Disclaimer

Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi de su obra Ranma 1/2. Sólo los utilizo para mi propio entretenimiento y el de los que leen. No obtengo ningún beneficio monetario por ello.


Se aceptan todos los comentarios y críticas que sean hechas con respeto. Comentarios ofensivos serán ignorados. Muchas gracias.


Golpe directo al corazón

El primo Susumu no era tan desagradable como Nabiki lo había pintado, sin embargo sí era bastante extraño. Era demasiado alto aunque también muy guapo: tenía el cabello castaño claro y los ojos celestes. Uno de sus principales problemas era su extrema timidez. No levantaba la cabeza, no miraba a los ojos, apenas sacaba la voz, sólo hablaba cuando le preguntaban algo. Era muy poco lo que decía libremente. Siempre que le hablaban miraba a su padre quien, la mayor parte del tiempo, respondía por él. Akane se sentía muy incómoda. Sinceramente, todos, a excepción de Nabiki y Kuno Tatewaki, lo estaban. Akane pensó que era altamente probable que ese muchacho en frente de ella terminara siendo su marido pero nada en él le atraía mayormente. Hasta sentía un poco de lástima al ver cómo estaba sometido a la tiranía de su padre. ¿Qué sería de ella con un marido como ése? No tenían nada que decirse, al parecer, el chico ni siquiera tenía un tema de conversación que plantear. El acuerdo parecía dirigirse al más completo de los fracasos. Exactamente como el compromiso de Kasumi y el doctor Tofu. Su familia parecía condenada a los fracasos amorosos y de todo tipo.

– Susumu ¿te gustaría practicar un momento? Podemos enfrentarnos en un pequeño combate –. Akane invitó a su primo quien, después de esperar la autorización de su padre, fue. En ese momento, conoció el dojo. Era un espacio grande y acogedor en donde se respiraba una atmósfera especial. Fruto de un trabajo de años. Ahora entendía por qué su padre tenía tanto interés en él.

– ¿Crees que podamos luchar ahora? Algo no en serio – preguntó Akane. El primo asintió con la cabeza. Se pusieron en posición y Susumu quien, luego de un momento cortó, derrotó fácilmente a Akane. Era en realidad muy bueno, mejor de lo que ella pensó. Nabiki, ella y todos lo habían subestimado.

– Lo haces bien, felicitaciones – dijo Akane, algo celosa por el triunfo de su primo. Éste se lo agradeció, con voz apenas audible. ¿Qué se podía hacer con él? El muchacho no era capaz de hablar, no mantenía una conversación, menos iba a ser capaz de iniciarla. Nada. ¿Qué pasaría por su cabeza? Si es que algo pasaba.

– ¿Hace cuánto practicas artes marciales? – comenzó Akane. Necesitaba saber algo más de él. Lo que fuera.

– Mi padre dice que casi desde que empecé a andar – fue la respuesta.

– ¿Y te gusta hacerlo?

– Mi padre dice que es la tradición de nuestra familia – respondió sin levantar la cabeza. ¿Era eso un sí o un no?

– Y si no fueras un artista marcial, ¿qué te gustaría hacer?

– Mi padre dice que…

Akane perdió la paciencia. Era más de lo que ella podía soportar.

– ¡Basta! ¿Es que acaso no tienes una opinión propia? ¿Toda tu vida gira en torno a lo que diga tu padre? –. El joven, al ver la forma agresiva en que la joven había reaccionado, sintió miedo y comenzó a llorar. Akane se sintió culpable. Su carácter la traicionaba, una vez más.

– Disculpa, no quise hablarte así. Es sólo que no entiendo cómo sólo puedes responder y actuar de acuerdo a lo que tú padre quiere. ¿No tienes sueños, deseos tuyos?

El primo negó con la cabeza. Aunque, después de pensarlo un momento, admitió que si bien le gustaba luchar, también le gustaba hacer otras cosas.

– ¿Qué cosas? – preguntó Akane impaciente de obtener alguna respuesta que naciera de él. Susumu se veía algo incómodo con tanta pregunta. Era muy reservado y Akane estaba tratando de sacar cosas de las que a él le costaba mucho hablar.

