.

.

.

5

Deseo

.

.

.

Tres meses trabajando para Satoru Gojou. Tres meses en los que terminaba con una sonrisa en los labios cada vez que cobraba su sueldo. Podía ahorrar sin bajar la calidad de vida de sus hermanos, y le quedaba suficiente para mantenerse durante el mes sin tener que sacar muchas cuentas. Era lo que le motivaba levantarse por las mañanas y no quejarse con cada ocurrencia de su jefe, le gustaría pensar que era por eso que le tenía paciencia, pero no era del todo cierto. Le agradaba el gerente comercial, a pesar de que solía gastarle bromas, hacerle perder el tiempo y trabajaba en exceso, al final del día igual se reía con él.

Suspiró cansada y miró la hora en su móvil, ya era hora de almorzar. Revisó sus mensajes, le respondió a Mai algo sobre el trabajo, y a su hermano menor sobre un antojo de helado y metió el celular a su bolsillo. Salió del elevador caminando con calma y un poco de pereza en sus movimientos, aún quedaba día y estaba cansada. El evento de exhibición de los nuevos modelos de automóviles estaba a la vuelta de la esquina, y con ello, cada día tenía más trabajo que el anterior. Andaba de departamento en departamento, dejando documentos y recogiendo carpetas para llevárselas a su jefe, al final cuando llegaba a su casa, la planta de los pies le ardían y se tenía que quedar media hora en el sofá sin hacer nada. Estaba pensando seriamente en comprar una máquina de hidromasajes para pie.

El teléfono de su escritorio sonó haciéndola brincar a mitad de camino, trotó suave para alcanzar a contestar, tomó el auricular al mismo tiempo que dejaba los tres archivadores sobre la superficie de la mesa. Ni siquiera alcanzó a contestar cuando escuchó la voz que a esas alturas ya le era familiar.

—¿Está Satoru?—Kasumi blanqueó los ojos al oírla, quería creer que se debía a que su actitud era molesta y no porque buscaba a su jefe, pero empezaba a incomodar que llamara tan seguido.

—Buenas tardes ¿Señorita…? —sabía quién era, pero por protocolo debía preguntar.

—Sayuri —oyó en tono golpeado—¿Está o no? No me hagas perder tiempo.

—El señor Gojou está en un viaje de negocios, ¿Quiere dejarle algún recado? —preguntó sabiendo que le diría que no.

—Si, dile que sé que está en Japón, que deje de esconderse. Si quiere terminar conmigo, que lo haga en el lanzamiento, porque allí estaré —y colgó. Kasumi se quedó viendo el teléfono, aunque la mujer fue siempre descortés, no pudo evitar sentir un poco de lástima por ella. Cada dos o tres días llamaba preguntando por su jefe, pero no estaba autorizada para pasarle la llamada, después de todo, su nombre estaba en la lista negra de la agenda que el gerente le había entregado a las semanas de trabajar con él.

Eran muchos nombres en la lista negra, todos de mujeres, su abuela estaba en la lista roja y en la verde, un solo nombre: Suguru Geto. Por lo que la mayoría de las llamadas personales no las atendía, sólo las laborales. Suspiró y dejó el auricular en su lugar, volteó hacia la puerta de la oficina y luego hacia el teléfono, tomó los archivadores y caminó decidida hacia la oficina, entró después de tocar tres veces y escuchar un '¿Ah?' como respuesta.

—Le traje los avances del departamento de ventas —murmuró entrando a la oficina. Avanzó hasta el escritorio mirando sus pies, no podía sacarse de la cabeza las palabras de la mujer despechada. Seguramente como ella había muchas, levantó la vista, y vio al gerente comiendo unos bombones mientras leía desde la pantalla de su computador, ajeno a lo que provocaba en tantas mujeres.

—A ver, a ver —dijo volteando a verla. Recibió los archivos y abrió el primero, ojeando de principio a fin la plana llena de tablas y números.

