22. A solas con papá
Me encontraba sentado sobre una de las camas de la habitación principal abrazando a las gemelas a mis costados, les acariciaba el cabello intentando reconfortarlas y distraerlas del dolor en sus mejillas. Todavía tratábamos de procesar lo sucedido hace como una hora. El abuelo se había marchado tras exponer a papá, por lo que él se quedó con nosotros. En todo ese tiempo nadie había mencionado nada sobre el suceso.
Leni intentaba tratar los moretones de papá aplicándole toallas que entre ella y Luan humedecieron con agua fría bajo indicaciones de Lisa.
—Aplícalas cuidadosamente en las áreas más afectadas donde los hematomas se muestren más profundos.
—No entiendo lo que dices, Lisa —le respondió Leni—. Creo que lo mejor será que las pase en los moretones que están más negros.
Lisa suspiró, pero asintió a la idea.
—Son unas buenas hijas —de pronto exclamó papá aún sentado en otra cama mientras Leni le hacía las aplicaciones en la espalda—. Todas ustedes los son. También tú eres un buen hijo, Lincoln.
No es que no le agradeciera el cumplido, pero no me sentía con humor para recibirlos. Solté a las gemelas y me puse de pie para ir a encararlo.
—Papá. ¿Qué es lo que está ocurriendo aquí exactamente? ¿Qué es eso que la abuela te mandó golpear? ¿Quién lo hizo? ¿Por qué?
Papá sólo negó con la mirada.
—Son muy jóvenes para entender. Es cosa de adul…
—¡Basta, papá! —lo interrumpió Lynn tan molesta como yo—. Estoy con Lincoln. Personalmente ya estoy harta del abuelo, por cómo nos habla desde que llegamos, lo que le hizo a Lola y a Lana… y lo que te hizo a ti con la abuela. ¡No es justo que nos trates como niños dejándonos sólo recibir esto sin saber por qué!
Sobre su hombro, papá miró a Leni, quizá esperando a que saliera en su defensa pidiéndonos que nos calláramos, pero su expresión hacía evidente que estaba con nosotros y aunque ella no le exigiría una explicación, tampoco lo ayudaría a evitar que nos la diese.
La atención de todas mis hermanas presentes se centró en él, salvo por Lisa intentando jugar con Lily haciéndose la desentendida, aunque ella no le hacía caso por mirar atentamente también a papá.
—Es… algo muy complejo. No creo que deban saberlo y… de verdad no estoy seguro que lo entiendan.
Lucy se le acercó y le tomó de la mano.
—Pruébanos.
Leni terminó de colocarle correctamente la última toalla de mano que quedaba en el baño, entonces fue a sentarse al lado de Luan. Papá se tapó la boca lastimándose sin querer el labio roto.
—Antes, tengo que pedirles paciencia, más de la que han tenido hasta ahora. Esta noche deberán quedarse en esta habitación, tal vez también mañana.
—¿Pero por qué? —Lola preguntó indignada, evitándose tocar la parte hinchada de su cara donde Leni se la había humedecido en agua fría como a Lana, a falta de un buen filete. Papá suspiró.
—No le he dicho a mi madre todavía que los traje conmigo. Por lo que a ella respecta… vine solo.
Esto nos asombró. Lisa de pronto le hizo caso mostrándose suspicaz al ser la primera en preguntarle:
—¿Ella cree que nos dejaste a todos en casa?
—No, hija. Ella… en realidad, pues… no sabe que existen.
—¡Qué! —todos exclamamos tan sorprendidos como indignados, siendo Lana quien continuó hablando—. ¿Cómo es eso posible?
—Como han visto —se apuntó a sí mismo. Tardé unos segundos en comprender que en realidad señalaba sus moretones—, no es que tenga una buena relación con mis padres. Con mi padre, aunque las cosas entre ambos son muy tensas, por lo menos muy de vez en cuando me dirigía la palabra por medio de la tía Shirley. Por otro lado, mi madre… Cuando me marché de aquí dijo en pocas palabras que yo estaba muerto para ella, por lo que a pesar que mi hermana le contaba a mi padre cómo me encontraba cuando le preguntaba por mí a espaldas de ella, éste nunca le contó nada sobre nosotros a sabiendas que no le haría ninguna gracia saber que me fue bien formando una gran y hermosa familia con mi esposa.
—¿Qué es lo que tenía contra mamá? Si fue la mejor de todas.
Asentimos a las palabras de Lana. Creo que fui el único que notó a Lisa sin reacción.
—Miren… las cosas son así. Tengo que tener mucho cuidado en el momento en que le hable a mi madre sobre ustedes, si es que consigo su perdón, pues su perdón es más que suficiente no sólo para que nos apoye en nuestros gastos económicos, sino también para que me vuelva a incluir en su testamento.
Aunque la premisa de heredar una gran fortuna hubiese sonado tentadora antes de llegar, de pronto no estaba tan seguro que valiera lo que nos ocurrió.
—Papá, ¿realmente es necesario que atravesemos todo esto por eso? ¿No tenemos otras opciones?
Él negó con fastidio.
—Lincoln, ya no tengo nada. Aunque lo intenté, esta vez no pude encontrar en ningún lado ni un trabajo con el que pueda costear los gastos de toda la familia. Gasté mucho en el restaurante y eso no funcionó, sólo sirvió para que perdiera más de la mitad de nuestros ahorros, otra parte se fue en la universidad de Lori hasta donde pude pagarla, por no mencionar que tuve que correr con los gastos fúnebres de mi esposa y tu abuelo. Sólo tenemos dos opciones: esto y la calle, aunque en la calle no tendríamos un techo dónde dormir, ni comida en la mesa.
Vimos la enorme bandeja llena de panecillos que el abuelo había traído en ese carrito junto con los cartones de leche, un termo con sopa caliente, ocho cucharas, ocho platos soperos y ocho vasos, estos dos últimos de plástico.
—Está bien —Luan asintió frotándose la cabeza—. Supongo que es mejor estar aquí que en la calle. Pero de nuevo, ¿por qué la actitud de los abuelos es así?
De pronto Leni que no había dicho nada hasta entonces, hizo la pregunta correcta.
—Mamá siempre fue buena. ¿Qué hizo para que la odiaran?
Cansado, papá respiró hondo.
—Bien, ustedes ganan. Se los explicaré todo. Pero por favor les pido que tengan la mente lo más abierta posible para lo que van a escuchar. Además, siempre tengan presente y jamás duden que ustedes son lo más importante en mi vida y nunca terminaré por agradecerle a su madre el que les diera la vida. Nunca, nunca, nunca jamás llegaré a arrepentirme de corazón el amarla, o haber renunciado a lo que tenía para poder compartir mi vida con ella.
Tragamos saliva nerviosos. De pronto y por un momento me pregunté si realmente estaríamos preparados para escuchar finalmente la verdad. Las gemelas se abrazaron entre sí y Lucy buscó mi mano para tomarla. Los ojos de Lisa se ampliaron cuando de mejor modo centró su atención en papá.
—Pero antes tengo que ponerlos en contexto para que entiendan mejor las cosas, por lo que les explicaré a fondo la historia de mi familia desde los tiempos de juventud de mi abuelo materno: Christopher Silence.
