4. La mañana del cumpleaños

Convencer a mis hermanas de lo que tenía en mente no resultó muy difícil, todas estaba preocupadas por mamá y buscaban ayudarla de alguna forma. Cada una aportó alguna idea y organizándonos mejor de lo que pocas veces habíamos hecho antes, vimos el modo en llevar a cabo cada detalle que planeamos para el cumpleaños de mamá.

Cuando le contamos a papá nuestra idea, él se limitó a decir que estaba bien, aunque señalándonos que no tenía mucho dinero por lo que esperaba no nos saliéramos del reducido presupuesto que nos dio, a no ser que nos sobrara algo de lo nuestro en el caso que decidiéramos hacer algo más grande. Aunque no nos terminó de gustar el poco interés que mostró a nuestra propuesta, asumimos que siendo el que estaba más al pendiente de mamá, tenía ya suficientes preocupaciones como para agregar más a la lista. Por lo menos podríamos usar el restaurante para hacer la celebración ahí.

El día llegó y mamá se dispuso a trabajar como de costumbre aquél jueves por la mañana, siendo ese sólo un día más para ella al darnos una escueta despedida.

—Si llego tarde esperen a su papá para la cena. —Nos avisó con monotonía.

—¡Uh! —Gimió Leni consternada—. ¿Eso significa que llegarás tarde a tu fiesta de cumpleaños sorpresa en el restaurante?

Miramos preocupados a nuestra hermana de mala manera por su impertinencia. Mamá se quedó pensativa unos instantes. Realmente parecía que había olvidado que ese día se trataba de su cumpleaños hasta ese momento, aunque lejos de entusiasmarse, lució todavía más decaída que de costumbre.

—Ah… no es necesario que se tomen la molestia, chicos.

Papá intervino.

—Vamos, cariño. Los chicos incluso me convencieron de cerrar por hoy el restaurante para poder prepararte algo. Sólo están preocupados por ti.

Preocupados miramos a mamá esperando algo de ella, quien sólo se guardó su frasco de pastillas en su bolso antes de respondernos con resignación.

—Sí, está bien. Gracias, chicos. Los quiero.

Tras marcharse, enseguida y aprovechando a que papá también nos había concedido la oportunidad de faltar a la escuela, con él al volante abordamos a Vanzilla rumbo a "La mesa de Lynn" para comenzar los preparativos.

—¡Leni, estuviste a punto de arruinarlo todo de nuevo! —La regañó Lola.

—Déjala hermana —salió Luna en su defensa—. Además quizás es mejor que fuera así esta vez. Quizás mamá se abría enfadado al tratar de sorprenderla.

Lisa asintió.

—Al menos de esta manera podrá mentalizarse a lo que le espera y pueda aceptar de mejor modo lo que intentamos hacer por ella.

Lori añadió tras terminar de hablar por teléfono.

—Literalmente esta es de las mejores ideas que se te pudieron ocurrir, Lincoln. Espero que mamá pueda volver a ser la de antes al final del día. Ya hablé con Myrtle y dice que no se perderá por nada la fiesta.

Con los ánimos ya renovados entre nosotros desde la muerte del abuelo el mes pasado, alegremente nos dispusimos a poner manos a la obra. Papá por su parte lucía preocupado.

—¿Qué es lo que tienes, papá? —Le pregunté.

—Nada campeón. Sólo espero que esto ayude a tu madre. Voy a perder todo un día de ingresos por esto.