Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling
Katekyo Hitman Reborn! Es propiedad de Akira Amano.
Advertencias: Yaoi, Slash, traición, Dumbledore malo, algunos Weasley malos, ya sé de Hermione, discriminación, muerte, mucha muerte. Harry tiene muchos traumas.
Parejas: R27, Drarry, 8059.
Estaré cambiando la clasificación del fic prontamente, en uno o dos capítulos.
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Aeropuerto Punta Raisi. Palermo, Italia.
22 de agosto de 1995.
02:30 AM
Reborn se aseguró de besar con cariño la sonrisa de Tsunayoshi mientras sostenía con ternura las mejillas del castaño entre sus manos. El enorme abrigo de gamuza y su bufanda azul tejida a mano por Nana Sawada resaltaban la juventud con la que había sido maldecido el décimo.
-¿Estás seguro que tienes que irte? Acabo de volver. - La sonrisa de Tsuna se amplió como si los músculos de sus mejillas y su mandíbula no existieran y escuchó una risilla escapar de él mientras asentía con la cabeza. Reborn bufó, molesto. - De acuerdo, entonces nos veremos en septiembre, Mio amato decimo.
-Hasta pronto, Reborn. - Tsunayoshi se paró de puntillas y le dio un último beso antes de darse media vuelta y correr hacia donde los civiles ya estaban abordando el avión.
Reborn frunció el ceño una vez que ya no estuvo dentro del campo visual de Tsunayoshi y una vez que este se mezcló con los civiles, también dio media vuelta para salir del aeropuerto. Tsuna estaba haciendo algo estúpido y él tenía sus sospechas de que era. Torció sus hombros con el objetivo de que sus huesos tronarán y suspiró hondo.
Había pasado demasiados años asegurándose de que Tsunayoshi viviría una larga y saludable vida a su lado, después de todo, Reborn nunca había sido bueno soltando a las personas que habían tenido un impacto en su vida. Probablemente si el décimo se enterara de alguna de las cosas que Reborn había hecho para asegurar su integridad, estaría furioso, pero a Reborn no podía importarle en lo más mínimo.
Había estado presente en los momentos más difíciles que había atravesado su prometido, asegurándose de ser una persona en la que el castaño pudiera apoyarse cuando lo necesitara. Con mucha dedicación y esfuerzo se había asegurado de convertirse en la persona a la que Tsunayoshi nunca podría decirle adiós sin importar que tanto pasara entre ellos, habían construido juntos una relación fuerte y estable.
Tal vez era por eso que le molestaba tanto que Tsuna no hubiera confiado en él con esta nueva etapa de su vida.
El décimo había tomado demasiadas precauciones para no ser descubierto, como evitar usar los jets privados de la Vongola cuyos pilotos reportaban a Rebonr todos los movimientos del castaño con el incentivo correcto, o el haber comprado un boleto a Brasil fingiendo visitar a Nana Sawada, para después tomar un vuelo a México y posteriormente otro a Inglaterra.
Sonrió de forma ladina, por el momento no investigaría lo que estaba haciendo su prometido, pero en algún momento lo haría. Solo le daría un poco más de ventaja, después de todo, todos sabían que Reborn amaba un buen desafío.
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Mansión Vongola, Bosque de Thetford. Gran Bretaña.
25 de agosto de 1995.
08:30 AM
Tal cual como habían dicho en las noticias, habían amanecido con una fresca temperatura de 15 grados celsius. Harry se preguntaba si sería un problema para su tío quien estaba acostumbrado a las cálidas temperaturas de Sicilia.
Suspiró mientras apuñalaba con su tenedor el omelette con queso y jamón que el chef había preparado a su petición. Si, la comida de la mansión era grandiosa y definitivamente con cada comida le servían un banquete. Sin embargo, para Harry quien comía solo todos los días, a veces con los guardianes de su tío, el ver tanta comida servida y tantos lugares vacíos solo empeoraba la soledad que sentía.
-Harry, buenos días.
Harry volteó de inmediato, encontrando a su tío parado en el margen de la puerta sonriéndole con cariño. El castaño, a pesar de irradiar la misma energía de siempre, se veía sumamente cansado, tanto que tenía enormes ojeras y la piel excesivamente pálida en comparación de su tez "besada por el sol" habitual.
