Disclaimer
Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi de su obra Ranma 1/2. Sólo los utilizo para mi propio entretenimiento y el de los que leen. No obtengo ningún beneficio monetario por ello.
Se aceptan todos los comentarios y críticas que sean hechas con respeto. Comentarios ofensivos serán ignorados. Muchas gracias.
Nota
Este capítulo consta de tres partes. Para leerlas, les sugiero que escuchen el concierto nº 20 para piano y orquesta en re menor (K. 466) de W. A. Mozart pero al revés. O sea, el tercer movimiento para la primera parte, el segundo para la segunda, el primero con la tercera. Esta es una de mis piezas musicales favoritas, la conozco bien y creo que la intensidad que tiene calza muy bien con lo que trae este capítulo. Especialmente la tercera parte.
Escribí rápido éste (me temo que ya no será tan así desde ahora :() porque encontré que era un algo importante lo que aquí se dice.
Y supongo que por eso lo llaman melancolía
Y mientras yo estoy fuera,
quítales el polvo a los demonios que tienes dentro,
y no pasará mucho tiempo
hasta que tú y yo vayamos corriendo
hacia el lugar en nuestros corazones
donde nos escondemos.
Y supongo que por eso lo llaman melancolía,
el tiempo en mis manos
podría ser tiempo pasado contigo.
Riéndonos como niños,
viviendo como amantes,
resonando como el trueno bajo las sábanas.
Y supongo que por eso lo llaman melancolía.
Elton John - I guess that's why they call it the blues
Todo había acabado. Su sueño de ser feliz, se había ido al diablo. Y todo por su culpa. Por hacer las cosas mal, por no pensar antes de hablar, por su egoísmo. Ahora estaba solo y, de cierta forma, se lo merecía.
Akane se veía hermosa, como aquélla vez en que iba a ser su esposa. Ése era el día y no lo quiso ver, no lo quiso admitir. ¡Maldito maestro Happosai que se bebió el agua del manantial! Malditos Ryoga, Mousse, Shampoo, Ukyo y todos los que aportaron para que su casamiento resultara siendo el fracaso que fue.
¿A quién quería engañar? Siempre buscando en otros la responsabilidad que sólo a él le competía. Si era verdad lo que había dicho unos días antes, que aceptaba su destino de ser mujer, no le habría importado que el viejo se bebiera el agua. Así no fueron las cosas. Como siempre, puso su bienestar por sobre el resto, en este caso, sobre la persona más importante para él: Akane. Era un pusilánime, un idiota, un imbécil y todos los epítetos que una persona puede imaginar. Ahora Akane compartiría su vida con Mousse. Mousse ¿no podía ser otro? Ranma sabía que, si había una persona de la que Akane realmente podría llegar a enamorarse y hacer que lo olvidara a él, ése era Mousse. Nunca le temió a Tatewaki. Sí a Ryoga pero éste ya no era peligro porque más enamorado de Shampoo no podía estar. No era lo mismo con Mousse; Akane lo apreciaba y se habían hecho demasiado cercanos en el último tiempo. En su regazo él lloró las lágrimas más amargas cuando se dio cuenta de que Shampoo nunca sería para él. Cuando Shampoo insistía en perseguirlo, Akane consolaba a Mousse. Cuando Shampoo admitió su amor por Ryoga, Akane consoló a Mousse. Ella siempre estuvo ahí, cada vez que él la necesitó. Ahora la historia era al revés: Akane necesitaba a Mousse y él estaba a su lado. Lo que él no pudo hacer: pensar en el otro antes que en sí mismo. El pajarraco se casaba con Akane para salvar el dojo de su familia pero, él lo sabía, porque en el fondo la quería. Y a eso le temía, que su amor fuera tan grande que pudiera conquistar el corazón de Akane. Ranma sabía que lo lograría porque si había alguien perseverante, ese era el pato. No por nada esperó a Shampoo gran parte de su vida…
Akane había decidido su futuro; ahora era el turno de Ranma. Su vida era un rotundo fracaso: estaba casado con alguien a quien no amaba y que no provocaba nada en él. Ni la más mínima llama. ¡Pobre Ukyo! Sentía lástima de ella pero estaba consciente de que una parte importante del desastre en la vida de ambos se debía a ella. No importaba lo mucho que el anciano ése le hubiese prometido, así no se gana el corazón de una persona. Hasta Shampoo, que era la más peligrosa de todas, lo había entendido y ella no. Y ahí estaban ahora, con el buque a punto de hundirse. Si es que no se había hundido ya.
