Disclaimer

Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi de su obra Ranma 1/2. Sólo los utilizo para mi propio entretenimiento y el de los que leen. No obtengo ningún beneficio monetario por ello.


Se aceptan todos los comentarios y críticas que sean hechas con respeto. Comentarios ofensivos serán ignorados. Muchas gracias.


Tu vida, mi vida, no se pondrán de acuerdo

La noche seguía avanzando y él estaba ahí, clavado en esa plaza, sin valor de ir a su propia casa a enfrentar la realidad por miedo a lo que ésta le tuviera preparado. Estaba casado con la mujer que había sido su mejor amiga desde la infancia. La misma que lo había salvado de tantos apuros, la que aparentemente había perdonado el error de su padre al comprometerla con él aun sabiendo de su compromiso primero. La que había comprendido que su cariño por ella era enorme aunque no fuera el tipo de amor que ella esperaba de él. Ahora, ella misma, le había fallado ¿Por qué?

Ranma se encontraba sentado en el mismo columpio en el que había encontrado a Akane, un tiempo atrás. Por un momento pensó que ella aún podía estar ahí, realmente deseaba que fuese así, y, al comprobar lo contrario, se sentó en su lugar tratando de sentir aunque fuera su calor puesto que ya nada de ella le quedaba. Lo había perdido todo. Porque perder a Akane era perderlo todo. Repentinamente sintió que alguien se acercaba, para gran disgusto de él que necesitaba un momento a solas; al parecer, ni eso le estaba permitido. Era Genma: buscaba a Akane.

– Ella estuvo aquí hace unos minutos, una hora quizás – le contó Ranma, tratando de mantener la calma; de no dejar ver el estado real en el que se encontraba. Pero Genma era su padre; lo conocía.

– Asumo que ya sabes todo lo que pasó. ¿Piensas hacer algo con respecto a eso? – fue todo lo que dijo. Ranma no le contestó. ¿Qué podía hacer él? Lo cuerdo hubiese sido ir donde Ukyo, apretarla hasta saber la verdad, pedirle el divorcio, ir luego donde Akane a pedirle perdón una vez más y a decirle que lo esperara hasta que su situación matrimonial se solucionara para casarse con ella y comenzar a vivir la vida que estaba destinada para ellos desde el principio. Genma, emocionado, asintió. Su hijo, sólo suspiró. Lo haría, si pudiese. Pero no podía.

– ¿Por qué no paras de una vez con los misterios y tomas una decisión de verdad? Tú no quieres a Ukyo. Tú quieres a Akane y ella a ti. La solución a todos los problemas es tan simple…

Simple. Se notaba que no era Genma quien estaba inmerso en el drama. Estaba cada vez más seguro de que la historia del viejo, la cura a la maldición y Ukyo, no era del todo honesta. Pero tampoco podía afirmarlo; tenía que hablarlo con Ukyo primero y, por primera vez, sentía miedo de enfrentarla. Él la quería, la quería mucho. Y pensaba que ella también a él. Al parecer no era tan así: si lo quisiera realmente no hubiese actuado como lo hizo. Tampoco quería juzgarla, aún no sabía su versión de la historia, ni los motivos que le llevaron a actuar así. La verdad era que le aterraba, de cierta forma, perder a Ukyo, como amiga. Ella era una porción esencial de su infancia, una época que recordaba con cariño. De todos modos, y aunque Ukyo le hubiese mentido, él no podía ayudar a Akane ni a los Tendo. Esta vez, no podrían contar con él.