-Buenos días, tío.
La sonrisa de Tsuna se amplió más y avanzó hasta que tomó asiento a lado de Harry. - ¿Has pensado en mi invitación para ir a acampar? Yamamoto-kun dijo que me avisaría sobre tu respuesta, pero no me ha dicho nada aún.
Harry clavó sus ojos en su plato, si, desde el día de su audiencia y hasta el presente no había dejado de pensar en ello. Sin embargo. - He decidido no ir.
Tsuna ladeó su cabeza, como si realmente no hubiera esperado esa respuesta por parte de Harry. - De acuerdo. Cómo tú decidas Harry.
Levantó la mirada sin poder ocultar su sorpresa. Estaba tan acostumbrado a que los adultos le insistieran e impusieran sus ideas como si fueran sugerencias que había confiado en que Tsunayoshi lo haría también. - ¿De acuerdo? ¿Eso es todo?
Tsunayoshi se encogió de hombros. - Claro, no te obligaré a hacer algo que no quieras hacer. - El castaño miró el reloj que tenía en la muñeca, Harry sospechaba que estaba hecho de oro. - Aún así me gustaría que fuéramos a cenar antes de volver, me gustaría darle la semana libre a los empleados y quedarme aquí para pasar más tiempo contigo antes de que vuelvas a Hogwarts. - Tsuna le regaló una sonrisa mientras se rascaba la nuca como un gesto de nerviosismo. - Claro, solo si tú estás de acuerdo.
Harry parpadeó un par de veces aún sin procesar las palabras del castaño. - ¿Tú quieres pasar tiempo conmigo? - Tsuna asintió. - ¿Por qué? ¡Fui grosero con tu guardián y tu aliado! ¡Deberías estar molesto!.
-Para nada. - Respondió inmediatamente Tsuna, tan rápido que no había forma de que no fuera una respuesta sincera según Harry. - No estamos aquí para decidir tu personalidad Harry, ni mucho menos para tenerte dócil. Soy tu tío, soy tu guardián y lo único que quiero es protegerte. Además, ni Yamamoto ni Byakuran están molestos, solo te hicieron una sugerencia y el que la ignoraras no tiene nada malo. Creí que Yamamoto había hablado contigo al respecto. - Concluyó frunciendo el ceño.
Harry asintió lentamente, estaba perplejo. Ahora entendía a lo que se referían las personas cuando decían que el gato le había comido la lengua. Tal vez, por primera vez en toda su vida, hasta su mente se encontraba sin una respuesta o reacción para darle al castaño que estaba sentado a su lado. Ni siquiera sus amigos habían reaccionado tan bien cuando ignoraba sus sugerencias sobre temas triviales. Aún cuando Yamamoto le había asegurado que no habría problema Harry no terminaba de creerselo.
-Por cierto Harry. - Tsuna se puso de pie y le colocó una mano en el hombro. - Me reportaron que tu lechuza volvió ayer por la noche.
-Hedwig. - Intervinó. - Su nombre es Hedwig.
Tsuna sonrió nuevamente, haciendo que el estómago de Harry se retorciera al no saber reaccionar ante el cariño que Tsuna le demostraba. - Hedwig, claro, debí preguntar antes. Los sirvientes le prepararon una buhonera en el ala oeste, traía consigo una carta, pedí que la llevaran a tu habitación.
-Gracias. - Respondió Harry sonriendo levemente.
-Búscame en mi estudio en cuanto estés listo para irnos, mientras más temprano, mejor. No me gustaría estar entre tantas personas.
Harry asintió, apurándose a comer su desayuno. Aún le faltaba vestirse y leer la carta. Tsuna salió del comedor mientras las sirvientas posicionadas en el pasillo le presentaban una leve reverencia.
Una vez que terminó su desayuno se dirigió a su habitación como si de un cascarón vacío se tratara. Su estómago se retorcía con nerviosismo y sentía como si su corazón se fuera a salir de su pecho, extrañamente había conseguido controlar su cara a pesar de que sus mejillas se estiraban en contra de su voluntad. Por unos momentos, todo el enojo que sentía constantemente parecía haber desaparecido.