Ranma estaba tan concentrado en sus reflexiones que no se dio cuenta del momento en el que llegó a su casa. Ahí estaba, parado fuera del restaurante, derrotado, esperando quién sabe qué cosa. Ni él mismo lo tenía claro. Cuando se vio envuelto en todo el lío de su casamiento con Ukyo pensó que lo mejor era irse con ella a otra ciudad pero ésta insistió y él, desmoralizado por todo, aceptó. Pero si podía arreglar en algo sus errores, ése era el momento. Entró a la casa y encontró ahí a Ukyo, sentada. Se notaba que había estado llorando.
– Asumo que fuiste a detener el matrimonio de Akane y Mousse. ¿Te resultó? – le preguntó con la voz quebrada. Con furia y decepción. Ranma no le hizo caso.
– ¡Te hice una pregunta! – contraatacó la chica. Ranma suspiró.
– No, no fuí a eso, si te deja más tranquila saberlo. A esta hora, Mousse y Akane ya deben ser marido y mujer. ¿Conforme?
– Pero estuviste ahí, lo sé.
Ranma ya no quería más mentiras en su vida, ni tampoco ocultar verdades. Desde ahora, todo había cambiado para él.
– Fui a despedirme de ella. Tú sabes que …– titubeó – ella es una persona muy importante para mí.
Ukyo lo miró extrañada. ¿Despedirse? ¿Iban a algún lado?
– Tú no, yo sí. No es este mi lugar. No quiero seguir haciéndote daño, U-chan – Ranma volvió a llamarla cariñosamente.
– No, no te vas por mí; te vas por ella. Porque no aceptas que se haya casado con otro. Hablas de empezar a acabar con las mentiras y ahí vas con una – le recriminó Ukyo. Tenía razón. Si quería comenzar a vivir con la verdad, era él el llamado a dar el primer paso.
– Es cierto. No puedo olvidar a Akane, nunca podré. Y verla ahora casada con una persona a la que ella quiere y de la cual es muy probable que llegue a enamorarse me hace insoportable vivir aquí. Sería muy difícil verla junto a Mousse y no conmigo. Querías la verdad, ahí la tienes – le dijo Ranma, tratando de no ser muy duro con ella. Ukyo comenzó a llorar desconsoladamente: el viejo mentiroso la había engañado y ahora ella era más infeliz que antes.
– U-chan – le hablo Ranma mientras le tomaba las manos y la miraba fijamente –, el amor de una persona no se consigue a través de magias, hechizos o brujerías. Ahí tienes el ejemplo de Shampoo, todo lo que hizo no le sirvió de nada. No me gusta como terminaron las cosas entre nosotros pero así fue y no hay nada que pueda hacerme cambiar de opinión. Me voy y me voy sin ti –. Entonces, Ranma la dejó sentada en el mismo lugar y fue a juntar sus pocas pertenencias. Ukyo no lo siguió, sería humillarse aun más. Una vez que estuvo listo, Ranma se dispuso a partir.
– Adiós U-chan – fue todo lo que le dijo.
– Algún día te arrepentirás de esto – fue la respuesta de ella.
v. v. v. v. v
Todos en casa de los Tendo se notaban tensos. Los ruidos del gong habían cesado pero Akane y Mousse aún no regresaban.
– ¿Qué puede haber pasado allá afuera? – se preguntaba Kasumi nerviosa. Soun lloraba pensando que algo malo les había pasado pero no tenía el valor de ir a verlos.
– Ryoga, ve a ver qué pasa – le dijo Nabiki. Cuando éste iba a partir, Mousse y Akane aparecieron. Con ellos venía el doctor Tofu, quien se disculpó por haber llegado tarde. Los novios se notaban nerviosos lo que hizo que todos en la casa lo estuvieran también. El doctor Tofu no parecía haberse enterado porque se veía de lo más tranquilo, al menos hasta que vio a Kasumi.