—Señor Gojou —dijo incómoda, sabía que no conseguiría mucho, pero sentía la necesidad de intervenir un poco, quizás era solidaridad femenina, a pesar de lo molestas que podían ser por querer hablar con el gerente, podía entender el cómo se sentían—volvió a llamar la señorita Sayuri. —Esperó por una respuesta o alguna reacción, pero su jefe parecía atento a los dígitos, quizás no era el momento, y estaba siendo entrometida, prefirió guardar silencio y no insistir.

—¿Quién? —preguntó Satoru después de unos minutos—¿Está en la lista negra?

—S-si —se apresuró en explicar—es solo que dejó un mensaje.

—No me interesa —dijo sin mirarla—sigue ignorándola y si se pone desagradable, llama a la compañía telefónica y pide que bloqueen el número.

—Ella sabe que está en Japón —respondió ignorando lo que su jefe le había comentado—dijo que irá al lanzamiento para que termine con ella personalmente… —pareció no inmutarse por la información, Kasumi frunció el ceño, un poco dolida le miró. La mujer al teléfono parecía tener mucho que decir a su jefe y él ni siquiera se molestaba en prestarle un mínimo de interés. Era una situación triste, que sabía se repetía y muchas personas lo sufrían, pero ser testigo en primera fila de la actitud fría del gerente le dejó un sabor amargo en la boca.

—Sayuri… Sayuri… —murmuró pensativo levantando la vista del documento—no la recuerdo —reconoció y Kasumi le miró perpleja ¿Cómo podía mostrarse tan cruel? Sin pensar en las consecuencias, la asistente se acercó hasta chocar con la mesa del escritorio y habló con el ceño fruncido, mirándolo molesta.

—¿Cómo que no la recuerda? Ella parece recordarlo muy bien, lo llama todo el tiempo, sabe en qué trabaja y al parecer, lo conoce bien y cree tener algo con usted. No creo que se lo haya inventado todo ¿Y usted no la recuerda? —habló rápido, con las manos apoyadas en la mesa, no se dio cuenta cuando empezó a respirar más profundamente, su pecho subía y bajaba. Comprendió que se había pasado de la raya cuando vio al gerente cerrar el archivador sin dejar de mirarla. Podía suponerlo, porque sus lentes oscuros escondían sus ojos. Sus labios dibujaban una escueta línea inexpresiva, tragó con disimulo, la vergüenza se le subió al rostro y podía suponer que estaba ruborizada—l-lo siento, no quise ser impertinente…

—Descuida —respondió Satoru restándole importancia mientras sacudía su mano—eres solidaria con tu género y está bien —dijo encogiéndose de hombros, medio sonrió y continuó—pero tengo que defenderme ahora.

—N-no es necesario —dijo moviendo sus manos nerviosamente—no debí entrometerme, no importa lo que piense. —Satoru la miró divertido, por un momento vio destellos de una Kasumi de carácter fuerte, casi maternal, que sin importarle la jerarquía entre ambos, decía lo que pensaba y le gustó.

—A mi me importa —dijo y apoyó su barbilla en su mano derecha, el codo sobre la mesa—y estás en medio de todo, eres la que responde las llamadas.

—Es mi trabajo —susurró desviando la mirada—me pagan bien por eso.

—Es lo único que te importa ¿Eh? —rio—pero quiero que sepas una cosa —Kasumi lo miró atenta, él se inclinó hacia delante y sonriendo, continuó hablando—nunca he tenido una relación formal. No tengo que terminar con esta chica porque no he empezado nada.

Kasumi evitó mostrarse sorprendida. Había oído más de una vez que el gerente no tenía novias, que solo pasaba el tiempo y por lo mismo tenía fama de mujeriego. Algo en su interior se quebró, ya había notado que era un hombre de muchas mujeres por su agenda, pero escucharlo confirmar todo lo que hablaban de él era diferente. Se preguntó por breves segundos en qué momento salía con tantas chicas, cuando terminaba su jornada laboral ella terminaba muy cansada, y no tenía tiempo ni ganas de nada.

—Pero… ¿no debería decírselo personalmente? Ella parece creer lo contrario y si va al lanzamiento, podría hacer una escena —Satoru alzó ambas cejas y estiró sus labios hacia delante, como si fuera a besar el aire.

