I
Su sangre clama por venganza
¿Ya te vas?
Me preguntó melancólicamente mi padre, quién aun permanecía parado junto a la gran chimenea que adornaba nuestra casa en la Push.
Él no estaba de acuerdo con mi decisión y creía que con su enojo yo finalmente desistiría pero muy en el fondo sabía que nada me haría desistir, yo y ella éramos parecidas en algo: demasiado tenaces para su gusto. Aún así él trato durante toda la semana de hacerme ver su punto de vista al respecto, lo que había causado varias discusiones, las primeras entre nosotros.
Me miró de reojo poner las maletas en el umbral de la puerta, suspiré mirando alrededor aquella viejas paredes, las fotografías de una vida feliz y sí, extrañaría todo esto, contrarío a mi madre yo amaba Forks, creo que eso lo había heredado de él.
Me mordí mi labio inferior nerviosa por la despedida pero era tiempo de hacerlo, si no lograba salir de allí en ese minuto probablemente jamás lo haría y finalmente mi padre lograría lo que anhelaba con todas sus fuerzas: hacerme desistir; alce mi vista para encontrarme con aquellos ojos oscuros que tan bien conocía y a los cuales amaba con devoción, él me esquivo y se giró dándome la espalda.
En cualquier otra circunstancia lo hubiera obedecido pero esto era mayor a mi propia voluntad, había sido testigo por años del sufrimiento de mi madre, quería cerrar ese círculo, tenía que entregar el mensaje que ella dejo para él: se lo había prometido.
Me acerque lentamente al hombre parado frente a mí y lo abrace por detrás, se sorprendió y me abrazó también, se giró dándome la cara y sonrió, como hace muchos años no lo veía mi corazón brinco de alegría al comprobar que mi padre finalmente era feliz, había vuelto a su cariñosa y distraída rutina. Aún alegre por ello, no pude evitar pensar que esa alegría se debía a que ella ya no estaba con nosotros. Tal vez era consuelo, tal vez no, pero lo cierto era que mi padre había vuelvo a la vida extrañamente luego de haber dejado al amor de su vida en aquel cementerio. Me estrecho contra su corpulento y tibio pecho, rehusó soltarme y traté de luchar para separarme de él pero su fuerza era mayor, cuando estaba por lograrlo me susurró al oído.
No lo hagas, por favor, quédate
Suplico mirándome con esos ojos cariños llenos de esperanza accediendo a que mi delgado cuerpo se separará del suyo, deslizo su mano grande y fuerte por mi rostro, acomodó detrás de mis orejas esos molestos mechones de cabello que siempre solían danzar con vida propia.
Sabes que no puedo…. tengo que hacerlo, se lo prometí.
Le contesté. Él suspiró profundo y su semblante cambió en cuestión de segundos, endureció sus facciones, frunció el ceño y enarco una ceja molesto.
¡No has aprendido nada de la historia de tu madre!
Siseó furioso alejándose unos pasos de mí. Deslizo sus manos por su pelo largo y negro exasperado para luego mirarme de nuevo furioso.
Tiene que saber cuales fueron las consecuencias de su acto, tiene que saber que ella no fue feliz
Protesté dándole la excusa que tenía para cumplir su deseo. Me había prometido que su sufrimiento no sería en vano él también sufriría.
¡Maldito chupasangre!
Bramó y su cara se puso colorada de furia, sus ojos parecían salirse de sus orbitas. Retrocedí asustada porque jamás le había visto así.
Papá
Balbucee nerviosa tratando de calmar su ira pero no lo conseguí, así que respiré y volví a intentar para hacerle ver que era yo la que estaba allí junto a él.
Tienes que entender, por favor
Insistí con un tono más fuerte pero sólo obtuve un silencio por respuesta, cuando notó que me volví a acercar a él, se separó dejando una distancia entre nosotros y alzo su mano en el aire para que le diera espacio. Dude en acercarme finalmente no lo hice, no quería causar más daño simplemente quería que mi familia fuera una de verdad y que el recuerdo de los Cullen desapareciera para siempre.
Volveré lo prometo.
Exclamé decidida y él finalmente me miró. Sus ojos negros brillaban pero de pena, tenía lágrimas en ellos. Por segunda vez estaban rompiéndole el corazón, prefiriéndolo sobre él.
No Marie, tú nunca volverás a casa, te perderé como la perdí a ella.
