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Capítulo 7
Sentimientos
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El silencio era abrumador, a tal punto que ni siquiera la música que tenía encendida desde su computador podía hacerle frente. Tal vez no era el silencio, era su ausencia la que hacía que todo se sintiera tan extraño y distante. Un día cargado de melancolía, combinaba con los días de invierno que azotaban a la ciudad. Kasumi miró sombría la pantalla llena de documentos y datos que no había leído aún, su ánimo estaba perjudicándola, y no sabía si culpar a su período premenstrual o aquella molesta sensación de que le faltaba algo, tal vez eran ambas, una pésima mezcla para esa jornada.
Tomó su móvil con la excusa de mirar la hora, decepcionada lo dejó sobre el mesón al no encontrar ninguna notificación importante. Lo cierto era que después de una semana sin ver a su jefe, lo extrañaba profundamente. Era una cruel broma, se había esforzado por mantener las distancias del gerente, le había funcionado un poco, pero bastaba que él desapareciera para que toda su atención se centrase en su ausencia. El gerente había pedido días de descanso a su jefe, no sabía con exactitud cuántos días eran, lo cierto era que una semana había bastado para abrumarla. Tenía un poco más de trabajo, pero no le estresaba más que el no verlo y era lo que más le inquietaba. A pesar de saber que era lo mejor, no dejaba de pensar y ansiar saber de él, le bastaba con un correo, una llamada, lo que fuera para estar tranquila, para dejar en el olvido aquella molesta sensación.
No dejaba de pensar en que algo andaba mal con el señor Gojou. Desde ese almuerzo que habían compartido que no sabía nada de él, a veces pensaba que él había tomado la decisión de alejarse por lo que le había dicho, pero apenas ese pensamiento cruzaba por su cabeza lo descartaba, era tomarse demasiada importancia en la vida del gerente. Al mismo tiempo, le era difícil no relacionar lo último que habían hablado con su ausencia. Pensaba una y otra vez en todo lo que había pasado y en lo que habían dicho, su silencio de regreso al edificio, llenándola de dudas. Soltó un profundo suspiro y decidió enfocarse en lo importante, su trabajo. No alcanzó a tomar el mouse cuando el teléfono sonó haciéndola brincar en su asiento por la sorpresa.
Vio por unos segundos el aparato mientras sonaba, su corazón se sintió pesado de repente, al mismo tiempo que sus tripas se revolvían de nervios al pensar que podía ser él. Pero su ansiedad murió rápido cuando miró el identificador de llamadas, un número desconocido sin importancia. Un poco derrotada, carraspeó su voz y tomó el aparato.
―Gerencia comercial de JJK, buenas tardes ―el ruido del otro lado de la línea se prolongó por unos segundos, como si la persona dudara de responder al oírla hablar.
―Buenas tardes ―la voz masculina le sorprendió un poco, por un momento pensó que era otra mujer desesperada buscando a su jefe― ¿Se encuentra Satoru? ―Kasumi frunció el ceño, la familiaridad con la que el hombre se refería a su jefe le llamó la atención. Relamió su labio inferior y contestó un poco más relajada.
―No se encuentra, pidió unos días libres ¿hablo con…? ―oyó una risa serena del otro lado, que más que calmarla le causó más curiosidad.
―Dígale que Suguru llamó ―abrió los ojos de par en par, buscó rápido la agenda que le había entregado el gerente para corroborar que se trataba de la misma persona que estaba en la lista verde―no logro comunicarme a su celular.
― ¿Tiene como corroborar que el número es el que usa actualmente? ―preguntó Kasumi―para confirmarle el número.
― ¿Tienes permitido dar esa información? ―Kasumi pensó unos segundos antes de responder, miró la lista que tenía sobre el escritorio y se encogió de hombros.
― ¿Es Suguru Geto? ―preguntó al dudar al último segundo.
― ¡Bingo! ―la voz masculina se oyó jovial, sacándole una sonrisa a Kasumi― ¿tengo trato preferente?
―Sí ―rio―el señor Gojou me dio indicaciones de que, si usted llamaba, le pasara la llamada sin importar lo que estuviera haciendo. Ahora no se encuentra en la oficina como le dije, pero puedo darle el número de su celular.
―Te lo agradecería muchísimo, mis hijas tiraron mi celular al agua y perdí todos los contactos. El único número que tengo de Satoru es de hace unos años cuando aún se usaban las agendas ¿puedes creerlo? Encontré el de JJK porque sale en la guía telefónica.
―Descuide ―sonrió Kasumi―los niños suelen hacer travesuras, así que lo entiendo.
― ¿Tienes hijos? ―la joven dudó unos segundos, no porque le molestara responder, más bien porque le pilló de sorpresa su pregunta.