—No lo había pensado —murmuró—si hace una escena sería un poco problemático… Bueno, ya veré qué hago.

—Iré a almorzar ¿Necesita algo? —preguntó sonriendo, Satoru miró la hora en la pantalla y silbó, asintió y volteó hacia ella.

—Si, come conmigo Kasumi-chan —le pidió en un tono infantil—pide dos menús y comemos acá en la oficina.

Amplió su sonrisa cuando la vio sonrojarse, sus ojos azules miraban inquietos por la habitación, parecía no querer mirarlo a la cara. Era experto en incomodar a su asistente, a veces lo hacía a propósito, pero otras como ahora, realmente no buscaba molestarla. Estiró su mano para alcanzar la de ella, la dejó sobre su dorso y ella le miró asombrada, iba a hablar, pero se le adelantó.

—¿Comerás con alguien más? —ella negó una vez, parecía que no respiraba, si no fuera por el rubor de sus mejillas, pensaría que hablaba con una muñeca por lo paralizada que estaba. —entonces come conmigo Kasumi-chan.

—N-no creo que sea apropiado —susurró arrastrando las palabras. Miraba su rostro sereno y luego su mano sobre la suya, sentía su palma sudar por la cercanía, no se atrevía a quitar su mano tampoco, a pesar de estar diciendo aquello. Ansiaba su toque, su atención y estar así, solos, era más de lo que había imaginado algún día lograr. Tragó saliva y volvió a mirarlo.

—¿Por qué no? Hay mucho trabajo pendiente aún y el lanzamiento es en dos días. Aprovechemos de comer mientras trabajamos —y Kasumi retiró su mano bruscamente. Él ocultó su asombro, miró a la joven ponerse pálida de repente, ella asintió y caminó hacia la salida—¡el mío que tenga postre! —gritó antes de que saliera.

Kasumi avanzó a paso rápido, sentía la vergüenza recorrer por todo su cuerpo, por un momento pensó en lanzarse por la escalera de emergencia y así avergonzarse por otra cosa. Suspiró profundamente, el corazón no dejaba de latirle deprisa y el pecho lo oprimía, sintiéndolo pesado de repente ¿Se daría cuenta su jefe lo mucho que la ilusionaba con esos detalles banales? La culpa era suya por imaginarse escenarios románticos donde no lo había. Él era más afectuoso que la mayoría, debía entender que si la tocaba no era porque le interesara. Ya había visto como era Satoru Gojou cuando estaba en plan de seducción, y con ella no era así.

Tomó el teléfono sin mucho ánimo, se le había quitado el apetito y empezaba a pensar que estar más tiempo cerca de él pronto sería un verdadero problema. Iba a marcar a la cafetería cuando vio una paleta junto al teclado. Y toda la desesperanza que se había instalado en su pecho se esfumó. Sonrió y tomó el caramelo, era el segundo de esa semana, sabía que su jefe se los dejaba, era ella quien encargaba una bolsa semanal de paletas y masticables, lo reconoció enseguida, sin embargo nunca se lo había preguntado directamente. Era difícil enojarse con el gerente, al menos para Kasumi lo era. Dejó el dulce dentro del primer cajón, junto a los demás, tenía quizás unos 10 allí, no se los había querido comer en la oficina, sentía que no era bien visto, solo su jefe podía hacer eso sin ser juzgado. Olvidaba llevarlos a casa, seguramente su hermano menor los disfrutaría, recuperó el ánimo con ese simple gesto y sabía que no era bueno que su humor dependiera de las actitudes de su jefe, pero después de tres meses trabajando con él, ya no lo podía evitar. Le gustaba Satoru Gojou.


(...)


Kasumi miraba la punta de sus zapatos, no podía levantar la cabeza, estaba apenada y creía en parte que el regaño se lo merecía y a la vez, no pensó que sería tan terrible asistir al evento con la misma ropa de trabajo, era lo más formal que tenía. Si bien, en el evento anterior se sintió incómoda por desentonar, podía soportarlo, además estaba todo el día en la oficina y los fin de semana se dedicaba a sus hermanos, no tenía tiempo para ir de compras.