Susurró triste y acongojado, sus palabras fueron como un puñal que se clavó en la mitad de mi corazón, me acerque y deslice tímidamente mi mano bajo su barbilla para hacer que nuestros ojos se encontrarán.
Volveré, porque yo no soy ella.
Le prometí y lo abrace con fuerza. Lo sentí sollozar en mi hombro y sabía el por qué, primero había entregado al amor de su vida y hoy sentía que estaba entregándome a mí. Pero no era de esa manera. Yo sólo entregaría el mensaje y volvería. Yo no soy mi madre, me repetí mientras me subía al taxi que me llevaría al aeropuerto.
Prométeme que llamarás.
Me pidió cerrando la puerta del vehiculo resignado a mi partida.
Apenas llegue. Te quiero mucho papá no lo olvides.
Me despedí con un suave beso en su mejilla. Se apartó del automóvil y a medida que el vehiculo se alejaba, mi corazón se apretaba más y más, embargándome una tristeza que jamás pensé sentir, me giré en el asiento para observarlo por una ultima vez a través de la ventana trasera, quise correr hasta sus brazos, hasta los brazos del hombre que me había cuidado por tantos años, del ser más noble y bueno que jamás había conocido pero no podía dar marcha atrás, la decisión estaba tomada. Tenía que irme y encontrarlo, saque de mi mochila aquel papel que mi madre me había dado el día de su muerte. Deslice mis dedos sobres las letras que conformaban su nombre y que ella había escrito hace muchos años atrás. Suspiré mientras contenía las lágrimas. Había sido muy injusta con ella y era tiempo de redimir aquello.
Hay cosas que he hecho
Hay un lugar a donde debo ir
Hay una bestia y la he dejado salir
Y Ahora esta corriendo de vuelta a mí
El lugar era bastante parecido a Forks, apenas me bajé del avión, las nubes amenazaban con lluvia, lo que agradecí y no me extraño que ellos eligieran ese lugar en particular recordé lo que ella me había contado sobre ellos.
El sol no los daña pero brillan, como millones de diamantes unidos, su piel brilla de la manera más espectacular que jamás haya visto. Miré el gran edificio frente a mí y el letrero que estaba a un costado rebosante me confirmo que estaba en el lugar correcto. Registro curricular, Universidad de Dartmouth.
Entre, no con tanta prisa como pensé que tendría, mi estomago rugía pero no de hambre sino de nervios. Tenía literalmente las tripas enrolladas y a cada minuto se apretaban más y más, un nudo en la garganta me impedía hablar. Entre temblando por la gran mampara de vidrio y deslice mi vista por toda la habitación. Todos los que se encontraban allí parecían tan absortos en sus trabajos hasta que finalmente una amable señora advirtió mi presencia.
Buenos días querida, ¿en qué puedo ayudarte?
Me preguntó y yo tosí para poder sacar el habla y que saliera firme.
Soy Marie Black - comencé a explicar pero no alcance a terminar, ella me interrumpió abriendo sus ojos emocionados.
OH sí la becaria – exclamó rápidamente y yo asentí - la Srta. Meyer te esta esperando, ven conmigo cariño.
Me pidió amablemente y me condujo por un pasillo lleno de puertas.
Se detuvo en la puerta que estaba al final del corredor, está era enorme completamente de madera, la amable mujer tomó la manilla y la abrió lentamente causándome expectación ante lo que se revelaría. Quede sin aliento cuando la puerta estuvo finalmente abierta, ante mis ojos se reveló una enorme habitación llena de ventanales que ayudaban a que se viera incluso más grande de lo que realmente era. Al centro había un enorme escritorio de madera de un color caoba hermoso, detrás de este una señora de edad media, de cabello negro largo imponente pero de una sonrisa calida y asertiva.
Srta. Meyer, acaba de llegar la becaria.
Anunció y la mujer detrás del imponente escritorio se alzo, estuvo en cuestión de segundos a mi lado sonriéndome amablemente.
Bienvenida a Darmount, felicitaciones por tu logro – exclamó serena extendiendo su mano - Soy la directora de asuntos estudiantiles de esta universidad, mi nombre es Stephanie – se presentó
Mucho gusto, soy Marie Black.
Le dije estrechando su mano, ella me indicó que tomará asiento en el enorme sillón frente a su escritorio y eso hice tímidamente. Ella se sentó frente a mí y tomó entre sus manos unos lentes que había dejado sobre el escritorio minutos atrás. Busco afanosamente varios papeles leyéndolos rápidamente en silencio. Miré a mí alrededor mientras ella lo hacía y finalmente detuve mi vista para concentrarme en ella.