– El ballet… – contestó casi como pidiendo disculpas por ello. Akane lo miró atentamente sin lograr entender qué podía haber de malo en eso. Simple: su padre lo aborrecía. Lo trataba de enfermo, raro y eso a él le dolía mucho. Akane sintió lástima por él. Se veía un buen muchacho sometido al despotismo terrible de su padre quien, queriendo apoderarse del dojo de su familia a toda costa, lo obligaba a hacer algo que no lo llenaba plenamente sólo para satisfacer su ambición. Si Akane aceptaba casarse con él, lo estaría condenando a una vida de infelicidad. No, no quería eso. Susumu no lo merecía.

– ¿Nunca has intentado dedicarte al ballet? – le preguntó. El chico negó con fuerza. Su padre lo mataría. Lo trataba de amanerado cada vez que tocaba el tema. Lo llamaba pervertido, desviado y tantas otras cosas. A él sólo le gustaba el ballet, nada más. Cada vez que tenía un momento solo, miraba eventos en la televisión pero ¡ay de él si su padre lo encontraba en eso! Akane le aconsejó que persiguiera sus sueños, si eso era lo que él realmente quería. Era imposible: no tenía apoyo.

– Susumu, voy a ser sincera. No tengo interés de casarme, ni contigo ni con nadie. Si acepté conocerte es sólo por la presión que tu padre le ha puesto al mío con respecto a la sucesión del dojo, como tú ya sabes. Mi padre ha trabajado por años para transformarlo en uno de los mejores de la ciudad. ¿Tú harías lo mismo que yo, verdad? –. El primo asintió. – Pero si me caso contigo, además de miles de otras cosas, te estaría condenando a vivir una vida de infelicidad al amarrarte a hacer algo que no te apasiona. Si quieres, puedo ayudarte a conseguir que puedas dedicarte al ballet – Akane no tenía la más remota idea de cómo podía ayudarlo con eso, pero se lo ofreció igual. Susumu se sintió en confianza con Akane. Nunca nadie lo había entendido, es más, siempre había sido juzgado por sus gustos.

– Pero ¿cómo? Mi padre está decidido a quedarse con el dojo. No creo que renuncie a ello tan fácilmente. Tú no lo conoces: no descansará hasta lograrlo – le dijo el chico honestamente con una mirada de tristeza en sus ojos claros y melancólicos.

– Mira, si me hubieses dicho que las artes marciales son tu mayor preocupación, lo más probable es que hubiese pensado en casarme contigo. Pero, hacerlo, eso nos haría infelices a ambos –. Susumu no se atrevía a preguntar lo que quería preguntar aunque lo intuía. A decir verdad, estaba seguro de aquéllo.

– ¿Te gusta otra persona? ¿Es el muchacho que nos vino a dejar a tu casa?

Ranma, sí, era él. Aunque se odiara por ello, así era.

– Eso es parte del pasado. Él está casado y ya no puede haber nada entre nosotros. No es la razón por la que te rechazo; no creas eso – Akane no quería hablar de Ranma una vez más, por lo que intentó desviar el tema –: ¿A ti te gusta alguien?

Susumu se sonrojó sin decir nada. Ante la insistencia casi criminal de Akane, asintió con la cabeza. Sí, le gustaba una chica y mucho. Akane sonrió ¿Una chica de su ciudad? Susumu negó nuevamente. Era una chica de ahí, la había conocido ahí, en esa ciudad, hace poco. Akane se entusiasmó con eso y comenzó a presionarlo para que se lo dijera. Pero él no quería hacerlo, le daba mucha vergüenza.

– Oh, vamos. Quizás pueda ayudarte – seguía diciendo Akane, muy entusiasmada.

Nuevamente negó con la cabeza. No podía, era una mujer prohibida para él. ¿Quién podía ser? Finalmente, Susumu cedió y se lo dijo.

– Es la esposa de tu ex prometido.

Vaya, qué pequeño era el mundo. Eso sí que Akane no se lo habría imaginado nunca.

Mientras los chicos continuaban conversando, el tío de Akane comenzó a impacientarse. No le gustaba que Susumu pasara tanto tiempo lejos de él. Era un estúpido y, si Akane lo trabajaba, podía decir algo que no correspondía. Trató de mirarlo de una mejor perspectiva: los chicos podrían estar llevándose bien y de ahí al casamiento, un paso. Quien no estaba tan tranquila era Nabiki: su hermana y el primo estaban tardando demasiado. ¿Sería que a Akane le agradó él? No lo creía, era demasiado tonto. De todos modos se preocupó. Soun no hablaba, estaba demasiado tenso para decir cualquier cosa y Kasumi sólo se dedicaba a retirar la mesa. Kuno estaba ahí también, de brazos cruzados, seguro de que Akane no lo cambiaría a él por ese zopenco. Después de una larga espera, Akane y Susumu aparecieron, sonrientes. No parecía haber problema alguno entre ellos. Yasuhiro respiró aliviado.