– Papá: no tengo nada que ver en el problema de Akane y su familia. Es decir, sí; todo es mi culpa, lo asumo, pero ahora ya no puedo hacer nada para remediarlo –, decía Ranma mientras creía que se le caía el corazón roto en mil pedazos cada vez que pronunciaba palabra –: además, ya hablé con Akane y, creo, las cosas quedaron bien entre nosotros, sin odios ni rencores…

Era increíble. Todo lo que decía era mentira, una soberana mentira y Ranma estaba consciente de ello. No sabía si quería tranquilizarse, consolarse o desligarse de su supuesta responsabilidad pero, tal como lo había dicho, no intervendría. Genma lo miraba desilusionado pero tampoco él era capaz de hacer una autocrítica y ver que quien originó todo este problema fue, en última instancia, él.

– Creo que no ganaré nada tratando de convencerte de algo que, según tú, no te importa – Genma enfatizó la frase, tratando de causar algún efecto en su hijo lo que, claramente, no sucedió –: es mejor que siga buscando a Akane, no puede haber ido tan lejos –. Genma ni siquiera se despidió de su hijo, simplemente se marchó. Ranma lo miró alejarse. Claro que estaba preocupado por Akane, por dónde estaba ahora y por lo que pasaría con ella pero, en ese preciso momento, estaba atado de manos. Tenía que solucionar su drama con Ukyo y, aunque todo saliera bien, eso no significaba que volvería con Akane. Seguramente ella no lo perdonaría, por más que dijese lo contrario. Era mejor estar claro con eso desde ya. Otra parte importante y bonita de su vida se escapaba: parecía estar condenado a perder las cosas bonitas que había logrado construir en el tiempo.

v. v. v. v. v

– Ryoga ¿qué haces ahí? ¿Estuviste bebiendo? –. Akane miró a su amigo tirado sobre una mesa del Café del Gato, parecía haber bebido pero no veía ni vasos ni botellas.

– ¡Ay Akane! – fue todo lo que respondió Ryoga. Aún sufría por el malentendido con Shampoo. Ésta ni siquiera le había vuelto a hablar después de lo que pasó en casa de Ranma. Akane estaba confundida ¿qué había pasado donde Ranma? Mousse tuvo que explicar el cuento ese del túnel.

– Ah bueno, yo recuerdo eso. Tú y Ukyo entraron juntos y pensé que algo entre ustedes había. Se veían tan enamorados…– dijo inocentemente Akane sin saber que el recuerdo sólo traía sufrimientos a su amigo.

– Bueno, bueno: esa historia era una farsa y, por el bien del matrimonio del señor aquí presente, Shampoo debe entenderlo – dijo Mousse mientras tomaba el brazo de Ryoga y se lo pasaba por detrás del cuello –: algo que vamos a lograr de inmediato – y levantando a Ryoga se lo llevó en dirección a la habitación de Shampoo. Golpeó, no una ni dos, sino muchas veces hasta que la amazona se dignó a abrir la puerta, dejando claro que lo hacía debido a la insistencia de Mousse que la estaba sacando de quicio. Una vez abierta la puerta, Mousse lanzó al pobre marido a los brazos de su mujer:

– Oigan los dos: ahora mismo debo salir. Pero no podía ir sin saber si Ryoga estaba vivo – rió Mousse. Shampoo no estaba complacida por lo que sucedía; ella no quería hablar con Ryoga, no en ese momento al menos. Ante la posibilidad de que Shampoo se deshiciera de Ryoga una vez que él se hubiese ido, Mousse los encerró con llave al salir de la casa. Así no tendrían más remedio que hablar.

– Pero Mousse ¿eso no será forzar demasiado las cosas? Puede resultar todo peor – observó Akane.

– Tranquila, sé bien lo que hago – le dijo Mousse mientras la tomaba de la mano –: Ahora sújetate fuerte niña que voy camino a llevarte a tu casa, sana y salva– remató sin prestar atención a los gritos de Shampoo exigiéndole que abriera.

