Disclaimer
Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi de su obra Ranma 1/2. Sólo los utilizo para mi propio entretenimiento y el de los que leen. No obtengo ningún beneficio monetario por ello.
Se aceptan todos los comentarios y críticas que sean hechas con respeto. Comentarios ofensivos serán ignorados. Muchas gracias.
Fuiste tú quien puso las nubes sobre mí
Estaba todo listo para la velada especial en casa de los Tendo. Sólo la familia, la que incluía a Genma y al autoinvitado Kuno. Y, por supuesto, el invitado estelar, el doctor Tofu. Era el día en que Soun le plantearía al doctor el tomar a su hija Kasumi como esposa. No debía ser un trabajo díficil: Kasumi lo quería y él la adoraba, de eso no había mayor duda. El problema era hacerlo mantenerse en sus cabales para que comprendiera totalmente lo que se le iba a decir. Kasumi preparó una comida especial, con la amorosa ayuda de Akane, la que sólo la ayudó a organizar, claramente. Además, Kasumi se puso su mejor vestido aunque ella siempre se veía preciosa, no importaba lo que vistiera.
Akane buscó también el mejor vestido que tenía porque estaba convencida de que ese día Kasumi y el doctor por fin se comprometerían después de tanto tiempo de espera y, bueno, de paso, ella no tendría que ser la que tuviese que casarse para salvar el dojo. Para Kasumi no era un sacrificio, para ella sí.
El primer obstáculo con el que se encontraron fue la tardanza del doctor en arribar. Se supone que todo estaba fijado para las ocho de la noche pero del doctor no se veían ni luces. Empezaron a impacientarse; la ansiedad comenzó a apoderarse de ellos, todos nerviosos. Soun caminaba de un lado para otro mientras Akane rogaba a quien fuera para que el doctor no echara pie atrás.
– ¿Le dijiste la razón de la invitación, papá? – preguntó a Akane, muy tensa. Por supuesto que no lo había hecho, de hacerlo, se arriesgaban a una nueva payasada del doctor. La posición en la que se encontraban era arriesgada. Y ni hablar del doctor que llegaría a la casa para una visita normal sin saber que Soun buscaba que saliera de ahí comprometido y, de haberse podido, ojalá casado con su hija mayor. La única que conservaba la calma era, además de la misma Kasumi, Nabiki: tenía tantas opciones que, de caerse una, habían muchas donde elegir. Para ella, la mejor de todas era Kuno Tatewaki, el único verdadero rico.
Finalmente, llamaron a la puerta. Todos se sobresaltaron. Había llegado el momento. Soun fue a recibir al doctor que se veía algo sorprendido por tanta formalidad.
– Así es siempre, hijo – Soun ya estaba dando por hecho que las cosas funcionarían –: cuéntame ¿cómo has estado? ¿cómo han estado las cosas en el hospital? El doctor Tofu se sintió algo desconcertado ya que Soun jamás había sentido interés alguno por el hospital. Contestó que todo iba bien, sin novedades.
– Doctor Tofu, qué bueno que haya podido venir a cenar con nosotros. Hace mucho tiempo que teníamos deseos de que nos acompañara: ahora al fin se pudo – le dijo Akane de manera amable y genuina. Se notaba en su rostro algo de ansiedad.
– Gracias Akane. Para mí fue una sorpresa y a la vez un honor recibir la invitación – contestó el doctor con su habitual cordialidad.
Por ahora, las cosas iban bien. El doctor actuaba como siempre. Sin embargo, el momento iba a llegar; Kasumi tendría que aparecer. Ojalá el doctor conservara un mínimo de cordura hasta que eso pasara. El plan de Soun era hacerle saber a Tofu de sus intenciones antes de que viera a Kasumi, de este modo, podría obtener una respuesta estando el doctor en su sano juicio. Todos sabían que el doctor estaba enamorado de Kasumi, no se negaría a casarse con ella.. Una vez sucedido aquéllo, podía ver a Kasumi sin problemas: el compromiso estaría cerrado.
Las cosas no siempre resultan como se planean, por más empeño que se ponga en ellas. Por obra de una mente despiadada, Kasumi apareció antes de que Soun siquiera hubiese empezado su discurso. El doctor, al ver a la mayor de las Tendo, perdió la razón y comenzó a comportarse de la forma en que siempre lo hacía cuando la veía. A Kasumi le gustaba la forma de ser del doctor, le parecía graciosa pero todos los demás sabían que el plan estaba ya medio arruinado.