Entró casi trotando a su cuarto siendo seguido por la mirada de las criadas e inmediatamente después de cerrar la puerta se dirigió a su enorme closet y comenzó a desvestirse. Movió rápidamente todas las camisas, chaquetas y pantalones que una modista de la famiglia había hecho para él hasta encontrar unos jeans negros y un suéter gris que parecía lo suficientemente cálido y fresco para el día antes de ponerse sus desgastados tenis de los que aún no podía desprenderse.
Se miró un par de segundos en el espejo antes de decidir que no valía la pena perder tiempo tratando de domar su cabello cuando el de su tío parecía desafiar la gravedad por si mismo. Y ahí, a un costado de su espejo reposando sobre su tocador, estaba la carta mencionada.
La tomó entre dos de sus dedos reconociendo de inmediato la letra de Ron, a pesar de saber que la letra de su amigo era fea, la que se veía en el remitente era casi ilegible, como si hubiera sido escrita con prisa. Frunció el ceño, tenía el presentimiento de que lo que quiera que le hayan dicho, lo haría enojar.
Salió de su cuarto rápidamente, decidiendo que la carta podía esperar hasta que su tío y él regresaran de la cena.
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Caldero Chorreante, Londres. Gran Bretaña.
25 de agosto de 1995.
03:56 PM
El viaje al Callejón Diagón había sido extremadamente rápido en comparación con el que había realizado al ministerio de magia a pesar de que ambos lugares se encontraban en Londres.
Si, habían sido dos horas de camino igualmente e incluso se habían detenido a almorzar en un pequeño restaurante familiar en Saffron Walden. Resultó ser que su tío no quería salir temprano de la mansión para no estar entre tantas personas sino que, a pesar de que había rechazado la invitación de ir a acampar con su tío, el castaño había encontrado la manera de recorrer diversas reservas naturales y lagos a lo largo del camino con la excusa de que era necesario descansar y tomar algo de aire al manejar una distancia tan larga.
Tal vez la principal diferencia era que, cuando había ido al ministerio de magia, los aliados de su tío habían estado hablando todo el viaje sobre los procedimientos legales, protocolos y expectativas que tenía que tener Harry sobre su audiencia. Al contrario del viaje con su tío, quien había hablado de todo menos de trabajo o asuntos de política y se había dedicado a contar anécdotas vergonzosas de su adolescencia, como cuando, semidesnudo, le declaró sus afecciones a su primer amor a gritos.
Incluso había visto al castaño alzar ambas manos mientras cantaba casi a gritos una canción llamada 'She's my kind of girl' de Björn & Benny antes de que un bache en el camino los tomara por sorpresa y Tsuna casi perdiera el control del carro. Posteriormente, las canciones de The smashing Pumpkins comenzaron a sonar en un volumen moderado mientras Tsuna se aferraba al volante como si su vida dependiera de ello.
Después de un par de minutos, ambos rompieron en carcajadas afónicas ante la adrenalina.
Harry miró por la ventana mientras su tío se estacionaba en las calles londinenses aún con una enorme sonrisa plasmada en su rostro que empezaba a ser dolorosa para sus mejillas. Había pasado un largo tiempo desde la última vez que se había sentido tan tranquilo y contento.
Una parte de él le decía que estaba traicionando a Sirius, que Sirius debía estar en el lugar de Tsunayoshi y el casi accidente de un par de minutos atrás debió haber ocurrido mientras volaban en la motocicleta de su padrino.
Negó con la cabeza mientras mordía una de sus mejillas. Sirius aún no era un hombre libre, en algún momento podría tener esas aventuras también con él.
Una vez que se bajaron del carro, se sorprendió cuando su tío casi lo estrangula cuando se colgó de su cuello en un intento de colocarle un bucket hat tejido a mano de color negro con verde y un alíen bordado al frente. Casi por instinto dobló sus rodillas para equiparar sus 1,80cm de altura con el 1,60 de su tío, quien una vez satisfecho le palmeó ambas mejillas antes de dar un paso atrás.
