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Capítulo 8

Intenciones

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Su jefe ya había empezado con las preparaciones para la cena. Kasumi lo miró de soslayo mientras esperaba que su hermano contestara el teléfono. Se movía con experiencia en la cocina, picaba verduras como todo un profesional, sonrió ante la escena ¿Cuándo iba a pensar que el mismísimo Gojou Satoru le prepararía la cena y que tendría la oportunidad de verlo cocinar? Era todo un privilegio. Siempre imaginó que personas importantes como su jefe, no sabían hacer tareas domésticas y que tenían servidumbre. Definitivamente había muchas cosas que no sabía de él.

¿Kasumi? —su atención volvió a su móvil al oír la voz de su hermano.

—Kano —murmuró dudosa—hay alerta por el temporal, no creo que pueda llegar a casa hoy.

Sí, lo oí en la tele —la joven frunció el ceño al oír el ruido de videojuegos—no tendremos clases mañana, es grandioso.

—No lo es —negó frunciendo el ceño—es peligroso… en fin, ¿Sochi está contigo?

Claro, estamos jugando.

—No juegues esas cosas violentas con él —le regañó preocupada, suspiró, después de todo al no estar allí con ellos, no podía fiscalizar qué veían o hacían—la cena quedó en el horno, no coman tantos dulces ¿sí? Y vayan temprano a dormir.

Sí, sí. Saluda a Momo y Mai —Kasumi frunció el ceño, algo confundida, pero se recuperó rápido al recordar su mentira.

—S-sí, sí… Me escribes por si pasa algo, adiós —el niño se despidió rápido y colgó. Kasumi se quedó viendo la pantalla con una incomodidad en el pecho. No estaba acostumbrada a decir mentiras, menos a sus hermanos y hacerlo ahora, le hacía pensar que definitivamente estaba mal que estuviera allí y la culpa fue inmediata.

—Eres una hermana mayor muy seria ¿eh? —la joven levantó la vista rápido al oír a su jefe. Satoru estaba apoyado en el mesón junto a la tabla de picar y un gran cuchillo en su mano, sonriéndole. Kasumi desvió la mirada, nerviosa, aun no se creía que estuviera en su departamento presenciando aquella escena.

—Debes serlo cuando estás criándolos —respondió dejando el móvil sobre la mesa de centro. Suspiró y caminó hacia la cocina, Satoru la miró por unos segundos y volvió a cortar la verdura que tenía sobre la tabla— ¿en qué le puedo ayudar?

— ¿Son solo ustedes? —preguntó él levantando la vista, vio a la joven asentir con una sonrisa diminuta en sus labios rosados—ya veo… por eso eres tan responsable ¿desde qué edad…?

—Tenía 15 años —murmuró recordando esa época oscura en sus vidas, su semblante se ensombreció por unos segundos, pero se recuperó rápido y se obligó a sonreír— ¿en qué le ayudo? —repitió.

—Debió ser complejo hacerte cargo de tus hermanos cuando eras una niña —murmuró Satoru, intentando imaginar a una Kasumi adolecente cuidando de sus hermanos menores. Frunció el ceño incómodo, él a los 15 años andaba de fiestas y disfrutando con su mejor amigo. Comprendió entonces la preocupación de la joven por el dinero, era un tema que seguramente debía ser una prioridad para ella desde que se quedaron huérfanos.

—Sí, lo fue —reconoció pensativa—pero ahora tengo un mejor trabajo, ya no me preocupo tanto. Solo debo organizar mejor mi sueldo—dijo animada. Satoru asintió para sí mismo, y echó la verdura picada en un sartén.

— ¿Por eso me soportas como mi asistente? —preguntó sin mirarla.

—Debo cuidar mi trabajo —respondió casi sin pensar, él volteó rápido hacia ella con el ceño fruncido. No usaba sus lentes, por lo que pudo notar su indignación— ¿Qué…?

—Debe ser muy difícil soportarme —dijo haciendo énfasis en la última palabra, simulando indignación, que no era del todo una actuación. Kasumi alzó ambas cejas en respuesta, iba a hablar cuando le llegó una notificación a su celular. La miró curioso, la joven fue rápido hacia la sala a buscar su móvil y por un momento quiso seguirla para averiguar de qué o quién se trataba. La vio en silencio regresar a la cocina mientras leía concentrada.