– No te molestes; por si no te diste cuenta, le puso llave a la puerta – dijo Ryoga nervioso. Con Shampoo no se podía estar seguro de nada: si aún estaba enfadada con él, debía prepararse a morir. Y estaba dispuesto. Pero ella no dijo nada, ni una sola palabra. Por un largo momento. Sentían el tic tac del reloj, las risas de alguna gente que pasaba por la calle pero ninguno de los dos decía nada. Ryoga no se atrevía a hablar y Shampoo no quería hablar. ¿Por qué estaba actuando de esa manera? ¿Por qué no era capaz de aceptar que si algo hubo entre Ryoga y esa mujer, fue antes de ella? ¿Por qué le dolió tanto? Porque, de algún modo, él no fue capaz de decírselo. Si era algo sin importancia, entonces, no había razón de ocultarlo. Pronto comenzó a sentir que las manos de él comenzaron a tomar las suyas. Estaban heladas. Trató de quitárselas pero él no la dejó: las apretó con más fuerza aún y empezó a besarlas. No, no podría resistirlo.

– Deja de hacer eso – trató de parecer ruda pero, a esas alturas, le estaba costando. Su marido ignoró su advertencia; más aun, lo hizo con mayor insistencia.

– ¿Por qué nunca me dijiste nada? – se atrevió Shampoo a preguntar. Ryoga dejó de besarla pero no soltó sus manos. La miró fijamente.

– Porque era una estupidez sin importancia. Hasta lo había olvidado, si Ukyo no lo hubiese traído a colación, nunca lo hubiese recordado. Porque fueron estupideces de adolescentes y, además, ese era otro Ryoga. Más inocente, más tonto – se sonrojó mientras lo decía. Shampoo sonrió a escondidas, no quería dejarse vencer tan fácilmente.

– Sí, claro. Por eso no me fijaba en ti –. Ryoga suspiró; convencer a Shampoo sería difícil.

– No te gustan los tontos, eso ya lo sé.

Quizás le gustaban demasiado. No, no le gustaban los tontos: le gustaba él y sólo él.

– No me gustan los tontos – dijo ella mientras se giraba a mirarlo –: me gustas tú.

El corazón de Ryoga dio un salto. ¿Significaba que lo perdonaba? No, no significaba que lo perdonaba porque no había nada que perdonar. Se había comportado como una tonta, la peor de todas. Estaba celosa, sí. Ella, siempre tan segura de sí misma había actuado como una idiota.

– No podía soportar la idea de que tú quisieras entrar a ese túnel con esa tipa y, además, de que el hechizo ese hubiese funcionado – le dijo mientras lo abrazaba y ponía la cabeza en su pecho. Un aliviado Ryoga abrazó a su esposa mientras la besaba en la cabeza una y mil veces.

– No sólo no funcionó: los espíritus nos separaron al salir. No hay nada que temer.

Shampoo sonrió mientras lo abrazaba nuevamente. De pronto, el aroma a sake se hizo evidente.

– ¿Estuviste bebiendo más? – le preguntó, incrédula. Bueno, un poco y la besó para demostrárselo. ¡Cómo podía mantenerse en pie con todo lo que había bebido! Era un misterio.

– Bien, como soportar ese aroma me será imposible, te comunico que, por hoy, no duermes conmigo – dijo Shampoo de forma malévola sólo para fastidiar a Ryoga. Éste, temiendo que Shampoo volviese a enfadarse con él, aceptó todo, rogando, por su bien, que esa situación no se extendiera demasiado.

v. v. v. v. v

Mientras caminaban a casa de Akane, Mousse comenzó a meditar sobre lo que sabía del casamiento de Ranma y Ukyo y si era prudente que su futura esposa lo supiera. Antes que todo, Akane era su amiga; le había dado múltiples señales del aprecio que le tenía. Entre ellos no hubo secretos antes, no los habría ahora.