―Dos hermanos ¿tiene dónde anotar?
―Dame unos minutos… ¿cuál es tu nombre? No eres Aki-san, tu voz es más amable.
―Aki-senpai se fue hace dos años ―pensó Kasumi, después de la partida de Aki, el señor Gojou tuvo 3 asistentes aparte de ella, se preguntó fugazmente si con todas se había involucrado sentimentalmente y la idea le ensombreció las facciones―me llamo Kasumi Miwa.
―Un gusto Kasumi ―la joven asistente sonrió al teléfono como si estuviera frente a Suguru Geto, había algo en su tono de voz que le transmitía confianza y serenidad―ahora sí puedo anotar, dime.
La llamada no duró más de cinco minutos. Luego de darle el número a Suguru Geto, se despidieron como si fueran antiguos conocidos, no sin antes que el señor Suguru le diera las gracias. Kasumi quedó bastante impresionada, el hombre que tenía visto bueno para charlar en cualquier momento con su jefe, era agradable y respetuoso, por un momento se preguntó qué relación podrían tener, no se imaginaba a su jefe siendo amigo de un hombre correcto y padre de familia como Suguru. Frunció el ceño al pensarlo, después de todo ella no conocía realmente al gerente, su vida estaba rodeada de misterios, no podía definirlo en una sola etiqueta según lo que había presenciado en esos meses de trabajo junto a él.
(…)
Dos semanas. Kasumi empezaba a estresarse un poco por todo el papeleo que tenía pendiente de la firma del gerente, pero más que eso, lo que le tenía los nervios de punta era la incertidumbre. Él tenía responsabilidades con la empresa, y con ella por ser su asistente, sin embargo, no se había contactado ni una sola vez para darle indicaciones o explicaciones, sobre el trabajo claro está. Tenía un poco más de trabajo por su ausencia, tuvo que asistir a dos reuniones con los demás gerentes y tomar nota de los puntos importantes, para luego informarle a su jefe cuando llegara. En ningún momento fue regañada por no saber de él, parecía que el Ceo estaba al tanto del gerente, más que ella al menos, y si ese era el caso, no pudo evitar sentirse ignorada.
A pesar de creer que por ser su asistente merecía un poco de información, no se atrevió a pedírsela al señor Yaga, y ni siquiera había pasado por su cabeza llamarlo. Los días en la oficina se le hacían monótonos, cada mañana le costaba levantarse, como si el ánimo con el que despertaba antes se hubiera esfumado por la ausencia del gerente.
Sabía que estaba mal que su ánimo dependiera de él, pero no lograba que fuera de otra forma. Suspiró agotada mientras revolvía su ensalada.
― ¿Y ese suspiro? ―le interrogó Momo―deberías estar más relajada ahora que no está tu jefe. ―Le dijo acusadora mientras le daba un mordisco a la manzana.
― ¿Cómo va a relajarse si ese idiota le dejó todo el trabajo? ―preguntó Maki sin mirarla―lo bueno es que todos están de mejor humor sin él.
―No es así ―respondió frunciendo el ceño―está todo igual… ―murmuró no muy convencida, porque al final la única que estaba sufriendo su ausencia era ella, y seguramente todas las mujeres que estaban interesadas en él, que eran muchas.
― ¿Eh? ―el tono de voz de Mai, que simulaba cansancio y molestia a la vez, le hizo tragar saliva, ya podía oír el discurso afilado que saldría de sus labios―Utahime está más tranquila que nunca, la única que anda con una nube negra sobre la cabeza eres tú ¿extrañas a ese degenerado?
Kasumi mordió su mejilla interna cuando le oyó, la rabia fue subiéndose poco a poco a su pecho, expandiéndose. Nunca había aprobado los insultos a ninguna persona, menos que se hablara mal de alguien cuando no estaba, pero el comentario de Mai le molestó más que cualquier otro. En parte, se debía a que sentía que nadie tenía el derecho de expresarse de ese modo de su jefe cuando no lo conocían realmente, se le hacía injusto, y lo que más le incomodó fue el pensar que Satoru Gojou se había ganado una reputación difícil de negar y de defender.
Aun así, lo hizo.
―No es un degenerado ―se apresuró en decir―jamás me ha faltado el respeto. ―Frunció el ceño al pensar en cada comentario que su jefe le había hecho, y apartó la mirada por unos segundos, pero rápidamente volvió a enfrentarla, después de todo no estaba mintiendo. Creía firmemente que el gerente solo jugueteaba, que no hacía comentarios con malas intenciones.
―Es cosa de tiempo ―dijo Maki, encogiéndose de hombros y dio un sorbo a su bebida dietética.
