Final imaginario del siglo XIX
En estos tiempos, las personas que poseen extraños poderes provenientes de su cuerpo o incluso de misteriosas y poderosas armas, son conocidas como ladrones, escoria de la humanidad que roba hermosas y valiosas obras de arte, estatuas o joyas de diversos museos de todo el mundo, con la esperanza de reunir los 108 trozos de inocencia perdidos.
OOOOO
FFFFF
-5 años atrás-.
-Hospital de la familia de Noé, Londres-.
Como de costumbre, Bruno y Umiko Yamana habían sido trasladados a sus respectivas habitaciones, luego de una jornada larga de medicaciones y enfrentamientos. De nuevo, la niña había perdido cada uno de sus encuentros, siendo castigada con falta de comida y una cobija para la noche fría.
A Bruno no le parecía justo lo que pasaba con ella. Deseaba tanto perder a propósito... pero, si lo hacía, los doctores se darían cuenta y de nada serviría que ambos fuesen castigados.
Odiándose a sí mismo por no poder cumplir del todo la promesa que les hizo a sus padres, y con mucha frustración atrapada en su pecho, golpeó la lámpara sobre el buró a un lado de su cama y se sentó en el piso, rodeado por los pedazos de cerámica que la componían. Las cadenas en sus tobillos se movían con él, creando un eco insoportable que lo irritaba más.
De repente, un soplo repentino de viento hizo que volteara a la ventana. Estaba sellada. Entonces, al percibir un aroma a cigarrillo, giró a su derecha. Parado junto a la puerta cerrada, se encontraba un hombre pelirrojo, alto, vestido con ropas negras. Una rosa dorada se encontraba sobre el lado izquierdo de su pecho y la mitad de una máscara blanca protegía el lado derecho de su rostro.
-Oye, chico... - habló, acercándose y arrodillándose a su altura. - ¿Quieres salvar a tu hermana?
Sin dudarlo, Bruno asintió. Al instante, el hombre sacó un trozo de inocencia del interior de su abrigo y se lo entregó.
-Cuando estén afuera, pon esto en su corazón.
-¿Qué es? - preguntó, analizando el objeto con curiosidad.
-Algo que debe ser protegido.
Se levantó de nuevo e hizo una posición con su mano derecha, sellando la puerta con un conjuro y asombrando al menor. Después, tomó una silla de plástico que estaba junto al armario a su izquierda y la colocó debajo de la manija, bloqueándola.
-Solo puedo darte 15 minutos. Aprovéchalos o ninguno sobrevivirá.
-¡Espere! - al ver cómo había creado un portal para desaparecer, Bruno se levantó y lo detuvo uno segundos más. - ¿Cuál es su nombre?
-Cross Marian.
FFFFF
PPPPP
-2 semanas después del ataque a la orden oscura-.
Por falta de personal, InuYasha, Lavi y Bookman, tuvieron que ayudar a Reever, Johnny, Tap y Russell a reconstruir la fachada de la gran torre, apenas dejaron de sentir dolor en sus respectivos cuerpos.
Sin embargo, para no dejarlos tan desamparados con esa tarea titánica, Komui creyó conveniente construir un Komurin mucho más pequeño, nombrándolo, simplemente, "mini Komurin".
Cada vez que veía sus mangueras, moviéndose de un lado a otro como si se tratara de un pulpo, InuYasha ponía una mueca de desagrado, teniendo más ganas de destruirlo, que de colaborar con él. Reever y los demás veían esa interacción con una gotita de sudor bajando por sus cabezas.
-¡Oigan! ¡¿Dónde pongo esto?! - gritó Lavi, dejando caer un saco de cemento, enderezándose y tronándose la parte inferior de la espalda.
Entonces, mini Komurin apareció a su lado. Se metió el saco completo en su "caja torácica" y comenzó a hacer una mezcla nueva para seguir pegando ladrillos.