—Es un correo del trabajo —murmuró sin mirarlo—si la alerta por el temporal se mantiene, dice que no nos presentemos a la oficina. No nos lo van a descontar como una ausencia.

— ¡Qué oportuno! —exclamó alegre, olvidando la indignación anterior—te tendré toda una noche y día para mí solo.

Kasumi apartó sus ojos de la pantalla y le miró boquiabierta. El gerente echaba especias a la verdura mientras se calentaba el sartén, sin dejar de sonreír continuaba con su preparación como si no hubiera soltado aquellas palabras. No lograba entender cómo podía actuar tan relajado cuando decía esas cosas, ella estaba perpleja, con el corazón latiéndole deprisa, las mejillas sonrojadas, completamente confundida y con la urgencia de saber qué pasaba realmente por su cabeza, mientras él sonreía y cocinaba tranquilo ¿era ese su poder? ¿se comportaba con todas las mujeres igual o lo hacía con ella porque sabía que tenía efecto? Mordió su labio inferior, necesitaba saber, su ansiedad no aguantaría más comentarios y sonrisas seductoras. A esas alturas, los sentimientos que tenía por su jefe la estaban cegando, lo mejor era hacer caso omiso a sus palabras, pero no podía.

— ¿Cuáles son sus intenciones? —soltó de repente, él dejó de revolver la verdura y volteó a mirarla, con los ojitos bien abiertos, expectante y anormalmente serio, pero no se cohibió. Respiró profundamente, y continuó— ¿Por qué dice esas cosas…? Me confunde.

Satoru guardó silencio por unos segundos, dejó la cuchara de palo sobre el mango del sartén, le bajó la intensidad a la flama y volteó completamente para poder quedar de frente. Solo el mesón los separaba, se apoyó en el borde de la superficie y se encorvó un poco para poder verla. La joven no temblaba, tampoco estaba sonrojada, sus ojos grandes lo miraban fijamente, exigiendo una respuesta sincera, entonces lo fue.

—Quiero acostarme contigo —reconoció en un tono grave y masculino que le estremeció.

Kasumi contuvo la respiración por unos segundos. Su revelación le sacudió el espinazo, como si se lo hubiera susurrado en la oreja, y supo allí, en ese mismo instante mientras su corazón le latía deprisa que, si no se iba en ese momento, terminaría acostándose con él, porque no solo él lo quería. Sin embargo, su responsabilidad era más fuerte que su deseo, por lo que reaccionó a tiempo. No respondió, relamió su labio inferior y giró sobre su talón para buscar su cartera, guardó su móvil y sin mirarlo, caminó hacia la salida.

No alcanzó a llegar a la entrada cuando él la detuvo desde su muñeca, un agarre firme pero no lo suficiente como para hacerle daño. Se tensó al sentir su cercanía, pero no quiso voltear a verlo. Iba a hablar, a pedirle que la soltara, pero su mente se apagó. Lo único de lo que era consciente era de sus intensos latidos. Agachó la mirada, al mismo tiempo que apretaba su cartera contra su cuerpo, él la giró para verla a la cara y se obligó a sí misma a levantar el rostro y enfrentar la situación, no era una cría después de todo.

Los ojos celestes de su jefe estaban fijos en los suyos, quiso alejarse, pero para que no notara el desastre que había ocasionado en su menudo cuerpo, no porque no quisiera estar cerca.

— ¿No sientes nada por mí? —le preguntó con las cejas encorvadas y Kasumi se congeló otra vez. Sentía que sus latidos eran tan ruidosos que él podía oírlos, sin embargo, no podía hacer nada. Estaba estoica observándole sin saber qué decir, qué era correcto confesar y qué era mejor callarse. —Eres demasiado bella, necesito al menos, besarte —susurró y ella se tensó.