― ¿Se ha intentado propasar con alguna de ustedes? ―quiso saber seria. Y no sabía si era porque quería buscar argumentos para su defensa, o su interés por él quería esa información. Quiso pensar que era la primera opción. Nobara alzó ambas cejas y miró su celular, Maki soltó un suspiro con pesadez, Momo negó mientras masticaba y Mai desvío la mirada, fingiendo desinterés― ¿con ninguna?
―No ―dijo Momo una vez que tragó―pero muchas chicas han hecho comentarios.
―Pero en eso queda ―dijo Kasumi―en comentarios. Chismes de pasillos… me parece injusto que hablen pestes del señor Gojou, cuando se basan en eso.
―Kasumi, por favor ―soltó Maki entre risas―se ha cogido a todas sus asistentes, y cuando se vuelven una molestia las despide.
―No lo sé ―dijo agachando la mirada―puede que sea cierto, como puede que sean más chismes ―fue el turno de ella de encogerse de hombros―como sea, tengo que hacer ―le dio un rápido vistazo a la gemela de Mai y se puso de pie, tomando la bandeja de su comida―las veo luego.
No esperó que le respondieran, se alejó rápido de la mesa en la que estaban reunidas para no continuar con la plática. Sabía que sus compañeras no cambiarían de opinión, por más que intentara convencerlas de que Satoru Gojou no era un mal tipo, no cederían y lo único que conseguiría era desgastarse. Era extraño, antes de trabajar para él guardaba silencio cuando escuchaba comentarios malintencionados o los chismes de la semana que lo involucraban, ahora no podía simplemente guardar silencio. Supuso que tenía que ver con que ahora tenía cercanía-laboral-con el gerente, y reaccionaría igual si escuchaba que hablaban mal de alguna de sus amigas o conocidos.
Dejó la bandeja sobre el mueble cercano a la salida del comedor y salió rápido. Antes de ir al elevador, pasó al cuarto de baño del primer piso a cepillarse los dientes, salió cabizbaja mirando los mensajes de sus hermanos en su móvil mientras guardaba sus cosas en su bolsito. Continuó mirando su celular hasta llegar el elevador, esperó junto a un grupo de personas sin mirarlas al mismo tiempo que le contestaba a su hermano.
― ¿Miwa? ―volteó rápido al oír su apellido, alzó ambas cejas al ver al gerente de tecnología― ¿usarás el elevador? ―preguntó mientras sostenía la puerta para que no se cerrara.
― ¡Ah, sí! Gracias, Muta-san ―dijo sonriéndole y entró guardando el aparato en su bolsito.
― ¿Cómo has estado? ―preguntó Kokichi mirándola por el rabillo del ojo―imagino que con mucho trabajo.
―Sí ―asintió mirando sus zapatos―pero es mejor tenerlo que estar cesante.
―Siempre tan práctica ―respondió el gerente más joven de JJK―estaba pensando… ―Kasumi volteó a verlo cuando él guardó silencio. Notó sus mejillas levemente sonrosadas y le miró extrañada, observó a su alrededor al ver a otros ejecutivos delante de ellos, que bajaron en el segundo piso. Kokichi carraspeó la garganta, llamando su atención en el proceso―podríamos salir a tomar el té o ver una película el fin de semana ¿te parece?
―Ah ―soltó pensativa. Relamió su labio inferior y a los segundos, mordió su mejilla interna―es que… los fines de semana son los únicos días en que puedo pasar tiempo con mis hermanos.
―Podríamos salir todos ―dijo el gerente y Kasumi sonrió―coméntales, por si se animan.
―Claro ―respondió y se despidió levantando su mano cuando la puerta se abrió en el sexto piso.
Por un momento sintió su vientre pesado al pensar que lo encontraría en su oficina al llegar a su escritorio, pero desechó rápido la idea cuando vio las luces apagadas y la puerta cerrada, tal como en los últimos días. Suspiró, dejó sus cosas sobre la mesa y encendió el monitor para ponerse a trabajar, puso música, pero no alcanzó reproducir más de dos segundos cuando el teléfono sonó. Pausó rápido la canción y miró el identificador de llamada, frunció el ceño al mismo tiempo que hacía una mueca al ver el nombre de la abuela de su jefe. Respiró profundamente y levantó el teléfono.
―Gerencia comercial de JJK, buenas tardes ―saludó con su mejor ánimo, se oyó un poco de ruido del otro lado de la línea, segundos después oyó a la mujer toser.
―Buenas tardes ―no recordaba que su voz fuera tan grave―con Satoru.
― ¿Señora Gojou? ―preguntó insegura.
―Sí, su abuela.
―El señor Gojou no se encuentra, se tomó unos días de vacaciones. No sé si está en su casa o salió de viaje ―reconoció mirando hacia la puerta de su oficina, como si esperara que en cualquier momento saliera a desmentirla.
