"Los retos te hacen descubrir cosas sobre ti mismo que ni siquiera conocías. Estos son lo que hacen al mecanismo flexible, lo que te hace ir más allá de la norma."

—Cicely Tyson.

[…]

Escribir historias de romance no suponía ningún desafío, mas situarse en la piel de sus protagonistas sí.

¿Una adolescente enamorada del típico chico de malas juntas que hablaba mal pero quería bonito? ¿Un joven que apenas va descubriendo su sexualidad se sintió, de repente, muy atraído por una antigua amiga de su madre? ¿Una jovencita de buena familia huyó de casa para vivir su amor con el muchacho de clase baja?

No existía cliché alguno que no hubiera escrito. Solamente necesitaba una modelo femenina para situarla en sus múltiples personajes masculinos que, inevitablemente, terminaban teniendo algún rasgo de su personalidad.

Si, escribir historias de romance no suponía ningún desafío y así lo creyó hasta que se chocó de frente con una gran muralla: el romance homosexual. El amor que dos varones podían experimentar estaba en sus manos y en sus letras por primera vez.

Al principio, Levi había planificado escribir para un público totalmente diferente al que solía trabajar y eso fue producto de una tonta apuesta con su asistente.

« Si cien chicas se atreven a pedirte un abrazo o un beso el día de la presentación de tu libro, tú tendrás que cumplirme un capricho.» fue lo que dijo prácticamente sin pensarlo y Levi, incrédulo, aceptó la apuesta.

Estaba seguro de que la gente no se atrevería a romper la distancia física con él, puesto que jamás tuvo un acercamiento con sus lectores en ninguna de sus presentaciones. Sin embargo, parecía una paradoja del destino que ese día —ese día puntualmente— exactamente cien chicas se acercaran a él para solicitarle un abrazo o un beso en la mejilla para que quedara fotografiado.

¿Es que acaso era un estúpido vidente? ¿Cómo Eren pudo haberle jugado una apuesta tan arriesgada, aún sabiendo que nunca se había atrevido a escribir sobre una relación homosexual?

Levi estaba seguro de que se cobraría la mala pasada y nada mejor que utilizar cada rasgo de Eren para uno de los protagonistas. Para ello, era justo y necesario que pasaran más tiempo juntos.

Eren Jaeger debía pagar de la manera más absurda.

—¿Has comenzado a escribir? —inquirió con su vista enfocada en la carne que iba cortando. —¿Necesitas ayuda?

Levi se mantenía sereno, con sus observaciones a flor de piel con la finalidad de captar todas y cada una de sus facetas, movimientos y gestos: cómo sujetaba los cubiertos, la forma en la que abría su boca con delicadeza y cómo un destello era claramente visible al tener el primer contacto con la carne; los sutiles movimientos al masticar y hasta la cantidad de veces que lo hacía. El momento exacto en el que tomaba una servilleta para limpiar los restos de comida y así proceder a beber de su copa de vino.

Eren era especialmente elegante y muy sutil. No se parecía en nada a ese descontrolado y excéntrico joven que no perdía la oportunidad de jugarle alguna broma pesada.

—Aún no. —respondió con un deje de desinterés, acabando la última papa de su plato.

—¿Estás seguro de-? —De pronto, el ambiente pacifico que solía existir entre ellos se tornó extraño. El perfume de Eren penetraba sus fosas nasales y esto hizo que Levi levantara su vista en dirección a su asistente. —¿Estás seguro de que no quieres que te ayude? —Eren jugueteó con sus dedos índice y mayor, aludiendo una lenta caminata sobre su camisa.

—¿¡Qué!? —exclamó y se sintió ahogado por su propia saliva.

Al principio, Eren rió a carcajadas porque no imaginó que reaccionaría de esa manera tan sorpresiva. Levi generalmente ignoraba sus bromas de mal gusto pero en esa ocasión algo había cambiado.

¿Es que acaso esa apuesta estaba alterando el estado natural del hombre recto, indiferente y serio que solía ser el escritor Ackerman?

Levi comenzó a toser ante la actitud de Jaeger y fue el mismo Eren quien se encargó de asistirlo. Después de algunos minutos ahogado por la inesperada pregunta, trató de serenarse.