– Akane ¿estás bien? – preguntó Nabiki. Su hermana asintió con la cabeza. Shampoo fue inmediatamente donde su amigo para preguntarle lo mismo y la respuesta fue igual. Pero ¿cómo iban a estar bien si se notaba que Akane estaba conmovida?
– Estoy bien, se los prometo – los tranquilizó Akane –, ahora sigamos con la ceremonia. Todos suspiraron aliviados: lo que sea que pasó allá fuera de la casa no fue tan terrible como para acabar con la boda.
Ante el hermoso altar, Kasumi entregó a su hermana a Mousse quien estaba acompañado por Ryoga, que en ese momento actuaba de padre o padrino o algo. Mousse miró a Akane; por un instante temió que todo se hubiese ido al infierno pero ahora la veía muy tranquila, incluso le sonría repetidamente como queriendo indicarle que sí, había tomado la desición correcta. Se leyeron entonces palabras de compromiso, quemaron el incienso debido a los Kami para finalmente intercambiar los anillos y rosarios. Finalmente, bebieron los tres vasos que sake que indican que la ceremonia había terminado. Pero no la celebración, ésta recién empezaba. Mousse salió junto con Ryoga y Akane de la mano de Shampoo, que era la mujer más cercana a Mousse en ese momento. ¡Eso sí que era irónico! Y Shampoo no lo dejó pasar: ahora Akane debería respetarla como a un mayor porque era como su suegra. Akane suspiró ¿Eso sería bueno o malo? Soun lloraba a lágrima viva al ver a su hija como una señora siendo consolado por Genma quien, si bien había llegado tarde, ahí estaba.
La celebración posterior fue muy sobria. No eran tantos los invitados. El tío Tendo seguía dormido a causa de Nabiki. Gracias a esto pudieron conocer un poco más de su primo quien era una persona dulce pero extremadamente tímido que solía llevarse la mano a la boca cada vez que hablaba. Fue el blanco de los tormentos de Nabiki lo que al principio lo asustó mucho pero, al ver que su prima no era para nada mala, se relajó y hasta comenzó a disfrutar de sus bromas. Kasumi compartía con el doctor Tofu quien ya no estaba cuerdo mientras Mousse conversaba con Ryoga y Shampoo.
– Mousse ¿qué pasó allá afuera? ¿Cómo conseguiste calmar a ese loco de Tatewaki? – le preguntó Ryoga con curiosidad.
– La verdad es que no hice nada, al parecer la suerte está de mi lado y se dio por vencido – respondió Mousse muy generalmente.
– No te creo. Ese tipo está desquiciado, no se iba a rendir tan pronto. Menos si se trata de Akane – volvió a puntualizar Ryoga. Afortunadamente, Akane, que había ido a cambiarse el incómodo traje de novia, estaba de vuelta. Los Hibiki dejaron de preguntarle a Mousse para seguir con su ahora esposa.
– Akane ¿estás segura de que no pasó nada extraordinario afuera? – comenzó Shampoo. Akane miró a Mousse. Sentía que era como faltarle el respeto el mencionar el rol que tuvo Ranma en el asunto porque, inevitablemente y como siempre, la conversación se desviaría hacia allá. Pero Mousse no realizó ningún gesto.
– Nada aparte de encontrarnos al doctor Tofú – fue la respuesta.
Obviamente, nadie creyó que eso fue todo. Pero no insistirían, por ahora. Una vez que tuvo lugar la comida, el brindis y las demás cosas, Mousse y Akane tuvieron tiempo de estar un poco más alejados de la realidad.
– Akane ¿por qué decidiste casarte conmigo? Tenías la oportunidad de ir con Ranma y preferiste quedarte – preguntó Mousse, mirando al horizonte.
– Porque nunca estuvo en mis planes hacerlo. No sé a qué vino Ranma, no sé qué ideas pasan por su cabeza. Este último tiempo lo desconozco tanto – Akane bajó la vista con algo de tristeza –. Pero él no vino por mí ciertamente, tampoco creo que sólo haya aparecido a desearnos felicidad. Nunca dijo nada, no me pidió que me fuera con él. Sólo ayudó a que nuestra boda se llevara a cabo.
Mousse sonrió algo nervioso. ¿Qué tan sincera era Akane con él?