– Kasumiiiiiii ¿cómo estás? – y el doctor fue hacia a ella con la intención de ayudarla a poner la mesa pero se fue directo sobre ésta trayendo junto a él vasos, platos en medio de un ruido infernal de lozas quebradas. Nabiki y Kuno sonrieron disimuladamente mientras Akane, después de intentar recoger algunas cosas, se sentaba en el piso, desconsolada. Esto no iba a resultar. Era ya evidente.
– Doctor Tofu ¿tiene usted intenciones serias con mi hija? – Soun tuvo que tomar el toro por las astas si quería que las cosas resultaran. El doctor sonrió mientras suspiraba eternamente.
– ¿Su hija? ¿Quién es su hija? ¿Eres tú? – decía mientras tomaba la mano de Nabiki. Kasumi sonreía con las ocurrencias del doctor mientras Akane y Soun sentían que se morían en ese mismo momento. El señor Tendo sabía que no podía comprometer a su hija con el doctor en ese estado: podría ser hasta declarado interdicto y el matrimonio nulo. El problema era que Tofu nunca actuaba de otra forma teniendo cerca a Kasumi. He ahí la razón por la cual necesitaban que el doctor aceptara antes de caer en su estado de locura. No fue así. Desconsolados se sentaron a comer lo que se había salvado del accidente mientras escuchaban al doctor hablar de innumerables estupideces que a Kasumi le parecían lo mejor del mundo, olvidándose que su compromiso era irrealizable por esas mismas razones.
Akane miró el rostro abatido de su padre. Sabía que nunca la obligaría a casarse con nadie más que no fuera Ranma aunque eso significase que perdiera su dojo. Ahora que lo del doctor y Kasumi, como era esperable, no había funcionado y con Nabiki completamente cerrada a la idea de casarse, aunque eso significara perder el trabajo de toda la vida de su padre, cedió.
– Papá, llama a tu primo y su hijo. Estoy dispuesta a conocerlo – dijo resignada y abatida a la vez. No podía hacer más. Eso ya era demasiado.
v. v. v. v. v
– Mira Akane, creo que estás sobredimensionando un poco las cosas. Aún no conoces a ese pobre Susumu y ya lo estás rechazando. Deberías darle una oportunidad. Quizás te guste – Mousse aconsejaba a Akane mientras preparaba unos fideos en el café de Shampoo. Había vuelto a trabajar ahí como cocinero y mesero, en conjunto con Ryoga, mientras Shampoo repartía. Le explicó que Shampoo se estaba volviendo algo celosa y no dejaba que Ryoga saliese a repartir por miedo a que se perdiera y no pudiera volver a su casa. Akane le pareció algo lógico: cuando Ryoga se perdía lo hacía en serio. Ahí estaba ahora el pobre, con un montón de papeles, sacando cuentas.
– Pero Mousse, siento que es injusto. Yo puedo hacerme cargo del dojo. Tengo todas las capacidades. ¿Sólo por ser mujer no puedo? – preguntó entristecida. Mousse veía el punto. Akane estaba dolida por partida triple: por no poder hacerse cargo del dojo de su familia ella misma. Dos, porque para poder hacerlo tenía que casarse. Tres, porque la persona con la que ella hubiese querido casarse ya no estaba disponible. Era un verdadero desastre, debía admitirlo.
– ¿Y cuáles son las otras opciones que tienes? – suspiró Mousse, lamentando la suerte de su amiga.
– Buena, una es el primo Susumu o – respiró hondo – o Kuno Tatewaki.
– ¿Y por qué él? – ésa sí que era una mala noticia.
– Porque es el único que quiere hacerlo. ¿Te das cuenta? Estoy entre la espada y la pared: ahora con el fracaso del compromiso de Kasumi y el doctor Tofu, la única alternativa para que mi padre no pierda el dojo soy yo. Y debo elegir entre una persona a la que no conozco, pero a la que Nabiki describió como un tonto, o Kuno que es aun más tonto. Porque nadie puede ser más tonto que él – lloriqueó Akane.