– El primo es realmente bueno – dijo Akane –, se nota que entrena mucho –. El padre se sintió orgulloso de lo que había hecho de su hijo.

– Akane también es muy buena. Me venció – mintió Sususmu. El rostro de Yasuhiro se desfiguró. No podía creer lo que estaba oyendo: su hijo vencido por una mujer.

– Bueno, esas son cosas que pasan a veces – dijo Yasuhiro con desprecio – ¿En qué quedaron los muchachos?

Akane y Sususmu se miraron. Sabían lo que tenían que decir.

– Tío, papá, hermanas: he tomado la desición de no casarme – fue todo lo que dijo Akane. Yasuhiro no podía disimular la ira que lo estaba poseyendo: no podía creer lo que oía. Akane se lo repitió, letra por letra.

– Muy bien, si eso es lo que tu hija ha decidido – dijo mirando a Soun – encuentra un marido para alguna de las niñas. Pronto. De no ser así, ya sabes lo que pasa con el dojo: es mío o lo será en un futuro próximo. Tienes una semana para darme una respuesta – y dirigiéndose de manera violenta a su hijo le dijo –: vamos.

Akane temía por lo que podía pasarle a Susumu pero ni tiempo tuvo de decir nada. Su padre lo agarró de la manga y se lo llevó, para gran consternación de todos, incluso de Nabiki. Sólo Kuno permanecía tranquilo y feliz.

A la salida de la casa de los Tendo, Yasuhiro, fuera de sí, golpeó de manera violenta a su hijo, lanzándolo al suelo.

– ¡Eres un idiota! ¡Una sola cosa tenías que hacer y lo haces mal, imbécil! –. Susumu comenzó a llorar mientras se limpiaba la sangre de la boca. El verlo así, encolerizó aún más a su padre que descargó toda su ira contra su hijo, dándole una pateadura que por poco lo mata.

v. v. v. v. v

Que Ryoga no servía como detective privado era un hecho que quedaba a la vista al ver su "investigación" sobre el caso Ranma. Éste desviaba el tema en todo momento, no contestaba a sus preguntas, se ponía a beber más de la cuenta y un largo etc. Shampoo lo miraba desde la cocina, desesperada porque era evidente que lo que habían tramado estaba lejos de concretarse. Mousse estaba con ella y no podía entender el juego de señas que Ryoga y Shampoo llevaban a cabo.

– Shampoo ¿de qué se trata todo esto? Ryoga ha tenido a Ranma hablando por más de una hora y parece seguir con su interrogación. ¿Qué les pasa a ustedes?

– Nada – dijo con un aire de inocencia que a cualquier otro hubiese engañado, pero a él no. A Mousse le dolió que Shampoo lo dejara fuera de todo el asunto. Él había sido su amigo de la infancia, la había apoyado en todo, la había amado con locura y aun así no confiaba en él.

– No es que no confíe; es que no estoy segura de nada. Le pedí a Ryoga que interrogara a Ranma sobre la situación que se dio cuando se fue a China. Pero mi Ryoga aún no consigue nada – dijo desilusionada.

– Y no lo conseguirá; es demasiado bueno e inocente para eso. Ranma lo engatusa como quiere y él ni cuenta se da. A todo esto – Mousse cambió de tema bruscamente –: ¿qué es eso de lo que pasó cuando Ranma se fue a China?

Shampoo se mordió los labios. No quería decir nada porque de nada estaba segura. No sabía que Mousse, por su propia iniciativa, estaba buscando una explicación a la actitud de Ranma.

– Uf, mi cerdito no conseguirá nada de nada. Creo que deberé entrar yo en este cuento. Lava tú los platos – le ordenó a Mousse que se quedó de piedra. Shampoo era su jefa, sí pero se estaba volviendo una explotadora. La chica llegó donde los dos muchachos conversaban.

– ¿Y qué tal Ranma? ¿Cómo están tus días? – preguntó mientras se sentaba en la piernas de Ryoga.