»—No necesito nada de ti, créeme. —sentenció y su filosa mirada se posó sobre las orbes del muchacho que lo veía con ternura.

La realidad era que claramente no necesitaba su ayuda en sí, sino que actuara con naturalidad. Tomar cada movimiento con sumo cuidado y llevarlo hasta la punta de sus dedos para expresarlo a través de sus letras.

« Te llevarás una sorpresa tan grande cuando lo leas, que nunca más me pedirás nada parecido, maldito mocoso engreído...»

[...]

Levi percibía a Eren como un espíritu enérgico que fungía de luz en medio de la abrumante oscuridad que residía en lo más profundo de su alma. Su sonrisa, una ligera curvatura en aquel varonil rostro, lo guiaba a través del terreno más pantanoso mejor conocido como vida.

Cada pequeño instante compartido en su oficina era suficiente para disgregar cada rasgo que construía al personaje principal de su historia: los instantes en los cuales sonreía de felicidad, cuando se enfurruñaba por pequeñeces; al concentrarse y morder fuertemente el lápiz mientras trabajaba en la revisión de manuscritos de otros escritores... Eren era, claramente, un magnífico modelo para Levi.

Narrar situaciones de vida cotidiana, encuentros casuales y confusiones no eran complicados para él. Sin embargo, Levi llegó a un punto de no retorno en el cual se vio completamente varado. Sus manos temblaron ante el papel en blanco y su cabeza punzaba de un modo tan pero tan fuerte, que ningún analgésico lograba paliar el malestar.

La realidad era que, a medida que avanzaba en su historia, las miradas entre los protagonistas iban transformándose con el fin de dirigirse a un sitio totalmente inexplorado por el escritor; los gestos entre ellos eran muy evidentes e incluso le generaba una intensa electricidad que era imposible de describir en simples palabras.

Por instantes, se sentía abrumado entre la realidad y la ficción, ahogado en una cólera de nunca acabar.

—Sabes, Levi... —Eren se había acercado hasta el escritorio de Levi al notarlo extrañamente distante. —Hace varios días te comportas muy extraño, ¿de verdad te sientes bien?

Eren posó su mano sobre su frente, haciendo a un lado los mechones de su flequillo. Sus dedos eran más largos de los que pensaba, tan fríos como los suponía y su cercanía lo ponía más nervioso que a su personaje.

¿Realmente estaba siendo consumido por ese ser que vivía entre sus manuscritos?

Al sentir la sutil caricia de Eren al tomar su temperatura, su corazón explotó de emoción. Su piel se sumió en la curiosidad por explorar aquella extraña barrera que los situaba en su rol escritor y editor.

¿Qué hubiera hecho el protagonista ante tal acercamiento, ahora que la tensión entre ambos se volvía más y más fuerte?

Levi no quitaba la vista de las orbes incrédulas de Eren. Extrañamente, era la primera vez que se veían con un millón de preguntas en su mente que no tuvieron el valor suficiente de salir de su reclusión.

Levi estaba seguro de algo: su personaje estaba realmente harto de vivir en un mundo romántico donde no pasara más que un simple coqueteo a distancia.

Los latidos de su corazón cambiaron su sonido a un incesante tic tac que daba cuenta de que estaba próximo a su campanada más importante. En el momento menos pensado, justo cuando Levi estaba a punto de responder para evitar la tensa situación y salir victorioso, no tuvo mejor idea que cederle inconscientemente su cuerpo al personaje. Éste estaba realmente muy atraído hacia Eren y sus impulsos no le impidieron levantarse de su asiento para sujetarlo de su ropa.

La cercanía era aún más estrecha y podía notar el nerviosismo del joven editor a través de su respiración. Estaba claramente sorprendido pero no sentía una pisca de rechazo hacia Levi.

Los labios del escritor se quemaban en la hoguera de su mente hambrienta de material y lo trató de saciar con un fugaz beso. Su yo interior no podía creer lo que estaba haciendo, pero un sinfín de ideas fueron agolpándose hasta que logró volver en sí.

Retrocedió apenas unos pasos y su expresión había cambiado por completo. Estaba absorto y avergonzado por tomar por sorpresa a Eren.

¿Cómo podía lidiar con una situación en la que, claramente, había perdido los estribos? ¿Cómo era capaz de mirarlo a la cara después de haberlo besado como si realmente no fuera él mismo?