Vaya que estaban difíciles las cosas para Akane. Y en gran parte por culpa de Ranma Saotome y su cabeza loca. ¿Y si él pudiese descubrir la verdad del matrimonio de Ranma y Ukyo antes de que ésta se casara? Pero ¿y si no había nada raro más que la lengua ligera de Ranma para prometer cosas que después se le hacen imposibles de cumplir? Lamentablemente, Mousse no tenía certeza de nada.
– Lo único que puedo decirte es que intentes conocer a tu primo. Quizás no es tan tonto como Nabiki dice. Es más, creo que exagera a propósito para que te desanimes y elijas a Kuno.
– De todos modos, mi padre no está tan de acuerdo. Según me contó, su primo Yasuhiro es un especialista en echar a perder todo lo que toca, además de ser muy ambicioso. Y si su hijo es un títere de él, no sé en qué puede terminar todo esto. Nada bueno, eso es seguro.
– Akane, no tienes más alternativa: conoce a tu primo. Después de eso, veremos qué hacer. ¿En realidad Kuno no es una opción para ti? – preguntó por si las moscas.
– ¡Claro que no! – lloriqueó doliente. Mousse creía entender lo que estaba pasando, por lo mismo, la invitó a comer fideos. No había nada que unos fideos cocinados por él no pudiesen curar.
– No entiendo cómo el doctor Tofu puede desperdiciar la oportunidad de casarse con una mujer tan bella como Kasumi. Si yo fuera él, me caso con ella ahora mismo – bromeó Mousse mientras comía su porción. Akane sonrió: Mousse estaba tan loco como el doctor Tofu. De los dos no se hacía uno pero ambos eran muy divertidos.
Por otro lado, Nabiki y Kuno estaban bastante satisfechos con lo que había pasado con el doctor Tofu. Nabiki no tenía nada en contra de él, aparte de considerarlo un demente, pero las cosas salieron como tenían que salir. Ahora, esperaba que Akane se hubiese hecho una concepción bastante negativa del primo Susumu, a partir de su propio relato, y desechara la alternativa de casarse con él. Entonces, era el turno de Kuno. Quedaba todo en sus manos. Quizás podía verse egoísta de parte de Nabiki lo que estaba haciendo pero ella no lo consideraba así. Akane estaba enamorada de un hombre prohibido para ella, ¿iba a estar lamentándolo eternamente? Claro que no: era joven, bonita; tenía la vida por delante. Ahora se le presentaba la oportunidad de tener un nuevo novio, salvar el dojo y, de paso, sacarle celos al idiota de Ranma; que se diera cuenta de lo que había perdido por estúpido. Muy bien, como el primo Susumu no tenía donde caerse muerto, lo mejor era que se casara con Kuno. Él era rico y tonto, podría hacer lo que quisiera con él. Kuno, por otra parte, pensaba que la única que podía curar la desilusión que la muerte de la chica de la trenza le había provocado era Akane. Con los planes listos, había que celebrar. No había un mejor lugar que el restaurante de Ukyo. Evidentemente, Nabiki hizo todo esto con dolo.
– Hola Ranma ¿cómo estás? – le dijo Nabiki una vez dentro. Ese día, Ranma había decidido ayudar a Ukyo, en parte porque se había ofendido con el comentario de Mousse, ese de que él no hacía nada. Además, así no pensaba tanto.
– Hola – respondió Ranma. No le gustaba que Nabiki estuviera ahí, lo ponía nervioso.
Kuno y Nabiki pidieron comida para un regimiento. ¿Qué demonios les estaba pasando? Simple. Nabiki le explicó que muy pronto Kuno se casaría con Akane. Lo decía tan segura que Ranma no fue capaz de dudar de sus palabras. Sintió que la sangre se le congelaba. Sabía que el momento en que Akane se casara llegaría algún día aunque no creyó que fuera tan pronto y con Kuno, además.
– Bueno, por ahora no es nada oficial. Mira, Akane debe casarse para que papá no pierda su dojo como tu no quisiste casarte con ella…– Nabiki sacó su parte sádica –: la primera opción la tiene el primo Susumu que llegó con su padre hace poco. Oh bueno, tú los conoces: los llevaste a nuestra casa. Te habrás hecho una opinión de él por ti mismo.