Ranma se encogió de hombros. Igual que todos los días. Qué más podía contar.

– Supe que ahora trabajas en el restaurante de tu esposa. No pretenderás quitarnos clientes.

– Oh no. Tranquila. Y no estoy trabajando ahí; sólo la ayudo. Es bastante duro su trabajo – respondió Ranma. No le gustaban los interrogatorios de Shampoo. Sabía que si daba un paso en falso en algo lo atraparía. Esa mujer era demasiado astuta.

– ¡Qué bien! Pensé que nos quitarías el próximo evento para el que nos contrataron: el compromiso de Akane –. Shampoo lo dijo con cierta malicia, quería provocar una reacción en Ranma, algo que le diera una pista de por qué había actuado así, si estaba al tanto de que Ukyo podía tener un secreto con respecto a su casamiento. Pero la noticia que le dio dejó a Ranma tan perplejo que sólo atinó a beber un vaso más de sake. Se terminaría transformando en un alcoholico al paso que iba.

– Ah, ya se sabe con quién se casara entonces – dijo tratando de esconder su decepción–: ¿Quién es el afortunado?

– Aún no lo sabemos. El primo o Kuno. Pobrecita, ojalá su primo sea alguien que valga la pena. Una vida con Kuno la llevará a la locura, ciertamente.

Siguieron bebiendo por largo rato. Mousse se fue a dormir y Ryoga, ya borracho, se durmió sobre la mesa. Ranma aún aguantaba pero no sería por mucho tiempo más. Shampoo, intacta.

– Creo que es mejor que me vaya. Es tarde y Ukyo debe estar preocupada –. Ranma apenas podía pararse de la silla. Una noche más de borrachera; Ukyo le daría un sermón, él se disculparía una vez más.

– No te preocupes, yo te acompaño – Shampoo se puso de pie de un salto, besó a Ryoga en la frente y ayudó a Ranma a salir. Esperaba que, estando borracho algo soltara. Pero no, nada. Eso ya la estaba desesperando. Entonces, decidió que, si no podía con Ranma, Ukyo sería su víctima. Comprometió a Ranma para una comida la noche próxima, en casa de Ukyo. Ranma a todo dijo que sí: el mundo le daba vueltas, sólo quería acostarse. Una travesura más: en vez de dejar a Ranma en la puerta, llamó a Ukyo para que bajara por él. Al ver a Ranma en ese penoso estado y acompañado de Shampoo, sentía que la cabeza le explotaría de ira.

– Ranma nos invitó a Ryoga y a mí a comer mañana. Así es que ¡nos vemos! – se despidió Shampoo mientras se iba saltando a su casa. Ukyo miró a Ranma ¿hasta cuándo seguiría con esa historia de las borracheras?

– Perdóname U-chan. Se pasó la mano. La culpa es de Ryoga y de nadie más – se excusó Ranma descaradamente.

No hay palabras para describir lo mal que Ranma se sentía al día siguiente. Lo mismo que Ryoga, quien deslizó la posibilidad de no asistir a la famosa velada pero eso no estaba en discusión. Así es que era mejor que Ryoga se hiciera la idea y fuera aunque sólo bebiera agua. ¿Y Mousse? Shampoo lo invitó pero se negó porque, deducía, que sería él el encargado de cerrar y hacer todo todo. Exigiría un aumento de sueldo. Shampoo dijo que lo pensaría.

Una vez en casa de Ranma, Shampoo se ofreció para ayudar a Ukyo en la preparación de la cena. Ésta se mostró sorprendidísima pero aceptó. Una vez solas, Shampoo atacó.

– ¿Sabes quién pasó por el Café hace unos días? – le preguntó de una sola vez.

– No tengo el don de adivinar aún. Preguntémosle a tu mesero, quizás él pueda ayudarme – dijo Ukyo en referencia a Mousse. Shampoo no se deseperó.

– Ese hombre chino que te confundió por una mujer – Shampoo hizo como que trataba de recordar el nombre –, sí, una mujer de nombre Yun.

Ukyo se puso pálida, no creía que Shampoo recordara el incidente ese. Había sido un instante de tiempo.

– No lo recuerdo. ¿Por qué tendría que hacerlo?

– Pues por eso: porque te llamó Yun y dijo que te parecías a la hija de su maestro. Esa historia la oí otra vez, creo que en boca de Ranma –. Shampoo estaba segura de que Ukyo sabía de lo que estaba hablando. Y sus sospechas parecían ser ciertas: Ukyo parecía saber más de ese maestro antes del viaje.