Apretó fuerte su cartera, los zumbidos de su corazón no le dejaban concentrarse en una respuesta o reacción, o quizás prefirió usarlos como excusa para cuando notó que él se acercó y así quedarse en su sitio, inmóvil y expectante a lo que pasaría. No le pilló de sorpresa, sabía que la besaría y esperó paciente por ello. Por eso, cuando él se encorvó lo suficiente para que sus labios se tocaran, ella estiró el cuello al último segundo para corresponder a su beso.

Algo en su pecho se encendió, algo que desencadenó una reacción en cadena por todo su cuerpo, envolviéndolo en calor y ansiedad por más. Tocar solo sus labios no era suficiente, aun así, no se movió. Estaba demasiado nerviosa como para hacer algo más que recibir su beso. Movieron sus bocas lentamente, deleitándose con el sabor del otro. La humedad de su lengua se le hizo excitante, eso realmente estaba pasando y no era un sueño, estaba besándose con Satoru Gojou.

Él introdujo tímidamente su lengua, intentando no espantarla en el proceso, rosándole por micro segundos, midiendo su reacción y cuando la sintió segura, lo hizo. A esas alturas, sus manos estaban en su cintura y la atraía a su cuerpo a cada segundo en que ella intentaba tomar cierta distancia, aunque no rompía el beso. Sus bocas se movían lento, memorizando cada movimiento y ritmo del encuentro, sus alientos mezclados eran un deleite que hace mucho no sentía. Quizás porque ninguna chica le había costado convencerla de estar con él, y lo que realmente le gustaba era el sabor del triunfo, pero tenía la ligera sospecha que era lo que menos le importaba, al menos en ese momento.

El corazón le latía deprisa, estaba ansioso y él nunca se desesperaba por una conquista. Aquello era nuevo, y sobretodo, era consciente del cuidado con el que la estaba besando, de la preocupación que tenía por hacer las cosas bien y no asustarla. Todo eso era novedoso para él, lo que fuera que le estaba provocando Kasumi, era en serio y no quería meditarlo demasiado.

Ella se alejó un poco después de unos minutos, respirando agitada y desviando la mirada. Con las mejillas sonrojadas, los ojos brillándoles llenos de vergüenza y para Satoru, fue una postal memorable. Medio sonrió al verla, no soltó su cintura y se reincorporó lentamente, ella se veía diminuta entre sus manos, frágil y delicada, le nació una urgente necesidad por cuidarla y lo supo allí en ese momento, porque Kasumi le provocaba tanto como ninguna otra. La joven asistente era diferente a las chicas con las que solía involucrarse, no era una seductora por naturaleza que buscaba pasarlo bien un rato o volverse su novia, solo era una joven trabajadora que se preocupaba de su familia, era él quien quería revolverle la vida y no al revés.

—Oye —le susurró como si alguien más pudiera oírlos. Kasumi tragó saliva nerviosa y volteó a verlo sin esconder su timidez, él sonrió y acarició su mejilla con suavidad, sorprendiéndola—no pasará nada que tú no quieras.

Kasumi no respondió, aun pensando si debía irse o confiar en él. La verdad era que estaba segura que Satoru Gojou no se propasaría con ella si no le daba el consentimiento, de quien dudaba era de ella misma. No podía engañarse, había ido allí con la excusa de cenar, sin embargo, apenas supo de la alerta de emergencia debió irse. Sentía que estaba usando la situación como un pretexto para dejarse llevar, que estaba aprovechándose para dejar de lado su responsabilidad y luego, si hacía alguna estupidez, culpar la circunstancia y no podía comportarse así. Aunque se dijera que debía ser consecuente, que pensara en su trabajo y que no cometiera ninguna estupidez de la cual podía arrepentirse, quería quedarse. Quería averiguar qué pasaría entre ellos.

—La comida estará en media hora —dijo Satoru soltando su cintura, tuvo que contenerse para no besarla otra vez antes de alejarse a terminar de cocinar.