-Es un regalo de mi madre. - Dijo el castaño mientras se acomodaba su propio bucket de color negro con naranja y unos león bordado. - Te manda saludos, hemos recibido reportes de que tu audiencia se publicó en el profeta y ella cree que es bueno para ocultar tu identidad. En lo personal nunca me ha servido, así que si te sientes incómodo puedes quitártelo.
Harry asintió sin decir nada mientras bajaba un poco más su bucket hat, empezaba a sentir algo de calor en su cuero cabelludo pero algo lo detuvo de quitárselo, tal vez el hecho de que no era común que recibiera ese tipo de gestos. Aceptó con algo de duda los lentes de sol que su tío le extendió y pronto comenzaron a caminar al caldero chorreante.
Aunque fuera una estrategia muy ridícula. El bucket hat que ambos llevaban puesto parecía tener un hechizo desilusionador en él. Ninguno de los ebrios magos dentro del caldero chorreante había volteado siquiera a verlos cuando habían atravesado el establecimiento. Harry, quien no estaba acostumbrado a ser ignorado por la sociedad mágica, estaba más que maravillado con la falta de atención y acoso de parte de la misma.
Se sentía incómodo, sí. Pero no era porqué alguien le estuviera viendo ni por el gorro que llevaba puesto, sino porqué su tío había tomado la decisión de tomarle de la mano para no separarse entre los mares de personas que realizaban sus compras ese día en el callejón Diagón.
Era raro, evidentemente no se sentía como cuando Cho o Ginny le habían rozado las manos, pero tampoco era el sentimiento acogedor que emergía en su interior cuando Hermione lo hacía o lo abrazaba.
Si, era un sentimiento cálido y estaba seguro de que le estaban sudando las manos. Las delgadas, pequeñas y delicadas manos de su tío parecían ocultar la fuerza de un superhéroe puesto que a pesar del sudor, su agarre no se había deslizado ni un poco. Estaba seguro de que su incomodidad surgía de que ninguna de sus figuras parentales se había molestado en tener ese pequeño gesto con él.
Cuando era niño siempre veía a su tía Petunia tomar de la mano a Dudley y voltear a ratos para asegurarse de que su preciado y regordete hijo siguiera bien, mientras que Harry había sido condenado a correr con sus pequeñas piernitas detrás de su tía que, con sus largas y delgadas piernas, parecía caminar por el mercado a la velocidad de la luz. Cuando había conocido a la señora Weasley, a pesar de todos los intentos de la matriarca de llenar el vacío de su madre, nunca le había dado la mano, únicamente lo tomaba por los hombros de vez en cuando y constantemente la veía alejarse rápidamente mientras sujetaba con firmeza la mano de Ginny.
Nunca creyó que sería aquel al que el guardián le sujeta de la mano y lo guía por todos lados, pero Harry estaba extasiado. Todas las emociones que había sentido ese día comenzaban a abrumarle y no podía dejar de preguntarse si las compras con sus padres habrían sido así, seguramente lo hubieran sido. Después de todo, Tsunayoshi era quien mejor conocía a su madre de todos los adultos que lo rodeaban.
Tsunayoshi, por el contrario, parecía desconocer los pensamientos que recorrían la mente de Harry a la velocidad de la luz. Miraba los locales con un brillo curioso en su mirada y tarareaba una canción de cuna que Harry jamás en su vida había escuchado.
-Necesitarás nuevas túnicas. - Murmuró por lo bajo Tsuna, quien sólo consiguió escucharlo por la distancia tan corta que permanecía entre ellos. - Creciste horrible durante este mes, malditos genes Potter. Me preguntó que te habra dado de comer el chef para activarlos.
Harry sonrió torpemente mientras su tío maldecía por lo bajo.
- Te seré sincero, Harry. Me estoy fastidiando de tanta gente y me quiero ir ya. - Dijo su tío mientras hacía un puchero y el fastidio pintaba su rostro. - ¿Qué te parece si yo voy por tus útiles y tú vas a encargar unas nuevas túnicas? Te veré aquí en media hora.
Harry, quien ya se encontraba apenado por el contacto físico con su tío - Por Merlín, tenía 15 años, no necesitaba que lo cuidaran en el callejón Diagón - Asintió rápidamente y se alejó de su tío en cuanto este se dio la media vuelta.