—¿Olvidaste que tenías que venir? Espero que esa no sea tu excusa —dijo su jefe, mirándola con las manos en los bolsillos, apoyado en el borde del escritorio—¿Qué te dije la otra vez?

—Que debía ir a todos los eventos, porque soy parte de la gerencia comercial. —Habló bajito, como una niña que está siendo regañada por su padre.

—¿Entonces? —insistió Satoru—¿Por qué no trajiste un atuendo acorde a la ocasión?

—¿Tan mal me veo? —preguntó levantando la vista por unos segundos para luego volver a mirar el suelo.

—No pongas palabras en mi boca, Kasumi-chan —murmuró frunciendo ligeramente el entrecejo—tu trasero se ve muy bonito en esos pantalones oscuros, pero ese no es el asunto ahora —Kasumi sintió como el calor le ruborizaba las mejillas, lo miró sorprendida y trató de balbucear, pero el gerente se apresuró levantando su dedo índice para detenerla—luego discutiremos eso, ahora ¿Puedes conseguirte un vestido o algo con tus compañeras?

—Lo intentaré —dijo agachando la mirada otra vez, y caminó en reversa para salir de la oficina, escuchó resoplar a su jefe y se detuvo, mirándolo atenta.

—¡Kasumi-chan, por favor! —exclamó y se carcajeó apretándose el abdomen con ambas manos—no puedes esconder tu trasero todo el tiempo, camina normal —ella curvó sus cejas, mirándolo afligida, algo nerviosa—¡Oye, oye! No soy un pervertido, es normal mirarnos ¿Tú también me miras o no?

—Iré a conseguirme un vestido —respondió y salió rápidamente, caminando normal esta vez.

Satoru medio sonrió, le dio un último vistazo y resopló, siempre pensó que ella era consciente de cómo se veía y por eso usaba ese tipo de pantalones. Buscó su corbata y miró la hora, faltaba una hora y media para que empezara el lanzamiento, el primero del año. Estaba confiado en que les iría bien, no estaba nervioso, por el contrario, le entusiasmaba culminar ese proceso porque así podrían empezar el siguiente y comprobaría una vez más que tenía razón con el plan de acción.


(...)


Kasumi hizo una mueca cuando vio el vestido negro, luego miró el azul, de los dos, el negro parecía más recatado pero no le convencía. Miró a Mai que buscaba en su casillero todo lo que necesitaban para arreglarla, no tenían mucho tiempo, y parecía ser una ardua tarea para la gemela y aunque mostraba estar fastidiada, sus movimientos parecían decir lo contrario.

—Kasumi, decídete —exigió Momo—debo arreglarme también —dijo con ambas manos en su cintura. La joven suspiró y tomó el negro—bien, yo usaré el azul —dijo con los ojos iluminados.

—Entonces usa estos zapatos bajos que combinarán con el vestido —dijo Mai sacando un par de zapatos negros brillantes tipo ballerinas—es una talla más grande, pero no será tan incómodo.

—Gracias chicas, me salvaron —dijo sonriendo agradecida. Se metió rápido al primer cubículo, escuchaba a sus amigas conversar mientras Momo se metía al baño de al lado. Se desvistió rápido, tuvo suerte de que Momo tuviera dos vestidos en su casillero, claro que seguramente le quedaría muy ajustado, pero era mejor que nada. El vestido era ajustado hasta su cintura, el resto caía delicadamente hasta arriba de sus rodillas, lo que le preocupó fue la espalda descubierta que cubría desde sus omóplatos y dejaba ver su sujetador. Pensó unos segundos, pero prefirió ignorarlo e intentar subir el cierre, no lo consiguió. Maldijo por lo bajo y levantó la voz—no puedo subir el cierre.