– Akane, si vamos a casarnos, por los motivos que sea, es necesario que te diga algo – y Mousse procedió a contarle sus sospechas sobre el matrimonio de Ranma y Ukyo. No podía partir una historia con ella ocultándole algo tan delicado. Era cierto: no tenía pruebas ni nada que confirmase sus sospechas pero, aun así, debía decírselo. Ahora, era ella quien debía decidir si prefería averiguar más antes de casarse. O de no casarse. O lo que fuera. Akane permaneció en silencio largo rato. Era frustrante que cada conversación siempre se desviara hacia Ranma. Entendía las intenciones de Mousse, y lo agradecía porque mostraba gran lealtad hacia ella pero no era ya el momento. El momento de ella y Ranma había pasado, había acabado el día en que él se casó con otra sin darle siquiera una explicación coherente. Si algo raro ocurrió en la materialización de esa boda, Ranma pudo haber sido un poco más sincero con ella y contarle, sin importar lo que fuera, algo que nunca hizo. No, Ranma había elegido su camino y ella el suyo. Y en el suyo estaba Mousse. Lo que seguía, el tiempo lo diría.

Todos los Tendo se sintieron aliviados cuando vieron que Akane estaba de vuelta y, al parecer, tranquila. Kasumi le agradeció a Mousse por traerla a casa y le invitó a tomar algo. Éste aceptó un té: sería bueno para él comenzar a acostumbrarse al que sería su nuevo hogar, su nueva familia, sus tradiciones. Todos habían sido siempre muy amables con él, especialmente Kasumi, que actuaba así con todos, y por supuesto, Akane. No le sería difícil llegar a quererlos, estaba seguro.

– ¿Viste al tío Genma, Akane? Salió a buscarte – le dijo Nabiki. Su hermana respondió que no, que no lo había visto. Era extraño, había salido hace un largo rato ya. Seguramente se entretuvo con algo. O con alguien. Akane no le dio mayor importancia al asunto: Genma era grande y, suponía, sabía cuidarse. Además, no quería dar pie a que la conversación se desviara hacia Ranma lo que probablemente ocurriría si seguían ese curso. Y ahora mismo, no quería pensar en él.

– Señor Tendo – comenzó a decir Mousse, nervioso –, estoy aquí por algo. Claro, vine a acompañar a Akane, eso es algo. No crea que vine de la nada a hacer nada. Aunque la comida o el té que prepara Kasumi son realmente exquisitos, no vine por eso –. Mousse se dio cuenta de que estaba haciendo el ridículo. No era necesario que dijera nada y ahí estaba, diciendo un montón de imbecilidades. Ése no era el camino, no podía partir así con su futura familia aunque éstos aún no sabían que lo serían. Todos se miraron extrañados.

– Habla con tranquilidad, hijo – le dijo Soun al verlo en tal estado. Que Soun llamara "hijo" a Mousse lo emocionó.

– Señor Tendo: quiero casarme con Akane – fue todo lo que dijo. Un largo silencio se apoderó de todos. Todos se miraban pero nadie decía una palabra. Se supone que Mousse sólo acompañaría a Akane a su casa y, quizás, entablaría una conversación con Soun pero no tenía planeado decirle nada del matrimonio aún. No en ese momento. Sin embargo, las palabras fluyeron solas y él no pudo contenerlas. El silencio seguía. Nadie de los Tendo se atrevía a romperlo probablemente pensando que lo que acababan de oír era el delirio de un muchacho. Akane estaba también sorprendida; jamás pensó que esa noche sería la noche. Al parecer, lo era. Soun no se pronunció: era un asunto demasiado delicado para él y había fallado dos veces en igual cantidad de días. No sería capaz de sobreponerse a una tercera decepción; era demasiado pronto. Quizás era una broma de Mousse y, si era así, no se lo perdonaría fácilmente, sabiendo lo importante que era todo eso y lo mucho que él y sus hijas habían sufrido por ese tema. Kasumi y Nabiki estaban tambien sumamente sorprendidas; la primera porque todo parecía salido de la nada, en primer lugar pero, además, porque conocía los sentimientos de Akane y, por lo tanto, sabía que seguía en su posición de querer ayudar a su familia a costa de su propia felicidad. A diferencia de los dos pretendientes anteriores, a Akane le agradaba Mousse pero ¿era éso suficiente para querer casarse con él? Por otro lado, estaba Mousse ¿qué sentía él por su hermana? ¿La quería realmente o sólo lo hacía por ayudarla? Lamentablemente, sus buenas intenciones podrían causarle un sufrimiento en el futuro y eso sería triste pues era un buen muchacho. Nabiki, por su parte, no estaba muy convencida de lo que estaba pasando. Pensaba que Akane podría haber elegido a alguien menos tonto o más rentable como marido. Era evidente que a ella le agradaba Mousse y le desagradaba Kuno Tatewaki pero este último era, a todas luces, un mejor partido, por lo tanto, seguía contando con su apoyo.