– No sé de lo que hablas. Pasan millones de chinos por tu Café, algo lógico…

– Ryoga también lo recuerda: preguntémosle.

– Ryoga está aún borracho, no sabe lo que dice. Mejor llevemos las cosas a la mesa. Claro, si es que tu marido o el mío pueden comer algo – Ukyo tomó los platos y salió mientras Shampoo sonreía detrás. Ukyo sabía de la existencia de ese viejo y, probablemente también de su hija. ¿Qué tan casual había sido su encuentro con él y Ranma aquel día del viaje a China?

Ukyo se sintió intranquila. Sabía que no podría escapar tan fácilmente de las garras de Shampoo. Ella jamás entendería lo que ella había hecho ni por qué lo había hecho. Ella amaba a Ranma con todas las fuerzas de su corazón y no como Shampoo que decía adorarlo y, después de un tiempo, se había ido con Ryoga. Ni Akane lo quería tanto como ella: nunca se hubiese sacrificado y habría hecho lo que ella hizo. Ella se había arriesgado a perderlo para siempre pero la suerte había estado de su lado.

A la hora de comer, Ryoga no pudo probar bocado. En todo momento pensaba que si comía algo no sería capaz de retenerlo. Sólo bebió agua mientras sudaba enormemente y la cabeza parecía estallarle. Shampoo le ofrecía más agua, lo acariciaba, le daba besos para calmarlo. Ukyo se dio cuenta que Ryoga era realmente una debilidad para Shampoo. Él la salvaría.

– Te ves verdaderamente mal, Ryoga. El sake, en realidad, no está hecho para ti – afirmó Ukyo –. No te veía tan mal desde el día en que entramos al túnel del amor…

Shampoo dejó de hacer lo que estaba haciendo y miró inmediatamente a Ryoga. ¿Era verdad lo que esta mujer estaba diciendo?

– Sí, es decir, fue una estrategia para separar a Ranma y Akane, nada más – contestó nervioso.

– Ryoga, por un momento ellos creyeron que tú y yo teníamos una relación. Algo de interés tendrás que haber mostrado – Ukyo sonrió, sabiendo que le había dado a Shampoo donde más le dolía. No podía ser que ella siempre la derrotara. Ahora le tocaba perder.

– Bueno, eso es cierto. Por un momento creí también que entre ustedes dos había algo – dijo Ranma, sin maldad, sólo reconociendo lo que había pensado ese día. El rostro de Shampoo se desfiguró de ira.

– Te pregunté si era verdad lo que esta mujer está diciendo –. Shampoo trató de mantener la calma aunque le costaba.

Ryoga sintió que la noche le caía encima. Eso pasó antes de ella y tampoco pasó nada. Ni siquiera resultó el chiste ese.

– Shampoo mi amor. No es así como fueron las cosas. En decir, sí pero, pero – Ryoga no sabía qué decir. Shampoo se puso de pie y se lanzó sobre Ukyo lista para matarla y ésta, evidentemente, respondió al ataque. No les importo la comida, los comensales, los vecinos, nada. Shampoo quería hacerla trizas y Ukyo se defendería.

– ¡Ryoga por favor despierta! ¡Ayúdame a separarlas! – gritó Ranma pero Ryoga no se movía, no podía. Shampoo no entendía, no le creía, ya no confiaba en él. Lo cierto es que tampoco había dicho mucho en su defensa. Cuando al fin reaccionó, se fue sobre Shampoo para sujetarla pero ésta no quería saber nada de él. Se soltó y, al mirarlo, Ryoga notó que tenía los ojos llenos de lágrimas. No esperó ni un momento más y, rompiendo una de las paredes, como en sus años mozos, se fue a su casa.

– ¡Shampoo, tendrás que pagar por los destrozos! – le gritó Ukyo, también furiosa. Ranma se fue a ver cómo estaba Ryoga. Mal.

– Shampoo no me va a perdonar esto, Ranma – sollozó.

– Pero si no hay nada que perdonar, hombre. Eso fue hace tiempo; Shampoo y tú no tenían nada. Tiene que entenderlo.

– Ranma yo la amo, más que a mi vida. Si ella no me perdona, yo me muero –. Era evidente que el sake del día anterior aún ejercía un efecto en el cuerpo y la cabeza de Ryoga.