Pese a que todo sucedió muy rápido, Levi debía pensar correctamente lo que diría para justificarse.

—¡Perdóname! No-

—Lo siento, esto es en parte mi culpa. —La interrupción de Eren dejó en evidencia lo que pasaría con él en la historia.

Eren estaba totalmente ruborizado, sudaba frío y sus labios, pese a estar cubiertos por sus dedos, temblaban sin control.

—Discúlpame. —Levi se puso de pie y se retiró sin decir más nada, dejando a Eren en medio de la confusión.

Ninguno de los dos esperaba algo así, pero estaba muy claro que no podía perder la inspiración que había ganado con aquella locura. Levi necesitaba llegar a su hogar y comenzar a escribir todo lo que su alocaba mente le dictaba.

Estaba claro que, de alguna manera, esa apuesta no era tan desagradable después de todo.

[...]

Habían pasado algunas semanas y Eren no tenía ni noticias de Levi. Pronto sería el tiempo de entrega de su manuscrito pero aún no tenía siquiera una novedad.

La preocupación se acrecentaba y la editorial esperaba noticias sobre su escritor estrella.

Por esa razón, Eren se armó de valor para viajar hasta el departamento de Levi. Pero la realidad era que los nervios estaban a flor de piel y el sudor helado le hacía replantearse la idea de ir a verlo.

Cuando estuvo a punto de tocar el timbre, notó cómo su índice temblaba descontroladamente. Se sentía abrumado por la inquietud y eso no lo limitó a pulsar el botón frente a él. El sonido le indicó que Ackerman abriría la puerta y lo que pudiera saber le generaba mucha ansiedad.

¿Por qué decidió aislarse después de esa extraña actitud?

Al oír la cerradura, Eren tragó saliva y respiró profundo. El crujido de la puerta y el rostro al otro lado de ella lo exaltó pero más aún, las grandes ojeras que presentaba Levi.

—¿Eren? ¿Qué haces aquí? —inquirió en un tono muy bajo, casi desganado.

Levi se sostenía apenas del marco de la puerta, sus ojos entrecerrados y ojerosos daban cuenta del extremo cansancio que acarreaba. Su cabello había crecido un poco y ya no lucía arreglado como siempre. Su aura era deprimente, demasiado triste y Eren se sintió impactado al comprobar el estado del escritor.

—¡Levi! Estás muy demacrado... —musitó y se acercó nuevamente a él para tomar su temperatura.

En esa ocasión, sí tenía el cuerpo más caliente de lo habitual. Tomó la muñeca de Levi e ingresó al departamento. A pesar de no conocer el interior de su hogar, supo hallar la habitación inmediatamente. Ayudó a Levi a sentarse en la orilla de su cama y se dirigió hasta la cocina para preparar paños fríos.

Mientras buscaba el hielo, notó que había una montaña de papeles sobre la mesa. Suspiró y regresó hasta la habitación, cargando un recipiente con agua helada y algunos repasadores que encontró guardado en el mueble de la cocina.

Apoyó el recipiente sobre la mesa de noche y fue escurriendo cada repasador al mismo tiempo que Levi se recostaba.

—¿Por qué no avisaste que no te encontrabas bien de salud? —inquirió mientras colocaba un paño sobre su frente.

—Lo único que me importaba era acabar con eso y créeme, mocoso, es un excelente resultado. —espetó y cerró los ojos, sonriendo después de pensar en todo aquello que escribió en cada página.

Eren lo observaba con admiración y sus mejillas se ruborizaron al imaginar cuántas noches en vela pudo haber pasado con la única intención de cumplir con aquella estúpida apuesta que se le ocurrió sin ninguna razón en específico.

—¿P-puedo echarle un vistazo? —preguntó en voz baja mientras le cambiaba uno de los paños.

—Está sobre la mesa. —respondió apenas, con sus ojos entreabiertos.

Eren se dirigió hasta el lugar indicado y tomó una de las sillas. Una vez que se sentó, comenzó leyendo el resumen. Francamente era muy similar a las otras novelas que había escrito. Sonrió al ver que la impronta de Levi estaba encarnada en cada palabra, en cada metáfora y en cada escena.