Mousse estaba demasiado incómodo: nadie decía nada. Ni a favor ni en contra de su propuesta. Se sentía estúpido y ridículo. Además, sentía que había pasado a llevar a Akane: debería haberlo hablado con ella antes, era lo que correspondía. Debía arreglar las cosas.

– Akane está de acuerdo – fue todo lo que atinó a decir para inducir una respuesta lo que, evidentemente no arreglaba nada. Afortunadamente, Akane comprendió el actuar de su amigo y no podría sentirse ofendida por su proceder, teniendo en cuenta que todo lo que estaba haciendo lo hacía por ella. Reafirmó entonces lo dicho por Mousse: sí, quería casarse con él. De pronto, Soun soltó un sollozo y todos temieron lo peor, que ahora fuera Soun quien no aceptara el casamiento. Nada de eso.

– Oh hijos míos, estoy tan feliz por ustedes. Hacen una linda pareja y seguramente serán dichosos – dijo mientras los abrazaba. Mousse y Akane se miraron y sonrieron: tomarían eso como un sí. Ahora, lo importante era ver cuándo podrían casarse.

– Cuando usted quiera – fue la respuesta.

– Ahora – respondió Soun.

Ahora. ¿Ahora ya, en ese mismo momento? Akane se sintió un poco avergonzada de la actitud de su padre; era como si estuviera desesperado y dispuesto a entregarla a la primera oportunidad que se presentara. En realidad, así era.

– ¿Le parece bien mañana en la tarde? Digo, para estar bien presentado y poder estar acompañado de mi gente –. Mousse asumía que su gente era Shampoo y Ryoga; Cologne no estaba y su madre, en China, no alcanzaba a llegar. Soun, como muestra de consideración, le propuso posponer la ceremonia hasta que su madre estuviese en Japón y pudiese asistir al enlace. Claramente, ése no era su deseo y todos lo notaron. Mousse lo agradeció pero al día siguiente estaba bien, era un plazo considerable de tiempo.

– Arregladas las cosas, brindemos – dijo Soun, feliz. En eso estaban cuando apareció Genma, sorprendido de ver a Mousse ahí y también a Akane. Había olvidado que andaba afuera buscándola.

– Me alegro de que estés bien, Akane. Te busqué como loco pero no pude encontrarte – dijo Genma, mintiendo descaradamente. Agregó que no había ido a casa solo: "alguien" quería ver a Soun, si era posible. ¿Quién podía ser, a esa hora y en ese preciso momento? Ese alguien no era otro que Ranma Saotome. Al verlo, el padre de las hermanas Tendo olvidó la felicidad que lo había embargado hace unos instantes, enrojeció de ira y saltó sobre él. Esta vez no se le escaparía, lo haría pedacitos. Ranma no hizo nada por defenderse: su intención era hablar con Soun, tratar de limar asperezas. Disculparse por su forma de actuar. Nadie podía imaginar lo mucho que a Ranma le costaba estar parado ahí, frente a todos. Tener que echarse su orgullo al bolsillo, reconocer sus múltiples errores, pedir disculpas era algo infinitamente difícil de hacer. Y ahí estaba porque ellos eran importantes para él. Sabía que Soun nunca lo perdonaría completamente pero, después de todo, los Tendo eran su familia. Y así se los hizo saber. Los extrañaba, a todos, y le dolía estar alejado de ellos. Mientras hablaba, Ranma intentaba no mirar a Akane pero creyó notar que a ella parecía no molestarle su presencia en ese lugar. Eso le hizo sentir mejor.