– Y si él te lo hubiera pedido, ¿te hubieses ido? – preguntó.
Akane pensó un momento. Estaba empezando una nueva vida con Mousse; nunca le mentiría.
– Mousse, tú sabes que todavía quiero a Ranma. Esos sentimientos no se pasan de un día para otro y lo sabes mejor que nadie. En tu caso fue distinto, Shampoo no te dio mayores esperanzas de nada, se enamoró de otro y se ve feliz. Me dijiste alguna vez que eso era lo más importante para ti – Akane miró a Mousse con dulzura –. Mi caso es distinto: Ranma se fue un día, sin mí, prometiendo que volvería. Y volvió, casado con otra sin darme nunca una explicación sincera de lo que pasó. Siempre con misterios y secretos. Así yo ya no puedo confiar en él. Además, está Ukyo. Ella es su legítima esposa. Si pensó alguna vez que yo me iría con él estando comprometido con ella significa que no me conoce bien. Jamás lo haría. No, nunca pensé en ir con él, aunque me lo hubiese pedido – finalizó.
– Me hubiese gustado que. quizás, las cosas fueran diferentes: que lo tuyo con Ranma hubiese funcionado, lo mío con Shampoo también. Y Ryoga que se perdiera en África – ambos soltaron una gran carcajada ante la broma. Pronto Mousse se puso serio nuevamente –: pero igual me gustaría que no sólo sintieras agradecimiento por mí sino algo más. Tal vez no lo que sientes por Ranma pero algo, poca cosa…
Akane sonrió, le tomó el mentón con la mano para elevar la cabeza y lo besó. Un beso simple, casi un roce.
– Yo ya te quiero. El resto, la vida lo dirá – dijo Akane tomándole la mano. De pronto vieron como unas grises nubes se tomaban el cielo y amenazaban con dejar caer la lluvia. Así fue, dentro de unos minutos. Era mejor entrar y compartir con su gente. Mousse se puso de pie emocionado; Akane lo quería, un poco, pero lo quería. Él no buscaría reemplazar a Ranma en su corazón pero sí ganarse un pedacito de él. Eso, si otras causas no intervenían.
v. v. v. v. v
La decisión era irrevocable; Ranma se iría de la ciudad porque ya no tenía nada más que hacer ahí. Había aclarado las cosas con Ukyo y, si bien terminaron mal, tenía confianza de que lo entendería porque todo había empezado mal. Lo que mal empieza, mal acaba. Akane no le guardaba rencor y ahora estaba casada con Mousse quien, a pesar de todo lo idiota que alguna vez lo consideró, era un buen hombre; la respetaría y no la haría sufrir. Su padre ya era un hombre grande y estaba más seguro con los Tendo que con él. Ahora esa su turno de buscar su camino.
Estaba sentado en una cafetería, mirando a través del cristal de la ventana. Desde ahí, imaginaba a todos lo que estaban en el matrimonio, felices. Entonces, comenzó a rememorar cómo llegó a la situación el la que estaba.
Acababa de volver de esa montaña horrible en donde encontró la cura para la maldición de los estanques y, también, la perdición de su vida. El anciano lo había hecho prometer que haría cualquier cosa por sanarse y él atolondradamente lo aceptó. Ahora bien, el viejo se tardó un poco en decirle cuál sería la forma de pagar su deuda. Sospechaba que Ukyo algo podía saber pues se había hecho muy cercana a los viejos. Ellos la veían como su hija que había muerto tiempo antes por una pena de amor. Mientras el viejo se decidía a pedirle que cumpliera su parte del trato, Ranma se dedicó a recorrer el pueblo y ahí conoció a algunas personas. Todas tenían un cariño por la anciana y un gran respeto por el viejo. A ratos se veía que, más que respeto, le temían. No veía el porqué de tal temor: era un viejo sabio pero debilucho. No era su fortaleza física la que atemorizaba sino la mental y el extraño poder de cambiar el rumbo de los acontecimientos a su antojo.
– No creo que sea más peligroso que Shampoo – bromeó Ranma. Lentamente comenzó a enterarse de la naturaleza del poder del hombre.