Lo cierto era que la situación en sí, el tener a una chica en su departamento y cocinarle la cena, era toda una novedad para él. Nunca había llevado a una conquista a su hogar, en parte porque con ninguna tuvo algo más que un revolcón —con algunas se repitió un par de veces—, nada serio como para llegar a tener esa intimidad. No sabía si podía considerar a Kasumi una conquista, toda la relación y avance que había tenido con ella había sido de forma muy poco convencional, no a lo que acostumbraba al menos. Pero estaba entusiasmado, y realmente quería que lo de ellos avanzara y durara un tiempo. Sentía que con Kasumi las cosas podían ser interesantes, ella sabía que era un idiota y aun así lo aguantaba, y estaba seguro que no se trataba solo por el dinero, que le respondiera su beso era la respuesta que necesitaba. La joven estaba igual que él, quería que algo más pasara entre ellos y no desaprovecharía esa oportunidad.

El corazón aun le latía deprisa cuando lo vio regresar a la cocina a revolver el sartén. Tragó saliva disimulando los espasmos de su cuerpo, era un manojo de nervios por unos cuantos besos, y es que no solo se había besado con Satoru Gojou, el gerente comercial de JJK, el hombre más codiciado de la empresa, que tenía un gran club de admiradoras —y que ella fue una—, lo que sentía por su jefe era más que una simple atracción y sabía que estaba mal, sin embargo, aquel beso y revelación le habían sacudido demasiado. De alguna manera, lo que sentía por él era correspondido, al menos físicamente y era mujer antes que hermana y trabajadora responsable, no podía evitar desearlo.

Soltó un profundo suspiro y miró su cartera, mordió su labio inferior y regresó al sofá donde dejó sus cosas, aceptando lo que fuera a pasar sin decirlo en voz alta. Aun nerviosa, caminó hacia el mesón junto a la cocina.

— ¿Le puedo ayudar en algo? —preguntó con timidez, aun sintiendo las mejillas acaloradas.

—Estamos en mi departamento, tutéame —pidió sonriéndole—y dije que te cocinaría, así que tranquila, me haré cargo de todo. Déjame sorprenderte —murmuró guiñándole un ojo.

—Bueno —sonrió—creí que… tendría cocinera o algo —reconoció nerviosa, buscando saber un poco más de la vida privada de Satoru Gojou.

—La verdad es que no suelo cenar en casa, pero me defiendo bastante bien en la cocina. Viene una señora una vez a la semana a hacer aseo general, pero también sé limpiar y esas cosas —se encogió de hombros y sacó una olla de la alacena, la llenó de agua hasta la mitad y la dejó sobre la estufa—ah ¿te gusta la pasta? Es lo más rápido que se me ocurrió.

—Pasta suena bien —sonrió asintiendo.

—Excelente ¿quieres algo de beber? No recuerdo verte beber vino o alcohol en los eventos de la empresa. —Habló mientras sacaba un paquete de espagueti del mueble.

—No bebo —dijo avergonzada—no me gusta el sabor… aunque a veces mis amigas me han dado tragos dulces y si los he tomado, pero no suelo beber.

—Tenemos eso en común —sonrió volteando hacia ella—el alcohol sabe horrible, ni siquiera los tragos dulces me gustan —murmuró haciendo una mueca de disgusto.

Kasumi se quedó en silencio por unos minutos, y él aprovechó de mirarla por el rabillo del ojo. Seguía sonrojada, en sus labios tenía una diminuta sonrisa decorándolos y él relamió los suyos de forma inconsciente. Quería volver a besarla, quería subirla al mesón y besarla hasta cansarse y follarla allí mismo. Pero no podía actuar con torpeza, y tampoco actuar tan desesperado, aunque lo estuviera.

Era raro para Kasumi estar a solas con su jefe sin hablar de algo que no fuera del trabajo. Por un momento se sintió como si estuviera en una cita conociendo a un chico y a pesar de que la idea le era atractiva al imaginar que estaba en una cita con Satoru Gojou, debía recordarse su realidad y poner los pies en la tierra. Pero le era difícil, lo veía recorrer su cocina con utensilios mientras sonreía y recordaba que hacer unos minutos atrás estuvieron besándose y el pudor recorría todo su cuerpo. Mordió su mejilla interna, pensando qué hablar ahora, qué decirle para parecer una mujer interesante y frunció el entrecejo apenas lo pensó. Se contradecía constantemente, no debía buscar la oportunidad de llamar su atención cuando sabía que lo de ellos no podía avanzar más que un par de besos, porque para él era una chica más en su lista de conquistas, y a ella podía costarle su trabajo y estabilidad emocional. Con eso en mente, dejó de esforzarse y contuvo el suspiro cargado de derrota.

