Chapter 4: El fantasma que sigue vivo.

III

El fantasma que sigue vivo.

The crimes that you have committed to me, now

You hold them against you.

—¡Edward! —gritó Alice, y era raro que usará su voz para llamar mi atención, cuando nuestras conversaciones siempre se daban tan secretamente a nuestra manera.

Deje de tocar automáticamente, y dirigí mi mirada hacía ella, sin moverme de mi lugar junto al piano, contemple como Alice permanecía sentada al lado de Jasper al otro extremo de la sala, quien ahora estaba observando lo que sucedía, pero no era mucho lo que podía advertirse salvo, me imagino sus emociones caóticas. Alice sostenía la mirada perdida en un infinito difícil de describir. Las imágenes que mostraban sus pensamientos eran tan incoherentes que era imposible seguirles la pista o siquiera entender el caos en el que estaban convirtiéndose sus pensamientos.

—¡Basta! —le pedí verbalizando mi petición.

Jasper se sobresaltó e inmediatamente posó sus manos sobre las de su amada en un intento vano por ayudarla, y es que intervenir su estado de ánimo no pareciera ayudarle con lo que estaba mostrándole sus visiones, por el contrario, era como si la ayuda de Jasper fuera el catalizador para que la llama siguiera ardiendo aún con más fuerza.

Hacía mucho tiempo que las visiones de Alice no estaban así de confusas, y no podía siquiera imaginarme que era lo que le preocupaba si no podía entender lo que estaba sucediendo. De pronto, su mente se detuvo y ante ella se dibujó mi más temido fantasma.

La imagen de Bella plantada en la mente de Alice fue como si de pronto una cicatriz se volviera una herida sangrante.

Cerré los ojos en un intento de poder bloquear los pensamientos de Alice que brotaban uno tras otro sin control ni sentido, necesitaba mantener la cordura, esta que me había acompañado durante todos estos años y la que me había permitido sostener mi promesa, pero fue imposible.

El rostro de ella, estaba ahí clavado tan firme como una estaca, casi como si materialmente estuviera justo frente a mí en cuerpo y alma, sin posibilidad alguna de poder desdibujarse de mis propios pensamientos y remordimientos, su recuerdo, ese que tanto esfuerzo me había costado dejar de lado, hoy estaba más vivo que nunca.

Pero al contemplarlo con detalle, de pronto había algo distinto en esa imagen, no era como yo la recordaba, no como yo quise recordarla, su expresión y semblante eran idénticos, pero había algo distinto, muy sutil pero diferente y era difícil de describir. Abrí mis ojos en un intento de comprender porque Alice, después de 25 años, traía a colación la imagen de Bella mezclada con sus visiones caóticas, y no como se supone debería verla, mucho más adulta, sino que exactamente idéntica a como la había abandonado yo, aquel día en el bosque.

No es ella pensó de pronto Alice, y eso logró en parte mitigar mi dolor, ese dolor que yo mismo me había autoinfligido con mi decisión de abandonarla para que tuviera una vida mejor. La vida que le correspondía como cualquier mortal, me recordé, una vida lejos de mí, de este monstruo. Aquella decisión era el dolor que me acompañaría por toda mi eternidad, era un dolor indescriptible pero que con el paso de los años y luego de mucho esfuerzo había logrado guardar en lo más profundo de mi inerte corazón.

¿Qué sucede? reflexionó, y justo cuando voy a comenzar a ordenar el puzle incoherente de sus visiones, de pronto advierto cómo la imagen del rostro de Bella se va desdibujando hasta perderse en un infinita nada, tal y como si se tratará de humo desvanecido en el aire, su imagen desaparece lentamente de la mente de Alice, y justo cuando creo adivinar lo que sucede, vuelve a imponerse como si ella estuviera presente aquí con nosotros, pero esta vez sus diferencias se hacen más evidentes, sus ojos son iguales a como los recordaba, sus mejillas se sonrojan de la misma forma, su sangre las invaden tal y como yo lo recuerdo, pero en sí, sus facciones no son iguales a las que tanto memorice.

Hay una sutil pero notable diferencia.

No es ella vuelve a pensar Alice, y de pronto sostiene su mirada con la mía, y entiendo lo que sucede. Mi corazón se contrae, el sabor embriagador de su sangre y que escocia tan dolorosamente en el fondo de mi garganta comienza a desvanecerse, es como si de pronto, perdiera el recuerdo de su aroma, de su exquisito, y tentador sabor, de su apetencia, esa que me ha acompañado por 25 largos años, los más largos de toda mi existencia, desaparecen.

Mi perfecta marca de heroína se esfuma a tal punto, que lo que siento ahora se asemeja a un síndrome de abstinencia, lo que me toma totalmente desprevenido. Entonces lo que sigue a continuación es imposible, porque, aunque fisiológicamente no puedo llorar, mi alma lo hace por mí biología, lloro, mi corazón se consume en un mar de llanto inmortal, incluso peor al que experimenté cuando me fui.