El Hanyou gruñó de nuevo, poniendo nerviosos a Johnny y a Tap. Solo era cuestión de tiempo para que perdiera la paciencia con el pobre robot y lo descuartizara con sus garras.
-¡Reever! ¡InuYasha! - de pronto, el chef Jerry apareció por el largo pasillo, cubierto por una alfombra roja. - ¡El jefe necesita verlos! ¡Es una emergencia!
Ambos abandonaron sus respectivos quehaceres, dirigiéndose de inmediato a la oficina de Komui. Este último, sentado detrás de su escritorio, tomó un sorbo de café al verlos.
-¿Qué pasa? - preguntó el Hanyou, extrañado por encontrarlo tan tranquilo, pese a ser una situación de vida o muerte.
-199, 45, 213, 88, 101. - respondió, presionando unas teclas del tablero de control a su derecha, activando una pantalla holográfica hacia ellos, con una fotografía.
InuYasha abrió los ojos de par en par, al reconocer a Umiko, conectada a varias máquinas, dentro de un tanque cilíndrico de cristal lleno de agua.
-Parece que tenemos a un aliado secreto que quiere ayudarnos a efectuar nuestro contraataque.
-¿Cómo sabes que no se trata de otra trampa? - lo interrogó el joven.
-Mira los datos de la fotografía, en la esquina inferior derecha. - le pidió Komui, dándole otro sorbo a su bebida.
-"Cross Marian. Prisión Newgate, primer piso. 8:00 PM". - leyó en voz alta.
-¡¿Cree que se haya enterado del ataque y por eso se infiltró en secreto?! - cuestionó Reever.
Komui negó.
-Los únicos que toman fotografías son los policías. - comentó, sorprendiendo a los presentes. - Así que, la persona que está detrás de esto, no solo se trata de un espía de Cross. También, posee un rango lo suficientemente alto como para poder ver en primera fila a una prisionera de la familia de Noé. - dejó a un lado su taza y se levantó. - InuYasha, avísales a Lavi y a Bookman sobre esto. Partirán hacia Newgate en cuanto estén listos.
El mencionado asintió. Dio media vuelta y salió de la oficina en silencio.
PPPPP
Bruno Yamana llegó a la prisión de Newgate, buscando con sus ojos oscuros el reloj más cercano.
Faltaban diez minutos para que dieran las 8 de la noche.
Inquieto, entornó los ojos y vislumbró otras partes del vestíbulo, dando la vuelta a su izquierda para encaminarse por un pasillo desierto y oscuro.
No era necesario que les dirigiera la palabra a los guardias que protegían el lugar y al personal en general. A fin de cuentas, por las indicaciones de Lulubell, todos los presentes sabían quién era él. Y la importante labor que había hecho para ellos, al llevar a la ruina total a sus enemigos, los buscadores de los trozos de inocencia.
Cuando encontró la quinta puerta a su derecha, la abrió en automático, entrando a una habitación, cuya pared a su izquierda estaba ocupada por una gran ventana horizontal, dejando ver el tanque cilíndrico de cristal, lleno de agua, que tenían en frente.
En su interior, Umiko reposaba inerte de pie, respirando por una máscara de oxígeno, con los ojos cerrados y varios cables conectados a sus brazos y piernas. Bruno volteó de ella, hacia el reloj que reposaba en la parte superior de la pared a su derecha.
Solo habían pasado tres minutos.
-¿El amo Tyki necesita más información? - lo cuestionó uno de los científicos que estaban sentados frente a un inmenso panel de controles.
Desde ese lugar, revisaban minuciosamente cualquier aspecto exterior e interno del cuerpo de Umiko, atentos a que no tuviera ningún tipo de cambio brusco. Bruno permaneció en silencio, volteando de nuevo hacia el reloj.
Faltaban cinco minutos para las 8 de la noche.
Abrió sus ojos como platos, optando la forma de su demonio de Shizen, para acabar de golpe con los científicos, antes de que pudieran gritar.