– Ve a buscarla, rápido. Se le pasará pronto. Nosotros ordenaremos todo – le dijo Ranma aun cuando Ryoga no tenía la menor intención de arreglar ni ordenar nada. Se fue tras su esposa mientras Ranma miraba a la suya, desconfiado.

– ¿Por qué lo hiciste? Eso no tuvo ninguna importancia para ustedes. ¿Era necesario que te acordaras ahora? – le recriminó Ranma a Ukyo.

– ¿Por qué siempre te pones del lado de cualquier persona menos del mío? – lloró Ukyo. Ranma se sintió culpable. Era verdad, él nunca le había dado su lugar. Sin embargo, esta vez, Ukyo se había atrevido a mucho.. Sabía lo celosa que Shampoo se ponía cuando se trataba de Ryoga, no había necesidad de todo eso.

– Ordenemos un poco este desastre – dijo Ranma al fin. Miraba a Ukyo en todo momento. Sabía que algo había pasado entre ellas mientras preparaban las comida pero ¿qué podía ser para que Ukyo se defendiera de tal manera? ¿Qué se habrían dicho? Una vez listo, Ranma se preparó para salir.

– ¿Dónde vas? – interrogó Ukyo.

– A ver cómo están las cosas entre Ryoga y Shampoo. Tengo miedo de que se acrimine con él.

Ukyo sonrió incrédula. Estaba más interesado en ese par de locos que en ella. Que se mataran si querían, no era problema de ellos. Ranma insistió y, al ver que no convencía a Ukyo, se fue. Ésta quedó destrozada. No era así cómo ella lo había soñado, no era así como le habían hecho creer que sería. Todo el mundo estaba antes que ella para Ranma. Ahora era Ryoga, mañana sería Mousse ¿Quién más podría importarle en el futuro?

v. v. v. v. v

Las cosas en casa de Akane estaban mal. La posibilidad de perder el dojo era más real que nunca; aún así, Soun no obligaría a su hija a casarse. Si tenía que partir de cero con todo, lo haría. Akane no soportaba ver a su padre sufrir así. Sabía que en sus manos estaba el futuro del dojo. La hubiese gustado congeniar con Susumu pero era imposible. Él también tenía sus sueños y su padre no lo apoyaba en lo más mínimo. Es más, estaba muy preocupada por lo que ese violento hombre podría haberle hecho. Trataría de comunicarse con él después para asugurarse de que estuviera bien.

– Papá, no te preocupes. No perderemos el dojo – Akane respiró profundo y dijo –: creo que es hora de que acepte a Kuno. Soun comenzó a llorar por su pequeña Akane, su valiente Akane.

– No hija. No lo permitiré – fue todo lo que le respondió.

– Papá, te lo estoy pidiendo sinceramente. Llama a Kuno y dile que estoy dispuesta a casarme con él – la desolación se traslucía en los ojos de Akane pero su voz sonaba firme.

– No hija…

– ¡Nabiki! – gritó Akane a su hermana al ver que Soun no le hacía caso –: dile a Kuno que venga. Al escuchar las palabras mágicas, ambos se pusieron de pie y fueron hacia donde Akane estaba. La sonrisa de Kuno le llenaba toda la cara mientras Akane rogaba para que las fuerzas no la abandonaran. Pensó en Ranma: tanto que luchó para que Kuno no se le acercara y ahí estaban ahora.

– Akane Tendo ¿has decidido casarte conmigo? –. Akane sólo pudo asentir con la cabeza. Kasumi la miraba entristecida. ¡Pobre Akane! ¿Por qué había tenido que suceder asi?

– Akane Tendo, te lo pregunto formalmente, ¿te casarías conmigo? – le preguntó de forma solemne, arrodillándose delante de ella y tomándole la mano. Akane sabía lo que tenía que hacer, lo que tenía que decir. Cuando Kuno se lo preguntó de nuevo y se acercó a ella, Akane lo golpeó con todas sus fuerzas.

– ¡No puedo, no puedo! – gritó llorando mientras corría hacia la calle, huyendo de ahí. Soun y Kasumi salieron tras ella.

– ¡Akane! ¡Dónde vas! ¡Detente por favor! – pero ella ya estaba lejos para oírlos. Sólo quería estar fuera de este mundo, lejos de todo y de todos.


Espero no haber defraudado a nadie ;)