Disclaimer
Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi de su obra Ranma 1/2. Sólo los utilizo para mi propio entretenimiento y el de los que leen. No obtengo ningún beneficio monetario por ello.
Se aceptan todos los comentarios y críticas que sean hechas con respeto. Comentarios ofensivos serán ignorados. Muchas gracias.
Nota: Esta historia está estrechamente relacionada con otras escritas por mí y posteadas en este lugar: Hasta siempre: Una historia sobre Mousse (con algunas variantes); No era vida antes de ti y Aquí, allá y en todas partes (aparecida en Ranma, Akane, Mousse y otras diversas historias de amor (O desamor)). También, en parte, Deberías haberlo imaginado. De todos modos, no es necesario leerlas para entender el plot de este escrito.
¿Por qué?
Amor de mi vida, me heriste.
Me has destrozado el corazón,
Y ahora me abandonas.
Amor de mi vida, ¿no lo puedes ver?
Tráelo de vuelta, tráelo de vuelta.
No te lo lleves lejos de mí,
Porque no sabes
Lo que significa para mí.
Queen - Love of my life
Al oír las palabras de Ranma se produjo un silencio denso, pesado que sólo se vio interrumpido cuando la bandeja que Akane tenía en las manos se vino al suelo, haciéndose añicos. Shampoo se tapó la boca con la mano, en señal de incredulidad, Ryoga miró a Ranma con odio: de haberlo podido matar, lo hubiese hecho. Soun y Genma se miraban sin lograr entender lo que salía de la boca de Ranma ¿Había dicho que Ukyo era su esposa?
– ¿Es una broma? – dijo Genma –, si lo es, es de muy mal gusto.
– Es la verdad – contestó Ranma mirando hacia el suelo. Nadie sabía lo mucho que le costaba estar parado ahí, en frente de todos los que, de algún modo, apreciaba y diciendo todo lo que estaba diciendo. Nadie tampoco sabía qué hacer o qué decir excepto por Kuno quien vio la desgracia por la que estaba pasando Akane como un triunfo propio. Aún le dolía lo de la chica pelirroja, siempre la llevaría en el corazón, pero la vida le estaba dando una nueva oportunidad y el no la desaprovecharía. Ranma lo miraba con cara de fastidio: era la última persona a la que hubiese esperado encontrar ahí, en un momento tan delicado, tan íntimo. Ni decir de su hermana que estaba armando una revuelta, amenazando con matar a Ukyo, con echar abajo la casa. Ella nunca la reconocería como la esposa de Ranma ¡Eso jamás!
En medio de todo aquel alboroto, Ranma miró a Akane quien seguía frente a él, tratando de sujetar las lágrimas para que no pudiese ver que la estaba matado de dolor. Bajó la cabeza, sin aguantar los sollozos y se fue a la cocina, desconsolada. Ranma iba a salir tras ella pero Kuno y Soun se lo impideron.
– ¡No te atrevas a acercarte a mi hija! – gritó el padre de Akane, fuera de sí, listo para matar a su, ahora, ex yerno.
– No entiendes que necesito hablar con ella, a solas – le suplicó Ranma.
Kasumi y Nabiki convencieron a su padre de que era mejor que lo hiciera. Ranma debía explicarle a Akane, si eso se podía realmente, cómo y por qué las cosas llegaron al extremo en el que estaban. Soun cedió y lo dejó pasar. El camino hasta la cocina, que tantas veces había recorrido, se volvió eterno. Ahí, encontró a Akane con las manos apoyadas en la mesa de la cocina, con la cabeza gacha, ya sin esconder las lágrimas. No sabía cómo acercarse, qué decirle, cómo empezar. Ella reconoció los pasos de Ranma.
– ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No te bastó con la escena de hace un momento atrás?
– ¿No me vas a saludar? – fue todo lo que atinó a decir. Insólito. Además quería que lo saludara.
Ranma se notaba nervioso, no sabía qué decir. En realidad, sabía qué decir pero desconocía el modo.
– ¿Recibiste mis cartas? – continuó diciendo. Para Akane todo esto era increíble. Acababa de decirle que se había casado con otra y se ponía preguntar por sus famosas cartas. Ranma entendió el mensaje, no era por ahí por donde debía partir. Akane le facilitó las cosas.
– ¿Por qué, si yo te lo pedí de todo corazón, preferiste irte con Ukyo y no conmigo? – Akane ya no disimulaba su llanto, no le importaba nada; que él la viera así, nada.