― ¿Cuándo vuelve? ―abrió la boca por unos segundos, titubeó, relamió sus labios y sonrió sin ganas.
―No me han informado aún.
―Eres pésima asistente si no sabes su paradero ―oyó un resoplido, Kasumi curvó sus cejas y contuvo el suspiro de cansancio. En cambio, tragó saliva y habló con el mismo tono dulce de voz.
― ¿Intentó llamarlo a su celular personal? ―preguntó mirando el suyo.
―No contesta, nunca me contesta. ―Kasumi guardó silencio, pensó unos segundos qué responder, pero la mujer no tardó en despedirse―bueno, gracias por nada. Adiós.
―Qué tenga un buen día… ―dijo en un susurro, sabía que ya le había colgado. Se quedó unos segundos escuchando el tono de la línea y volvió a suspirar.
Se quedó pensativa observando su celular, la abuela de su jefe le había dicho que lo había intentado llamar y que no le había contestado, frunció el ceño al pensar que tal vez estaba en otro país y que no tenía cobertura ¿cómo saber? Hizo una mueca en sus labios y tomó su móvil, mordió su labio inferior mientras buscaba su contacto y sin querer meditarlo demasiado-porque se podía arrepentir-marcó. Tragó saliva al escuchar el primer tono, frunció el entrecejo en el segundo y volvió a suspirar al tercer tono, él no le iba a contestar. Sintió una peculiar sensación llenarle el pecho ¿decepción quizá? No podía asegurarlo, apartó su móvil de su oreja e iba a colgar cuando oyó su voz después del quinto tono. Pegó un brinco en su silla y soltó el móvil, pero lo alcanzó a agarrar antes de que se cayera al suelo. Balbuceó nerviosa y se llevó el aparato a su oreja.
― ¿Aló? ¿Kasumi-chan? ―oyó apenas se puso la pantalla cerca de la oreja. Kasumi carraspeó su garganta, sintió sus mejillas sonrojarse y sonrió derrotada ante los efectos que Satoru Gojou tenía en ella. ― ¿Se le habrá marcado solo? ―preguntó él en un susurro al no oír su respuesta.
― ¡S-señor Gojou! ―se apresuró en decir―lo siento, es que se me había caído el celular… ¿cómo está?
―Bien, bien ―Kasumi sonrió y cerró sus ojos mientras se concentraba en oírlo. No recordaba lo mucho que le gustaba su tono de voz, entre varonil y juguetón, lo imaginó sonriendo al móvil y su corazón latió deprisa―aquí en mi departamento, jugando play ¿y tú? ¿aun en la oficina?
―Bien, gracias por preguntar… su abuela acaba de llamar, dijo que lo estuvo llamando, pero que no le contestó ―murmuró.
―Ah… así que era eso ―Kasumi alzó ambas cejas al oírlo, le pareció que el entusiasmo inicial se apagó de repente, y no entendió del todo por qué―pero estoy descansando, que no moleste ¿está todo bien en la oficina?
―Sí ―sonrió animada―claro… está todo silencioso, se siente mucho su ausencia. ―La risa cantarina de su jefe resonó en su oreja y Kasumi sonrió, al mismo tiempo que posaba su mano libre sobre su pecho, para calmar sus latidos.
―Ya volveré para molestarte ―Kasumi contuvo el suspiro al imaginar tenerlo cerca nuevamente, era tonto sentirse de ese modo cuando tarde o temprano él volvería, eso lo sabía, sin embargo, 2 semanas sin verlo, oírlo o incluso molestarse con él, habían bastado para anhelar ese momento.
―Lo estaré esperando entonces ―sonrió―descanse, adiós ―dijo y colgó, sin dejar de sonreír se quedó viendo la pantalla iluminada.
Soltó un profundo suspiro, ya más aliviada por saber de él, pudo concentrarse en trabajar. A los segundos frunció el entrecejo, sabía que estaba mal que su ánimo dependiera de él, sin embargo, sentía que estaba en un punto de no retorno; era consciente de lo que sentía y de que no debiera ser de ese modo, y aun así no podía cambiarlo. Su corazón latía deprisa y se aceleraba solo por él, le molestaba que hablaran mal de su jefe y con solo escuchar su voz, sonreía como una tonta. Tragó saliva, empezaba a pensar que su interés en Satoru Gojou era algo más que atracción, y el solo pensarlo le angustiaba. No podía enamorarse de su jefe, estaba mal en tantos sentidos y el principal, él nunca la tomaría en serio.