Conocía perfectamente el camino hacía Madam Malkins y su nueva altura le permitía ver por encima de la cabeza de muchos magos y brujas, facilitando el camino.
Su experiencia en la tienda fue la misma que cada año, los pinchazos con los alfileres mágicos seguían doliendo un montón y en menos tiempo del que se tardó en llegar ya se encontraba fuera tratando de llegar al punto de encuentro en el que vería a Tsuna. O al menos eso hacía hasta que reconoció la naranja cabellera de su mejor amigo y el alborotado cabello de Hermione.
-Disculpen. - Ladró por lo bajo mientras empujaba a diferentes personas tratando de abrirse pasó. - ¡Ron, Hermione! ¡Aquí!
Sus amigos voltearon de inmediato y parecieron no reconocerlo de inmediato hasta que vieron sus manos levantadas tratando de llamar su atención, ambos fueron rápidamente a su encuentro. Harry tenía que hablarle de las maravillas del Bucket Hat como disfraz a su tío, seguramente era una mentira eso de que no servía como camuflaje.
-¡Harry! - Exclamó Hermione al tiempo que se lanzaba a abrazarlo. Harry devolvió su abrazo casi al instante, mientras tanto Ron le sonreía ladinamente parado a las espaldas de Hermione. - ¡Oh, Harry! ¿Cómo has estado?
-No creerán todo lo que me ha pasado este verano. - Rió. - ¡Tengo familia! ¡Y no son los Dursley! Aún no me lo creo. Por Merlín, tengo que contarles todo. - Le dio un abrazo breve con un par de palmadas en la espalda a Ron antes de mirar el gesto serio e incómodo de sus amigos. - ¿Está todo bien?
-¿Cómo va a estar todo bien? - Ladró Ron. - Se suponía que llegarías con nosotros a principios de agosto Harry, no que estarías bailando felizmente por toda Europa.
Harry parpadeó confundido un par de veces, Ron estaba notablemente molesto.
-Lo siento, no recibí ninguna invitación a la madriguera.
-No estamos en la madriguera, Harry. - Le informó Hermione. - Pasamos todo el verano en un lugar más seguro, estuvimos esperando por ti.
Fue entonces que frunció el ceño. - ¿Cómo? ¿Pasaron? ¿Estuvieron juntos todo el verano? - Cuestionó rápidamente. - ¿Por qué no me escribieron? ¿No recibieron mis cartas?
Hermione tuvo la decencia de verse incómoda mientras que Ron parecía querer tomarlo por los cabellos y sacudir su cabeza. - Si las recibimos. - Respondió finalmente Hermione. - Pero nos prohibieron comunicarte cualquier cosa, fue por la seguridad de Canuto y la de todos, Dumbledore dijo-
-¿Dumbledore ha hablado con ustedes? - Bramó finalmente, sintiendo la rabia de la que había estado libre todo el día, invadirlo rápidamente. - ¿Estuvieron con canuto y no pudieron escribirme una carta?
-Fueron órdenes de Dumbledore. - Dijo Ron cruzándose de brazos. - Aunque queríamos no podíamos.
-Genial, que buenos amigos. - Masculló por lo bajo, notó con satisfacción que las manos de ambos estaban lastimadas, seguramente después de haber sido picados ferozmente por Hedwig como se lo había encargado Harry.
-No empieces, Harry. - Se quejó Hermione exasperada mientras inflaba el pecho tratando de exhibir autoridad. - Pronto sabrás todo lo que está pasando, no es motivo para que te pongas así.
Harry rodó los ojos e iba a responderle cuando fue interrumpido. - ¿Harry? - Le llamó su tío a sus espaldas mientras lo tomaba de forma gentil por el codo. - ¿Estás bien?
Decidió entonces que ya no quería ver a sus amigos y se dio bruscamente la vuelta desequilibrando un poco a su tío . - Mejor que nunca, vámonos ya. Muero de hambre.
Tsuna le miró confundido y después miró a sus amigos antes de asentir con la cabeza en su dirección. - Un placer, supongo que nos conoceremos mejor después.