– Eso tiene una explicación. No era mi intención que ella fuera con nosotros pero, estaba en el lugar y en el momento preciso. O equivocado, todo puede verse desde dos perspectivas–. Ranma comenzó a contar lo que aquella noche había sucedido. Él y el viejo iban a China cuando éste notó que alguien los seguía. Era Ukyo. Por más que trató de pedirle que se fuera, ella simplemente se negó. Ilusamente creyó que el anciano la espantaría pero, con solo verla, pareció conmovido por ella y la dejó acompañarlos. Después de algunos días de travesía, llegaron. No tuvo mucho tiempo para descansar pues se lanzó inmediatamente a la aventura de ir por el agua del pozo del hombre ahogado. Aunque Ukyo quería acompañarlos, el viejo no la dejó; era mejor que se quedara con su esposa y así lo hizo. Ranma relató todo lo que tuvo que pasar para convertirse en un hombre y cómo lo había logrado. Al volver a la casa de los ancianos, se dio cuenta de que la mujer mayor le había tomado mucho cariño a Ukyo. Ésta le había contado que era la prometida de Ranma pero que sufría por el acoso de las otras novias, una exactamente;, a esas alturas Shampoo estaba fuera del camino. Después se fue enterando de que estos viejos habían tenido una hija, muerta desde hace muchos años la que, según ellos, se parecía mucho a Ukyo. Ranma entendía por qué entonces el viejo la había dejado ir con ellos; veía a su hija en ella.
– El paso desde que el señor mostró cariño por Ukyo a tu matrimonio con ella no me queda claro aún – le dijo Akane.
Ranma prosiguió. Antes de salir de la ciudad el viejo lo había hecho prometer que si conseguía curarlo, él tendría que hacer lo que le pidiera. Era tanta su desesperación por sacarse la maldición que lo hizo, no lo pensó mucho más. Para su desgracia, cuando el viejo le cobró la palabra, su petición fue que se casara con Ukyo. ¿Qué más podía hacer? Estaba atado de manos. Aunque eso lo destruyera; debía cumplir con su palabra empeñada.
– ¿Y tú vas por la vida prometiendo cosas sin saber lo que te van a pedir, como si firmaras un cheque en blanco? – le gritó Akane enfurecida. La triste realidad es que así había sido. Akane le preguntó si no se le había ocurrido, en algún momento, la posibilidad de haberse negado. No podía, él había hecho una promesa. Ryoga podría entenderlo. Akane se enfureció aun más ¿Qué tenía que ver Ryoga en todo este asusto? ¿Acaso él sabía algo? No, por supuesto que no. Ranma pensaba en la promesa que él le había hecho a Ryoga de no delatarlo con su secreto de ser P-chan, y la había cumplido aunque esto significaba que durmiera con ella, a veces. Luegó notó que no tenía nada que ver con su asunto porque Akane nada sabía de eso.
– Akane, yo te envié unas cartas tratando…
– Las cartas. ¿Vas a seguir con la estupidez de las cartas? Además en ellas, nada claro decías. Aunque, pensándolo mejor, pedías que no te rechazara por tu situación actual. Ahora veo cuál es tu situación actual.
Ranma no decía nada, cada palabra que pronunciaba era peor que la anterior. No sabía qué hacer, él no estaba enamorado de Ukyo, eso ella lo sabía, pero tampoco pudo romper su promesa. Y salió contando un cuento de un hombre que alguna vez tuvo que hacer algo peor: sacrificar a su hija porque así lo había prometido, cuento que, por supuesto, a Akane no le interesó escuchar.
– Antes de comprometerte con Ukyo, tu padre le había dado su palabra al mío de que nos casaríamos. ¿Esa promesa para ti no vale?
– Akane, entiende. Esta vez no fue mi padre el que dio su palabra sino yo. Yo me vi atrapado en esta situación, tuve que cumplir, responder. Tú sabes cuánto deseaba ser un hombre normal.
No tenía que recordárselo, lo sabía. Eso era lo más importante en su vida. Más que cualquier otra cosa.
– Y durante ese periodo, es decir, cuando le hacías la famosa promesa a tu viejo ¿no te acordaste de mí? ¿De que pudiese ser algo que nos separara definitivamente?
Ranma miró hacia otro lado, no quería reconocerlo pero tampoco podía mentirle.