—Abre —dijo Mai y le hizo caso, se asomó por la puerta y resopló burlesca—sacate el sostén, se nota —dijo en tono obvio—quizás así logremos subir el cierre —murmuró pensativa. Kasumi se quejó, pero lo hizo, el vestido era de Momo después de todo, naturalmente le quedaría pequeño en el pecho. Se desabrochó el sostén dándole la espalda a Mai, y se lo quitó por las mangas—acomodalas y yo subo el cierre—ordenó.

Minutos después, con los senos apretados por la tela, salió del cubículo y guardó su ropa en una bolsa de tela. Estaba incómoda, podía ver su escote que no era vulgar pero no estaba acostumbrada a usar ese tipo de ropa.

—Si tuviera esos pechos también me vería así —halaga Momo cuando salió del baño. Mai soltó una carcajada mientras se encrespaba las pestañas.

—Tendrías que haber comprado un vestido más grande si tuvieras la talla de sostén de Kasumi —le recordó Mai—apurense, antes que Utahime empiece a llamar —dijo blanqueando los ojos.

—¿Se nota mucho que no es de mi talla? —preguntó mirándose al espejo. Momo se acercó por detrás y le quitó el moño soltándole el cabello y la joven abrió la boca sorprendida por el resultado—se ve mejor así.

—Luces como una mujer joven y atractiva —dijo Mai, sorprendiendo a las dos chicas, pues la menor de las gemelas no solía dar cumplidos—trata de que no se te acerquen idiotas esta vez.

Kasumi la miró por el espejo, ella parecía concentrada en su maquillaje, pero por alguna razón sentía que el tema con Naoya Zenin le había afectado de alguna manera a Mai. Asintió y tomó un brillo labial color durazno que tenía olvidado en su bolso, se aplicó un poco, recogió sus cosas y salió del baño despidiéndose. Debía ir por su jefe, caminó rápido para llegar al elevador, buscó su móvil y revisó los mensajes.

Cuando llegó a la planta 6, apresuró el paso, por suerte los zapatos bajos de Mai no eran incómodos. No golpeó la puerta de la oficina, entró rápido y habló mirando al gerente que seguía sentado en su escritorio, jugando en el computador en un emulador de Nintendo.

—¿A qué hora nos vamos? —preguntó al verlo tan relajado, dejó sus cosas en el suelo y solo tomó su móvil del bolso. El gerente vestía una camisa azul claro y una corbata azul metálico, su blazer y pantalón eran negros brillantes, sus lentes estaban un poco más abajo, pero no podía ver sus ojos con claridad desde el umbral de la puerta.

—Ahora —dijo sin mirarla mientras atrapaba un vulpix—te estaba esperando —guardó la partida y respiró hondo, apagó el monitor, levantó la vista hacia ella y abrió la boca cuando la vio. Se recordó mentalmente que no se comportara como un degenerado, ya la había puesto incómoda con su comentario anterior, por lo que solo relamió su labio inferior y se subió los lentes para disimular que le miraría el escote en todo el trayecto—luces muy bonita, Kasumi-chan.

—G-gracias, señor Gojou —dijo con las mejillas rosadas—me preocupaba, el vestido es de una amiga que es más baja y delgada que yo —murmuró mirándose la falda.

—Ah con razón —sonrió despreocupado, rodeando el escritorio, caminó hacia ella dando pisadas amplias—¡Gracias amiga de Kasumi-chan! ¿Quién es? Debo mandarle algún regalo —Kasumi lo miró confundida y él se apresuró en explicar—gracias a ella podemos deslumbrarnos con ese generoso escote.

Kasumi se cruzó de brazos rápidamente, intentando taparse, con las mejillas rojas lo miraba con una mueca en los labios y Gojou soltó una risita burlesca, llegó hasta ella y posó su mano en su espalda baja y la guío hacia la salida.

—Lo siento —dijo sin dejar de reír—te juro que intenté quedarme callado después de lo que dije de tu pantalón, aceptaré la denuncia de acoso sexual sin protestar —Kasumi no respondió, pero caminó cabizbaja a su lado, él no dejó de tocar su espalda, estiró un poco los dedos y pudo rozar su piel desnuda, relamió su labio inferior y continuó—no podrás esconderte toda la noche, Kasumi-chan. No te avergüences, luces muy bien.