Mientras la joven asistente se preocupaba de no ilusionarse por un par de besos, Satoru se movía ansioso entre la estufa y el fregadero. A diferencia de Kasumi, no le molestaba el silencio que se había instalado entre ambos y no buscaba temas para rellenarlo, él se sentía cómodo con su presencia. A ratos la miraba por el rabillo del ojo y no dejaba de sonreír al pensar en que esa noche por fin conseguiría estar con ella, porque estaba seguro que lograría seducirla, o tal vez persuadirla, pues la atracción que sentían era mutua, simplemente necesitaba que Kasumi se soltara un poco.

La cena no tardó en estar lista. Kasumi le ayudó a acomodar los individuales y utensilios en el mesón, mientras él servía los platos con pasta y salsa de tomate con albóndigas.

—Luce delicioso —dijo la joven cuando vio el platillo humeante en frente. Satoru se sentó en un piso frente a ella y sonrió arrogante—no suelo comer pasta.

—Sí, eso pensé. Imagino que cocinas comidas balanceadas con verdura y carnes —la joven soltó una risa vergonzosa y él sonrió—me gusta tu risa. Es adorable —antes de que Kasumi pudiera responder o incomodarse, continuó hablando—anda, anda, pruébalo. Quiero saber tu opinión.

—Gracias por la comida —dijo sonriendo y con un tenedor, mezcló un poco de fideos blancos con salsa y se lo echó a la boca. Alzó ambas cejas y cubrió su boca mientras masticaba, apenas tragó sonrió sorprendida— ¡está delicioso!

— ¿Lo ves? —dijo alzando su barbilla— ¡y querías irte! No te arrepentirás de haberte quedado —le medio sonrió arrogante y Kasumi centró sus ojos en su plato, intentando no demostrarle lo nerviosa que se ponía con cada comentario que le hacía. —Sigues tensa.

— ¿Eh? —balbuceó apenas le oyó, levantando la mirada. Satoru tenía su rostro apoyado en su mano izquierda mientras que con la otra sostenía el tenedor, sin dejar de mirarla a los ojos con una sonrisa ladina en sus labios. Kasumi se quedó viéndole a los ojos unos segundos, perdiéndose en el hermoso color cielo, se obligó a desviar la mirada sonriendo nerviosa. No tenía caso mostrarse tranquila, intentarlo al menos, porque él podía oler su inquietud, seguramente no era muy buena actuando. Relamió sus labios y murmuró bajito. —Es que… no es apropiado que siga aquí después de…

— ¿Besarnos? —terminó él arqueando una ceja—Kasumi eres muy seria, debes relajarte más. No tiene nada de malo, somos dos adultos solteros ¿no? —la joven no respondió, soltó un suspiro y continuó comiendo—ya te dije, no pasará nada que no quieras.

«Ese es el problema» pensó, y aun así asintió sin mirarlo. Estar encerrada en su departamento y saber que la atracción que sentían era mutua, no era una buena combinación. Contrario a lo que pensaba su jefe, no era una chica seria, sí responsable, pero antes que nada era una mujer enamorada, y cada sonrisa, mirada y palabras que le dirigía, eran provocaciones y se sentía completamente expuesta ante su presencia. Estaba segura que terminaría cayendo en sus palabras, porque Kasumi la mujer, lo quería así.

La cena pasó sin mayores imprevistos. Satoru permitió que la joven lavara la loza para que se relajara un poco mientras él preparaba té. La miraba de soslayo mientras pasaba la esponja por los platillos, y aunque la escena hogareña le gustó demasiado, prefirió concentrarse en su siguiente paso. No solía ser muy metódico en sus conquistas, sin embargo, con Kasumi quería hacer las cosas bien. Llevó el juego de tazas y tetera sobre una bandeja a la sala de estar, acompañado de dos trozos de pastel que había comprado esa mañana. La joven no tardó en acompañarlo, mientras él cambiaba de canal a algo que no fuera un noticiero que hablara del temporal, Kasumi probaba el pastel sin mirarlo. Aun la sentía tensa y nerviosa, se había sentado en un sillón solitario mientras que él usaba un espacio en su largo sofá. Se había imaginado viendo la televisión juntos mientras la abrazaba, pero sus brazos no eran tan largos como para llegar a ella. Pensó en hacerle una broma al respecto, pero prefirió callar. Soltó un suspiro cargado de derrota y dejó el control sobre la mesita al no encontrar ninguna programación divertida.