– Bien, lo pensaré Ranma. No te prometo nada – fue todo lo que dijo Soun, bruscamente. Él quería mucho a ese muchacho, como al hijo que nunca tuvo. Siempre lo consideró su heredero; el cariño no podía irse de un día para otro, eso lo reconocía. Kasumi sonrió dulcemente al ver que las cosas podían llegar a ser como alguna vez fueron, con ciertos matices, claro está, pero similares.

– Espero que no te moleste mi presencia aquí, Akane – dijo Ranma tímidamente. Akane sonrió y negó con la cabeza. Luego se disculpó diciendo que acompañaría a Mousse a la puerta. Ranma estaba tan emocionado con lo que había sucedido hace unos instantes que no se había percatado de su presencia en el lugar; tampoco preguntó de qué se trataba todo eso. Mousse y Akane eran amigos, no le parecía extraño que estuviese ahí y asumió que los dos se habían encontrado mientras él estaba en el Café del Gato con Ryoga. Soun se puso de pie para despedir al muchacho, no sin volver a darle las gracias y decirle que lo esperaba al día siguiente. Mousse mantuvo su palabra: ahí estaría. Una vez fuera, Akane volvió a darle las gracias.

– Mousse, nunca voy a poder agradecerte lo que estás haciendo por mí y mi familia –. Mousse le indicó que no había nada que agradecer: eran amigos, eso estaba por sobre todo. Akane lo sabía pero, aun así, lo que había hecho por ellos superaba lo que cualquier amigo estaría dispuesto a hacer por otro.

– No sé qué clases de amigos tienes tú – le respondió divertido. Ambos estallaron en una carcajada que no pasó desapercibida para el resto de los que estaban en la casa, incluido Ranma quien comenzó a intuir que aquella, lamentablemente, ya no volvería a ser su familia.

Las carcajadas dieron paso a un minuto de seriedad en Mousse. Algo no trivial acababa de pasar, no podía continuar como si nada hubiese ocurrido.

– Ranma está aquí, Akane. ¿No significa nada para ti?

– Creo que la mejor hora para la ceremonia es a las seis de la tarde ¿No crees? Si te parece bien, se lo haré saber a mi padre para que prepare todo – fue la respuesta de Akane, desviando totalmente el tema. Mousse entendió el mensaje: sí, a las seis estaba bien. Se despidió de ella con un beso en la frente.

– Como tú quieras. Ahora, debo ir a ver qué desastre quedó en casa de Shampoo. Espero que todos estén todos vivos – suspiró –. Hasta mañana, a las seis – dijo mientras se retiraba a su casa. Akane lo miró largo rato. Ese hombre sería, en unas horas, su marido. Y, dentro de su casa, estaba el que hasta hace poco tiempo iba a ser su marido y al que, para su desgracia, aún no podía olvidar del todo.

v. v. v. v. v

– Me alegro mucho de que estés de vuelta, Ranma, aunque sea como invitado. Quizás podrías quedarte aquí, ahora que Kuno ya abandonó la habitación que arrendaba – lo invitó Nabiki mientras ayudaba a Kasumi y Ranma a llevar platos y vasos a la cocina. No le cobraría una suma muy grande e, incluso, podría invitar a Ukyo a quedarse también. No sería la primera vez que lo hicieran aunque, claro, ahora las circunstancias eran otras. Ranma le agradeció semejante gesto de altruismo pero no tenía dinero para pagar: ahora, si le aceptaba un préstamo, podría considerarlo. Nabiki se sorprendió al ver que Ranma aceptaba su oferta ¿Había algún tipo de problema entre él y Ukyo? Ranma nada dijo.