—¿Por qué siempre me dice estas cosas..? —preguntó sin mirarlo. Llegaron al elevador en silencio. Gojou se aseguró de estar solos para responderle a su apenada asistente.

—No pienso mucho antes de hablar —reconoció rascándose la cabeza, apartó la mano de su espalda y la metió en su bolsillo—digo lo que se me pasa por la cabeza en el momento. Siento si te incomoda.

—P-pero… ¿Realmente piensa todo eso o lo dice para tomarme el pelo? —se atrevió a preguntarle. Era el momento, su respuesta quizás la derrumbaría una vez más o ilusionaría terriblemente, pero necesitaba saber si su jefe la veía como algo más que su empleada. Sentía su rostro acalorado, y el cuerpo helado, el aire acondicionado del elevador la estremeció.

Satoru se encorvó para poder verle el rostro, estaba acostumbrado a agacharse por su altura, pero Kasumi se le hacía más pequeña que la mayoría. La joven miraba el suelo concentrada, sus mejillas estaban levemente sonrojadas, su cabello caía con gracia por su espalda, había un mechón en su hombro, no lo pensó demasiado-como de costumbre-y lo apartó de su piel, alcanzó a rozarle con la punta de los dedos, relamió sus labios y murmuró en un susurro como si alguien más pudiera oír.

—Eres muy atractiva, Kasumi-chan ¿Por qué bromearía con eso? —ella volteó a verlo, y con ello, sus rostros quedaron frente a frente separados por unos cinco centímetros. Una idea pasó por su cabeza, ni siquiera alcanzó a meditarlo, simplemente su cuerpo se lo exigió, debía besarla. Iba a inclinarse cuando la puerta del elevador se abrió y ella giró rápidamente hacia el frente, esquivando cualquier intento de cercanía. Sonrió sin ganas, irguió la espalda y cubrió su boca con su mano simulando rascarse la barbilla. La miró de soslayo, ella parecía ajena a su inquietud, no podía asegurarlo en su totalidad, pero estaba seguro de que si se hubiera dado cuenta que pretendía besarla se habría escandalizado y sonrojado.

—No lo sé —respondió sin mirarlo—bromea con todo, por eso lo pensé —dijo sonriendo. Satoru soltó una risita, salieron del elevador en silencio.

El auto que debía llevarlos al lanzamiento ya estaba estacionado, Satoru se apresuró para abrir la puerta para ella, Kasumi le sonrió con dulzura y entró en el vehículo. Una vez los dos sentados, el chófer puso en marcha el motor.

—Bueno Kasumi-chan, gracias a ti nadie le pondrá atención a los modelos nuevos —dijo entre risas—estaremos todos pendientes de tu escote.

—¡Señor Gojou por favor! —exclamó avergonzada—no diga nada más sobre el vestido, no tengo con qué cubrirme… —dijo pensativa, intentando subir la tela para que cubra un poco más.

—No te cubras —pidió haciendo un mohín infantil—prometo no decir nada más, pero déjame mirar —Kasumi se cubrió el rostro con ambas manos, no se atrevía a mirarlo, esos comentarios que para él no tenían importancia a ella la volvían un manojo de nervios. —¡No te avergüences! —dijo el gerente soltando una risa cantarina y la envolvió con su brazo izquierdo, aprovechó de acariciar su hombro con disimulo, quizás sí se merecía esa denuncia, pensó.

Kasumi hubiera querido decir que entonces no siguiera diciendo esas cosas que le confunden o que ya no la tocara, que le hacía mal, que no dejaba de malinterpretar todo, sin embargo, solo pudo asentir y memorizar cada sensación que le brindaba su cercanía.


(...)


No se despegó de su jefe en todo el evento, con su tablet en mano trabajó en todo momento, anotando las próximas reuniones, viajes y convenios que habían surgido gracias al interés en los nuevos autos de JJK. Cuando se le perdía, se apresuraba en llegar donde sus compañeros, así no se quedaba en ningún momento sola. No se había dedicado a mirar a los invitados, prefería ignorarlo al pensar que quizás Naoya Zenin estaba por allí rondando, así evitaba hablar con él.