Por mucho que lo defendiera de los comentarios de Maki, sabía-todos sabían-que Satoru Gojou no tenía novias; enamorarse de un hombre que no tiene relaciones serias era un arma de doble filo, más si consideraba que tenía fama de aburrirse rápido de la amante de turno. No quería ser una amante de turno, no tenía tiempo ni el coraje para soportarlo. Era realista, jamás sería la novia de Satoru Gojou, ella era solo una asistente que provenía de una familia humilde, y él el heredero de todo un imperio familiar, además y lo más importante, él no la veía de la misma manera.
Si bien, el gerente la molestaba con comentarios sugerentes todo el tiempo, eso no le aseguraba nada. Además, no era tan inocente como pensaban, perfectamente podía desearla solo para un encuentro casual que, aunque sonaba muy tentador si lo pensaba, no estaba dispuesta a ello. Era una jefa de hogar, tenía cosas más importantes en las que pensar que un revolcón de oficina. Volvió a suspirar, no podía enamorarse de Satoru Gojou.
Alcanzó a teclear diez segundos cuando su móvil vibró, lo tomó curiosa, pensando que se trataba de su hermano Kano, pidiéndole que le comprara alguna cosa de camino a casa, grande fue su sorpresa cuando leyó el remitente: Señor Gojou. Parpadeó confundida y deslizó el mensaje para leer "Me extrañas". Y la sonrisa de Kasumi fue automática.
Debió avergonzarse por su afirmación, que incluso sin verla supiera lo mucho que le había afectado su ausencia, sin embargo, Kasumi solo sonrió y respondió rápido un "Sí" más un emoticón sonriendo. Sin dejar de sonreír dejó el móvil sobre el escritorio, no hizo más que tomar el ratón cuando el celular volvió a vibrar, ansiosa lo tomó y revisó, pero se quedó estática al leer.
"Ven a verme".
Kasumi pensó por unos segundos, luego minutos, y lo único que pudo hacer fue relamer sus labios y dejar el celular bloqueado en su bolso. Sentía las mejillas sonrosadas, no chequeó su reflejo para confirmarlo, en lo único que pensaba era en su último mensaje. Se sintió un poco mal al no contestarle, pero no sabía qué decirle, porque una parte de ella le gritaba que respondiera que no, no correspondía que lo visitara en su casa, él era su jefe y ella una empleada, era sumamente importante respetar la jerarquía. Pero la Kasumi enamorada-porque lo estaba-se imaginaba visitándolo, bebiendo el té, el simple hecho de verlo reír frente a frente era un motivo suficiente para pensar en decirle que sí y que le enviara la dirección.
Pero su deber era más fuerte. Con su móvil escondido, se obligó a concentrarse y terminar sus obligaciones laborales, a intentar olvidar el mensaje que esperaba por su respuesta.
(…)
Bostezó apenas entró al elevador, alcanzó a cubrirse la boca y cerró sus ojos al mismo tiempo que se apoyaba al fondo, se sentía demasiado cansada y estaban recién a miércoles. Arrastró los pies al salir del ascensor, a esa hora muchos ejecutivos se retiraban, los pasillos estaban más llenos de lo usual. Se despidió de algunas compañeras en el camino, y mientras avanzaba, volvió a tomar su móvil. Pensó unos segundos al ver el chat del gerente, le había ignorado y él tampoco volvió a insistir, y no sabía muy bien como sentirse al respecto. Resopló cansada y continuó avanzando, no alcanzó a llegar al recibidor cuando notó los chillidos y quejas de algunas mujeres. Frunció el ceño y estiró el cuello para poder ver el motivo del escándalo, miró decepcionada cuando notó que solo se trataba de lluvia.
Como adulta responsable que era, siempre se preocupaba del pronóstico del clima y esa mañana había sacado 3 paraguas, para sus dos hermanos y ella, por lo que no le preocupó al ver la fuerte lluvia que azotaba la ciudad. Antes de salir del edificio sacó su sombrilla oscura, esperó estar afuera para abrirla, la posó sobre su hombro izquierdo y dio un par de pasos para bajar, sin embargo, su celular vibró haciéndola brincar. Le costó sacarlo de su bolso al sostener el mango de la sombrilla, se apresuró en buscarlo para no perder la llamada, pero cuando lo tuvo en sus manos, se quedó perpleja viendo el identificador en la pantalla. Tragó saliva al ver el nombre de su jefe y sin dudarlo mucho, le contestó. La lluvia se oía caer fuertemente, por lo que apegó lo que más pudo el aparato a su oreja para poder oír su voz.
― ¿Señor Gojou? ―preguntó curvando las cejas.
―Te estoy esperando afuera de JJK ―Kasumi alzó ambas cejas, sintiendo como el calor se le subía al rostro y buscó con la mirada a su alrededor, pero no lo vio por ningún lado. Suspiró, seguramente se trataba de una broma y ella estaba ilusionándose por nada.
― ¿Sí? ―preguntó fingiendo interés―que raro, estoy afuera y no lo veo por ningún lado ―murmuró con ironía.