Pero la realidad había despertado al gran lector Eren Jaeger. Su corazón comenzó a latir descontroladamente al darse cuenta de un pequeño gran detalle: los protagonistas de esa romántica historia de amor era prácticamente idénticos a él y al mismo Levi.

Al adentrarse a las descripciones, a los detalles, a las muecas... A los gustos personales, sensaciones y actitudes, pudo percatarse que aquella profunda mirada que Levi había adoptado después de aceptar su derrota en la apuesta tenía un propósito.

El escritor supo identificar e interpretar sus pensamientos ante hechos muy puntuales, como cuando recibió aquel fugaz e inesperado beso.

«El destino parecía burlarse de mí por un instante. Jugó con fuego y me tentó a manipularlo para probar mi valía, arrastrando a la única persona capaz de adaptarse a cualquier desastre. Él se quedó petrificado al quedar expuesto a la cuantiosa pasión desbordada de mi piel. Sus labios y los míos se rozaron con temor a romperse en pedazos y él no pudo pensar en otra cosa que en mi bienestar emocional, pues temía que me sintiera del mismo modo; ya que su amor estaba atravesando una metamorfosis debido al empujón que nos dio ese juguetón destino. »

Los ojos de Eren se cargaron de una extraña y abrumante emoción. Su pecho se llenó de felicidad y, al mismo tiempo, de pena. En cada párrafo podía leer la percepción de Levi acerca de él mismo y qué pasaría si...

De repente, una pregunta de instaló en su mente: ¿Qué sentía al respecto?

Por años, Eren observó y admiró a Levi en silencio, adorando absolutamente todo de él. Principalmente, lo que más le gustaba del escritor era la manera en la que plasmaba el amor a través de sus letras. Su concepto era pulcro, sano y muy reflexivo.

A diferencia de las anteriores novelas, aquella que tenía en sus manos era mucho más personal y más emotiva. Se enfocaba en la admiración mutua de los protagonistas y cómo las personas a su alrededor los comparaban con el sol y la luna.

El personaje de Eren era el astro rey que aparecía durante el día y brindaba calor a todo ser viviente. Aquel que preocupaba cuando se ausentaba y que colmaba de energía al regresar.

El de Levi, por su parte, representaba al satélite natural que trabajaba en las noches, iluminando los espíritus nocturnos que buscaban el silencio. Él representaba el equilibrio de la naturaleza y rara vez se ausentaba de su trabajo.

Ambos eran complementos y su presencia colmaba de felicidad a quienes los rodeaba: iluminaban, acompañaban y eran testigos de los momentos más hermosos.

Sus allegados simbolizaban su vínculo como un eclipse, un fenómeno que captaba la atención de todos sin siquiera hacer nada más que ser ellos mismos.

Eren asintió al leer aquello y sonrió al llegar al final de la historia. Se trataba de una relación que había iniciado desde la admiración y la curiosidad, llegando a un punto donde ambos se vieron abrumados por sus sentimientos confusos hasta que sus corazones finalmente les dieron la respuesta a ese conflicto.

El editor escuchó pasos y dio media vuelta. Se encontró con Levi, quien llevaba el paño en sus manos. Quiso creer que se trataba de que no se encontraba en óptimo estado de salud, pues la profunda mirada de Levi esperaba algún tipo de retribución respecto a lo que Eren acababa de leer.

Jaeger, por su parte, anhelaba romper en llanto al imaginar aquel maravilloso escenario donde situó a esos dos personajes que acabaron enamorados, después de haber pasado tantas cosas juntos y acompañarse a lo largo de los años. Era exactamente igual a como se sentía junto a Levi. Eren estaba demasiado agradecido por formar parte de su equipo, por aconsejarlo y apreciar la evolución de una idea simple en una totalmente compleja y maravillosa.

Era cierto que cuando Levi escribía necesitaba un espacio a solas, pero con esa novela fue diferente. El escritor anhelaba alejarse de Eren para que no influyera en ese golpe de inspiración que lo llevó a escribir una novela en la que él mismo se terminó enamorando del concepto del personaje que representaba a Eren.

—¿Y-y qué piensas al respecto? —Era extraño que solicitara una opinión cuando nunca, pero nunca se le ocurrió tomar ninguna sugerencia en sus anteriores historias.

