La primogénita de los Hyūga soltó un respingo en cuanto vio la pantalla de su teléfono iluminarse, anunciando que un nuevo mensaje le había llegado. Rápidamente lo sacó de su bolsillo y lo tomó entre sus manos, ansiosa de leer el contenido. El motivo de su apuro era evidente: el remitente era su querido esposo. ¿Cómo lo sabía? No era difícil de adivinar; sólo tenía seis contactos y se encontraba con tres de ellos ahora mismo y los otros dos rara vez la contactaban. Eso reducía las posibilidades a una sola persona.

Sus ojos se abrieron ampliamente en cuanto divisó el nombre con el cual tenía registrado a su amado. Sonrió anchamente al leer sus escuetas palabras; le pedía que se reunieran esa misma noche ya que necesitaba hablar con ella urgentemente. También le sugería que dejase a Boruto a cargo de Hiashi, ella pensó que quizá él querría un encuentro carnal.

Así que, con una gran sonrisa de oreja a oreja y secándose las lágrimas previamente causadas por su hermana, salió de casa de su padre tras notificarles que regresaría mañana por su hijo. Hanabi renegó su espontánea salida dado que un constante golpeteo en su pecho le indicaba que algo malo sucedería, sin embargo, al notar la patente alegría de la contraria, le resultó imposible seguir negándose. Así fue como Hinata se dirigió a su hogar y buscó minuciosamente entre su armario un precioso vestido negro que resaltaba todos sus atributos femeninos y la hacían lucir espectacular. Se duchó, maquilló y peinó acorde a la ocasión; había pasado tanto tiempo desde la última vez en la que ambos salieron de noche, por lo que anhelaba destacar para su marido, y poder así reconquistarlo de nuevo... Ella nunca se daría por vencida con él.

—¿Estás seguro de querer hacer esto ahora? No pareces estar en tu mejor condición —cuestionó Sasuke, mirando con incertidumbre al rubio.

Los dos varones se encontraban dentro del automóvil del pelinegro, estacionados en la entrada del bar en el que Naruto citó a su esposa.

—¡A la mierda eso, Sasuke! —respondió el Uzumaki, dándole otro trago a la botella de alcohol que sujetaba con su mano izquierda—. ¡Hoy me siento mejor que nuca, más fuerte, más invencible! —aseguró, sonriendo ampliamente mientras subía ambas manos echas un puño.

—Sí, esas son las consecuencias de haber bebido demasiado —replicó el azabache, haciendo un gesto de disgusto—. Como sea, en cuanto llegue tu esposa me largaré de aquí. No quiero ser parte de tu drama familiar.

El moreno rio sonoramente para posteriormente colocar una mano sobre el hombro del contrario:

—Yo me desharé de esta carga de algo que llevo acumulando desde hace tanto hoy mismo —pronunció arrastrando un poco las palabras, pero mirando con una inquietante seriedad al Uchiha. Demasiado severo como para estar ebrio—, pero, ¿qué hay de ti, Sasuke? ¿Cuándo serás libre tú también?

Y aquella inocente pregunta se quedó ciclada en la mente del pelinegro como si de un hechizo se tratase. ¿Ser... Libre? Vivir su sexualidad sin esconderla, ¿era así como se sentía la libertad? ¿Ese deseo alguna vez pasó por su cabeza, tan siquiera? Ahora que lo pensaba con detenimiento, no lo sabía, no estaba seguro de haber considerado la opción de terminar con Sakura en algún momento. En realidad, no era tan sencillo como parecía; tenían una hija, una bella adolescente que necesitaba a sus dos padres con ella. Aunque, bueno, tampoco es como si fuera a desobligarse de ella. El simple hecho de que estuvieran divorciados no era un indicador para desatenderse de su hija, porque su compromiso era con ella, no con su madre.

—Ah, mira, es Hinata —mencionó el rubio, sacándolo de sus pensamientos—. Debo irme. Gracias por traerme, Sasuke —salió del auto lentamente, tambaleándose un poco en el proceso.

—Oye, idiota —le llamó el Uchiha, provocando que Uzumaki voltease—. Te deseo suerte.

El moreno sonrió, asintiendo con la cabeza mientras se alejaba para encontrarse con su esposa. El pelinegro los observó durante todo ese tiempo, preguntándose si sería capaz de hacer lo mismo con Sakura.

—¡N-Naruto! —tartamudeó Hinata, sosteniendo el inquieto cuerpo de su amado—. ¿T-Te encuentras bien?

—¡De maravilla! —aseguró el rubio—. ¡Ahora vamos a divertirnos!

Su idea principal era abordar el tema con mayor seriedad, pero siendo honestos, Naruto era consciente de lo mucho que Hinata lo amaba. Quería que, cuanto menos, su último momento juntos fuese algo ameno que ella pudiese recordar. Pensaba soltar la bomba después, una vez que la marea se hubiese calmado.

Todo parecía marchar en orden; bebieron un poco, bailaron, rieron juntos. Realmente Naruto nunca la conoció a profundidad: no sabía sus gustos más allá de las cosas que elaboraba en su hogar, no conocía sus aspiraciones ni proyectos personales, tampoco ambiciones y mucho menos deseos. Parecía que todo este tiempo había estado viviendo junto a un extraño.

En cuanto llegaron a casa, a eso de las 4:00am, ambos se acostaron en la misma cama, esa que solían usar cuando recién se habían casado.

—Mhm...—balbuceó el Uzumaki, demasiado alcoholizado para ese punto.

La azabache lo miró con dulzura, sintiendo como sus mejillas se calentaban. Esa noche sería inolvidable para ella; era la primera vez que Naruto había tomado la decisión de salir juntos. Por un momento consideró que quizá su suerte estaba cambiando, que su esposo había vuelto a amarla y serían la familia perfecta que tanto ansiaba.

—Naruto...—susurró Hinata, acariciándole la mejilla con cariño. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, misma que desapareció rápidamente tras escucharlo decir:

—Sasuke...—mencionó otro nombre, uno que claramente no era el suyo.

Petrificada, miró con horror el rostro de su esposo, intentando convencerse a sí misma de que aquello había sido un error. Asumió que, debido a la falta de sueño, había empezado a delirar y como resultado escuchó algo que su amado jamás pronunció. No obstante, fue traída a la realidad de golpe en cuanto el rubio repitió con mayor claridad el mismo nombre. No cabían dudas, lo estaba llamando.

Tenía que ser un error. De ninguna manera eso estaba sucediendo, no ahora que creyó posible recuperarlo. No, no, no. Tenía que ser todo una gran equivocación, Naruto no podía amar a alguien más, las palabras de Hanabi no podían ser ciertas, todo su matrimonio no podía ser una mentira...

Las lágrimas descendieron inminentemente, empañando su visión y otorgándole un panorama más trágico. Su corazón dolía, pero por alguna razón, su cabeza le recriminaba hechos que previamente conocía.

En el fondo lo sabía, él nunca la amó. Pero ella a él sí. Por eso mismo, no estaba dispuesta a dejarlo ir. Sin él, su vida sería tan grisácea, tan oscura, tan apagada. Lo había convertido en su propósito y razón para existir; su inocente admiración se había tornado en una enfermiza y obsesiva dependencia, sentía que no podía respirar si no lo tenía cerca.

No tenía idea de quién era ese tal Sasuke, pero definitivamente no permitiría que él alejase a Naruto de su lado.