Excelentes notas, no entiendo por qué Dartmouth no fue tu primera opción
Me preguntó desconcertada pero claro, cuando había postulado a las universidades aún no sabía de la existencia de los Cullen, ni tampoco me imaginaba por asomo que los seguiría hasta acá.
Fue un error – contesté mintiendo - que gracias a usted pude corregir a tiempo
Agregué sonriéndole sinceramente.
Por supuesto, siempre serán bien recibidos alumnos tan promisorios como tú
Exclamo de vuelta con una sonrisa dibujada en el rostro. Sus ojos se quedaron en blanco y noté que había recordado algo.
Ahora respecto a tu solicitud verás esa clase estaba llena – me explicó y se me apretó el estomago - El profesor Cullen es uno de lo maestros más solicitados, a pesar de su juventud es uno de los mejores profesores de Biología Molecular y Celular que tenemos pero debido a tus notas y excelentes ponderaciones además de tu impecable historial estudiantil hemos hecho una excepción y te hemos i nscrito en su clase.
Me comunicó y mi corazón se disparó.
Hay cosas de las que me arrepiento
Porque no puedo olvidarlas
Tú no puedes olvidarlas
Hay un regalo que tú me has enviado
Lo has enviado a mí
Espere fuera del aula a unos metros de distancia. Mi corazón estaba latiendo frenético y tenía que controlarlo o él se daría cuenta de mi ansiedad y sospecharía de mí. Tomé aire cavilante y me concentre en el recuerdo de mi madre, en lo cariñosa que había sido conmigo siempre. Busque en mi mente recuerdos felices de mi familia, de mi infancia y me concentre en ellos. Las risas de mis padres cuando me llevaban a jugar de pequeña afloraron y una sensación de paz me inundo. No sé porque siempre que necesitaba sentirme segura viajaba con la mente a esos recuerdos que lograban tranquilizarme. Tenía claro que los Cullen eran especiales, por lo que tenía que tener cuidado. Sabía que mi madre era inmune a los poderes de Edward sobre leer la mente la pregunta entonces se hizo evidente ¿Lo sería yo?.
Cuando noté como los alumnos se amontonaban para entrar y sentí los pasos seguros y certeros detrás de ellos alce mi vista. Frente a mí estaba él parado a un costado de la puerta, sosteniéndola y dejando pasar al resto de los alumnos caballerosamente. Mi madre nunca me había mostrado una fotografía de él pero sus movimientos gráciles y caballerescos, su tez blanca como la nieve, sus labios de carmesí intensos, las tenues pero persistentes ojeras amoratadas bajo esos ojos tostados eran la prueba necesaria que el hombre parado a unos cuantos metros de distancia era el que yo buscaba. Mi madre no se había quedado corta al describirlo y coincidía con ella, el amor de su vida era un verdadero dios griego en toda su magnificencia; dolía mirarlo claro que para mi ese dolor tenía otro significado.
Traía puesto un jeans de un azul profundo, una camisa celeste que hacía juego con ese pelo broncíneo desordenado que le daba un aspecto jovial, su chaqueta de un color miel de cotelé daba el aspecto formal y maduro que se requería para un profesor de universidad. Entro junto a la última chica que faltaba dejando la puerta abierta tras él. No reparó en mi presencia lo que me desconcertó, otro factor importante era la sangre tan apetecible que le había resultado ser la de mi madre y a juzgar por su comportamiento yo no tenía ese efecto en él lo que agradecí.
Resoplé por lo bajo ansiosa y espere uno momentos antes de entrar a su clase, estaba decidiendo porque después que entrara a esa habitación no habría vuelta atrás tendría que enfrentarlo y cumplir mi promesa. Cuando noté que una alumna iba a cerrar la puerta sentí la aprehensión por correr y lo hice corrí los escasos metros que faltaban y la detuve con mi mano sosteniéndola fuertemente.
Perdón
Murmuró la muchacha dándome una mirada tímida. Deslice mi cuerpo por el espacio de la abertura y apenas cruce una ráfaga de viento otoñal se coló por el ventanal que estaba abierto al otro lado de la sala formando una corriente de aire que hizo que la puerta se cerrara de golpe tras de mí. En el preciso instante que esa ráfaga toco mi cuerpo, los ojos topacios de Edward se levantaron al frente contemplando el vacío sorprendido, mi corazón se disparó sin poder controlarlo y sentí como la sangre se agolpaba en mis mejillas tiñéndolas con un rubor pronunciado. Giró bruscamente su rostro hacía la puerta donde yo permanecía aún absorta esperando su reacción.