– No…
Akane montó en cólera, ya no necesitaba saber nada. No quería verlo nunca más.
– Vete, no quiero volver a verte. ¡Eres un egoísta que sólo piensas en ti! Ese hombre venía a buscar a Shampoo para entregarle el secreto y tú se lo robaste y después, hace que te casas con otra mujer sólo porque se parece a su hija muerta y tú no haces nada para impedirlo. Lo que había entre los dos para mí era importante pero veo que no era recíproco ¡No quiero verte nunca más Ranma Saotome! – le gritó mientras lo sacaba a empujones de la cocina.
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En el comedor, Ukyo estaba sola frente a un batallón de gente que la miraba de manera hostil. Kodachi, incluso, tuvo que ser sacada de ahí para evitar que hiciera algo contra ella. Sabía que muchos no tomarían bien la noticia de su casamiento con Ranma pero no pensó que todo se desarrollaría así. Creyó que debería luchar con todas las "novias" de Ranma, y venía preparada para ello. Pero esa frialdad, era demasiado dolorosa. Miraba a todos a su alrededor: Soun lloraba mientras Genma intentaba consolarlo. No eran esta vez los llantos exagerados de otras veces; se notaba que la situación le estaba haciendo muy mal. En frente, estaba Shampoo quien la miraba con cara de querer lanzarse sobre ella a despedazarla, en cualquier minuto Afortunadamente, Ryoga la tenía sentada sobre sus rodillas, dudaba de que él la dejase hacerle algo. Nabiki la ignoraba. Sólo Kasumi fue amable con ella, pero Kasumi era amable con todos.
– Cuéntame Ukyo, ¿hace cuánto tú y Ranma se casaron?
– Sólo dos semanas.
– ¿Y en dos semanas el irresponsable de tu hijo no fue capaz de decir que había roto unilateralmente su compromiso con Akane, su verdadera prometida, y se había casado con otra? – le reprochó Soun a Genma.
– Lo que usted dice no es verdad. Ranma y yo somos novios desde que éramos niños. Su propio padre aceptó el acuerdo con el mío No se hará el desentendido ahora, me imagino – Ukyo defendió su derecho de prometida ante Soun y le lanzó una mirada a Genma. Era justo que él interviniera. Pero Genma, y como casi siempre, no se hizo cargo de sus actos. Ukyo se sentía muy sola; la juzgaban por amar a Ranma y haberse convertido en su esposa,; eso era lo que siempre debió haber sido. Ella era la prometida original, después apareció Akane y luego Shampoo que nunca fue su novia, eso había sido sólo parte de la imaginación de ella. Al oírla, Shampoo saltó como una fiera y si Genma no se interpone, la mata. Ryoga salió a tranquilizarla. Ukyo no quería pelear, sólo quería que su suegro y todos aceptaran lo que había pasado. Ella no había hecho nada malo, no engañó a nadie, y mientras lo decía miraba a Shampoo; Ranma sólo le propuso matrimonio y ella aceptó. Eso era todo.
– Podrías haberte detenido a pensar en el sufrimiento de los otros ¿No te importó Akane? ¿O el mismo Ranma? – Ryoga intervinó, recordándole implícitamente que Ranma no la amaba.
No era que no le hubiese importado. Las cosas se dieron, en ese momento y ella tomó su oportunidad. El único que parecía entender su posición era Kuno Tatewaki quien decía que ese comportamiento era típico de Ranma: las engañaba a todas y luego no se hacía responsable con ninguna. Así lo había hecho con la chica del cabello de fuego, así lo hizo con Akane. La verdad siempre termina por salir a la luz. Mientras seguía con su monólogo, Ranma apareció, visiblemente afectado. Se notaba que su reunión con Akane no había sido de las mejores, lo cual era de esperarse. En cuanto lo vio, Kuno se le fue encima pero fue detenido por Soun. Y fue el mismo quien le dio la lección a Ranma. Nadie hizo nada por detenerlo ni el mismo Ranma. Si los golpes podían arreglar los errores pasados pues que entonces lo matara.
– Nunca te perdonaré lo que le hiciste a mi pequeña – dijo Soun. Ranma lo sabía y lo aceptaba, era el precio a pagar.
– Creo que es mejor irnos, Ukyo – fue todo lo que dijo el muchacho mientras tomaba a su ahora esposa del brazo. No podía quedarse ni un minuto más ahí, no tanto porque se sintiera incómodo sino por el sufrimiento que les estaba causando a todos, especialmente a Akane y a la misma Ukyo que se sentía juzgada y culpada por todos. Su esposa asintió y se dipusó a marcharse con él. Nadie lo detuvo o hizo la menor señal de despedida.