Harry agradeció que su tío no insistiera en quedarse a conversar y conocer a sus amigos. Sentía cómo su estómago comenzaba a dolerle por el coraje que había sentido ante la pequeña conversación con sus amigos y aunque no la había visto entre la multitud, estaba seguro de que la matriarca Weasley estaba cerca y si se la encontraban posiblemente Harry diría un par de cosas de las que se arrepentiría más adelante.
No se había dado cuenta de la velocidad a la que se había alejado hasta que sintió a su tío alcanzarlo y tomarle la mano, cuando volteó a verlo este le sonrió con amabilidad y Harry, un poco más calmado, comenzó a caminar un poco más lento.
Tsuna abrió la camioneta y le indicó a Harry que se subiera, casi no tardó nada en acomodar todas sus compras y Harry soltó un quejido cuando vió todas las cosas que iban en las bolsas. Eran demasiados útiles, ¿Qué tan pesado sería ese año?
Su tío pronto se acomodó en el asiento del conductor y mientras encontraba una estación de radio le dijo. - Conozco un restaurante de cortes buenísimo, ¿Qué te parece? - Cuando Harry asintió, Tsuna arrancó el automóvil, tarareando otra canción.
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Azienda agricola Mimiani. Sicilia, Italia.
25 de agosto de 1995.
11:00 PM
Ryohei entrelazó sus manos al tiempo que recargaba sus codos en la mesa de su comedor mientras revisaba los reportes enviados por la Varia.
En la sala, tanto como Kyoko como Hannah mantenían una conversación alegre y soltaban carcajadas de vez en cuando al compás del choque de las tacitas de porcelana con su plato. El olor de galletas recién horneadas inundaba la cocina y la lluvia golpeteaba las ventanas de la casa.
Cuando era adolescente jamás se imaginó que tendría un pequeño pero acogedor hogar con la seria mejor amiga de su hermana, a quien adoraba con el alma.
Tal vez era por eso, por la risa de las dos mujeres que más amaba en el mundo, que Ryohei no le encontraba sentido al reporte enviado por el sub capitán de Varia. En dicho documento reportaba que el líder del escuadrón no recordaba haber vuelto de la reunión que había tenido con Tsuna a mediados de julio y tampoco recordaba de qué trataba la misión o que información había logrado recolectar. Además de que había sido encontrado sumamente herido por los habitantes de la región de Kamchatka.
Suspiró profundo mientras masajeaba su sien. Sabía que los Varia aún tenían alguna especie de resentimiento contra los guardianes de la décima generación, pero estaba seguro que ese resentimiento no era suficiente para mermar su profesionalismo. ¿Qué le había pasado a Xanxus?
Dejó salir otro suspiro pesado, alzó la mirada y para su sorpresa se encontró con que Hibari, quien había tomado la costumbre de revisar los reportes con él después de la muerte de Kusakabe-san, también tenía el ceño fruncido mientras revisaba los reportes emitidos por la CEDEF respecto a los Dursley.
-¿Hibari? - Preguntó Ryohei, quien a diferencia del adolescente efusivo y gritón que había sido, había aprendido a controlar su volumen de voz y su efusividad, al menos dentro de su hogar.
-Necesitamos ver al omnívoro. - Respondió. Ryohei miró de reojo a su esposa y a su hermana quienes seguían completamente concentradas en su conversación.
-¿Es algo malo?
Hibari no respondió ni hizo ningún otro gesto. Ryohei se resignó y sacó su celular para enviarle un mensaje a su jefe mientras se recargaba en el respaldo de su silla.
Desde que Tsuna había tomado su lugar como el jefe de la Vongola, eran pocas las famiglias que se atrevían a oponerse a sus reformas e ideales, famiglias que, en su mayoría, habían sido subyugadas por la Vongola ante el riesgo de que quisieran iniciar una guerra inter mafiosa. Entonces, ¿Quién era quién les estaba cazando y causando tantos problemas? ¿Quién era lo suficientemente fuerte para deshabilitar por tanto tiempo al fúrico líder de los Varias?