Nuestros ojos se encontraron y su mirada fiera no se dejo esperar. Todo mi cuerpo estaba petrificado incapaz de mover un solo músculo, mi respiración se aceleró por el susto que estaba infundándome su mirada. Por un segundo creí que saltaría sobre mí pero noté como se contuvo, apretó sus manos formando un puño y si no hubiera sido por la voz danzarina detrás de mí que me hizo regresar a la tierra aún permanecería parada contemplándolo asustada
Creo que será mejor que nos sentemos
Exclamó la chica y al girarme me dí cuenta que era tan blanca como él, sus ojos eran idénticos a los de él como también lo era su belleza supe de inmediato que ella también era uno de ellos. Su cuerpo era menudo, tan delgado como una muñeca y la sonrisa dibujada en el rostro era demasiado cautivante, su pelo corto negro y puntiagudo le daba un aspecto de hada. Le medio sonreí de vuelta y camine saliendo de mi transe hacía la mitad del aula pasando frente al escritorio de Edward. Cuando llegue a la escalinata que separaba las gradas y que dividía la sala en dos suspiré aliviada. Subí lentamente buscando un asiento desocupado y sentí la mirada punzante en mi nuca que no se dejo esperar, a esta altura del encuentro tenía claro dos cosas: mi sangre le llamaba tanto o más que la de mi madre y el tiempo había comenzado a correr ya no había vuelta atrás.
Al comienzo de la clase sus ojos topacios no dejaban de estar clavados en los míos, intentaba leer mi mente lo que me asusto he intente vanamente en no pensar en mi familia sino que en otras cosas pero me tomó un rato darme cuenta que no podía hacerlo y fueron sus facciones de desconcierto frente a la nada las que terminaron por confirmarme que no podía al igual que con mi madre yo era inmune a su poder así que respiré aliviada.
El resto de la clase trató de ignorarme y la única pista que tenía para confirmar que estaba desesperado era el tono de voz que empleaba para explicar la materia, su voz aterciopelada estaba estrangulada, de vez en cuando miraba su reloj de pulsera lo que evidenciaba cuan desesperado estaba por que la hora finalizará.
Las facciones de su rostro eran de tortura continua y por un minuto esas facciones se asemejaron a las que yo había visto de mi madre. Casi cuando faltaban diez minutos para que finalmente la tortura terminara sus ojos comenzaron a deslizarse frenéticos evitando mirarme pero lo traiciono tal vez la ansiedad porque en más de una oportunidad reparé en aquellos ojos tostados fijos en mi cuando alce la vista para escribir la bibliografía que había puesto en la pizarra. ¿Qué estaría preguntándose él mientras me observaba? ¿Qué lo tendría más desconcertado la atracción casi mortal que sentía por mi sangre o mi capacidad para bloquear su mente?, eran las preguntas que trataba de responder con sus actitudes pero era casi imposible leer en sus expresiones una respuesta coherente y verdadera. Suspiré resignada y baje mi vista para concentrarme en mis apuntes cuando sentí un pequeño golpe en mi espalda. Me giré asustada y frente a mi nuevamente esa sonrisa cautivante y demasiado enigmática.
Disculpa ¿Tienes un lápiz que me prestes?, el mío se acabo
Me pidió con una sonrisa amigable en el rostro. Sus ojos topacios sondearon mi expresión de desconcierto ante su solicitud y una idea fugaz cruzó mi mente ¿Sería posible que ella fuera una de sus "hermanas"?, me pregunté y tenía claro que no podía ser tanta la coincidencia: mismo tono de piel, mismo color de ojos, misma belleza magnética. Me quede pasmada contemplándola y decidí que debía comprobar mi teoría. Le sonreí de vuelta y saque de mi estuche un lápiz, lo sujete con firmeza en la mitad y cuando se lo pase rose a propósito su piel. Ella trató de esquivarme pero no le resulto, pues no advirtió mi intensión, en el minuto que mis dedos rozaron esa piel blanca como la cal comprobé que era cierto: estaba tan fría como el peor día de invierno. Ella me sonrió nerviosa y por su actitud amigable también comprobé que debía tratarse de Alice, me giré de vuelta al frente.