—E-esto... —Carraspeó y dejó el manuscrito sobre la mesa. —Me resultó muy familiar, ¿sabes?

Los malestares del cuerpo de Levi comenzaban a darle una tregua. Era evidente que no se trataba de una simple fiebre sin importancia.

—Seré franco contigo, mocoso —Respiró profundo y lo miró con seriedad. —. Tomé muchos rasgos de tu personalidad para darle forma definitiva a uno de los protagonistas. En todas las historias que escribí, no se me complicaba el personaje masculino porque me inspiraba en mí mismo y lo adaptaba según las temáticas abordadas. Sin embargo...

—Y el otro protagonista eres tú, por eso decidiste elegirme —interrumpió el más joven, captando la atención del escritor. —. Pero créeme, lejos de incomodarme, me terminó por asombrar.

La sinceridad estaba aflorando entre ellos y el acercamiento era inminente. Nunca habían hablado de lo que cada uno sentía realmente al leer o escribir, sino que se enfocaban en el público al cual iría dirigido o en la editorial.

»—¿Es por eso que...? —Las mejillas de Eren se ruborizaron al recordar esa última vez que vio a Levi.

—Ese día sentí que el personaje robó mi cuerpo para culminar con esa tensión sexual que existía a lo largo de los capítulos —Tapó su rostro con una de sus manos y añadió: —. A partir de entonces, supe lo que pasaba si un escritor es devorado por su propio personaje. Él y yo estamos estrechamente conectados.

El silencio se interpuso entre sus palabras. Sus corazones latían muy despacio, a pesar de los nervios que acarreaban sus almas. El sudor helado caía por el rostro del escritor y sus labios se resecaban cuando intentaba añadir más excusas en la explicación.

Inhaló con fuerza, llenó su pecho de valor y humectó sus labios antes de proceder a hablar.

»—Gracias a eso, logré culminar esta historia y estoy más que satisfecho con el resultado obtenido. —admitió y exhaló tranquilidad.

Eren estaba consternado al imaginar todo el esfuerzo que tuvo que hacer Levi para crear una magnífica obra de arte, la cual terminó afectándole la salud de forma negativa. A diferencia de cómo se encontraba minutos antes, ahora se lo notaba radiante y en paz.

Jaeger se acercó a él y lo abrazó con fuerza, aferrándose a su espalda. Quería atesorar cada instante en el que Levi se mostraba más sensible y vulnerable, rasgos que prácticamente nadie conocía.

El escritor lo imitó y sintió cómo su cuerpo se liberaba de una carga inmensa que lo atosigó por varias semanas. Nunca se había hundido en la incertidumbre que su propio personaje había creado en la historia y en su mente. De hecho, aquellos sentimientos que lo unieron al otro protagonista habían traspasado los límites de la escritura hasta llegar a la realidad.

¿Cómo debía lidiar con esas revoltosas sensaciones de averiguar más de él? ¿Cómo podría llamar a esas intensas ganas de devorar los finos labios de Eren? ¿Cómo acabó siendo arrastrado por la trama de una historia de amor homosexual?

—Perdóname, Eren –espetó y soltó al joven. —. Me basta con saber que he cumplido con tus expectativas y-

Al verlo directamente a los ojos, notó que sus orbes emanaban un brillo inusual. Se trataba de uno que nunca antes había percibido y que necesitaba plasmarlo con sus letras. Una vista suplicante, colmada de deseos y dudas...

¡¡Qué radiante!!

—¿Y si fuéramos más allá de un simple beso...?

Aquella pregunta fue el interrogante más profundo que jamás se hubo planteado. Levi había sido tomado por sorpresa una vez más y ese personaje estaba dispuesto a todo para saciar su curiosidad.

Volvió a caer en sus redes, devoró una vez más esos deliciosos y adictivos labios que lo enloquecieron por completo. Ninguno de los dos se reconocían en ese momento, ya no eran Eren y Levi, un escritor y un editor; sino una pareja protagonista de la novela romántica con pinceladas eróticas que nadie más ha escrito.

El hambre de Ackerman era voraz, ya no soportaba la agonía ni la lejanía. Cada beso, caricia y jadeo motivaba más y más a Levi.