Algunos decían que era brujo, otros que podía comunicarse con Kamis e incluso con otros dioses, algo que a Ranma le parecía de lo más ridículo. Nadie tenía poderes sobrenaturales de tal tipo. Sin embargo, algo extraño había en el viejo; todos los habitantes del pueblo evitaban tener problemas con él. ¿Por qué? No tardó mucho en descubrirlo.
Un día, mientras caminaban por el pueblo Ranma y el viejo, un muchacho insolente trató de asaltarlos. No pasó de un detalle porque Ranma lo redujo con un solo golpe. Sin embargo, las cosas no quedaron ahí. El viejo enfurecido, pronunció unas palabras ininteligibles, chino o algún dialecto de ese estilo y, en ese mismo momento, un fuego surgió de la nada quemándole las manos, en presencia de todos. Ranma no podía creerlo: el viejo no hizo más que decir algo y todo sucedió.
– No sé de qué te sorprendes, ése siempre ha sido el castigo de los ladronzuelos. Y agradece que no se las corté, eso merecía – dijo el viejo con enojo.
Ranma no pudo parar de pensar en el incidente. Y no era el único: a veces lograba hacer brotar agua de donde no la había, secar pozos, que las cosechas maduraran o se perdieran, de acuerdo a lo que sintiera por los dueños de aquéllas, entre otras cosas. Era increíble el poder que tenía. Y era increíble cómo lo utilizaba, de acuerdo a qué tanto le agradaban las personas. Era extraño.
– ¿Qué clase de brujería hace usted para lograr todo lo que hace? – le preguntó Ranma con cierta sorna. El rostro del anciano se descompuso.
– ¿Quién te crees tú mocoso insolente de venir a menospreciar mi don? Lo que yo hago es conversar con los elementos, respetarlos y ellos me obedecen.
"Ah sí claro" pensó Ranma. A medida que iba conociendo al hombre comenzó también a temerle. Su visión absolutamente sesgada de lo que él creía que era bueno y lo que no, era preocupante. Bastaba hacer lo mínimo que al viejo no le pareciera bien para desatar su ira y su rencor.
– No era así antes – dijo un muchacho que era su alumno, seguramente aprendiendo a hacer brujerías junto con él. Era el famoso chico de la cicatriz.
– ¿A qué te refieres? – preguntó Ranma intrigado.
– Cuando Yun, su hija, vivía, era diferente. No me acuerdo muy bien de ella, yo era muy pequeño, pero sí que era diferente el maestro – aseguró.
– ¿Y qué le pasó a Yun?
– Uf, una desgracia. Ella era muy bonita, muy parecida a tu amiga con la que andas, de hecho, son casi iguales. El maestro solía ser muy sobreprotector con ella, a ninguna parte salía sola. Hasta que un día, se encontró con un hombre, muy guapo también, inteligente, rico, que se enamoró perdidamente de ella. Yun le correspondió y así, poco a poco, se fue arreglando el compromiso entre ambos. Eran felices. Pero cuando ya habían pasado más de diez meses, este mal hombre comenzó a cambiar. No venía a visitarla a menudo, se perdía por semanas y cuando volvía, bueno, el maestro le daba sus escarmientos, por desgraciado…
– No quiero saber qué tipos de escarmientos eran esos – interrumpió Ranma, recordando las performances del viejo loco.
– Hasta que, un buen día, dejó de venir, definitivamente– retomó el muchacho –. Yun lo esperó mucho tiempo, ilusionada de que sólo se tratara de algo pasajero. Pasaron las semanas y del fulano no se sabía nada. Hasta que un día el maestro descubrió, no sé cómo, que este hombre había vuelto con la prometida que sus padres le habían buscado en su juventud y que, por el entusiasmo que sentía por Yun, había dejado. Juró que se vengaría y nos amenazó a todos en el pueblo para que nada le dijeramos a su hija. Así fue durante un tiempo. Pero nada dura para siempre. Una vez que vino al pueblo, Yun escuchó lo que había sucedido con su novio y ya nunca más fue la misma. Se sumió en una melancolía extrema, dejó de salir de su casa, de comer y así, poco a poco, se fue debilitando. El maestro hizo de todo por salvarla pero no, no hubo caso. Ella murió poco después. Desconsolado, hizo que el río se desviara y arrasó con el pueblo, excepto la casa de mi familia. No sé por qué. Posteriormente, no lo vimos en mucho tiempo. Según decían, andaba buscando al asesino de su hija, no sé cómo, si nunca salía. En esa época empecé a estudiar con él y por eso supe que maldijo a la mujer que le había quitado el novio a su hija. No le di mucha importancia, él ya estaba lejos. Después supe que la mujer murió ahogada en el mar y su marido enloqueció ante esto. Yun había sido vengada.