―Estoy estacionado en la esquina ―Kasumi tragó saliva y volteó a ver hacia el otro extremo de la cuadra, iba a preguntar cuando oyó nuevamente su voz juguetona― ¿traes paraguas o voy a buscarte?
―N-no es necesario, traje... desde mi casa ¿de verdad que está aquí? ―preguntó incrédula, oyó una risa en respuesta y su rubor aumentó.
― ¡Por supuesto! Me extrañabas, así que vine a verte ―Kasumi mordió su labio inferior para no soltar un grito, tragó saliva para controlarse y soltó un suspiro― ¿no querías verme?...
― ¡N-no! Digo ¡No es eso! Es solo que me sorprendí… ―a esas alturas Kasumi tenía la cabeza hecha un lío, al mismo tiempo que su pulso se aceleraba al pensar en ver al gerente, y a pesar de lo nerviosa que estaba, necesitaba verlo― ¿en qué parte está?
―En la esquina, cerca de la confitería ―respondió el gerente.
―Voy para allá ―respondió, colgó y guardó el aparato en su bolso, sujetó firmemente el mango de su paraguas y bajó las escaleras con cuidado de no resbalar.
Le pareció un poco extraño que, teniendo su estacionamiento privado en las instalaciones de JJK, Satoru Gojou hubiera preferido estacionarse en la esquina. Frunció el ceño mientras lo pensaba, eso solo podía indicar una respuesta: no quería que lo vieran allí, y seguramente se debía a ella. No quería que los vieran reunirse y la idea le hizo detenerse a mitad del camino. La lluvia caía torrencial sobre la tela impermeable, a pesar de que llovía tan fuerte, el ambiente estaba bastante helado, le ayudó a calmar su rubor, más no su nerviosismo. Sabía que estaba mal dirigirse a su encuentro, pero quería verlo.
―Solo serán unos minutos ―se dijo en un susurro que la lluvia silenció.
Reanudó su paso, y sin darse cuenta comenzó a caminar cada vez más rápido, con cuidado de no resbalar. Al llegar a la esquina, fue fácil reconocer el auto del gerente. Se acercó dudosa, los vidrios polarizados le inquietaron un poco, pero aun así intentó buscarlo en los asientos traseros. La ventana del vehículo que estaba en el asiento de copiloto se deslizó suavemente sin emitir sonido, Kasumi se acercó tímida y alzó ambas cejas al ver a Satoru Gojou en el asiento de conductor.
―No sabía que conducía ―fue lo primero que dijo al verlo.
―No sabes muchas cosas sobre mí, Kasumi-chan ―le respondió sonriendo, a pesar del clima seguía usando lentes oscuros, por lo que la joven no notó su mirada sobre su cuerpo―súbete, te llevaré a casa.
Kasumi dudó unos segundos, terminó accediendo al ver su sonrisa. Él abrió la puerta rápido mientras su asistente cerraba su paraguas y lo sacudía para no mojar el interior del auto. Se ruborizó cuando se sentó junto a él, lo primero que pensó fue que parecían una pareja y la idea le dejó el corazón latiéndole fuerte.
―Déjame ponerte el cinturón ―murmuró Satoru y Kasumi no alcanzó a decirle que podía hacerlo ella misma, solo soltó un balbuceo nervioso cuando él se acercó lo suficiente para rodear la cinta por delante de su pecho hasta encajarlo en el seguro. Se tensó, sin embargo, al mismo tiempo se embriagó de su aroma y calor, cerró sus ojos por unos segundos intentando captar cada sensación de tenerlo cerca. Su sueño duró un par de minutos, apenas cumplió su objetivo volvió a centrarse en el manubrio.
Satoru encendió el motor en segundos, Kasumi contempló la escena con curiosidad. Sus ojos azules viraban desde su perfil, a su mano sobre la palanca de cambio y al manubrio, luego se concentró en el aroma varonil que tenía el interior del auto y contrario a lo que podría pensar, no había ningún desorden dentro, el vehículo parecía nuevo, no había señales de uso como envoltura de dulces o migas de pan, nada. Lo que le hizo pensar que su jefe era bastante ordenado o, no usaba regularmente ese vehículo.
―Es bueno verlo ―dijo después de unos minutos, cuando los nervios por estar a solas con él se calmaron―todos en la oficina lo extrañan ―mintió.
― ¡Es normal! Le doy alegría a sus vidas, se aburren sin mí, estoy seguro que hasta Utahime me extraña ―Kasumi miró por la ventana para no delatarse, frunció el ceño cuando notó que las calles no se le hacían conocidas a pesar de la intensa lluvia golpeaba el pavimento.
―Mi casa no queda por acá ―murmuró y volteó a verlo.
