de la chica del cabello de fuego. Todos se miraron asombrados. ¿De dónde había salido toda esa historia? Akane se volvió a Nabiki y ésta suspiró. ¿Qué se puede hacer con ese loco?
– Mira, tu chica del cabello de fuego murió hace bastante. No podemos tener su cuerpo aquí, por razones obvias – explicó Nabiki –, ahora, si lo que quieres es una prueba, yo puedo conseguirla. Pero no te saldrá gratis – el descaro de Nabiki ya no sorprendía a nadie pero, al parecer, eso podría mantener a Kuno tranquilo, al menos por un tiempo.
– Lo que sea ¡Lo que sea! – contestó Kuno, mientras Nabiki se lo llevaba quizás donde. La familia respiró tranquila: no habían visto a Ranma por un largo tiempo, no era justo recibirlo así.
La noche anterior a la llegada de Ranma, Akane no pudo dormir bien. Estaba feliz de verlo de nuevo, recuperado pero también la acecahaba la incertidumbre de cómo ese hecho lo podría haber afectado. Ella sabía que la quería, se lo había dicho una sola vez, es verdad, pero se lo había demostrado con tantas acciones. Antes le preocupaban las otras "prometidas" de Ranma, Shampoo, la principal por ser ésta de personalidad avasalladora y ser bella. Pero lo de Shampoo se resolvió de una manera impensada. A Kodachi, en el fondo, nunca le temió. No era la persona más cuerda del universo, al igual que su hermano, y cada estupidez que hacía para atraer a Ranma lo terminaba alejando aún más. Y Ukyo, sí, ella le preocupaba, en parte, por ser quien mejor lo conocía, él confiaba en ella y se apoyaba en el recurso de ser su primera novia. Además, no estaba segura de si lo había acompañado en su viaje y, de ser así, porque a ella se lo había prohibido. Eran cosas que jamás lograría entender si no hablaba con Ranma. Sin embargo, en ese momento, estaba tan feliz y ansiosa porque llegase el siguiente día; todo lo que tuviese que preguntarle a Ranma lo dejaría para después. Ahora sólo necesitaba dormir para mañana estar perfecta.
v. v. v. v. v
Ranma y Ukyo llegaron a la ciudad a media tarde. A él le hubiese gustado irse inmediatamente a casa de los Tendo para ver a su padre pero ella le hizo ver que venían impresentables, que mejor tomaran un baño, se cambiaran de ropa y fueran a verlo. Terminó acpetando y partieron a la casa de Ukyo la cual estaba abandonada desde el momento en que se fueron y se notaba. Una vez dentro, la joven expresó el deseo de volver a trabajar ahí, necesitaba urgentemente hacer okonomiyaki. Ranma no le respondió, sólo le preguntó si le era posible bañarse.
– ¡Claro que sí! A eso vinimos ¿no? – respondió ella.
Ranma, fiel a la costumbre adquirida después de librarse de su cuerpo femenino, se bañó con agua fría. Dentro de la tina pensó en su padre, cómo lo miraría a los ojos después de lo que había hecho. Seguramente lo trataría de egoísta, aun cuando él no era el rey de los generosos, tampoco. De todos modos se sentía nervioso, temía que su padre lo rechazara. Eso sería un golpe duro. También tenía deseos de ver a los Tendo, a Shampoo y Ryoga. ¿Habría éste aceptado revelar al mundo su identidad como P-Chan? ¿Lo sabría Akane? No veía problema, antes no se lo decía por estar enamorado de ella pero ahora, él ya estaba feliz con su mujer. En fin. Y Akane ¿cómo estaría? Enfadada con él seguramente, por no haberle permitido ir. A estas alturas ya debía haber sospechado de que Ukyo lo había acompañado, si es que no lo sabía con certeza ya. Eran tantas cosas y una sola tarde para enterarse. También él tenía que comunicarles lo más importante: era todo un hombre ahora. Lo que siempre deseó y por lo que tantas veces engañó, robó, etc., ahora ya no era más que una pesadilla, un mal recuerdo. Comenzaba una nueva vida para él. Y para todos.
– Ran-chan, si ya estás listo, me puedes dejar el baño a mí. A menos que quieras estar presente en mi ritual – le dijo Ukyo de manera juguetona. Ranma se sonrojó y le cedió el espacio para ir a vestirse. El gran momento de presentarse ante todos, llegaba.