—¿Edward? —siento a lo lejos, porque de pronto lo único certero y vivido para mí en este preciso instante es la aplastante realidad: Mi Bella ha muerto, y me estoy maldiciendo por haber sostenido mi férrea voluntad de que Alice no la viera, ni espiará, no la ayudará, no la salvará de mi decisión. De pronto el pánico me agobia, y recuerdo la última conversación que tuvimos, en el bosque, ahora son mis palabras las que se repiten una y otra vez como un sonsonete macabro.

Será como si nunca hubiéramos existido.

Durante 25 años mantuve mi promesa, y el peso de esa promesa lo había experimentado asumiendo todas sus consecuencias porque pensaba que ella estaba bien, pero olvidé un pequeño detalle, la mortalidad. ¡Maldición! susurré mientras recordaba cómo habían sido los primeros seis meses luego de haberla dejado ir, mientras me debatía en volver o mantenerme alejado, o en si realmente había hecho lo correcto o era mejor haber sido egoísta, pero el peso de esta vez era algo que no podía ni había magnificado ni en aquel entonces ni ahora, ni tal vez nunca. El hecho de haberla dejado ya era lo bastante cruel e ingrato, pero todo había sido soportado porque en el fondo yo sabía que ella en algún lugar de este planeta existía, y era feliz, sin embargo, ahora constataba un hecho del que yo mismo propicie al negarme a convertirla en uno de nosotros, y lo que era peor yo lo había querido así, yo lo había decidido así.

La culpa aflora en todo su esplendor y se regodea conmigo, como una vieja compañera se materializa para instalarse nuevamente en mí cobrando su sabia venganza: los remordimientos consumen cualquier pensamiento lógico.

Ahogó un grito de frustración, y lo hago recordando, porque solo me queda eso, la posibilidad de recordar todo lo que había sucedido hacía 25 años atrás, y son esos recuerdos los que me asfixian a tal punto que comienzo a gestar esa sensación que me embargó el tercer año de mi decisión, ya no quiero mantener mi existencia, no si ella no está para compartirla conmigo. Cavilo entre mis culpas hasta que me doy cuenta que el único responsable de todo soy yo.

Maldito cobarde, me reprocho.

—¡Basta! ¡Ambos! —Ahora fue el sonido de la voz de Jasper quien me trajo de regreso de mis cavilaciones, se había levantado y alejado de nosotros. En la esquina opuesta trataba de eliminar de su sistema tantos mis emociones como las de Alice, ambos estábamos descontrolados, experimentando distintos matices de sentimientos, pero demasiados profundos y confusos, que no podía imaginarme cómo estaba sintiéndose él mismo al experimentarlos junto a nosotros. Lo siento pienso encarando su mirada.

Sí para mi acallar los pensamientos de todos era un arte que lejos de tener controlado, aún después de cien años de existencia, mantenía puliendo con cada segundo que pasaba, por lo que no podía dimensionar lo que estaba costándole a Jasper tratar de controlar el suyo con nosotros dos completamente desbordados.

No es ella volvió a pensar Alice y otra vez un tormentoso y enraizado de pensamientos comenzaron a nublar su mente, pero para mí era imposible siquiera intentar comprender.

Cerré mis ojos y los apreté fuertemente, comencé a imaginarme una pared mental, una que cubriera cada parte de mi cuerpo, como si meterme en una caja pudiera ayudarme a dejar de experimentar lo que hoy sentía, y lo intenté hasta que me di cuenta que era en vano. Era mi castigo por lo que había decidido 25 años atrás, debía asumirlo. Este momento iba a ocurrir, mas temprano que tarde, yo lo sabía, solo que había decidido olvidarlo o más obviarlo por cobardía.

No puedo, es insostenible pienso abriendo mis ojos dándole la única mirada que podría sostenerle en este minuto a Alice, mi alma si es que tenía alguna, estaba muriendo por tercera vez, inexplicablemente y sin que yo pudiera controlarlo esa muerte estaba convirtiéndose en un espejo cuyo reflejo era horrible de contemplar.

No es ella insistió Alice, por el tono empleado sabía que era su forma de pedirme ayuda, pero no podía dársela, no podía ayudarle a entender la visión que estaba teniendo, era demasiado confusa, dolorosa, que me rehusaba a siquiera intentarlo, y lo hice hasta que de pronto pensé que tantas imágenes sin sentido tenían que ver con mi futuro cercenado por mi propia decisión. Por lo tanto, para que las visiones se detuvieran debía yo talvez yo hacer algo.

— Ella está muerta —verbalice y Jasper se acercó nuevamente a nosotros, comprendiendo lo que nos sucedía a ambos.

Apenas lo dije, el mundo interior de mi hermana desapareció, y su mirada volvió a centrarse en el presente.

— No lo sé, no estoy segura que es lo que realmente sucede o sucedió —comentó Alice aturdida, pensando que más que una afirmación le había hecho una pregunta directa. —Tenemos que volver a Forks —sugirió, pero antes que pudiera siquiera intentar convencerme, corte de raíz cualquier posibilidad.

No podía imaginar que me pasaría si volviera allá y me diera cuenta in situ de lo que había ocurrido, así que si había jugado hacía 25 años el papel del villano, hoy lo mantendría, por el bien de todos, especialmente por el bien de ella.

