—¡Oh, esa se ve estupenda! —exclamó Boruto mientras pegaba su terso rostro al frío vidrio del mostrador—. ¡Esa, esa es la que quiero! —repitió insistentemente. Sus ojos brillaban como los de un cachorro esperando su plato de comida.

El cumpleaños de su encontraba a la vuelta de la esquina. Con escaso tiempo pisándole los talones y con escasas ideas rondando por su mente, acordó junto con su esposa que lo mejor sería consultar directamente con el infante lo que su corazón deseaba obtener como obsequio. El rubio menor no escatimó en minucias; fue conciso y preciso, declaró sus enormes ansías por conseguir una mejor consola. Ninguno de sus padres renegó ante la petición, por lo que tan pronto como dicho hecho fue comunicado, planificaron un día para llevarlo de compras.

En algún punto, Hinata se separó de la salida familiar. No por su propia voluntad, claramente. Su hermana menor los había acompañado, excusándose con la premisa de querer cooperar para el nuevo juguete de su preciado sobrino. Era mentira, como supuso la mayor. Su estadía tenía dos propósitos: el primero, analizar el comportamiento de su cuñado. Y el segundo, sonsacar a su hermana para poder dialogar a solas. Pretendía convencerla de reconsiderar su actuar, y planeaba hacerlo como diese lugar.

—Está bien, entonces esa será —concordó Naruto, dándole leves palmadas en la cabeza a su primogénito.

Tras pagar la exorbitante cantidad que el aparato demandaba, inmediatamente lo resguardaron en el coche, ya dispuestos a irse.

—¿Dónde está mamá? —inquirió su hijo desde el asiento de atrás, con el cinturón de seguridad ya colocado—. No la veo por ningún lado —comentó tras observar como diversas personas pasaban a sus alrededores, pero ninguna era su progenitora.

—Debe estar con tu tía. Supongo que habrán ido a alguna cafetería para charlar. Ya sabes, cosas de chicas —mencionó su padre, restándole relevancia a la situación pero comprendiendo la consternación del menor—. Espera, le llamaré.

Un timbrazo, luego dos, finalmente tres. No atendió, por lo que la contestadora se limitó a reproducir el habitual monólogo. Intentó por segunda vez, pero no hubo una tercera.

Suspiró con pesadez, sin saber exactamente qué hacer. Salió del vehículo, desconcertando a Boruto.

—Oye, ¿a dónde vas? —cuestionó el pequeño pero al poco tiempo sus interrogantes fueron acalladas, ya que el Uzumaki mayor abrió la puerta para encararlo.

—Demos una vuelta mientras esperamos a tu madre. No contesta las llamas y freírnos en el coche tampoco es una buena opción —sugirió sonriente, a lo que su malhumorado engrendo aceptó a regañadientes.

Caminaron por los alrededores, bobeando en cualquier tienda comercial que se les cruzaba. Naruto accedió a comprarle algunas golosinas que posteriormente compartieron entre ambos. Pese a caminar sin dirección alguna, el tiempo juntos era grato. Incluso en algún momento su padre depositó una moneda en una máquina de videojuegos, por lo que una partida de King of Fighters empezó a reproducirse. No hace falta mencionar que el ganador fue el cumpleañero.

Era fin de semana, por lo que los sitios públicos permanecían repletos de un sinfín de gentío. No era de extrañarse que, ocasionalmente, se topara con rostros conocidos que lo saludaban amablemente. Tampoco era peculiar que tales coincidencias sucedieran. Después de todo, no era una ciudad muy espaciosa y pese a tener la suficiente población como para ser considerada superior a una villa, la mayoría de habitantes se reconocían entre sí. O cuando menos, tenían a algún pariente que seguramente sí entraba dentro de la categoría.

No obstante, la noción de aquel hecho no impidió que se quedara petrificado en cuanto sus ojos conectaron con los del inesperado azabache.

—¡Sasuke! —vociferó Boruto, sonriéndole ampliamente mientras se acercaba a él para saludarlo.

—¡Boruto, te he dicho que te dirijas con respeto hacia tus mayores! —independientemente de la abrupta paralización, su mente había hecho un paréntesis para activar su lado paternal.

Una ligera risa se escapó de los labios del pelinegro. Le resultaba cómico observar al Uzumaki ejerciendo su rol parental.

—Un gusto verte a ti —saludó con una leve palmada al infante, al mismo tiempo en el que le dedicaba una sonrisa igual de sincera—. Y a ti también, Naruto —dirigió sus ojos hacia el rubio, quien inmediatamente relajó sus facciones.

—¡Vinimos a comprarme un regalo porque pronto será mi cumpleaños! —presumió el niño sin alguna pizca de pudor. Su progenitor no era capaz de comprender en qué momento ellos dos comenzaron a llevarse tan bien, pero agradecía que así fuese.

—¿Ah sí? Es bueno que me lo hagas saber, te deberé uno —contestó medio en broma, provocando que el pequeño riera—. Estoy esperando a Sarada, fue al cine con una amiga suya —dijo el Uchiha, dirigiéndose al otro adulto—. Sólo estaba perdiendo el tiempo.

—¡Boruto! —una entusiasta voz lo llamó a la distancia. Un rubio pálido corría hacia él, captando su atención—. ¡Hola! ¿Qué haces por aquí?

—Parece que no soy el único con encuentros inesperados —bromeó el Uzumaki mayor.

Tras una breve charla y consultándolo primero con su padre, Inojin convenció a su amigo para que lo acompañase a ver el mural que le ayudaba a pintar a Sai. El chico aceptó sin mucho ánimo, así que a rastras fue llevado a un local que pronto inaugurarían.