Ranma lo miró sorprendido e incrédulo.
– Cómo quieres que crea eso si me dices que el viejo no salió de su casa. Quizás lo hizo y tú no lo viste…
– No salió jamás, lo puedo jurar. Todo lo hizo con el poder de su mente y palabras. Si maldice a alguien, ese alguien está perdido – reafirmó el muchacho.
Ranma se sintió intranquilo. ¿Con qué clase de demente se había metido? Decidió que lo mejor era que Ukyo y él salieran de ahí lo más pronto posible pero no podía irse sin cumplir la promesa que había hecho y, sabiendo la fama que tenía el viejo, era mejor cumplirle. Le escribió entonces una carta a Akane para decirle que volvería pronto. Sin embargo, eso no se dio. El viejo se negaba a revelar lo que quería de Ranma. En un principio éste creyó que era para explotarlo, para que hiciera los trabajos en la casa que él descuidaba por andar con sus hechizos. Pronto se dio cuenta de que no era así pero no quiso creerlo. El tipo lo estaba estudiando, tratando de conocerlo a fondo.
Finalmente, el día llegó. Un día en que Ukyo y la anciana no estaban en la casa, el viejo exigió su pago:
– Quiero que te cases con Ukyo – soltó sin mayores tapujos.
Ranma lo miró sorprendido. Estaba loco si creía que haría algo así.
– No lo haré. Yo ya tengo una prometida que está esperando por mí en mi casa. No la engañaré y me casaré con otra y menos con Ukyo Ella es mi amiga.
– Y te quiere, mucho. Ella fue la primera prometida que tuviste: debes cumplirle – contestó el viejo.
Ranma tuvo que explicar las cosas. No eran así como él decía.
– En estricto rigor, ella no es mi prometida: ése es un lío que armó mi padre. Pero, si lo fuera, no fue la primera. Estaba comprometido con Akane incluso antes de nacer.
– Te vas a casar con Ukyo – repitió el viejo.
– No – fue la decidida respuesta.
– ¿Ah no?
– ¡No! – dijo Ranma ya perdiendo la paciencia.
– Entonces, que paguen tu padre y tu "novia" – sentenció el tipo.
– No sea ridículo. Usted no los conoce y nunca les diré quiénes son – se burló Ranma.
– No sé ¿estás seguro? –. El viejo se acercó a él con las palmas juntas y al abrirlas apareció la imagen de Genma y Akane conversando en el jardín. Ranma sintió que el corazón le daba un salto.
– ¿Me crees ahora? – le dijo el anciano serio.
– Usted no les hará nada a ellos o lo mato –. Ranma trató de golpearlo pero una fuerza gigantesca lo lanzó hacia atrás.
– A tu padre no pero a tu novia… – y abriendo nuevamente las manos, Ranma vio cómo Akane caía desmayada.
– ¡Akaneeeee noooooo! – gritó desesperado al creerla muerta.
– Entonces ¿cuándo te casas con Ukyo?
Ranma no contestó. Salió hecho una bala al pueblo y buscó a alguien que tuviese un teléfono en ese peladero. Finalmente, llamó a su casa. Nabiki contestó. Le preguntó si Akane estaba bien. Estaba convencido de que todo era un truco del miserable viejo para obligarlo a casarse con su amiga.
– Dentro de todo, bien. Se desmayó hace un rato pero no pasó a mayores. Al parecer te extraña ¿Cuándo vuelves? – dijo Nabiki.
Era cierto. Lo que había visto no era una ilusión y Nabiki no podía haber inventado precisamente un desmayo porque no sabía lo que el viejo había dicho.
– Pronto. Por favor, no le digas a Akane que llame – y colgó.