Satoru medio sonrió sin mirarla, atento al camino y encendió el reproductor de música a volumen moderado. Relamió su labio y soltó una risita inoportuna, pero no podía evitar reírse de su propia situación, ya podía oír las protestas de su asistente.
―Porque te llevo a mí departamento ―respondió y la miró por unos segundos justo a tiempo para ver como sus ojos se abrían de par en par y una mueca temblorosa decoraba sus labios rosados.
― ¡Dijo que me llevaría a casa! ―exclamó nerviosa, sintiendo como sus mejillas se acaloraban con la idea de estar en su departamento. ―Señor Gojou… no me dijo que…
―Dije "te llevaré a casa", no especifiqué que fuera a tu casa ―dijo risueño, como si el vacío legal de sus palabras fuera muy divertido, aunque para él lo era―quiero cenar contigo, Kasumi-chan.
―N-no puedo ―se apresuró a decir, la desesperación poco a poco fue haciéndole cobrar el sentido común, por muchos motivos aquello no podía concretarse. Tragó saliva y murmuró nerviosa―otro día podemos ir a un restaurante.
― ¡No! ―se quejó en un tono meloso―quiero prepararte la cena hoy, Kasumi-chan. Cocino muy bien ¿sabes? ―Kasumi desvió la mirada, pensando en sus opciones.
Por una parte, en su mente se repetían mil motivos para no aceptar aquella invitación, pero por otra, no dejaba de imaginarse viendo a su jefe cocinando, usando un delantal y en un ambiente tan cálido y hogareño que sus mejillas se sonrojaban aún más. Lo miró de soslayo, notó su ropa casual y frunció el entrecejo. Vestía una sudadera gris, y un jean oscuro, no podía ser que se viera endemoniadamente bien con todo. Estaba segura que si se ponía un saco encima luciría igual de atractivo.
―De verdad que preferiría otro día ―murmuró después de unos minutos, cuando el auto se detuvo en un semáforo. Tragó saliva cuando volteó a verlo, y se encontró con su rostro en su dirección. Él ya no sonreía, parecía mirarla fijamente, lo que la puso más nerviosa y tuvo que apartar la mirada, al mismo tiempo que sin darse cuenta, comenzaba a agarrar un mechón de pelo para controlarse.
―Otro día seremos jefe-asistente, ahora que estoy de vacaciones, solo soy un hombre más ―le respondió sorprendiéndola. Kasumi levantó la vista con la boca abierta, sin saber qué decirle. Gojou volvió la vista al frente para acelerar cuando la luz cambió. ―Déjame cocinar algo para ti ¿sí?
―No funciona así ―respondió Kasumi, sonriéndole mientras le veía con ternura―seguimos siendo jefe-asistente.
―Entonces es una orden ―dijo él frunciendo el ceño, fingiendo un tono de voz de mando―te ordeno que cenes conmigo en mi departamento. Luego me denuncias en recursos humanos.
Kasumi miró por la ventana, intentando esconder su sonrisa boba, pero terminó riéndose en voz alta. Sentía el corazón latirle deprisa, al mismo tiempo que sus palmas sudaban por sus nervios y las limpió con disimulo en su chaqueta, relamió su labio inferior y sin mirarlo, murmuró.
―De verdad que no puedo ―tal vez evitar verlo era para convencerse, porque lo único que quería era compartir un momento más con él―no le he avisado a mis hermanos.
―Llámalos ―dijo él mirando hacia ambos lados en la intersección de una calle para poder avanzar―estamos a diez minutos de llegar a mi dulce hogar.
―E-está bien ―murmuró derrotada, y sacó su móvil de su bolso.
Si hicieran un concurso de fuerza de voluntad, habría sacado el último lugar. Pero era por Satoru Gojou, si él estaba en la ecuación se volvía torpe y su sentido común se nublaba, se quedaba anhelando cosas y situaciones que sabía no debía desear. Suspiró y le escribió un mensaje rápido a su hermano, diciéndole que iría a ver a una compañera a su casa, mintiéndole.
Se sintió mal por hacerlo, pero no podía decirle que iría a cenar al departamento de su jefe, incluso siendo un adolescente se daría cuenta de lo inapropiado que era que actuara de ese modo. Y no quería que sus hermanos supieran la clase de chica que se volvía por Satoru Gojou.
Al llegar a los condominios en donde vivía su jefe, Kasumi miró incómoda las edificaciones. No necesitaba entrar para notar el lujo y la calidad con la que estaba todo construido. El vehículo se metió al estacionamiento subterráneo donde dio un par de vueltas hasta que se ubicó en su puesto habitual. Kasumi se bajó del auto y alzó ambas cejas al oír como la lluvia seguía cayendo con fuerza.
―Ven ―oyó a su jefe decir.