Acto seguido, rompió el vidrio de la gran ventana con sus puños y saltó al interior del cuarto donde estaba el tanque. Tuvo que tener más cuidado al estrujar el cristal, ya que no quería que algún pedazo se clavara en el cuerpo de la menor.
Prefería tenerlos en sus dedos y en sus palmas.
Una vez que quedó deshecho la mayor parte del cristal, desprendió los cables y destruyó algunas de las máquinas que los rodeaban, sacó a Umiko y la sostuvo con sus brazos normales. Seguía inconsciente y respiraba con tranquilidad.
Ni siquiera tuvo tiempo de acomodar los humedecidos cabellos que cubrían su cara, cuando varios policías entraron a la fuerza por la puerta, viendo atónitos los cuerpos pulverizados de los científicos, hundidos en charcos de sangre, antes de dirigir sus rostros hacia él. Sin darle la oportunidad de justificarse, sacaron sus armas y empezaron a disparar.
Bruno dio un salto; con sus piernas transformadas, hacia la pared a sus espaldas, saliendo por una puerta escondida en la esquina. Quedándose ahí unos segundos, escuchando más disparos de parte de sus colegas, respiró hondo. Cargó con más fuerza a su hermana menor en sus brazos y corrió a su derecha.
Conocía el lugar perfecto para esconderse. Por desgracia, debía atravesar unos pasillos más, quedando a la vista de todos. Pero no le importaba. Él, como fuera, salvaría a Umiko. Derribando una puerta al fondo, de una patada, salió a otro pasillo oscuro, con suelo de hormigón.
A su derecha, aparecieron más policías, quienes, al verlo con la ladrona de la orden oscura en sus brazos, dispararon a quema ropa. El joven detective no solo los esquivó con agilidad, gracias a sus piernas, sino que también pudo noquearlos, al saltar con fuerza sobre sus cabezas.
Usándolas como trampolín, dio una vuelta en el aire, terminando cerca de otro pasillo, donde corrió y repitió lo mismo. Esquivó los disparos, saltando de una pared a otra y derribó a los policías, dejándolos fuera de combate.
Faltaba poco. Pero, en esa última oportunidad, decidió no tener más enfrentamientos, derribando una pared y llegando a un pasillo más blanquecino y limpio, para luego abrir y cerrar con prisa una puerta morado oscuro.
Esta correspondía a un amplio armario de limpieza, donde pudo relajarse y respirar... hasta que Umiko despertó, saltando de sus brazos para intentar golpearlo en el rostro con su puño. Con facilidad, levantó su mano derecha y lo atrapó, ejerciendo un poco de presión para que se rindiera. Ella gruñó y frunció el ceño.
-Cálmate. - le pidió, inexpresivo. - No soy tu enemigo.
-¿Crees que solo confiaré en ti porque me sacaste de ese estúpido tanque? - preguntó enojada.
-Deberías. - suavizó su agarre, permitiendo que ella bajara su puño con brusquedad. - Ya que soy el único que puede ayudarte a escapar.
-¿Y mis compañeros? Sé que no fui la única a la que trajeron aquí.
-Kagome Higurashi es prisionera de Menomaru. Está aislada, en algún cuarto del tercer piso. En cuanto a Allen Walker... lo último que supe de él, fue que Tyki se lo llevó a la casa del Conde del milenio.
Molesta, la joven se dirigió hacia la puerta, siendo detenida por una mano del detective.
-No seas necia. En esas condiciones, eres presa fácil. Te matarán.
-No puedo dejar que hagan lo que quieran con mis compañeros.
-Y yo no puedo permitir que mueras.
-¡Ya deja de actuar así! - se deshizo de su agarre y se giró hacia él, enfurecida y frustrada. - ¡Primero matas a varios ladrones y me mueles a golpes hasta aplastar mis huesos y hacerme sangrar! - dos lágrimas se le escaparon de sus ojos violetas. - ¡Y ahora que sientes remordimiento de consciencia, ¿Pretendes que te perdone solo porque actúas como mi hermano mayor?! ¡No fastidies!