—Sasuke... No creo que sea buena idea quedarnos a solas. Hay demasiadas miradas alrededor.

—No estamos haciendo algo indebido, Naruto. Relájate. Sólo somos dos viejos conocidos poniéndose al día —comentó el Uchiha, tomándolo ligeramente por el hombro—. Imagina que estás con Shikamaru. Compórtate como harías con él.

Dialogaron sobre trivialidades sinsentido. Anécdotas, historias, trasfondos familiares irrelevantes... Cualquier cosa que sirviera para que la conversación fluyera. Saltaban de un tema a otro, y aunque la acción sonase caótica por sí misma, jamás fue inconsistente. Su conversación fue interrumpida únicamente cuando Boruto irrumpió en ella.

—¡Vámonos! —demandó el pequeño, hirviendo en furia pura.

—¿Qué sucedió? ¿Peleaste con Inojin? —cuestionó el mayor, poniéndose en cuclillas para estar a su altura.

—¡No quiero hablar de eso! ¡Vámonos ya! —exigió el niño, derramando numerosas lágrimas mientras su voz se quebraba.

Naruto no indagó más al respecto y tomó a su hijo de la mano. Posteriormente le dedicó una mirada avergonzada al azabache, a modo de disculpa y despedida. El Uchiha entendió a la perfección, por lo que no hubo necesidad de decir algo más.

Dentro del automóvil, su padre intentó localizar a su madre una vez más, de nuevo sin éxito alguno. Posiblemente Hanabi la había secuestrado para tener una intensa y emotiva conversación como las que usualmente tenían cuando Hinata los visitaba. Pero desde hace unos meses, y sin razón aparente, había optado por mantener su distancia de esa casa.

—¿Piensas contarme qué pasó? —insistió su padre, observándolo por el espejo retrovisor.

—¡Llegó el fenómeno y lo estropeó todo! —espetó Boruto, aún entre amargos llantos—. ¡Inojin y todos ellos... Son anormales!

—¿De qué estás hablando, hijo? No te entiendo —expresó su padre, confuso.

—¡El abuelo dice que ellos no merecen el perdón de Kaguya! —vociferó y el mayor pudo darse una idea del rumbo del tema—. Shinki, él... Su padre... ¡Y luego Inojin e incluso Shikadai, lo defendieron!

—Boruto, Shinki es perfectamente normal. Como tú y como yo, todos somos...

—¡¿Ahora tú también estás de su lado?! —inquirió furioso, mirando con desprecio a su padre. Ojos impetuosos, rabiosos, tan funestos que su corazón perecía de tan sólo imaginar su desaprobación si llegaba a mostrarle su verdadera naturaleza.

—Sólo digo que juzgarlos de esa forma es... Bastante retrógada. Los tiempos han cambiado, Boruto. Las personas escogen su propia felicidad y nosotros no podemos...

—¡Patrañas! ¡Nunca serán perdonados por Kaguya, que se pudran!

—¿Qué significa todo esto? —preguntó Hinata tan pronto como abría la puerta del coche—. Boruto, ¿por qué lloras? ¿Qué ha pasado?

—¡Nada! —acalló el menor, sin darle oportunidad a su padre de explicar la situación—. Tengo la razón y punto.

Sin afán de alargar la discusión, Naruto suspiró con pesadez mientras conducía de regreso a casa. Hinata optó por no indagar más, dado que conocía de sobra el volátil temperamento de su hijo.

—Esta conversación no ha terminado, Boruto —aclaró el varón mayor tan pronto como abandonaron el vehículo.

—Terminó antes de que empezara, papá —respondió mientras subía las escaleras a pisotones y después cerrar la puerta de su habitación mediante un agresivo portazo.

—¿Qué fue lo que hablaron para que esté así? —quiso saber la mujer, dedicándole una preocupada y fugaz mirada antes de dirigirse a la tetera para calentar el té.

—Discrimina a Shinki, un niño de la escuela... Ya sabes, el que tiene dos padres —confesó exhausto. Se negaba a creer que incluso Kawaki mostró mayor tolerancia al hablar del tema que su propia creación.

La pelinegra se quedó congelada. Sus ojos recorrieron todas partes con inquietud, menos el rostro de su esposo. Le dio la espalda mientras buscaba impacientemente dos tazas para servir el té.

—Ya veo... ¿Y cuál es tu postura al respecto? —preguntó, dudosa de querer saber la respuesta. Sintió su corazón acelerarse al notar la tranquilidad con la que su marido abordaba la situación.

—Sus amigos lo rechazaron, y yo concuerdo con ellos. Es tonto que Boruto piense de esa forma y todo apunta a que fue culpa de tu padre. Le está...

El sonido de una taza romperse fue motivo suficiente para finalizar la charla.

—Hinata, ¿todo en orden? —cuestionó el rubio, acercándose a ella—. ¿Te hiciste daño?

Pero ella no lo escuchaba. Permanecía sumergida en las palabras de su hermana menor, las cuales retumbaban sin cesar por su cabeza.

Que apoyara a los homosexuales no quería decir que automáticamente fuese uno... ¿Verdad?

˚₊· ͟͟͞͞➳ ❝ ɴᴏᴛᴀ ❞

De actualizaciones semanales pasamos a mensuales... Es culpa de la Universidad, lo juro.

Disculpen la tardanza, a veces me quedo sin inspiración y otras veces no tengo tanto tiempo como quisiera para sentarme a redactar. Originalmente pensaba que esta historia fuera corta, pero creo que va para largo. Ojalá se queden hasta el final.

Gracias por el apoyo, ¡nos leemos!