La clase estaba por finalizar cuando la voz danzarina lo interrumpió.
Profesor ¿no va a pasar lista?
Le preguntó y me inquiete sobremanera - me descubriría – pensé y un sentimiento de querer irme de allí me embargo pero luego me focalice en un recuerdo que me mantuvo en mi lugar - se lo prometí – me dije endureciendo mis facciones mientras sentía como iba nombrando en orden alfabético a los alumnos por mi apellido no tardaría en llegar a mí, y así lo hizo.
Black, Marie
Preguntó alcanzando su vista con la voz aún más estrangulada de lo que la había tenido durante toda la clase, estaba a punto de perder el control. Suspiré y era la hora de la verdad ¿Podría Edward unir mi apellido a su pasado?, me pregunté histérica por los breves segundos que me demoré en alzar mi mano y contestar.
Presente señor
Dije fuerte y claro. Sus ojos se quedaron clavados en mí y enterró la punta de su lápiz contra la hoja que tenía enfrente. No hizo ningún otro movimiento aparte de fruncir su entrecejo luego de milisegundos bajo la vista como si nada y siguió pasando la lista.
Cullen, Alice
Nombró después de unos cuantos apellidos más y la voz dulce y atolondrada se identifico. Comprobé entonces que, tal y como lo había pensado, ella era Alice las palabras de mi madre no se dejaron esperar y me sonreí al pensar en todo lo que ella me había contado aquella noche – probablemente hubiéramos sido buenas amigas – su voz había estado cargada de cierta nostalgia y pesadumbre ante aquella observación.
Entonces algo raro paso, una furia inexplicable me inundo al pensar que la vida completa de mi madre se había arruinado por culpa de sus malditas dudas y por aquella nefasta decisión de alejarse de ella. Él se había ido dejándola sumida en la tristeza prometiéndole lo imposible: olvidar. ¿Cómo se supone que alguien de diecisiete años olvida al amor de su vida?, me pregunté furibunda con la vista clavada en él, mi corazón se apretó y la rabia inundó mi alma por completo.
Hasta ahora yo solo había sentido curiosidad por los Cullen, había sentido la necesidad de mostrarle cuan doloroso había sido que él dejara a mi madre botada con el corazón partido pero hoy al verlo frente a mí, al examinar acuciosamente su reacción ante mi presencia mi corazón se contrajo y mi lado siniestro afloró, de pronto la buena intensión desapareció y el odio que mi padre tanto le profesaba a esta especie cobró vida en mí.
Cuando su voz aterciopelada dio por finalizada la clase comencé a recoger mis cosas con una velocidad abismante para cuando abrí la mochila con la intención de guardar mi cuaderno en su interior, el sobre que tantos años había aguardado por su dueño apareció frente a mis ojos. Su nombre en él se leía claramente a pesar que estaba en el interior descansando de forma vertical, una parte que mí alma que de seguro era la bondadosa quiso tomarlo y entregárselo para acabar con esto de una vez y para siempre cumpliendo así con mi promesa. Tan solo entrégaselo me dije aún luchando contra el odio que crecía a pasos agigantados y se apoderaba por completo de mi conciencia, desesperada cerré mis ojos en una afán de mantener la perspectiva y hacer lo correcto pero todo empeoró al sentir la presencia de ella cerca de mí.
¿Te sientes bien?
Me preguntó preocupada su hermana y no podía creer que todos estuvieran confabulados por demostrarme que los Cullen no eran los buenos de la película como me lo había repetido tantas veces mi padre. Abrí mis ojos mirándola fijamente, ella se sorprendió al ver el brillo que estos estaban profiriendo y cerré la mochila de un tirón.
Si
Le contesté seca y emprendí la retirada sin dejarle oportunidad para otra pregunta o intervención.
Él no se merece saber la verdad, merece que alguien lo haga sufrir tanto como la hizo sufrir a ella, resolví mientras caminaba a paso presuroso hacía la salida.
Al pasar frente a su escritorio mantuve mi vista recta al frente, esta había sido la primera batalla dentro de esta guerra. Antes de salir giré a mirarlo y sus ojos topacios estaban absortos en mí, su cuerpo estaba tenso, su mandíbula apretada y aún tenía los puños apretados conteniéndose. Nuestras miradas se encontraron y decidí que cumpliría el sueño de mi padre: cobraría venganza.