– ¿Te vas con nosotros, papá? – le preguntó Ranma a Genma. Éste miró a Soun, a las niñas Tendo, pensó en Akane.
– No, me quedaré aquí – fue la escueta respuesta.
Ranma sintió que la sangre le hervía. Su padre tenía una gran cuota de responsabilidad en todo esto y, en vez de apoyarlo, le daba la espalda. Está bien, no lo necesitaba. Serán Ukyo y él, y nadie más. Aunque eso le rompiera el alma.
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Poco a poco los invitados a la fiesta de bienvenida comenzaron a retirarse excepto Kuno que se empeñaba en quedarse ahí por el asunto de su duelo y, ahora, para estar cerca de Akane. Nadie sabía cómo podía permanecer ahí, sin ninguna vergüenza. Nadie tampoco, hasta ese momento, sabía que Nabiki le cobraba una renta por quedarse en su casa. En el estado en el que se encontraban las cosas, a ninguno de los Tendo le importaba que estuviera ahí, aportando en nada.
Shampoo y Ryoga llegaron al Café del Gato ya entrada la noche. Apenas hubieron entrado, Shampoo golpeó un jarrón que estaba cerca, haciéndolo trizas. Ryoga la miró asombrado ¿a qué venía eso? ¿Estaba Shampoo celosa?
– ¡Hasta que al fin lo consiguió! Cuando todo el mundo me culpaba a mí, me llamaban tramposa, embustera, Ukyo estaba ahí, dándoselas de la mejor amiga de Ranma y mira tú con lo que salió – dijo dándole un golpe a unas de las mesas, tan fuerte que casi la parte en dos. Ryoga la miraba preocupado: en su corazón sentía que Shampoo estaba teniendo un ataque de celos, por Ranma. Los temores del principio volvieron. Shampoo lo notó y le aclaró las cosas.
– No es por Ranma, es por Ukyo – dijo mientras lo abrazaba –. Siempre supimos que Ranma estaba enamorado de Akane, me costó aceptarlo pero, ya ves, tengo una vida nueva. Tenemos. Creí que Ukyo también lo había hecho pero no fue así. Esta vez llegó muy lejos. Ella sabe que Ranma no la quiere.
– Ranma también debe estar sufriendo pero, en el fondo, el único culpable de esta historia es él. Supongo que es un peso con el que deberá cargar – agregó Ryoga, más tranquilo, sabiendo que, al parecer, la actitud de Shampoo se debía a la profunda enemistad que desde siempre había tenido con Ukyo. En todo sentido. Viéndolo más tranquilo, Shampoo le dijo a Ryoga que fuera a dar una vuelta a la casa de los Tendo, así aliviaría en algo el dolor de Akane.
Akane estaba tendida sobre su cama, aún tratando de procesar todo lo que había sucedido. "Ukyo es mi esposa", "fue una promesa que tuve que cumplir" , "yo te envié unas cartas"... Todas esas frases volvían una y otra vez a su cabeza. Sintió la puerta, no quería ver a nadie, gritó. Era Kasumi, le traía té para relajarse. No quería nada. Sí, había una cosa que quería: morirse. Kasumi le reprochó que tuviera tales pensamientos a su edad pero ¿qué podía hacer? Seguir con su vida y aceptar que Ranma no era parte de ella. Akane abrazó a su hermana; creía que ese dolor que sentía no la abanonaría, no la dejaría vivir. Kasumi entendía a su hermana pero tenía que aceptarlo. Ranma estaba casado con otra mujer ¿intervendría ella en su matrimonio? Akane sacudió la cabeza: no, nunca. La mayor de los Tendo le indicó que todo estaba tan reciente, que esperara unos días, ya vería cómo el dolor se aplacaría…
Sintieron un ruido en la ventana. Akane fue a abrir. ¡Era P-chan! ¡Qué alegría verlo!