– ¿Con ese tonto? – replicó Ranma con espanto. ¿Qué podría hacer Akane con ese tipo que medía casi un kilómetro y que no era capaz de decir una sola palabra sin que lo autorizara su padre? Como un crío.
– Lo mismo pienso yo. Como ese casamiento es imposible, Akane deberá casarse con Kuno – Nabiki dio por finalizado su discurso. Ranma miró a Kuno y casi no se aguanta de darle un golpe al ver su cara de triunfador. No podía ser, Akane casada con ese sujeto. Peor se puso cuando éste empezó a proclamar que Akane era la única que podría hacerlo volver a amar después de la muerte de su ángel, la chica de la trenza. Akane sería suya, eso era un hecho.
– ¿Ves? Te lo dije – Ukyo estaba escuchando la conversación desde dentro –: Akane no te quería tanto si ya se está a punto de casarse con otro.
La frustración que sentía Ranma era difícil de describir. Sabía que no podía pedir nada. Nada de nada. Él no era libre; ella sí. Él desperdició su oportunidad de estar con ella; ella quizás podría haberlo perdonado pero no tenía qué decirle para merecer su perdón. Ya no había mucho más que hacer, sólo resignarse a vivir la vida sin ella.
– Me alegro por ustedes – dijo Ranma aunque su cara mostraba exactamente lo contrario –: aunque, de corazón, espero que Akane elija al primo y no a este ridículo.
Kuno se pusó de pie para golpearlo pero Nabiki y Ukyo lo impidieron. Ese era su restaurante y en él, la gente se comportaba como gente y no como bestias. Ranma no podía seguir ahí y, una vez más, utilizó a Ryoga para evadirse. Ahora sí que estaba seguro de que no podría sobreponerse a esto. Lanzó el delantal lejos y salió.
v. v. v. v. v
Shampoo había castigado a Ryoga por no ser capaz de realizar bien su trabajo en el Café. Había tenido que contratar a Mousse para que los ayudara por lo que él quedaría a cargo del papeleo, el dinero, las cobranzas, etc. Ryoga era malísimo para todo ese tipo de cosas, él era un artista marcial, repetía una y otra vez, por lo que parecía inexplicable que Shampoo lo mandara a hacer ese tipo de tareas. Mousse, en cambio, lo entendió todo, y muy bien. Shampoo no quería que Ryoga saliera y se perdiera, no volviera, se olvidara de ella. Medidas que estaban demás porque si había alguien baboso, ése era Ryoga por Shampoo. Incluso más de lo que él alguna vez estuvo.
– ¿Por qué no descansas un momento Ryoga? – le ofreció. Sí, se lo merecía.
– Gracias. Éste trabajo es agotador, principalmente, por que no entiendo mucho. Shampoo me tortura y no sé muy bien por qué. No he hecho nada – dijo un estresado Ryoga.
– Te pierdes. Eso ya es suficiente.
Estaban conversando cuando entró al Café un joven al que Mousse jamás había visto. Para su sorpresa, era chino, reconoció el acento. Conversaron largo rato en ese idioma ante el desconcierto de Ryoga quien no entendía ni una palabra de lo que decían. Podrían estar diciendo las peores barbaridades sobre él y ni idea tenía.
– Por si no se han dado cuenta, estoy aquí. Y no hablo chino.
– Pues deberías: tu mujer es china – le recriminó Mousse mientras retomaba su diálogo con el visitante. Pasaron un par de minutos cuando apareció Shampoo quien, al escuchar su lengua, comenzó a hablarla para desgracia de Ryoga que se sintió más miserable aun. De pronto, el rostro de Shampoo cambió, parecía como si se hubiese percatado de algo. Tomó a Ryoga de la mano y se lo llevó a un rincón.
– Este hombre ya había estado aquí antes ¿lo recuerdas? – le preguntó.
– No – le respondió.
– Estoy segura, estuvo aquí antes – Shampoo intentó recordar.
[Algún tiempo atrás]
Ryoga y Shampoo estaban abrazados, mimándose en el Café cuando un sujeto, para fastidio de ambos, entró. Shampoo no quería atenderlo y de frentón le dijo que estaba cerrado. El joven le dijo algo con acento que ella inmediatamente reconoció porque era chino. Ese hombre le dijo que estaba de paso y le habían dicho en la ciudad que el mejor lugar para comer fideos chinos era ahí. Bueno, no quedaba más que atenderlo, era un compatriota. En un acto de generosidad, no le cobró.