—La tv satelital es un asco —se quejó mientras cuchareaba su pastel— ¿ves alguna serie?

—Eh… no la verdad, estoy casi siempre ocupada —murmuró pensativa y frunció el ceño al notarlo, no era la persona más interesante.

—Entre tu jefe y hermanos, no tienes vida ¿eh? —dijo sonriéndole. Kasumi rio bajito y antes de contestar, la electricidad se cortó dejándolos a oscuras—oh…

—Encenderé la linterna de mi celular —murmuró Kasumi buscando el aparato.

Satoru se puso de pie cuando la joven alumbró un poco la sala, caminó hacia el teléfono que estaba pegado sobre la pared y marcó a recepción. Esperó por unos minutos hasta que el conserje de turno contestó su llamada.

Buenas noches señor Gojou, estamos preparando el suministro de emergencia. En unos minutos tendrá electricidad en su departamento —le informó rápidamente el hombre. Satoru guardó silencio por unos segundos, pensando, medio sonrió y susurró lo suficientemente alto para que solo el conserje pudiera oírle.

—No des la electricidad para mi departamento.

¿C-cómo? —Satoru tragó saliva y sin dejar de reír divertido, repitió.

—Eso, no necesito la electricidad en este momento. Esperaré que la de la empresa, si mañana sigue así, entonces la necesitaré. Por ahora estoy bien, buenas noches —se despidió y colgó el teléfono sin dejar de sonreír malicioso. Es que era el ambiente ideal, a oscuras sin poder salir, encerrado con su bella asistente. Quizás muchos estaban pasándolo mal con el temporal, pero a él le estaba siendo de mucha utilidad. Borró su sonrisa y caminó de regreso a la sala de estar, fingiendo preocupación. —Están intentando hacer funcionar el suministro de emergencia, pero no tiene buena pinta.

— ¿Por qué? —preguntó extrañada. Satoru pensó unos segundos y finalmente soltó lo primero que se le ocurrió.

—No le han hecho mantención. En fin, no te da miedo la oscuridad ¿o sí? —el tono varonil en su voz le estremeció. Contuvo la respiración sin darse cuenta, y agradeció mentalmente estar a oscuras porque estaba segura que a esas alturas su rostro debía parecer un tomate maduro.

—P-por supuesto que no —sonrió— ¿Dónde voy a dormir?

—En mi cama —respondió con naturalidad sentándose en el borde del sillón en el que estaba Kasumi. La joven estiró el cuello para poder verlo a la cara, gracias a la luz de su celular, él pudo ver a la perfección sus facciones. Sus grandes ojos azules lo miraban con sorpresa, sus labios entreabiertos titubearon por un par de segundos y él sonrió victorioso.

— ¿Q-qué? N-no… no podemos —susurró no muy convencida. Satoru medio sonrió, y con completa calma, acercó su mano a su flequillo y lo peinó con suavidad entre sus dedos. Kasumi se tensó por unos segundos al sentir sus dedos sobre su frente, pero se relajó al no ver segundas intenciones en su toque.

—Oye… tranquila —susurró y posó su palma sobre se mejilla. Kasumi tragó con disimulo sin dejar de mirarlo, sintiendo sus latidos zumbarle en el oído. Podía oler su perfume, la mano que le acariciaba el rostro era suave y estaba un poco fría, hacía contraste con el calor de su rostro—no haremos nada que no quieras, somos adultos, no adolescentes.