Los minutos pasaron volando, al igual que sus pensamientos lascivos. Sus ropas estaban en el suelo, contemplando cada movimiento, estocada y mordisco; observando cada marca, el camino de besos húmedos y cómo el sudor caía de sus frentes.

Eren había sido encantado por el mismo hechizo que Levi al tener contacto con la historia y ya habían perdido la cordura por completo cuando sus cuerpos se fundieron en uno solo. Nunca pensaron llegar hasta tal extremo, hundidos en el placer infinito.

Levi había pasado por ese estado de ensoñación, un momento vívido en el cual todo estaba permitido y que quedaba guardado en su memoria para transformarlo en letras. Pero aquello que estaba experimentando con Eren era tan avasallante que todo ese tiempo fue consciente de lo que hacían. Lo que él no sabía era que Eren también logró liberarse en algún momento y se dejó llevar por el placer que Levi le obsequiaba.

Tanto tiempo habían negado lo que sentían realmente. Tanta agua corrió bajo ese puente que finalmente pudieron eliminar la barrera mental que los separó.

Y cuando el candente encuentro finalizó, enredados entre las sábanas del escritor, Eren y Levi asumieron la responsabilidad de sus actos. Su vínculo laboral era muy importante para la editorial y no debía ser empañada por un sentimiento efímero.

Ambos debían enfrentar las consecuencias de sus actos y, en primer lugar, asumir lo que realmente deseaban para ellos.

—¿Te importa si me llevo una copia de la novela a mi casa así realizo mi trabajo y lo envío cuanto antes a la editorial? —inquirió, omitiendo que los dos aún estaban desnudos y que hacía apenas unos minutos, sus cuerpos habían apreciado el paraíso.

—Adelante. Apenas tengamos novedades al respecto, quisiera organizar la presentación de la historia. —espetó mientras se sentaba en la orilla de la cama.

Tanto Levi como Eren sabían que, de allí en adelante, su vínculo cambiaría por completo.

[...]

Y tras varias semanas de arduo trabajo, la presentación del libro " Tras bambalinas" fue publicado.

Inesperadamente, tanto hombres como mujeres se proclamaron amantes de esta obra que se había enfocado en el romance homosexual. Levi se mantenía genuinamente serio y amable. Firmó una gran cantidad de ejemplares y posó para varias fotografías con diversos lectores.

Eren, por otro lado, se mantenía al margen del gentío y sonreía para sí mismo.

—Oye, Eren —El jefe del joven Jaeger se presentó detrás suyo y le entregó una copa de vino tinto. —, la historia de Levi me pareció muy buena. De hecho, demasiado familiar.

Las mejillas de Eren se tornaron rosáceas. Tragó saliva con suma calma y no perdió su sonrisa.

—¿Familiar? ¿Por qué lo piensas? —preguntó en un tono sereno.

—La pareja protagonista tranquilamente podrían ser tú y él —Su mirada se dirigió al escritor. —. Cada detalle, cada gesto... Todo lo que describe Levi pareciera que lo hizo pensando en ti.

Eren había percibido lo mismo la primera vez y ni él ni Levi revelarían las razones por la cual "Tras bambalinas" existía en ese entonces.

—¡No lo creo! Levi tiene una impecable imaginación y un sin número de características que pueden asemejarse a otros. Él nunca haría algo así —Dio un sorbo a su vino y suspiró. —. Pero estoy muy feliz de que Levi se atreviera a salir de su zona de confort.

—El riesgo es necesario para descubrir cosas nuevas, ¿o no? —inquirió y acercó su copa para brindar.

—El que no arriesga, no gana. —sentenció y chocó su copa con sutileza.

Y sí, escribir historias de romance no suponía ningún desafío para Levi, mas situarse en la piel de sus protagonistas sí.

Pero cuando encarnó al más importante de todos los que hubo creado, encontró una respuesta que nunca buscó. Halló la razón por la cual se llevaba tan bien con Eren, la misma que le inspiraba a continuar escribiendo día a día mientras abría múltiples puertas al placer...

Eren y Levi, ante los ojos de los demás, eran simplemente un escritor de renombre y su editor estrella. Sin embargo, en la intimidad de sus hogares, Eren era la musa de inspiración para Levi y el responsable de la creación de la más grande y ambiciosa historia de romance homosexual...

Fin.