La joven le obedeció en silencio, caminaron a paso relajado hasta el elevador. Se fijó que marcó el piso 11, iban solos en el cubículo y a pesar de estar tan cerca y saber que en pocos minutos estarían solos en su departamento, no se sentía asustada. Estaba nerviosa, pero la ansiedad era más fuerte que su timidez, y no dejaba de sonreír al pensar en que él le cocinaría.
El piso en que estaba el departamento de su jefe era bastante amplio e iluminado. No se oía la lluvia, por lo que supuso que la infraestructura era bastante sólida. No tardaron en llegar a la puerta, donde Satoru simplemente escribió un código y murmuró volteando hacia ella.
― ¿Tienes buena memoria? ―Kasumi parpadeó confundida por su repentina pregunta―el código de acceso es 1989. ―La joven balbuceó nerviosa al mismo tiempo que le miraba confundida, alzando ambas cejas y con las mejillas sonrojadas.
― ¿P-por qué me lo dice? ―logró decir después de unos segundos mientras miraba como un relajado Satoru empujaba la puerta que aparentemente era de acero.
―Para una próxima vez que vengas ―le respondió sonriéndole, mostrándole su perfecta dentadura, al mismo tiempo que se bajaba los lentes―o para cuando quieras visitarme.
Kasumi no pudo responder. Se quedó congelada viendo sus ojos celestes y largas pestañas blancas, sintiendo el corazón latirle deprisa. Se quedó mirando sus pies cuando ingresó, se quitó sus botines sin mirarlo y él sus zapatillas.
―Espera, iré por unas pantuflas, aunque solo hay de mi talla ―murmuró pensativo mientras buscaba en un pequeño armario junto al recibidor. Kasumi lo miró atenta al mismo tiempo que se desabotonaba el abrigo. Lo vio sacar unas que estaban aun con envoltorio de plástico, se lo quitó rápido y las dejó cerca de sus pies―la próxima vez tendré unas para ti.
Y Kasumi nuevamente no pudo responder. Porque hacerlo era enfrascarse en una disputa interna. Decirle que no podía volver a visitarlo era contradictorio con lo que ella quería, con el anhelo que sintió cuando le oyó hablar de un futuro próximo. Sus mejillas no dejaban de sonrosarse, solo pudo murmurar un "gracias" al mismo tiempo que usaba las pantuflas. Sonrió al sentir como sus pies usaban la mitad de la planta y lo ridícula que se veía al caminar, él también sonrió.
― ¿Qué quieres comer? Sé hacer de todo ―dijo mientras encendía la televisión para poner música en una aplicación verde con negro. Sin embargo, se quedó mirando la pantalla en el noticiero de emergencia― ¿qué pasó? ―preguntó en un susurro al oír la alerta informativa.
Kasumi se acercó a él y miró atenta la pantalla, escucharon por unos minutos a la conductora que informaba los estragos que estaba quedando por la lluvia, y que, contrario a lo que habían pronosticado, el temporal había cambiado a huracán.
―Le recomendamos no salir de sus casas, el huracán golpeará nuestras costas en las próximas horas, los vientos están alcanzando entre 45/60km, la emergencia… ―Kasumi mordió su labio inferior al oír el reporte, incluso suspendieron las clases hasta que el clima se regulara.
―Tendrás que quedarte a dormir, Kasumi-chan ―oyó decir a su jefe en un tono de preocupación falsa y su cuerpo se tensó.
Kasumi solo podía oír sus propios latidos, la voz de la periodista se oyó lejana y entre su pulso acelerado que le bombeaba fuerte en su oreja y la risa peculiar de su jefe, no pudo concentrarse en algo más que en ella durmiendo bajo el mismo techo de Satoru Gojou.
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N/A: "Risa peculiar de su jefe": He he he he (lo escuchan? yo sí xDDD)
Me había demorado en actualizar este fic, tenía unos pendientes y cuando tenía tiempito, escribía "Días pasados" que es más rápido para escribir. Insisto, en Facebook tenemos un grupo Gojomiwa donde subimos fanart, si gustan lo buscan por "GojoxMiwa corazónblanco corazón azul" los corazones son como tipo emoji xD , acá no se puede pegar link :c
Espero que les haya gustado, no hubo mucho gojomiwa en este cap, pero en los siguientes... xDDDDD solo diré que se le cumplirán las fantasías a los dos hahahah
Gracias por dejar rw, me animan mucho y me alegra que no solo yo y Nade disfrutemos de este ship. Por cierto, el nombre del hermano de Miwa, "Kano", es referencia a los nombres que Nadeshico023 puso en "Desencanto", gracias por dejarme usarlos! es que simplemente no me los imagino con otros nombres xD!
Nos leemos y que estén bien!