La mente de Ryohei le dio una idea de inmediato, pero la descartó casi con la misma velocidad. Pensar que él traicionaría a Tsuna era como asegurar que aún había dinosaurios andando por el mundo.
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Mansión Vongola, Bosque de Thetford. Gran Bretaña.
25 de agosto de 1995.
11:15 PM
Después de dejar sus sobras en su tocador y de tomar la carta de sus amigos, Harry se dejó caer sobre su cama completamente agotado.
Aparentemente su tío solo sabía complicarse la vida y no tenía idea de lo que era ir a comer cerca de casa, puesto que el dichoso restaurante de deliciosos cortes no estaba cerca del Bosque de Thetford, al contrario, se encontraba en la ciudad de Northampton y habían tardado al menos 4 horas en regresar a la mansión.
De alguna u otra forma su tío parecía no haberse cansado de manejar por todos lados durante todo el día, cuando habían regresado a la mansión el castaño aún tenía energía para jugar un breve partido de béisbol con su guardián de la tormenta y su guardián de la lluvia, partido al que Harry tuvo que rechazar la invitación que le extendieron, no sólo porqué no sabía jugar béisbol, si no porque sentía que en cualquier momento sus músculos se rendirían y caería fuertemente al suelo.
Tal vez era por el trabajo de su tío que el castaño estaba tan acostumbrado a recorrer distancias ridículas para atender a sus asociados y, ¿Por qué no? También de vez en cuando cumplir con sus caprichos. Pero Harry no, ni siquiera antes de saber que era un mago había recorrido distancias tan largas con los Dursley.
Después de haber estado en una de las expediciones más largas de su vida, Harry había conseguido calmarse nuevamente y había comenzado a tratar de empatizar con las razones que tanto sus amigos como su padrino tenían para no escribirle.
Durante el camino, incapaz de contener su rabia, había explotado con Tsuna y había exhibido toda su molestia ante los comentarios de sus amigos, el contacto cero por parte de las personas que le importaban y la indiferencia que le demostraba el director al que siempre había considerado un mentor. Tsuna, tranquilo como siempre, le recordó que el mundo mágico estaba empezando a vivir en una época oscura y probablemente había sido por seguridad de todos los involucrados que se había decidido detener el contacto entre las partes involucradas. Harry se había avergonzado muchísimo cuando su tío le recordó que Sirius podía haber sido arrestado de nuevo si alguien interceptaba alguna de esas cartas que Harry creía tener derecho a exigir.
El castaño le propuso leer de todas formas la carta que había recibido por la mañana ante la posibilidad de que sus amigos le hubieran explicado todo.
Harrry suspiró y abrió con algo de rudeza la carta.
Sus ojos verdes recorrieron rápidamente los renglones escritos por su amigo, donde le relataba que la casa donde se encontraban había estado infestada de artefactos oscuros y criaturas traviesas, que todos habían sido obligados a participar en una limpieza profunda del lugar, le contaba como su verano había sido vigilado por Ojo loco e incluso le contaba que había sido elegido como prefecto.
La envidia y la rabia comenzaban a apoderarse nuevamente de él. Pero se forzó a terminar de leer la carta. Se lo había prometido a su tío.
Gritó furiosamente antes de ponerse de pie y encender la chimenea para luego arrojar la carta de su amigo a las llamas, la vio consumirse un poco antes de quitarse los tenis y meterse bajó sus cobijas.
En la chimenea, la carta se quemaba lentamente, pero las palabras No confíes en él, los Dursley no te querían, ¿Por qué él lo haría? permanecieron casi hasta el final.
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YYYYYYY eso es todo amigos.
Pidoperdón, me volví a desaparecer por un tiempo pero fue por cuestiones del trabajo jajaja. Tuve que renunciar a mi chamba porqué me pagaban super poquito y pues tuvo un poco de impacto en mi depresión pero x. Ya me siento mejor.
El siguiente viernes me iré de viaje con unos amigos así que trataré de subir otro capítulo antes de irme, pero no prometo nada. De todas formas tengo todavía aprox. un mes antes de regresar a la universidad, escribiré tanto como pueda.
Ya sé como terminaré este libro, espero que tenga un aproximado de 30 capítulos, más o menos.
¡Gracias por leer!