Estuvieron largo rato conversando para desazón de Ryoga que no lograba entender lo que decían y el que Shampoo estuviera traduciendo cada frase era algo tedioso. Por lo mismo se paró y se fue a limpiar las mesas: jamás dejaría a su mujer a solas con un desconocido. De pronto, Ukyo apareció en busca de Shampoo para saldar algún tipo de cuenta que tenían pendiente. Ellas siempre tenían algo pendiente. Ryoga pensaba que esa rivalidad entre las dos había acabado el día en que él se había casado con Shampoo pero no estaba ni cerca de ser así. Que Ukyo aún persiguiera a Shampoo por causa de Ranma le provocó grandes mortificaciones en un comienzo pero, con el tiempo se había ido acostumbrado. Pero eso no fue lo más importante sino la reacción que tuvo el chino:
– ¿Yun? – dijo en cuanto vio a Ukyo. Los tres se miraron sorprendidos. No conocían a nadie con ese nombre. Pero el hombre inisitía.
– ¿Eres tú, Yun? – repetía. Pronto averiguaron que a quien se dirigía era Ukyo. Shampoo le hizo saber que le estaba preguntando si ella era Yun.
– Disculpe pero yo no me llamo así. Mi nombre es Ukyo. Ukyo Kuonji –. Shampoo se lo dijo al hombre.
El sujeto aún estaba impresionado, mirándola fijamente.
– Oh, perdón, la confundí con otra persona – dijo en una jerga casi incomprensible –: eres idéntica a la hija de mi maestro. Excepto por el cabello. Aún no puedo creerlo: es como ver a Yun.
Ukyo se mostró tan desconcertada que decidió irse a su casa sin luchar con Shampoo. El tipo se disculpó con ellos y salió detrás de la muchacha.
– ¿Todos los chinos son así de locos? – dijo Ryoga pero, al ver la cara de furia de Shampoo se corrigió –: los chinos, no las chinas. Las chinas son hermosas – dijo abrazándola.
Sí, Shampoo estaba segura de que era él. Esperaba que Ryoga lo recordara también y, poco a poco, lo hizo. Lo recordó principalmente porque ese hombre le dirigió unos cumplidos a Shampoo que le ocasionaron uno de sus más grandes ataques de celos. Era cierto, ese señor se dirigió a Ukyo como si ya la hubiese visto antes. Incluso la llamó por un nombre chino.
– Ese hombre se refirió a la hija de su maestro. ¿Recuerdas lo que Ranma dijo sobre su casamiento con esta mujer? Que el viejo ese le había tomado cariño por parecerse a su hija muerta – observó Shampoo.
– Sí, pero eso no tiene nada de raro. Es posible que este hombre le haya contado que había aquí una chica muy parecida a su hija y quiso venir a verla – recalcó Ryoga.
Shampoo meditó un momento. No estaba al tanto con tanto detalle de lo que Ranma había dicho ese día, las circunstancias anteriores a su viaje a China con el viejo y Ukyo. Pero estaba segura de que había algo que faltaba en esta historia. O algo que ellos desconocían podría ser importante. Según recordaba, el viejo había llegado al Café preguntando por Shampoo. ¿Por qué no fue inmediatamente donde Ukyo si ya sabía que existía?
– Quizás porque no sabía cómo llegar y, sabiendo que tú eras china, prefirió pasar por acá antes…
–No sé, algo no cuadra, Ryoga – insistió Shampoo.
– Puede ser pero ¿qué podemos hacer a estas alturas? Ranma está casado y, según lo que contó Mousse, Akane lo estará pronto. Escudriñar más a fondo no servirá de nada – expuso Ryoga. Era verdad. Sin embargo, el resentimiento de Shampoo hacia Ukyo era igual que antes. Aunque Akane no era la persona que más le agradaba en el mundo, la prefería a ella para quedarse con Ranma. Al menos, él la quería. Y por fastidiar a Ukyo era capaz de ahondar más y más en este asunto.
– Supongo que me ayudaras, mi cerdito – comenzó a decirle Shampoo mientras lo miraba con esa carita que lo dejaba hecho un tonto. No podía negarse.