La casa Tendo estaba lista para el acontecimiento. Kasumi, Akane y Shampoo arreglaban los últimos detalles, todas vestidas con kimonos preciosos. Ryoga estaba con Genma y Soun, este último visiblemente emocionado por el regreso de su yerno, evento que daría paso, según él, a la última etapa del compromiso de Akane con Ranma. Nabiki intentaba lidiar con el maestro Happosai, quien intentaba comerse cuanta cosa pasara por sus ojos y con Kodachi y Kuno quienes, desafortunadamente, estaban también presentes: la primera porque estaba esperando para darle un recibimiento como su querido Ranma merecía y, el segundo porque aún no terminaba su periodo de duelo por la chica pelirroja. A cada momento que se acordaba de ella, comenzaba con el escándalo, exigiéndole a Nabiki que relatara una y otra vez las circunstancias de su muerte. Qué cuento le había contado Nabiki, era un misterio por ahora pero, al menos, lo mantenía tranquilo.
Cuando ya todos comenzaban a impacientarse por la tardanza de Ranma, éste apareció junto a Ukyo, algo que aclaraba todas las dudas acerca de si ella lo había acompañado o no. Lo había hecho y venía con una cara de felicidad que contrastaba con la de Ranma quien se veía nervioso, tenso. El recibimiento de su padre, entre otras cosas lo tenía así. Cuando Akane lo vio, su corazón dio un salto de alegría, a pesar de no poder esconder los celos que le provocaba el verlo junto a Ukyo y el que ésta le hubiese acompañado en un momento tan importante para él. No quería pensar en eso ahora, ya más tarde arreglaría cuentas con él. Ahora sólo quería felicitarlo y, si podía y él quería, abrazarlo. Ranma se acercó a su padre, pidiéndole que lo perdonara pero la oportunidad se había presentado sola, sin él buscarle. También se disculpó con Shampoo ya que, si él no hubiese intervenido, ella hubiese sido la beneficiaria de la cura. Ella o Ryoga, daba lo mismo. Ésto último lo dijo para saber si Akane ya sabía la relación entre Ryoga y P-Chan pero, al ver que no comprendía a qué venía ese comentario, simplemente entendió que esa parte de la historia seguía igual. Saludó al resto, sorprendiéndose de encontrarse a los Kuno ahí: Kodachi intentó saltar hacia él para besarlo. Sin embargo, su hermano la detuvo ya que necesitaba saber hasta qué punto estaba él involucrado en la muerte de la pelirroja. Ranma quedó mudo, sin saber qué decir. ¿A quién se le habría ocurrido dar semejante excusa? Cuando vio que Nabiki lo saludaba desde el corredor, lo entendió todo. Debería tener luego una conversación con ella para que le entregase todos los detalles de esa historia y no decir algo que alimentara la obsesión de Kuno. Una vez más.
Pronto llegó el turno de Akane quien estaba vestida con un kimono azul, bellísima. No quería mirarla, no quería que notara lo que le pasaba. La había extrañado mucho, mucho. Nunca podría saber cuánto. Pero no quería hablar con ella en ese momento, provocando una gran desilusión en la muchacha. ¿La estaba evitando? ¿Por qué?
En ese momento, Ranma comenzó a relatar su cambio. Debió hablar en clave para que Kodachi y Kuno no entendieran de lo que hablaba y no crearan mayores problemas.
– Debo comunicarles a todos que me fue muy bien en mi viaje. No lo pasé maravillosamente, fue muy duro a veces, pero aquí estoy, de vuelta, y ya recuperado de mi enfermedad –, todos se alegraron menos Kodachi quien comenzó a protestar porque nadie le había avisado que Ranma estaba enfermo; de haberlo sabido, ella lo hubiese cuidado y éste se habría recuperado sin necesidad de abandonar la ciudad. Nadie le prestó demasiada atención por lo que Ranma siguió con su discurso. Volvió a mencionar lo difícil que todo se le había hecho, pidió disculpas a su padre, Shampoo y Ryoga, al nombrarlo recordó que Akane aún no sabía del asunto y se quiso corregir. Todos comenzaron a sentir que todo eso era algo muy extraño: que Ranma hablara tanto y se diese tantas vueltas. No era normal.
– Bueno, ella es quien me acompañó en toda esta aventura y fue un gran apoyo para mí– Ranma seguía. ¿Qué sentido tenía el presentar a Ukyo cuando ya todos la conocían? Akane tuvo la corazonada de que algo no andaba bien y así era.
– Ukyo es ahora mi esposa.
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