La cabeza de Ranma daba vueltas. ¿Cómo había llegado a eso? ¿Por qué no pensó en las consecuencias de hablar sin pensar? El viejo lo tenía practicamente en sus manos. Debía salir de ahí y por eso, cuando Ukyo regresó, le dijo que tenían que irse. Estaba seguro de que, llegando a Japón, Shampoo o mejor, Cologne, sería capaz de romper cualquier brujería del viejo. Ukyo no quería irse, le había realmente tomado cariño a los ancianos.
– Si no quieres irte, no puedo obligarte. Pero si me quieres como dices quererme, ven conmigo, ahora mismo – a pesar de todo, Ranma temía por la seguridad de su amiga.
– Tú sabes que te quiero. Más que a nada. Sólo deja despedirme de ellos…
– ¡No! Si nos vamos, nos vamos ahora y con lo puesto – finalizó Ranma.
Ukyo aceptó pero, antes de siquiera poner un pie fuera de la casa, el anciano apareció.
– Parece que van de salida…
Ukyo se sintió culpable. Debería haberle dicho a los ancianos que se iba, era lo menos que podía hacer, en retribución a como ellos los habían tratado.
– No tienes que disculparte, hija. Ve adentro. Yo tengo que hablar con tu novio – fue todo lo que dijo el viejo. Y dirgiéndose a Ranma, empezó el discurso:
– Eso no es de hombres, Ranma Saotome. Te ibas a escapar como los bandidos olvidando que tienes una deuda conmigo. Recuerda que yo te salvé…
– Sí, sí. No tiene para qué recordármelo. Lo peor que he hecho en mi vida es haber venido con usted – interrumpió Ranma.
– Eres un malagradecido. Pero lo pasaré por alto si te casas con Ukyo – dijo el viejo que, sorprendentemente, estaba muy calmado.
– Ya le dije que no – insistió Ranma.
– Que Akane Tendo cargue con tu culpa entonces – dijo el anciano, ya molesto.
¿Cómo sabía el nombre de Akane? ¿Cómo se había enterado? ¿Quién se lo había dicho?
– No, ella no tiene nada que ver en esto. Déjela en paz –le suplicó Ranma.
– Lo haré, si te casas con Ukyo.
Ranma se sintió atrapado, casi sin salida. Era evidente que el viejo veía en Ukyo a su hija muerta y, probablemente, quería que ella sí pudiera ser feliz, como su hija no logró serlo ¡A costa de él!
– Escuche: Ukyo no es Yun. No es su hija ¡Entiéndalo! Además, si usted me obliga a casarme con ella yo deberé dejar… deberé dejar a mi novia ¿No le importa que ella sufra lo mismo que vivió Yun?
– No me importa esa Akane. Sí me importa Ukyo: estoy seguro de que es la reencarnación de mi Yun que vino para ser finalmente feliz.
Viejo porfiado. Ahora salió con eso de que Ukyo era la reencarnación de su hija.
– A mí sí. Y porque ella me importa, no la traicionaré por casarme con Ukyo –. Ranma se mantuvo firme en su posición
– Bien, si así lo quieres. Que la muerte caiga sobre Akane Tendo – y, abriendo las manos, el viejo le enseñó como Akane caminaba por la calle y unos tipos iban tras de ella, dispuestos quizás a qué cosa. La cosa no se veía bien. Ranma quedó paralizado por el miedo. Akane podía estar en peligro y él no podía ayudarla. Se sentía impotente.
– Está bien ¡Me caso con Ukyo! En cuanto lleguemos a Japón, se lo prometo – dijo Ranma desesperado pensando que, una vez en Japón, Cologne podría librarlo del castigo que podía caerle por no cumplir su palabra al viejo. Así, nunca se vería en la necesidad de casarse con Ukyo.
– Ahora. ¿Crees que soy estúpido para dejar que te cases en Japón? Allá no lo harás, a menos que vaya contigo –. No había manera de engañar al viejo. Ranma no podía arriesgarse. Estando allá ese maldito brujo podía hacerle cualquier cosa a Akane. Tenía que protegerla. El casamiento era una mera formalidad, nada más. Ranma entró a la casa y le pidió a Ukyo que se casara con él. Aceptó feliz. Realizaron rápidamente la ceremonia y posteriormente, la anciana y Ukyo salieron a comprar algo para cocinar y hacer una cena de bodas decente. Estando solos, Ranma enfrentó al viejo:
– ¿Se da cuenta de que acaba de condenar a Ukyo a vivir sin amor, igual que su hija? Puedo haberme casado con ella pero lo hice para proteger a la persona que realmente quiero. Y eso no va a cambiar – dijo Ranma. El viejo montó en cólera.