– Yo también me alegro – dijo Kasumi. Ella realmente quería a Ranma y a Genma y estaba feliz de que las cosas volviesen a ser como alguna vez fueron, aunque fuera en parte.

– Gracias Kasumi. También espero que eso se dé, después de todo, somos una familia – dijo Ranma algo avergonzado.

– Sí – afirmó Nabiki – y cada vez nuestra familia se vuelve más grande –. Ranma creyó que se refería a él y Ukyo pero la realidad sería más dura para él. Kasumi miró a Nabiki preocupada, sabía lo que se venía.

– Vaya, entre tantas emociones, olvidamos darte la noticia, Ranma – dijo Nabiki no sin algo de sadismo en su voz –: después de tantas desgracias en la vida de Akane, podemos decir que nuestro dojo está a salvo –. Ranma aún no entendía a lo que Nabiki se refería pero se moría de ganas por saberlo.

– ¿Estás segura de que no queda nada en el comedor, Nabiki? – Kasumi intentaba hacer desistir a su hermana sobre lo que pretendía hacer. Creía que lo mejor era que Akane le contara a Ranma lo que estaba a punto de suceder.

– Ranma, si no te diste cuenta, cuando tú y tu padre llegaron a la casa estábamos celebrando; te preguntarás por qué – ante la afirmación del muchacho, Nabiki procedió a terminar su discurso –: Akane y Mousse acaban de comprometerse; se casan mañana.

Por fuera, la expresión de Ranma no cambió mucho. De hecho, en principio fue como si no entendiera lo que acababa de oír. Cuando Nabiki lo repitió, sintió una fuerte presión en el pecho, tan grande, que apenas lo dejaba respirar. Fingió mantener la calma porque eso era lo que debía hacer, él no tenía derecho a pedir nada. Sin embargo, por dentro, sentía que se moría. ¿Cuándo se había orquestado todo ésto? ¿En el transcurso de la noche? Él había hablado con Akane hace menos de tres horas y ella estaba desconsolada porque su familia había perdido el dojo ¿Cómo una decisión tan importante podía tomarse en tan escaso tiempo? Se sintió ridículo: lo decía él que no se había tomado mucho tiempo en contraer matrimonio con alguien que no era su novia. No podía exigir nada. En eso, sintió unos pasos. Rogó con toda el alma para que no fuera ella; no podría siquiera mirarla sin dejar entrever el dolor que la noticia de la boda le estaba causando. Desafortunadamente para él, sí era Akane. En cuanto la tuvo en frente, trató de no mirarla mas no pudo. Al verlo, Akane pudo advertir el dolor y la confusión en los ojos de Ranma ¿Qué le había sucedido? ¿Acaso se habría enterado?

– Felicitaciones – fue todo lo que pudo decir Ranma y salió de la cocina y de la casa de los Tendo sintiéndose un miserable y un estúpido por haber tenido la brillante idea de ir a esa casa en el preciso momento en que ese matrimonio se anunciaba. En el instante en el que él sólo sobraba. No podía haber elegido un peor momento para presentarse ahí. Akane debía estar disfrutando ese momento pero no, no lo estaba. Hubiese preferido haber sido ella quien le dijera que se casaba al día siguiente pero Nabiki se adelantó. Ranma ni siquiera se despidió de Genma o Soun, sólo quería salir de ese lugar. Atrás quedaba Akane, mirándolo.

– ¿No irás detrás de él, hermana? – le preguntó Nabiki, "inocentemente."


Originalmente, era un capítulo más largo pero decidí partirlo porque sí. No tengo una muy buena razón para ello excepto mis caprichos.

Gracias.