42. Noche inesperada

Advertencia: Contenido +18

Era de noche cuando en mi improvisada cama en el descanso al ático trataba de conciliar el sueño. Tenía los ojos cerrados, pero me estaba costando dormir. Tal vez debería levantarme y ponerme un pijama. Hacía un poco más de frío de lo habitual.

Escuché la puerta hacia la habitación abrirse y me pregunté cuál de mis hermanas se recostaría a mi lado buscando compañía en esta ocasión. Dudada que se tratara de alguna de las gemelas que se las arreglaban bien la una con la otra, así como Luan y Lily, aunque podría decirse lo mismo de Lucy y Lynn, cosa que no les impedía a veces acompañarme como en ocasiones lo hacía yo con ellas. ¿Sería Lisa de nuevo como hace dos noches? Sería lindo verla otra vez a la mañana siguiente chupándose el dedo hecha un ovillo a mi lado.

Sentí el pie de quien se trataba pasar muy cerca de mi cara, para acto seguido sentir y escuchar que estaba subiendo la escalera hacia el ático. Abrí los ojos alcanzando sin apenas moverme a distinguir de espaldas la silueta de Luan abriendo la puerta buscando ser silenciosa, supongo para no despertarme, para enseguida entrar y cerrar quedamente tras de sí sin percatarse que estaba despierto.

Intrigado por lo que podría estar haciendo, tal vez temiendo que tratara de jugarnos alguna broma por la mañana, me puse pie y subí también procurando ser lo más silencioso posible. Sería genial adelantarme a lo que nos tuviera preparados.

Afortunadamente la puerta la dejó entreabierta, por lo que no me costó trabajo asomarme y verla dirigirse más al fondo del ático. Sorteando lo que estaba regado por ahí, conseguí seguirla hasta que de pronto ella se detuvo en un rincón donde encendió una lamparilla, por lo que rápidamente me oculté detrás de una vieja estantería.

Luan volteó, pero no alcanzó a verme, algo que yo si podía hacer gracias al diminuto hueco en el mueble que me permitía mirarla a ella pegando el ojo. ¿Qué podría estar tramando?

En ese rincón habíamos colgado un espejo muy grande que permitía un reflejo de cuerpo entero. Luan se acercó y examinó su cara, luego alisó su cabello suelto tratando que este se proyectara hacia abajo, pero este acostumbrado a su estilo parecía reacio a dejar de esponjarse. Admito que la escena era divertida.

Con coquetería comenzó a sonreírse a sí misma entre otras muecas que comenzó a hacer. ¿De esto se trataba todo? ¿Ensayar su sonrisa o tal vez improvisar algunos chistes físicos? Pues hacía un buen trabajo, me gustaba lo que veía. Era grato saber que a pesar del lío en que nos encontrábamos, se deba la oportunidad de jugar un poco.

Luan se irguió como un soldando recibiendo indicaciones haciendo una muy marcada mueca de atención, se llevó ambas manos a la cadera y sonriendo la giró como si estuviese jugando con un hula-hula imaginario. Tuve que llevarme una mano a la boca para no reírme.

De pronto ella se detuvo y tentó sus caderas antes de llevar sus manos a su trasero frotándoselo. ¿Comezón? Luego recorrió su cintura, su vientre, su pecho… sus pechos en específico. Comenzó a apretarlos quedamente. Ya no sonreía, pero por la forma en que cerró los ojos y suspiró, tampoco pareciera que lo que estaba haciéndose le molestara. Comencé a sentirme incómodo incluso antes de lo que ella haría a continuación.

Bajó sus manos a la altura de sus piernas y lentamente comenzó a levantar el pijama que llevaba puesto recorriéndolo lentamente por todo su cuerpo hasta pasarlo sobre su cabeza quitándoselo al final. Lo tiró a un lado y volvió a mirarse en el espejo con expresión seria y neutra dejándome enmudecido.

Todo lo que llevaba ahora eran unas pantaletas amarillas cuyo elástico se acomodó por atrás con la mano, de cualquier forma, mis ojos estaban prestando más atención a su reflejo a la altura de sus pechos descubiertos. Eran medianos, nada grandes, pero los tenía, aunque parecieron ensancharse cuando los tomó con sus manos comenzando a oprimirlos, pasando sus dedos sobre sus senos moviéndolos en círculos. Sacó la lengua y se la mordió cerrando una vez más los ojos.

—Benny… —suspiró el nombre de su exnovio.