– ¡Tú la vas a terminar queriendo! – gritó.
– Eso nunca. Usted podrá tener todos los poderes del universo pero nunca podrá cambiar lo que yo siento por Akane – dijo firmemente.
El viejo comenzó a gritar un montón de cosas a las que Ranma ya no puso atención. Él nunca dejaría de querer a Akane y le contaría todo lo que pasó en cuanto llegara. Ella lo entendería y lo perdonaría. El anciano parecía leer la mente de Ranma y, furioso por lo que veía como una traición, se le lanzó encima. Sin embargo, estaba tan alterado que nada pudo hacerle. En vez de eso, cayó al suelo, rojo de furia, con evidentes problemas para respirar.. Ranma creyó que fingía y lo ignoró hasta que se percató de que no estaba mintiendo. El viejo era un desgraciado pero él no podía dejarlo morir: lo tomó y lo llevó al minúsculo hospital que había en ese pueblo. Lo lograron estabilizar y Ranma aprovechó de avisar a la esposa del anciano y a Ukyo que aún estaban en el pueblo. Los tres llegaron al hospital. Ahí, el médico les indicó que el anciano quería hablar con Ranma. Éste trató de zafarse pero sentía un poco de responsabilidad en el asunto. Entró.
– Saotome, así me pagas el bien que hice por ti…
– Perdone, yo no quería… – Ranma no sabía qué decir. Temía hacer enfurecer al viejo nuevamente y matarlo de una vez.
– Si dañas a Ukyo, te arrepentirás.
– Nunca le haría daño; ella es mi amiga. Mi mejor amiga.
– Yo voy a morir. No me siento triste, iré dónde está Yun – el anciano cerró los ojos, hizo una pausa y siguió –: de no haber sido por ti, las cosas serían distintas. Sé que pretendes abandonar a Ukyo por irte con Akane Tendo. No lo harás. No le dirás tampoco nada de lo que te diré, ni a ella ni a Ukyo que nada sabe de todo esto. Si la abandonas, que la peor de las pestes caiga sobre Akane Tendo…
– No, usted no puede hacer eso. La culpa es mía. ¡Castígueme a mí!
– Es culpable porque por su causa no puedes querer a Ukyo. No tuve el poder para cambiar eso pero sí para darle una segunda oportunidad a ella: si la cambias por Akane Tendo que ese mismo día la muerte le llegue a ésta en medio de los peores sufrimientos. Desde ahora, quedará marcada con la muerte si tú te vas con ella. Tal como esa mujer le robó el novio a mi hija. Y si le dices algo de lo que aquí ha pasado, que muera también. Sé que tienes la esperanza de que Cologne te ayude. No lo hará porque no sabe desarmar esta maldición. Sólo yo sé y ese secreto me lo llevo a la tumba, para tu desgracia.
– No por favor, se lo suplico – Ranma comenzó a llorar de desesperación mas nada ablandó al viejo.
– Maldito seas Ranma Saotome. ¡Maldito seas tú y tu miserable existencia! Nunca serás feliz y, además, has condenado a la mujer que tanto amas a una existencia sin ti o a la muerte; lo dejó a tu elección. Y que mi propia muerte quede en tu consciencia… – el viejo comenzó a respirar agitadamente, los monitores se dispararon, el médico entró a tratar de hacer algo pero nada logró. En unos pocos segundos, el hombre que había dado a Ranma la libertad de la maldición de los estanques pero que, irónicamente, le entregó una nueva maldición, la peor de todas, había dejado de existir.
Ranma seguía mirando a través del cristal. La lluvia parecía haberse calmado. Era la señal de que la hora de partir había llegado.
Fin
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
(De la primera parte de la historia)
Gracias a todos los que leen y dejan comentarios. Son más que agradecidos. Especialmente a todos los que han estado desde siempre y que me han ayudado con ideas y esas cosas.