Bruno la miró con tristeza. Se quitó su gabardina café y se la colocó a la joven sobre los hombros, dándole también un abrazo que la descolocó.
-Estoy consciente de las cosas horribles que hice. - se sinceró, inclinándose para susurrarle en su oído derecho. - Pero, si quería seguir con vida, si quería volver a verte algún día y, ayudarte como lo estoy haciendo ahora, tenía que llevarlas a cabo. - sus brazos la estrujaron un poco más fuerte. - Sería inhumano pedirte que me perdones. Así que...
En eso, los gritos y los pasos de los policías se hicieron más ruidosos que antes, entrando en una profunda desesperación, que solo desaparecería con la presencia de ambos.
Umiko sentía escalofríos de solo pensar en volver a otro tanque de cristal. Percatándose de sus temblores, el muchacho se apartó de ella y retrocedió.
-Hay un traje especial hecho para los demonios de Shizen, en el interior de mi gabardina. Sácalo de la bolsa y póntelo, rápido.
-¿Traje especial? - cuestionó confundida, poniendo una mueca.
-Si te transformas, no se romperá. - aseguró, dándole la espalda y cruzándose de brazos.
Dudando todavía de sus intenciones, la joven acató su petición. Se quitó la gabardina y la bata sucia y mojada que los científicos le pusieron, y se colocó el traje nuevo de cuerpo completo. Era de color negro, con rayas lilas en los lados de sus brazos y piernas.
-Ya estoy lista. - avisó.
Bruno la vio por el rabillo del ojo y asintió. Acto seguido, transformó su brazo derecho y llevó atrás su puño, impactándolo contra la pared para hacerla pedazos. La nube de polvo hecha por los escombros, les permitió pasar desapercibidos por los policías que corrían por la zona.
Sin embargo, al capturar la atención de otro grupo, con el que se encontraron unos metros más adelante, el detective tomó en brazos a Umiko, transformando sus piernas para moverse rápidamente por las paredes y el techo, hasta llegar a las cabezas de los hombres y tumbarlos con una patada a cada uno.
Antes de que llegaran más de sus compañeros, se refugiaron en el pasillo a su izquierda y entraron a una puerta antigua, dando con un corredor oscuro, con tubos unidos en el techo. Estaba helado. Y, constantemente, nubes de vapor se escapaban entre los agujeros de los metales.
-¿Ahora qué? - preguntó Umiko, con sus brazos rodeando el cuello del muchacho.
Él, sentándola en su brazo derecho, revisó el cinturón que sujetaba su pantalón negro, sacando una linterna con su mano izquierda y apuntando con su luz los tubos superiores.
-Hay que encontrar la que dice "E-18". - comentó, empezando a caminar.
-¡Ahí! - exclamó la menor de pronto, señalando a su derecha.
Bruno se aproximó, agachándose para dejarla en el suelo y examinar el lugar. Volvió a transformar sus brazos en los de su demonio de pelaje negro. Agarró con fuerza el tubo y lo jaló hacia él, frunciendo el ceño por el esfuerzo.
Umiko, notando que no lo lograría por su cuenta, se colocó detrás de él. Transformó también sus brazos y comenzó a jalar, llamando la atención de Bruno... hasta que el tubo comenzó a desprenderse del techo, abriendo un agujero lleno de luz.
Respirando agotado, el detective volvió a tomar a su hermana en sus brazos. Y, transformando de nuevo sus piernas, dio un gran salto hacia el agujero. Al salir al segundo piso, se limpiaron las ropas, escuchando después unos pasos al fondo del impecable pasillo blanco.
Ya estaban listos para luchar, recurriendo de nuevo a sus demonios de Shizen. No obstante, la presencia de InuYasha, Lavi y Bookman; portando uniformes nuevos confeccionados por Johnny, los sorprendió tanto que los dejó sin habla por unos instantes.
Fin del capítulo.