—E-está bien… —dijo agachando la mirada. Tragó saliva y volvió a mirarlo, pero antes de poder hablar, se encontró con el perfil de él acercándose. Expectante, se quedó en su sitio esperando a que la besara. El beso fue más intenso que antes, como si el haberse besado con anterioridad hubiera desatado las pasiones entre ambos. Había necesidad y urgencia por sentir al otro. La mano que antes reposaba en su mejilla recorrió su nuca para poder acercarla aún más y profundizar la unión de sus labios. Cuando se separaron, Kasumi apenas respiraba, jadeaba débilmente por el deseo y supo que debía alejarse—Y-yo… ¿me presta alguna remera para dormir?

—Claro —sonrió él—ven.

—Quisiera darme un baño… ah, pero la luz no ha llegado —murmuró pensativa al imaginar ducharse con agua fría.

—Descuida, el agua caliente funciona a gas natural. Es independiente del suministro eléctrico —dijo bajándose del sillón. Kasumi tomó su cartera y celular y lo siguió de cerca.

El departamento de su jefe era amplio y refinado. No sabía de marcas, pero estaba segura que cada pieza que había en el inmueble era costosa, todo exhibía calidad y buen gusto. Se sentía como un bicho raro caminando por el pasillo. El gerente la guio hasta el cuarto de baño mientras ella iluminaba el lugar con la linterna de su aparato. Lo vio agacharse y abrir un cajón en el mueble del cuarto y sacar muchas velas blancas con cintas doradas, lo primero que pensó fue que su jefe era un hombre precavido, pero alzó ambas cejas cuando las reconoció.

— ¿Esas velas no son las del evento?

—Sí —sonrió Satoru—me las robé —dijo y soltó una carcajada— ¡las iban a botar!

—Me hubiera llevado algunas si las iban a botar —comentó riéndose.

—Sí… mira, acá te dejaré unas toallas y encenderé algunas velas para que no gastes la batería de tu celular —comentó mientras hacía lo que decía.

—Gracias —dijo cuándo lo vio encender un par de velas.

Satoru se quedó viendo la llama por unos segundos y mordió su labio inferior, pensando en quedarse y sugerirle que tomaran un baño juntos, pero lo descartó rápido. Resignado, giró sobre su talón y le sonrió, encendió una vela para el caminó y salió del baño para llevar las demás al dormitorio.


(…)


Se cepilló los dientes rápido, ansiosa por volver a donde estaba él. Y aunque se repetía mentalmente una y otra vez que se comportara, en el fondo sabía que terminaría acostándose con él. Se miró en el espejo varios minutos, se pasó los dedos entre el cabello para cepillarlo un poco y miró cada ángulo de su rostro buscando imperfecciones, la luz amarillenta de la flama no le ayudaba. Suspiró y posó su mano sobre su vientre plano, estaba nerviosa, sentía el abdomen pesado y no dejaba de temblar. Sonrió burlesca, era curioso todo lo que le provocaba su jefe. Ni siquiera para su primera experiencia sexual se sintió de ese modo. Relamió sus labios y guardó su cepillo en su estuche. Se alejó un poco del espejo para poder verse, la playera que Satoru le había prestado le cubría hasta la mitad del muslo, como si llevara un vestido ancho. No le parecía apropiado salir así, pero ¿qué importaba? A él no le molestaría, ya se habían besado y no podía seguir ignorando que lo que ambos querían a esas alturas era más del otro. Volvió a suspirar, agarró la toalla húmeda junto a su cartera y salió del cuarto de baño, se devolvió a buscar las velas y se quedó de pie en el pasillo, pensando hacia donde debía ir.

— ¿Señor Gojou? —preguntó en voz alta.

—Por acá —oyó y siguió la voz.

Entró con timidez al cuarto. Tenía las cortinas abiertas por lo que las luces de algunos edificios que si contaban con el suministro de emergencia servían para iluminar un poco el dormitorio. Su jefe estaba recostado mirando su móvil, había dos velas encendidas, una en cada velador junto a la cama de dos plazas —quizás era más grande—, Kasumi contuvo el suspiro y se acercó lentamente, mirando a su alrededor la amplia y bonita habitación de su jefe.

— ¿De verdad no tiene más cuartos en su departamento? Es bastante grande —murmuró mirando los muebles.