Solo su jefe la molestó por el escote. Sus amigas la confortaron diciéndole que se veía bien, mientras que los chicos omitieron comentarios para evitar posibles reclamos de Nobara o Maki.

El evento no duró mucho más de dos horas, la preventa ya se había agotado y estaban viendo la posibilidad de hacer un segundo lote. Todos los gerentes parecían conformes con los resultados, todos se habían esmerado por hacer que el proyecto diera buenos resultados, y era un alivio que hubiera salido mejor de lo que esperaban.

Kasumi miró la hora en su móvil, era buen momento para irse, intentó recordar dónde había dejado sus cosas, maldijo por lo bajo cuando se percató de que había llegado al evento solo con su móvil y dejó todo en la oficina de su jefe. No quería irse vestida así, y su billetera estaba en su bolso, debía volver. Por la hora, el edificio de JJK era vigilado por guardias de seguridad, difícilmente la dejarían entrar sin autorización.

Buscó a su jefe entre la multitud, lo vio junto a la mesa de postres conversando con el gerente financiero, Kento Nanami.

—Señor Gojou —habló llegando junto a ellos—señor Nanami —dijo reverenciando.

—No te inclines tanto, Kasumi-chan —dijo señalándole el escote. Kasumi frunció el ceño al mismo tiempo que se sonrojaba, miró nerviosa a ambos y pensó en irse, pero sus pies no se movieron—lo siento, lo prometí. Culpa mía —dijo riéndose, ignorando la incomodidad de su asistente.

—Que comentario más desubicado —le regañó Nanami mirándolo severo—si la señorita Miwa te denuncia, seré el primero en testificar en tu contra —las palabras de Nanami no hicieron el efecto deseado, Satoru solo se carcajeó y apoyó su mano en el hombro de Kasumi.

—No lo escuches, Kasumi-chan —dijo entre risas—te daré un bono mensual por soportarme.

—Eso es extorsión, es grave —respondió la joven mirándolo hacia arriba por la diferencia de altura. Nanami medio sonrió y bebió un sorbo de vino tinto—necesito las llaves de la oficina y un pase para ir por mis cosas —prefirió decir para cambiar el tema.

—¿Ya te vas? —preguntó haciendo un puchero infantil—bien, iré contigo —sacó una mini tartaleta de frutas y se la echó a la boca, mascó con prisa y la guío hacia la salida—nos vemos el lunes, Nanamin —dijo alargando las palabras en un tono cantarín.

El trayecto camino a JJK fue sospechosamente silencioso. Kasumi evitaba mirarlo, estaba un poco incómoda con él a solas después de todo lo que le había dicho durante la noche, no esperaba que la acompañara a la oficina, pero tampoco inventó alguna excusa para que no viniera.

Esperó en silencio cuando el gerente habló con el guardia de turno, no tardó en dejarlos pasar. A pesar de que no había nadie en el edificio, las luces estaban todas encendidas, el ambiente no se sentía tétrico, un poco extraño ver todo vacío y sin ruido. Kasumi iba a decirle a su jefe que podía irse o al menos esperar abajo, pero el gerente parecía escoltarla por los pasillos, iba pasos delante de ella.

—Me cambiaré adentro —dijo cuando metió la llave en la cerradura—para no ir al baño —explicó volteando a verlo.

—Espera —dijo completamente serio, la joven lo quedó viendo expectante, Satoru se inclinó un poco a su altura y habló—déjame abrir las persianas entonces.

—¡Señor Gojou! —se quejó ruborizada y sin esperar una respuesta, entró rápido y cerró la puerta detrás de sí.