– Las cosas no han estado bien por aquí, P-chan – le contó Akane sollozando –: Ranma se casó con otra –. P-chan movía sus patitas y chillaba. Él sabía tan bien por lo que pasaba Akane. Ésta lo abrazaba, pero el cerdito no dejaba que lo hiciera tan de cerca. Akane había notado que, desde hace un tiempo, P-chan estaba extraño: no quería que los abrazara tan fuerte y, las pocas veces que dormía en la casa no lo hacía junto a ella sino a los pies de su cama. ¿Sería que P-chan habría encontrado a una cerdita para él? Bueno, era más bien una gatita. Kasumi, viendo que su hermana se mostraba algo más calmada, la dejó sola para que descansara. Si podía.
Mientras eso pasaba en la casa de los Tendo, Shampoo fue a hacer justicia con sus propias manos. Es cierto, se había acercado algo a Akane durante el último tiempo, especialmente por Ryoga, pero la antipatía que sentía por Ukyo, esa, no había cambiado. Sin preguntar ni nada se metió por una de las ventanas.
– ¿Interrumpo? – fue todo cuánto dijo.
– ¡Shampoo! ¿Qué haces? ¿Sabe Ryoga que estás aquí? – le preguntó Ranma sorprendido. No quería pensar que Shampoo empezaría de nuevo con su obsesión por él, sería demasiado.
– No, y no tiene por qué saberlo. ¿Se lo vas a contar tú? No creas que vine por ti – le dijo a Ranma –, no seas tan egocéntrico. Vine a buscar a esta señorita. O señora, más bien. Ukyo se puso a la defensiva ¿qué podía querer esa mujer ahí? Simplemente hacerle ver que era una criatura despreciable. Había dicho que se quitaría del camino, que aceptaba que Ranma estaba enamorado de Akane y ahora salía con esto. Ukyo suspiró fastidiada ¿era necesario contar todo de nuevo?
– ¿Tanto te importa ella? ¿No será que estás aquí por ti? – le restregó Ukyo en la cara.
Shampoo se rió a carcajadas. Ella tenía a su hombre, si estaba ahí era porque quería decirle unas cuantas verdades a la cara. Ukyo le respondió que podían arreglarlo cuando quisiera y tomando su espátula y Shampoo sus chui, que sepa Dios dónde los tenía, se dispusieron a combatir sin saber realmente el sentido de aquéllo. Ranma intentó detenerlas pero le fue imposible. Luego de unos minutos de lucha, y viendo que Shampoo inminentemente derrotaría a Ukyo, decidió intervenir en favor de su esposa. Golpeó a Shampoo en la base de la nuca para calmarla pero, al parecer fue demasiado, Ésta cayó desmayada. Ante el horror de creerla muerta, Ranma intentó hacerla respirar. Sí. estaba viva.
– Tengo que llevarla al café – le dijo a Ukyo y ésta insistió en acompañarlo. Salieron hacia allá, Ranma con Shampoo en brazos y Ukyo a su lado. Ésta esperaba que Ryoga no se enfureciera con Ranma y se pusieran a pelear, ya no quería más sobresaltos ese día. Una vez allá, llamaron a la puerta pero nadie salió a abrirle. ¿Dónde diablos se había metido Ryoga a esa hora? Ukyo y Ranma se miraron: si no se había perdido, como ya era costumbre, había sólo un lugar en donde buscarlo. Ukyo pretendía ir con él pero Ranma lo consideró innecesario por lo que le pidió que no fuera, para evitar mayores problemas. Ukyo quedó abatida. ¿Iriá Ranma por Shampoo o por Akane? Se tranquilizó pronto: Ranma era su marido, debía confiar en él.
En cuanto llegó a las casa de los Tendo, y sin olvidar aún la costumbre, Ranma llamó a Akane. Ésta, en su habitación, no podía creer el descaro de Ranma. Decidió no salir, a pesar de que sonaba desperado.
– ¡Akaneeeeeee! ¿Has visto a Ryoga? – le gritó. Akane se sorprendió. ¿Por qué debería saber de Ryoga a esas horas? ¿No debería estar en el Café del Gato?
– ¡Fui a buscarlo y no lo encontré. Se trata de Shampoo! – al oír el nombre de Shampoo, P-chan se deseperó e intentó salir pero Akane no lo soltó ni tampoco salió. No quería verlo. Luego lo pensó mejor, podía ser importante. Miró por la ventana y vio a Ranma con Shampoo en brazos, al parecer inconsciente. P-chan estaba desesperado, intentando zafarse de los brazos de Akane pero no podía.
– ¿Qué te pasa P-chan? ¿Por qué actúas así?