– ¿Qué quieres que haga? – suspiró, rendido.
– Por ahora, que le preguntes a Ranma cómo se dieron las cosas, eso de que Ukyo apareció por arte de magia y viajó junto a ellos.
Ryoga accedió. Feliz, Shampoo lo abrazó y besó por todas partes. Luego fue y le preguntó al hombre:
– ¿Y cómo está su maestro?
– Lamentablemente, murió hace algún tiempo atrás – fue la respuesta.
v. v. v. v. v
Akane se tomó todo el tiempo del mundo para darse un baño, elegir la ropa que usaría, vestirse, arreglarse. No porque quisiera estar radiante para la velada; solamente estaba tratando de alargar todo, lo más posible. Se sentó frente al espejo, observándose. ¡Qué distinto había sido aquélla vez de la boda fallida con Ranma! Se demoró horas porque quería verse lo más hermosa posible. Y él, cuando la vió, le dijo que lo estaba. Lamentablemente, todo terminó mal y, desde ahí, las cosas nunca mejoraron realmente. Sin embargo, se mantenían neutras, con las mismas peleas de siempre. Ahora sentía una sensación de vacío tan grande, una desolación enorme. Tendría que casarse con alguien a quien no amaba, a no ser que con su primo se diera un amor a primera vista. Imposible, su corazón estaba ocupado y temía que así permanecería. Pero bueno, no había mucho más que hacer sino hacerse la idea de que su suerte estaba echada, que pronto debería casarse. El único consuelo era saber que su padre mantendría su dojo y la tradición de su familia permanecería con ellos. Ella se haría cargo de él porque tenía la misma capacidad que cualquier hombre. Nada la detendría. En medio de estas reflexiones, tocaron a la puerta.
– Pase – dijo Akane desde adentro. Al ver que era Kasumi, preguntó –: ¿Ya llegaron?
– Aún no – le respondió su hermana –. Akane, te ves preciosa.
Sonrió. Kasumi nunca la encontraría fea.
– Gracias – dijo tristemente.
Kasumi se acercó a ella y tomándole las manos, le habló:
– Akane, no lo hagas si no quieres. No puedes sacrificar tu felicidad por el dojo. Estoy segura de que podremos encontrar una solución a todo esto.
– Qué daría yo porque fuera así pero, al parecer, este tío está empeñado en quedarse con el dojo de nuestra familia. No es justo para nuestro papá: el dojo es su vida.
Kasumi la abrazó. Le dolía que lo del doctor Tofu no funcionara, tanto por ella como por Akane. Ésta le hizo saber que todo estaba bien, todo estaría bien. Así lo creía ella: sólo tenía que enfocarse en salvar el dojo y no pensar en lo que no fue y que nunca sería.
– Tranquila Kasumi, esto es lo mejor para todos. Espero, de corazón que el primo Susumu me guste porque no podría soportar la posibilidad de casarme con Kuno. Eso sí que no – dijo Akane abatida.
– Akane ¿no has pensado en hablar con Ranma? – preguntó Kasumi.
¿Con Ranma? ¿Y de qué podría hablar con él?
– No sé por qué me preguntas eso…
– Porque Ranma no quiere a Ukyo y tú lo sabes. Ranma está enamorado de ti.
– Eso no importa mucho ahora; se casó con Ukyo y ya está – dijo Akane tratando de cortar el tema. Pero Kasumi insistió:
– ¿Y si se divorcia? ¿Te casarías con él?
Akane suspiró. ¿Sería capaz de hacerlo? Sí, si Ranma no tenía un compromiso que cumplir, ella, al menos, lo pensaría. Pero esa decisión debía partir de él. Ella no podía obligarlo, tampoco presionarlo. No se interpondría entre él y la que, a pesar de todo, era su esposa.
La conversación fue interrumpida por Nabiki, anunciando que los invitados acababan de llegar. Kasumi le sonrió, como queriendo desearle suerte y Akane respiró profundamente, tomando todo el aire que pudo. Ya no había excusas. Al llegar al comedor encontró al famoso tío quien, debía reconocer, se parecía a su padre pero más feo. A su lado, el dichoso primo. Le pareció tan alto…
– Hola, yo ehhhh… yo soy Susumu Tendo.
No me aguante las ganas de postear un capítulo de esta historia. Soy débil.