Satoru se mordió el labio inferior. Debía dejar de bromear con eso, lo sabía, pero no podía controlarse. Kasumi estaba diseñada para tomarle el pelo, pero más que eso sentía que entre cada broma, dejaba salir un poco de verdad. No se había dedicado mucho tiempo en pensarlo, pero todo lo que decía era cierto. La encontraba atractiva y no perdía ocasión para mirarla, si no había intentado nada más era porque no encontraba el momento. Ella era muy esquiva con él, cada vez que intentaba provocarla con sus comentarios, ella se ruborizaba y cambiaba el tema. Normalmente, a esas alturas las mujeres le contestaban con coquetería y listo, no tenía nada más que hacer que llevarlas a un hotel y follarlas. Él decidía cuándo, con quién y dónde, pero con su asistente era como pisar terreno endeble. No sabía cómo abordarla y eso le llenaba de ansiedad, estaba acostumbrado a tener lo que quería, no conseguir algo lo frustraba un poco pero también las ganas de tenerlo crecían. Estaba seguro de que cuando viera que Kasumi no era inmune a sus encantos, su interés por ella se iría. A veces pensaba en dejar las cosas como estaban, recordaba las palabras de Nanami y se convencía de que dejaría las cosas como estaban, pero luego la veía sonreír o lucir como esa noche y lo olvidaba por completo.

—¿Señor Gojou? —la voz de la joven lo sacó de sus pensamientos, abrió la puerta y asomó su rostro sonrojado y él sonrió mirándola en silencio—el cierre se atascó… ¿Me ayuda?

Satoru alzó ambas cejas, evitó decir lo oportuna que era la situación, la joven ya estaba bastante avergonzada para ponerla más nerviosa. Entró en silencio, demasiado incluso para él, ella le dio la espalda y tragó saliva, relamió su labio inferior y se acercó hasta quedar a una distancia de diez centímetros más o menos. Con delicadeza impropia en él, tomó su cabello y lo hizo a un lado de su hombro, volvió a tragar cuando vio su piel desnuda. Era demasiado blanca, imaginó que no solía vestir ropa que revelara mucho, apenas miró el cierre notó que se había enganchado con un borde de tela, era fácil solucionarlo, pero se tomó su tiempo. Posó ambas manos en sus omoplatos, ella tembló bajo su roce y él sonrió. Bajó suavemente por su espinazo, quiso rodearla con ambas manos y tocarle el pecho, pero se contuvo. En cambio, como el hombre caballeroso que fingía ser, la ayudó sacando la tela del carrito y lo bajó lentamente. Ella se abrazó, supuso que para evitar que el vestido se le cayera y se vieran sus pechos desnudos. Satoru se quedó mirando fijamente su cintura, estaba seguro que con sus manos le alcanzaba para rodearla. Dio un paso más, la agarró suavemente desde los hombros y le susurró con voz más grave que de costumbre.

—Es ahora cuando te volteó y te beso —la giró lentamente, Kasumi lo miraba perpleja. Sus grandes ojos azules le miraban expectantes, sus mejillas estaban rojas y sus labios entreabiertos, pidiéndole ese beso, estaba seguro. Podía ver su escote a pesar de sus brazos, sus pechos estaban libres dentro del vestido y tuvo que tragar saliva otra vez al notarlo. Se inclinó hacia delante, para quedar frente a frente, ella estaba paralizada, nerviosa y hermosa—es broma. —Dijo y sonrió exhibiendo su perfecta dentadura.

Salió de la oficina silbando, relajado y alegre, ajeno al remolino de sentimientos que despertó en la joven, e ignorando el deseo de devolverse y follarla en el escritorio. Todavía no era el momento, se repetía intentando convencerse.

.

.

.

.

.

.


N/A: holiii otra vez por aquí! Gracias por leer y las poquitas que comentan, como he mencionado antes, este ship me tiene encantada, siento que escribo para mí y me hace bien.

Espero no tenga muchos errores, lamento si hay demasiados y dificulta la lectura.

Tengo un nuevo fic de la pareja "Días pasados", que también me tiene muy entusiasmada, por si quieren leer más de esta hermosa ship.

Bueno, también en Facebook hay un grupo "gojoxmiwa" con corazones blanco y azul hshhshs para compartir fanart y material de la ship.

Qué estén bien y nos leemos!