Por mientras, los Tendo en su totalidad salieron a ver el escándalo que Ranma armaba en la calle. Soun, que ya no soportaba mirarlo a la cara, se fue descontrolado encima de su ex yerno preguntándole si no había sido suficiente el sufrimiento y la humillación que había hecho pasar a su pequeña Akane en la tarde. Ranma insistía en que necesitaba saber si Ryoga estaba ahí. Pero si le habían dicho que no ¿a qué se debía tanta insistencia? Además ¿por qué deberían saber ellos algo de Ryoga? Estaba loco. Akane dejó un momento a P-chan sobre la cama para asomarse con mayor comodidad y ver qué era lo que estaba pasando y éste aprovechó de escapar. En cuanto Ranma vio que P-chan saltaba el muro del jardín, se fue. No sin antes darle una mirada a Akane, que estaba allá arriba, mirándolo. Recordó la escena de Romeo y Julieta aquella vez.. No, no podía quedarse en eso; era todo parte del pasado. Debía sacar de su mente esos recuerdos que tanto le dolían. Se despidió de todos y se fue. Akane, al ver que Ranma ya no estaba, se sentó en su cama y los deseos de llorar volvieron. Fue a tomar a P-chan y éste no estaba. Ni P-chan se quedaba para consolarla.
Ryoga llegó un poco antes a su casa para salir de la forma P-chan. Cuando vio a Ranma con Shampoo en brazos, de inmediato pensó que éste algo le había hecho.
– ¿Qué le hiciste? ¿Por qué está así? – le gritó desesperado.
– No quería dañarla, fue sólo pequeño toque – le contestó Ranma sintiéndose culpable.
– Pero ¿por qué? – Ryoga estaba furioso y descontrolado. Ranma le contó que Shampoo llegó a su casa y se enfrascó en una pelea con Ukyo y él, al ver que su esposa podía salir herida, intervino. Sin embargo, no quería hacerle daño, se lo juraba. Ryoga lo miró extrañado, ¿qué hacía Shampoo en casa de Ranma? No lo sabía, sólo llegó. En tanto conversaban, Shampoo dio muestras de estar recuperando la consciencia.
– Ya está volviendo en sí – dijo Ryoga –, puedes irte. Muchas gracias – agregó bruscamente. Ranma comenzó el camino de vuelta a su casa dejando a Ryoga con más dudas que tranquilidad. ¿En qué andaba Shampoo? ¿Le había pedido que fuera donde Akane sólo para ir a la casa de Ranma? ¿Le habría mentido para estar con él? Tendría que esperar a que recuperara bien el conocimiento para preguntárselo. Por mientras, la espera se le haría eterna.
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El tic tac del reloj estaba impacientando a Ukyo. Ranma había salido de casa hace ya mucho y no daba señales de volver. Las dudas la acosaban ¿Habría visto a Akane? ¿Sería esa la causa de su tardanza? Trató de calmarse, de decirse que ahora ella era su esposa, que Ranma jamás la traicionaría. No, no lo haría. Pero el solo pensar que Ranma estuviese con Akane en esos momentos, la mataba de angustia, de desesperación. Debía encontrar la manera de calmarse y para eso decidió tomar un baño. Mientras estaba en eso, sintió que Ranma volvía. Le dijo que estaba ahí, que la esperara. Ranma se sentó en la cama, extenuado. Había sido mucho para un solo día: enfrentar a su familia, a Akane. Y a última hora aparece Shampoo con su eterna manía de causar problemas cuando menos se necesitaban. Mientras pensaba sobre eso, Ukyo apareció frente a él, sólo con su salida de baño. Lo miró fijamente y se la quitó, quedando ante él completamente desnuda. Ranma se quedó con la boca abierta.
– Soy tu esposa y creo que ya has pospuesto demasiado este momento – le dijo Ukyo –, primero me decías que era porque querías volver a tu casa, hablar con tu padre, con Akane. Todo eso ya sucedió. No veo la razón para que sigas prolongando esta espera.
Era cierto, ya no podría negarse más. Le costaba ver a Ukyo como mujer: ella siempre había sido su amiga de infancia. Pero ahora cumplía otro rol en su vida y ya no podría hacerse el tonto. Se acercó a ella, la besó, lentamente en un principio y luego cada vez más apasionadamente, envolviéndola con su brazos, tomándola suavemente por la cintura hasta dejarla sobre la cama, mientras él se quitaba la ropa y se recostaba sobre ella. Había llegado la hora de la verdad para él.
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