—Hay un par, pero no son dormitorios —comentó reincorporándose y antes de continuar hablando, se quedó mirando las piernas de su asistente. Tragó saliva y sonrió agradecido al verlas. Levantó la vista solo para alzar ambas cejas, verla usar su ropa le excitó más que ver a una mujer desnuda, lo que le sorprendió bastante. Quizás el deseo que Kasumi despertaba en él era tan grande porque no había conseguido concretar nada con ella y ahora que la tenía así en su habitación, la ansiedad se multiplicaba y esperaba que aquello no le afectara a su desempeño. Por lo mismo, prefirió apartar la mirada al mismo tiempo que soltaba un profundo suspiro—siéntate. —Dijo y la vio levantar la toalla que traía en la mano para mostrársela—ah… eh, déjala en el diván.

Kasumi dejó sus cosas sobre el diván que estaba en una esquina y caminó hacia la cama, se subió con cuidado y se sentó en el otro extremo. No alcanzó a acomodarse cuando Satoru se le acercó con movimientos felinos hasta quedar ambos perfiles de frente. La joven no esperó que él la besara, se inclinó y le dio un beso rápido, pero a medio camino se arrepintió y cortó el beso, agachando la mirada con vergüenza y culpa.

—Oye —Kasumi cerró sus ojos por unos segundos y levantó la mirada hacia él. Satoru la miraba serio— ¿has tenido sexo antes? —el rubor de sus mejillas se incrementó por esa mera pregunta, lo miró sorprendido y nerviosa, desvió la mirada a los segundos después. Frunció el ceño por su actitud infantil, contuvo el suspiro y volvió a mirarlo.

—Sí, cuando iba en la universidad —Satoru asintió pensativo y fue su turno de besarla. Ella intentó alejarse un poco, pero chocó con el respaldo acolchado de la cama, que la ayudó a decidirse por aceptar su beso. La lengua de su jefe no tardó en sumarse al beso, gimió en su boca cuando sus labios aumentaron la intensidad del encuentro. Él la soltó a los segundos, pero no se apartó.

— ¿Y cuándo fue la última vez? —quiso saber. Verla tan nerviosa le hizo pensar ingenuamente que Kasumi no tenía experiencia previa, pero con saber que no era virgen bastaba. Y no sabía bien porqué le preguntaba. Lo que sí sabía era que le incomodaba la respuesta, aunque no la supiera. Imaginarla con otro hombre no le agradó, no quiso darle demasiadas vueltas al asunto, por lo que prefirió concentrarse en la joven que temblaba ligeramente.

—Hace tres o cuatro años —comentó insegura.

— ¿Qué? ¿Cómo es posible que una chica tan linda no tenga oportunidades para tener sexo? No me lo creo. —Kasumi desvió la mirada soltando una risita nerviosa, hablar de su intimidad no le agradaba e imaginaba que a la mayoría le pasaba. Su jefe era de las pocas personas que conocía que era tan liberal para todos los temas.

—No estoy interesada en eso por ahora —reconoció al pensar en las veces que había rechazado a compañeros de trabajo.

—Bueno —susurró en un tono varonil, estremeciéndole el espinazo. Kasumi lo miró atenta y cuando lo vio acercarse, se lo permitió. Él la tomó suavemente de la barbilla y se inclinó para besarla, pero no lo hizo. Kasumi quedó con los labios estirados a medio camino de la boca de Satoru—por esta noche, piensa en ti y en lo que quieres. No pienses en consecuencias ni en nuestra relación laboral. Solo somos tú y yo.

No pudo responder. No con palabras al menos, apenas Satoru guardó silencio, ella acepto su propuesta y se lanzó a sus labios. Por esa noche se permitiría ser una mujer sin responsabilidades, ya pensaría por la mañana en lo que había hecho. Ahora solo eran él y ella. Y le bastaba con eso.

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N/A: ufff! tardé bastante en actualizar, pero mi atención últimamente está en Días pasados. Pude incluir lo que esperábamos en este cap, pero no quería que quedara tan largo.

Muchas gracias a quienes se dan un tiempito y comentan, en serio me animan.

Lo siento si tiene muchos errores ortográficos y gramaticales, recién edité y me duelen los ojitos :c

Nos leemos (espero que pronto)!