—No.

La confusión de Alice, mezclada con el reproche que Jasper no podía evitar darme, hizo que el resto del día me mantuviera no solo alejado de ambos, sino que absorto pensando en la imagen de las visiones de mi hermana, porque si bien era Bella, inexplicablemente a la misma vez no era. Trate de acallar sus pensamientos y sus constantes rogativas para que la dejara hurgar más allá de lo que ya había hecho, pero cuando me di cuenta que sería imposible, simplemente me fui.

Huir se había transformado en la única estrategia que me había servido durante todos estos años para sobrellevar mis propias decisiones.

Necesitaba concentrarme y acallar mis propias culpas. Jasper no necesitaba lo que ya había experimentado más temprano, no era justo para él, en realidad para nadie.

Entrar en el hospital de la universidad fue por primera vez desde que estaba allí lo más placentero que podría haber experimentado. Apenas puse un pie en la entrada una atropelladora embestida de pensamientos fluyó como una bocanada de aire, se abrieron las puertas y los abrace como si se trataran de la más maravillosa droga con la cual conseguiría evadirme, tal y como lo hacen los drogadictos, por un segundo, esa cantidad de pensamientos, sentimientos, fue como un bálsamo para mi dolor, normalmente los bloqueaba, pero hoy deje que todo fluyera sin control.

Cada uno de los pensamientos, deseos, frustraciones, y conversaciones mentales me golpeaban una y otra vez, no había un solo funcionario, paciente o estudiante al que no pudiera oír.

Era de noche, por lo que apenas advertí que todo comenzaba a decaer, comencé a pasearme por los pasillos en búsqueda de más ruido mental, ese que invisibiliza mi dolor. Me dirigí hacía la estación de enfermeras igual como un drogadicto busca su heroína, necesitaba aplacar no solo mis pensamientos, sino que mi dolor, necesitaba buscar un sentido a mi existencia, necesitaba mantener férrea la decisión de no intervenir tal y como lo había hecho durante 25 años, y lo único que podía mantenerme así era esta vida que había construido acá.

Mantenerme atado a esta mortalidad era lo único que ahora me sostendría.

Por lo que la abracé mucho más que de costumbre, revisé cada uno de los expedientes que había sobre el escritorio, revisé cada una de las recetas que estaban siendo prescritas, avance hacía farmacia y una vez allí busqué para revisar cada una de las órdenes que estaban en el sistema.

Era difícil seguir el hilo de los pensamientos así que los deje fluir, porque en realidad no quería seguirlos ni menos prestarles atención. Lo que yo buscaba era tener un ruido tan alto y disperso que no me permitiera pensar siquiera, que me costará trabajo hilar cualquier estrategia que significará mi muerte conjunta con la de ella, si es que realmente había muerto tan prematuramente.

Estaba en eso cuando de pronto sentí la vibración de mi teléfono móvil en mi bolsillo izquierdo del pantalón. Lo saqué y vi el nombre de Alice, titilar sin detenerse. La ignoré lo más que pude hasta que su sonido se volvió molesto no para mí, sino que para el resto que trabajaba junto a mí. Apreté el botón aceptando la llamada, y antes que ella pudiera hablar, le hablé yo.

—No —exclamé, pero justo cuando iba a colgar, fue el turno de ella y me interrumpió.

— Puedo ver tu futuro —guarde silencio un momento, no estaba preparado para esa confesión.

Desde que deje a Bella aquel día en el bosque, mi futuro se había convertido en una nebulosa constante, algo que en palabras de Alice, era una suerte de futuro no habido, y aunque dudaba del término, estaba claro que mientras yo decidiera mantenerme apartado, mi futuro seguiría siendo el mismo: la eterna y cavilante soledad. Así que su confesión podría ser alguna especie de avance, acaso yo iba a decidir finalmente ir a Forks, reflexione curioso.

— ¿Ella está viva? —pregunte más temeroso por mi reacción que por la respuesta, y fue como si la llama de mi corazón apagado se encendiera una vez más.

—El futuro que veo, no es con Bella, Edward —aclaró con una calma impropia de ella, tomé un respiro, innecesario para los de nuestra especie, pero fue un acto aprendido hacía tanto, tal vez tanto como la expresión perturbada que de seguro ahora estaba dándome Alice —Alguien viene a buscarte —aseguró, pero con un dejo de duda.

— ¿Alguien? —pregunté incrédulo, y en cien años de existencia nunca nadie me había buscado, de hecho, nadie tendría razón alguna para buscarme, salvo ella, pero si mi futuro no era con ella, entonces quién sería la persona que me buscaba.

—Quisiera poder decirte quien es, pero solo veo indecisión, tal vez como la decisión no está tomada, no puedo verlo con tanta claridad, solo como una intención —explicó.

Se produjo un silencio, y no estaba seguro de que decir o si debía preguntar algo.

—¿Ahora puedes ver intenciones? —cuestioné un poco descolocado ya que Alice jamás me había contado que su poder se había expandido.

—Mañana Edward, creo que será mañana —aseguró con cierta duda.