Quería salir de ahí. Haberla seguido había sido una mala idea, pero no se me ocurría ningún modo de hacerlo sin hacer el ruido suficiente como para que terminara por descubrirme. Quise cerrar los ojos y fingir que la escena me asqueaba, pero no conseguía la fuerza de voluntad para apartar la mirada.

De pronto sólo acariciaba sus senos con una mano, pues la otra se perdió por el frente debajo de su pantaleta.

—¡Benny! —gimió de forma apasionada y comencé a sentir un fuerte malestar en mi entrepierna.

¡Qué rayos estaba mal conmigo! Se trataba de mi hermana. Mi hermana mayor, mi molesta hermana que nos hacía imposible la vida el día de las bromas, mi hermana que decía una y otra vez chistes muy malos, ¡mi hermana! Mi… muy hermosa y sensual… ¡No! No debería… estaba mal. Mi cabeza era un lío. Tuve que llevarme la mano por debajo de mi trusa para acomodarme el asunto que estaba molestándome, y al hacerlo sentí la punzada de placer que estaba experimentando intensificarse.

—¡Benny…! —continuó gimiendo—. ¡Benny! ¡Lincoln!

Abrí mis ojos a nada de retroceder un paso al pensar que me había descubierto, pensamiento que se reforzó cuando Luan detuvo su acto mirando con horror su reflejo y entonces pensé: ¡me descubrió y está viendo mi ojo detrás de la estantería espiándola sobre su hombro!

Apresurada, Luan se agachó y tomó su bata para ponérsela de con prisa, momento que aproveché al ver que su cubrió la cara con la prenda para aterrado correr lo más silenciosamente posible hasta salir del ático, pero que en mi desesperación abrí la puerta haciendo el suficiente ruido como para alertar a Luan.

—¿Quién está ahí? —La escuché llamar detrás de mí alterada.

Paralizado por el miedo me detuve, lentamente me giré resignado a enfrentar a mi hermana, cuando esta apareció después encontrándome de frente.

—¡Ah! Lincoln, ¿necesitabas algo?

Parecía tan nerviosa como yo. Sonrió fingiendo estar despreocupada y comprendí al instante que pensaba que yo acababa de levantarme. Forcé una sonrisa y me hice el desentendido.

—No, sólo… escuché ruidos en el ático y pensé que tal vez… la trampa de Lisa y Lana había funcionado y capturó al ratón.

Ella asintió reponiéndose más y perdiendo el sonrojo de su cara.

—No. Sólo era yo. Subí para… ah… ensayar una rutina que de pronto me acordé.

—Genial. Tal vez luego nos la puedas mostrar.

—Sí, por supuesto. Creo… ya es tarde, mejor vámonos a dormir.

—Claro. Vamos.

Me di la vuelta para bajar las escaleras y ella para apoyarse me tomó por el hombro, lo que me produjo un sobresalto al recordar dónde su mano estuvo antes.

—¿Qué te sucede?

Estaba seguro que no eran imaginaciones mías y sentía su mano un poco húmeda, pero no podía decirle nada de eso.

—Me… me dio frío de pronto.

—El otoño está cerca. Deberías de empezar a usar pijama, niño exhibicionista.

Tenía gracia que ella me llamara de esa manera, aunque a su favor, ella pensó que estaba en privado cuando… eso. Fui yo quien violó su espacio. Me mordí la lengua al sentir algo demasiado desagradable en aquél pensamiento.

—Sí. Debería, supongo.

Una vez abajo y tras que Luan brincara mi cama hacia el descanso, me recosté. Ella estaba por marcharse, cuando de pronto se volvió y se inclinó hacia mí poniéndome sumamente nervioso y sorprendiéndome mucho.

—Buenas noches, Linc. Hasta mañana.

No sería la primera vez que me daba un beso de buenas noches en la frente, pero sí la primera en que me hizo sentir incómodo.

—Hasta mañana, Luan.

Cuando finalmente se fue, permanecí en mi cama despierto durante las siguientes dos horas con el recuerdo de lo que vi en mi mente amenazando con volverme loco.

Sintiéndome incapaz de dormir, me levanté. En la habitación me detuve para mirar a Luan dormir junto a Leni y Lily. Entré al baño, puse el seguro a la puerta y… tardé más tiempo de lo que me toma por lo general usarlo.

Cuando regresé a mi cama, lo hice sintiéndome una basura llena de culpa no tanto por la acción que hice para relajarme, sino a quien tenía en mente cuando la hice.